Hola! Cuántos años sin vernos!... de nuevo me volví a tardar... pero ahora sí estoy justificada... fue por culpa de un fic, jajajaja... es que comencé uno y no quiero escribir ningún songfic o fic hasta que lo termine, pero me di tiempo de escribir este capítulo... sólo espero que les guste... y pues, creo que ahora sí es bastante... si no me equivoco son 13 hojas en word... qué tal, eh?... jajajaja

Bueno, no me queda más que agradecerles el que sigan leyendo mi fic... espero no aburrirlos y si lo hago, ya saben, díganme! ;)

Disfruten el cap...

Cap 36 MALDICIÓN IMPERDONABLE

No necesitaban observar el reloj para saber que se les había hecho tarde, bastaba con sentir la intensidad con la que entraba la luz del sol por su ventana para darse cuenta que ya era casi medio día. No había problema con ellos, pues no tenían trabajo ese día, el problema era que los papás de Hermione sí que tenían que trabajar y habían quedado con ellos de pasar por sus hijos, más tardar, a las nueve de la mañana y, según corroboró Hermione, era, ya, medio día.

– ¡oh, Harry!... ¡Corre, que mis papás seguro me matan! – decía Hermione con tono preocupado mientras se apresuraba a cambiarse – ¡oh, lo olvidaba¡Mi cita con el ginecólogo! – decía preocupada – ¡es en menos de media hora! – decía mientras se ponía sus zapatillas.

– voy, voy... pero no me culpes¿quién pasó toda la noche haciéndome cariñitos? – le dijo Harry sonriendo con gesto burlesco mientras caminaba detrás de ella terminándose de poner el pantalón.

Hermione le dirigió una corta mirada ceñuda – pero tú no te quejabas¿verdad? – le dijo volviendo a sonreír bajando las escaleras mientras Harry la abrazaba por la cintura.

Salieron de la casa entre risas y no tardaron en llegar a casa de los papás de Hermione, donde los esperaban unos ansiosos Anthony y Catherine.

– ¡de verdad lo siento, mamá! – se disculpaba Hermione mientras tomaba en brazos a su hijo, quien no dejaba de reír – a Harry y a mi se nos hizo tarde... y también voy tarde para mi cita... – dijo con gesto preocupado antes de despedirse de su mamá.

– ¡bien, corre¡O llegarás más tarde! – la apuró su mamá saludando desde la entrada con la mano a Harry, quien la esperaba en el coche.

Hermione asintió y salió de la casa junto con sus hijos.

– ¿qué tal se la pasaron con sus abuelitos? – les preguntó Harry en cuanto Hermione subió al coche con sus hijos.

Anthony sonrió intentando acercarse a su papá, pero Hermione lo retuvo – ¡mi abue nos llevó al cento comercial y mi abuo no dio mucho helado! – decía sin dejar de sonreír.

– ¡sí, nos dio mucho helado de vanilla! – corroboró Catherine sonriendo ampliamente, parándose en el hueco que había entre las piernas de su mamá.

– ¡claro! con justa razón están tan acelerados – dijo Hermione con tono resignado.

– y ¿vieron muchas caricaturas? – les siguió hablando Harry para que no estuvieran tan inquietos y Hermione los pudiera controlar.

Catherine asintió – ¡vimos muchósimas! – dijo emocionada, haciendo reír a sus papás.

– ¡mis abuolos tienen más caritituras que nosotros! – dijo Anthony a modo de queja.

– se dice abuelos, Tony, no abuolos – lo corrigió Hermione sin dejar de sonreír – y sí, tienen muchísimas caricaturas, son las que yo veía cuando estaba chiquita – les explicó mientras Harry estacionaba el coche cerca de la clínica.

– ¿veías caritituras cuando estabas chiquita! – le preguntó Anthony bastante sorprendido.

Hermione asintió sin dejar de sonreír, antes de abrir la puerta del coche, dispuesta a bajar a sus dos hijos, pero Catherine se apresuró a acercarse a su papá – veía muchas caricaturas, estoy segura que tus abuelitos tienen más, pero hay que buscarlas – le decía mientras caminaban hacia la clínica.

– ¿y podemos llevarlas a la casa! – le preguntó bastante emocionado, dando pequeños saltitos mientras caminaba tomado de la mano de su mamá.

– ¡claro! sólo hay que pedírselas a tus abuelitos y las vamos a buscar – le dijo sonriendo mientras entraban al consultorio – buenas tardes... tengo cita con el doctor, soy Hermione Potter – le decía a la recepcionista, y sintió como Anthony soltaba su mano, pero al voltear se dio cuenta de que Harry se lo había llevado con él y Catherine a la sala de espera.

– ¡claro, en un momento la atiende! – le dijo la chica con tono amable.

– gracias – dijo Hermione sonriendo, pero al voltear hacia su familia, la sonrisa se borró de su rostro – muy bien, no pensé en esto – dijo un poco preocupada, observando lo intranquilos que estaban sus hijos, luego de que la secretaria de su doctor le informara que en unos minutos la atenderían – ¿podrías quedarte con ellos?... en mi próxima consulta entras conmigo – le dijo al ver la mirada inconforme de su marido.

Harry bufó – está bien... – le dijo poco de acuerdo y en eso llamaron a Hermione para que entrara al consultorio – voy a llevarlos afuera – le dijo mientras tomaba a sus hijos en brazos, dándole un beso en la mejilla a su esposa antes de que entrara a consulta.

– ¿a dónde va mi mami? – le preguntó Anthony mientras observaba a su mamá desaparecer tras una puerta.

Harry le sonrió a su hijo – va con el doctor – le dijo con calma mientras salían de la clínica.

– ¿está enferma! – le preguntó su hijo con gesto preocupado abriendo mucho sus ojos verdes.

Y Harry negó sonriendo con calma – va a ver cómo está tu hermanito – le dijo mientras lo bajaba, cómo Anthony lo pedía, para que pudiera caminar.

– ¿y nosotros no podemos verlo? – le preguntó Catherine sonriendo, pero Harry negó.

