Naruto © Kishimoto Masashi. – Historia © DarkSky.
Géneros: Drama – Romance – Angustia
Parejas: SasuSaku 'n NaruHina, SaIno SuiKa.
MÁS QUE UN REGRESO.
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XXIII: Nuestro Final: Team 7
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- Naruto. – Se escuchó un murmuro lleno de frustración e incomprensión.
- ¡Naruto-kun! – Esta vez fue un grito pero, de tristeza al ver en tal deplorable estado al Uzumaki. Fue la Hyuga quien exclamó por impresión, su corazón se había estrujado, junto sus manos, ubicándolos cerca su pecho. A su corazón.
Los dos rubios –la Hokage y quizá, el siguiente– giraron sus cabezas y rodaron los ojos, con lágrimas. Impotencia.
- Sakura...
La rubia fue la primera en hablar con voz quebrantante. Dejó los cabellos del oji azul y este cayó al piso sin reparo. – ¡Sakura! – Esta vez la llamó gritando el nombre de la mencionada, asustando a todos quienes la rodeaba.
- Tsunade-shishio. – La nombró en suave murmuro, el liquido salado de sus orbes jades comenzaron a brotar. Sin pensarlo dos veces fue corriendo hacia Godaime.
Soltó una sonrisa de compresión y una mirada de lastima. En cuestión de segundos la peli rosa se encontraba frente a ella estirando los brazos. No dudó en corresponderle, la abrazo con cariño. Como una madre lo haría con una hija.
La mirada de los presentes se enterneció. El Uchiha fue el único que, a vista, parecía que le importase poco lo que estaba pasando. Con ese fríamente serio, esa mirada indescifrable, y esa postura tan firme que, no se hallaba lo más mínimo que era lo que se le cruzaba por la mente en esos instantes.
Lloró, lloró con fuerza. Por fin tenía el tiempo y la persona con quien desahogarse. Leves quejidos, tartamudeos chillones, murmuraba cosas inentendible e inaudibles para la distancia del grupo pero, la Hokage escuchó, entendió, comprendió con perfección lo que decía la oji jade.
- Ya era el momento. – Murmuró secamente. Chasqueó la lengua. No le gustó que los demás la vieran llorar de esa manera pero, simplemente no se pudo evitar, era eminente, inevitable.
- ¿A qué te refieres con eso, teeme?, ¿momento para qué? – E inició con cuestionarios el rubio, tratando de conseguir respuesta. A sabiendas que el azabache no le respondería nada puesto a que, muchos se encontraban en sus espaldas en esos instantes. Uchiha nunca hablaría de sentimientos frente a otros, jamás.
- Calla, dobe. – Fue lo que contesto el azabache ante la respuesta del rubio. Cortantemente.
Entre cerró los ojos, bueno, no se pudo quejar. Ya se lo había supuesto de todas maneras. Decidió que, después le preguntaría sobre eso, le causo mucha curiosidad.
- Mas bien. – Esta vez, empezó el Uchiha.
- ¿Um?, ¿Qué pasa, teeme? – Indagaba curiosamente el rubio.
- ¿Porque la Hokage te estaba golpeando? – Cuestionó girando el rostro, para verlo fijamente. Encarándolo para así, saber si le estuviese engañando o no, a veces, el rubio se salía con las suyas. – Habla. – Demandó fríamente.
- Em. Pues… Eh. – Titubeó. No sabía que decirle o, sobre que mentir. – Sobre eso. – Quedó dudando por unos instantes, ahora, ¿Cómo se zafaría de eso?, una gota de sudor resbalo por su sien. Tenía que inventar algo, con urgencia, ahora.
El azabache frunció el seño, ¿en qué mierda tanto pensaba?, claramente no dirá la verdad, no quiere decir la verdad. Pero, no, de esta el rubio no se salvara sin decir la verdad. No señor. Además, no se podrá escurrir por ningún lado ya que, la mayoría de los presentes tenía la misma duda que el del azabache. Ahora comenzaría con el cuestionamiento masivo para el rubio. – Naru–
- Tsunade-shishio. – Llamó la peli rosa.
¡Maldición!, si que ese dobe tenía una suerte de perro. – Se quejó mentalmente el Uchiha.
Alzó su sonrojado rostro. – Necesito hacerle una pregunta. – Pidió frunciendo levemente el ceño, quedando así, con una mirada seria en lugar de una llorosa.
