Siento mucho mucho mucho haber tardado tantísimo en subir este extra. Espero que nadie pensara que este fic había quedado abandonado, pero los últimos meses del curso en la universidad casi no me han dejado tiempo para nada. La buena noticia es que ya estoy de vacaciones y tengo todo el tiempo del mundo para escribir. Además ya tengo algo adelantada la continuación y estoy preparando un nuevo fic.

Para situarnos un poco, os cuento más o menos de qué va este extra. La primera escena es una conversación entre Edward y Emmett en el capítulo 5, justo antes de la "cena a seis" (con un pequeño flashback incluido de la escena de la ducha del capítulo 4). La segunda es el primer beso de Edward y Bella en el capítulo 6. Y la tercera escena es una versión resumida de la cena que prepara Edward en el capítulo 7, con el segundo beso incluido. ¡Espero que os gusten!

Disclaimer: no soy Meyer, por lo que ni la historia ni los personajes son míos.

CINCO RAZONES PARA NO ENAMORARSE.

[AH,AU]: En la biblioteca, Bella nunca había encontrado nada más interesante que sus libros. Hasta hacía dos meses. ¿Qué ocurre cuando el motivo de su falta de concentración se instala en su casa durante un mes?


EXTRA 2. CONTACTO FÍSICO.

24 horas.

Ese fue el tiempo exacto que me llevó comprobar que Bella superaba todas mis expectativas. Después de dos meses observándola en silencio todas las tardes en la biblioteca, 24 horas de convivencia con ella habían resultado ser suficientes para comprobar que Bella era aún mejor de cómo me la había imaginado. Los seis días restantes de nuestra primera semana juntos no habían hecho más que reforzar esa primera impresión.

Así que me encontraba en pleno dilema moral. Apenas había transcurrido una semana de convivencia y ya encontraba dificultades para ceñirme al plan inicial de cuatro semanas y vuelta con Jasper. ¿A Alice le importaría mucho si raptaba a su mejor amiga y me la quedaba para mí?

Tenía la impresión de que lo mejor sería no forzar el aguante de Alice.

Tamborileé los dedos sobre el brazo del sofá y miré a mi alrededor aburrido. Alice se había llevado a Bella al campus con la excusa de que necesitaba su ayuda para un trabajo que tenía que preparar (aunque sospechaba que el motivo real era secuestrarla en contra de su voluntad y llevársela de compras para prepararla para la cena de esa noche con Emmett y Rose), por lo que me encontraba solo en el apartamento. Solo y completamente aburrido. Sin Bella alrededor, las posibilidades de diversión se reducían considerablemente. Y no solo por su compañía agradable o nuestras charlas, sino porque el simple hecho de contemplar sus reacciones físicas era divertido.

Sobre todo su sonrojo. Sí, no podía evitar encontrar fascinante la manera en que sus mejillas se teñían de rojo.

Reí entre dientes al recordar una situación particularmente divertida en la que sus reacciones físicas involuntarias habían hecho acto de presencia. Tres días antes, Bella y yo habíamos mantenido nuestra primera conversación en calidad de "compañeros de piso". Por lo visto, mi costumbre de pasearme en ropa interior por las mañanas por todo el apartamento no le parecía demasiado agradable. No era algo que hiciera conscientemente, simplemente era una costumbre natural en mí. En fin, mi madre era una hippie descarriada encerrada en el cuerpo de una decoradora esposa de un cirujano, ¿qué otra cosa se podría esperar? Desde pequeños nos había enseñado a Emmett y a mí a sentirnos completamente a gusto con nuestro cuerpo. Rosalie parecía encantada con esas enseñanzas naturales, pero por lo visto Bella no compartía esa opinión.

Volví a reír entre dientes al recordar las palabras de Bella aquel día. Debería sentirme culpable por haberla hecho sentirse incómoda. Y lo hacía, de verdad. Pero el sonrojo de Bella al pronunciar la palabra "calzoncillos" y sus explicaciones atropelladas sobre cómo nunca había convivido con un hombre y cómo ciertos hábitos la hacían sentirse incómoda, eran demasiado divertidos.

