Primer capi extra! Es bastante más corto que mis capítulos normales, pero espero que os guste. Os recuerdo que está narrado desde el punto de vista de Edward y son dos escenas separadas: la primera sobre cómo Alice convenció a Edward para que se mudara un mes a su apartamento con Bella, y la segunda sobre el día de la mudanza.
Disclaimer: no soy Meyer por lo que ni la historia original ni los personajes (no, ni siquiera Edward) son míos.
CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.
[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?
EXTRA 1. MI PEQUEÑA OBSESIÓN.
Pasar la tarde en la biblioteca se había convertido en mi pequeño ritual de todos los días. No podía dejar pasar ni un solo día entre semana sin esas horas de estudio y secreto análisis de mi objetivo. Y los fines de semana, cuando la biblioteca de la universidad estaba cerrada y no podía continuar con mi rutina habitual, los minutos avanzaban con una lentitud exasperante.
Y todo por culpa de ella.
Apenas sabía nada de aquella misteriosa chica. De lo único que estaba seguro era de que, desde aquel primer día en que puse por primera vez un pie en la biblioteca, sus profundos ojos marrones habían captado toda mi atención. De eso y de que se llamaba Bella. Sí, estaba lo suficientemente obsesionado con ella como para haber aprovechado una de sus visitas al baño para levantarme de mi habitual asiento y rebuscar entre sus cosas para saber algo más de ella. Cualquier pincelada de su vida, por insignificante que fuera, me resultaba extremadamente interesante.
No podía explicar exactamente por qué su mera presencia me consumía tanto, pero tras un mes observándola silenciosamente día tras día, había grabado en mi memoria todos sus pequeños detalles. Como movía nerviosamente el pie cuando estaba nerviosa, como se mordía el labio inferior cuando lo que estaba leyendo le resultaba demasiado complicado de comprender, como fruncía el ceño molesta cuando alguien no la dejaba concentrarse… Levanté la mirada del libro que tenía delante de mis ojos y me encontré con su menuda figura, sentada dos mesas más allá de la mía, como todas las tardes. Tenía la cabeza agachada, inclinada sobre su propio libro y una espesa masa de cabello castaño cubría gran parte de su rostro. Me fijé en que golpeaba su bolígrafo nerviosamente contra la mesa.
En aquel momento, como en muchas otras ocasiones, me sentí frustrado por no saber lo que estaba pensando. Me preguntaba qué sería lo que la enervaba tanto, cómo sonaría su voz y si tener una cita con ella sería en la realidad tan estupendo como en mi imaginación.
Suspiré con resignación. De nuevo estaba perdiendo el hilo de mis pensamientos.
Normalmente, las dos horas que pasaba todas las tardes en la biblioteca solían resultarme bastante productivas. La presencia de Bella seguía siempre ahí, en un rincón de mi mente como un zumbido constante, pero el resto de mi cerebro solía ser capaz de concentrarse en mis libros. Sin embargo, había tardes como aquella en las que simplemente no podía apartar mi mente de ella. No sabía si se debía al hecho de que aquel día era viernes y mi mente estaba más dispersa de lo normal, o a que esa tarde Bella parecía estar más irritada de lo habitual y eso tan solo alimentaba mi curiosidad por ella.
Suspiré resignado, aceptando que aquella tarde no iba a ser capaz de hacer nada de provecho, aparte de frustrarme por no saber lo que pasaba por la mente de Bella. Recogí mis cosas con lentitud y me levanté de la silla. Mientras me encaminaba hacia la salida de la biblioteca, tuve la extraña sensación de que alguien observaba cada uno de mis movimientos. Miré hacia atrás fugazmente pero, como siempre, Bella tenía la cabeza enterrada entre sus libros.
Frustrante.
Aquella situación era, simplemente, frustrante.
Debería proponerme seriamente dejar esta especie de adicción. Cambiarme de sitio en la biblioteca, para no verla todos los días. Dios, incluso cambiarme de biblioteca. ¿La otra punta de la ciudad sería distancia suficiente para que su imagen dejara de atormentarme cada día?
Lo dudaba seriamente.
Aparqué el Volvo en paralelo a la acera y salí del coche. Esperaba que Jasper hubiera hecho planes con Alice para esa noche porque honestamente, no estaba de humor para salir de casa. Y esperaba también que Rosalie mantuviera entretenido a mi hermano porque si Emmett se decidía a hacerme una visita… digamos que mi hermano era bastante más difícil de convencer.
