Supongo que algunos ya lo dudarían pero sí, sigo viva y dando guerra por aquí XD. Por desgracia no tengo todo el tiempo que me gustaría para escribir y teniendo en cuenta que técnicamente el fic ya estaba terminado, y lo que viene a partir de ahora solo son extras a la historia, supuse que si el epílogo tardaba un poco más en subirlo nadie iba a agonizar esperando. Lo siento si ha sido así, no era mi intención. La buena noticia es que estoy de vacaciones (¡por fin!) y que este epílogo es bastante largo. Espero que os guste, solo puedo decir que me encanta escribir desde el punto de vista de Edward pero que al principio se me hizo bastante raro.
Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.
CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.
[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?
EPÍLOGO: AFICIONADOS A LAS LISTAS.
La vida era perfecta.
Bueno.
Dejando a un lado el hecho de que la universidad había pasado a ser mi primera casa y ni siquiera me agradecían las horas extras que echaba allí, a cierto profesor empeñado en joderme el resto de mi carrera universitaria y el rayón en la impecable pintura de mi Volvo, cortesía de Emmett.
Pero aparte de eso, la vida era perfecta.
Y todo gracias a un ángel.
- ¡Edward! ¿Se puede saber qué coño habéis hecho tú y tu hermano con mi camioneta?
Un ángel bastante mal hablado, por cierto.
Me di la vuelta lentamente para enfrentarme con la ira de Bella. Normalmente, los enfados de Bella, lejos de asustarme, me resultaban extremadamente divertidos. Cuando gritaba y apretaba los puños con rabia, solía parecerse a un pequeño gatito incapaz de asustar. Excepto cuando esos enfados tenían que ver con su camioneta, claro. Entonces, el gatito se asemejaba a un tigre y lo más aconsejable en esas ocasiones era temerla.
Me llevé una mano al pelo y lo revolví nerviosamente, al tiempo que esbozaba su sonrisa favorita en un intento por aplacar su ira.
El truco no funcionó. Bella se cruzó fuertemente de brazos y frunció el ceño, esperando mi respuesta.
- Verás, Bella… - comencé, dubitativo – Emmett se llevó tu camioneta al taller para darle una mano de pintura y… quizás no se dio cuenta de que no es bueno forzar el motor…
- ¿Quizás? ¿Cómo que quizás? ¿Quieres decir que quizás Emmett pasó de los 80 kilómetros con mi pobre camioneta? – preguntó Bella, abriendo los ojos horrorizada.
Vaya. Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.
- Quizás – confesé finalmente.
Bella gruñó y clavó sus ojos sobre mí con furia.
- ¿Y qué se supone que voy a hacer ahora, Edward? Necesito mi camioneta.
Me levanté del sofá y de cuatro zancadas cubrí el espacio que había entre nosotros. La rodeé con mis brazos y a pesar de que al principio trató de zafarse de mí, finalmente se dio por vencida y dejó que la abrazara, aunque seguía de brazos cruzados, como queriendo darme a entender que aún continuaba enfadada.
Como si no me hubiera dado cuenta ya.
- En el taller nos han dicho que tardarán una semana en arreglarlo.
- ¿Una semana? – exclamó ella – No puedo estar una semana sin mi cam…
Puse un dedo sobre sus labios para callarla. Bella me miró con irritación pero me hizo caso.
- Ya sabes que siempre nos queda otra opción – le recordé.
Automáticamente negó con la cabeza y se deshizo de mi abrazo. Intenté atraparla de nuevo pero se alejó de mí.
- Ni hablar.
- Bella… - dije en mi tono más persuasivo.
- No, Edward – negó en tono firme, de nuevo a unos cuantos metros de mí y cruzada de brazos en actitud defensiva – Y no me hables con ese tono tan persuasivo ni me mires con esa cara de cachorro abandonado.
- Pero es nuestro aniversario – traté de hacerla entrar en razón.
- Precisamente por eso. Porque es nuestro aniversario y yo no tengo dinero para comprarte un coche nuevo, no quiero que te gastes dinero en comprármelo a mí.
Esta vez fui yo quien se cruzó de brazos y la miré con irritación. ¿Por qué tenía que ser siempre tan… cabezota? Después de un año juntos me había quedado claro que las sorpresas y los regalos entraban en la lista de "cosas-desagradables-para-Bella-Swan" pero… ¿ni en nuestro primer aniversario iba a dejarme comprarle un pequeño detalle?
Vale, quizás un coche nuevo no entraba dentro de la definición de "pequeño detalle", pero realmente era algo que necesitaba.
- Que yo sepa aún soy lo suficientemente maduro como para decidir en qué me gasto mi dinero.
- Y que yo sepa esta no es la primera vez que te digo lo poco que me gusta que te gastes tu dinero en cosas innecesarias – abrí la boca para replicar, pero Bella me interrumpió – Y sí, un coche nuevo es algo innecesario. Además de ostentoso y exagerado.
Bella se dio la vuelta para dirigirse a su habitación pero a medio camino pareció pensárselo mejor, ya que se volvió de nuevo y se acercó a mí. En algún rincón de mi mente todavía guardaba la esperanza de que se hubiera arrepentido y por una vez me dejara regalarle algo como hacen todos los novios decentes, pero su mirada aún irritada me indicó todo lo contrario.
