Mil gracias por los reviews! Ya veis que me inspiran mucho... mirad que rápido he actualizado!

Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia original ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.

CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.

[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?


CAPÍTULO 2. KEN EN CASA DE NANCY

Toc. Toc. Toc.

¿Por qué Alice se había empeñado en dar martillazos contra la pared de mi habitación esa mañana? ¿Es que no podía dejarnos dormir, a mí y a mi resaca, en paz?

Toc. Toc. Toc.

El ruido infernal continuó. Alice era cruel por elegir ese día para convertirse en una pro del bricolaje a base de colgar cuadros en su cuarto o dar martillazos contra la pared por simple placer… lo que fuera que estuviera haciendo el duendecillo diabólico.

Toc. Toc. Toc.

El incesante martilleo cesó de repente y escuché como la puerta de mi habitación se abría con un crujido.

- ¿Bella? – oí unos suaves pasos caminar hacia mí antes de sentir el cuerpo de Alice sentarse al borde de mi cama - ¿Estás despierta?

- No – gruñí.

Alice se río. ¿Por qué tenía que reírse tan alto? ¿Y por qué tenía que quitarme de encima de mi cabeza las mantas con las que había intentado amortiguar el sonido de sus martillazos? La miré con mis ojos semidormidos y ella me sonrió con burla.

- ¿Qué pasa, Alice? – pregunté con voz ronca.

- Creo que alguien ayer bebió demasiado – canturreó con burla.

- Creí que las dos bebimos demasiado ayer – la corregí. Me tapé de nuevo la cabeza con las mantas y cuando volví a hablar, mi voz resacosa y dormida sonó amortiguada desde debajo del monstruoso edredón que cubría mi cama – Y contaba con que hoy tuvieras una resaca como la mía y me dejaras en paz. ¿Cómo lo haces?

Alice volvió a destaparme y contemplé con fastidio como todavía no había borrado la mueca burlona de su cara. En serio, ¿cómo lo hacía? ¿Cómo era capaz de estar perfectamente a la mañana siguiente? Nada de kilométricas ojeras, ni dolores de cabeza, ni estómagos revueltos. Pero por supuesto, las ganas de picar a su compañera de piso continuaban intactas. Como cada mañana.

- ¿Cómo hago el qué?

- Ya sabes… beber como un embudo y al día siguiente estar perfecta.

- Supongo que tengo un estómago a prueba de bombas – rió al tiempo que se palmeaba el abdomen – Aunque tengo algo de dolor de cabeza, pero no lo suficiente como para que te libres de mis preguntas. ¿Cómo te fue anoche con el chico de la biblioteca?

Gruñí. Intenté enterrar de nuevo mi cabeza entre las mantas como si eso me fuera a librar del exhaustivo interrogatorio que me esperaba, pero Alice me lo impidió.

- Vamos, Bella. Llevo toda la mañana esperando a que te decidieras a mover tu culo de la cama para poder enterarme de algo – dijo Alice con evidente fastidio en su voz – Me he aguantado hasta la hora de comer pero por lo visto no estabas muy por la labor de colaborar, así que he tenido que venir a despertarte.

- Lamento haberte fastidiado la diversión, pero estaba demasiado ocupada aguantando mi dolor de cabeza como para ayudarte en tu noble tarea de cotillear sobre mi nula vida sentimental.

Inconscientemente, durante mi pequeño discurso me había incorporado en la cama para encararme con mi amiga. Nos miramos con furia durante unos segundos antes de que los labios de Alice se curvaran en una media sonrisa.

- Si te traigo una aspirina, ¿me contarás todo lo que pasó ayer?

Gruñí de nuevo. Me levanté rápidamente de la cama y me escabullí hacia el baño antes de que Alice pudiera atraparme. Le cerré la puerta en las narices pero pude oír como la golpeaba furiosamente y gritaba:

- ¡Sabes que no lo vas a conseguir Bella! Este piso es demasiado pequeño como para que te puedas librar de mí. ¡Montaré guardia en la puerta del baño si es necesario!

Me metí rápidamente en la ducha y debajo del agua caliente mis párpados me parecieron muy pesados. Los cerré y suspiré sonoramente.

