Ya os digo que reviews=inspiración y con la cantidad de ellos que me dejasteis en el último capi, mirad lo rápido que he actualizado. ¡Muchas gracias! Intento contestarlos todos pero si se me escapa alguno, lo siento. Y también los anónimos, que no los puedo contestar pero me encantan todos ¿eh? ^^
Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.
CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.
[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?
CAPÍTULO 7. CUATRO SEMANAS
Supongo que a estas alturas está de más decir que me pasé toda la noche dándole vueltas a la escena del beso. Rectifico, fueron necesarios esa noche y otros dos días más para analizar cada detalle; y cuantas más vueltas le daba, más irreal me parecía todo. Llegué a un punto en el que no sabía si realmente Edward me había besado o si todo aquello había sido un truco de mi traidora imaginación.
Por si fuera poco, a mi incapacidad para discernir si el beso había sido real o no, se le añadía otro problema más: las palabras tan crípticas que Edward había pronunciado después. Por más que reproducía una y otra vez en mi mente su voz aterciopelada diciendo que lo sentía y que aquello no volvería a ocurrir, no lograba encontrarle sentido a sus palabras. En fin, fue él quien lo inició todo y creo que yo respondí con el suficiente entusiasmo como para darle a entender que yo también quería eso. ¿Por qué se disculpaba entonces?
Sin embargo, a la mañana siguiente después de aquella noche tan confusa, comencé a pensar que quizás Edward no quería esa situación.
- Buenos días, Bella – saludó Edward desde la mesa de la cocina en cuanto abrí la puerta de mi habitación.
Observé su rostro con cuidado durante escasos segundos. Lucía la misma sonrisa y la misma actitud despreocupada que todas las mañanas.
- Buenos días – respondí antes de llenarme la taza con leche y cereales y sentarme enfrente de él, en mi lugar habitual.
- ¿Dormiste bien?
Le miré con cautela, tratando en vano de averiguar lo que pasaba por su cabeza. ¿Estaba intentando ser gracioso? ¿De verdad esperaba que después de besarme y dejarme plantada en medio del salón, iba a dormir bien? Decidí que lo mejor sería asentir con la cabeza sin extenderme en mis explicaciones; de lo contrario, no estaba segura de poder contener mi ira y mi incredulidad si comenzaba a hablar.
Tras ese pequeño intercambio de palabras, desayunamos en silencio. Bueno, no exactamente en silencio pero sí sin sacar a colación ningún tema especialmente interesante. Y por interesante se entiende la escenita de la noche anterior. Nos sumergimos en una de nuestras conversaciones típicas de por las mañanas y rápidamente capté la táctica que había decidido adoptar Edward: la de actuar como si no hubiera ocurrido nada.
Durante los días siguientes, Edward continuó poniendo en práctica su maniobra de actuar con total normalidad. Y eso no me ayudaba en absoluto. ¿De veras no lo había soñado todo? Me sorprendía su temple y su falta de nervios, ¿cómo era capaz de controlarse? Yo por mi parte estaba con los nervios de punta constantemente y todo por su culpa.
Sabía que la solución a mi perpetuo estado de nerviosismo pasaba por hablar con él, forzarle a sacarse su máscara de aparente normalidad y poner las cartas sobre la mesa. Pero obviamente, el día en que se repartieron las dosis de valor en este mundo yo no estaba en la cola. Soy una cobarde y solo de pensar en sacar el tema delante de Edward, se me revolvían las tripas.
Pero a medida que avanzaban los días, los de nuestra última semana de convivencia, y Edward continuaba actuando con toda la normalidad del mundo, mis niveles de cabreo aumentaban considerablemente sin que yo hiciera nada por evitarlo. Estaba colada por él pero eso no me impedía enfadarme porque la verdad, no puedes besar a una chica y luego hacer como que no ha ocurrido nada. Y menos cuando convives en el mismo diminuto apartamento con esa chica. Sin olvidar por supuesto la críptica frase con la que me dejó plantada en el salón. Se dejó llevar por el momento… ¿alguien me puede explicar qué coño significa eso?
Edward me complicaba la vida sin ni siquiera proponérselo. Y todo resultaba muy confuso.
Creo que toda mi frustración explotó el jueves, cuando Alice me raptó para comer con ella. Ésa era la excusa oficial, pero yo sabía de sobra que su intención era la de cotillear a destajo. Lo que Alice no imaginaba era la importancia del cotilleo que yo tenía entre manos; solo al imaginar su reacción histérica, un escalofrío recorrió mi espalda de arriba a abajo. No pude evitar sentirme incómoda, nunca me había gustado hablar abiertamente de mi vida amorosa (o intento de vida amorosa), aunque en ese momento era lo que más necesitaba.