Así que desde aquel día, mis costumbres exhibicionistas tuvieron que quedar en un segundo plano.

Aunque si la situación fuera a la inversa, esos paseos matutinos en ropa interior no me hubieran incomodado en absoluto. No había sido demasiado caballeroso reproducir en voz alta ese pensamiento, pero simplemente no pude evitarlo. El nuevo sonrojo de Bella al escuchar mis palabras había merecido la pena.

Claro, que aceptar su petición en el baño y recién salido de la ducha resultó ser una tarea bastante complicada…

Aquel día había resultado ser extremadamente estresante en la universidad. Seis horas prácticamente seguidas de clase y tres profesores, cuya única misión en esta vida parecía ser sepultar a sus alumnos bajo toneladas de apuntes, habían dado como resultado un insoportable dolor de cabeza y altas dosis de mal humor al final del día. Para el dolor de cabeza servirían un par de aspirinas, mientras que para la mala leche confiaba en contar con la calmante voz de Bella. Sin embargo, en cuanto llegué a casa me encontré con el pequeño apartamento vacío.

Suspiré dejando mis libros sobre la mesa de salón-comedor. Tendría que conformarme con una ducha caliente.

Veinte minutos después, los efectos relajantes del agua caliente y de las dos aspirinas habían comenzado ya a aparecer. Me encontraba sumergido en tal sopor, con el agua todavía corriendo y llenando el pequeño baño de vapor, que no me percaté del momento en el que la puerta se abrió. Sentí, sin embargo, la extraña sensación en la boca del estómago de estar siendo observado. Lentamente, me di la vuelta para encontrarme con un par de ojos marrones completamente abiertos por la sorpresa.

- ¡Bella! ¿Qué…? – exclamé, sin encontrar las palabras adecuadas para aquella situación.

Un par de ojos marrones completamente abiertos por la sorpresa y fijos en cierta parte de mi anatomía, para más señas. Me preguntaba si la sorpresa se debía al tamañ…

Cullen, eres un caballero.

Un caballero, cierto, traté de recordarme a mí mismo. Aunque no sabía por qué motivo, pero comportarme como un caballero, cuando me encontraba desnudo y totalmente expuesto ante los sorprendidos ojos de Bella, comenzaba a resultarme bastante difícil. ¿Acaso aquello no era una señal para que dejara la caballerosidad a un lado y…?

Sigue soñando, Cullen. Esto es lo más cerca que podrás estar de Bella desnudo.

Acallé la molesta voz de mi conciencia y centré toda mi atención en Bella, que continuaba con sus ojos clavados en el mismo punto. Observé como su frente se arrugaba en un claro signo de esfuerzo, justo antes de que su mirada se deslizara por todo mi cuerpo hasta parar a la altura de mis ojos.

- Losientolosientolosiento – se disculpó rápidamente y de manera casi ininteligible – Creí que no había nadie y ni siquiera me di cuenta de que la puerta estaba cerrada y… ¡por el amor de Dios! Echa el pestillo o pon una pancarta en la puerta. ¡Y tápate!

Tras sus atropelladas explicaciones, Bella cerró los ojos con fuerza y sus mejillas se cubrieron de un furioso y adorable color rojo. Ante su reacción, todo rastro de vergüenza que pudiera haber sentido por haber sido pillado desnudo y recién salido de la ducha, desapareció. Mis labios se curvaron en una involuntaria media sonrisa mientras extendía una mano para alcanzar una toalla con la que cubrirme. Reí entre dientes cuando Bella abrió los ojos con cautela y las palabras se escaparon de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

- Ya sé que me pediste que no me paseara desnudo por la casa, pero en el baño se me hace difícil cumplir con tu petición.

A pesar de que mi intención no había sido hacerla sentir incómoda, no pude evitar volver a reírme ante el bufido de desesperación que salió de los labios de Bella al escuchar mis palabras.

