Estaba pensando seriamente si actualizaba o no, peeeero, muy a pesar de mi orgullo, porque sí, todavía tengo el descaro de ser orgullosa, creo que debo publicar tan rápido como pueda.

Me alegra poder decirles; a los pocos que aún leen el fic; que todo va más que bien y que parece que la musa está trabajando conmigo, así que el fic va viento en popa… o sea, mis dedos, mi cabeza y la musa están trabajando juntos y si todo sigue como hasta ahora, el fic estará terminado pronto. Así que Mily, no tardaré otros dos años jajaja

Ahora sí, disfruten del fic!

CAP 42 DOS POTTER Y UNA SILLA VOLADORA

Escuchaba al doctor, pero por primera vez en su vida, no ponía atención a lo que le decía, seguro su mamá o Harry podrían aclararle todas las indicaciones que le estaba dando, ahora lo que ocupaba su mente era lograr mantener todo tal cual estaba hasta que fuera seguro, para ella y para su familia, dar a luz. No quería pasar otro mal rato como lo habían pasado cuando nacieron Anthony y Catherine, no quería volver a ver a un hijo suyo vulnerable a expensas del tiempo.

– Señora Potter, es necesario que siga mis indicaciones – lo escuchó decir y asintió por pura inercia, sabía que lo más seguro era que su doctor no estuviera de guardia, pero le molestaba que no fuera él el que le indicara todo eso.

– ¿Ya puedo irme? – preguntó haciendo reír a Harry, y se relajó un poco mientras lo sentía acariciar su mano. ¿Qué haría sin su esposo?, seguramente sería la persona más infeliz del planeta, pero ahí estaba él, a su lado a pesar de todas sus histerias y manías, a pesar de ser la mandona que siempre había sido, a pesar de que a veces lo trataba como otro más de sus hijos, ahí estaba, amándola y haciéndola feliz. Apretó su mano y le sonrió mientras a lo lejos escuchaba al doctor recordarle por quiénsabequésima vez que siguiera sus instrucciones.

– Gracias, doctor – escuchó a su mamá y se enderezó inmediatamente segura de que esa era su marca para salir disparada de ahí.

– Calma, bébé – la detuvo Harry sonriéndole y besó su frente justo cuando llevaban una silla de ruedas a la habitación – Políticas del hospital – le dijo justo cuando se disponía a reclamar – Te ayudaré a bajar, pero debes hacerlo con cuidado, ¿está bien? – le dijo pasando un brazo por su cintura y tomando una de sus manos para que se apoyara.

No podía creer que estuviera en tanto peligro su embarazo, si había hecho todo lo que el doctor le había indicado y su doctora no había notado ninguna anomalía, tal vez se debía a la magia.

Se sentó con ayuda de su papá y Harry; sus hijos estaban al cuidado de Ron y Sophie, y sus papás pasarían por ellos en cuanto su esposo la llevara a su casa – Me siento bien – se quejó, aunque sabía que terminaría cumpliendo con cada una de las indicaciones del doctor, cualesquiera que éstas hubieran sido.

– Lo sé, pero el bebé necesita un poco de descanso – le dijo fallando en la sonrisa, sabía que estaba tan preocupado como ella. Tomó su mano y no la soltó, mientras su papá empujaba la silla hasta el estacionamiento – Voy por el coche, no tardo – le dijo antes de besarla, acariciando su rostro – Te amo – dijo antes de irse.

Quiso decirle que no se preocupara, que todo estaría bien, que sería buena chica y se comportaría, no quería verlo sufrir, sabía que había un riesgo alto de que el parto se adelantaría, pero ella estaba segura de que todo saldría bien, sólo era una prueba más.

– Iremos por los niños, los veremos en tu casa – le dijo su mamá acariciando su hombro mientras Harry detenía el coche frente a ellos.

Asintió mientras veía a su esposo acercarse a ella y extendió los brazos hacia él, que la tomó en brazos sosteniéndola con bastante cuidado – No me dejes caer – le sonrió antes de darle un beso en la mejilla, haciéndolo sonreír de nuevo.

– ¿Quieres pasar a comprar algo de comer? – le preguntó acomodando el cinturón de seguridad de manera que no la incomodara y ella negó.

– Podemos ordenar algo a domicilio, muero por estar en mi cama – le dijo con gesto desesperado, haciéndolo reír.

El moreno le dio la vuelta al coche y subió poniéndolo en marcha inmediatamente – Serás la mujer más consentida – le dijo tomando su mano – Sophie y Ginny ya comenzaron a organizar toda una ronda de actividades y Ron les está ayudando buscando la forma de transportarte de una habitación a otra sin problema – le dijo sonriendo, mientras conducía con calma.

Bufó, agradecía la atención de sus amigos, pero ¿dos meses en cama?, sabía que lo haría por su familia, pero no podía evitar quejarse, estaba en su naturaleza – ¿Porqué no regresó el doctor? – le preguntó al recordar ese detalle, recibiendo una mirada confundida de su esposo, que a los segundos comenzó a reír.

– Lo espantaste – le dijo con una sonrisa divertida – Temía ser el que te dijera, de nuevo, que no podrías volver a tus actividades –

Lo observó ofendida – ¡Pero qué exagerado! – se quejó – Yo sólo estaba dejando claro que no estaba de acuerdo con eso – le explicó haciéndolo reír de nuevo.

– Y se lo dejaste muy claro, pero el pobre pensó que si regresaba a la habitación lo destazarías con la mirada – le dijo sin dejar de sonreír, haciéndola girar los ojos por la exageración, era virtualmente imposible; hasta para los magos y brujas; hacer eso.