Al llegar al restaurante y encontrarme con la imponente Rosalie sentada en nuestra mesa, mi incomodidad aumentó. Ella me saludó con una sonrisa educada. Sin embargo aquello no me ayudó a sentirme mejor, Rosalie era demasiado intimidante para mi gusto.
Alice se encargó de hacer el pedido y sin demorarse más en cuestiones sin importancia vital, abordó rápidamente el tema en el que estaba interesada.
- ¿Y Edward?
Resoplé. Durante el último mes las conversaciones con mi mejor amiga solo trataban de un único tema. Edward. Como si mi vida girara únicamente alrededor suyo.
Sí, Bella, continúa diciendo eso. Quizás la vez número cien que lo digas, comienzas a creértelo.
- Críptico – dije simplemente.
Alice alzó las cejas sin comprender, invitándome a que me explicara mejor. Rosalie dejó su vaso sobre la mesa y me escuchó con atención.
Suspiré resignada. Tarde o temprano iba a tener que soltar la información explosiva así que cuanto antes lo hiciera, antes terminaría la tortura.
- Edward me besó.
Alice se atragantó con su bebida y se me quedó mirando con la boca abierta durante unos segundos que se me hicieron interminables. Pude notar como sus niveles de histerismo e hiperactividad comenzaban a elevarse de una manera alarmante. Rosalie por su parte abrió los ojos con sorpresa. Aquella era la reacción más efusiva que había podido ver en ella desde que la conocía, aunque teniendo en cuenta que tan solo la había visto en dos ocasiones creo que mi opinión no contaba mucho.
- ¿Que te… qué? – consiguió articular Alice.
- Me besó – repetí, pronunciando lentamente las palabras como si estuviera hablando con un niño particularmente corto de entendederas – Ya sabes, abrió la boca y…
- Ya sé a lo que te refieres. No necesito los detalles escabrosos – pidió mi amiga sin ocultar el matiz irónico en su voz. Luego esbozó su típica sonrisa de duende híper-feliz - ¿Entonces por qué tienes esa cara de amargada? Es lo que llevas deseando desde que le viste por primera vez en la biblioteca.
- Sí, pero… - traté de explicarme.
Alice me interrumpió de nuevo.
- Y que yo sepa un beso es de todo menos críptico. Creo que deja claras sus intenciones. Empezó él, ¿verdad?
Asentí y ella volvió a sacar a relucir su sonrisa de sabelotodo. Esperaba borrar esa mueca exasperante con mis próximas palabras.
- Pero un beso es críptico cuando justo después te disculpas, dices que te has dejado llevar por el momento, que no volverá a ocurrir y luego desapareces. Y es todavía más críptico cuando los días siguientes actúas como si no hubiera ocurrido nada.
Alice arrugó la frente en un gesto de frustración. Estaba claro que lo de disculparse y aparentar normalidad después de besar a la chica no entraba dentro de su guión de "la-perfecta-historia-de-amor-de-Edward-y-Bella".
- Típica reacción de Edward – habló Rosalie.
Me mordí el labio sin comprender. ¿Típica reacción de Edward? ¿Qué quería decir eso? ¿Que Edward se dedicaba a besar a las chicas y luego dejarlas confusas? Alice miró a Rosalie con una mezcla de enfado e incredulidad.
- ¿Típica reacción de Edward? – repitió, con una nota histérica en la voz – Típica reacción de un cobarde, querrás decir. No puedes besar a una chica y luego poner en práctica la maniobra del cangrejo y aparentar que no ha ocurrido nada.
- Edward es complicado – intentó explicar Rosalie. Se dirigió a mí, mirándome intensamente – En el tema de relaciones Edward siempre ha sido muy reservado y cauteloso. Tienes que tener paciencia con él.
- ¿A qué te refieres con complicado? – quise saber.
- Sus experiencias con chicas no han sido muy gratificantes. Normalmente tiende a encerrarse en su propia burbuja para que no le hagan daño. Tratándose de él, que te besara es un avance bastante grande.
- Eso no es excusa – intervino Alice, claramente indignada – Las experiencias de Bella con chicos tampoco han sido muy buenas y sin embargo no se dedica a ir por ahí besando a la gente sin tener en cuenta las consecuencias.
Miré a mi amiga, implorando compasión. Lo que menos necesitaba en esos momentos era que sacara a relucir mi fracasado pasado amoroso. Por suerte Alice finalizó ahí su discurso y se cruzó de brazos, con la intención de no abrir la boca, por lo menos de momento.
Rosalie suspiró levemente y pareció meditar sus siguientes palabras durante unos instantes.