- Y nada de compincharse con Alice para organizar cenas sorpresas, ¿entendido? – me advirtió con un brillo peligroso en la mirada – Nos quedaremos en casa comiendo pizza y viendo una película.
Gruñí entre dientes para mostrarle mi descontento, pero aún así asentí con la cabeza.
Sin embargo, debería haberme imaginado que Alice tendría otra idea totalmente diferente sobre cómo deberíamos celebrar Bella y yo nuestro primer aniversario.
- ¿Pizza y una película en casa? – repitió Alice horrorizada en cuanto le relaté el plan de Bella - ¿Está loca?
Me encogí de hombros intentando quitarle importancia.
- Ya sabes cómo es Bella – le recordé – No le gustan los planes ostentosos.
Ni las sorpresas, ni coches nuevos como regalo de aniversario, gruñí para mis adentros.
- Y también sabes que la definición de Bella de "ostentoso" no coincide con la del resto del mundo – puntualizó Alice - ¿Qué tenías pensado?
- Comprarle un… mmm… coche nuevo. Ya sabes, como Emmett averió su camioneta y…
Dejé la frase en suspenso para analizar la expresión de Alice. Se había cruzado de brazos y me miraba con la cabeza ladeada, con una mezcla de diversión e incredulidad en sus ojos mientras recapacitaba mis palabras. Me recosté sobre el respaldo de la silla y esperé pacientemente su veredicto.
- ¿Un coche nuevo? – dijo finalmente. Asentí con la cabeza – Jamás pensé que coincidiría con Bella, pero realmente eso es un regalo ostentoso.
Alcé las cejas sorprendido. Si Alice, aficionada a hacer todo a lo grande, opinaba que mi idea era ostentosa es porque, quizás, me había pasado un poco con mis planes.
- Es algo que Bella necesita – traté de defenderme – Y la verdad, me pareció que nuestro primer aniversario era un buen momento para regalárselo. ¿No se supone que en los aniversarios se hacen cosas románticas?
Alice esbozó una sonrisa condescendiente.
- Claro, Edward. Pero entre su plan de pizza y quedarse en casa y el tuyo de regalarle un coche nuevo, creo que hay otras opciones más asequibles para todos e igual de románticas.
Fruncí el ceño mientras trataba de encontrar un plan alternativo para nuestra noche. Algo romántico pero no exagerado, que no hiciera sentir incómoda a Bella pero que al mismo tiempo la sorprendiera. Aunque tampoco de manera evidente ya que ella odiaba las sorpresas…
Gruñí con frustración. Apoyé los codos sobre la mesa y enterré la cara entre mis manos. ¿Tan difícil era encontrar un plan perfecto?
- No se me ocurre nada – confesé finalmente, dándome por vencido.
- Hombres. Nunca confíes en ellos para organizar algo romántico – murmuró Alice por lo bajo.
Levanté la cabeza y le dirigí una mirada envenenada, dándole a entender que había captado con total claridad sus palabras. Alice me dedicó una falsa sonrisa inocente.
- ¿A ti se te ha ocurrido algo?
Alice borró su sonrisa y rodó los ojos.
- Por supuesto, Edward. La duda ofende – aseguró ella, muy pagada de sí misma.
- ¿Y serías tan amable de alumbrarme con tu maravilloso plan? – pregunté, sin preocuparme en ocultar mi irritación.
Alice bufó por mi tono pero aún así se inclinó hacia mí sobre la mesa como si estuviera a punto de preparar un plan conspiratorio.
- ¿Hay algo especial que lleves un tiempo planeando proponerle a Bella? – preguntó Alice – Y no, nada que involucre coches nuevos ostentosos.
Volví a fruncir el ceño en un intento por concentrarme. Pero por más que lo intentara, no se me ocurría nada.
- Vamos, Edward. Piensa. Seguro que hay algo – me urgió Alice.
Cerré los ojos y me llevé una mano al puente de mi nariz, apretando con fuerza. Algo especial que proponerle a Bella, algo que llevara tiempo pensando en proponerle…
Abrí los ojos súbitamente y me encontré de nuevo con la sonrisa condescendiente de Alice, como si ella ya supiera exactamente lo que estaba pensando.
- Ahora que lo dices, puede que haya algo – dije, antes de pasar a contarle a Alice la idea que llevaba rondando mi cabeza unas cuantas semanas.
En cuanto terminé de exponerle a grandes rasgos mi plan, Alice esbozó una gran sonrisa y comenzó a dar palmas y a botar sobre su silla con excitación, como si le acabaran de dar un chute de cafeína. Rodé los ojos y reí entre dientes.
- Estupendoestupendoestupendo – recitó Alice sin dejar de dar palmas y sin parar para tomar aire o para separar sus palabras – Entonces necesitaremos a Emmett y a alguien que la distraiga mientras lo preparamos todo. Creo que Rose podría encargarse de eso. ¡Oh! Y también un piano, por supuesto.
Gruñí, desesperado. ¿También un piano? ¿Había algo más… cliché?