OoOoOoOoO

Observó a sus hijos durmiendo a su lado, tenían una semana durmiendo de esa forma, ellos junto a ella y Harry al otro lado, sobre unas cobijas en el suelo, le había asegurado que no había ningún problema si dormía en la cama, pero él insistió que no debía incomodarla.

Se volteó con cuidado hacia el otro lado y sobre su buró pudo ver los diferentes frascos de los medicamentos que le había recetado el doctor, un frasco contenía pastillas para retrasar las contracciones, otro tenía vitaminas para ella, en otro habían más vitaminas y otro más era para Harry, que según el doctor estaba un poco desnutrido. Volteó hacia él y sonrió al ver la postura en la que estaba, al parecer se había quedado dormido mientras leía, sus lentes estaban sobre su frente, un brazo bajo su costado y la boca ligeramente abierta. Acarició su rostro haciendo que respingara y le sacó las gafas con sumo cuidado, volviendo a arrullarlo con caricias.

La semana que acababa de pasar no había sido tan mala, Ron había conseguido hacer una especie de silla con dos escobas mágicas de base para que la pudieran transportar de un lado a otro de la casa sin problema, aunque igual había permanecido la mayor parte del tiempo en cama, por mandato explícito del doctor. Sophie y Ginny estaban tanto tiempo ahí como les era posible y la amistad entre Tony y Alexandra estaba creciendo más. Sus papás habían cancelado todas sus citas de la tarde para poder estar con ella y ayudarla con los niños, y Harry había dejado de usar su coche para sólo aparecerse en el estadio y regresar de la misma forma "Así será más rápido" le había dicho. Y ella sólo intentaba no quejarse demasiado y ver el lado positivo de las cosas.

– Buenos días – la saludó Harry sacándola de sus pensamientos – ¿Qué tal durmieron? – le preguntó sonriéndole.

Le devolvió la sonrisa alcanzando su mano – Todos bien aquí arriba, ¿qué tal dormiste tú? – le dijo acariciando su palma.

El moreno le sonrió – Es muy cómodo, ¿sabes?, pensé que después de una semana estaría dolorido, pero nada de eso – dijo con calma, haciéndola sonreír.

– Estarías mal si no hubiera puesto un hechizo suavizador en el piso – le dijo intentando reincorporarse, y en menos de un segundo tuvo a Harry de pie a su lado – Necesito ir al baño – le dijo mientras él la tomaba por la cintura ayudándola a ponerse de pie.

– ¿Estás segura de que sólo tienes seis meses? – le preguntó observando su vientre, haciéndola sonrojarse – Cuando estabas embarazada de Anthony y Catherine no... no estabas tan grande – dijo sonriendo a medias, recibiendo una mirada molesta de la castaña, mientras él abría las llaves de la tina.

– Ellos fueron muy pequeños – se defendió aún sonrojada haciéndolo reír.

– No te estoy criticando, sólo es curiosidad, de cualquier forma te ves hermosa – le dijo sonriendo, mientras la ayudaba a desvestirse – Hermosa – repitió al verla, haciéndola reír – ¡Lo digo en serio! – le dijo antes de besarla, capturando su sonrisa con sus labios, la tomó en brazos y la metió a la tina – ¿Está bien el agua? – le preguntó temiendo que estuviera muy caliente, pero Hermione asintió – Después de que nazca nuestro bebé te tocará darme un baño – le dijo sonriendo, mientras la ayudaba, alcanzándole todo lo que necesitaría.

– Prometo darte un largo baño – le aseguró sonriendo, antes de exigir sus labios.

OoOoOoOoO

Estaban todos reunidos en la sala de la familia Potter. Los señores Granger habían llegado a la hora de la comida, llevándole a su hija su platillo favorito y el postre predilecto de sus nietos, Ron y Sophie aparecieron junto a Alexandra, que no tardó en correr a jugar con Anthony, quienes en ese momento se encontraban jugando detrás del sillón junto a Catherine; Ginny y Benny habían llegado hacía una hora y ahora platicaban todos. Ron discutía con Harry y Benjamín la posibilidad de que los Muggles supieran sobre la existencia de los Magos, Benny no se separaba de su esposa desde que se había enterado que sería papá, y la pelirroja platicaba amenamente con Jaquie sobre la posibilidad de criar a su hijo de forma Muggle, pues "Hermione no salió tan mal" había dicho con gesto divertido; y Sophie le contaba a la castaña sus planes de tener otro bebé, aunque primero debía convencer a su esposo.

– No te preocupes, Ron sólo teme que sus hijos pasen por la misma situación que él – la tranquilizó Hermione, pues el pelirrojo parecía reacio a tener más familia – Fue muy vergonzoso para Ron tener que usar ropa y libros de segunda mano –

– Lo sé, hemos hablado sobre eso, y él sabe que no será lo mismo, ambos trabajamos y tenemos muy buen sueldo, una casa propia bastante decente y ahorros, no sé a qué le teme – se quejó la rubia, pero Hermione sabía que en el fondo lo entendía.

– Ya verás que cederá, sólo... convéncelo antes de que dé a luz – le dijo sonrojándose ligeramente, haciendo sonreír a su amiga.

– No me conviene que vea la reacción de Harry – dijo entre risas, haciendo reír a la castaña.

– Que no se asuste, sólo tienen una hija – dijo volteándola a ver sobre su hombro, pero ahí no habían más que juguetes – ¡Harry! – llamó a su esposo, que la volteó a ver preocupado, junto al resto de los presentes – ¿Dónde están los niños? – preguntó preocupada – ¿Dónde está la silla? – preguntó aún más alarmada.