El sonido de mi teléfono móvil me desconcentró de mis recuerdos. Rebusqué el pequeño aparato entre los bolsillos de mi pantalón, sin ni siquiera molestarme en reprimir un gruñido de enfado. No necesitaba echarle ni un vistazo a la pantalla del teléfono para comprobar quién podría estar al otro lado de la línea. Tan solo conocía una persona lo suficientemente fastidiosa como para haber programado aquel tono de llamada tan molesto. Y por desgracia, esa persona tenía acceso prácticamente ilimitado a mi teléfono y mataba los ratos muertos reprogramándolo con el simple objetivo de sacarme de quicio.

- ¿Qué quieres, Emmett? – pregunté en cuanto pulsé el botón de descolgar.

- Estoy seguro de que mamá estará encantada de comprobar lo educado que es su hijo pequeño, Eddie – comentó la voz de mi hermano en aquel tono jovial y exasperante tan típico de él.

- ¿Qué quieres, Emmett? – repetí entre dientes, tratando de pasar por alto aquel estúpido mote que a Emmett tanto le gustaba usar.

- Me preguntaba si estarías libre esta tarde.

- ¿Te has quedado sin amigos con los que torturar a los pobres novatos y necesitas compañía?

La risa de Emmett retumbó por el altavoz de mi teléfono.

- No, aunque no necesito ayuda para esa tarea – me aseguró – Pero ese no era el plan que tenía pensado para esta tarde. ¿Puedo pasarme por tu casa dentro de una hora? A Rose no pareció gustarle demasiado ese libro de poesías que me prestaste, creo que dijo algo sobre moñadas sensibleras… te aseguro que cada día estoy más convencido de que es la mujer perfecta.

Traté de mantener mi actitud enfadada, pero no pude ocultar una pequeña carcajada al oír sus palabras. Solo había una mujer en todo el mundo capaz de aguantar a mi hermano y, sin duda, esa era Rosalie.

- ¿Vas a estar en casa o no? – insistió Emmett.

- Sí, Em – admití con un suspiro – Voy a estar en casa toda la tarde.

- Estupendo. Entonces después de comer me pasaré a devolverte el libro. ¿Crees que Bella estará por ahí?

Gruñí internamente. Desde que Emmett se había enterado del cambio de compañeros de piso que Alice había orquestado, su principal misión en la vida había pasado a ser conocer a Bella. Conocerla y atormentarla, por supuesto. Debería haberlo visto venir. Era evidente que la excusa de devolverme el libro era la tapadera oficial para encubrir su verdadera intención.

- No lo sé. Pero en el hipotético caso de que estuviera cuando tú asomaras tu cabeza por aquí, no te dejaría acercarte a ella a menos de un radio de 5 kilómetros.

Se hizo un repentino silencio al otro lado de la línea tras mis palabras. Sentí los músculos de mi cuerpo tensarse a la espera de la reacción de Emmett. Segundos después, mi hermano estalló en carcajadas.

- Dios mío – logró articular a pesar de su incontrolable risa - ¡Esto es peor de lo que pensaba!

Fruncí el ceño sin comprender a qué se refería.

- ¿Peor de lo que pensabas? ¿Qué quieres decir con eso?

- Oh, vamos. Estaba claro que Bella te gusta, pero lo que quiero decir es que Bella te gusta… ya sabes, de verdad.

Abrí la boca sin saber qué decir. Una cosa es que Jasper, con la ayuda de sus poderes sobrehumanos para percibir las emociones de los demás, se hubiera dado cuenta a la primera de lo que sentía por Bella. Pero Emmett… en fin, Emmett era Emmett. No se enteraría de la mayor revelación del mundo ni aunque estuviera delante de sus narices. Y ahora, sin ni siquiera conocer a Bella y comprobar cómo me comportaba alrededor suyo, había hecho una deducción tan acertada. ¿Significaba eso que había dejado de ser tan obtuso mentalmente o que yo era demasiado obvio?

Cerré los ojos y respiré hondo. Lo cierto es que la respuesta a esa pregunta no importaba. Lo relevante en ese momento era desviarle de esa concreta línea de pensamiento. Si Emmett por sí solo era peligroso, Emmett con información confidencial en su poder era un arma mortal.

