Os quiero. Lo sabíais ¿verdad? Muchas gracias por los reviews y por agregarme a favoritos. Siento mucho no haber contestado los reviews del último capi pero apenas he tenido tiempo y además con el sistema de contestarlos me lío... nunca sé si los he contestado ya o no ¬¬ Pero en este capi los contesto. ¡Lo prometo!

Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia original ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.

CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.

[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?


CAPÍTULO 3. MIS CINCO RAZONES

- ¡Bella! – gritó Alice desde su habitación - ¿Puedes ir a abrir tú? Debe de ser el compañero de Jasper.

Gruñí pero me dirigí a la puerta sin protestar. No quería conocer ya a mi nuevo "compañero" pero supuse que no me quedaba otra. Al fin y al cabo esa noche un extraño iba a dormir en mi casa así que de poco servía retrasar unos minutos más el momento de conocerle.

Abrí la puerta de un tirón pero todo el malhumor se escapó de mi cuerpo y fue reemplazado por estupor en cuanto levanté la vista hacia el intruso.

Una sonrisa torcida correspondió a mi mueca helada.

- Hola, Bella.

No sé cuánto tiempo me quedé con la boca abierta, pero debieron de pasar unos cuantos minutos ya que la sonrisa de Edward desapareció y me miró con preocupación.

- ¿Bella?

Cerré la boca al escuchar de nuevo su voz.

- ¿Edward? – pude articular al fin.

Edward volvió a esbozar su media sonrisa.

- ¿Puedo pasar? No he traído mucho equipaje pero la verdad… estas cajas pesan.

En ese momento me di cuenta de que Edward estaba cargando una gran caja de cartón y que a sus espaldas, en el suelo, había unas cuantas más. Si a esas alturas me quedaba todavía alguna duda sobre quién iba a ser mi compañero de piso durante el próximo mes, en ese momento se disiparon todas.

Me hice a un lado para dejarle pasar y después salí al pasillo para ayudarle a meter todas las cajas dentro. Cogí una de ellas, la que parecía más ligera, pero ni siquiera pude levantarla dos centímetros del suelo. Mierda. Pesaban de verdad.

Edward se rió a mis espaldas.

- Te dije que pesaban.

No fui capaz de responder porque en ese momento Edward se agachó y mis ojos captaron una imagen fatídica para mi pobre y tocado cerebro: pude contemplar en primera persona cómo se tensaban los músculos de sus brazos al recoger las cajas del suelo y llevarlas hasta el salón. Eso era más de lo que necesitaba. Suspiré. Aquel mes iba a ser muy largo.

En cuanto hubo trasportado todas las cajas al interior del apartamento, entré y cerré la puerta con cuidado. Edward, hasta ese momento de espaldas a mí, se dio la vuelta y me dedicó una sonrisa.

- Bueno compañera, ¿cuál es mi habitación?

Antes de que pudiera responder, Alice apareció en el salón como un torbellino seguida de Jasper.

- ¡Edward! ¡Ya estás aquí! – le dirigió una amplia sonrisa y se volvió para mirarme – Éste es el mejor amigo de Jasper, Edward Cullen y ella es…

- Bella Swan – interrumpió Edward.

Alice nos miró con sorpresa.

- Oh, ya veo que ya habéis hecho las presentaciones.

. De hecho ya nos conocíamos de antes – explicó Edward – Nos vemos en la biblioteca todas las tardes.

Alice no necesitó más explicaciones. Le bastó relacionar la palabra "biblioteca" con mi evidente cara de empanada, esa que ponía solo cuando un chico me gustaba de verdad, para comprender toda la situación. Confiaba en que no se le escapara nada embarazoso, pero pretender que mi amiga mantuviera la boca cerrada era, como siempre, pedir demasiado.

- Así que eres el chico de la b…

Le pisé el pie con fuerza y sin ningún disimulo. Lo único que me faltaba era que Edward se enterara de que no era cualquier chico, sino el chico de la biblioteca. Jasper y él nos miraron extrañados.

