Siento haber tardado tanto en actualizar pero por lo menos ya estábamos todos avisados de que este capi iba a tardar algo más. Creo que la espera ha merecido la pena porque este capi es bastante interesante. Y muchísimas gracias por todos los reviews, no puedo creer que en cinco capis haya pasado ya de 100 reviews. ¡Gracias!
Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.
CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.
[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?
CAPÍTULO 6. EL LADO OSCURO
A pesar de que ni yo misma me había dado 24 horas, lo cierto es que habían transcurrido ya dos semanas más desde aquella cena de seis y, sorprendentemente, ni mi lista había perdido más motivos (aunque eso tampoco era una gran hazaña teniendo en cuenta que tan solo le quedaban dos) ni yo había caído al lado oscuro.
De momento.
Cada vez se me hacía más imposible pasar por alto la interminable lista de virtudes de Edward, con la que podría rellenar todo un cuaderno a doble fila, y por supuesto mucho más larga y consistente que mi patética lista de cinco motivos para no enamorarme de él. A medida que pasaban los días, la convivencia con Edward resultaba cada vez más fácil y placentera. Su simple presencia continuaba desordenando todos mis procesos mentales y todavía no había sido capaz de deshacerme de mis típicos momentos de cuelgue mental, pero con el paso de los días había aprendido a sentirme más cómoda alrededor suyo y a actuar con naturalidad.
Nos habíamos hecho con nuestra propia rutina semanal para pasar tiempo juntos todas las noches y alternábamos las maratones de películas de los martes y jueves, con las partidas de Trivial y Monopoly de los lunes y miércoles. Lo sé, somos unos freaks sin remedio. Pero orgullosos de ello.
Desde aquel primer beso inocente en la mejilla después de la cena a seis, Edward no me había regalado más gestos ni más contacto físico del estrictamente necesario. Sé que puede resultar exagerado, pero dediqué dos tardes completas a analizar ese simple beso. Cualquiera con un mínimo de capacidad intelectual llegaría rápidamente a la conclusión de que aquello no fue más que un simple gesto de amistad sin doble sentido que buscarle. Pero creo que ya he mencionado alguna vez que mi cerebro no funciona en la misma frecuencia que el del resto de la humanidad, por lo que me vi inmersa en un debate interno entre mi parte racional y aquella otra disfuncional que opinaba que Edward estaba flirteando conmigo.
Como si eso fuera posible.
Así que a la dulzura, simpatía, inteligencia y caballerosidad de Edward y a mi permanente sensación de estar caminando sobre una línea muy delgada y a punto de caer al vacío, se añadía otro problema más: la constante tensión sexual. Aunque Edward no había traspasado en ningún momento los límites de nuestro prácticamente nulo contacto físico, en ocasiones tenía la extraña impresión de que se reprimía. Aunque no sabía exactamente de qué. Luego llegaba inmediatamente a la conclusión de que estaba sufriendo de nuevo alucinaciones mentales. El siguiente paso era el eterno debate existencial entre las dos partes de mi conciencia.
Sin olvidar por supuesto otro de mis grades problemas.
Problema que por cierto, en esos momentos llamaba insistentemente a mi teléfono.
- ¿Bella? – preguntó una voz cantarina en cuanto descolgué.
Alice.
Alice y sus llamadas histéricas, por supuesto.
- Alice – suspiré con cansancio.
Mi amiga no pareció darse por aludida e ignoró mi tono de voz, que no dejaba lugar a dudas sobre mi poca predisposición a entablar conversación esa tarde.
- ¿Cómo van las cosas por ahí? ¿Ya me echas de menos?
- Sí, Alice – respondí con el mismo tono aburrido – Te echo de menos lo mismo que hoy por la mañana cuando llamaste por última vez.
A pesar de que había pronunciado mis palabras automáticamente, sabiendo qué era lo que Alice quería escuchar, no pude evitar sentir una pequeña punzada de remordimiento. No es que estuviera mintiendo a mi amiga, pero quizás no le estaba contando toda la verdad. Echaba de menos tenerla por casa revoloteando, como había sido siempre, pero cada vez que pensaba en el día en que Edward empaquetara todas sus cosas y volviera con Jasper, sentía un extraño vacío en el estómago.
- Bien – dijo ella, evidentemente complacida - ¿Y Edward?
- En clase – contesté de manera escueta. Imploré internamente para que Alice se saltara esa parte de la conversación.
- ¿Cómo van los avances con él?
Suspiré. Mala suerte. Por lo visto mis ruegos no habían sido escuchados.
