El curso transcurrió sin sobresaltos y tan sólo estaban a un día de partir.

- ¡Harry, ¿has visto mis calzoncillos?! – gritó Ron desde el otro lado de la habitación al oír que entraba alguien.

- No soy Harry – contestó una voz femenina –, pero tus calzoncillos están ahí.

Ron se giró y vio Hermione señalando la ropa interior que se encontraba en el suelo.

- ¿Pero q-qué haces tú aquí? – dijo sorprendido intentando recoger la ropa que la chica había señalado lo antes posible.

- Venía a ver si teníais todo preparado… - Hermione miró el baúl vacío de Ron – Pero ya veo que no.

- ¿Cuánta ropa hay que llevar?

- No lo sé, Ronald. Calcula cuánto necesitas para dos semanas.

- ¡Hermione! – saludó Harry desde la puerta - ¡Genial! ¿Nos ayudas a hacer el equipaje?

La joven puso los ojos en blanco y asintió.

Toda la ropa de los dos chicos estaba esparcida por las camas y, a veces, tenían dificultades para distinguir de quién era cada cosa.

- ¿Esto es tuyo o mío? – preguntó Ron a Harry sujetando un jersey.

- Hombre… teniendo en cuenta que tiene una R y que yo no me llamo Rarry… pues digo yo que será tuyo.

Hermione se echó a reír.

- No lo había visto, ¿vale? – se excusó el amigo.

Tras estar hora y media ordenando, metieron todas las cosas en los baúles.

- ¡Por fin! – dijo Hermione secándose el sudor de la frente – Creía que no íbamos a terminar nunca.

- ¿A qué hora salimos mañana? – preguntó Harry.

- A las seis.

- Qué tarde, ¿no? – dijo Ron asombrado.

- A las seis de la mañana, Ronald – contestó Hermione.

- ¿¡QUÉ!? ¿Están locos o qué? ¡Si a esas horas no está despierto ni Filch!

- Igual es un poco pronto…

- ¿Un poco? ¡Es un atentado al sueño!

- Tampoco exageres…

- Más vale que este viaje merezca la pena… que sino…