- ¿Un piano? – me quejé en voz alta.
Alice dejó de botar en su silla y me lanzó su típica mirada asesina.
- Sí. También un piano. ¿Quieres hacer algo romántico o no?
Asentí con la cabeza, pero aún así abrí la boca para replicar. Alice me cortó antes de que pudiera decir nada.
- Pues entonces cierra la boca y déjame a mí encargarme de la parte romántica.
Hice exactamente lo que me ordenó sin protestar ni una palabra más. La experiencia y los consejos de Bella me habían enseñado que discutir con Alice era una completa pérdida de tiempo.
* * * * *
- Vale. Entonces, repasémoslo todo desde el principio – ordenó Alice.
Emmett y yo cruzamos miradas de desesperación. Escondidos en la cocina del apartamento que compartían mi hermano y Rosalie, alejados de miradas y oídos indiscretos, Alice, Emmett y yo dábamos los últimos detalles a nuestro plan sorpresa. Mientras tanto, en el salón, Rosalie y Jasper preparaban la mesa para nuestra tradicional cena de los jueves, al tiempo que trataban de bloquear las intentonas de Bella, que llevaba toda la noche intentando colarse en la cocina para enterarse de qué nos traíamos entre manos.
Y es que, aunque Alice había puesto todo su empeño en no levantar sospechas durante todos esos días de conspiración, Bella ya se olía algo.
- ¿Otra vez? – nos quejamos Emmett y yo.
Alice nos taladró con sus ojos azules.
- Sí. Otra vez – afirmó en un tono que no dejaba lugar a réplica.
- Alice, es la novena vez que repasamos el plan – le recordó Emmett.
- Exacto. Y como en las ocho veces anteriores vuestros minúsculos cerebros no han sido capaces de captar todos los detalles del plan, es necesario repasarlo una vez más.
No pude evitar soltar una pequeña carcajada ante el comentario de Alice, pero por lo visto Emmett no se tomó tan bien su pequeño remarque sobre nuestra supuestamente limitada capacidad intelectual. Se apoyó contra la encimera de mármol de la cocina, cruzado de brazos, y miró a Alice con el ceño fruncido. Ella, por su parte, ni siquiera se inmutó ante la mirada asesina de mi hermano.
- Gracias por el piropo a nuestro cerebro.
- De nada – dijo Alice con una gran sonrisa y sin querer darse por aludida por las palabras claramente sarcásticas de Emmett.
Emmett suspiró con desesperación y descruzó sus enormes brazos para pasarse una mano por la cara. Sonreí divertido ante la escena; Alice era la única persona capaz de sacar de quicio a mi hermano. Y eso, hablando de Emmett, eran palabras mayores.
- Sigo viendo innecesario repasarlo todo una vez más – insistió él – Además, llevamos demasiado tiempo aquí metidos conspirando y por si tu superdotado cerebro no se había dado cuenta, Bella ya sospecha algo de nosotros.
Alice borró automáticamente su sonrisa y volvió a adoptar su mueca asesina. Se levantó de la silla en la que había estado cómodamente sentada hasta el momento y se encaró a Emmett, sin importarle en absoluto la diferencia de altura y de masa muscular que había entre los dos.
- Emmett – comenzó Alice con voz falsamente dulce – Emmett, voy a intentar traducir mis palabras a tu lenguaje para que me entiendas de una vez. Tienes dos opciones: una – dijo, levantando un dedo para enfatizar sus palabras – repasamos todo el plan de principio a fin y las veces que sea necesario para que lo memorices perfectamente y te lo sepas tan bien como las portadas de Playboy de este año; o dos – prosiguió, levantando un segundo dedo – hago una lista con todos los pasos que tienes que seguir y te la escribo con rotulador permanente en la frente para que cada vez que te mires en el espejo lo recuerdes todo. ¿Qué prefieres?
El silencio invadió la cocina durante unos segundos. Emmett frunció el ceño y casi pude ver los engranajes de su cerebro funcionando rápidamente para llegar a la conclusión correcta. Apreté los labios con fuerza para evitar que la risa se me escapara y cuando Emmett por fin abrió la boca, los tres supimos quién había ganado la batalla.
- Supongo que lo de repasar el plan otra vez no es tan mala idea – cedió finalmente con un gruñido.
Alice esbozó una sonrisa victoriosa.
- Estupendo. Pero creo que mantendré lo de la lista y el rotulador permanente como plan B, por si lo de memorizar no se te da bien – Alice se volvió hacia mí y preguntó - ¿Tú lo tienes todo claro, Edward?
No me pude concentrar en la pregunta de Alice ya que una de sus palabras se había quedado haciendo eco en mi cabeza, como el estribillo de una canción pegajosa que no eres capaz de quitarte de encima.
Y justo en ese momento, cuando Alice ya había abierto la boca con la intención de repetirme la pregunta, todo encajó. Acababa de encontrar el detalle necesario para que el plan sorpresa fuera perfecto.
- Una lista – dije en voz alta.
Alice me miró confusa y Emmett negó con la cabeza.
- ¿Se puede saber de dónde viene esa fijación con las listas?