– sigue en la pancita de tu mami – le dijo Harry con calma.

– ¿y cómo lo puede ver el doctor? – le preguntó Anthony con gesto serio, dando a entender que estaba seguro que su papá les estaba mintiendo, lo cual ocasionó la risa de Harry.

– buena pregunta, Tony – le dijo Harry fingiendo tono serio, pero enseguida sonrió – tiene unos aparatos para escucharlo y otro... cómo una televisión, para poder verlo – les decía sonriendo, deteniéndose frente a una tienda.

– ¿y porqué no podemos verlo nosotros? – le preguntó Anthony con gesto molesto.

– por que los niños no pueden entrar – le dijo intentando dar por terminada la plática – ¿quieren unas galletas? – les preguntó entrando a la tienda y ambos asintieron. Era la única forma en que él podía controlarlos y sabía que Hermione no se la pasaba dándoles galletas o helados para tranquilizarlos, tendría que preguntarle cómo le hacía para que no le dieran tanta batalla.

– ¡yo quiero estas! – dijo Catherine sonriendo ampliamente, señalando una enorme caja de galletas con relleno de chocolate.

– ¡y yo estas! – lo llamó Anthony, jalándolo de la bolsa del pantalón, mostrándole un bote metálico bastante grande con galletas en forma de abanico.

Harry observó preocupado a sus hijos – yo pensaba comprarles unas cuantas... – dijo poniéndose en cuclillas para quedar a la altura de sus hijos.

– ¡son unas cuantas! – dijo Anthony sonriendo ampliamente, abrazando el bote de galletas con sus brazos y piernas, yéndose hacia atrás por la falta de equilibrio – le daré a cosh... coshanks... y... ¡y a pelitos! – dijo sonriendo sin soltar el bote, haciendo reír a su papá.

– ya sabes que no se llama pelitos... – le dijo sin dejar de sonreír, pero alguien más clamaba su atención jalando su camisa.

– ¡yo quiero galletas! – le reclamó Catherine intentando alcanzar la caja de galletas, y, cuando lo logró, tiró de ella haciendo que se le vinieran encima otras grandes cajas.

La primera reacción de Harry fue abalanzarse contra Catherine y cubrirla con su cuerpo, recibiendo varios golpes en la cara y la espalda – ¡mald...! – se quejó al sentir el primer golpe, pero se mordió la lengua al recordar que estaba con sus hijos.

Al darse cuenta que ya no caían más, se separó de su hija para asegurarse de que no le había pasado nada, y se asustó un poco al verla llorando, pero al revisar su rostro y cuerpo se dio cuenta que lloraba por que se había asustado – ya, nena, no pasó nada... – le dijo intentando calmarla, mientras la abrazaba y Catherine escondía su rostro en el hombro de su papá – vamos, chaparro, trae tus galletas... – le dijo mientras intentaba recoger el desastre, pero le era un poco difícil, pues eran cajas bastante grandes y no le era muy fácil levantarlas con una sola mano; así que volteando a ambos lados, para asegurarse de que no había nadie cerca, sacó su varita y, con un ágil movimiento, dejó todo como estaba.

– ¡vamos! – le dijo a su hijo, tomando una de las del estante, y se dirigió a la caja para pagar, mientras Anthony lo seguía, arrastrando frente a él su bote de galletas.

– ¡buenas tardes¿encontró todo lo que buscaba? – le preguntó amablemente la cajera.

– sí, gracias... – dijo Harry por cortesía, dejando la caja junto a la registradora para poder subir el bote que llevaba su hijo – ¡sólo las comerán después de cada comida, eh! – les advirtió, observando seriamente a su hijo, quien asintió con gesto serio, aunque se denotaba un poco la preocupación por lo que había pasado.

– ¡muchas gracias! – dijo Harry después de pagar, tomando con dificultad las bolsas – ¡ven, chaparro! – le indicó a su hijo, y Anthony rápidamente se acercó a él tomándolo de la bolsa de su pantalón, mientras salían de la tienda.

– ¿dónde estaban? – les preguntó Hermione preocupada, acercándose a ellos, sin darse cuenta del rostro lastimado de su esposo y las enormes bolsas de papel que llevaba.

– fuimos a comprar unas galletas... – dijo Harry un poco molesto consigo mismo, pues él había propuesto aquello.

– ¿se quedó dormida? – preguntó Hermione confundida, pues Catherine seguía ocultando el rostro en el cuello de su papá, y Harry iba a negar cuando Hermione se dio cuenta del golpe que tenía en el rostro – ¡por dios¿Harry, qué te pasó? – le preguntó preocupada, observando detenidamente el golpe que tenía Harry cerca del ojo derecho, temiendo tocarlo, pues no sabía si le haría daño.

– Catherine intentó bajar una caja de un estante alto y las cajas se le fueron encima – le explicó Harry con calma, volteando hacia Anthony para asegurarse de que seguía a su lado.

– ¿se lastimó? – le preguntó preocupada, pero Harry negó.

– la alcancé a proteger, pero tu maridito sí se lastimó... – dijo fingiendo tono chiqueado, esperando que Hermione lo consintiera.

– ¡ay, pobre de mi héroe! – dijo haciéndole una caricia en la mejilla izquierda– ¿te dolió mucho? – le preguntó imitando el tono chiqueado de su esposo, haciendo pucheros, mientras acariciaba con suma suavidad el contorno del golpe.

Harry le sonrió y se acercó a ella para besarla en los labios – todos estamos bien... – le dijo sin dejar de sonreír – sólo que Caty se asustó un poco – le dijo volteando hacia su hija, que hipaba débilmente.

– a ver... – dijo Hermione estirando los brazos para cargar a su hija – ven, nena... no pasó nada... – le dijo acomodándola en sus brazos mientras acariciaba su cabello – ven, Tony... – lo llamó tendiéndole la mano para que se acercara a ella, y juntos regresaron al coche.

– Caty, no te ashustes... yo te doy de mis galletas... – le dijo Anthony haciéndole una caricia en la cabeza a su hermana, mientras iban camino a su casa; Hermione cargaba a los dos.