- Em, realmente no es lo que parec…

- Edward, hermano, no intentes negar lo evidente – me interrumpió – Deberías invertir tu tiempo en actividades más productivas como coger a Bella y…

- ¡Emmett! – exclamé, sin querer conocer las ideas pervertidas que rondaban por su cabeza. No es que las mías fueran mucho más inocentes, pero por lo menos tenía la decencia de no pronunciarlas en voz alta – Seguro que Esme estará encantada de saber que su hijo mayor es un perfecto caballero.

Emmett volvió a reírse escandalosamente, ignorando el tono sarcástico de mis palabras.

- Como quieras, Eddie. Ya sabes que toda la caballerosidad te la quedaste tú. Yo mientras me dedico a actividades poco caballerosas pero mucho más divertidas.

Con otro gruñido corté la comunicación, ahogando las carcajadas de Emmett. A estas alturas debería saber ya que mi hermano era incorregible.

* * * * * * *

Aún no sabía cómo había logrado meterme en esta situación tan complicada. Pero lo cierto es que lo había hecho yo solito. Bastó con ver a Bella, inocente e indefensa y a punto de verse envuelta en una tarde de cine rodeada de parejitas felices, para que mi instinto protector se desatara, mi cerebro cerrara por vacaciones y las palabras se escaparan de mi boca sin mi consentimiento.

- Yo podría ser tu cita.

¿Yo podría ser tu cita? ¿Yo podría ser tu cita? ¿Qué clase de ofrecimiento era ese?

Ciertamente uno muy penoso que no ayudaba en absoluto a mi plan maestro. Ese plan que había puesto en marcha hacía dos semanas, cuando tras la cena con Jasper, Alice, Rose y Emmett, mi control se había auto-tirado por la ventana y yo había acabado la noche besando a Bella. En la mejilla, sí, pero al fin y al cabo era un beso. Más contacto físico del necesario, más contacto físico del que me estaba permitido. Ese plan que consistía en "evitar-invadir-el-espacio-personal-de-Bella". ¿Sencillo, verdad?

Por lo visto a mi autocontrol le resultaba de lo más complicado.

Sin embargo, y a pesar de mi monumental metedura de pata, no pude evitar acompañar mi ofrecimiento con una sonrisa. La sola idea de acompañar a Bella al cine como su "cita" me provocaba esas reacciones patéticas e involuntarias. Era un caso perdido.

Un vistazo a la expresión de Bella al escuchar mis palabras fue suficiente para borrar la mueca sonriente de mi cara. Por lo visto aquel ofrecimiento entraba dentro de la categoría de actividades que invaden su espacio personal. Una más que añadir a mi lista mental.

- Quiero decir… como amigos – añadí rápidamente, en un intento desesperado por redimirme – Ya sabes, para que no te sientas incómoda.

Así que aquí me encontraba, en el cine e inmerso en una de las situaciones más extrañas que recordaba. A mi derecha, una loca acosadora que trataba por todos los medios de pegarse a mí como si de una lapa se tratara, y un imbécil redomado cuyo plan era hacer un intercambio de parejas, endosándome a la loca histérica y quedándose con Bella. Mike y Jessica, menudo par. Y a mi izquierda, Bella y su adorable sonrojo. Dos asientos más allá, Eric y su cita montándoselo descaradamente en las butacas del cine.

Y en mi cabeza solo dos palabras.

Tensión. Sexual.

Sentí la mirada de Bella sobre mí y giré la cabeza levemente hacia ella para encontrarme con sus ojos marrones, mirándome intensamente. A pesar de la oscuridad en la que se había sumido la sala desde el inicio de la película, pude vislumbrar el tímido rubor de sus mejillas. Tenía una ligera idea de qué o quiénes lo habían provocado, por lo que esbocé una media sonrisa.

- Desagradable, ¿verdad? – susurré, señalando con la cabeza a Eric y a su novia.

Bella rodó los ojos y arrugó la nariz levemente en una mueca de disgusto.

- No te imaginas cuánto.