- Dime. – Contestó con voz maternal, levemente sonriendo. Sin siquiera esperarse la pregunta que tenía planeado la Haruno, pregunta que en todo el momento rondaba por las mentes de todos los presentes.
¿Por qué le estaba hacien–
Knock. Knock
- ¡Pase! – Avisó la Hokage sin dudarlo. Había adivinado que era lo que su pupila quería preguntarle aunque, podría pero, no quería hacerlo. No debía. Suspiró. Frunció el seño cuando observo al Hyuga presentarse frente a ella, poco a poco apareciendo Lee. La ultima en entrar seria TenTen con ese bastardo. – Mierda. – Pensó cuando lo vio, y su sangre comenzó a hervir cuando lo vio con esa estúpida sonrisa, despreocupadamente. Ahora sí, sin duda lo mataría.
Todos los presentes lo observaron como bicho raro, ya todos sabían lo que había pasado, lo que le había hecho a la peli rosa. Desaprobatoria, esas eran las miradas para con el oji negro pintor.
Se dio cuenta fácilmente, no eran nada hipócritas hacia el o, es por el simple hecho que no podían controlar sus sentimientos como buenos ninjas. Muy mal. – No preguntare, se porque estoy aquí. – Dijo sin más, al punto. Claro, no negaría lo que hizo, eso hubiese sido un estúpido –o peor– descuido de su parte. Rodó su mirada por todos quienes lo observaban con cólera contenida, su falsa sonrisa desapareció al ver primero a la peli rosa. Se odio a sí mismo, por unos instantes, se odio ser ninja. Miserable, se sintió miserablemente una basura al asustar terriblemente a la Hyuga, era muy frágil, se asustaba fácilmente. Llego el punto, desconfianza, ella nunca confiaría en el nunca más; ella le había demostrado un gran aprecio desde que había sido integrado al Equipo 7. – Ino. – Musitó suave y bajamente. Por suerte –o desgracia– no le escucharon.
Temió y dudo por unos instantes en dar pasos hacia él, esa noche se le hizo presente en toda su mente. Pánico invadió su mente al sentir del triste mirar de su violador a ciertos pasos de ella. Se decidió en acercarse, y así lo hizo. Se sintió débil al sentir claramente como sus piernas flaqueaban al saber a dónde se dirigían y que tan cerca se encontraban. – Sa… Sai–
Plum!
- ¡Hokage-sama! – Exclamó en terrible desaprobación la rubia en un grito desgarrador viniéndole desde dentro, temiéndose lo peor. – ¡Sai! – Esta vez un grito de dolor. – A diferencia de la peli rosa, ella no dudo ni por un segundo en acercarse al peli negro que se hallaba en el piso, expulsando sangre por la boca por el fuerte impacto del puño brindado por Godaime.
Se tomo el estomago con fuerza, protegiéndose de –tal vez– un segundo posible golpe más. Un monto de sangre estaba derramado cerca de sus labios, cuya boca no paraba de respirar forzosamente. Sus expresiones fueron desentendibles, nunca fue bueno pero, estaba claro que se encontraba el dolor de la desconfianza. Negó con la cabeza al ver a la rubia Yamanaka queriendo acercarse a él. Giro la vista hacia la Hokage que, fácilmente se notaba que, aun no había acabado… Y no tenía intenciones de acabar muy pronto.
Alzo el puño, un golpe estaba siendo preparado para el pelinegro yaciendo en el piso, sin ademan de movimiento para huir. Eso la enfureció peor. – Bastardo. – Pensó, y asegurando mentalmente que de esa no viviría dio un paso para comenzar con su futura hazaña. – ¡Guh! – Gruño a por el pintor.
- ¡No, detente Tsunade-baachan! – El grito del rubio que, hizo un escandaloso grito para detener a la oji miel. Agradeció que, se hubiera detenido o, después se hubiesen lamentado. Frunció el seño, ladeo la cabeza. Se hayo así mismo decepcionado, decepcionado de la Hokage. – Sabes, ¡tú sabes que él no es el culpable! – Se lo hizo saber en la cara, gritando a la máxima autoridad de la aldea. A sabiendas de las claras consecuencias de sus actos que, no debería de hacer pero, lo hizo. – ¡No te desquites con él!, ¡haber!, ¡¿Por qué Sai?! – El Uzumaki se estaba pasando de la raya con la Godaime, y si esta reaccionaba de la manera que, el rubio menos esperaba, este se la pasaría muy mal; comenzando con un futuro sin gobernación por él. – ¡¿Por qué no el verdadero culpable?! – Seguía demandando, furioso.