- El chico… el chico con él que te vas a llevar de maravilla este mes – se corrigió Alice; puse los ojos en blanco… ¿esa era su manera de arreglar su metedura de pata?

El resto de la tarde fue un auténtico desastre. Mientras Edward trasladaba todas sus cosas a la habitación de Alice, Jasper trataba de terminar de recoger todas las cosas de su novia que, por otra parte, estaba demasiado sobre excitada con la perspectiva de que su mejor amiga fuera a convivir un mes con el chico de la biblioteca como para centrar su atención en algo tan mundano y carente de interés como su propia mudanza. Consecuencia: yo intentaba aislarme con mi ejemplar de Orgullo y Prejuicio y Alice no paraba de enviarme miradas emocionadas y risitas tontas. A estas alturas, estaba segura de que ya pensaba en el color de los vestidos de las damas de honor de mi boda.

Realmente no sé cómo logré sobrevivir a aquella tarde, a la aparatosa mudanza de Alice y al momento en el que mi traidora amiga me dejó allí sola. Sola con el chico de la biblioteca, a partir de ese momento compañero de piso.

La primera noche sin Alice fue dura. No es que se hubiera mudado al otro lado del planeta por tiempo indefinido pero en fin, era mi mejor amiga desde que tengo memoria y no pude evitar cierta sensación de abandono cuando la vi salir por la puerta con todas sus cosas. Y además estaba enfadada con ella, por tenderme una trampa así y por pretender que conviviera un mes con un chico como Edward sin pillarme totalmente por él.

Dejé caer la taza del desayuno sobre la mesa con más fuerza de la debida cuando me di cuenta de que exactamente eso es lo que pretendía Alice.

- Maldita duende traidora planificadora de la vida amorosa de sus amigas – siseé para mí misma.

Encendí mi ordenador portátil y me dejé caer con él sobre mis piernas en el sofá del salón. Eché un rápido vistazo a la puerta de la habitación de Edward y suspiré con alivio al comprobar que todavía estaba cerrada. Con él fuera de mi vista, mi cerebro funcionaba todo lo correctamente que se podía esperar de él y francamente, a esas horas de la mañana no me apetecía empezar ya a perder facultades en mis neuronas. No cuando en apenas treinta minutos tenía que exponer mi trabajo de mitad de semestre delante de toda mi clase.

No había terminado de agradecer que Edward estuviera todavía durmiendo cuando a mis espaldas oí como la puerta de su habitación se abría. Me maldije a mí misma y traté de centrar toda mi atención en la pantalla del ordenador y en el texto que tenía que exponer esa mañana, pero no pude evitar escuchar como Edward se acercaba a la cocina.

- Buenos días, Bella.

Ni siquiera levanté la vista del ordenador ni me di la vuelta para mirarle.

- Buenos días, Edward.

Logré mantener mis ojos apartados de él durante exactamente dos minutos, el tiempo que duró mi autocontrol. Y entonces cometí el error garrafal de darme la vuelta para mirarle de reojo.

Casi me atraganté con el zumo de naranja, pero por suerte pude disfrazar mi grito de sorpresa con toses falsas. En mi cocina, en mi sosa y aburrida cocina, había una especie de dios griego en ropa interior perfectamente cincelado, solo que en vez de hecho de mármol estaba hecho de carne. Y vaya carne.

Si ni siquiera estaba segura de sobrevivir al primer día de convivencia, ¿cómo iba a aguantar todo un mes?

Edward me dedicó su sonrisa torcida, marca de la casa.

- ¿Ocurre algo?