- Alice, no hay avances en el tema Edward porque no hay nada en lo que avanzar.
- Bella… - comenzó mi amiga al otro lado de la línea.
Si no quería morir de aburrimiento por culpa de otro de los discursitos de Alice (su preferido en ese momento llevaba el título de "porqué Bella debe enamorarse del mejor amigo de mi novio"), debía cortar sus réplicas rápidamente.
- Alice – la interrumpí con tono duro – Creo que ya hemos hablado demasiado sobre ese tema. Empieza a resultar repetitivo.
Escuché como resoplaba y supe que había ganado esa batalla.
- Está bien – cedió finalmente – Pero al menos podrás decirme qué tal resulta convivir con él. ¿O eso es mucho pedir?
Decidí pasar por alto el matiz irónico de sus palabras y responder.
- Nos va bien, Alice.
Responder de la manera más escueta posible, por supuesto. Con Alice, cuanta menos información esté en su poder, más fácil resultará tu propia supervivencia. Es una máxima que había aprendido con años y años de práctica.
- Bien – repitió ella – Es decir, que en el lenguaje de Bella "bien" quiere decir "estoy enamorada de él y a punto de tirarme encima suyo".
- ¡Eso no es verdad, Alice! – protesté. No es que aquello fuera técnicamente mentira, pero no había porqué ser tan directa.
- ¿Qué es exactamente lo que no es verdad? ¿Que estás enamorada de Edward o que estás a punto de tirarte encima suyo?
A pesar de que en esos momentos no podía verla, sabía exactamente el tipo de sonrisa que Alice llevaba pintada en su cara. Concretamente aquella que decía "te-tengo-pillada-y-no-puedes-escapar-de-mí".
- No tengo intención de tirarme encima suyo – especifiqué, sin querer extenderme mucho con mi respuesta.
- ¿Eso quiere decir que estás enamorada de Edward?
Medité unos segundos la pregunta que había formulado mi amiga. Desde el primer momento en que Edward abrió la boca y me quedé prendada de su voz aterciopelada y de sus palabras dulces, o retrocediendo incluso más en el tiempo y yendo a aquel primer y fatídico día en que le vi por primera vez en la biblioteca y sus ojos verdes se quedaron grabados en mi memoria, supe con toda certeza que tenía todas las papeletas para enamorarme de aquel misterioso chico de la biblioteca. ¿Pero había llegado ya a esa fase?
La palabra enamorarse entraba dentro de mi personal categoría de palabras de las que hay que estar muy seguro antes de pronunciarlas en voz alta. En mis veinte años de vida tan solo había sido capaz de utilizar ese aterrador verbo en una ocasión y las consecuencias no habían sido demasiado buenas como para querer repetir. No estaba segura de querer volver a pronunciar esa palabra.
Opté por quedarme en silencio, pero a la vista del pequeño grito histérico que me llegó al otro lado del teléfono, Alice interpretó que aquello era un "sí".
- ¡Dios mío, Bella! – exclamó, sin molestarse en ocultar la excitación en su voz – No pensé que viviría para ver esto de nuevo, desde lo de Jac…
- Alice. Para.
Mi frágil salud mental podía aguantar una conversación entera con Alice sobre Edward. Podía soportar incluso una conversación entera en la que Alice tratara de convencerme de que estaba enamorada de Edward. Pero para lo que todavía no estaba preparada era para sacar a la luz el tema de Jacob. Y menos para comparar aquello con lo que estaba ocurriendo con Edward.
Sobre todo si tenía en cuenta que en realidad, con Edward no estaba ocurriendo nada.
Tan solo una convivencia momentánea y quizás el inicio de una bonita amistad.
Una bonita amistad. Qué deprimente sonaba aquella frase.
- Está bien, Bella – cedió Alice – Sé cuando toco la fibra sensible. Solo quiero asegurarme que no dejas escapar tus oportunidades por miedo.
- Alice, cuando se me presente una oportunidad no la dejaré pasar. Pero te aseguro que éste no es el caso.
Alice suspiró pesadamente al otro lado de la línea.
- Espero que cuando te decidas a admitir la realidad, no sea demasiado tarde.
Colgué el teléfono y me dejé caer sobre mi cama, enterrando la cabeza en la almohada como si con ello pudiera ahogar mis pensamientos. Sin embargo la conversación con Alice había sido más profunda de lo que hubiera deseado y mi mente ya había comenzado a funcionar a toda velocidad sin que yo le hubiera dado permiso.