En ese instante el rubio alegre, parsimonioso, torpe, amable… había quedado atrás para encarar a la Hokage. ¿Estaba haciendo bien?, se preguntaban todos los que rodeaban la discusión, o más bien reclamos porque, discusión es de dos. Aunque a él, no le importaba que los demás pensaran que estaba mal, si estaba seguro que él estaba bien, con el corazón, por lo que sentía… Entonces él estaba en lo correcto. Así de simple. – Además de sus amigos, el antiguo Equipo 7, una persona más lo sabía, mas ella, solo atino a sonreír, confiando en el rubio. Como siempre confiaba en el, nunca había dudado ningún segundo en el.
Estúpida, estúpida, estúpida. Se sentía totalmente estúpida, estúpidamente débil. Ella sabía que no era la culpa del pintor, que, un ninja tenía que ser ninja y nunca dudar en una misión solo por los sentimientos. No debe de pasar. Pero, las personas tienen sentimientos, las personas son ninjas, los ninjas tienen sentimientos… Es inevitable. Al igual como el sentimiento del temor o cobardía. Sai, un ninja sin sentimientos, solamente obedeció, obedeció como buen ninja. ¿Es eso un merito?, pero, estaba haciendo mal. Quien era el directo culpable era el bastardo de Danzo pero, sentía que no podía hacer algo con ese viejo miserable. Frunció el seño, cerró los puños, junto los ojos con cólera. Quien las debía pagar era Danzou y no debía de haberse desquitado con él quien hizo la orden, era estúpido pero, por más cruel que la orden sea, un ninja tenía que cumplirlo. Actuó mal, siendo Hokage actuó mal, quien supuestamente da el ejemplo lo hizo mal. Su abuelo, un Hokage, seguro debe de estar tan decepcionado como el rubio lo estaba de ella. Y ahora, por su culpa, seguramente el rubio no desea ni ser Hokage. Miro al pintor, el hizo lo mismo. Se percato que lo golpeo con odio. La rubia hizo una mueca. – Mierda. – Murmuro. Lagrimas de arrepentimiento comenzaron a resbalar y ella se dejo caer, sus palmas sobre el piso de parquet y sus delicados dedos arañando con suave levedad el piso.
- Sabes. Los humanos tienes sentimientos, y nosotros somos ninjas como humanos… Pero sabes que Baachan, los humanos erramos.
El grupo alrededor, asombrados sobre las palabras que había mencionado el rubio, con una gran sonrisa. Una sonrisa solo perteneciente a Uzumaki Naruto.
Al igual que grupo. Asombrada abrió los ojos de par en par, sorprendida de ello. Formo una sonrisa, se incorporo y se puso pie. Camino unos pasos, suficientemente cerca del pelinegro –quien se encontraba siendo incorporado por la Yamanaka–, Godaime, con una sonrisa, estiro su mano derecha hacia el pintor.
El rubio solo sonrió satisfecho ante la humilde acción de la Hokage de aceptar sus errores. Miro hacia la ventana, su sonrisa se ensancho. Eso lo motivo aun más para convertirse en el mejor Hokage de todos.
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- ¿Naruto dices? – Preguntó asombrado. Bebió un sorbo de su pequeña taza de sake para así poder continuar. Giró a verla con más atención ahora, por la noticia que le había dado.
- Si. – Alegó mientras asentía. – Creo que, se lo merece…
- No pareces convencida. – Le aseguró.
- Lo estoy. – Sentenció.
- Lo dudo. – Replicó.
- No me interesa. – Sentenció y bebió su último sorbo de Sake por esa noche. Miró a lo alto de la luna, su mirada se suavizo. – Luna… llena. – Fue lo que murmuró.
- Es hermosa, ¿no? Esta en todo su esplendor.
- Ah. – Sonrió con un toque sarcástico.
Tornó su rostro a uno serio. – Hay algo que aun no entiendo.
- Por desgracia, no todo se puede saber.
- Hace semanas, lo de Naruto y tú.
Hizo una expresión de desagrado. – Se a donde quieres llegar. Sakura está que me pregunta eso cada vez que me ve, y aseguro a mi vida que ese Uchiha lo tiene igual al estúpido de Naruto.
- ¡Hahahaha!
- ¡¿De qué te ríes?, viejo pervertido! – Reclamó, levantando su puño.