- Alice, tienes que creerme en esto. Conozco a Edward desde que tenemos diez años. He vivido en primera persona toda su adolescencia y le he visto pasar de ser un niño desgarbado e introvertido a la especie de modelo de ropa interior que es hoy.
Me removí incómoda en mi asiento. No es que la definición de Rosalie fuera incorrecta, pero no me agradaba saber que alguien tan perfecto como ella viera a Edward de esa manera. Ella me dedicó una pequeña sonrisa.
- No te preocupes, Bella. Solo tengo ojos para Emmett – me guiñó el ojo y continuó con su explicación – Edward solo ha tenido una relación seria y no terminó especialmente bien. Desde entonces es bastante cuidadoso a la hora de dejarse llevar por sus sentimientos. Y también algo cobarde e inseguro, por eso creo que dio marcha atrás después de besarte.
Medité las palabras de Rosalie en silencio. Edward podía parecerme de todo excepto cobarde e inseguro. Habíamos convivido durante casi un mes y habíamos logrado desarrollar una relación de amistad bastante cercana. Alrededor mío, Edward se comportaba con toda naturalidad y serenidad, mientras que yo había tenido que recurrir a una patética lista para tratar de controlar mis nervios. Se había paseado medio desnudo por todo el apartamento durante los primeros días de convivencia sin ningún problema y en ocasiones hasta podría jurar que era consciente de las reacciones que provocaba en mí y disfrutaba con ellas. Incluso podía decir que a veces, había flirteado conmigo. Y siempre era él quien llevaba el control de la situación. Si había alguien cobarde e inseguro, sin duda ésa era yo.
Y sin embargo, de un modo extraño, las palabras de Rosalie parecían tener sentido. Parecían ser una explicación coherente al comportamiento de Edward después de besarme. Además, era eso o creer que en realidad Edward no estaba interesado en mí.
Sinceramente, la explicación de Rosalie me parecía mucho más romántica.
Miré a Alice en busca de su opinión, pero ella continuaba cruzada de brazos y con expresión indignada.
- Sigo diciendo que eso no es una excusa. Bella y Jacob…
Gemí ante la mención de Jacob, pero Alice me silenció con una mirada dura. Mi amiga a veces podía resultar ser una criatura muy cruel.
- Bella también ha tenido una única relación seria y tampoco salió muy bien parada. Y sin embargo no se dedica a confundir a los demás.
Rosalie y yo suspiramos al unísono ante la cabezonería de Alice.
- Alice, no deberías comparar las reacciones de Bella y Edward. No todo el mundo se comporta igual. No estoy tratando de defender el comportamiento de Edward, solo intento explicar porqué actúa así.
- Pero… - comenzó Alice de nuevo.
- Alice. Déjalo ya – la corté.
Alice me hizo caso aunque mantuvo su mueca de enfado. Rosalie se dirigió a mí de nuevo.
- De todas formas creo que lo mejor que puedes hacer es hablar con él, Bella. Yo puedo suponer porqué se comporta así, pero el más indicado para explicarte su situación es Edward.
Las palabras de Rosalie se quedaron grabadas en mi cabeza. Le di vueltas a su explicación y sobre todo a su consejo. Sabía que lo mejor era exponer abiertamente la situación pero no encontraba el valor necesario para hacerlo.
Y en medio de mis dilemas existenciales, apenas me había dado cuenta de que el último día de la convivencia con Edward se me había echado encima.
Me levanté esa mañana ignorando que ése era mi último día de aquellas cuatro semanas. Continuaba inmersa en mis debates internos sobre si hablar con Edward o no, pero en cuanto me di cuenta de la fecha, decidí que tenía que aprovechar aquel día al máximo. Y eso implicaba librarme de mis problemas, al menos por unas horas, y actuar con naturalidad sin importarme lo que había ocurrido en la última semana.
Era viernes y quería preparar algo especial para esa última noche, algo que se escapara de nuestra particular rutina. Sin embargo y a pesar de pasarme toda la mañana dándole vueltas en lugar de prestar atención a mis clases, no se me ocurría nada. Comí en la cafetería de la universidad y me pasé toda la tarde encerrada en la biblioteca; me sorprendió no ver a Edward por allí. Salí de la biblioteca bastante tarde, cuando ya había anochecido, y todavía no se me había ocurrido nada.
Refunfuñé mientras rebuscaba las llaves de casa en mi bolso. Estaba de malhumor porque el día casi había llegado a su fin y desde el desayuno, aún no había visto a Edward. Además, mi disfuncional mente no había logrado pensar en algo especial para hacer esa noche.