Quería pensar que todavía no me había enamorado de Edward, que mi endeble lista guardada en el fondo de mi armario me había ayudado a mantener la cordura. El problema es que no estaba segura de ello. En aquel momento, de lo único que estaba segura era de que Edward me hacía sentir cómoda, segura, confiada, feliz. Me hacía sentir bien.
Y en aquel instante, en el que descubrí que Edward sencillamente me hacía sentir bien, mucho mejor de lo que cualquiera me había hecho sentir hasta ese momento, tuve una epifanía: caminaba sobre una delgada línea, suspendida sobre el vacío, sin arnés ni nada que pudiera mantenerme segura y estaba a punto de caer al lado oscuro. Y sin embargo no me importaba, porque caer nunca me había parecido tan apetecible.
Con esa revelación retumbando en mi cabeza, me levanté de la cama y abrí bruscamente la puerta de mi armario. Rebusqué frenéticamente entre mi ropa hasta que encontré mi pequeña lista. En cuanto la tuve en mi mano, mi primer impulso fue el de romperla en pedazos, pero afortunadamente me detuve justo a tiempo. Recordé la cena de hacía dos semanas y el modo en que Edward se había revuelto incómodo en su asiento cuando pregunté cómo había logrado Alice convencerle para que se viniera a vivir conmigo. Edward había evitado darme una respuesta. La posibilidad de que Alice le hubiera sobornado de alguna manera nunca me pareció más factible que en ese momento.
Escuché como la puerta del apartamento se abría y su voz aterciopelada me llegó desde el salón, llamándome. No necesitaba asomarme para ver de nuevo su rostro de facciones perfectas, su adorable sonrisa torcida o su cabello desordenado. Si cerraba los ojos era capaz de dibujar todo aquello en mi mente.
Suspiré antes de devolver mi lista al fondo del armario. Edward era demasiado para mí y no podía aspirar a nada más que a tener una amistad con él. Debería confiar en mi pequeña lista para mantener la poca cordura que aún conservaba.
* * * * *
- ¿Entonces vienes esta noche con nosotros, Bella?
Ben me miró con rostro esperanzado. Angela alzó las cejas esperando mi respuesta, aunque ya la sabía de sobra, y a su lado Eric, el mejor amigo de Ben, había compuesto la misma mueca esperanzada que su amigo.
- No.
Los dos chicos gruñeron con enfado y Angela tan solo negó levemente con su cabeza al confirmar sus sospechas.
- Vamos Bella, por ir al cine con nosotros no te va a pasar nada – lo intentó Eric.
- No – repetí una vez más.
Ben y Eric llevaban toda la semana detrás de mí con el único objetivo de que aceptara ir con ellos al cine el viernes. No es que no hubiera hecho aquello un montón de veces antes ni que el plan no me hubiera resultado agradable en otras ocasiones, pero la idea no me resultaba nada apetecible ahora que Eric también estaba emparejado. No, definitivamente el plan de pasarme la noche del viernes en el cine con dos parejitas montándoselo en las butacas no me resultaba muy atractiva.
No me quedé para escucharles quejarse de nuevo. Dejé mi abrigo y mis libros sobre la mesa de la cafetería de la universidad donde se habían sentado mis amigos y me dirigí al mostrador a por algo de comer. Confiaba en que a mi vuelta hubieran captado ya mi poco sutil mensaje y se hubieran dado cuenta de que "no" significaba exactamente "no" y no algo del tipo "me lo pensaré" o "quiero ir pero también quiero que insistáis más".
- De acuerdo Bella, hemos estado negociando intensamente y creo que podemos llegar a un acuerdo contigo – anunció Ben en cuanto regresé a sentarme con ellos – Si vienes hoy con nosotros, Angela está dispuesta a hacerte todas las prácticas durante lo que queda de semestre.
- ¡Ben! – exclamó su novia – Yo no he dicho nada de eso.
- Angela – dijo Ben volviéndose hacia ella y hablando en tono conspirador – A veces hay que hacer grandes sacrificios para conseguir lo que uno quiere. ¿No quieres que Bella venga hoy con nosotros?
Sí, pero lo que no quiero es pasarme esclavizada el resto del semestre haciendo sus prácticas.
Chicos – interrumpí la discusión – No voy a ir. No iría ni aunque Angela se prestara a hacer todos mis exámenes de la carrera por mí.
- Eres una aguafiestas, Bella. ¿Lo sabías, no? – intervino Eric.
Le dediqué mi sonrisa más irónica.
- Creo que alguien me lo había dicho antes, Eric.