Aquel iba a ser un día muy largo.

Cuarenta y cinco minutos después, llegué a la conclusión de que no podía alargar más mi encierro voluntario en el cuarto de baño a no ser que quisiera morir de inanición. Y la verdad, no era la forma más agradable de dejar este mundo. Mis tripas rugieron en señal de acuerdo.

Abrí la puerta del baño rezando para que Alice hubiera desistido de su idea de montar un campamento delante de la puerta. Mis plegarias fueron en vano.

- ¿Me lo vas a contar ya o no? – preguntó, cruzando sus brazos sobre el pecho y golpeando el pie contra el suelo con impaciencia.

Puse los ojos en blanco y logré escabullirme hasta la cocina. Como si eso me fuera a librar.

- Si no me lo cuentas asumiré que te fue mal.

- ¿Sólo mal? – murmuré para mí misma mientras calentaba algo de pasta en el microondas.

Me senté en la mesa de la cocina con el plato de macarrones delante y comencé a comer con parsimonia. Alice tomó asiento enfrente de mí y clavó sus ojos sobre los míos. Suspiré. Sabía que no se iba a dar por vencida aunque tuviera que acosarme con preguntas el resto del mes antes de que yo soltara prenda. Volví a suspirar. Lo mejor sería soltarlo ya y acabar con la tortura.

- No hay nada que contar, Alice.

- ¿Cómo que no? Angela os vio de lejos, me dijo que estuvisteis hablando.

Tomé aire y solté mi discurso de carrerilla.

- En pocas palabras, Alice: me encontré con él. Bueno, básicamente me choqué contra él y le tiré mi copa encima. Luego intenté convencerle de que viniera a casa para prestarle algo limpio, pero sonó como un intento desesperado de meterle en mi cama. Por si fuera poco le dije que llevaba observándole desde el primer día que llegó a la biblioteca y para rematar… - fruncí el ceño al recordar el final de mi conversación con Edward – llegó una especie de Barbie recauchutada que se colgó de su brazo y que por lo visto es su novia.

Esperaba que eso fuera suficiente para Alice. No pensaba detallar más mi desastroso encuentro con Edward, ni siquiera pensaba decirle que había averiguado su nombre y lo que estudiaba… cuanta menos información estuviera en manos de aquel duendecillo peligroso, más a salvo estaría mi salud mental. Y por supuesto no entraba dentro de mis planes mencionarle el hecho de que Edward se había fijado en mí durante mis largas tardes en la biblioteca; no a Alice, la experta en ver indicios extraños por todas partes, incluso donde no había nada.

Alice enarcó una ceja y apretó fuertemente los labios tratando de contener la risa. ¿Es qué mis desgracias le parecían tan divertidas?

- ¿Qué te resulta tan gracioso? – pregunté sin esconder el malhumor.

- ¿Una Barbie recauchutada? – repitió, incapaz de contener una sonrisa.

Bufé ante el recuerdo de la chica modelo.

- Sí, ya sabes… una especie de muñeca perfecta con largas piernas y gran… personalidad – gesticulé llevándome las manos al pecho.

- ¿Y dices que es su novia?

- Llegó, se colgó de su brazo y le dijo que tenía una sorpresa para él. ¿Qué otra cosa podría ser? – pinché el tenedor con más fuerza de la necesaria y me lo llevé a la boca – Además, que un chico como él esté soltero va en contra de las normas de la naturaleza. Lo normal es que tenga una novia perfecta como la Barbie recauchutada. Y rubia.

Alice rió ante el tono con el que había pronunciado la palabra rubia, como si fuera lo más malsonante del mundo.

- ¿Qué pasa con que sea rubia? – preguntó, divertida - ¿Le da puntos extra?

- Supongo que sí. Bastantes puntos extra.

- Ey, ¿qué tenemos de malo las morenas?

- Las morenas como tú nada – puntualicé – Las castañas como yo somos… aburridas – tomé un mechón de pelo entre mis manos y lo miré de forma despectiva – Ni demasiada claro para ser rubio ni demasiado oscuro para ser moreno. Es un tono intermedio. Aburrido.

Mi amiga me miró durante unos segundos entrecerrando los ojos. Estaba segura de que en esos momentos Alice estaba poniendo en duda mi salud mental. Para qué engañarnos, yo lo hacía a menudo.