En cuanto entré en el apartamento que compartíamos Jasper y yo, me di cuenta de que había dos cosas que se salían de nuestra rutina habitual.
Uno, un fuerte olor a perfume femenino inundaba todo el salón.
Y dos, una revista abierta encima de la mesa del comedor. Y no era de medicina, ni de coches, ni siquiera la Sports Illustrated.
Era una revista de chicas.
Me acerqué lentamente a la mesa y tomé la revista entre mis manos con cuidado. La examiné con curiosidad durante unos segundos hasta llegar a la conclusión de que o Jasper se había pasado al otro bando sin que Alice y yo nos hubiéramos enterado, o…
- Edward.
O Alice estaba en casa y había esparcido todas sus cosas por el apartamento.
Levanté la cabeza para encontrarme con la pequeña figura de Alice, de brazos cruzados y apoyada contra el marco de la puerta del salón, mirándome con una intensidad impropia de una chica con un cuerpo tan pequeño. ¿De veras alguien tan menudo podía almacenar tanta mala leche?
- Edward – repitió en un tono peligroso – Si de verdad aprecias tu integridad física, deja esa revista exactamente donde estaba.
Lentamente, como si la revista se tratara de una bomba, hice lo que Alice me ordenaba. La miré y descubrí que su mirada asesina aún no había desaparecido. Me aclaré la garganta con nerviosismo.
- Alice… ¿qué… qué es eso? – pregunté, señalando la revista con un movimiento de la cabeza, sin atreverme ni siquiera a levantar el brazo.
Alice se movió con gracia por el salón hasta que alcanzó la mesa. Tomó la revista entre sus pequeñas manos y me miró seriamente.
- Esto, Edward – comenzó, mostrándome la portada de la revista, en la que en grandes letras rosas se podía leer Cosmopolitan – esto es la Biblia del siglo XXI. Y tu única oportunidad si algún día te decides a intentar comprender la mente femenina.
De repente, lo que hasta entonces tan solo era otra aburrida revista de chicas, me resultó inmensamente interesante y útil. ¿De verdad esa era la clave para comprender la mente femenina? ¿Mentes como la de Bella?
- ¿De verdad? – pregunté, reproduciendo mis pensamientos en voz alta.
Alice asintió con un aire de solemnidad.
Alcé la mano para alcanzar la revista, pero Alice la retiró de un manotazo.
- No se toca, Edward – me advirtió, de nuevo con aquel brillo peligroso reluciendo en sus ojos azules – Aunque me alegra que estés tan interesado. Precisamente de esto quería hablarte.
Aparté la mirada de la portada de la revista para mirar a Alice con una mezcla de curiosidad y aprensión. El hecho de que la pequeña duende maléfica se hubiera presentado en mi casa, aprovechando la ausencia de Jasper, para hablar, no era demasiado alentador.
Ajena a mi mirada desconfiada, Alice comenzó a pasar rápidamente las hojas hasta que pareció encontrar la que buscaba. Abrió la revista de par en par y la puso delante de mis ojos.
- ¿Ves este artículo? – preguntó, señalando un punto concreto en la página - ¿Este que dice que lo mejor para comprobar la fortaleza de tu relación es convivir una temporada con tu pareja?
Asentí en silencio, sin saber exactamente hacia dónde iba aquella conversación.
- Voy a poner en práctica este artículo como regalo de primer aniversario para Jasper.
Abrí los ojos con sorpresa. Aquella era la idea más absurda que había escuchado desde… bueno, no recordaba exactamente desde cuándo. Pero aquella era una idea muy absurda. Aunque por alguna razón que se escapaba de mi comprensión, escuchar aquellas palabras de boca de Alice encajaba totalmente con su carácter.
Pero entonces, ¿significaba eso que…?
- ¿Quieres decir que…? – comencé a preguntar.
- Que necesito porfavorporfavorporfavor que accedas a vivir un mes en mi apartamento con mi mejor amiga y nos dejes el vuestro para Jasper y para mí – pidió, abriendo los ojos como un cachorro abandonado y entrelazando los dedos, en la típica postura de niña posando para las fotos de la primera comunión.
Me pasé una mano por el pelo, confuso y sin poder creer que realmente Alice me estuviera pidiendo algo como aquello.
- ¿Me estás pidiendo que me vaya de mi casa para convivir durante un mes con una completa extraña, para que tú compruebes si el artículo de esa… de esa revista dice la verdad?
Alice esbozó su sonrisa más convincente.