Todos observaron a su alrededor, pero no había rastro de ninguno de ellos, el primero en reaccionar fue Harry, que se acercó rápidamente a Hermione impidiéndole que se levantara – No te muevas de aquí, voy a buscarlos, están dentro de la casa, están bien – le aseguró intentando tranquilizarla, la castaña lo observó angustiada – Calma, bébé, necesitas tranquilizarte, el doctor dijo... –

– ¡No me importa lo que el doctor haya dicho!, ¿dónde están mis hijos? – preguntó al borde de las lágrimas y Ron, Benny y Benjamín se apresuraron a salir de la sala, en busca de los pequeños.

– V-voy a buscarlos – dijo el moreno nervioso, volteó a ver a su suegra que asintió acercándose a su hija. Observó a su esposa por última vez y salió rápidamente, no pensó en subir o buscar en el estudio, sabía dónde debían estar.

Al entrar a la cocina vio la puerta del jardín abierta y llegaron a sus oídos las risas de tres niños. Salió rápidamente y casi se va de espaldas al ver a Anthony y Catherine montados en la silla que le habían construido a Hermione, pero cada uno iba montado sobre una escoba y volaban a más de dos metros de altura, mientras Alexandra reía divertida observándolos, seguramente ella esperaba su turno.

Estuvo a punto de exigirles que se bajaran, pero no creyó conveniente asustarlos, no necesitaban preocupar de esa forma a Hermione. Salió con calma y se acercó a la pequeña Weasley, que al verlo le sonrió, no tenían la menor idea del peligro que corrían con su travesura.

– ¡Hola papi! – lo saludó Anthony al verlo. Definitivamente esa era su culpa, Anthony lo había visto montar la escoba montones de veces y él mismo lo había dejado volarla.

Le sonrió preguntándose cómo hacían para sincronizarse y que las escobas no volaran a direcciones opuestas – ¿Se divierten? – les preguntó poniéndose una mano sobre los ojos, para evitar que la luz del atardecer lo cegara, y ambos asintieron – Está oscureciendo, deberían entrar – les dijo con toda la calma que podía aparentar, aún sabiendo la que le esperaba con su esposa.

– ¿Podemos jugar Quichis? – le preguntó Catherine haciéndolo reír.

– Hoy definitivamente no – le dijo sonriendo y por el rabillo del ojo vio salir a sus amigos y su suegro – Vamos, bajen, comienza a hacer frío – les dijo tomando la mano de Alexandra, que no dejaba de sonreír.

– ¿Papi, puedo volar? – le preguntó la pequeña a su papá, que se sonrojó ligeramente.

– Hoy no, nena – dijo el pelirrojo atragantándose un poco – Vamos adentro – le indicó extendiendo la mano hacia ella, pero la pequeña lo observó con mirada suplicante, para luego voltear a ver a los pequeños Potter, que, desde el punto de vista de su papá, cada vez estaban más alto.

– Ron, ve por mi escoba – susurró lo más bajo que pudo; tan bajo como fuera posible para que su amigo lo escuchara, pero sus hijos lograron escucharlo, lanzando gritos de emoción.

– ¿Vas a volar con nosotros? – le preguntó Anthony, haciendo que las escobas subieran un poco más.

Pasó saliva, ya no sonreía – No, yo... debo pulirla, ¿me ayudan? – les preguntó acercándose un poco más a ellos, soltando la mano de Alexandra – Bajen, recuerden lo que mamá y yo les hemos dicho sobre los vecinos, ellos no deben ver la magia – dijo mientras Ron, Benny y Benjamín se acercaban a él – Mamá quiere estar con ustedes – comenzó a sentir seca la garganta, si subían un poco más, ni parándose sobre su amigo los alcanzaría.

– Hagan caso a su papá – les dijo su abuelito – Recuerden que esa silla la necesita su mamá – les decía mientras los veían pasar delante de ellos; aunque un par de metros más arriba de sus cabezas.

Para alivio de todos las escobas comenzaron a descender – ¿Podemos volver a volar mañana? – les preguntó Anthony y Harry intentó sonreírle.

– Tendrán que pedirle permiso a mamá – dijo sintiendo el sudor comenzando a acumularse en su frente.

Los pequeños se voltearon a ver y sonriendo hicieron que las escobas bajara, pero justo cuando Harry se disponía a acercarse a ellos, la silla salió disparada hacia la casa, sin que ninguno pudiera hacer nada.

Corrió detrás de ellos, seguido por Benny, Benjamín y Ron; con Alexandra en brazos; y los siguió hasta la sala, estaba frito.

Cuando entró a la habitación los dos estaban bajando de las escobas ante la mirada estupefacta de todas – ¿Qué hacían? – les preguntó Hermione observándolos preocupada.

– Volábamos – le dijo Anthony como si fuera lo más común, haciendo reír ligeramente a Harry, estaban fuera de peligro – ¿Podemos volar mañana? – le preguntó acercándose a ella junto con su hermana.

Se mordió el labio inferior, mientras Ginny los ayudaba a subir al sillón – Me temo que no – les dijo observándolos con seriedad – La silla no es para eso – les recordó intentando no ser muy severa, recibiendo miradas apenadas de sus hijos – Después... cuando estén un poco más grandes les... compraremos escobas – habló como si le costara decirlo.

– Para su próximo cumpleaños – dijo Harry sonriendo, recibiendo una mirada fulminante de Hermione. Pasó saliva – Siempre y cuando se porten bien – dijo sonriendo a medias, haciendo reír a los adultos, mientras sus hijos lo observaban felices por el trato.

– ¿De quién fue la idea? – preguntó Hermione ya un poco más relajada, después de todo sus hijos estaban sanos y salvos.