Negué débilmente con la cabeza y automáticamente sentí mis mejillas arder. Me volví rápidamente hacia mi ordenador y traté con todas mis fuerzas de concentrarme en la pantalla pero la verdad, ¿cómo podía concentrarme sabiendo que eso estaba a mis espaldas y se paseaba por mi casa en ropa interior? ¿Era así de descuidado o lo hacía a propósito? ¿No se daba cuenta de que yendo semidesnudo por mi cocina anulaba cualquier capacidad mental que yo pudiera tener?

Cerré la tapa del ordenador con brusquedad y me fui a mi habitación, cerrando la puerta a mis espaldas. Apoyé todo mi peso contra ella y me dejé caer hasta que estuve sentada en el suelo.

Obviamente esto complicaba mucho mi situación. Una cosa es que tuviera que arreglármelas todas las tardes en la biblioteca con mi principal motivo de desconcentración y otra muy diferente que se viniera a vivir a mi casa. Tenía que sobrevivir a este mes de convivencia, a ser posible con todas mis neuronas intactas. Si la simple visión de Edward sin camiseta, por muy bien formado que estuviera, ya me hacía hiperventilar y perder toda posibilidad de actuar con coherencia, no quería ni imaginar lo que ocurriría cuando abriera la boca y soltara cuatro palabras agradables. Y estaba segura de que lo haría. Preferiría que fuera un capullo insoportable, pero tenía bastante experiencia con los de esa especie como para saber ya que Edward no entraba dentro de esa categoría.

Así que necesitaba motivos. Sabiendo que estaba destinada a pillarme por Edward, necesitaba motivos para… bueno, para no enamorarme de él.

Me levanté rápidamente del suelo y cogí papel y un boli de mi escritorio. Suena patético, pero si escribía esos motivos, si los colgaba en el corcho de mi habitación y los repasaba cada mañana, confiaba en que eso me ayudaría a pensar con la cabeza y actuar con normalidad cuando él estuviera alrededor.

Le quité la tapa al boli y comencé a escribir apresuradamente.

CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE DE EDWARD CULLEN

1. Iniciar una relación supone:

a) Liberar una cantidad excesiva de hormonas.

b) Fantasear horas ilimitadas sobre qué hacer con tu chico y/o qué te gustaría que te hiciera.

c) Constante tensión sexual.

Todo eso no ayuda a la CON-CEN-TRA-CIÓN. Lo único que pido en la vida es concentración. Primero, Alice me la robó en el apartamento. Luego, Edward apareció por la biblioteca y mi cerebro se negó a elaborar pensamientos coherentes mientras él estuviera allí. Y ahora, la causa de mi falta de concentración se traslada a vivir a mi casa, pared con pared, y se dedica a pasearse en calzoncillos por mi cocina.

Concentración.

¿Es que pido demasiado?

2. Edward es el mejor amigo del novio de mi mejor amiga.

Eso no supondría ningún problema en circunstancias normales. Pero cuando tu mejor amiga es un duendecillo maléfico llamado Alice, comenzar a salir con el mejor amigo de su novio equivale a auto-mutilarse. A no ser, que quieras aguantarle en modo de "duendecillo-sobre-excitado" permanentemente on y constantemente planeando citas a cuatro.

3. Incompatibilidad de caracteres.

¿Su extraña afición por pasearse en ropa interior por toda la casa cuando yo estoy cerca de él puede considerarse como incompatibilidad de caracteres?

Necesito desesperadamente razones con las que rellenar esta lista.

4. Incompatibilidad física.

Esto es un hecho constatado. Es más perfecto de lo que una tiene derecho a pedir. Y todos sabemos que no está bien pedir más de lo que uno merece.

5. (Y la más importante) Está pillado.

Pillado por una especie de intento de modelo recauchutado y… rubia. Pero pillado.

¿Por qué el mundo es tan cruel?

Releí la lista y sonreí con satisfacción. Esto me ayudaría. Y si no lo hacía… bueno, si no lo hacía estaba perdida.

Colgué la lista en el corcho de mi habitación y recogí mis libros y mi bolso antes de salir corriendo hacia la universidad.