Ignoré las palabras de Emmett y me disponía a explicarle mi idea a Alice, con la certeza de que le parecería perfecta, cuando la puerta de la cocina se abrió súbitamente. Los tres levantamos la cabeza y nos encontramos con la figura de Bella, apoyada contra el marco de la puerta y mirándonos intensamente.
Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo mentalmente, Emmett, Alice y yo compusimos nuestra mueca más inocente. Bella alzó las cejas y se cruzó de brazos antes de hablar.
- ¿Qué estáis haciendo?
Rápidamente, Alice echo mano de nuestro "kit de urgencia", preparado para intromisiones inoportunas, y comenzó a batir con energía un par de huevos. Le dio un codazo mal disimulado a Emmett y me lanzó una mirada significativa a mí para que nos pusiéramos a trabajar de una vez.
- Estamos preparando la cena, Bella – explicó Alice con tono neutro.
Bella nos observó trabajar en silencio durante unos segundos.
- Estáis tramando algo – dijo finalmente.
Alice rodó los ojos, pero Bella la interrumpió antes de que pudiera replicar.
- De hecho… - prosiguió, pensativa. Cerré los ojos y sacudí la cabeza; conocía demasiado bien a Bella como para saber que nos había pillado – de hecho creo que estáis tramando algo contra mí. Claro, eso explica que haya tenido que distraer a Rose y a Jasper para que me dejaran entrar en la cocina de una vez.
Emmett y yo la miramos con la culpabilidad reflejada en nuestras caras, pero Alice no se dio por vencida. Con un bufido indignado, dejó caer el tenedor con el que había batido los huevos y se dio la vuelta para encarar a Bella.
Sabía que las palabras que iban a salir de la boca de Alice no iban a ser precisamente agradables, pero aún así no pude sentirme culpable. Si había alguien capar de mentir a Bella y asegurar que nuestro plan conspirador continuara adelante, ésa era Alice.
- Bella – comenzó Alice en ese falso tono dulce. Emmett y yo entrecerramos los ojos ante la que se avecinaba – Ya sé que Edward te tiene demasiado consentida, pero de verdad, el mundo no gira alrededor tuyo.
Aquel comentario realmente estaba de sobra pero decidí callarme la boca porque por lo visto Alice había logrado su propósito. Bella abrió y cerró la boca varias veces sin saber qué decir y Alice aprovechó ese pequeño momento de confusión para empujarla sin más miramientos fuera de la cocina, alegando que su presencia distraía a los cocineros en general y a mí en particular.
Sin embargo y a pesar de la tregua momentánea, Bella no se dio por vencida tan fácilmente. En cuanto la cena estuvo preparada y servida en la mesa del pequeño comedor, logró colocar a Emmett estratégicamente a su lado y lo más lejos posible de Alice y de mí. En cuanto nos dimos cuenta de la maniobra, nos miró y sonrió desafiante.
Divide y vencerás.
Por suerte, Emmett reaccionó a tiempo y ni siquiera con el soborno de una suscripción anual gratuita a Playboy, Bella consiguió que mi hermano soltara prenda.
La siguiente víctima fue Alice. Vi como sus ojos azules brillaron con excitación en cuanto Bella mencionó algo sobre centros comerciales y toda la tarde juntas de compras, pero tras unos segundos de duda, Alice negó efusivamente con la cabeza. Estaba seguro de que encontraría la manera perfecta para secuestrar a Bella y pasearla por todas las tiendas de la ciudad, sin necesidad de tener que revelar nada sobre nuestro plan conspirador a cambio.
Bella decidió dejarme a mí para el último lugar. No sé si lo planeó así porque pretendía ponerme nervioso durante toda la noche antes de atacar o porque sabía que en un espacio tan reducido como la cabina de mi coche, su proximidad y su perfume me afectarían más y mi voluntad flaquearía.
- Emmett y Alice no están dispuestos a contarme nada, pero tú te apiadaras de tu pobre novia y me contarás lo que estáis tramado, ¿verdad, Edward? – susurró en un tono extremadamente dulce y batiendo las pestañas exageradamente.
Aparté la mirada de ella para concentrarme con claridad en la carretera. Inspiré profundamente, pero su olor me invadió los pulmones y lo de mantener la mente despejada se convertía por momentos en una tarea demasiado complicada.
- Bella, no estamos tramando nada.
Oí como bufó levemente pero rápidamente se recompuso y volvió a susurrar en ese tono dulce que debería tener prohibido utilizar.
- Edward, creía que ya habíamos pasado la fase de la negación. Los dos sabemos que estáis tramando algo. ¿Me lo vas a contar o no?
- Bella…
Pero justo entonces, cuando había conseguido calmarme e inmunizarme lo suficiente como para mentir con convicción, Bella pronunció esas dos palabras fatídicas.
- Por favor.
Antes de que me diera cuenta de ello y pudiera impedirlo, mi cuerpo reaccionó por su propia cuenta y giré la cabeza para encontrarme con sus enormes ojos marrones, mirándome suplicantes.
Mierda. Tenía un problema. Bella estaba dispuesta a jugar sucio.