- Básicamente, sí. Eso es lo que te estoy pidiendo.
La contemplé en silencio durante unos segundos. Si hasta ese momento tenía mis sospechas, aquella petición me había confirmado que mis temores eran reales.
- Estás loca – sentencié finalmente. Alice abrió la boca para protestar pero yo continué – Estás loca. Alice, yo no…
- Edward, dame una oportunidad, por favor – me interrumpió Alice, en tono suplicante – Además, aunque para ti sea una completa desconocida, te aseguro que Bella es una chica estupenda.
Había abierto la boca ya para negarme a ser parte de ese experimento descabellado, cuando una de las palabras de Alice penetró totalmente en mi cabeza.
Bella.
Vale. No tiene porqué ser ella. Seguramente en Washington había un montón de chicas con nombre italiano, que estudiaban en mi misma universidad y que podrían perfectamente ser la mejor amiga de Alice. ¿Verdad?
- ¿La conozco? – pregunté, en un desesperado intento de obtener más información.
- Creo que no. Es delgadita, de pelo largo y castaño y ojos marrones.
Oh sí, claro que la conozco. Lleva atormentándome desde que hace dos meses comencé a ir a la biblioteca y no me la puedo quitar de la cabeza, Alice.
Por alguna razón, tenía la intuición de que pronunciar esas palabras en voz alta delante de Alice no era una buena idea.
- ¿Y dices que es tu mejor amiga?
Alice asintió con la cabeza con entusiasmo y un brillo especial en sus ojos azules.
- Y es maravillosa, estupenda, encantadora, simpática, genial, extraordinaria…
- Vale, vale, Alice. Te creo – corté riendo la retahíla de piropos.
Alice me observó durante unos segundos en silencio.
- ¿Entonces? – me urgió para que tomara mi decisión.
Como si tuviera alguna posibilidad de elección. Desde que su boca había salido el nombre de Bella, negarme no era una opción.
- Entonces supongo que a Jasper le encantara tu regalo – dije, encogiéndome de hombros con fingida indiferencia.
Alice soltó un chillido inhumanamente agudo y se lanzó a mis brazos con una fuerza descomunal, nada apropiada para alguien tan pequeño.
- Ereselmejorereselmejorereselmejor – decía, sin tomar aire ni para respirar ni para separar las palabras.
No pude evitar reírme ante sus efusivas muestras de cariño.
Si todo lo que Alice había dicho sobre Bella resultaba ser verdad, aquel iba a ser un mes muy interesante.
* * * * * *
- Dime, Edward. ¿Cómo consiguió Alice convencerte?
Levanté la cabeza del mar de cajas de cartón que obstaculizaba todo nuestro salón para encontrarme con la mirada curiosa de Jasper. Si había alguien con quien debía ser cuidadoso con mis palabras al responder a esa pregunta en concreto, ése era Jasper.
- Jasper – comencé, con tono de falso aburrimiento – tú más que nadie deberías estar al tanto de lo peligroso que es decirle "no" a Alice.
Jasper rió entre dientes. Suspiré con alivio al creer que aquella respuesta era suficiente, pero pocos segundos después, mi amigo volvió a intentarlo.
- Ya sé que Alice siempre se sale con la suya, pero no me puedes negar que esta petición se sale de lo normal. Supongo que le habrá costado convencerte más de lo habitual.
Jasper me dirigió una mirada significativa y en ese preciso instante tuve la certeza de que lo sabía. No tenía ni la más remota idea de cómo, ni cuánto, pero Jasper sabía que la razón por la que había aceptado ser parte de una idea tan descabellada como aquella era Bella.
Maldita sea.
Maldito Jasper y sus poderes paranormales, y maldito yo por buscarme amigos tan intuitivos.
- Supongo – dije al cabo de unos segundos, encogiéndome de hombros – Pero eso se lo tendrás que preguntar a ella.
Mi amigo asintió con la cabeza sin decir nada más. Volvimos a nuestra tarea de embalar todas mis cosas en silencio y di gracias internamente por el carácter poco intrusivo de Jasper. Si en su lugar hubiera sido Alice la que hubiera sospechado sobre mis verdaderos motivos para aceptar su petición, estaba seguro de que no hubiera sido tan fácil escapar de aquella conversación tan delicada.
Cuando por fin terminamos de empaquetar todo y cargarlo en mi coche, Jasper se volvió hacia mí con una sonrisa de pura diversión pintada en su cara.
- Creo que ahora tocan las despedidas emotivas y todo eso.