Anthony sonrió buscando algo con su mirada – ¡De Ale! – dijo señalándola, y Ron se puso completamente rojo.

– ¿Te subiste? – le preguntó el pelirrojo a su hija, pero la niña negó con gesto molesto.

– Me tocaba después de Caty – se quejó volviendo a hacer reír a los adultos, a excepción de su papá.

– No creo que sea conveniente que vueles – le dijo tomándola en brazos con gesto preocupado, recibiendo una mirada molesta de su hija.

– ¿Porqué?, tú vuelas – le dijo cruzándose de brazos, y Hermione se rió.

– Se parece tanto a ti cuando te hacía enojar – le dijo la castaña sin dejar de reír, recibiendo miradas divertidas de sus hijos.

– Estás feliz, mami – le dijo Anthony sonriendo, abrazando a su mamá, que le devolvió el gesto dándole un beso en lo alto de su cabeza.

– Claro que sí, mi vida, estoy con ustedes, me hacen feliz – dijo recibiendo un beso en el vientre de parte de su hijo.

Al poco tiempo todos regresaron a sus conversaciones y Jaquie y Sophie se dedicaron a hacer la comida, mientras Ron y Benny entretenían a los niños para que no incomodaran a Hermione, que se había recostado en el sillón con ayuda de su esposo y su papá, mientras platicaba con ellos, y Ginny observaba a su esposo con una sonrisa enternecida.

OoOoOoOoO

En los días que siguieron a la inocente travesura de Anthony y Catherine, Hermione no les quitaba los ojos de encima, ni a ellos ni a la silla, que tantos deseos tenía de hacer desaparecer, pero que tanto necesitaba.

Harry intentaba estar el mayor tiempo posible en su casa, pero los entrenamientos le exigían ausentarse al menos dos horas al día.

– No puedes estar hablando enserio – le dijo observándolo sorprendida.

Asintió con gesto serio mientras se quitaba la camisa – Lo he pensado, no tiene nada que ver como lo que está pasando – le aseguró sabiendo de antemano que Hermione se sentiría responsable – Me he perdido muchos momentos de Anthony y Catherine y no quiero que suceda lo mismo con este bebé – le dijo mientras apartaba la sobrecama, ya con su pijama puesto.

– ¿Cuánto tiempo llevas planeándolo? – le preguntó sorprendida, mientras él se acercaba para ayudarla a sentarse. El único momento en el que podía permanecer de pie era cuando se cambiaba y eso sólo podía ocurrir una vez en el día.

– Lo suficiente para saber que es lo correcto – le dijo acomodando las almohadas detrás de su espalda, seguro de que sería una larga discusión – La temporada terminó y Greg es un excelente buscador, Alan tendrá el tiempo suficiente para entrenarlo antes de que comience la siguiente temporada – dijo con calma, comenzando a consentir sus pies con suaves masajes – Tenemos dinero para vivir tranquilamente, en lo que decido qué hacer, sin necesidad de tocar el fondo de estudios de los niños y... – le explicaba deseando que se diera cuenta de que nunca tomaría una decisión que los afectara.

– No es el dinero lo que me preocupa, Harry – le dijo con gesto serio, hasta cierto punto preocupado – Amas el Quidditch – le recordó al ver la mirada confundida de su esposo, que le sonrió ligeramente.

– Amo más a mi familia – le dijo inclinándose para besar su rodilla, deslizando las manos por sus piernas – No me quiero perder ni un momento más con ustedes, no estuve cuando Catherine dio sus primeros pasos, ni cuando Anthony habló por primera vez, y no he podido estar contigo en ni una sola de tus consultas, y tal vez... no tal vez, sé que quieres volver a trabajar, llevas meses deseando hacerlo y creo que es hora de que tú seas la que traiga la comida a la mesa – le dijo sonriéndole, haciéndola reír. Acarició con ambas manos su vientre y lo besó mientras la sentía pasar los dedos entre su cabello, y ensanchó su sonrisa al sentir a su hijo moverse – Vaya, parece que está realmente despierto – dijo apoyando suavemente su rostro en la barriga de su esposa, y pudo sentir un pequeño chipote moverse – Hola, bebé – susurró hablando hacia el vientre – Quieres que papá te cuide, ¿verdad? – dijo sonriendo, sin apartar el rostro, y el pequeño chichón no tardó en moverse, haciéndolos reír – Tu hijo ha hablado – dijo sonriendo, estirándose un poco para besar a su esposa.

– Necesitamos hablarlo, Harry, no niego que me encantaría tenerte conmigo todo el tiempo, pero no quiero que te arrepientas, no quiero que después te sientas frustrado por haber dejado ir el gran empleo que tenías – le dijo con gesto preocupado, tomando sus manos.

El moreno le sonrió acercándose más a ella – No pasará eso, he disfrutado tanto del Quidditch como me ha sido posible, ahora sólo quiero estar con mi familia. Tal vez después haga alguna especie de club para niños o algo parecido, podría ser en los veranos, nos mudaríamos al campo, he visto algunos buenos terrenos cerca de la Madriguera y podríamos adaptar el jardín para el club, y... – decía haciendo aspavientos, con la mirada perdida, como si en alguna parte de la habitación pudiera ver todo eso que había planeado.

Hermione le sonrió tomando una de sus manos, haciendo que se detuviera – Has pensado mucho en esto, ¿verdad? – le preguntó acariciándole el rostro con su mano libre y el moreno asintió un poco sonrojado – Puedes estar seguro de que siempre te apoyaré, pero necesito que pienses muy bien esto, no me gustaría verte infeliz – le dijo con gesto serio, haciendo que se acercara a ella para volver a besarlo.