- No, no, cálmate. – Dijo agitando sus manos en son de paz para tranquilizar a la gruñona Hokage. – Pero, no quería llegar a ese punto pero, también.
- Entonces, ¿a qué punto querías llegar? – Indagó, misteriosamente, su cólera había desaparecido carcomida por la curiosidad.
- ¿Cuándo…? ¿Cuando le dirás a Naruto?
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- ¡Y dime Hinata! ¿Te gustó el Rammen? Es muy bueno, ¿verdad 'ttebayo? No hay mejor tienda de Rammen que Ichiraku, ¿Qué opinas? ¡'ttebayo!
Ella solo sonreía, el rubio no paraba de hablar y preguntar siempre con una sonrisa. Eso lo hacia simpático, adorable. Esa actitud positiva en las buenas y malas que, nunca lo hacía rendirse por más que la situación se muestre en total contradicción. Suspiro tranquilamente, si que era apuesto, oji azul, rubio… Una sonrisa y tranquilidad sin fin. Como lo amaba. Pero, la tristeza la invadió. Naruto no había mencionado nada sobre el beso que ella le había dado. – Creo que, no debería quejarme… Es lo mejor. – El pensamiento se quedo estancado en su mente.
Se sentía estúpido. Preguntando y diciendo cosas sin sentido, cosas que no venían al tema. La había invitado a Ichiraku para hablar, aclarar sobre el beso de ella pero, en todo el momento que habían estado en el establecimiento no se había dignado a abrir la boca más solo para comer el Rammen. Mentalmente se recriminaba por esa cobarde acción, había pensado que era más valiente pero, eso demostraba lo contrario pero, tenía que comenzar ahora. Giró alrededor, nadie. Su corazón salto al ver que había pocas personas por el camino donde iban, se sentía levemente liberado en alguna manera. – Hi-Hinata. – Había comenzado, y esta vez no pararía hasta decir lo que tendría que decir.
Al escuchar su nombre por parte de él, su corazón se había detenido en ese lapso y su rostro comenzó a arder. Siempre se enrojecía cada vez que el rubio mencionaba su nombre pero, esta vez lo sentía diferente. La voz del rubio era seria. – ¿S-si, Na-Naruto-kun? – Y aquí iniciaba nuevamente con los tartamudeos pero, esta vez no pudo ni siquiera controlarse. La voz del rubio se había tornado diferente bruscamente. Respiro fuertemente. – ¿Qué… pasa? – Sonó mejor, se había intentado animar a seguir preguntándole.
- Sobre ese día…
Volteó su rostro, sintió vergüenza. Rápidamente supo a que se refería el rubio con 'ese día'. Su corazón se estremeció. Bueno, después del beso ya no podría seguir negándolo por más tiempo. – Sabes, Naruto-kun.
El rubio la miraba profundamente, sentía algo importante que, ha estado esperando que le diga pero, la no sabía que era exactamente lo que diría la Hyuga. Pulsaba los nervios que lo mataban lentamente por dentro. Se estaba tardando, veía como los labios de la Hyuga tartamudeaban, sus pómulos sonrojados, leve sonrisa, su largo cabello azulado y… – Maldición. – Pensó, no era el momento indicado para ponerse a pensar tonterías. No lo era.
- Naruto-kun… Tu, tu siempre has sido… A quien… Yo he admirado en… en… muchas maneras, por todo lo que decía la gente, tu solo querías demostrarles lo contrario, que podías. Siempre quise, quería ser como tú, hasta ahora lo intento. Con el tiempo… Esa admiración se convirtió en algo mas… Porque yo… yo te a–
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- ¡Pues tú crees que se lo diré ¿yo?!
- ¡Es tu deber como la Hokage!
- ¡Vete al demonio!
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- Mierda. – Rechinó el rubio entre dientes. ¿Por qué ahora? Se había preguntado. Unos segundos más y… El rubio caviló unos instantes, esas voces se le hacían demasiado familiares, demasiado. – Ven, Hinata. – La llamó. Inconscientemente tomándola de las manos, llevándola hacia el par de escandalosos Sannins.
- ¡H-Hai! – Respondió aturdidamente ante el roce de la mano del rubio con el de ella. Decepcionada, ya que pudo, casi, lo estaba haciendo… se estaba declarando al rubio pero, la interrumpieron. Ahora, ¿Cuándo volvería a tener el valor para decírselo nuevamente al rubio?
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- ¡Pero tienes que decírselo a Naruto!