La tensión sexual no me abandonó durante el resto de la película. Ni tampoco durante el viaje en coche de vuelta a casa, ni durante la conversación que mantuvimos una vez en el apartamento. Esa extraña charla que comenzó con los comportamientos obsesivos de Mike y Jessica, y desembocó en mi insomnio, el sueño profundo de Bella y las habilidades ocultas de ambos.

- ¿Alguna habilidad oculta más que deba saber? – preguntó Bella con una sonrisa, tras haber descubierto que entre las muchas actividades con las que ocupaba mis horas muertas se encontraba tocar el piano.

- Déjame pensar… - pedí, fingiendo concentración y reprimiendo una sonrisa – No, creo que no. Aunque en estas semanas he descubierto alguna de las tuyas.

Dejé que mis labios se curvaran en una media sonrisa al observar la expresión cautelosa que había adoptado Bella.

- ¿Cómo cuáles?

Mi sonrisa aumentó ante su pregunta.

- Hablas en sueños.

Bella apretó los labios y se quedó en silencio durante unos segundos, aparentemente calculando qué decir.

- ¿He dicho algo que merezca la pena escuchar?

Con esfuerzo, borré mi mueca sonriente y adopté un falso aire casual antes de responder a su pregunta.

- No mucho. Normalmente son palabras incoherentes, a veces repasas la lista de la compra y te metes con Alice. Ah, y a veces dices mi nombre.

Desde el primer día que empezamos nuestra convivencia y comencé a conocer a Bella personalmente, me di cuenta de que era una personal difícil de leer. Me resultaba imposible descifrar el significado oculto en sus expresiones, sus gestos y sus palabras. Su actitud amable bien podía deberse a que simplemente me toleraba como compañero de piso, a que le caía genuinamente bien o a que me veía cómo algo más. En numerosas ocasiones me descubría a mí mismo tratando de adivinar lo que pasaba por su enigmática mente, frustrado al verme incapaz de encontrar una respuesta satisfactoria.

Descubrir que Bella hablaba mientras dormía había sido divertido al principio. Pero el comprobar que entre sus palabras incomprensibles y soñolientas se encontraba mi nombre, solo había contribuido a aumentar mi confusión respecto a Bella. ¿Significaba eso que pensaba habitualmente en mí, que soñaba conmigo? ¿Se trataba de sueños agradables o pesadillas?

- ¿A veces? – repitió Bella, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos - ¿Significa eso mucho o poco?

Fruncí levemente el ceño. Era evidente que mi confesión había hecho que Bella se sintiera incómoda, y tenía la ligera sospecha de que descubrir con qué frecuencia pronunciaba mi nombre en sueños no iba a lograr tranquilizarla.

- Depende de lo que entiendas por mucho – respondí de manera evasiva.

Bella dejó escapar un pequeño gemido y me maldije internamente por mis palabras y por haberla arrastrado a una situación tan incómoda. Apartó su mirada de mí y se mordió el labio en un claro gesto de nerviosismo. Gruñí para mí mismo. Eso y el furioso rubor que había aparecido repentinamente en sus mejillas no ayudaban precisamente a rebajar los niveles de tensión sexual que, de manera súbita, habían vuelto a nublar mi mente.

- Bella. No tienes por qué avergonzarte – aseguré suavemente, en un intento por hacer desaparecer su incomodidad.

- Edward, no quiero que pienses que estoy obsesionada o loca de atar – dijo en un hilo de voz, volviendo a ocultar sus ojos marrones de mí – Es solo que… con Alice me ocurría lo mismo, era la última persona que veía antes de irme a dormir y bueno… ya sabes el subconsciente cómo funciona.

Asentí con la cabeza en silencio. Esa es la explicación lógica, habló la insistente voz de mi conciencia. La ilógica es pensar que Bella sueña contigo.

