A la mañana siguiente, todos los alumnos de séptimo se encontraban esperando a las puertas del colegio a algún barco o algo parecido que los llevase hasta Bulgaria, pero no apareció.
McGonagall anunció que irían a la estación de King's Cross en el Expreso de Hogwarts y después cogerían un avión en Heathrow.
- ¿Un avi-qué? – preguntó Ron.
- Un avión – informó Hermione a su amigo -. Es una especie de pájaro metalizado gigante que transporta a los muggles volando.
- ¡Mola! Esto de hacer un viaje a lo muggle creo que me va a gustar…
Llegaron al aeropuerto horas más tarde, donde toda la gente los miraba como si acabasen de salir de un circo.
- ¿Qué es lo que les parece tan raro? – preguntó Ron.
- No sé… tal vez el hecho de que una masa de jóvenes vaya con baúles antiguos y lechuzas – ironizó Harry.
- Hombre, no pretenderás que lleve todo en las manos…
- Existen maletas, Ronald – informó Hermione soltando un bufido.
- Perdóname por haber nacido mago – dijo Ron con sorna.
Por suerte para Harry, antes de que se produjese otra disputa entre sus amigos, anunciaron que se había abierto su puerta de embarque.
El vuelo transcurrió sin sobresaltos, aunque Harry y Hermione tuvieron que pedir al pelirrojo que se estuviese quieto, porque había intentado abrir la ventana del avión unas cuatro veces. "¿Y si no se abren para qué están?", se quejó Ron.
Al llegar a tierra, los alumnos de séptimo acudieron al que sería su hotel durante su estancia en Bulgaria. Harry y Ron pidieron que dejasen que Hermione se alojase con ellos en su habitación, que no les importaba dormir los tres en dos camas, pero McGonagall dijo que no estaba permitido que chicos y chicas compartiesen habitación.
Resignada, Hermione se fue a la habitación que iba a compartir con Lavender Brown.
Quince minutos antes de la cena, la chica estaba peinándose (o al menos intentándolo) cuando oyó un grito desde la ventana. Asustada, se asomó y vio que Ron estaba agarrado al bordillo de la ventana, a punto de caerse.
- ¡Ronald! – dijo al final la amiga - ¿Qué demonios haces?
- ¿Te importa que te lo cuente cuando no esté apunto de matarme desde semejante altura?
Hermione ayudó a su amigo a subir.
- ¿Te has vuelto loco? ¡Lavender vendrá enseguida!
- Coge tus cosas, nos vamos – le contestó agarrándola del brazo.
- ¿Adónde?
- ¿Adónde va a ser? ¡Pues a nuestra habitación! ¿No pensarías que te íbamos a dejar con esa tía loca sola, no?
- ¿Y por qué no podemos salir por la puerta como la gente normal?
- ¡Porque Snape está vigilando el pasillo de las chicas!
Entre los dos metieron todo en el baúl y salieron por la ventana. Abajo Harry les esperaba con impaciencia.
- ¿Por qué habéis tardado tanto?
- Oh, es que le he estado suplicando a Lavender para que volviese conmigo.
La cara de Harry se puso pálida.
- Es broma, tío – añadió Ron al ver el gesto de su amigo.
Hermione comenzó a reír.
Después entraron por la ventana de la habitación de Ron y Harry, los cuales agradecieron estar en un primer piso.
- ¿Así que a partir de ahora tengo que entrar y salir siempre por la ventana? – preguntó la chica.
- O eso, o vuelves con Lavender – dijo Harry encogiendo los hombros.