Sin embargo todo mi malhumor desapareció y fue sustituido por sorpresa cuando por fin encontré las llaves y fui capaz de abrir la puerta.
Mientras todo el apartamento se encontraba a oscuras, el pequeño salón-comedor estaba iluminado por la luz tenue de numerosas velas colocadas por toda la estancia. La mesa ya estaba perfectamente preparada para dos comensales y el olor dulzón de las velas perfumadas se mezclaba con el delicioso aroma de la comida que esperaba en el horno.
Por lo visto, Edward se había pasado toda la tarde preparando una cena especial. Incluso diría romántica si no fuera porque me había estado esquivando desde que me besó.
Y porque no éramos pareja.
Y porque por lo visto Edward no estaba interesado en mí.
Y porque… déjalo ya, Bella. A veces pienso demasiado.
Cerré la puerta con cuidado y avancé unos pasos hacia el sofá, donde dejé caer mis pesados libros, mi abrigo y mi bolso.
- Por fin llegaste – dijo una voz aterciopelada a mi espalda – Creí que iba a tener que ir a la biblioteca y sacarte de allí a la fuerza.
Me di la vuelta con lentitud, plenamente consciente de lo que me iba a encontrar. Apoyado contra la puerta de la entrada con actitud despreocupada y con los brazos cruzados sobre el pecho, estaba Edward. Lucía su perfecta sonrisa torcida y por lo visto se acababa de duchar, porque sobre la cara le caían mechones de pelo aún húmedos. Sus ojos verdes tenían un brillo extraño, supuse que a causa de la tenue iluminación.
Le miré de arriba a abajo sin disimulo alguno y de manera inconsciente me mordí el labio inferior. ¿Por qué tenía que ser tan atractivo? A veces incluso dolía mirarle.
Edward rió suavemente. No pude evitar recordar las palabras de Rosalie, ¿quién decía que Edward era inseguro? Se acercó a mí y se inclinó para susurrar algo en mi oído.
- ¿Piensas quedarte ahí toda la noche? La cena se va a enfriar.
Colocó una mano en mi espalda y me guió hacia la mesa. Demostró sus modales de caballero al separar la silla de la mesa e invitarme a que me sentara. Luego me sirvió algo de vino en mi copa antes de rodear la mesa y sentarse enfrente de mí. Me miró durante unos instantes con intensidad y sentí como mis mejillas enrojecían levemente; como todo respuesta, él sonrió torcidamente de nuevo.
Aquello no era justo. Edward estaba desatando todo su poder deslumbrante sobre mí y me costaba creer que lo hiciera de manera inconsciente. Tenía que saber el tipo de reacciones que despertaba en mí.
Ajeno a mis pensamientos, Edward levantó su copa.
- ¿Por qué brindamos? – pregunté con curiosidad.
- Por los meses de convivencia fructíferos.
Sonreí divertida por su respuesta y levanté también mi copa.
- Por los meses de convivencia fructíferos – repetí sin borrar mi sonrisa.
Brindamos y Edward se levantó hacia la cocina. Tan solo unos segundos después regresó con lo que había preparado y llenó con comida ambos platos. Olía estupendamente pero mis experiencias culinarias con Alice me habían enseñado a no confiar del todo en la cocina ajena. Aún así probé un bocado.
- ¿Y bien?
Saboreé la comida durante unos segundos con lentitud deliberada al ver como Edward esperaba el veredicto con algo de impaciencia y ansiedad.
- Está estupendo – dije finalmente. Edward sonrió con satisfacción - ¿Hay algo que no sepas hacer?
Él alzó las cejas sin entender lo que quería decir.
- Ya sabes, estudias Medicina, tocas el piano y también eres un experto cocinero. Empiezo a dudar que haya algo que se te dé mal.
Edward rió suavemente y di gracias a quien quiera que estuviera ahí arriba por estar sentada en ese momento. Esa risa baja y profunda hacía flaquear mis piernas y estaba segura de que de estar de pie, no habría logrado mantenerme en posición vertical durante mucho tiempo.
- Supongo que algo habrá, aunque todavía no lo he descubierto – bromeó, con su sonrisa torcida de nuevo bailando en sus perfectos labios.
Suspiré. Si hasta ese momento sabía que me iba a resultar duro terminar este mes de convivencia con Edward, ahora tenía la certeza de que me iba a doler, incluso físicamente, verle empaquetar todas sus cosas y marcharse de nuevo con Jasper. Estaba demasiado acostumbrada a él y eso me asustaba.
- ¿Ocurre algo? – preguntó con suavidad. Parecía preocupado por mi repentino cambio de humor.
- No es nada.
Percibió mi duda y supe que no le había engañado.