* * * * *

- Gran exposición, Bella.

Levanté la cabeza de mi libro y le dirigí una sonrisa falsa al chico que me había hablado. Mike Newton. Un auténtico dolor de muelas.

- Escucha Bella, ¿qué te parecería si… - Mike se pasó una mano nerviosamente por el pelo; intenté no bufar malhumorada al saber lo que venía a continuación – qué te parecería si quedáramos hoy? Ya sabes, para celebrar tu gran exposición.

¿Se entiende por qué Mike es como un dolor de muelas para mí? Cuando una chica rechaza nueve veces tener una cita contigo, quizás deberías empezar a pensar que esa chica no está interesada en ti.

Estaba a punto de decirle "no" por décima vez cuando Angela, mi salvadora, apareció de la nada.

- Ha quedado para cenar conmigo – Mike abrió la boca para añadir algo pero Angela se le adelantó – Toda la semana.

- Está bien. Tal vez la semana que viene tengas algún día libre para quedar conmigo.

Le sonreí sin comprometerme a nada y Mike se fue al otro lado del aula con su grupo de amigos. En cuanto se dio la vuelta, hice el amago de querer vomitar. Angela no pudo reprimir una pequeña carcajada.

- Es… - comencé, sin encontrar la palabra adecuada para definirle.

- ¿Irritante?

- Jodidamente asqueroso.

- Sí, creo que eso también – rió Angela.

Cuando nuestras pequeñas carcajadas se apagaron, mi amiga se me quedó mirando con expresión pensativa.

- ¿Tan mala pinta tengo? – pregunté.

Ella negó con la cabeza pero no dijo nada. Al contrario que Alice, la táctica de Angela consistía en no preguntar directamente pero hacerte saber con sus gestos que sabía cuando algo iba mal.

- Suéltalo ya, Angela.

- Bueno, la verdad, tienes una pinta horrible Bella – dijo al fin.

Suspiré. Aún no habían pasado 24 horas y todo el tema de Edward ya me estaba agotando. En fin, tener la tentación en casa y toda la autodisciplina, y el autocontrol, y el no mirarle cuando se pasea en ropa interior por mi cocina, y el aguantar los impulsos de lanzarme sobre él cada vez que le veía, y...

Céntrate, Bella.

Esto iba a acabar conmigo.

- ¿Recuerdas el chico que os señalé a Ben y a ti el otro día en la fiesta?

- ¿El hermano de Emmett Cullen? ¿El chico de la biblioteca?

Asentí levemente.

- Pues… digamos que ha pasado de ser el chico de la biblioteca a mi nuevo compañero de piso.

Angela abrió los ojos con sorpresa.

- ¿Él es el mejor amigo de Jasper? ¿Su compañero de piso? – volví a asentir - ¿Alice lo sabía cuando organizó todo lo de la mudanza?

- No, Alice no sabía que Edward era el chico de la biblioteca, pero te aseguro que está encantada – fruncí el ceño al recordar a Alice dando saltos por toda la casa al enterarse de la noticia – Apuesto que piensa que todo esto es cosa del destino o de esa mierda que lee en el horóscopo todas las mañanas.

Angela no dijo nada. Ni siquiera se rió del estúpido hábito de Alice de leer el horóscopo en el periódico todos los días, como hacíamos siempre. La miré horrorizada.

- ¿No pensarás que es cosa del destino?

Dudó antes de responder.

- No es eso, es solo que… bueno, demasiada coincidencia.

Bufé y dejé caer la cabeza sobre la mesa. Empecé a golpearme contra ella. Era lo único útil que se me ocurría hacer en ese momento. Angela me sujetó por los hombros, impidiendo que continuara con mis intentos de abrirme la cabeza contra la mesa.

- No entiendo por qué estás tan irritada. Es como si te hubieran dado la oportunidad perfecta… ya sabes, el chico por el que estás colada se presenta en tu casa y vais a convivir juntos durante un mes. Si a mí me hubiera pasado eso, las cosas con Ben hubieran sido mucho más fáciles.