Ambos sonrieron al escuchar a su hijo, al igual que Catherine, que sonrió agradecida con su hermanito.

– ¡cielos! Con todo esto se me olvidó preguntarte¿cómo te fue? – le preguntó Harry a su esposa, quien sonrió inmediatamente.

– me fue muy bien¡el doctor dice que todo está perfecto! Pero no podemos saber qué será hasta dentro de unos meses – le dijo sonriendo – ¡siéntate bien, Anthony! – dijo con tono serio, pues su hijo intentaba alcanzar el bote de galletas que estaba a los pies de Hermione.

Anthony se irguió y volteó hacia su papá – ¿me llevas a tu entrenamiento? – le preguntó sonriendo, pero Harry negó.

– se suspendió la temporada, vamos a descansar unos meses... hubieron unos problemas con dos equipos y el departamento de deportes está decidiendo qué hará al respecto – le explicó, aunque más que nada, esa explicación era para su esposa.

– ¿porqué no me habías dicho? – le preguntó Hermione un poco confundida.

– a penas me dijeron ayer y... bueno, no tenía muchas ganas de hablar del trabajo... – le dijo sonriéndole significativamente y Hermione le sonrió sin decir nada más.

– pero ¡prometo que te llevaré en cuanto se reanuden los entrenamientos! – dijo al ver la mirada ceñuda de su hijo, quien no tardó en volver a sonreír, observando sus galletas con antojo.

– espera a que lleguemos a la casa – le dijo Hermione con tono serio – Caty... no te duermas, chaparra, no querrás dormir en la noche... – le decía moviendo un poco a su hija, pues sus ojos comenzaban a cerrarse.

– quiero domir... – le dijo con tono cansado, acomodando la cabeza en el pecho de su mamá.

– ¿no vas a comer galletas? – le preguntó Hermione, intentando hacerla despertar, pero Catherine negó sin abrir los ojos – bien... parece que realmente está cansada... – dijo acomodándola bien sobre su lado derecho, soltando por unos segundos a su hijo – descansa, mi vida... – dijo dándole un beso en la frente, luego de acariciar su cabeza haciendo a un lado los cabellos que caían por su rostro.

– ¡Harry, te habla Ron! – lo llamaba Hermione desde la planta baja – ¡Harry! –

– ¡voy! – dijo mientras cargaba a sus hijos – vamos, vamos... su tío Ron me habla... – les decía, bajando las escaleras – teléfono, teléfono, teléfono... – pidió acercándose rápidamente a su esposa, con sus dos hijos en brazos, y Hermione le puso el teléfono en la oreja con una mano, mientras que con la otra tomaba a Anthony en brazos – gracias... – le dijo sonriendo, mientras tomaba el teléfono y se lo acomodaba en la otra oreja – ¿Ron? –

– ven, chaparra... – dijo Hermione estirando su otro brazo para cargar a su hija, quien enseguida extendió sus bracitos para colgarse del cuello de su mamá.

– ¿qué pasó? – le preguntó Harry sonriendo.

Hermione lo observaba desde el sillón del estudio, y no pudo evitar preocuparse al ver el gesto serio que había puesto su marido.

– ¿quién te dijo?... – lo escuchó preguntar con tono serio, mientras se tensaban los músculos de su rostro – pero ¿están seguros? – preguntó dándole la espalda – ¿puedes venir a la casa?... no puedo dejar a Hermione sola con los niños... – decía con el mismo tono serio – está bien... gracias... – dijo antes de colgar.

Hermione lo observó por varios segundos, en los cuales se mantenía dándole la espalda, y aunque no dijera nada, sabía que estaba furioso, su respiración lo delataba – ¿qué pasó?... – le preguntó preocupada, dejando a sus hijos en el sillón, para acercarse a él.

Harry se movió un poco del lugar en el que estaba, necesitaba tranquilizarse – fue Krum... – dijo antes de salir del estudio.

Hermione lo observó sin entender¿a qué venía el nombre de Krum en ese momento? Ron había hablado con él, tenían más de una semana de que se habían reconciliado¿porqué nombrar a Krum en ese momento?...

– ¡Harry! – lo llamó bastante sorprendida, e iba a seguirlo, pero regresó para llevar a sus hijos con ella, haciéndolos caminar más rápido de lo normal – ¿Harry, qué te dijo Ron? – le preguntó siguiéndolo – ¡Harry, por favor, háblame! – le dijo casi a modo de ruego.

Harry se detuvo y volteó hacia ella lentamente – dame un minuto... ahora no te puedo asegurar que Voldemort es la persona a la que más odio... – dijo antes de volverse a dar media vuelta y dirigirse a la cocina, para salir al patio.

– ¡mami! – la llamó su hija, captando su completa atención.

Hermione se acercó a sus hijos, que seguían parados cerca de ella – ¿qué pasa, mi vida? – le preguntó hincándose frente a ellos.

– queremos jugar – le dijo Anthony sonriendo ampliamente, haciendo sonreír a su mamá.

– muy bien, vamos a jugar... – les dijo estirando los brazos y sus hijos no tardaron en tomar sus manos.

Atravesó el pasillo que estaba entre la sala y el comedor tomando a sus hijos de las manos y observando a su esposo caminar de un lado a otro en el jardín, ignorando por completo la presencia de Torch y Crookshanks, que clamaban su atención.

Subió las escaleras despacio, pues no quería que sus hijos se cayeran o se lastimaran, pues aún las subían a pasos lentos, además de que estaba al pendiente de cualquier reacción o comentario que pudiera hacer Harry, pero llegó hasta la habitación de sus hijos y no escuchó nada.

Estaba dispuesta a nada más acercarles los juguetes y observarlos jugar, pero antes de que se pudiera alejar de ellos, Anthony y Catherine la hicieron sentarse en la alfombra junto a ellos.

– muy bien¿qué vamos a jugar? – les preguntó sonriendo y observó cómo Anthony se levantó del suelo y se acercó a una de sus cajas de juguetes, sacando bastantes varitas – ¡ah, muy bien, veo que sus tíos Fred y George les dieron muchos suministros! – dijo sonriendo, mientras tomaba todas las varitas que Anthony había sacado de la caja.