– Te prometo pensarlo un poco más, pero la balanza está del lado de mi familia – le dijo sonriendo, volviendo a atrapar sus labios, haciéndola sonreír bajo el beso – Mañana seguiremos hablando, es hora de que descanses – dijo levantándose de la cama, besando su frente, y acomodó sus almohadas ayudándola a acostarse y volviendo a besar su frente la cubrió con la cobija – Sólo aguanta un poco más – le dijo acariciando su rostro al ver su mirada incómoda y Hermione asintió sonriendo ligeramente. Aguantaría todo lo que fuera necesario por su familia.

OoOoOoOoO

Lo había pensado bien, Merlín sabía que lo había hecho, lo habló con Hermione y juntos hicieron un plan, él se tomaría unas vacaciones y buscarían una casa mientras su hijo llegaba a la edad necesaria para poder permanecer un par de horas sin la presencia de su mamá, para que ella pudiera trabajar y él buscaría los permisos necesarios para montar su escuela de Quidditch.

– ¿Porqué decidiste eso ahora, Potter? – le preguntó Alan con gesto molesto.

Se quitó los protectores caminando detrás de su entrenador – Porque tengo una familia, mi esposa me necesita, y no quiero ser como esos veteranos que no conocen a sus hijos por darle más importancia al juego – dijo con tono serio, siguiéndolo a los vestidores.

– ¡No te atrevas a quejarte por eso, Potter! – le dijo enojado, señalándolo con un dedo amenazador – Te he dado todas las facilidades para que estés con tu esposa y tus hijos cuando lo necesitan, faltaste a un partido importante cuando... –

– ¡Cuando secuestraron a mi hijo! – le dijo comenzando a enojarse también – ¿Acaso pensaste que estaría ahí con lo que estaba pasando?, no me habría importado que me despidieras – le dijo comenzando a perder los estribos – Esa es la diferencia entre los jugadores que están ahí y yo, mi familia es primero, después es mi familia y después es mi familia – le dijo irritado, y se alejó de él para recoger sus cosas, ante la mirada atónita del resto del equipo – Lo lamento chicos, espero que les vaya mucho mejor en la próxima temporada, tengan por seguro que los estaré apoyando en la final del mundial, estoy seguro que estarán ahí – les dijo sonriendo – ¡Greg, lo harás genial! – le aseguró mientras metía todo a su maleta y salía sin siquiera ducharse.

– ¡Espero que estés seguro de lo que haces, Potter! – escuchó a Alan gritarle desde la puerta del vestíbulo – ¡Ni creas que te aceptaré de regreso cuando te des cuenta del error que cometiste! –

Hizo un gesto con la mano sin dejar de caminar, ni voltear atrás, estaba más que seguro de que nunca se arrepentiría de haber tomado esa decisión, al contrario, se sentía más tranquilo y feliz; sí, aún estaba enojado con Alan, pero haciendo eso a un lado, estaba feliz, estaría en casa para su esposa y sus hijos.

Se rió sintiéndose liberado, amaba el Quidditch, pero había dado suficiente, ahora su momento era su familia, entregarse completamente a ellos, después habría más tiempo para el deporte.

Apareció en el recibidor de su casa, sudado y sonriente, y se apresuró a la sala, de donde podía escuchar las voces de su esposa, Ginny y Sophie – Buenos días, señoras – las saludó mientras caminaba directamente hacia su esposa, que lo observaba sorprendida, la besó y se acercó a sus amigas saludándolas con un beso en la mejilla a cada una.

– ¿Qué haces aquí tan temprano? – le preguntó Hermione observándolo de arriba a abajo – ¿Saliste huyendo del campo? – dijo con una media sonrisa y Harry se rió.

– Algo por el estilo – dijo con calma, dejando su maleta en el piso – Hablé con Alan y no lo tomó muy bien, así que me fui antes de arrancarle la cabeza – dijo como si nada, recibiendo una mirada sorprendida de su esposa y las risas de sus amigas.

– Espero que no te demande – dijo como quien dice que el cielo es azul y no tardó en sonreír observando a Sophie – Ron y Sophie tendrán un bebé – le informó señalando a su amiga, que sonrió un poco sonrojada.

Harry la observó sorprendido, pero no tardó sonreír feliz por sus amigos – ¡Vaya, yo pensé que Ron se negaba a aumentar la familia! – dijo acercándose a la rubia – ¡Felicidades! – la abrazó levantándola un poco del piso.

– Gracias – dijo sonriendo – Lo estaba, pero cuando Ale le pidió un hermanito, no pudo negarse – dijo haciendo reír a Harry – Lo sé, de haberlo sabido antes habría hablado con ella desde un principio –

Se rió junto a sus amigas y su esposa, y se disculpó para ir a darse una ducha, quería seguir festejando con ellas, pero el baño era completamente necesario.

OoOoOoOoO

– Oh, sí, jovencito, estás en problemas – le dijo observándolo seriamente – No puedes mojar a tu papá y quedarte como si nada – lo amenazó antes de apuntarlo con la pistola de agua, haciendo escapar una risa ahogada de la garganta de su hijo, que comenzó a correr en busca de protección – ¡Eso, huye! – decía fingiendo voz atemorizante mientras lo perseguía, y se dejó caer al pasto al sentir un chorro de agua golpear su espalda seguido de las risas de su hija y su esposa – ¡Que deshonesta!, atacando por la espalda, señora Potter – dijo al verla con la varita en alto, sin dejar de reír.

Anthony se acercó a él riendo – Hay que hacerlas pagar – le dijo arrugando la nariz, y Harry sonrió.