- No lo entiendes Angela. El problema es ése, que estoy colada por él. Y no quiero – expliqué. Con Alice no iba a poder, pero Angela era racional. Tenía que hacerle entender que todo aquello era como un gran un dolor de cabeza – No soy capaz de actuar con normalidad cuando estoy alrededor suyo y mierda, voy a estar alrededor suyo durante un mes. Pretendo salir viva de todo esto ¿sabes? Y no tener que hiperventilar o balbucear cada vez que le vea en casa. Y además, tiene novia.

Angela frunció el entrecejo, analizando mi explicación.

- Bueno, supongo que eso es un punto a tener en cuenta.

Puse los ojos en blanco. ¿Solo un punto a tener en cuenta? Era el principal motivo de mi lista. Sin él, estaba segura de que todos los demás se caerían con una sola sonrisa torcida de Edward.

- Ya sé que voy a sonar más patética que nunca – comencé, dispuesta a explicarle todo lo relacionado con la lista que había hecho esa mañana – pero cuando hoy se levantó y le vi paseándose en calzoncillos por mi cocina…

- ¿Se pasea en calzoncillos? – me interrumpió Angela, alzando las cejas sorprendida.

- Sí. Y es muy molesto.

- ¿Molesto? ¿Quieres decir que es desagradable para la vista?

Lo que había visto esa mañana pasearse por mi cocina podía calificarse de cualquier manera excepto desagradable para la vista.

- Todo lo contrario, Angela. Y ése es el problema, no ayuda a que mi cerebro piense con claridad, ¿comprendes?

Angela asintió con la cabeza. Sabía que me entendería, que ella era una persona racional que pensaba con la cabeza y no alguien que seguía al pie de la letra el decálogo de trucos para cazar a un chico de la Cosmopolitan, como Alice.

- Así que cuando le vi hoy… así… en mi cocina, me di cuenta de que tenía todas las papeletas para enamorarme de él. Y no quiero. Necesitaba motivos para no hacerlo así que hice una especie de lista.

- ¿Una lista?

- Sí, ya sabes, algo como "Cinco razones para no enamorarse de tu compañero de piso".

Angela apretó los labios, tratando de contener la risa.

- No es gracioso – dije malhumorada.

- Sí lo es. Y lo sabes – me llevó ella la contraria – Solo alguien que ha visto tantas veces "10 razones para odiarte" y "Cómo perder a un chico en 10 días" sería capaz de hacer una lista de ese tipo. Seguro que a Alice le va a encantar.

- Eso nunca lo sabremos porque ni tú ni yo le vamos a contar a Alice nada sobre esa lista – Angela abrió la boca para protestar pero corté su réplica – No quiero que Alice se entere y me empapele la habitación con su propia lista de "150 razones para enamorarse de Edward Cullen"

- ¿Estás saliendo con Edward Cullen? – preguntó una voz chillona a nuestras espaldas.

No tuve que darme la vuelta para saber que Jessica Stanley y su falsa sonrisa estaban ahí. Pero aún así lo hice.

Si Mike Newton era un dolor de muelas, Jessica Stanley era como ir al dentista para quitarse esa muela sin anestesia. Insoportable.

- ¿Le conoces? – pregunté sin suavizar mi tono malhumorado.

- No personalmente pero sí de vista. Es bastante difícil no fijarse en él. Además, es el hermano de Emmett Cullen… todo el mundo en la universidad conoce a Emmett Cullen pero su hermano… - Jessica gesticuló con las manos exageradamente – su hermano es una especie de dios del sexo.

Fruncí el ceño. Por lo poco que había visto esa mañana no es que pudiera discutir esa definición, pero…

- ¿Lo dices por experiencia? – se me adelantó Angela.

Jessica bufó. Ya le gustaría.