- Bella, sabes que me puedes contar cualquier cosa, ¿verdad?
Sí, por supuesto. Como que estoy totalmente enganchada a ti y me muero por que me beses otra vez. ¿También te puedo contar eso, Edward?
- Es solo que… creo que te voy a echar de menos.
Edward extendió su mano por encima de la mesa y con sus largos dedos acarició suavemente el dorso de la mía. Mientras me quedaba absorta por aquel pequeño roce de su piel contra la mía, tuve la extraña sensación de derretirme literalmente en mi silla.
- ¿Y crees que eres la única que se siente así?
Mis ojos, hasta ese momento fijos en mi mano, se clavaron sobre los suyos con una mezcla de desconcierto e incredulidad.
- ¿Me vas a echar de menos? – pregunté en un susurro.
- Más de lo que te imaginas.
Arrugué la frente algo frustrada. ¿Más de lo que me imaginaba? ¿Eso qué significaba? ¿Mucho o poco?
¿Y por qué tenía que ser siempre tan críptico?
- Además hay algo que me hacía mucha ilusión hacer contigo – dijo retirando su mano de la mía y esbozando una sonrisa despreocupada. La intensidad de su mirada había desaparecido – Aunque es probable que te rías de mí.
Alcé las cejas con curiosidad.
- Te prometo que no me voy a reír.
- Bueno, ya sabes, la semana que viene ya estamos en diciembre y me apetecía mucho mmm… adornar el árbol de Navidad contigo.
No pude reprimir una carcajada. Edward me miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué hay de tu promesa?
- Lo siento – me disculpé entre risas – Es solo que… vaya, no sabía que eso te hiciera ilusión.
- No hay nada malo en que me guste la Navidad – replicó él al tiempo que se cruzaba de brazos. A pesar de su postura ofendida, sabía que no estaba enfadado.
- Por supuesto que no – le di la razón, sin haber reprimido del todo mis risas – Pero creo que no me arriesgaré a dejarte adornar el árbol conmigo. Es uno de los pasatiempos favoritos de Alice y me parece que se pondría muy irascible si algún forastero se atreve a tocar sus adornos navideños.
- Forastero, ¿eh? – repitió Edward esbozando su media sonrisa – Cada vez me resulta más atractiva la idea de atrincherarme en el salón. ¿Crees que Alice sería capaz de sacarme de aquí a la fuerza?
Siendo sincera, aquella idea me resultaba más que atractiva. Aunque algo me decía que era recomendable no expresar mis pensamientos en voz alta.
- Nunca subestimes la fuerza de un duende hiperactivo – le aconsejé.
No sé exactamente cómo, pero durante los postres nuestra conversación derivó a uno de los temas que llevaban dando vueltas en mi cabeza desde la conversación con Rosalie: nuestro historial amoroso. Rose había mencionado que Edward tan solo había mantenido una relación seria y no podía evitar sentir muchísima curiosidad por saber quién era ella y lo más importante, cómo le había dejado escapar.
Fue Edward el primero en abrir fuego.
- Así que… - comenzó dubitativo, algo inusual en él – no tienes novio, ¿verdad?
Abrí los ojos con sorpresa ante la inesperada pregunta.
- ¿Cómo has llegado a esa conclusión? – pregunté con tono irónico, dando por evidente la respuesta a aquella pregunta retórica.
- Digamos que llevamos un mes conviviendo y por aquí aún no ha aparecido ningún chico con la intención de cortarme el cuello.
- Muy agudo – dije, sin abandonar la ironía – Ya sé que tú también estás libre, ¿pero hay alguna ex celosa de la que deba tener cuidado? Ya sabes, para no decirle que hemos vivido juntos durante un mes.
Estaba bromeando abiertamente, pero la expresión seria de Edward hizo que mi sonrisa se congelara en mis labios.
- ¿La hay? – pregunté con un hilo de voz.
- No exactamente. Aunque creo que no he sido del todo sincero contigo, Bella.
El aire se quedó atrapado en mi garganta y de repente sentí un enorme peso en mi estómago. ¿Cómo que no había sido del todo sincero conmigo? En los primeros días de convivencia, yo había dado por sentado que Tanya era su novia pero Edward rápidamente aclaró que tan solo eran amigos. ¿Había mentido en eso?
- ¿Recuerdas a Tanya?
Oh Dios. Había mentido en eso.
Asentí con la cabeza ya que no confiaba en mi capacidad para hablar en ese momento.
- ¿Y recuerdas que tú creías que estábamos juntos y yo te dije que solo éramos amigos?
- Estáis juntos.