Pero todo rastro de lógica desapareció de mi mente en el momento en que, sin razón aparente alguna, las mejillas de Bella volvieron a teñirse de color rojo. Sin ningún motivo o pensamiento que cruzara mi cerebro y guiara mis acciones, mi cuerpo actuó por propio instinto y antes de que Bella, o incluso de que yo mismo me diera cuenta de lo que estaba haciendo, mis labios habían hecho contacto con los suyos. Fueron necesarios varios segundos para ser consciente de lo que acababa de hacer, pero me vi incapaz de dar marcha atrás. Suspiré imperceptiblemente al comprobar que los labios de Bella eran todo lo que me había imaginado y, al mismo tiempo, mucho más. Eran frambuesa y frescor, noches cálidas de primavera y todas mis cosas preferidas envueltas en un par de labios suaves y en un pequeño cuerpo lleno de curvas femeninas. Mis manos se movían hambrientas por todo su cuerpo, por su espalda y por su cintura, por su cuello y por sus mejillas sin saber en qué punto parar.

La extraña sensación de sobrecarga sensorial invadió todo mi cuerpo, y la falta de aire me obligó a separarme de sus labios. Fue entonces, al contemplar sus labios entreabiertos y su respiración tan agitada como la mía, cuando todo el peso de lo que acababa de hacer cayó sobre mí. Definitivamente lo que acababa de ocurrir era la perfecta definición de "invasión del espacio personal de Bella". Mierda. Ni siquiera me había dado la más mínima señal de sentirse interesada por mí y yo ya me las había arreglado para atacarla en el primer momento de descuido.

Carraspeé suavemente, pero cuando abrí la boca para hablar, mi voz sonó ronca y nublada por el deseo de lo que había ocurrido.

- Bella – sí, voz definitivamente ronca. ¿Era necesario sonar como un pervertido? Recuerda Edward, eres un caballero - Bella, yo… lo siento. Creo que me he dejado llevar por el momento y… lo siento, no volverá a ocurrir.

Dudando de mi capacidad para no volver a meter la pata otra vez, cerré la boca y me di media vuelta. Me retiré a mi habitación, deseando sin mucha esperanza no haber arruinado cualquier posibilidad de conseguir una amistad con Bella. Aún nos quedaba una semana de convivencia y lo último que deseaba era que se sintiera incómoda por culpa de mis incontrolables hormonas.

Suspiré pesadamente tras cerrar la puerta de mi habitación a mis espaldas.

Mañana sería otro día.

* * * * * *

- ¿Por qué brindamos?

Observé a Bella, mirándome con los ojos abiertos y curiosos y con una pequeña sonrisa bailando en sus labios. Me sentí complacido al comprobar que mis esfuerzos por preparar algo especial para nuestra última noche juntos como compañeros de piso parecían haber surtido buen efecto.

- Por los meses de convivencia fructíferos.

La leve sonrisa de Bella se amplió al tiempo que elevaba ella también su copa para brindar.

- Por los meses de convivencia fructíferos – repitió.

El brindis, la cena, la tenue iluminación del apartamento, la sonrisa de Bella… todo parecía ser perfecto aquella noche. Por eso no comprendí qué iba mal cuando la permanente expresión complacida de Bella se transformó en una mueca de preocupación sin razón aparente alguna. Frunció levemente el ceño y suspiró. Su repentino cambio de humor me recordó una vez más lo indescifrable que era Bella y no pude evitar preguntar qué ocurría.

- No es nada – respondió ella suavemente, pero su mueca aún frustrada decía otra cosa.

- Bella, sabes que me puedes contar cualquier cosa, ¿verdad?

- Es solo que… - dudó durante unos instantes – creo que te voy a echar de menos.

Bien. Ella creía que me iba a echar de menos. Yo estaba completamente seguro de que lo iba a hacer. Una leve sensación de incomodidad se había instalado ya de manera permanente en mí en estos últimos días, y cada vez que pensaba en el momento de volver de nuevo con Jasper sentía el estómago vacío. Tenía incluso la impresión de que ya la echaba de menos a pesar de tenerla a escasos metros de mí. Mierda. Esto era peor de lo que pensaba.

Sin ni siquiera reparar en lo que estaba haciendo, extendí mi mano por encima de la mesa para acariciar levemente el dorso de la suya. Sí, aquello era invadir su espacio personal, pero qué demonios, necesitaba que Bella recuperara esa sonrisa que había lucido desde el principio de la noche.