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Al escuchar su nombre detuvo el paso sin dudarlo. Tenía la intención de llegar justo hasta en frente de ellos pero, estaban hablando de él, quería saber que de que estaban discutiendo, y ya, la Hokage estaba furiosa aunque, eso ya era normal pero, Jiraiya gritando eso lo hacía preocupar un poco. Más de lo normal.
- ¿Naruto-kun? – Preguntó en un susurro.
- Shhh. – La hizo silenciar. A lo que la apegaba a él mientras que el, se apegaba mas a la pared de la esquina del Bar donde se hallaban los dos gritones Sannins y uno a la vez siendo la Godaime.
La cercanía hizo que se sonrojara, alzo la vista hacia el rubio. Se dio cuenta que el rubio estaba expectante, atento a cada movimiento, palabra, acción, expresión de Jiraiya y Godaime.
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- ¡Maldición, ¿Qué no entiendes?! ¡Es mejor así!
- No… ¡Lo único que entiendo es que, a ese crio a quien lo quieres como futuro Hokage—
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Ambos corazones sintieron una felicidad, el rubio: Su meta, ser Hokage. La Hyuga, siempre se sentiría feliz por cualquier cosa buena que le pasase el rubio. Se miraron, con unas incomparables sonrisas. Inclusive, ya al rubio se le podían notar las lágrimas de felicidad infinita.
Pero, algo le caería como balde de agua fría.
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- … —le estas negando el derecho de saber quién es su padre!
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Y la sonrisa de ambos rostros desapareció.
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[5 Meses después]
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La sonrisa surco su rostro pero, aun se podía diferenciar la tristeza que se denotaba. Observo fijamente el par de lapidas frente a él y se agacho para quedar a la misma altura.
- Nos dejaron muy pronto, ¿lo sabían?
Una parte de él se sentía idiota al hablar con objetos inanimados pero, algo le decía que, ellos le estaban escuchando. Junto sus manos e hizo un leve rezo. Mordió sus labios con frustración, una lágrima hizo aparición.
- No puedo.
Fue lo que dijo antes de que mas lagrimas aparecieran, se tiro al piso.
- ¡Tsunade-baachan! Si… Si para cumplir mi sueño, esto tenía que pasar… Yo… ¡Ya no estoy seguro de esto!
¡Lo estarás, ¿oíste?!
- Tsunade-baachan… Yo no…
¿Dónde quedo el Naruto que conocíamos?
- Ero-sennin. Hm...Tal vez, murió con ustedes.
¡Tsk! Maldito crio…
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- La otra cita será en dos semanas. ¿Le parece bien, Haruno? – Preguntó con cortesía mientras anotaba la fecha en su agenda.
Asintió tranquilamente. – Si, doctor. – Afirmó.
Se acomodó los lentes de contacto, sonrió amigablemente. – La veo dentro de dos semanas entonces. – Aseguró mientras le dio la mano en forma de despido.
- Adiós, doctor.
- Hasta luego, Haruno.
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Cerró la puerta y suspiró. La sonrisa había desaparecido, formando una seria. – Ya me canse de estas sesiones… Si Naruto o Sasuke-kun tratan de obligarme a venir nuevamente aquí yo… – Suspiró cancinamente. No, aunque quisiera no podría hacer algo cruel a su hermanito, tampoco y menos al azabache. – ¿Qué no entienden que estoy bien? – Se quejó.
- Se preocupan mucho por ti.
- ¡Ah! – Se sobresalto al escuchar una voz atrás de ella. Aunque, posiblemente el temor le vino mas al reconocer la voz. ¿Sa—Sai? – Quería asegurarse.
- ¿Si? – Sonrió.
- Me asustaste.
- Lose.
Ambos rieron.
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Pateó una lata, en su pensamiento cargaba un "Lo matare." No entendía cómo demonios se dejo convencer por el rubio. – ¡Tsk! – Estaba seguro que el rubio ya se lo había planeado, esa jugarreta no se la perdonaría. Ya, posiblemente eso fue la última vez que le acompañaría a Ichiraku Rammen, para que le haga esas tonterías… ¡No!
Se sentía humillante las cursilerías pero, había algo en lo que el rubio tenía razón, "Sakura es de las mujeres que les gustan cursilerías."
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- ¡Vamos Teeme! ¿Acaso no eres hombre?
- ¡¿Estas poniendo en tela de juicio mi hombría, dobe?!
- ¡Sí! Er—es decir. Entonces, ¡hazlo!
- No.
- Bien, entonces no lo hagas.