- Ya me gustaría – dijo ella – Pero ese chico tiene la palabra sexo escrita en la frente. El pelo, los ojos, los brazos…

la voz, el olor, la sonrisa, su abdomen

Ya.

Céntrate, Bella.

Retomé el hilo de la conversación justo para escuchar algo que no me gustó.

- … y me extrañaba que Bella estuviera saliendo con Edward Cullen.

- ¿Por qué? – pregunté bruscamente - ¿Porque yo no puedo estar con un chico que tenga la palabra sexo escrita en la frente?

Angela me dio un disimulado codazo para que me calmara.

- No es por eso – replicó Jessica esbozando una sonrisa que quería decir es exactamente por eso – Pero por lo que tengo entendido, Edward Cullen tiene novia. Un chica muy guapa, alta, rubia…

una especie de Barbie recauchutada. Sí, la conozco. Y por mucho que me desagrade, es mi única esperanza para que mi lista de "cinco razones para no enamorarse de Edward Cullen" aguante intacta todo el mes.

Ese día opté por quedarme a comer en la universidad, con el objetivo de posponer lo máximo posible mi reencuentro con Edward. Cuando llegué a casa y descubrí que él ya se había ido a la biblioteca, pensé que por lo menos mi sacrificio de aguantar la horrible comida de la cafetería no había sido en vano. Con el apartamento libre para mí, sin amigas hiperactivas ni compañeros de piso que me distrajeran, era el momento perfecto para sacar mis libros y estudiar en paz, pero después de una mañana tan tensa como aquella decidí tomarme la tarde libre.

Apenas me había tumbado en el sofá con mi pijama, mi taza de café y mi película romántica favorita con la intención de llorar un poco, cuando sonó el timbre. Refunfuñando, me levanté a abrir la puerta para encontrarme con una especie de modelo recién salida del nuevo catálogo de lencería de Victoria's Secret.

La Barbie recauchutada.

- ¡Hola! – saludó ella, esbozando una gran sonrisa que dejaba ver su perfecta dentadura – Tú debes de ser Bella, ¿verdad?

Asentí con la cabeza sin abrir la boca y ella me plantó dos sonoros besos en las mejillas.

- Yo soy Tanya – se autopresentó. Sin borrar la sonrisa, alzó el cuello para escrutar el interior del apartamento - ¿Está Edward por aquí?

- No. Creo que está en la biblioteca.

La Barbie recauchutada… quiero decir, Tanya frunció ligeramente el ceño y su enorme sonrisa perdió algo de intensidad.

- Ya… escucha Bella, ¿podrías darle un recado de mi parte? – asentí de nuevo y ella me tendió una bolsa – El otro día se dejó esta camiseta en mi casa. ¿Puedes dársela? Quizás la necesite.

Volví a asentir sin ocultar mi escaso interés por entablar conversación con ella.

- Encantada de conocerte, Bella.

Sin esperar mi respuesta, Tanya se dio la vuelta y desapareció de mi vista.

- Lo mismo digo, Tanya – repliqué con sarcasmo.

Cerré la puerta de un portazo. Saqué la camiseta de Edward de la bolsa y la contemplé durante unos segundos. Dejarte ropa en casa de tu novia es tan típico… con esto ni siquiera Alice podría negar que Edward y la Barb… y Tanya estaban juntos.

Me dejé caer de nuevo sobre el sofá tratando de hacer desaparecer el malhumor. Apenas había intercambiado cuatro palabras con Tanya, por lo que no podía opinar sobre ella. Vale, era demasiado guapa. Sí. Pero seguramente también era una chica amable, educada y divertida. Y aunque no lo fuera, debía recordar que era mi principal ayuda en todo esto y el motivo con más peso en mi lista.

* * * * *

Edward regresó a casa tarde, cuando yo ya estaba semi dormida en el sofá viendo reposiciones de la serie de televisión favorita de Alice. Oí como calentaba algo de comida en el microondas y minutos después se sentó a mi lado con un plato en las manos.