– ¿Crees que sea correcto?, tu mamá es muy rápida con la varita – le dijo poniéndose a gatas, y Toni asintió con gesto decidido – Muy bien, sube, tú les dispararás – dijo sonriendo, indicándole que subiera a su espalda, y se levantó justo a tiempo para alejarse lo suficiente y que nadie saliera herido.

– ¡Nadie se mete con las mujeres Potter! – dijo Hermione riendo, antes de lanzar otro chorro de agua, que le dio en el pecho a su esposo, mientras Catherine los atacaba con su pistola de agua.

– ¡Hey, llevamos horas tocando el timbre! – gritó Ron saliendo al jardín, y como toda respuesta recibió un chorro de agua en la cara – ¡Hey, no se ataca a un hombre desarmado! – dijo con una sonrisa divertida, mientras desenfundaba su varita – Vamos, Ale, hay que enseñarles que los Weasley sabemos defendernos – dijo acomodando a su hija en la espalda antes de materializar una pistola de agua.

– ¡Ronald! – se quejó Sophie desde la puerta del jardín.

– Tú también puedes jugar, cariño – dijo sonriendo sin voltearla a ver, mientras su hija atacaba con vehemencia a los hombres Potter.

– Vamos, Soph – le dijo Hermione sonriendo y le lanzó un chorro de agua.

– ¡Hermione! – dijo la rubia sorprendida, pero no tardó en reír, sacando su varita – Ahora verá, señora Potter – la amenazó uniéndose a su esposo y su hija.

Hermione se rió junto a Catherine, que intentaba defenderla mientras ella hacía lo que podía desde la silla, Harry se acercó a ellas con Anthony en su espalda y la apartó del pasillo, cubriéndola con su espalda, mientras sus hijos atacaban a los Weasley.

– ¿Qué es esto? –

Al escuchar la voz sorprendida de Jaquie todos detuvieron sus ataques observándola apenados, con las sonrisas aún bailando en sus labios.

– Usted señor debería asegurarse de que su esposa guarde reposo, no que ande jugueteando por el jardín – lo regañó haciendo que la observara apenado.

– ¿Te van a castigar? – le preguntó Anthony con gesto preocupado, haciéndolo sonreír ligeramente.

– No te enojes con él, mamá – le dijo con el rostro escurriendo – Los niños se estaban muriendo del aburrimiento y... fue una buena idea, mamá – dijo sonriendo divertida.

– Entiendo que necesiten buscar formas de entretener a los niños, pero tú no puedes agitarte tanto – le dijo con tono serio, recibiendo una mirada apenada de su hija y su yerno.

– ¿Estaba lloviendo de este lado? – preguntó Ben al salir al jardín, haciéndolos reír.

– Tu hija decidió que sería una buena idea tener una guerra de agua – dijo Jaquie mientras Hermione le indicaba a Harry que la llevara a la casa, y con dos movimientos de varita secó a sus hijos y su marido.

– ¡Vaya, debimos haber llegado antes! – se quejó haciéndolos reír de nuevo, mientras su esposa le dirigía una mirada molesta.

Harry secó a Hermione con un movimiento de varita, mientras sus amigos hacían lo mismo, y entraron a la casa sonriendo – Pediremos algo de cenar – dijo al escuchar a su suegro preguntar si ya se había preparado la comida.

– Harry lleva a los niños a cambiarse de ropa, mi papá puede pedir la comida – le dijo Hermione mientras el moreno la ayudaba a sentarse en el sillón individual de la sala.

– Pero ya estamos secos – se quejó Catherine mientras ella y su hermano se apoyaban en las piernas de su mamá.

– Lo sé, pero están sucios y vamos a cenar – le dijo señalando las manchas de lodo en sus ropas – Tu papá también se va a cambiar, porque en este momento no es la limpieza andando – dijo sonriendo, haciendo reír a sus hijos.

El moreno le sonrió y, antes de tomar en brazos a sus hijos, besó su frente – En un momento volvemos – le dijo sonriendo, y salió de la habitación con sus hijos en brazos.

– ¿Cómo te has sentido? – le preguntó su mamá mientras le ofrecía una taza de té recién hecho.

– Gracias – le sonrió aceptando la taza – Me he sentido muy bien, a veces me cansa un poco estar tanto tiempo sentada, pero fuera de eso, todo ha estado excelente – le aseguró con una sonrisa relajada.

Su mamá le sonrió acariciando su rostro – Me alegra escucharlo, no quiero que tú ni mis nietos sufran de alguna manera – dijo aceptando la silla que le acercaba su marido – Bueno, tampoco me gustaría que Harry sufriera, debo aceptar que ha sido un buen esposo y padre – dijo haciendo reír a su hija.

– Es un excelente esposo y padre – le aseguró sonriendo, antes de darle un sorbo a su té – ¡Hmm! – pasó el tragó – Antes de que te lo diga Harry y lo regañes, lo hablamos y ambos estuvimos de acuerdo con esto – le dijo con gesto serio, recibiendo una mirada confundida de su mamá – Harry renunció al equipo de Quidditch – le informó.

– P-pe-pero – tartamudeaba sorprendida – Vaya, pensé que le gustaba el Quidditch – dijo confundida.

La castaña asintió – Le gusta, pero cree que ha sido suficiente para él, quiere estar con sus hijos y, hemos revisado nuestros ahorros, tenemos dinero suficiente para poner una escuela de verano y mantenernos mientras la echamos a andar – le explicó con calma, y escuchó que llamaban a la puerta mientras Harry y sus hijos regresaban a la sala.

– Yo voy – dijo Ron saliendo, mientras el moreno se acercaba a ellas y sus hijos corrían a jugar con Alexandra.

– ¿Ya pidieron la cena? – le preguntó sentándose en el posabrazos libre, apoyándose en el respaldo, y Hermione asintió.