- ¿Y crees que eres la única que se siente así? – pregunté, intentando proporcionarle algo de consuelo.

- ¿Me vas a echar de menos? – inquirió, mirándome con incredulidad.

Aquello era una pregunta retórica, ¿verdad? ¿Por mi cara patética de cachorro abandonado no era obvia la respuesta?

- Más de lo que te imaginas.

Afortunadamente, la sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Bella. Nos reímos del comportamiento hiperactivo de Alice y de nuestras fracasadas vidas amorosas. Todo parecía ser perfecto de nuevo, hasta que Bella pronunció las palabras fatídicas.

- Edward, hay algo a lo que llevo dándole vueltas unos cuantos días – confesó, dubitativa – La noche que fuimos al cine con Angela y Ben…

Oh, sí. La noche que fuimos al cine con Angela y Ben. La noche en que mi autocontrol se fugó por la ventana. Sabía que la gran metedura de pata de aquella noche iba a volver para atormentarme.

- Bella, respecto a eso creo que te debo una disculpa.

- ¿Otra disculpa? – preguntó con una nota de incredulidad en su voz – Creo que ya dejaste bastante claro que lo sentías y que no volvería a ocurrir.

- Y precisamente es por eso es por lo que quiero disculparme – repliqué.

Bella me observó confusa. Fruncí ligeramente el ceño ante su expresión, ¿exactamente qué le parecía extraño de la situación? Mis hormonas se habían apoderado de mi cuerpo y la habían atacado en el menor momento de descuido. Lo lógico era que me disculpara por mi comportamiento, ¿verdad?

- ¿Puedes ser un poco más claro? – pidió Bella, ladeando la cabeza y con la copa de champán aún en la mano – Lo siento, pero el champán hace estragos en mis neuronas.

Esbocé una pequeña sonrisa, pero la expresión se desvaneció en cuanto reflexioné sobre sus palabras. Después de haberla besado aquella noche, mi comportamiento había sido algo esquivo en mi intención por no hacerla sentir incómoda. Pero sospechaba que eso solo había logrado que se sintiera confusa. Bella tenía razón. No estaba siendo claro y era hora de darle una explicación razonable.

La miré directamente a los ojos y tomé aire. Estaba a punto de aniquilar todas mis posibilidades de amistad con Bella.

- Bella, ¿tienes alguna idea de por qué acepté la propuesta de Alice de venirme a vivir aquí?

- ¿Te sobornó? – preguntó, y no pude evitar reírme. Negué con la cabeza - ¿Te miró con ojos de cachorro abandonado? Te aseguro por experiencia que con esa mirada Alice es capaz de conseguir cosas imposibles.

- No, Bella – negué de nuevo - Alice ni siquiera tuvo que esforzarse para convencerme porque yo acepté en cuanto supe que mi nueva compañera ibas a ser tú.

Bella abrió los ojos, mirándome una vez más con esa expresión confusa.

- ¿Qué… qué quieres decir?

Vamos, Cullen. Estás a punto de confesar tus tendencias acosadoras. Tendrás suerte si no sale corriendo de aquí gritando a pleno pulmón y pidiendo una orden de alejamiento.

- Quiero decir que desde que te vi en la biblioteca por primera vez a principios de curso, no he podido dejar de pensar en ti. Quiero decir que en cuanto Alice me propuso vivir contigo durante un mes, acepté sin pensármelo.

Bella continuó observándome en silencio, con la boca ligeramente abierta y los ojos como platos. Lo de la orden de alejamiento quizás había sido un poco exagerado, pero aún no había descartado el que saliera corriendo y gritando.

Quizás si matizaba un poco mi explicación…

- Y también quiero decir que después de dos meses observándote todos los días en la biblioteca y preguntándome cualquier mínimo detalle sobre ti, preguntándome cómo sería charlar contigo, cómo te comportarías con tus amigos, si cantas en la ducha o no, cuál es tu color favorito, si prefieres café o leche por las mañanas… has superado todas mis expectativas, Bella. Porque eres inteligente y valiente, y porque eres comprensiva y serena, y porque eres capaz de aguantar todas las charlas de Alice sin borrar tu sonrisa, y porque hablas en sueños, y porque te sonrojas cuando alguien dice algo vergonzoso.