- Hm.
- Mas bien, se a quien le gustara mi consejo.
- ¡Tsk! ¿Qué idiota seguiría TUS consejos?
- Sai.
- ¿Uh?
- Claro, esa es una manera de ganar a Sakura. Ya sabes, Sakura es de las mujeres que les gustan cursilerías.
- ¡Hum!
- Le encantara que Sai la haga compañía a su casa después de sus sesiones. Cursi pero, las chicas son así.
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- Llegue. – Murmuró para sí, viendo el Hospital, donde Haruno iba para sus sesiones. – Hn. Más le vale que haya ido. – Amenazó mentalmente.
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- No, está bien. No te preocupes…
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- ¿Uh? Esa voz… Hn. – Relajó su rostro, formando una cara seria. Comenzó dando pasos hacia donde había escuchado la voz de quien estaba seguro, pertenecía a la peli-rosa. No realizo que había acelerado los pasos, solo por la curiosidad de, con quien se encontraba ella en esos instantes.
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- No me molesta… Es lo menos que puedo hacer.
- No, en serio, Sai, todo está bien.
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"¿Sai?" Pensó con sorpresa, ¿Qué mierda hacia Sai ahí? ¡Con Sakura! Después de… después de—
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- Lo siento… Sakura. – Se disculpó, su rostro se veía arrepentido. – Tu… Aun me tienes miedo, ¿no es así? – Haruno iba a abrir la boca para replicar que no era así pero, él le gano. – No intentes mentir. Entiendo que me hayas defendido pero, aun sigues temiéndome. No lo niegues.
No dijo nada, no quiso decir nada. Sentía que, por más que ella dijera lo que quisiera, el tenía razón.
- ¿Y acaso lo tiene que negar?
- ¡¿Sasuke-kun?!
- Uchiha…
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- ¡Gracias, Hinata-chan! – Agradeció con una gran sonrisa mientras tomaba el té verde que la Hyuga le había preparado y entregado en sus manos dulcemente. Saboreó el té.
- D-de na-nada Naruto-kun. – Tartamudeó, sonrojándose con violencia.
- Hum. – Saboreó y sonrió agradecido.
Miró hacia un costado, se sintió levemente avergonzada. No estaba segura si preguntarle al rubio o no pero, lo tenía que hacer. No podía evitarlo pero, se preocupa demasiado por él. – Em… Naruto-kun… Yo se que, que no es de mi incumbencia pero… Pero, ¿Por qué fuiste al cementerio?
El rubio alzó levemente la mirada, viéndola fijamente. – ¿Uh? ¿A qué te refieres? – Preguntó, su rostro tornando serio.
- ¡No! No lo malinterpretes… Me refiero que, porque… vas solo. Siempre… terminas así.
Y el oji azul sabía lo que Hyuga se refiera, no podría hacerse el idiota. Siempre, después de llegar del Cementerio llegaba en esa deplorable condición.
- ¡Uh! – Se sobresaltó al ver al rubio agachar levemente el rostro. – Lo siento, Naruto-kun. ¡Sé que no es mi problema! ¡Lo lamento! – Su rostro se le notaba totalmente la vergüenza. – Creo que me debo de ir. – Murmuró pero, fue lo suficientemente claro. Corrió hacia la puerta, el rubio dijo algo pero, lo dijo tan bajo que ella no pudo escuchar. Aunque en ese instante solo le importaba huir de ese departamento. Tomó la perrilla y antes de que pudiera abrir la puerta; sintió que alguien era jalo… claramente quien fue, era el rubio, de quien ella estaba enamorada.
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- ¿Sasuke-kun? – Preguntó sorprendida.
- Uchiha. – Fue lo que murmuro.
- Hn. – Se limito a emitir.
El silencio se formo, mirándose unos a otros. Vergüenza, cólera, desentendimiento, temor, frustración, celos. Los cabellos se mecían con el frio viento de la tarde, lo cual, hacia la atmosfera mucho más densa de lo que ya estaba.
- ¿A qué viniste? – Fue la pregunta que aporto el pintor, no mostraba nada en su rostro. Estaba solo pálido, observando y diciéndose, ¿en que pensara o, que hará el Uchiha? Porque, para el pintor, el Uchiha, aun era impredecible.
- ¿Por qué te empeñas en seguir siendo su amiga? – Ahí el Uchiha, seguía siendo tan frio, con poco tacto. Acaso, ¿no se daba cuenta que hería a Sai con sus gélidas palabras?