Las palabras se escaparon de mi boca y mi voz sonó irreconocible hasta mí misma. Ni siquiera formulé la pregunta, sino que mi frase había sido una afirmación. ¿Cómo podía haber sido tan tonta? Una de las reglas más elementales de la naturaleza rezaba que un chico como Edward o era gay o estaba pillado. Si rechazaba la primera alternativa, ya sabía cuál era la opción correcta.
Sin embargo, al escuchar mi afirmación Edward negó rápidamente con la cabeza.
- No, Bella, creo que no me estás entendiendo. Lo que quiero decir es que Tanya y yo estuvimos juntos. Hace mucho tiempo. Es posible que quizás… puede que entre dentro de tu categoría de ex celosas.
No pude evitar que un suspiro de alivio saliera sin mi permiso de mis labios.
- Mmm – murmuré sin saber exactamente qué decir – Supongo que tendré que tener cuidado entonces. ¿Algo más que deba saber sobre ella?
- Es adicta a los zapatos y a los rayos UVA. Y no terminamos muy bien.
Aquello ya lo sabía por las palabras de Rosalie. Me hubiera gustado saber más acerca del asunto, por puro cotilleo, lo reconozco, pero Edward no añadió nada más. Por lo visto no era un tema de conversación con el que se sintiera precisamente cómodo.
- Creo que te entiendo. Yo también tengo experiencia con relaciones fracasadas - confesé
Edward me miró interrogante.
- No preguntes. También fue hace mucho tiempo y no terminó precisamente de manera civilizada.
Edward se rio suavemente y de nuevo alzó su copa hacia mí.
- ¿Por los fracasos amorosos? – preguntó a la vez que esbozaba mi sonrisa preferida.
- Por los fracasos amorosos – afirmé, devolviéndole la sonrisa.
Le miré fijamente mientras bebía un sorbo de champán. No sabía si era porque estaba algo achispada o por la tenue iluminación de las velas, o por la deliciosa cena que me había preparado o simplemente porque Edward era perfecto, pero aquella noche me resultaba más atractivo que nunca. No era capaz de apartar mis ojos de él. Edward se dio cuenta de mi poca disimulada mirada y sus labios se curvaron de nuevo en su sonrisa torcida y traviesa. Creo que en ese momento mi corazón se saltó un latido.
Y entonces el alcohol que llevaba en sangre hizo todo lo demás.
- Edward… - dije antes de poder retener su nombre en mi boca.
Él me miró con la misma intensidad de minutos antes, cuando había confesado que me iba a echar de menos.
Durante unos instantes me acobardé, pero tomé la decisión de terminar con lo que había iniciado. Y si aquello salía mal, siempre podía consolarme con el hecho de que a partir de mañana ya no viviríamos juntos.
- Edward, hay algo a lo que llevo dándole vueltas unos cuantos días. La noche que fuimos al cine con Angela y Ben…
La sonrisa se borró de sus labios pero su mirada aún contenía la misma intensidad. Edward abrió la boca antes de que yo pudiera continuar.
- Bella, respecto a eso creo que te debo una disculpa.
¿Otra? ¿Cuántas veces pensaba disculparse por haberme besado? ¿Tan malo había sido?
Antes de que pudiera detenerlos, mi boca reprodujo en voz alta mis pensamientos.
- ¿Otra disculpa? Creo que ya dejaste bastante claro que lo sentías y que no volvería a ocurrir.
Maldito alcohol. A estas alturas ya debería saber lo malo que es beber.
- Y precisamente por eso es por lo que quiero disculparme – replicó Edward.
¿Estaba intentando disculparse por haberse disculpado? Algo me decía que con aquello Edward trataba de hacerme ver algo importante. Quizás en condiciones normales hubiera sido capaz de descifrar aquel galimatías, pero mi mente perjudicada por el champán no estaba en condiciones de pensar demasiado.
- ¿Puedes ser un poco más claro? Lo siento, pero el champán hace estragos en mis neuronas.
Estupendo. Ahora encima admitía en voz alta que estaba perjudicada por el alcohol.
Edward pareció encontrar divertido mi comentario a juzgar por la pequeña sonrisa que bailaba en sus labios. Sin embargo la mueca desapareció con rapidez. Tomó aire como si estuviera a punto de decir algo importante.
- Bella – comenzó. La intensidad estaba de vuelta en sus ojos y se me hacía físicamente imposible apartar la mirada de ellos - ¿Tienes alguna idea de por qué acepté la propuesta de Alice de venirme a vivir aquí?
- ¿Te sobornó?
Edward se rió y negó con la cabeza.
- ¿Te miró con ojos de cachorro abandonado? – probé de nuevo – Te aseguro por experiencia que con esa mirada Alice es capaz de conseguir cosas imposibles.