– ¡Eres noticia, Potter! – fue lo primero que dijo Ginny al entrar a la habitación, haciendo que todos voltearan a ver al moreno – En el Profeta de la tarde hablan de tu pleito con Alan y tu renuncia a la selección – le dijo sonriendo y Harry se encogió de hombros restándole importancia.

– Yo tenía la intención de que todo terminara bien, pero al parecer a Alan le llamaba más la atención pelear – dijo sonriendo con calma, haciéndolos reír.

– Obviamente quería pelear, sería un tonto si dejaba ir como si nada a su mejor jugador – intervino Benny sonriendo – Lo único que me pesa es que ya no tendremos entradas gratis – dijo con gesto apenado, haciéndolos reír de nuevo.

– Siempre podemos mover nuestras influencias – dijo Harry sonriendo con calma, acariciando el vientre de Hermione con gesto distraído. Faltaban todavía varias semanas para que naciera su hijo, el embarazo de Ginny comenzaba a notarse y el de Sophie a penas iniciaba, parecía que todas las piezas estaban en su lugar por fin, nunca habría otro Voldemort, Krum no los volvería a molestar y estaba junto a Hermione, no podía pedir nada más.

OoOoOoOoO

Sonrió al ver a Harry entrar a la habitación cargando a Anthony de cabeza, mientras el pequeño se reía intentando hacer que su papá lo enderezara. Catherine y ella tejían, aunque más bien ella tejía y su hija la ayudaba "desenredando" el estambre, que más parecía un nido sobre sus piernas.

– Tony quiere saber si tienen hambre – les dijo sonriendo, acercándose al pie de la cama.

Anthony se rió intentando alcanzar el colchón – Él tiene hambre – lo acusó sin dejar de reír.

Le sonrió a su hijo – ¿Y tú no tienes hambre? – le preguntó antes de lanzarle una ligera mirada de advertencia a su esposo, que no tardó en ayudar a Tony a reincorporarse, sentándolo en su hombro para después deslizarlo por su espalda.

– Poquita – le dijo mientras su papá se daba media vuelta para dejarlo sobre la cama.

Hermione le sonrió – ¿Aún queda comida en la nevera? – observó a Harry un poco preocupada y el moreno se rascó la nuca negando.

– Puedo salir a comprar algo... comida preparada, tal vez – dijo inquieto, no quería dejar a Hermione sola y esa tarde no podrían llegar los señores Granger – ¿Algo a domicilio? – preguntó inseguro, pues ninguno de los dos quería que sus hijos se acostumbraran a la comida rápida.

– ¡Servicio a domicilio! –

Los cuatro observaron confundidos hacia la puerta de la habitación y no tardaron en ver entrar a un Ron sonriente.

– Hola – los saludó con una enorme sonrisa y un refractario y platos en ambas manos.

– ¡Hola, tío! – lo saludaron Caty y Tony acercándose rápidamente a él.

– ¿Trajiste a Ale? – le preguntó Anthony observándolo con mirada ilusionada, pero el pelirrojo negó.

– Lo siento, está con su mamá – se disculpó despeinándolo – Sólo vine a traerles esto – explicó acercándose a Harry, que recibió lo que le ofrecía su amigo – Sophie fue la de la idea – dijo al ver la mirada confundida de sus amigos – Creo que hemos acabado con su despensa – les sonrió encogiéndose de hombros.

– Gracias, Ron, nos leyeron la mente – le dijo Hermione sonriéndole ampliamente – Justo ahora pensábamos qué comeríamos –

– No es nada – dijo el pelirrojo restándole importancia – Los veo mañana, Sophie y Alexandra me esperan – se disculpó un poco apenado por no quedarse más tiempo.

– Está bien, Ron, gracias por la comida – le dijo Harry sonriendo, acompañándolo a la puerta.

– Nos vemos, enanos – se despidió de Anthony y Catherine, que le sonrieron agitando la mano a modo de despedida.

– ¿Hoy no van a venir mis abuelitos? – le preguntó Caty a su mamá, volviendo a acercarse a ella.

La castaña negó – Deben trabajar, pero mañana vendrán temprano, es su día de descanso y, si quieren, los llevarán al parque – les dijo sonriendo, sabiendo que sus hijos estaban ansiosos por salir, pues tenían semanas encerrados en casa.

Los dos asintieron sonriendo ampliamente – ¿Vas a ir con nosotros? – le preguntó Tony, pero Hermione negó – ¿Por qué? – dijo observándola apesadumbrado.

Hermione le sonrió enternecida – Debo descansar en casa para que su hermanito nazca fuerte – les explicó.

– Si quieres nos quedamos contigo, mami – le dijo Caty observándola apenada y Anthony asintió apoyando a su hermana.

– No se preocupen por mi – les dijo sonriendo – Su papá se quedará conmigo, y seguro también vendrán sus tíos, así que no estaré sola – les aseguró deseando poder tomar a sus hijos en brazos.

– ¿Listos para comer? – les preguntó Harry regresando a la habitación y los tres asintieron – Vamos, chaparros, arriba – dijo tomando a ambos por la cintura, subiéndolos a la cama y no tardó en servir la comida – Si quieren refresco aquí estarán sus vasos – les indicó mientras colocaba las bebidas sobre la mesilla de noche contraria a donde estaba Hermione – Aquí tienes, bébé – dijo sonriéndole mientras le entregaba su plato.

La castaña le sonrió – Gracias, cariño – le dijo antes de recibir un beso de su esposo – De seguro tú también quieres salir – dijo un poco apenada – Han pasado tanto tiempo encerrados por mi, llevamos más de un mes aquí – explicó al ver la mirada confundida de Harry, quien negó inmediatamente.