- El—Tu… Tú sabes que no fue su culpa, Sasuke-kun. – Respondió.
Siempre era la misma respuesta, siempre. Le hubiese gustado hace meses haber asesinado al bastado de Danzou y ese idiota que estaba al frente de él. Pero no, no pudo porque a la su antigua compañera de equipo no quiso. Dio la vuelta, frunció levemente él entre cejo, y chasqueó la lengua a la vez que comenzaba a caminar.
- ¿Uh? – Se percató. – Me tengo que ir, Sai. Adiós. – Dijo, se despidió con una sonrisa e hizo señas con su mano derecha. A pasos rápidos, siguió el mismo camino que el Uchiha. En unos instantes logro alcanzar la misma distancia que el azabache, poniéndose a su lado derecho.
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También sonrió e hizo señas con su mano, despidiéndose. – Solo espero que, pronto me perdones, Sakura-san. – Mencionó con melancolía. Suspiro, giraba su rostro, para poder continuar su camino pero, algo detuvo su movimiento. – Seguramente vi mal. – Fue su conclusión. Ladeo el rostro para despertar, ya que, lo que pareció que vio, no podría ser.
¿Uchiha tomando por la cintura a Sakura-san?
No, desde la distancia que ya estaba, seguramente el pintor había visto mal. Sí, eso era. Y con una sonrisa siguió hasta llegar hasta una florería, la Florería Yamanaka.
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- ¿Saben? – Llamó la atención de sus compañeros.
- ¿Qué? – Preguntó en un tono desagradable.
El otro, solo alzó la vista al saber que tenía toda y completa atención.
Rodó los ojos, sonrió. – Sasuke debería volver con su antiguo equipo. – Propuso, creyendo que era lo justo. Estaba seguro que aunque el Uchiha no lo dijera, el se moría por regresar con su antiguo equipo.
- … Si. – Apoyó, aunque difícilmente se escucho.
- ¡¿Qué?! – Exclamó, eso la había tomado por sorpresa.
Ambos varones suspiraron, sabían que la única mujer opondría resistencia ante eso. Aunque ellos sabían—ella sabía que, el no los quería, no los necesitaba, no los extrañaría teniéndolos a ellos.
- Tu sabes mejor que nadie que, el no te ama. – Habló fríamente Suigetsu, mirándola con cierta lastima. No quiso decir eso, sabía que le dolería a la pelirroja pero, era la verdad. Ella tenía aceptar su realidad. – No te mientas a ti misma. – Fue lo último que dijo antes de que dejara la habitación a los otros dos.
El peli-naranja, Juugo, escuchó un suspiro, luego seguido de unas lagrimas que cayeron al piso con total libertad. – Oh, ¿Karin? – Mencionó, para que ella alzara la vista. Y algo que no había presenciado—Karin, ¿llorando? Ni por todos los desplantes que había sufrido del Uchiha, o por todos los insultos y falta de respeto por parte de Suigetsu ella nunca había llorado, o por menos, no delante de él. – Todo estará bien, Karin… Déjalo ir.
Ella sabía a lo que se refería.
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Cerca por el pasadizo, Suigetsu no se había marchado, solo dio una leve vuelta a escuchar. Y oyó, ella llorando fuertemente después de lo que Juugo le había recomendado. Su pecho dolía, su mirada entristeció. "Déjalo ir." Si—Juugo tenía razón, ella tenía que dejar eso, ese supuesto amor. Eso no le gustaba a Sasuke, la entristecía por dentro, y le dolía a él. Con su mirada observando la nada… se fue hacia su habitación.
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Karin cerró los ojos, se juro a si misma… La última lagrima cayo, la ultima por él.
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- ¡Cuatro platos de Rammen para comenzar! – Gritó el rubio hacia el dueño del local.
- ¡Ha ha ha, enseguida Naruto! – Fue la respuesta a lo que iba a preparar el Rammen, la comida que el oji-azul tanto adoraba.
- ¿Cuatro, Naruto-kun? – Inquirió la Hyuga. – ¿Estas esperando alguien mas?
El rubio giro hacia ella, y en respuesta rio amigablemente. – Ya verás…
- ¡Hinata! ¡Naruto!
- Hn…
- ¡Ha ha ha, sabría que llegarían! – Acotó, ubicando sus brazos detrás de su nuca.
- ¿Uh? – Dudo la peli rosa.