- No, Bella. Alice ni siquiera tuvo que esforzarse para convencerme porque yo acepté en cuanto supe que mi nueva compañera ibas a ser tú.
Abrí los ojos sin comprender del todo lo que estaba diciéndome. Sus palabras flotaron en mi cabeza y una vez más me invadió la extraña sensación de que Edward trataba de decirme algo importante que yo no estaba pillando.
- ¿Qué… qué quieres decir? – pregunté con la voz entrecortada.
- Quiero decir que desde que te vi en la biblioteca por primera vez a principios de curso, no he podido dejar de pensar en ti. Quiero decir que en cuanto Alice me propuso vivir contigo durante un mes, acepté sin pensármelo.
Creo que en ese momento tenía la boca tan abierta que me extrañó no haberme desencajado la mandíbula. Pero aquello no era todo, Edward continuó hablando.
- Y también quiero decir que después de dos meses observándote todos los días en la biblioteca y preguntándome cualquier mínimo detalle sobre tí, preguntándome cómo sería charlar contigo, cómo te comportarías con tus amigos, si cantas en la ducha o no, cuál es tu color favorito, si prefieres café o leche por las mañanas… has superado todas mis expectativas, Bella. Porque eres inteligente y valiente, y porque eres comprensiva y serena, y porque eres capaz de aguantar todas las charlas de Alice sin borrar tu sonrisa, y porque hablas en sueños, y porque te sonrojas cuando alguien dice algo vergonzoso.
Edward respiró profundamente e hizo ademán de alcanzar mi mano, pero antes de que su piel volviera hacer contacto con la mía, la retiró.
- Bella, la otra noche me comporté muy mal. No puedo explicártelo de forma racional, simplemente vi cómo te sonrojabas sin razón y sentí el impulso de besarte.
- Y te arrepientes, ¿verdad? – pregunté con un hilo de voz.
Él asintió lentamente con la cabeza. Mi corazón volvió a saltarse un latido y sentí un vacío en el estómago.
- No me arrepiento de haberte besado porque mi cuerpo me lo llevaba pidiendo a gritos desde la primera vez que te vi – aseguró Edward. Repentinamente volví a sentir el estómago en su sitio - Pero me arrepiento de haber actuado por impulsos sin pensar en las consecuencias. Bella, en cuanto te miré después de haberte besado, supe que había metido la pata. Pensé que había desperdiciado cualquier posibilidad de amistad contigo. Aún nos quedaba una semana viviendo juntos y no quería hacerte sentir incómoda, así que me disculpé y me fui. Lo siento si estos últimos días han sido confusos para ti, tan solo quería… minimizar los daños. Lo siento.
Durante unos segundos, nos quedamos en completo silencio. Le miré sin comprender, todavía sin procesar las palabras que acababan de salir de su boca. Mi mente era incapaz de dar una respuesta coherente.
Todo aquello me resultaba irreal.
- ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? ¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora?
¿Por qué no me lo dijiste antes, Edward? No fui capaz de pronunciar en voz alta el último interrogante.
Edward sonrió con tristeza.
- Porque soy un cobarde y he tenido que esperar al último día.
Nos sumergimos de nuevo en el silencio. Sabía que tenía que decir algo, que tenía que confesarle que yo también estaba obsesionada con él desde que le vi por primera vez y que no había nada de lo que arrepentirse. Bueno, quizás de no haber hablado con sinceridad antes. Pero estaba demasiado impactada por su confesión y me veía incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar todo lo que sentía.
- Bella – me llamó de nuevo.
Alcé los ojos y me sorprendí al comprobar que Edward ya no estaba enfrente de mí, al otro lado de la mesa, sino que se había sentado sigilosamente a mi lado. Muy cerca. Peligrosamente cerca.
- Quiero intentar una última cosa.
Su voz aterciopelada había sido un susurro. Cerré los ojos sin saber lo que esperar y asentí sin fuerzas. Sentí sus labios rozar los míos por segunda vez, en un toque tan leve y ligero como lo había sido su voz segundos antes. Respondí al tacto de su cuerpo y dejé que sus brazos envolvieran el mío, entrelazando mis dedos entre su pelo. Me demoré en cada detalle, sin prisa y sin la incertidumbre y la sorpresa de la primera vez. En ese momento sabía lo que había detrás de ese beso, sabía que Edward lo llevaba esperando tanto como yo.
Nos separamos con la respiración agitada. El sonido acompasado de mis pulmones llenándose de aire fue durante unos instantes lo único que me mantenía consciente de que aquello había sido real.