Eric me devolvió el gesto y compuso su mueca más burlona. Ben por su parte se me quedó mirando con expresión pensativa, como si estuviera calculando su próximo movimiento. Comencé a comer con parsimonia, preparándome mentalmente para neutralizar el siguiente ataque.
- ¿Y si te conseguimos una cita para esta noche? – propuso Ben.
Puse los ojos en blanco. ¿Ese era su plan alternativo para convencerme? Con lo de Angela y la posibilidad de librarme de todas mis prácticas ese semestre quizás podría haber tenido una oportunidad, pero lo de conseguirme una cita era un intento destinado al fracaso. ¿Acaso Angela no le había mencionado mi cuelgue con mi compañero temporal de piso?
- Si estás pensando en Newton…
- Me refería a Tayler.
Fingí considerar su proposición durante unos segundos aunque ya tenía clara mi respuesta antes de que Ben la hubiera formulado en voz alta.
- Ni hablar.
Ben y Eric abrieron la boca para protestar pero Angela les silenció con una mirada. Mi amiga comprendía que en esos momentos en mi cabeza no cabía nada más que no fuera Edward y que arreglarme citas era una completa pérdida de tiempo. Confiaba en que Angela fuera capaz de mantener a su novio a raya.
Sin embargo sobreestimé la ayuda que mi amiga podría prestarme y esa misma noche tuve la oportunidad de comprobarlo.
Me encontraba tumbada en el sofá, con el pijama ya puesto y Edward estaba en la cocina preparando la cena y con la intención de someterme a una sesión intensiva de El Señor de los Anillos en contra de mi voluntad. Cuando sonó el timbre y me levanté a abrir la puerta, en absoluto esperaba encontrarme a Angela y a Ben al otro lado.
Entorné los ojos con cautela en cuanto les vi y ni siquiera me molesté en saludarles.
- No pienso ir al cine con vosotros – les advertí.
- Viva la buena educación – murmuró Ben por lo bajo antes de pasar al salón y cerrar la puerta a sus espaldas.
Le lancé a Ben una mirada envenenada para hacerle saber que le había oído pero me mantuve callada. Me crucé de brazos y les observé en silencio durante unos segundos, esperando a que alguno de los dos abriera la boca.
Finalmente fue Angela la que se dio por vencida.
- Bella, hemos venido a sacarte a la fuerza de casa. Sabes que lo vamos a conseguir así que cuanto menos te resistas, mejor para todos.
Miré a Angela fijamente sin ocultar mi sorpresa por sus palabras. ¿Dónde estaba la Angela inocente y respetuosa con las elecciones de los demás que había conocido en mi primer año en la universidad? Definitivamente haber conocido a Alice había corrompido toda su inocencia.
- Angela, llevo toda la semana diciendo que no voy a ir. ¿Qué te hace pensar que he cambiado de opinión?
- Eric y su novia nos están esperando abajo. Vístete y vámonos, Bella – Angela me miró con ojos suplicantes – Vamos, va a ser divertido.
- No voy a pasar la noche del viernes rodeada de parejitas felices – me adelanté a la réplica de Ben antes de que pudiera abrir la boca – Y no Ben, no quiero que me busques ninguna cita.
- Yo podría ser tu cita – dijo una voz aterciopelada a mis espaldas.
Giré el cuello con tanta rapidez que me extrañó no habérmelo roto. Allí, apoyado contra el marco de la puerta de la cocina y con los brazos cruzados sobre el pecho, estaba Edward mirándome con expresión divertida. Abrí los ojos con sorpresa al darme cuenta de que la palabra "cita" había salido de sus labios y estaba dirigida sin duda hacia mí. Edward contempló mi expresión y borró su sonrisa antes de rectificar.
- Quiero decir… como amigos. Ya sabes, para que no te sientas incómoda.
Le miré durante unos segundos más sin decir nada, tratando de descifrar sus palabras. Sinceramente y a pesar de que aborrecía con todas mis fuerzas El Señor de los Anillos, prefería quedarme toda la noche en casa con Edward sola para mí. Soy egoísta, lo sé.
Pero Edward había pronunciado la palabra "cita".
Aunque luego había especificado que iríamos como amigos.
¿Por qué todo tenía que ser tan confuso?
Angela carraspeó a mi espalda urgiéndome a que respondiera.
- No – dije finalmente, mirándole a los ojos. Me volví hacia Angela y Ben – No voy a ir. Edward tenía pensado ver…
- Siempre la podemos ver otro día – cortó él.
- Pero acabas de hacer la cena y…
- Para algo se inventaron las neveras, ¿verdad?