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- ¿Qué haces? – Trató de indagar, puesto a que hace tiempo, ya no había manías de estar despiertos a estas horas de la noche. – Acaso, ¿quieres escapar, buscarlo, o qué? – Preguntó en voz seria.
- Tengo que hablar con el…
- Sobre…
La pelirroja sonrió débilmente. Suigetsu entendió con solo ver la seguridad en su mirada, le regreso la sonrisa. – Te acompaño. – Ofreció.
Ella asintió.
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- Los fantasmas ni almas existen, idiota. – Opinó el azabache seriamente, con son de burla.
- ¡Muy bien, no me creas! – Le dijo, haciéndose fingidamente el ofendido. Sonrió, abrazo a la persona quien estaba a su costado, Hyuga, quien al contacto solamente se sonrojo, balbuceando avergonzada. – ¡Hinata-chan si me cree! – Hizo saber, juguetonamente.
- Uhm. – Emitió el Uchiha, haciendo una media sonrisa.
La peli rosa solo rio. "Que ternura." Pensó mientras reía por su idea y en leve ironía.
- ¡Uhm-Hum!
Los cuatro giraron hacia la persona que había hecho ese sonido. – Karin. – Mencionaron en coro.
- Sasuke, tenemos que hablar.
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Miro al cielo, la luna brillaba con total intensidad, y la noche tan oscura. En estos momentos Sasuke y ella ya deberían de estar hablando sobre… que él debería de regresar con su equipo. Lo sabía, el lo sabía, ellos lo sabían, todos lo sabían. Pero, más que todo, ella tenía que cortar con todo de una vez, que, ella pararía todo, que ya ella ha entendido. Por unos momentos se sintió algo cobarde por haberse quedado en una esquina antes de llegar al Ichiraku Rammen, donde estaba el grupillo de Sasuke, en vez de acompañarla en lo mas difícil. Pero, Karin tenía que hacerlo por sí sola. – Soy un idiota. – Susurro, con leve decepción a sí mismo, al recordar algo. – Ella, ella nunca—nunca me… me a—ma…
- ¿Nos vamos?
Lo sacó de sus cavilaciones. Un sonrojo cubrió su rostro, solamente rogo a que no lo hubiese escuchado. – Si—si… Uh, vamos. – Y dicho eso, dio pie a su marcha. Adelantándose unos pasos más que la pelirroja.
Mirando su espalada, tuvo una expresión de sorpresa. Sonrió con compresión. Hubo algo que había entendido, en verdad, no amaba al Uchiha tanto como ella había pensado. Cuando hubo dijo todo lo que hubo de decir; ella… no sintió nada, no sintió dolor. Se sintió mejor consigo misma. Miró a la luna, sonrió con libertad. Al mirar devuelta al chico frente a ella, su corazón latió… se sonrojo. Negó con la cabeza, no, no cometería el mismo error… esta vez se aseguraría pero, estaba segura que, esta vez no habría equivocación.
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- ¡Mas platos de Rammen, viejo! – Exclamo emocionado, riendo como nunca. – ¡Hay que celebrar! – Dejo saber, viendo a las personas que le rodeaban, sus mejores amigos.
La Hyuga asintió, con una sonrisa, y su rostro sonrojado por el abrazo que el rubio no rompía. Y ella agradecía eso.
- Cállate, dobe. – Solo emitió. Aunque ellos sabían, que por dentro el Uchiha estaba feliz por ello.
- No deberías fingir lo que sientes… Sasuke-kun. – Aconsejó la peli rosa.
- Tks… Molestosa. – Solo susurro, mostrando una leve sonrisa, y abrazo por la cintura a peli rosa.
- Sa—Sasuke-kun. – Se limito a decir, para luego quedar tan sonrojada como Hyuga.
- ¡Ah! ¡Que veo, Sasuke-teme! – Bromeó el rubio.
- ¿Qué, no me dijeron que ya no fingiera? – Ironizó.
El rubio rió. – ¡Ha ha ha!
- Naruto, aquí están sus platos de Rammen.
Ensancho sus labios y antes de comenzar a comer su Rammen:
"¡EL EQUIPO SIETE ESTA DEVUELTA!"
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Bueno, por fin el Final, ;__; me tomo mucho tiempo. Poca inspiracion, poca motivacion, a veces poco tiempo pero, lo termine wii. xDD.
Y creo que las parejas quedaron definidas --o casi--, verdad? (o eso espero)
Espero que les aya gustado este capi, y el fic en si-mismo.
Cuidence, Aiioz! :D
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