– ¡eres un pollo! – le dijo Anthony a su mamá entre risas, pues al golpear la varita en su hombro, esta se había convertido en pollo, haciendo reír a su hermana.

– ¡ah, sí! – dijo Hermione tomando otra varita y apuntando a su hijo – ¡tú eres una lagartija! – le dijo sonriendo, haciendo que sus hijos se partieran de risa, pues las formas de los animales eran bastante cómicas para ellos.

– y Caty es... ¡es Coshanks! – dijo Anthony riendo con más fuerza, mientras se iba de espaldas, sosteniéndose el estómago.

– a ver, Caty¿qué es tu hermano? – le preguntó Hermione.

Catherine tomó una de las varitas que tenía Hermione y apuntó a su hermano, haciendo que de ella salieran chispas de colores y Hermione no tardó en quitársela.

– ¡espera, Caty! – le dijo un poco asustada, temiendo que pudiera lastimar a su hermano involuntariamente – ¡wingardium leviosa! – dijo apuntando uno de los juguetes de al repisa, y este comenzó a flotar – parece que a sus tíos se les fue una varita de verdad... – dijo haciendo que el juguete volviera a su lugar – ¡y parece que es tu primera señal de que eres bruja! – dijo emocionada, observando a su hija, y estuvo apunto de salir corriendo a informarle a su marido, pero se detuvo al recordar que Harry le había pedido privacidad – bueno, luego le diremos a tu papá – le dijo sonriendo, mientras abrazaba a su hija.

Anthony se levantó intentando quitare la varita a su mamá – ¡yo quiero magia! – decía intentando alcanzar la varita, pero Hermione ya la había puesto fuera de su alcance, sosteniendo a su hijo por la cintura – ¡yo quiero! – pedía estirándose todo lo que daba su cuerpecito, pero aún así no alcanzaba la varita.

– aún no tienen edad para hacer magia... vamos, hay que seguir jugando – le dijo escondiéndose la varita detrás de la espalda y, mientras su hijo seguía intentando alcanzar la varita, ella trataba de tomar una de las varitas de broma, y Catherine no tardó en intentar ayudar a su hermano, haciendo que se fuera de espaldas – ¡ouch! – se quejó al caer sobre su brazo, mientras sus hijos se reían – muy gracioso¿verdad? – les preguntó observando los rostros sonrientes de sus hijos, y ambos asintieron sin dejar de sonreír – a ver¿quién quiere galletas con lechita? – les preguntó, haciendo que ambos abrieran mucho los ojos y se levantaran asintiendo – muy bien, entonces vamos por galletitas – les dijo sonriendo, levantándose del suelo y salió de la habitación junto con sus hijos, guardándose la varita en el bolsillo de su pantalón.

Al entrar a la cocina se dio cuenta de que su esposo ya no estaba en el jardín y deseó, con todas sus fuerzas, que estuviera en su habitación y no buscándose problemas.

Ayudó a sus hijos a sentarse en las sillas y se acerco al refrigerador para sacar la leche – mañana vamos a ir a visitar a sus abuelitos Molly y Arthur¿qué les parece? – les preguntó mientras les servía la leche y un par de galletas en un plato.

– y ¿podemos dormir en la mariguera? – le preguntó Anthony sonriendo ampliamente.

– no, tu papi quiere pasar mucho tiempo con ustedes, y yo tengo que ir a ver al doctor – les dijo dejándoles las galletas y la leche frente a ellos.

– ¿te sientes mal, mami? – le preguntó Catherine con el mismo gesto preocupado que se observaba en el rostro de su hermano.

Hermione negó sonriéndoles, mientras acariciaba sus cabecitas – voy a ver cómo sigue su hermanito – les dijo con calma, mientras acomodaba una silla entre las de sus hijos.

– ¿va a ser niño? – le preguntó Anthony con gesto emocionado, antes de meterse en la boca la mitad de una galleta.

– come despacio... – le dijo Hermione observando que no se fuera a ahogar – todavía no sabemos si es niña o niño... ¿qué les gustaría que fuera? – les preguntó sonriendo.

– ¡niña! – dijo Catherine con tono emocionado, pero Anthony no dijo nada.

Hermione observó a su hija sonriendo, haciéndole una caricia en la mejilla – ¿y tú, Anthony? – le preguntó a su hijo, volteándolo a ver.

El pequeño observó detenidamente su vaso de leche, como meditando lo que iba a decir – ¡niño y niña! – dijo sonriendo ampliamente, haciendo que Hermione abriera la boca.

– ¡vaya!... sabía que te parecías a tu papá, pero nunca pensé que tanto... – le dijo fingiendo tono de ensueño, pero enseguida sonrió alcanzando a escuchar un bostezo de su hija – ¿ya tienes sueño, nena? – le preguntó pasando un pañuelo con suavidad por su boca, para limpiar los restos de galleta y leche.

Catherine asintió parándose en la silla para recostarse en el regazo de su mamá – hace fío – dijo acomodándose entre los brazos de su mamá.

– ¿y tú, nene? – dijo volteando a ver a su hijo – ¿también tienes sueño? – le preguntó intentando peinar su cabello con sus manos, un propósito realmente imposible.

Anthony asintió tomando la mano de su mamá, colocándosela en la mejilla a modo de almohada, haciéndola sonreír.

– a ver, chaparro, recojo esto y nos vamos a dormir¿está bien? – le dijo acariciando su mejilla con su dedo índice y Anthony asintió soltando la mano de su mamá, quien no tardó en levantar los trastes que habían usado sus hijos, dejándolos en el lavadero – vamos, chaparro – le dijo estirando su brazo para cargar a su hijo, quien no tardó en rodearla por la cintura con sus piernas.

Subió hasta la habitación de sus hijos haciendo bastante esfuerzo, pues sus hijos ya no eran tan livianos como cando tenían dos años.