Cerré la boca y le miré intensamente. Traidor. Él tan solo esbozó su típica sonrisa torcida.
- Entonces decidido – intervino Angela, sin ocultar del todo la excitación en su voz – Edward y tú os venís con nosotros.
Así que en contra de mi voluntad, me vi obligada a vestirme y fui arrastrada al flamante Volvo de Edward. Me negué a dirigirle la palabra mientras conducía de camino al cine, como castigo por haber colaborado en la encerrona que me habían preparado Angela y Ben.
Pero si pensaba que la noche no podía ir peor, cuando llegamos a la puerta del cine comprobé que había sido una ilusa. Al lado de Angela, Ben, Eric y su novia, se encontraban dos de las personas más insoportables que había tenido el gusto, o el disgusto, de conocer.
Mike Newton.
Y Jessica Stanley.
Y a juzgar por como Mike pasaba su brazo por encima de los hombros de Jessica, al parecer habían venido juntos.
En cuanto nos acercamos al grupo, tiré a Angela de la manga de su abrigo y la obligué a acercarse a mí.
- ¿Por qué nadie me dijo que esos dos iban a estar aquí? – susurré enfadada.
Angela me miró con cautela y calculó sus palabras antes de hablar.
- Bueno… ya sé que ni Mike ni Jessica te caen especialmente bien y estaba claro que si te decía que ellos iban a venir no habría manera de convencerte así que quizás oculté… cierta información.
Cierta información. Menudo eufemismo. Angela sabía de sobra que no soportaba ni a Mike ni a Jessica por separado y a diez metros de distancia de mí, así que juntos y en una cita de supuestas "parejitas" corría serio peligro de dejarme llevar por mi odio y cometer alguna imprudencia.
- Eres una traidora. ¿Lo sabías, verdad? – Angela trató de componer su expresión más inocente pero el truco no funcionó – No deberías pasar tanto tiempo con Alice. Es una mala influencia para ti.
Eric se encargó de hacer las presentaciones y pude comprobar con disgusto como en cuanto Edward entró en el campo de visión de Jessica, ésta se deshizo sin disimulo del abrazo de Mike y se pegó lo más posible a Edward, sin apartar en ningún momento los ojos de su cara. Y de otras partes de su anatomía igualmente interesantes.
Mi odio crecía por momentos.
Suspiré con pesadez. Aquella iba a ser una noche muy larga.
Angela me miró comprensiva.
- La mantendremos a raya – me aseguró en un susurro.
Pero mantener controlada a Jessica resultó más difícil de lo que en un primer momento Angela había pensado.
- Así que Edward Cullen… - dijo Jessica mirándole de arriba abajo como si se lo fuera a comer con los ojos. Y estoy segura de que si Angela y yo la hubiéramos dejado, eso es exactamente lo que hubiera hecho - ¿Venís juntos?
La curiosidad brillaba en los ojos de Jessica. Asentí con la cabeza sin querer dar más explicaciones pero ella no se dio por vencida.
- ¿Cómo pareja o como amigos?
- Amigos – respondimos Edward y yo a la vez.
Jessica sonrió complacida. No soy una persona violenta pero en ese momento me resultó bastante difícil ignorar a la voz en mi cabeza que me ordenaba borrarle esa estúpida sonrisa de la cara a base de puñetazos. Respiré hondo.
Soy una persona pacífica. Soy una persona pacífica.
Fuera impulsos violentos.
Decidí que lo mejor para distraerme sería desviar la atención de la conversación hacia otros temas.
- ¿Mike y tú estáis juntos? – pregunté al percatarme de que Mike había vuelto a pasar su brazo por encima de los hombros de Jessica.
Jessica negó rápidamente y no se molestó en disimular la repulsión que le producía esa idea. Mike por su parte abrió la bocaza para soltar una de sus perlas, esas frases que deberían quedar grabadas para la posteridad.
- No, así que si os apetece un intercambio de parejas estaríamos muy interesados.
Puse los ojos en blanco y miré hacia otro lado. Si antes el objeto de mis impulsos violentos había sido Jessica, tras ese comentario Mike resultaba ser un saco de boxeo mucho más apetecible. A mi derecha, el cuerpo de Edward se tensó perceptiblemente.
- Creo que lo mejor será seguir con el plan original – dijo con voz contenida.
Con esas palabras, puso una mano en mi espalda y me guió lejos de Mike y Jessica, hacia Angela y Ben que habían entablado una animada conversación con Eric y su nueva novia.
