Al día siguiente, mientras Harry aún dormía, Ron bajó a desayunar antes de lo normal para ir después a ayudar a la profesora McGonagall con la preparación del viaje.
En el comedor apenas había nadie, era demasiado pronto. El chico se dirigió a su mesa y comenzó a desayunar. Entonces, una voz le habló a sus espaldas:
- ¿Puedo sentarme?
Era Hermione.
- Claro, éste es un país libre – contestó él con cara de pocos amigos.
- Mira, Ronald, sólo quiero hablar contigo sin terminar discutiendo.
- Ya, pues buena suerte.
- Simplemente quiero saber por qué te molesta que hable de Victor o que siga en contacto con él. Si me dieses una razón de peso…
Ron respiró hondo y la miró.
- Es que no me parece que sea un tío de fiar, la verdad. No quiero que te haga daño.
Ella sonrió.
- Gracias por preocuparte tanto por mí, pero no creo que Victor sea ese tipo de chico…
- Tú misma – dijo Ron con brusquedad.
- …pero si tanto te importa, tranquilo, que en la reunión no propondré Bulgaria como opción.
En ese momento, la cara del pelirrojo se iluminó.
- Me alegra que entres en razón… - respondió intentando disimular la alegría.
Al terminar de desayunar, se dirigieron al despacho de McGonagall. De camino, se encontraron con Harry.
- Tío, ¿qué haces aquí? – preguntó Ron. - ¿Y por qué llevas esas pintas?
- Al parecer a Dumbledore se le olvidó mencionar que los capitanes de los equipos de quidditch también tenían que estar presentes. Siento no haberme puesto el esmoquin, pero esto es lo único que me ha dado tiempo a hacer – bromeó el chico señalando sus zapatillas, aún sin atar.
- Al menos podrías haberte peinado… - contestó su amigo.
- Habló aquí el pelo Pantene…
- ¿El pelo qué? – preguntó el pelirrojo – Oye, a mí no me insultes, ¿eh?
Harry y Hermione se echaron a reír.
Juntos llegaron al despacho de la profesora, donde tanto ella como otros alumnos estaban recortando papeles como locos.
- ¿Para qué son esos papelitos?
- Esos "papelitos", señor Weasley, son los destinos que estamos decidiendo para que entren en el sorteo – respondió McGonagall.
- ¿Los vamos a decidir nosotros?
- Sí, daremos veinte lugares a elegir a los demás alumnos. Creo que todavía están discutiendo cuáles serán – dijo señalando a algunos alumnos del fondo.
Todos los prefectos y capitanes de quidditch de cada casa estaban ahí. Al parecer, primero había que escoger los lugares entre todos y después preparar cada uno la presentación para su casa.
Los tres amigos se sentaron en unas sillas vacías.
- ¿Qué tal a Mónaco? – propuso una alumna.
- ¿Qué tal si te callas? – le espetó Malfoy.
- ¿Por qué no te callas tú, Malfoy? – saltó Harry.
- Hombre, si ya están aquí Cara Rajada y sus amiguitos… ¿Alguna sugerencia, Potter?
- ¿Bulgaria? – dijo él.
Ron pegó un brinco en la silla y a continuación le lanzó una mirada furtiva a su amigo. Aunque este último no vio el gesto, Draco sí lo hizo y aceptó la propuesta.
- De acuerdo – aceptó con fría voz -. Con esto hacen ya veinte, ¿no, Pansy?
- Sí – respondió ella.
- ¿Cuáles son los lugares? – preguntó Hermione con curiosidad, intentando evitar mirar a Ron, que aún estaba soltando maldiciones por lo bajo.
- Italia, Portugal, España, Chicago, California, Francia, - en ese momento Hermione hizo una mueca de desagrado – Rusia, Argentina, Venezuela, Alemania, Marruecos, Kenya, México, Brasil, Australia, China, Japón, Finlandia, Canadá y Bulgaria.