– a ver, Tony, vamos a ponerte tu pijama – le dijo mientras lo dejaba sobre su cama, para después acomodar a su hija completamente dormida en su cama, y al darse media vuelta se llevó una enorme sorpresa al ver a Anthony profundamente dormido. Tardó casi veinte minutos en cambiarlos, pues lo hacía con sumo cuidado para no despertarlos, y, después de arroparlos y desearles dulces sueños besando sus frentes, regresó a su habitación.

Al entrar a su habitación encontró a su esposo ya acostado, pero sabía que aún estaba despierto. Antes de acercarse a él cambió la ropa que llevaba puesta por su pijama y no pudo evitar comenzar a dar vueltas por la habitación bastante preocupada.

– vamos, bébé, cálmate... – le dijo Harry observándola caminar por la habitación murmurando.

Hermione se detuvo volteándolo a ver – ¿cómo quieres que me calme si mi marido recibió una llamada que lo puso peor que un toro? – decía preocupada y se acercó a su cama al ver que Harry le hacía señas para que se acostara a su lado, y acomodándose bajo las cobijas, se acostó al lado izquierdo de su esposo.

– mira, no quiero que tú te preocupes... ni quiero que tú o mis hijos se vean metidos en esto... lo voy a solucionar y lo vamos a olvidar... – le dijo Harry con calma, mientras la abrazaba rodeándola por la espalda.

– no me puedes pedir que no me meta... me moriré de preocupación... ¡y no quiero que te metas en problemas! – le dijo a modo de reprimenda, separándose un poco de él.

– ya no estoy en el colegio como para meterme en problemas... resolveré esto y lo olvidaremos – le dijo manteniendo la calma, pero Hermione negó separándose completamente de él.

– vamos, dime qué fue lo que te dijo Ron... sabes que de cualquier forma puedo obligarlo a decirme todo – dijo con tono serio, levantándose de la cama.

Harry bajó la mirada derrotado, sabía que no le podía ocultar las cosas a Hermione, pero tampoco quería meterla en eso y preocuparla – mira... ¿qué te parece si te cuento todo ya que esté resuelto? – le preguntó intentando sonreírle, pero Hermione negó inmediatamente.

– Harry, no voy a quedarme de brazos cruzados mientras andas haciendo quién sabe qué cosas... mejor dime lo que pasa... talvez hasta te puedo ayudar a resolverlo – le decía intentando sonar tranquila, pero su mirada la delataba.

– ¿cuál es el interés en meterte en problemas innecesarios? – le preguntó sonriéndole, mientras se acercaba a ella con toda la intención de abrazarla, pero Hermione dio un paso atrás observándolo con el entrecejo levemente fruncido.

– ¿cuál es el interés?... pues resulta que eres mi marido y si tú tienes un problema, ese problema también es mío... – le dijo con tono bastante serio, sin dejar de observarlo.

– no dormirás si no te lo digo¿verdad? – le preguntó sonriendo débilmente, pero Hermione negó.

– ¡claro que dormiré!... pero no contigo... – dijo haciendo ademán de salir de su cuarto, pero Harry la detuvo.

– ¡oye!... no quiero que volvamos a pelear... ¡no por culpa de ese idiota! – le dijo Harry haciéndola sentarse en la cama.

– ¿Víktor? – le preguntó Hermione alzando un poco la mirada, para poder ver el rostro de su esposo varios centímetros arriba del de ella.

Harry apretó los dientes, odiaba que lo nombrara con tanta familiaridad y más después de todo lo que les había hecho pasar, pero Hermione no sabía nada de eso – sí... – dijo simplemente, antes de darle la vuelta a la cama y volverse a acostar.

Hermione se acercó a él y se acostó a su lado derecho, bastante cerca de la orilla – sabes que él y yo no tenemos nada, y si lo llamo por su nombre es sólo por la amistad que tuvimos hace años... – le dijo acariciando su pecho, sin apartar su mirada de la de él.

– lo sé, Hermione, el problema es que tú sí le gustas a él – le dijo Harry con tono serio, rodeándola por la espalda.

– vamos, Harry¿con quién estoy casada? – le preguntó sonriendo, antes de darle un beso en los labios, haciéndolo sonreír.

– ah, claro, pero te casaste estando borrachita... – le dijo Harry sin dejar de sonreír, haciendo que Hermione le diera un golpe en el pecho – ¡ouch! – se quejó frunciendo un poco el entrecejo, pero sin poder dejar de sonreír – te amo, hermosa... – le dijo volviéndola a besar.

– yo también te amo... – le dijo al terminar el beso, y luego de besar su mejilla lo observó con seriedad – pero eso no quiere decir que voy a olvidar tu conversación con Ron... dime qué fue lo que te dijo – le exigió con tono amenazador, haciendo reír a su esposo – ¡no te rías! – le dijo molesta.

– lo siento... – dijo sin dejar de sonreír, pero Hermione no dejaba de verlo con seriedad – está bien, está bien... te diré sólo si me prometes que no te meterás – le dijo imitando la seriedad de su esposa.

– nada de eso, dime qué fue lo que te dijo Ron – le volvió a exigir.

Harry la observó con seriedad y se intentó separar de ella, pero Hermione lo detuvo tomándolo por la camisa de su pijama – mira, no quiero que vuelvas a tener trato con el imbécil ese... demasiados problemas nos ha causado... – le dijo manteniendo su tono serio.

– Víktor no me importa... – decía, pero Harry la interrumpió.

– ¿podrías dejar de llamarlo por su nombre?... – le preguntó bastante molesto, separándose de nuevo de Hermione.

– ¡dime qué es lo que pasó para así talvez tener una buena razón para dejar de llamarlo por su nombre! – le dijo Hermione también molesta por la actitud de su esposo, pero Harry volvió a negar – ¡no lo puedo creer¡tiene días que nos reconciliamos y todo inició por falta de comunicación!... ¡por dormirnos sin hablar! – decía desesperada y salió de su habitación con pasos acelerados, escaleras abajo.

Al llegar a la planta baja se dirigió inmediatamente al jardín, necesitaba aire fresco para poder despejar su mente, no le importaba que le diera frío en ese momento.