Sin embargo no nos fue tan fácil librarnos de Mike y Jessica el resto de la noche. Afortunadamente, Angela neutralizó eficazmente los intentos de Jessica de sentarse entre Edward y yo en el cine, pero no logró enviarla lejos de su objeto de deseo. Consecuencia: Jessica logró esquivar la defensa de Angela y se sentó a la derecha de Edward. A mi izquierda se encontraban Eric y su cita. No me parecieron malos compañeros de butaca hasta que dos segundos después de que se apagaran las luces en la sala, comenzaron a darse el lote sin disimulo y sin consideración alguna hacia los solteros como yo.
Miré hacia el otro lado para encontrarme con los ojos verdes de Edward, que de alguna manera conseguían brillar misteriosamente en la oscuridad. Me deslumbró con su perfecta sonrisa torcida y por unos segundos mi mente se quedó en blanco y me olvidé de cómo se respiraba.
- Desagradable, ¿verdad? – preguntó en un susurro.
- No te imaginas cuánto.
Sin embargo el espectáculo no era desagradable. Rectifico. El espectáculo era desagradable pero aquello no era lo peor de todo. Me encontraba atrapada entre una parejita que se lo montaba salvajemente en las butacas del cine a mi izquierda, y el chico más atractivo que había visto en mi vida y por el que estaba totalmente colgada a mi derecha. Si eso no era incitarme a pecar, que baje Dios y lo vea.
Sin olvidar por supuesto que dos butacas más allá, Jessica continuaba poniendo en práctica su nada disimulado plan de tirarse encima de Edward a la mínima oportunidad, ignorando los intentos de ligue de Mike que al ver que yo había venido acompañada, había decidido marcarse un objetivo más asequible.
Así que la sesión de cine se convirtió para mí en una lucha por la supervivencia para no morir a causa de toda la tensión sexual que flotaba en el ambiente y no dejarme llevar por mis instintos homicidas recién descubiertos. Jessica iba a morir, pero no antes que Angela y Ben. Ese sería su castigo por haberme preparado una encerrona como la de aquella noche.
Conseguir llegar a casa viva me pareció en ese momento el mayor logro de mi vida.
- Así que… ¿Mike y tú? – preguntó Edward en cuanto me deshice de mi abrigo y mi bolso y me dejé caer agotada sobre el sofá.
Evidentemente, a Edward no le habían resultado inadvertidas las frustradas tácticas de ligue de Mike e incluso me había salvado de sus garras en alguna que otra ocasión. Le lancé una mirada envenenada por habérmelo recordado.
- Mike y su obsesión por mí, querrás decir – corregí – Desde que empezamos en la universidad me ha pedido nueve citas y por lo visto no se ha dado por aludido cuando las nueves veces le he dicho que no.
Edward soltó una carcajada.
- No te puedes quejar. Es un chico insistente.
Me dedicó una mueca burlona pero no se dio cuenta de que dos podían jugar a un mismo juego.
- Pero no más insistente que Jessica, ¿verdad?
Edward bufó y yo no fui capaz de reprimir una sonrisa.
- No me hables de ella. Si pudiera dormir, creo que esta noche tendría pesadillas con ella.
Fruncí el ceño sin comprender a qué se refería con aquello de "si pudiera dormir".
- ¿Si pudieras dormir? – repetí - ¿Tienes una vena vampírica oculta o qué?
Edward se echó a reír de nuevo pero no pude evitar que mi mente se llenara de imágenes de Edward con colmillos, ojeras y vestido con una larga capa negra a lo Drácula. Me enfadé conmigo misma y con mi poco autocontrol. ¿Es que no podía mantener una conversación seria con Edward sin empezar a fantasear con él?
- Padezco insomnio – explicó sin borrar la sonrisa de su rostro – Aunque la explicación vampírica resulta mucho más interesante.
Le miré nuevamente confusa.
- ¿Insomnio?
- ¿Llevamos viviendo en la misma casa tres semanas y aún no te has dado cuenta de que padezco insomnio? – preguntó Edward con una mezcla de incredulidad y diversión en su voz aterciopelada.
- Tengo un sueño bastante profundo – traté de defenderme.
Edward soltó una sonora carcajada.
- Creo que tengo que darte la razón en lo del sueño profundo.
- ¿Y qué haces con todas tus horas de desvelo? – pregunté, en un intento desesperado de alejar la atención de la conversación de mi sueño profundo.
- Entrenar la mente – respondió él encogiéndose de hombros – Leer, pasar apuntes, a veces incluso compongo algo…
Abrí los ojos con sorpresa. ¿Componer? ¿Edward era músico? ¿Es que había algo en el mundo que este chico no fuera capaz de hacer?