Rodé los ojos, divertido por sus palabras.
- Buena suerte, Edward.
- Buena suerte para ti, Jasper – respondí, esbozando una media sonrisa – ¿Alice, un mismo apartamento y un mes de convivencia? Créeme, vas a necesitar buena suerte en cantidades industriales.
Esa vez fue Jasper quien rodó los ojos. Se dio media vuelta y se dirigió hacia su coche con la intención de dirigirse al apartamento de Alice y Bella para ayudar a su novia con la mudanza, pero antes de sentarse en el asiento del conductor, me miró por encima del hombro y esbozó una sonrisa burlona.
- No quería decirte esto Edward, pero me has obligado. Sé que Bella es el motivo por el que has aceptado.
Por si me quedaban dudas sobre sus poderes paranormales, ahí estaba la prueba. Jasper lo sabía.
Gruñí impotente mientras le vi alejarse en su coche. Ahora tan solo podía implorar para que mi amigo mantuviera cerrada la boca.
Cerré el maletero de mi coche con más fuerza de la necesaria y me senté en el asiento. Arranqué el motor e inmediatamente su zumbido sedoso calmó todos mis nervios. Comencé a conducir con calma hacia la que sería mi nueva casa durante las siguientes cuatro semanas. Pocos minutos después, aparqué el coche delante de unos de los edificios de apartamentos más cercanos al campus. Me tomé mi tiempo trasladando todas mis cajas desde el maletero del Volvo hasta el ascensor y cuando por fin llegué al sexto piso, no pude reprimir una sonrisa al pensar en lo que me esperaba al otro lado de la puerta.
Presioné el timbre un par de veces y aguardé paciente.
Por favor, que sea Bella quien abra la puerta.
Mis plegarias obtuvieron respuesta. La puerta del apartamento se abrió de un tirón y ante mí apareció mi chica de la biblioteca. Bella. Me miró durante una fracción de segundo con estupor y no pude evitar que una media sonrisa se dibujara en mis labios… tenía la seguridad de que recordaba nuestro fugaz encuentro en la fiesta del novato el viernes pasado. Un encuentro perfecto hasta que Tanya hizo acto de presencia.
Sacudí la cabeza ligeramente para borrar esos pensamientos y decidí que lo mejor sería empezar nuestra convivencia con educación.
- Hola, Bella – saludé, sin borrar mi sonrisa.
Bella me observó en silencio durante unos cuantos segundos más con la misma expresión de estupor pintada en su cara. Sentí como mi sonrisa se transformaba en una mueca de preocupación ante su falta de reacción.
- ¿Bella?
- ¿Edward? – dijo finalmente.
Sonreí de nuevo al escuchar mi nombre salir de sus labios.
- ¿Puedo pasar? No he traído mucho equipaje, pero la verdad… estas cajas pesan.
Bella echó un rápido vistazo por encima de mi hombro para comprobar las cajas que había apilado al lado del ascensor y sus ojos brillaron con comprensión. Se hizo a un lado para dejarme pasar, pero antes de que yo pudiera evitarlo, ya se encontraba fuera del apartamento, en el pasillo e intentando cargar con una de las pesadas cajas
Observé divertido durante unos segundos sus vanos esfuerzos antes de intervenir. La idea de comenzar nuestro mes de convivencia en urgencias no me resultaba demasiado apetecible.
- Te dije que pesaban – le recordé, sin poder contener una pequeña carcajada.
Me adelanté y comencé a cargar yo mismo todas las cajas hacia el interior del apartamento. Pocos minutos después, cuando mis escasas pertenencias se encontraban ya en el pequeño salón, le eché un primer vistazo a mi nueva casa. Era pequeña pero acogedora, y bueno… de chicas.
Esperaba que en el mes que Alice pasaría en mi casa, no le diera un toque tan femenino a nuestro apartamento.
Me di la vuelta y le dirigí a Bella una sonrisa.
- Bueno compañera, ¿cuál es mi habitación?
Oh, sí. Aquel mes iba a ser muy interesante.
Lo sé, apenas ha habido interacción entre Edward y Bella, pero me parecía interesante escribir estas dos escenas desde el punto de vista de Edward. Sobre todo la primera: Alice y su inmenso poder de convicción... en fin XD. En el siguiente habrá mucho más entre los dos, solo digo que se titula Contacto físico y va sobre... besos! ^^
Y ya sabeis, que me encanta leer lo que opinais. Nos leemos en el próximo extra.
Bars.