- Vale, Bella. Dejando a un lado tu tesis sobre los distintos tonos de pelo, ¿por qué estás tan segura de que están juntos?

- Deberías haberlos visto – esbocé una sonrisa maliciosa antes de continuar – Espera, les hubieras visto si no encontraras tan interesante la lengua de Jasper.

Lejos de sonrojarse, como sin duda hubiera hecho yo en su lugar, Alice me devolvió una sonrisa burlona.

- Yo no estaría tan segura. De todas formas el lunes le verás otra vez en la biblioteca y ahora ya tienes una excusa para hablar con él.

Mierda. Había olvidado por completo que el lunes le volvería a ver en la biblioteca. Dejé caer la cabeza sobre la mesa. Después del ridículo que había hecho la noche anterior, mis planes no incluían sonreírle y entablar conversación con él. Esconderme en el lugar más oculto de toda la biblioteca y rezar para que me tragara la tierra me parecía una idea mucho más atractiva.

Gracias a ese pequeño recordatorio de Alice, me pasé el resto del fin de semana malhumorada sin razón aparente. Según su versión, se trataba de tensión sexual reprimida que un poco de ejercicio detrás de la sección de Historia de la biblioteca podría arreglar (¿Había mencionado ya que Alice es experta en ver cosas donde no las hay? Ahí está la prueba). Según mi versión, se trataba más bien de una fase de cabreo monumental con el mundo en general y con las compañeras de piso chismosas en particular.

La llegada del lunes no contribuyó a disminuir mi nivel de malhumor. Después de comer y minutos antes de la hora habitual para irme a la biblioteca, tomé una decisión de la que sabía que me iba a arrepentir: esa tarde me quedaría estudiando en casa. Estaba segura de que no iba a servir para nada, pero confiaba en que Alice se mostrara colaboradora con la causa.

Así que tomé mis libros y los esparcí por toda la mesa del comedor. Hubiera sido más inteligente meterme en mi habitación, pero mi diminuto escritorio no era suficiente para montar el campamento con mis enormes manuales universitarios, tal y como hacía siempre en las enormes mesas de la biblioteca. Suspiré sonoramente al recordar las mesas de la biblioteca; aún no había comenzado con mi sesión de estudio y ya echaba de menos el silencio y el clima de trabajo que se respiraba allí…

y a un cierto chico de ojos verdes y sonrisa torcida, me recordó una voz en mi cabeza. La misma que me había ordenado que me tirara al cuello de Edward el viernes en la fiesta.

Sacudí la cabeza para acallar a la voz y traté de centrar toda mi atención en el libro que tenía delante. No debería ser difícil, ¿verdad? Sin Edward enfrente de mí, en teoría no debería ser difícil encontrar mi concentración.

En teoría.

En la práctica, y aunque sabía que Alice estaba poniendo de su parte, su habitual hiperactividad no congeniaba muy bien con mis necesidades de silencio y paz. Lo intenté. Juro que lo intenté, pero después de media hora me di cuenta de que aún no había logrado pasar de página. Cerré el libro y recogí todas mis cosas en silencio con la intención de ir a la biblioteca lo antes posible. En fin, no tenía por qué encontrarme con Edward. La biblioteca era grande, ¿no? Tan solo tendría que buscar una mesa lejos de él, preferiblemente una en la que no pudiera verme en un radio de al menos diez metros; algo que por otra parte debería haber hecho desde el primer día en que le vi.

- ¿Te vas? – preguntó Alice cuando me vio coger mi bolso y mis libros.

Asentí con la cabeza y al levantar la mirada vi que mi amiga tenía una expresión culpable.

- No es por ti, Alice – expliqué – Es solo que aquí no me concentro. Supongo que ya me he acostumbrado a estudiar en la biblioteca y no puedo hacerlo en otra parte.

Sonreí y la mirada culpable de Alice pareció desaparecer.

- Por cierto Bella – habló en cuanto puse una mano en el picaporte – recuerda que hoy es la mudanza, así que si cuando llegues te encuentras esto patas arriba no te pongas histérica. Te prometo que Jasper y yo lo limpiaremos todo.