Por si el tono persuasivo y la mirada suplicante no fueran suficientes para minar mi determinación, Bella se inclinó hacia mí y sin previo aviso comenzó a depositar besos suaves en mi cuello. Cerré los puños con fuerza alrededor del volante con la intención de mantener mi concentración donde debía estar: en la carretera. En la carretera, y no en los labios de Bella deslizándose lenta y tortuosamente sobre mi piel…
Jugar sucio debería estar prohibido.
Antes de que pudiera perder el control definitivamente, vislumbré el edificio de Bella y Alice al final de la calle. Apreté el pedal del acelerador y aparqué el Volvo con brusquedad delante de la puerta. Desabroché el cinturón, suspirando al girarme para separar a Bella y sujetarla por los hombros a unos cuantos centímetros de mí. Era imprescindible guardar algo de distancia de seguridad porque estaba seguro de que mi autocontrol no iba a ser capaz de aguantar por más tiempo el juego sucio. Un intento más, y no me hacía responsable de mis actos.
Miré a Bella intensamente durante unos segundos, en un intento desesperado por hacer que probara su propia medicina. ¿Cuál era la palabra que utilizaba ella?
Deslumbrar.
Exacto, deslumbrar. Eso era lo que necesitaba en ese momento: deslumbrarla.
- Bella – susurré con suavidad utilizando mi propio tono persuasivo. Ese que normalmente me funcionaba tan bien con ella – Bella, créeme por favor. No estamos tramando nada.
Bella arrugó la frente, pero aún así continuó en silencio.
- ¿Puedes hacerme un favor? – pregunté en el mismo tono suave. Bella asintió débilmente. Estupendo. Ahora era su determinación la que comenzaba a flaquear - ¿Puedes ser una chica buena, dejarme que te acompañe hasta la puerta y olvidarte de tus supuestas teorías conspiratorias?
Para enfatizar mi petición, deslicé mis manos desde sus hombros hasta su cintura y la atraje hacia mí, besándola castamente en los labios. Me separé lentamente y observé con placer como su respiración se había agitado. Señal inequívoca de que Bella estaba a punto de caer.
- Está bien – cedió finalmente con un suspiro.
No pude evitar sonreír para mis adentros cuando salí del coche y lo rodeé rápidamente para abrir la puerta del pasajero y ayudarla a salir. Bella debería saber ya que si decidía jugar sucio, tenía que aceptar las consecuencias.
Y las consecuencias eran que siempre, siempre era yo quien ganaba.
* * * * *
A pesar de que había logrado aplacar las sospechas de Bella, Alice decidió que lo mejor sería emplear una nueva táctica de distracción para cubrir posibles lagunas en nuestro plan. Táctica de distracción según Alice, método para cabrear a Bella y forzarla a que descargara su ira sobre mí el día de nuestro aniversario según mis propias palabras.
Sin hacer caso a mis quejas, Alice secuestró a Bella en contra de su voluntad y también de la mía y la escondió en el apartamento que compartían las dos durante toda la tarde de nuestro día clave. No había que discurrir demasiado para llegar a la conclusión de que Alice había decidido someter a mi novia a una nueva sesión de "Barbie Bella". Aquella maniobra no conjugaba precisamente bien con nuestro plan conspiratorio, pero Alice había decidido por sí misma que aquella táctica de distracción era necesaria y ni Emmett ni yo pudimos replicar nada.
Así que cuando por fin Alice me dejó entrar en el apartamento, me encontré con Bella perfectamente peinada y maquillada, envuelta en un vestido azul que le quedaba demasiado bien. Sonreí al comprobar lo hermosa que estaba y al ver que, una vez más, no había podido escapar de Alice.
Bella se cruzó de brazos y me miró con enojo.
- Ahora que Alice ya ha jugado a las Barbies conmigo, ¿puedes decirme en qué consiste el plan para esta noche? Y no me digas que durante estos días no habéis estado conspirando contra mí porque…
- Bella, ya te dije que no estábamos tramando nada – corté su discurso, llevándola la contraria. Me encogí de hombros con aparente indiferencia – Vamos a ceñirnos a tu plan. Pizza y película en casa, ¿no era eso lo que querías?
Coloqué la caja de pizza sobre la mesa del comedor pero Bella no se movió de su sitio, junto a la puerta de la cocina. Continuó mirándome en silencio durante unos segundos, como tratando de averiguar dónde estaba la trampa.
- ¿Me puedes explicar entonces por qué Alice estaba tan empeñada en ponerme uno de sus vestidos?
Volví a encogerme de hombros mientras preparaba la mesa para cenar.
- Ya sabes cómo es Alice. Para ella, un aniversario no es un aniversario si la gente no va bien vestida. A mí me ha obligado a ponerme camisa – comenté, señalando mi ropa.
Bella pareció convencida por mis palabras, ya que se acercó lentamente a la mesa y atisbó por encima de mi hombro.
- ¿Qué peli has traído?
Rebusqué en el bolsillo de mi cazadora y saqué la película. Bella la cogió entre sus manos y rodó los ojos al ver el título.
- El diario de Noa – leyó en voz alta - ¿Se puede ser más cliché?