No entendía la actitud de Harry, siempre lo había llamado así, no era precisamente por que le tuviera algún afecto especial ni nada que se le pareciera; al contrario, aún estaba molesta con él pues por su culpa habían lesionado a su esposo y si llegaba a su casa no era porque ella lo invitara, él sólo llegaba y se dedicaba a hablar e intentar coquetearle.

Volteó a sus lados al sentir algo cálido y suave sobre sus hombros.

– no quiero que te resfríes... – le dijo Harry mientras la cubría con una frazada y la rodeaba por la cintura – y tampoco quiero que te enojes conmigo, no por culpa de ese imbécil, pero necesito que confíes en mi... en verdad, prefiero no decirte nada, no quiero que te preocupes... – le dijo al oído, recostando su cabeza sobre su hombro.

Hermione suspiró – confío en ti más que en nadie... pero no puedo evitar preocuparme... y estaré más preocupada si no sé qué es lo que estás haciendo – le dijo uniendo su cabeza a la de él, sintiendo a Harry acariciar su abdomen.

– está bien... Ron me habló para decirme que Sophie le sacó a Julia Skeeter quién le había dicho y mandado la foto donde supuestamente estoy con otra... – le dijo con tono serio, dejando que Hermione recargara su espalda en su pecho.

– ¿quieres decir que...¿Krum fue el que...¿fue él! – dijo alterada, separándose rápidamente de Harry y el chico asintió sonriendo al notar el cambio en la forma en que se dirigía al Búlgaro.

– sí, según le dijo Sophie a Ron, Julia recibió una carta de Krum donde le explicaba todo lo que según él había hecho, junto con la foto... y, bueno, Julia no podía desperdiciar una noticia así... – le explicaba Harry con calma, mientras Hermione caminaba enojada por el jardín – ves, por eso no te quería decir, sabía que te pondrías así... – le dijo acercándose a ella para detenerla.

– es que... es que... ¡no puedo creerlo! – decía con los ojos bastante abiertos – y pensar que en un momento ¡llegué a confiar en él! –

Harry le sonrió abrazándola – no podías adivinar que era una persona así, no tuviste el tiempo suficiente para conocerlo... – le dijo observando detenidamente su rostro, sin dejar de sonreírle – vamos adentro, recuerda que debemos levantarnos temprano para ir a la Madriguera... – dijo guiándola a adentro de la casa.

– ¿estás seguro que no puedes faltar a esa junta? – le preguntó Hermione con gesto cabizbajo, mientras acompañaba a su marido fuera de la Madriguera.

Harry negó con gesto apenado – es lo que más quisiera, pero Alan nos dijo que era realmente importante que asistiéramos a esa junta... – le dijo mientras la abrazaba por la cintura.

– ¿Harry, listo? – le preguntó Ron saliendo de la casa con una enorme sonrisa.

Harry asintió volteando a ver a su amigo, quien guardaba su varita dentro de su abrigo sin poder dejar de sonreír – nos vemos más tarde... – dijo antes de darle un beso y alejarse junto a Ron.

Hermione los observó subirse al coche de Harry y desaparecer en el camino, así que no tuvo qué hacer más que regresar a la casa, sintiendo un golpe en las piernas al entrar – ¿Tony?... ¿qué pasa, bebé? – le preguntó mientras se inclinaba frente a su hijo.

– tío Fred se quedó sin cabeza... – dijo volteando temeroso hacia atrás.

Hermione lo observó por unos segundos sin comprender, pero al recordar su quinto año levantó la mirada buscando a los gemelos, pero no los vio por ningún lado – ¿dónde están tus tíos, Tony? – le preguntó volviendo su vista a él.

Anthony tomó la mano de su mamá y la guió hacia la cocina para salir al jardín – ahí están... – dijo señalándolos con su bracito estirado.

– ¡Fred!... ¡George! – los llamó con tono serio, acercándose a ellos, llevando a su hijo de la mano – ¡con ustedes quiero hablar!... ¡y no se atrevan a moverse de ahí! – dijo con tono amenazador, señalándolos de manera acusadora, hasta detenerse frente a los gemelos, que la observaban confundidos; con la sonrisa, que segundos antes le dirigían a su pequeño público, congelada – ayer mis hijos estaban jugando con las varitas de broma que les dieron y ¿adivinen qué?... – decía con el mismo tono serio y comenzó palpar sus bolsillos de su abrigo – ¡encontré esto! – dijo sacando la varita y apuntándolos – ahora... ¿alguno de los dos me podría decir de quién es?... – dijo clavando la punta de la varita en el pecho de George, quien la observaba nervioso.

– ¡te dije que tuvieras más cuidado! – dijo Fred a su hermano a modo de reproche.

– ¡bueno, a ti fue al que se le cayó entre las demás varitas! – se defendió George.

– sí, pero... – decía Fred, pero Hermione lo interrumpió.

– ¡no me importa quién tiene la culpa! – dijo Hermione con tono molesto – ¡mis hijos se pudieron haber hecho daño! –

– ¿crees que me desearíamos que les pasara algo a nuestros sobrinos? – le dijo George con tono ofendido – adoramos a tus hijos tanto como a Alex... y a nuestros futuros hijos... jamás querríamos que les pasara algo... –

– ah, muy bien... sólo quería estar segura de eso – les dijo Hermione sonriendo, haciendo que los pelirrojos la observaran con los ojos bastante abiertos.

– ¿tanto alboroto para eso? – le pregunto Fred con un guiño.

Hermione asintió sin dejar de sonreír – ¡claro!... cualquier alboroto por el bien de mis hijos... – dijo con calma, mientras tomaba en brazos a su hijo.

– ¡pégales, mami! – le dijo Anthony sonriendo, haciendo reír a los gemelos y a su mamá.