– Nada de eso, no es ninguna especie de sacrificio, así que no lo veas de ese modo – le aseguró sentándose junto a ella, en la orilla de la cama – Los enanos pueden ir con sus abuelitos al parque, yo me quedaré contigo, no hemos tenido ni un minuto a solas – le decía mientras acariciaba su cintura, deslizando las manos hacia su espalda – ¿Te duele? – le preguntó preocupado al verla cerrar los ojos.

Hermione negó irguiendo por completo su espalda – Un poco más al centro – fue todo lo que dijo, mientras disfrutaba de las caricias de su esposo, tanto tiempo en reposo estaba destrozando su columna.

El moreno le sonrió ejerciendo un poco de presión en su espalda baja, haciéndola gemir ligeramente – Prometo mañana darte un masaje como te mereces, pero ahora debes comer – le dijo antes de besar la comisura de sus labios, haciéndola sonreír – Te amo – le dijo en susurro, acariciando su mejilla con una mano, antes de separarse de ella para asegurarse de que sus hijos no hicieran un desastre.

OoOoOoOoO

Observó dormir a su esposa, escuchando las risas y voces de sus amigos en la planta baja, se había quedado dormida mientras le daba el masaje que le había prometido, desde sus hombros, concentrándose más en la curva de su espalda, hasta sus pies, que estaban un poco hinchados; y mientras dormía pudo ver cómo se movía su vientre incomodándola un poco, ella siempre le había dicho que era una sensación maravillosa sentir a su hijo, pero estaba seguro que cuando dormía no la dejaba descansar y menos ahora que parecía que daba vueltas dentro de ella.

Volvió a acariciar su espalda, deslizando sus dedos pulgares a lo largo de su columna, y besó su cintura, pasando una de sus manos hacia su vientre, sintiendo la fiesta que tenía su hijo ahí dentro. Sonrió e intentó hacer un poco de presión con su mano, impidiéndole empujar más con lo que parecía era su pie, y una pierna de Hermione brincó bajo la sábana que la cubría de la cintura para abajo.

– Buenos días – la saludó con gesto divertido, pero su sonrisa se borró al ver la mirada asustada de su esposa – ¿Qué pasa? – preguntó preocupado – ¿Te hice daño? – dijo separándose de ella, pero Hermione no contestó.

Sin voltearlo a ver tomó con una mano la sábana y la apartó, dejando a la vista sus piernas y el cubrecama húmedo – Rompí fuentes – dijo sin aliento y Harry se apresuró a levantarse pasándole la ropa a su esposa – Harry... n-no puedo... – balbuceó con dificultad, sin moverse de la posición en la que estaba.

Se acercó a ella preocupado y la ayudó a ponerse su bata – Dime qué hago, bébé – le dijo con gesto alarmado, pues la castaña no se movía.

– Lla-ama a mi-s papás – decía sosteniéndose el vientre – Y a... a la doctora – le pidió apoyando el rostro en la cama mientras una lágrima escapaba de su ojo.

Salió de la habitación corriendo, y poco le faltó para lanzarse por el barandal para llegar más rápido a la planta baja, y entró como vendaval a la sala, ignorando las miradas confundidas de sus amigos, marcó rápidamente el número de su suegra – Jaquie... es Hermione... sí... ya – tartamudeó y a penas colgó pudo ver a sus amigos movilizarse inmediatamente.

Sophie sacó su celular mientras salía de la habitación seguida por Ginny, y Ron y Benny se acercaron a él.

– ¿Le pasó algo a Hermione? – le preguntó el pelirrojo con gesto preocupado.

– Creo que hice algo – dijo el moreno con la mirada perdida, con un gesto demente – Estaba... yo... presioné su vientre... la lastimé – dijo preocupado, sin voltear a ver a sus amigos.

Ron se acercó a él y lo tomó por los hombros, zarandeándolo un poco – Harry, no hiciste nada, ella está bien, era cuestión de tiempo – le dijo haciéndolo regresar a la realidad – Vamos, necesitamos bajarla para llevarla al hospital –

Asintió y sin decir nada salió de la habitación seguido por sus amigos.

Al entrar a la habitación vieron a Ginny y a Sophie ayudando a Hermione a vestirse, y se tranquilizó un poco al verla más relajada – Ya vienen tus papás – le informó acercándose a ella, que le sonrió un poco sonrojada.

– Lamento haberte asustado – le dijo rodeándolo por el cuello, mientras él pasaba un brazo bajo sus piernas y el otro por su espalda.

Le sonrió, él debería lamentar haberse comportado como un primerizo – Está bien, yo me comporté como un idiota – le dijo besando su frente, colocándola en la silla.

– Nosotros esperaremos a tus papás, Ron puede llevarlos al hospital – le dijo Sophie – ya hable con tu doctora, estará allá esperándote –

Harry la observó sorprendido, en menos de medio minuto se había olvidado de la doctora – Gracias – dijo mientras salían de la habitación.

Se apresuraron a llevar a Hermione al coche del pelirrojo y se marcharon seguidos por las miradas ansiosas y emocionadas de sus amigos.

OoOoOoOoO

Rochelle Kuchiki, ILONA POTTER (mil gracias por tu paciencia), HermionePotter90, mily; este capítulo está dedicado a ustedes.

A las cuatro, gracias por sus reviews, espero que la actualización haya sido suficientemente rápida, ahora sí les prometo no tardar para la próxima, como ya dije, el fic va muy bien, así que no creo tardar en subir el siguiente capítulo.

Y a los demás, espero que les haya gustado, nos leemos en el siguiente capítulo.

Besos

Pau