Respiré profundamente tras pronunciar mi pequeño discurso. Mi manó se alzó por propia voluntad para alcanzar la de Bella, pero en esa ocasión fui capaz de controlar mis movimientos antes de volver a meter la pata.

- Bella, la otra noche me comporté muy mal. No puedo explicártelo de forma racional, simplemente vi cómo te sonrojabas sin razón y sentí el impulso de besarte.

- Y te arrepientes, ¿verdad? – susurró.

Asentí levemente.

- No me arrepiento de haberte besado porque mi cuerpo me lo llevaba pidiendo a gritos desde la primera vez que te vi. Pero me arrepiento de haber actuado por impulsos sin pensar en las consecuencias. Bella, en cuanto te miré después de haberte besado, supe que había metido la pata. Pensé que había desperdiciado cualquier posibilidad de amistad contigo. Aún nos quedaba una semana viviendo juntos y no quería hacerte sentir incómoda, así que me disculpé y me fui. Lo siento si estos últimos días han sido confusos para ti, tan solo quería… minimizar los daños. Lo siento.

- ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? – preguntó Bella tras unos instantes de insoportable silencio - ¿Por qué me estás diciendo todo esto ahora?

- Porque soy un cobarde y he tenido que esperar al último día – confesé con sinceridad.

Nos sumergimos en un incómodo silencio. Me permití mirar de reojo a Bella y un solo vistazo a su figura cabizbaja y pensativa fue suficiente para que mi cuerpo se moviera de nuevo por su propia voluntad. Me moví para sentarme a su lado, sintiéndome automáticamente más cómodo y calmado. Pero cuando el silencio se hizo insoportable, me vi obligado a hablar.

- Bella.

Bella alzó los ojos hacia mí, extrañada por mi inesperada cercanía. Analicé durante unos segundos su reacción a mis palabras. Parecía confusa, incrédula y… ¿sorprendida? Pero no había rastro alguno de disgusto o repulsa en su rostro. ¿Podría significar eso algo?

¿Algo bueno?

- Quiero intentar una última cosa – pedí en un susurro, tratando en vano de borrar toda señal de desesperación de mi voz.

Bella cerró los ojos y asintió débilmente. Su movimiento fue tan leve que por un momento me pareció haberlo imaginado. Cubrí la distancia que nos separaba con movimientos medidos y cuidadosos, en un intento por no perturbar el aura de serenidad que parecía desprender su figura. Me preparé mentalmente para revivir todo aquello que mi mente había rememorado tantas veces durante la última semana, pero cuando mis labios hicieron contacto por segunda vez con los suyos, me di cuenta de que mi memoria no le había hecho justicia. Su olor, su tacto, su sabor, todo aquello era demasiado. De nuevo me vi invadido por aquella extraña impresión de sobrecarga sensorial, pero me obligué a mí mismo a disfrutar con calma de cada sensación que Bella me estaba proporcionando.

Cuando nos separamos, tuvo que esperar unos instantes a que mi respiración recuperara su ritmo normal antes de poder hablar.

- Bella, no quiero que te sientas forzada. No espero una respuesta rápida… ni siquiera espero una respuesta. Tan solo necesitaba darte una explicación.

Me acerqué a ella una vez más. Me pareció sentir como el ritmo de su corazón se aceleraba de manera perceptible, pero bien podría haber sido una alucinación. Estaba tan embriagado de Bella que era bastante posible que mi imaginación se desbordara. En un ramalazo de valentía, deposité un suave beso en su mejilla antes de despedirme.

- Buenas noches, Bella.


He tardado pero por lo menos el extra ha venido cargadito de "contacto físico". El siguiente extra ya será el último y viene con una escena sorpresa a mayores que no está en los capis anteriores.

Mil gracias por vuestros reviews. Un empujoncito y llegamos a los 500 ^^

Bars.