Me di la vuelta y comprobé que, a pesar de sus palabras, una pequeña sonrisa bailaba en sus labios. La envolví entre mis brazos y la estreché contra mi pecho.
- Si por cliché quieres decir romántico, entonces no. No se puede ser más romántico.
Bella rió entre dientes y yo no pude evitar sonreír de lado. Me incliné sobre ella para susurrarle en el oído.
- Por cierto, deberías ser más permisiva con Alice. Realmente estás preciosa.
Observé complacido como el sonrojo aparecía en sus mejillas. A pesar de ello, Bella volvió a rodar los ojos y me dio un pequeño golpe juguetón en el pecho.
- Vamos, Señor Romántico. Deja de decir tonterías y vamos a cenar antes de que se nos enfríe la pizza.
Cenamos tranquilamente, sin quejas sobre supuestos planes conspiradores, sesiones de belleza con Alice, camionetas averiadas o regalos de aniversario ostentosos. Tan solo disfrutamos de nuestra mutua compañía en el pequeño apartamento de Bella, como una noche cualquiera más.
Sin embargo, el pensamiento de que aquella noche realmente no era como cualquier otra no me abandonó durante toda la velada. Cuando la película terminó y Bella estaba a punto de descubrir la segunda parte del plan sorpresa, o mejor dicho la sorpresa propiamente dicha, imploré porque conservara su buen humor durante el resto de la noche. El plan estaba pensado especialmente para ella y no tendría sentido seguir adelante con él si Bella no estaba dispuesta a colaborar.
- ¿Te parece si vamos a dar un paseo? – propuse casualmente – A Alice no le haría gracia enterarse de que nos ha vestido tan bien para quedarnos toda la noche en casa.
Bella aceptó y tras ponerse un abrigo, dejó que la guiara a través de la puerta del apartamento hacia el ascensor. Una vez fuera del edificio, examiné con cuidado los coches estacionados en la calle. Suspiré con alivio al comprobar que Emmett había cumplido con su parte del plan y había retirado la vieja camioneta de Bella, ya reparada, para evitar posibles fugas.
Coloqué una mano en su cintura y la conduje hacia mi Volvo, aparcado al final de la calle, en un intento por distraerla y que no se diera cuenta de la evidente ausencia de su camioneta. La maniobra funcionó ya que logré hacer que se sentara en el asiento del pasajero sin que notara nada extraño. Rodeé el coche y una vez dentro, me giré hacia ella y me dispuse a poner en práctica de nuevo mi supuesto poder deslumbrante.
- Bella, ¿confías en mí? – le pregunté con seriedad.
Ella me miró confusa durante unos instantes.
- Por supuesto, Edward – respondió ella sin ningún asomo de duda.
Suspiré antes de seguir adelante con la parte más difícil del plan. Saqué un pañuelo de seda del bolsillo de mi pantalón y se lo mostré a Bella.
- ¿Edwad, qué…? – comenzó a preguntar con el ceño fruncido.
- Sshh – susurré con suavidad, colocando el pañuelo delante de sus ojos– Confía en mí, por favor.
Acaricié su mejilla durante unos segundos y Bella pareció relajarse. Apoyó su cabeza contra el asiento pero pude ver como fruncía los labios con desaprobación.
- Ahora ya no me puedes negar que todos estos días habéis estado conspirando contra mí.
Reí entre dientes.
- Supongo que me has pillado.
Bella frunció los labios con más fuerza pero no dijo nada. Arranqué el coche y el motor rugió con suavidad, rompiendo el mutismo en el que nos habíamos sumidos. Después de unos minutos conduciendo en absoluto silencio, Bella abrió la boca de nuevo para hablar. Suspiré aliviado al comprobar que no estaba tan enfadada como para retirarme la palabra.
- Sabes que no me gustan las sorpresas.
- Lo sé – reconocí suspirando – Y tú sabes que me encanta sorprenderte. Vamos, Bella. ¿No puedes por lo menos fingir un poco de entusiasmo? ¿Aunque sea por mí?
Mi petición pareció ablandar un poco su corazón, ya que dejó de apretar los labios y fue su turno para suspirar.
- Solo te digo que como vuestro plan conspirador tenga que ver con coches nuevos, caros y ostentosos, estáis muertos. Los tres.
Volví a reír entre dientes al darme cuenta de que había cosas que nunca cambian. Y realmente, tampoco estaba dispuesto a que cambiaran. La testarudez de Bella en ocasiones podía resultar exasperante, pero era algo tan propio de ella que en el año que llevábamos juntos había aprendido a tolerar y, a veces, incluso tenía su encanto.
Tras unos diez minutos, llegamos a nuestro destino. Aparqué el Volvo en una de las calles más céntricas de Washington y ayudé a Bella a salir del coche. Coloqué firmemente un brazo alrededor de su cintura, asegurándome de que estaba perfectamente sujeta, y la conduje hacia el interior del edificio. La guié a través de la puerta principal, el ascensor y los veinte pisos de ascenso. Cuando por fin se abrieron las puertas, la ayudé a salir y la conduje a lo largo de un ancho pasillo hasta la puerta correcta. Introduje la llave y en cuanto estuvimos dentro, la llevé rápidamente hacia los grandes ventanales. Coloqué a Bella de frente a ellos y me situé detrás de ella, apoyando ambas manos en su cintura.