El olor a comida recalentada me sacó de mi sopor y me hizo levantar la cabeza para mirarle.

- ¿Qué es eso? – pregunté con voz soñolienta.

Edward examinó el contenido de su plato con el ceño fruncido.

- Exactamente no lo sé. Y prefiero no saberlo – alcé las cejas para que se explicara mejor – Alice – dijo simplemente.

No necesité una explicación más concreta. Seguramente Alice había preparado uno de sus platos estrella en cantidades industriales suficientes para un mes y nos había llenado la nevera con tuppers, pensando que ninguno de los dos seríamos capaces de alimentarnos mientras ella estuviera con Jasper.

- Suerte con ello. Espero que tengas un estómago a prueba de bombas… lo vas a necesitar.

Edward frunció de nuevo el ceño y dudó unos instantes antes de decidirse a probarlo. Volví a dejar caer la cabeza en el sofá y cerré los ojos, mientras la televisión sonaba de fondo. No pude evitar dar las gracias internamente porque en esos momentos Edward estuviera vestido de la cabeza a los pies… estaba segura que no podría aguantar emociones tan fuertes como las de esta mañana.

Estaba a punto de dormirme cuando su voz aterciopelada volvió a sonar.

- ¿Qué estás viendo?

Abrí los ojos e intenté enfocarlos en la pantalla.

- House, temporada dos. Creo que… - hice la cuenta mentalmente – por tercera vez.

Edward rió suavemente.

- ¿En serio? ¿Estás viendo reposiciones de una serie por tercera vez? – asentí con la cabeza y él sonrió – Vaya, yo no hacía eso desde que dejaron de emitir el Príncipe de Bel Air… ¿No te sabes ya los diálogos de memoria?

- Creo que hay partes que sí.

Su sonrisa se acentuó.

- ¿Tanto te gusta?

- Es culpa de Alice. Me obliga a verla todas las semanas – aclaré – Dice que le parece muy atractivo.

- ¿Atractivo? – Edward alzó las cejas con incredulidad - ¿Un tipo amargado que dice todo lo que le pasa por la cabeza sin ningún filtro y sin importarle los sentimientos de los demás? Mejor que Jasper no se entere, quizás se sentiría ofendido – quitó la vista de la pantalla para mirarme y sacó a relucir su sonrisa torcida - ¿A ti te parece atractivo?

Edward no borró su media sonrisa mientras me miraba, aguardando mi respuesta. ¿Era consciente de lo que provocaba con esa sonrisa? Traté de centrarme en su pregunta al tiempo que me ordenaba a mí misma no empezar a hiperventilar.

- Mmm… supongo que a veces puede resultar muy desagradable. Pero es inteligente, punzante e irónico… creo que eso le hace bastante atractivo.

Él arrugó la frente y se quedó en silencio durante unos segundos con la vista clavada en la pantalla, como si estuviera analizando mi respuesta. Volvió a centrar su atención en mí y esbozó de nuevo mi sonrisa favorita.

- ¿Así que te atraen los médicos?

Noté como la sangre se concentraba en mis mejillas. Mi cuerpo no funcionaba con normalidad alrededor de Edward pero pude comprobar que las reacciones involuntarias, esas que teñían mis mejillas de rojo ante cualquier situación embarazosa, seguían en perfecto estado.

- No se trata de que sea médico – traté de explicar sin atreverme a mirarle a los ojos – Es solo por su personalidad. Resulta atractiva.

Edward pareció contrariado por mi respuesta.

- Vaya, yo creía que todo eso de la bata blanca y el estetoscopio les gustaba a las chicas. Ya sabes, como George Clooney en Urgencias. Algunos de mis compañeros se metieron en la carrera solo por eso… aunque en primero decidieron dejarlo.