Fruncí el ceño sin saber a qué se refería pero cuando conecté ideas, abrí los ojos con sorpresa. La mudanza. Se me había olvidado por completo.

- De acuerdo – dije antes de salir y cerrar la puerta a mis espaldas.

De camino al campus, me sumí en mis pensamientos.

Alice y Jasper llevaban saliendo juntos un año. Por su aniversario, Jasper la sorprendió con lo típico: una cena romántica y una noche para los dos solos en su apartamento. Sin embargo el regalo de Alice fue algo distinto. Supongo que debimos sospechar algo teniendo en cuenta su peculiar carácter, pero ni en mis más absurdos pensamientos se me hubiera ocurrido que el regalo de aniversario de Alice consistiría en poner en práctica uno de los artículos de la Cosmopolitan de septiembre. Concretamente aquel que decía que lo mejor para comprobar la fortaleza de una relación, era convivir una temporada con tu pareja. Así que a Alice se le ocurrió la magnífica idea de desalojar al compañero de piso de Jasper y empaquetármelo a mí durante un mes para que ella pudiera comprobar por sí misma si aquel artículo de la Cosmopolitan decía la verdad.

Le costó exactamente cinco días que aceptara convivir con un completo extraño durante un mes. Cinco días y dedicarme su más intensa mirada de cordero degollado y su retahíla interminable de "porfavorporfavorporfavorporfavor" cada vez que me veía. Con Jasper lo tuvo más fácil. Él sabe que Alice siempre se sale con la suya, así que optó por ahorrarse los días de tortura y aceptó a la primera. Sobre el compañero de Jasper no sé exactamente cómo lo hizo, pero en una semana ya lo había arreglado todo para la mudanza. Y la mudanza era precisamente ese día.

No tenía ni idea de quién iba a ser mi nuevo compañero de piso, pero según Alice era un gran amigo de Jasper y un chico encantador. No quise más detalles. Un mes y tendría a mi duende maléfico de vuelta… preferiría que me clavaran palillos entre las uñas antes que admitirlo delante de ella, pero la iba a echar mucho de menos, a ella e incluso a su manía de planificarme los domingos mi vestuario para el resto de la semana.

En cuanto llegué a la biblioteca todas mis preocupaciones por mi nuevo compañero de piso fueron sustituidas por una cuestión más urgente: aguantar toda la tarde sin que Edward me viera, estudiar y lo que es más importante, salir viva de allí.

La primera parte del plan fue relativamente fácil de llevar a cabo. Detrás de las estanterías dedicadas a los libros de Historia había un par de mesas bastante escondidas que me permitirían estudiar allí sin que Edward me viera y, algo vital para poder concentrarme, sin que yo pudiera verle. Sin embargo la segunda parte del plan, esa que implicaba estudiar, estaba resultando algo más complicada de llevar a cabo. Estaba teniendo serios problemas para enfocar la vista sobre mi libro, y lo peor de todo es que ya no tenía excusas para ello. Ya no había nada ni nadie a quien echarle la culpa por mi falta de concentración.

Ni chicas de primero concretando sus planes para el fin de semana en susurros.

Ni amigas hiperactivas danzando alrededor mío.

Ni chicos atractivos de ojos verdes y sonrisa torcida.

El problema era mío. Mi cabeza trataba de centrarse en los libros pero mi cuerpo tenía otras ideas; hacer caso a aquella voz que me ordenaba ir a por Edward era una de ellas. Estaba empezando a dudar seriamente sobre mi capacidad mental, lo cual me llevaba a sospechar que tampoco lograría completar la tercera fase del plan: salir viva de la biblioteca. Cada vez veía más cercana la posibilidad de sufrir en cualquier momento un colapso mental por tanta tensión acumulada.

* * * * *

Sin saber exactamente cómo, logré aguantar toda la tarde y salir de la biblioteca viva. Con un tremendo dolor de cabeza, pero viva… ¿debería sentirme orgullosa?

En cuanto metí la llave en la cerradura del apartamento, intenté prepararme mentalmente para lo que me esperaba tras la puerta. El problema es que seguir el consejo de Alice y no ponerme histérica me resultó muy difícil en cuanto vi que mi casa, mi preciosa y ordenada casa, estaba patas arriba. Literalmente.