– no, nene, con regañarlos basta... ¿verdad que ahora serán mas cuidadosos? – preguntó dirigiéndose a los gemelos, quienes asintieron sonriéndole al pequeño Potter – ¡ah!... lo olvidaba, por favor no hagan trucos tan... "sádicos", los niños aún están pequeños – les dijo más como advertencia que como petición – ¡Caty!... ven, hija, vamos a comer... – dijo indicándole a su hija que se acerara a ella

– ¿estás seguro que Krum va a estar aquí? – le preguntó Harry mientras entraban a el estadio de la selección de Bulgaria, y Ron asintió con gesto serio.

– Sophie sabe qué días entrenan los jugadores y qué días descansan... no pudimos tener más suerte que la de hoy... mira que una comida justo el día que los Búlgaros vuelven a sus entrenamientos... – decía mientras metía su mano dentro de su bolsillo, sólo para estar precavido.

Harry sonrió siguiendo con su camino, deseaba tanto encontrar a Krum para hacerlo confesar, tenía que aceptar que él había sido el que les causó tantos problemas, y esperaba poder, no sólo amenazarlo, si no darle unos cuantos golpes que lo harían comprender que nadie se metería con su familia.

– ¡Potterr, perro qué sorrprresa! –

La voz de Krum los hizo voltear, y Harry no tardó en comenzar a caminar hacia el Búlgaro – bien... es bueno encontrarte tan rápido¡infeliz, animal!... – dijo antes de intentar abalanzarse contra Krum, pero Ron lo detuvo.

– recuerda... primero debemos sacarle la verdad y después puedes matarlo si quieres... – murmuró Ron.

– te tarrdaste un poco en averriguarrlo, Potterr... – le dijo Krum sonriendo con cinismo – supongo que ahorra quierres saberr qué fue lo que pasó – decía acercándose a ellos con pasos lentos – fue diverrtido convencerr al muggle ese de modificarr la foto... no puedo crreerr que no te dierras cuenta de eso... – le dijo a modo de burla.

– ¿qué muggle! – le preguntó Harry bastante alterado, mientras Ron seguía sosteniéndolo.

– mmm... ¿rrecuerrdas al antiguo prrometido de tu esposa? – le preguntó sin dejar de sonreír y se dio media vuelta dispuesto a irse, pero se detuvo para continuar hablando – estuvo apunto de aceptarr, perro a final de negó totalmente así que no me quedó de otrra que usarr la maldición Imperrius... pero no te prreocupes, mientrras Hermione estuvo con sus papás, pasó sus noches en muy buena compañía... – dijo como quien dice cualquier cosa y comenzó a caminar, y Ron no pudo seguir reteniendo a Harry.

El oji verde se abalanzó sobre el búlgaro haciéndolo caer al frío piso; había esperado tanto ese momento, que no pudo evitar sonreír al golpear el rostro de Krum, pero su sonrisa no duró mucho tiempo, pues el búlgaro le regresó el golpe partiéndole el labio inferior.

Ron los observaba deseando poder contribuir a la pelea, pero ese era un asunto entre Harry y Krum; por eso mismo no tardó en golpear al tipo alto que intentaba separar a Harry de Krum.

– ¡quítate inútil! – se quejó Ron antes de tumbar de un golpe al que le acababa de dejar el ojo morado.

– ¿qué dirrá la prrensa brritánica si se enterra de esto?... – dijo Krum con una media sonrisa, en los pocos segundos en los que se pudieron separar – ¡la grran estrrella, Potterr, va hasta Bulgarria a buscarr prroblemas! – decía con la respiración agitada, suficiente sangre en el rostro con la cual cualquier muggle diría que necesitaba unas puntadas y varios golpes en el torso.

Pero Harry no estaba mejor, su labio partido ya estaba inflamado, tenía diferentes moretones en el rostro, sin contar la pequeña hemorragia que tenía en la ceja; causada por el anillo de la selección Búlgara, que portaban todos los jugadores; otro corte en la mejilla y, al igual que Krum, tenía varios golpes en el tórax.

– ¡me importa un bledo lo que digan esos idiotas!... les diré porqué vine... ¡talvez les interese más tu historial! – dijo sonriendo con dificultad, pues su labio le ardía demasiado.

– ¡erres un idiota! – decía enojado mientras sacaba su varita, pero Harry fue más rápido.

– ¡Desmaius! – dijo haciéndolo caer sobre el frío piso – ¡Desmaius! – repitió apuntando al búlgaro con el que había estado peleando Ron.

– estamos en problemas... – dijo el pelirrojo mientas se tocaba con cuidado el contorno de su ojo izquierdo.

– Krum no va a decir nada... – dijo Harry con calma, limpiándose la sangre del rostro con el dorso de la mano.

Ron sonrió divertido – creo que correríamos menos peligro con los dementores que con tu esposa... – dijo intentando no reírse, haciendo que la mirada calmada de Harry cambiara por una preocupada.

– Hermione me va a matar... –dijo bastante nervioso.

– no puedo entrar, Ron... – decía Harry preocupado, dando vueltas frente a la entrada de la madriguera.

– ¡tienes que entrar! Tus hijos y tu esposa te están esperando... – le dijo Ron con tono serio.

– ¡lo sé! pero ¿cómo quieres que me presente ante mi esposa con el rostro y el tórax lleno de contusiones?... – decía sin dejar de dar vueltas frente a la puerta, pero Ron lo detuvo.

– vamos, tienes que entrar tarde o temprano... – le dijo antes de abrir la puerta, haciéndolo entrar frente a él.

Conforme se acercaban a la sala, la voz de Hermione se hacía cada vez más fuerte y clara, y eso sólo lo hacía ponerse más nervioso – ... puedes usar un poco de jarabe de eléboro... siempre me sirvió para calmar a Anthony cuando tenía pesad... – decía pero fue interrumpida por la voz de su hija.

– ¡papi! – dijo Catherine emocionada, pero su mirada contenta cambió por una preocupada; al igual que la de su mamá; al ver a su papá bastante golpeado – ¿papi se cayó? – le preguntó a su mamá volteándola a ver y Hermione negó levantándose del sillón con Anthony completamente dormido en sus brazos.