- ¿Preparada? – susurré en su oído.
Bella asintió con la cabeza. Desaté con suavidad el pañuelo que cubría sus ojos y sonreí complacido al oír como tomaba aire con sorpresa al comprobar la espectacular vista que se extendía ante ella.
- ¿Te gusta? – pregunté, tras darle unos cuantos segundos para asimilar lo que acababa de ver.
- ¿Que si me gusta? – repitió con un hilo de voz – Edward… se ve absolutamente todo Washington – se dio la vuelta y me miró con expresión confusa - ¿Edward… qué… qué es todo esto?
Tomé aire para prepararme. Lo que estaba a punto de decir era importante y esperaba que Bella no saliera corriendo aterrorizada en cuanto las palabas se escaparan de mi boca.
- Bella, esto es un ático en el centro de Washington… - comencé, dubitativo – en el que me gustaría que tú y yo viviéramos juntos lo antes posible.
Bella abrió la boca con sorpresa y no supe exactamente cómo tomarme su reacción. Se quedó en silencio durante unos segundos, mirándome con la misma expresión estupefacta y sin articular palabra alguna.
Quizás Jasper tenía razón y era demasiado pronto para proponerle algo así a Bella. Quizás Alice tenía la cabeza en las nubes y me había convencido con que esto era una idea estupenda cuando en realidad no lo era. Quizás acababa de meter la pata y quizás no iba a ser capaz de arreglarlo…
- Bella, ya sé que es demasiado pronto y que te estoy pidiendo demasiado – empecé a excusarme atropelladamente – Si crees que te estoy presionando o te sientes incómoda, por favor dímelo… no tienes que aceptar, te prometo que si me dices que no lo entenderé perfectamente y…
Bella me cortó poniendo un dedo sobre mis labios, antes de enroscar sus brazos alrededor de mi cuello y lanzarse sobre mí, presionando con fuerza sus labios contra los míos. Cuando nuestros pulmones no pudieron soportar más y tuvimos que separarnos para tomar aire, observé con alivio como una gran sonrisa de pura felicidad adornaba su rostro.
- ¿Puedo tomar eso como un sí? – pregunté con la voz ronca.
- ¿De verdad crees que es necesario preguntar?
Mis labios se curvaron en una sonrisa idéntica a la suya. Me deshice de su férreo abrazo y la tomé de la mano.
- Déjame enseñarte el resto.
La guié por el resto del ático. El salón comedor, la pequeña cocina americana, nuestro futuro dormitorio…
- Y con esta habitación no sé exactamente lo que podríamos hacer – reconocí al llegar a la última de las estancias – Quizás podríamos montar unas cuantas estanterías para colocar todos tus libros, un sofá y un buen equipo de música…
Me callé al ver que Bella no me estaba haciendo caso. En lugar de eso, se había sentado frente al gran piano, el único elemento en toda la habitación, y lo miraba maravillada.
Me acerqué a ella en silencio y me senté en el banco a su lado.
- ¿Podrías tocar? – preguntó en un susurró.
Sonreí al comprobar que el plan continuaba tal y como Alice lo había previsto. Después de todo, quizás el piano había resultado ser una buena idea y no algo cliché como había pensado en un principio.
- Por supuesto. Estaba esperando a que me lo pidieras.
Coloqué las manos sobre las teclas del piano y comencé a tocar la melodía.
We've been together for a while now, we're growing stronger everyday now
It feels so good an there's no doubt, I will stay with you
As each morning brings sunrise and the flowers bloom in springtime
On my love you can rely and I'll stay with you.
Bella me miró sorprendida. Me había visto tocar el piano en unas cuantas ocasiones pero nunca me había escuchado cantar. No era algo con lo que me sintiera especialmente cómodo, pero Alice había insistido y me había asegurado que era una idea estupenda. Y a juzgar por la expresión complacida de Bella, por lo visto no se había equivocado.
Oh I'll stay with you through the ups and the downs
Oh I'll stay with you when no one else is around
And when the dark clouds arrive I will stay by your side
I know we'll be alright, I will stay with you.
Las últimas notas quedaron flotando en el aire. Miré a Bella sin atreverme a romper el mágico silencio y tras unos minutos, ella abrió la boca con expresión maravillada. Sonreí al darme cuenta de que esa vez iba a ser yo el que la interrumpiera, colocando un dedo sobre sus labios.
- Todavía no – susurré. Retiré mi mano y busqué algo en el bolsillo del pantalón – Hay algo más que quiero darte.
Bella alzó las cejas pero hizo caso a mi petición y no dijo nada. Saqué una pequeña hoja de papel y se la tendí.
- Léela.
Bella desdobló la hoja y una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios al reconocer el contenido.
- "Cinco razones para enamorarse de Bella Swan" – recitó en voz alta. Levantó la mirada de la hoja y clavó sus ojos en los míos – Estás loco. Lo sabías, ¿verdad?
- Léela – repetí con una sonrisa.