- Bella, no quiero que te sientas forzada – habló Edward una vez que hubo recuperado el ritmo normal de su respiración – No espero una respuesta rápida… ni siquiera espero una respuesta. Tan solo necesitaba darte una explicación.
Se acercó de nuevo a mí y mi corazón comenzó a latir furiosamente contra mi pecho. Pero en esta ocasión, sus labios tan solo depositaron un ligero beso sobre mi mejilla.
- Buenas noches, Bella – susurró.
Se dio media vuelta y desapareció tras la puerta de su habitación, dejándome en una posición casi idéntica a la de hacía varios días. Pero en aquel momento, las sensaciones que invadían mi cuerpo eran completamente diferentes.
* * * * *
Como la vez anterior, aquella noche apenas pude pegar ojo. Aunque en esa ocasión, los motivos de mi insomnio eran otros muy distintos.
Si tras el primer beso todo había sido muy confuso e inesperado y me había enfadado por las palabras de Edward, en ese momento estaba enfadada conmigo misma. Porque tras la sincera confesión de Edward, él se merecía algo similar por mi parte. Y sin embargo, mi disfuncional cerebro no había sido capaz de elaborar ninguna explicación que darle.
Me pasé toda la noche tratando de ordenar y poner en palabras mis sentimientos. Tarea imposible. Me levanté sin haber sacado nada en claro pero con una única intención: la de decir algo. No sabía exactamente qué, pero tenía que decir algo. Algo que sacara a Edward de su error, que le diera confianza o que le ayudara a comprender, aunque fuera tan solo un poco, el torbellino en que se había convertido mi mente.
Pero cuando salí de mi habitación, me encontré con toda la mudanza hecha y a Edward recogiendo sus últimas cosas en el salón. Llevaba ya la cazadora puesta y la puerta de la entrada estaba semiabierta.
- ¿Ya te vas? – fue todo lo que pude preguntar.
Edward me sonrió y tuve que apoyarme contra el sofá. Después de las palabras de la noche anterior, el efecto deslumbrante que tenía sobre mí se había multiplicado por mil.
- Alice llegará aquí antes del mediodía y supuse que lo mejor sería haber recogido todas mis cosas antes.
Se abrochó la cazadora y se dirigió hacia la puerta. Le seguí en silencio, con mi mente funcionando a toda máquina.
Tenía que decir algo. Y tenía que hacerlo ya.
- Edward… - comencé.
- Bella – me cortó él.
La fuerza de sus ojos me hizo enmudecer. Tomó una de mis manos entre la suyas y jugueteó con ella durante unos segundos antes de volver a hablar.
- Te voy a echar de menos – dijo finalmente - ¿Crees que podremos seguir viéndonos? Ya sabes, como amigos. O… como lo que tú quieras.
Solo fui capaz de asentir. Tenía un nudo en la garganta que me impedía hablar. Se inclinó sobre mí y me besó en la mejilla. Sin decir ni una palabra más, dio media vuelta y se fue, cerrando con suavidad la puerta a sus espaldas.
Tan solo fueron necesarios cinco segundos para darme cuenta de que ya le echaba de menos.
Durante unos instantes, me quedé mirando la puerta con la mente en blanco. Luego apoyé mi espalda contra ella y me deslicé hasta quedar sentada en el suelo. Comencé a golpear suavemente mi cabeza contra la superficie dura… ¿se podía ser más estúpida? El chico de mis sueños se había declarado de la manera más clara y perfecta posible, creía que yo tan solo estaba interesada en su amistad y yo no siquiera había sido capaz de articular ni una sola palabra para sacarle de su error.
Resignada, me levanté y me dirigí hacia mi cuarto. Con parsimonia, abrí la puerta de mi armario y rescaté mi inútil lista del fondo. Leí el último motivo, el único que se había mantenido intacto durante esas cuatro semanas.
Incompatibilidad de caracteres.
Tonta.
¿Cómo había considerado ese motivo cuando Edward era todo lo que podía pedir?
Cogí un boli de mi escritorio y taché el último motivo. Luego me lo pensé mejor, tomé la hoja y la rompí en pedazos. Tiré los restos de mi patética lista a la basura y sonreí con tristeza.
Pues eso es exactamente a lo que me refería cuando dije que este capi venía cargadito. Espero que os haya gustado la conversación de Bella y Edward porque aunque los dos son algo cegatos para ver lo evidente, son muy monos y he disfrutado mucho escribiendo esa parte. ¿A que eso se merece también un bonito review? =)
Y ya veis que cuando estoy inspirada, y últimamente lo estoy mucho, tardo muy poco en actualizar. Creo que podré subir el siguiente capítulo este fin de semana.
Hasta entonces sed buenos ^^. Muchos besos.
Bars.