– ¿qué les pasó! – preguntó preocupada acercándose a su esposo y su amigo, quienes negaban dando pasos cortos hacia atrás, sabían que no tardaría en descubrir lo que había pasado – ¡están sangrando, qué...! – decía, pero se detuvo al recordar lo que había pasado la noche anterior y lo mucho que le gustaban las comidas en la madriguera a Harry y Ron – ¡te dije que no hicieras ninguna tontería! – dijo levantando la voz, haciendo que su hija se sobresaltara y su hijo comenzara a removerse en sus brazos.

– mami... – dijo Catherine observándola preocupada, al igual que todos los Weasley, que los observaban esperando saber qué pasaba.

Hermione volteó a ver a su hija y su mirada molesta cambió por una apenada; pero al voltear de nuevo hacia su esposo y su amigo, volvió a mostrarse molesta – ¡vayan a la cocina! – les dijo con tono amenazador, al cual no tardaron en obedecer, desapareciendo rápidamente ante la mirada sorprendida de los Weasley – ven, gorda... – dijo volteándola a ver con ternura mientras se ponía en cuclillas, y su hija no tardó en correr a brazos.

– ¿papi y tío Ron se cayeron? – le preguntó Catherine en susurro y Hermione negó – entonces ¿porqué están lastimados? – preguntó preocupada.

Hermione le sonrió – tu papi y tu tío se pelearon, sabes lo que pasa si se pelea la gente¿verdad?... – le preguntó a su hija y esta asintió – bien, ahora ve con tu tía Ginny, voy a castigar a tu papá y a tu tío – le dijo sonriendo mientras se reincorporaba guiando a su hija a donde estaba Ginny – ¿podrías cuidarlos un poco? – le preguntó a su amiga mientras esta asentía tomando en brazos a Anthony. Y no tardó en acercarse a la cocina, donde su marido y su mejor amigo discutían.

– ¡te dije que no fuéramos! – decía Harry bastante preocupado.

– ¡no seas mentiroso¡nunca te negaste! – se defendió Ron.

– ¡cielos, Hermione nos va a matar! – dijo revolviéndose más el cabello en un gesto desesperado, mientras Hermione entraba a la cocina.

– no, no los voy a matar, aunque debería... – decía acercándose a ellos – ¿porqué fueron? – les preguntó intentando no perder la calma, pero le molestaba tanto que Harry fuera tan impulsivo – ¿esta era tu manera de resolver las cosas¡saben que podían haberlos herido realmente! – decía y Harry y Ron intentaron interrumpirla, pero ella no los dejó – ¡ya sé que no es Voldemort y que tú terminaste con él, pero eso no quiere decir que Krum no sepa cómo hacerle daño a una persona¡los búlgaros pueden ser muy...¡oh, dios¿fueron a Bulgaria?... – les preguntó observándolos detenidamente, pero ninguno se atrevía a contestar – ¿qué pretendían¿querían dejarnos viudas a mi y a Sophie¡son unos magníficos magos, pero estaban en su "territorio"¡podían haberlos arrestado o algo peor! – decía bastante enojada.

– Sophie sabía que... – decía Ron, pero Hermione lo interrumpió.

– ¡acepta tus errores, Ron¡ya no son unos niños que reaccionan a golpes! – decía intentando controlar de nuevo su tono, sabía que nada ganaría gritándoles o reprendiéndolos como hacía cuando eran niños – ¡oh, sí, debería matarlos¡pero Krum no me dejó nada! – decía observándolos con el ceño fruncido – ¿por lo menos sirvieron de algo esos golpes? – les preguntó mientras sacaba su varita, ambos asintieron.

– ¡debiste haber visto cómo quedó Krum, parecía...! – decía Ron sonriendo emocionado, pero la mirada exasperada de Hermione lo hizo callar.

– confesó que él había inventado todo... también nos dijo cómo había hecho para modificar la foto... – le explicó Harry con calma mientras Hermione invocaba un botiquín.

– y ¿qué fue lo que les dijo? – les preguntó mientras mojaba un poco de algodón con alcohol y con ese limpió la herida que tenía Harry en al ceja, provocando un gesto de dolor en su esposo.

– ... dijo que había intentado convencer a Matt, pero él se negó... así que optó por usar la maldición Imperius – le dijo haciendo que Hermione dejara de limpiar sus heridas y lo observaba bastante sorprendida.

– ¡no lo puedo creer¡cómo se...!... ¡oh, desearía tenerlo enfrente! – decía enojada, haciendo sonreír a su esposo y a su amigo.

– calma, Hermione, Harry ya se encargó de eso – le dijo Ron sonriendo divertido, haciendo que Hermione se sonrojara.

– bueno... eso no quiere decir que estuvo bien lo que hicieron – dijo con el entrecejo fruncido, mojando otro pedazo de algodón e intentó ponérselo a Ron en la herida que tenía en la mejilla, pero el pelirrojo negó alejándose de su amiga.

– prefiero hacerlo con el método mágico... – dijo antes de salir de la cocina.

– ¡tú no te librarás de esto, eh! – le dijo antes de comenzar a limpiar la herida que tenía en la mejilla – tienes suerte, ninguna de las heridas es profunda... – le dijo antes de comenzar a poner unos ungüentos en los diferente hematomas que tenía en el rostro – ¿con cuántos peleaste? – le preguntó intentando no sonreír, recibiendo una mirada ofendida departe de su esposo.

– ¡deberías ver cómo quedó Krum! – dijo a modo de defensa – ¡él sangraba más que yo! – dijo con tono orgulloso.

– ¡oh, vaya! Menos mal... – dijo antes de rodearlo por el tórax y abrazarlo, haciendo que se quejara – ¿te fracturó una costilla!... – le preguntó preocupada, separándose de él observando su pecho.

– ¡no me fracturó nada! – dijo con tono serio – sólo tengo un par de golpes – dijo con calma, mientras se tocaba el costado izquierdo.

– está bien, pero, de cualquier forma, llegando a la casa te revisaré – le dijo antes de tomarlo de la mano para guiarlo de regreso a la sala, donde se escuchaba claramente cómo la señora Weasley regañaba a Ron.