Sabía que nuestro apartamento era pequeño, pero nunca pensé que en él pudieran caber tantas cosas. ¿Dónde tenía Alice metido todo aquello? El salón-comedor estaba lleno de enormes cajas de cartón embaladas. Y de ropa. Y de zapatos. Y de números atrasados de Cosmopolitan y Vogue. Y de discos… ¿de verdad Alice y Jasper pretendían tener recogido este desastre por la noche?

Cerré fuertemente los ojos y traté de contar hasta diez mentalmente para reprimir mis impulsos de comenzar a gritar como una descosida por toda la casa y estrangular a Alice con mis propias manos, pero antes de que me diera cuenta ya había comenzado a hiperventilar. Respira, Bella, me dije a mí misma.

Inspira.

Espira.

Inspira.

Espira.

Mis intentos de relajación fueron interrumpidos por la voz de Alice.

- ¿Estás bien, Bella?

Mi amiga asomó la cabeza por la puerta de su habitación y me miró con los ojos entornados. Sabía que en esos momentos yo debía tener cara de psicópata, al fin y al cabo había estado a punto de estrangular a mi compañera con mis propias manos.

- Sí, Alice – esbocé una falsa sonrisa dulce – Tan solo estoy tratando de reprimir mis impulsos homicidas y recordar la promesa que me hiciste de que Jasper y tú tendríais todo esto recogido por la noche.

Alice me devolvió la sonrisa y sin más remordimientos volvió a su cuarto. A mis espaldas, la puerta del apartamento se abrió y apareció Jasper portando más cajas de cartón que rellenar. El novio de mi amiga me dirigió una sonrisa nerviosa.

- Hola, Bella.

Le dediqué la misma sonrisa de falsa calma que a Alice.

- Hola, Jasper.

Jasper me miró entornando los ojos tal y como lo había hecho antes Alice.

- Te prometo que dejaremos esto tal y como estaba.

Mi sonrisa se acentuó.

- Lo sé, Jasper – repliqué en un tono dulce.

Lo sé, Jasper, me repetí para mí misma, a no ser que quieras que estrangule a tu novia y a ti te mate y te castre, no necesariamente en ese orden.

Retiré una de las cajas que ocupaban nuestro pequeño sofá y me dejé caer sobre él con mi manoseado ejemplar de Orgullo y Prejuicio en las manos; el señor Darcy era el único que podía calmar mis instintos homicidas en ese momento.

Cuando me encontraba leyendo una vez más la parte en la que Elizabeth rechaza la petición de matrimonio del señor Darcy, sin llevar la cuenta de cuántas veces había leído y releído esa escena, sonó el timbre. Ni siquiera hice amago de levantarme a abrir la puerta, nada me iba a apartar de una de mis escenas favorita del libro.

Sin embargo Alice tenía otros planes para mí.

- ¡Bella! – gritó Alice desde su habitación - ¿Puedes ir a abrir tú? Debe de ser el compañero de Jasper.

Gruñí pero me dirigí a la puerta sin protestar. No quería conocer ya a mi nuevo "compañero" pero supuse que no me quedaba otra. Al fin y al cabo esa noche un extraño iba a dormir en mi casa así que de poco servía retrasar unos minutos más el momento de conocerle.

Abrí la puerta de un tirón pero todo el malhumor se escapó de mi cuerpo y fue reemplazado por estupor en cuanto levanté la vista hacia el intruso.

Una sonrisa torcida correspondió a mi mueca helada.

- Hola, Bella.


Bueeeeno no creo que haya muchas dudas sobre quién es el intruso... supongo que lo de la sonrisa torcida es una pista suficiente.

kiria me preguntó en su review si el fict iba a tener 5 capítulos, uno por cada razón. La respuesta es no, va a ser algo más largo y lo de las 5 razones tiene su explicación en el próximo capítulo.

Así que ya sabeis, que me encantaría leer qué os ha parecido (mensaje subliminal: reviews por favorrrrr XD). Además ya veis que cuanto más inspirada estoy, menos tardo en actualizar e inspiración=reviews.

Hasta el próximo capi.

Bars.