Intenté impedirlo, pero numerosas imágenes de Edward con bata blanca y sin nada más debajo comenzaron a bombardear mi cabeza. Me sonrojé de nuevo y él me miró con curiosidad, sin saber lo que me provocaba vergüenza.

Traté de concentrarme en temas menos estimulantes. Como… el ritual de apareamiento de las mantis religiosas.

O el agujero de la capa de ozono.

O Mike Newton en ropa interior.

Sí, eso servía. Satisfecha, noté como lentamente disminuía el calor en mis mejillas.

Aún así, decidí que lo más sensato sería dirigir la conversación hacia terrenos menos incómodos.

- Esta tarde vino tu novia.

Oh sí, estupendo Bella, pensé para mí misma con ironía. Hablar de la Barbie recauchutada definitivamente era un tema menos incómodo.

- ¿Mi novia? – repitió él, abriendo los ojos con sorpresa.

Asentí con la cabeza y le señalé la bolsa que había dejado encima de la mesa.

- Vino a traerte esa camiseta. Dijo que te la habías dejado en su casa.

Edward ni siquiera se molestó en echarle un vistazo a la bolsa que yo le estaba indicando.

- ¿Has dicho mi novia?

Le miré confundida, sin comprender por qué parecía tan sorprendido de que su novia hubiera aparecido esa tarde por casa. ¿Acaso se le había pasado por alto comentarle a su novia el pequeño detalle de que se mudaba de casa durante un mes?

- Sí, tu novia – repetí pronunciando las palabras con lentitud – La Barb… Tanya.

Edward soltó una sonora carcajada y esa vez fui yo la sorprendida.

- ¿Qué es lo que te resulta tan gracioso?

- ¿Qué te hace pensar que Tanya y yo estamos juntos? – me devolvió él la pregunta.

Fruncí el ceño sin encontrarle explicación a su extraño comportamiento.

- Oh bueno, no sé… te dejaste ropa en su casa. Supongo que eso es lo que hacen las parejas cuando… pasan la noche juntos ¿no?

Edward me miró sin poder ocultar una sonrisa.

- Supongo – concedió él – Pero creo que éste no es el caso. ¿Recuerdas cuando el otro día en la fiesta … mmm… accidentalmente me tiraste tu copa encima? – Edward apretó los labios con fuerza como si estuviera tratando de aguantar la risa. Oh sí, por supuesto, tenía que recordar mi accidente – Tanya se empeñó en llevarme hasta su casa para darme algo de ropa limpia. Eso es todo.

¿Significaba eso lo que yo pensaba? Por favor, por favor, por favor, si hay alguien ahí arriba que se apiade de mí y me mande una señal para indicarme que estaba entendiendo mal lo que Edward trataba de decirme.

- ¿Entonces… - comencé a formular mi pregunta – Tanya y tú no estáis juntos?

- ¡No! – exclamó Edward volviendo a reírse – Tanya es una amiga… no, ni siquiera eso. Es una conocida y vaya, ni siquiera me cae especialmente bien.

Vale. Tenía un problema serio. Confiaba en Tanya y en su supuesta relación con Edward para ayudarme a llegar con mi lista intacta hasta el final del mes. Pero la Barbie recauchutada ni siquiera podía echarme una mano con eso.

Primera razón eliminada.

¿Cómo seguir con el plan si la razón más importante ya se ha caído de la lista?


Pobre Bella. La lista no le ha aguantado intacta ni siquiera 24 horas. Se admiten apuestas en forma de review sobre cuánto tardarán los demás motivos en caerse de la lista.

Intentaré actualizar antes de que termine la semana o como mucho a principios de la semana que viene. Pero he empezado hoy los exámenes y ni siquiera estoy segura de poder llegar viva al viernes así que... tened compasión de mí XD

Y ya sabéis, reviews=inspiración. Estoy muy contenta, que no decaiga el ritmo! =)

Hasta el próximo capi.

Bars.