- ¿Componer? – repetí - ¿Quieres decir componer música?
- ¡Claro! – exclamó él, riéndose - ¿Qué otro cosa iba a componer sino? Toco el piano desde los ocho años y en algún momento mi vena creativa apareció. No tuve más remedio que dejarla salir.
¿Por qué la idea de Edward vestido de esmoquin y sentado ante un gran piano negro de cola me resultaba tan atractiva? Observé sus manos con atención y comprobé que sus dedos eran largos y fuertes, elegantes. Dedos de pianista.
- ¿Por qué nunca me habías dicho que tocabas el piano?
- Creo que en todas nuestras conversaciones nunca habíamos tocado el tema de nuestras habilidades ocultas – advirtió Edward al tiempo que esbozaba su media sonrisa.
- Creo que no – le di la razón, pensativa. La imagen de Edward tocando el piano aún rondaba por mi cabeza y me estaba resultando difícil concentrarme - ¿Alguna habilidad oculta más que deba saber?
- Déjame pensar… - dijo, llevándose una mano al mentón y fingiendo concentrarse – No, creo que no. Aunque en estas semanas he descubierto algunas de las tuyas.
Entrecerré los ojos con cautela. Edward continuaba exhibiendo su sonrisa torcida y aunque la adoraba, sabía que no presagiaba nada bueno para mí en ese momento.
- ¿Cómo cuáles? – pregunté, sin estar muy segura de querer conocer la respuesta.
- Hablas en sueños.
Apreté los labios con fuerza mientras meditaba mi respuesta. Hablar mientras dormía era una de mis costumbres más curiosas. Nunca había resultado ser un gran problema para mí pero normalmente mis discursos incoherentes tenían que ver con lo que soñaba por las noches. Y desde que había visto a Edward por primera vez en la biblioteca de la universidad, no cabía duda alguna sobre quién se había convertido en el protagonista de mis sueños.
Imploré no haber revelado nada demasiado embarazoso. Por la sonrisa de Edward, sabía que las posibilidades de haber quedado en ridículo eran bastante elevadas.
- ¿He dicho algo que merezca la pena escuchar?
- No mucho. Normalmente son palabras incoherentes, a veces repasas la lista de la compra y te metes con Alice – borró su sonrisa torcida y dejó caer la siguiente frase con aire casual – Ah, y a veces dices mi nombre.
Vale. Definitivamente había revelado cosas embarazosas mientras hablaba en sueños. Era momento de evaluar los daños y para ello necesitaba saber a qué se refería exactamente Edward con "a veces".
- ¿A veces? – repetí, poniendo todo mi empeño en que Edward no se diera cuenta de que mis niveles de histerismo comenzaban a elevarse de forma alarmante - ¿Significa eso mucho o poco?
- Depende de lo que entiendas por mucho.
No pude reprimir el gemido que se escapó de mis labios. Aquello era lo peor que podía ocurrirme. Mi subconsciente traidor me había dejado totalmente en ridículo y probablemente esa noche, y todas las que me quedaban de convivencia con Edward, haría lo mismo sin que yo pudiera evitarlo. Quizás estaba algo obsesionada con Edward… vale, estaba obsesionada con Edward y soñaba todas las noches con él pero de momento prefería mantener esa información en secreto. Mi subconsciente debería haberse dado cuenta de ello.
Me mordí el labio con nerviosismo y evité su mirada mientras notaba como la sangre se acumulaba furiosamente en mis mejillas. Estupendo. Justo lo que necesitaba en ese momento era sonrojarme. Malditas reacciones físicas involuntarias.
- Bella – me llamó Edward con suavidad. No quería mirarle pero mi cuerpo me traicionó de nuevo. Me encontré con sus profundos ojos verdes y mi sonrojo se intensificó – No tienes por qué avergonzarte.
Desvié la vista de sus ojos en un intento de concentrarme y tratar de elaborar alguna explicación coherente que me sacara de aquella embarazosa situación.
- Edward, no quiero que pienses que estoy obsesionada o loca de atar – como si eso no fuera verdad, habló mi traidora mente – Es solo que… con Alice me ocurría lo mismo, era la última persona que veía antes de irme a dormir y bueno… ya sabes el subconsciente como funciona.
Aquella era la explicación más penosa que había podido encontrar y sin embargo no fui capaz de retenerla en mi mente y buscar alguna excusa más creíble. Antes de que pudiera evitarlo, mi boca ya había pronunciado aquellas patéticas palabras.