- Está bien – suspiró cediendo – Uno: escribe listas para no enamorarse de Edward Cullen pero ni siquiera es capaz de hacer que sus motivos aguanten más de un mes – volvió a levantar la vista de la hoja para mirarme – No deberías quejarte por eso. Si mis listas fueran más consistentes, ahora mismo no estaríamos aquí.
Reí entre dientes.
- Lo dudo mucho. Y sigue leyendo, Bella.
- Dos: aguanta los ataques hiperactivos de Alice mejor que su propio novio. Tres: aguanta las bromas pesadas de Emmett mejor que su propio hermano – Bella soltó una pequeña carcajada – Cuatro: descubre nuestras teorías conspiratorias pero se deja convencer por mí en cuanto pongo un pongo de empeño en deslumbrarla. Sabes que eso no es justo, Edward.
Los ojos de Bella repasaron el quinto motivo antes de que sus labios pronunciaran las palabras en voz alta. Se mordió el labio inconscientemente y me miró de nuevo, indecisa.
- ¿Y cinco? – la animé.
Bella inspiró hondo y abrió la boca para leer el último motivo.
- Cinco: se sonroja, se tropieza y es testaruda pero a pesar de eso, o debido a todo eso, me hace feliz cada día sin ni siquiera proponérselo.
Bella volvió a morderse el labio y dejó la pequeña hoja sobre el piano.
- El plan de hoy era hacerme llorar lo máximo posible, ¿verdad? – preguntó con voz temblorosa. Tomó una de mis manos entre las suyas y suspiró – Edward todo esto es… me siento fatal, yo ni siquiera he preparado nada y pretendía encerrarte toda la noche en mi casa a base de pizzas y películas para llorar.
Levanté mi otra mano para acariciar su mejilla con dulzura.
- Bella, si he preparado todo esto es simplemente porque he querido. No lo hice esperando nada a cambio porque todo lo que necesito me lo das todos los días – le aseguré sin dejar de acariciarla – Además, no tienes permitido quejarte. Me prohibiste que te comprara regalos pero te aseguro que con todo esto no me he gastado nada de dinero.
Bella levantó la cabeza y me miró con una mezcla de diversión e incredulidad.
- ¿Nada de dinero? – repitió - ¡Edward, por dios! ¡Has comprado un ático en el centro de Washington!
No pude evitar reírme ante sus palabras. Me carcajeé durante unos segundos mientras ella me seguía mirando con esa mezcla de confusión, incredulidad y ahora algo de enfado. La envolví con mis brazos y la acerqué aún más a mí.
- Tonta, Bella – susurré con cariño – No he comprado este ático. Es propiedad de mis padres y tenían pensado pasármelo en cuanto me graduara en la universidad. Con un poco de ayuda de Emmett, conseguí convencerles para que lo hicieran ahora si tú aceptabas vivir conmigo.
- Entonces, ¿me prometes que no te has gastado nada de dinero con todo esto?
- Absolutamente nada.
Bella suspiró convencida y se acurrucó en mi pecho.
- Feliz aniversario, señorita Swan.
- Feliz aniversario, señor-ostentoso-Cullen – murmuró ella entre risas.
Sonreí. En aquel momento, era lo más adecuado. La vida era perfecta y todo indicaba que, desde ese instante, las cosas tan solo podían ir a mejor.
FIN
Ayy qué pena me da eso de poner fin. Aunque bueno, ya sabeis que al fic le quedan tres o cuatro capítulos más de extras sobre escenas importantes narradas desde el punto de vista de Edward. Estoy de vacaciones así que espero poder actualizar dos veces en esta semana.
Espero que os haya gustado el epílogo y que la última parte no os haya resultado demasiado ñoña. Algo azucarada tenía que ser, pero espero no haberme pasado. La canción que menciono se llama Stay With You y es de John Legend, os aconsejo que le echéis un vistazo porque es preciosa. Bueno, ya de paso si podeis echadle una escucha a cualquier canción de John Legend porque son todas una pasada.
Y como en teoría el fic ya se ha terminado, creo que puedo adelantar algo sobre la continuación. Salvo cambio de última hora, se va a titular Cariño, te he comprado un anillo. Si pensais que el título es penoso (que es muy posible) decídmelo, me he roto la cabeza para encontrar algo decente y solo me ha salido eso. El resumen y la historia son bastante mejores, lo prometo. Ya he empezado a trabajar en él, va a ser bastante más largo y complejo que esta primera parte y sí, va a mezclar POV de Bella y de Edward. En principio voy a subir primero los capis extras que quedan de este fic y luego descansaré 20 días o así antes de empezar a subir la continuación, así que todavía queda un poquito para verlo por aquí.
Así que nada, muchísimas gracias por vuestros reviews porque me parece impresionante la cantidad de ellos que me habéis dejado en esta historia. Llevo unos cuantos años en el mundo del fic y nunca había recibido una respuesta tan positiva, muuuuuchas gracias a todos los que habeis seguido con esta locura, los que me habeis dejado review, los que no, los que me habeis agregado a favoritos y a alertas... y no me quiero poner pesada! XD.
Un beso, nos leemos en los capis extras.
Bars.