Edward no dijo nada y durante unos segundos nos quedamos en completo silencio. Con cautela le miré de reojo para analizar su expresión y comprobé que todo rastro de diversión había desaparecido de su rostro. En lugar de ello, parecía algo… ¿decepcionado? Sacudí la cabeza ligeramente. Ya estaba comenzando a sufrir alucinaciones. Otra vez.
Sin razón alguna, mis mejillas se volvieron a teñir de rojo.
Y antes de que pudiera decir o hacer nada más, antes de que pudiera comprender la razón de mi sonrojo o inventarme otra excusa patética, los labios de Edward estaban sobre los míos. Sus labios estaban sobre los míos. Tardé unos segundos en comprender qué estaba sucediendo. Sus labios, sus manos, la inesperada proximidad de su cuerpo y… ¿por qué tenía que ser tan hábil? Aquello era más de lo que mi tocado cerebro podía procesar así que por una vez en la vida decidí dejar de pensar y comenzar a sentir. Sentir sus manos sobre mi cintura, mi espalda, mi cabello, sentir sus labios moviéndose contra los míos, sentir su aliento cálido y cada curva de su cuerpo contra el mío. Entrelacé mis dedos entre sus sedoso cabello y me dejé llevar para solo sentir.
Debieron pasar segundos, minutos o incluso horas. Sinceramente, no me importaba. Podría haberme quedado pegada a él durante años y no me importaría haber muerto por falta de aire. Una muerte dulce y feliz. Pero por lo visto Edward no compartía mi opinión porque se separó de mí en un intento de llenar sus pulmones de aire. Me recordé mentalmente no hiperventilar pero cuando le contemplé con el pelo desordenado por mis dedos, los labios entreabiertos y la respiración agitada, aquello de no hiperventilar se me hizo bastante difícil. Estaba más atractivo que nunca.
Y justo en ese momento abrió la boca y sus palabras rompieron la magia del momento.
- Bella – su voz siempre perfecta y aterciopelada sonó ronca y me resultó todavía más atrayente que de costumbre – Bella, yo… lo siento. Creo que me he dejado llevar por el momento y… lo siento, no volverá a ocurrir.
Sin decir ni una palabra más, Edward dio media vuelta y desapareció tras la puerta de su habitación.
Me senté en el sofá con la extraña sensación de que mi cuerpo actuaba por impulsos y de que mi mente estaba ausente, muy lejos de mí. Estaba confusa, la cabeza me daba vueltas y no sabía exactamente qué acababa de ocurrir. Bueno, sabía técnicamente lo que acababa de ocurrir pero no sabía lo que significaba. Todo parecía indicar que por lo visto yo no le era completamente indiferente a Edward, pero llevaba tres semanas repitiéndome como un mantra que no tenía ni una sola oportunidad con él y a esas alturas el pensar que ese beso podría significar algo más de lo que en realidad había sido me resultaba demasiado descabellado.
No comprendía nada de lo que acababa de ocurrir pero había una cosa que sacaba en claro de aquella noche, quizás la única: tenía que tachar inmediatamente el motivo de incompatibilidad física de mi lista. Porque a pesar de las evidentes diferencias que había entre nosotros, a pesar de que realmente Edward era demasiado para mí, más de lo que estaba autorizada a pedir, lo cierto es que cuando había sentido sus brazos rodeando mi cuerpo y sus labios sobre los míos, una única sensación me había invadido de la cabeza a los pies: la de estar en casa, en el lugar al que pertenecía.
¿Significaba eso que ya había llegado a esa fase? ¿Podía ya pronunciar la palabra impronunciable en voz alta sin temor a equivocarme?
Pues ese ha sido mi pequeño regalito ahora que estamos tan cerca de San Valentín. Tenía muchísimas ganas de escribir esta última escena, espero que la hayáis disfrutado. ¿A que el beso se merece un bonito review? Que me ha costado seis capítulos escribirlo, hay que tener en cuenta el esfuerzo XD.
Antes que nada una pequeña aclaración: muchos me habéis preguntado si va a haber Edward POV. La historia completa va a ser desde el punto de vista de Bella pero sí que va a haber algo narrado por Edward aunque no va a ser exactamente parte de la historia. No os puedo decir mucho más porque es una pequeña sorpresa que estoy preparando.
Y sobre el próximo capi va a estar también bastante cargadito y tardará mucho menos que éste, espero actualizar en menos de una semana. Así que ya sabéis... inspiración=reviews!
Muchos besos.
Bars.
