FIESTA DE CUMPLEAÑOS
Después de que Charlie cenase y nos hiciéramos unas cuantas fotos, Edward y yo nos dirigimos a su casa.
A pesar del susto que me había llevado al encontrar mi habitación echa un desastre, hacía ya rato que volvía a estar de buen humor. Sobre todo, gracias a mi padre. Creo que, incluso estaba algo excitada por todo el asunto de la fiesta.
-¿No les contarás que los lobos han entrado en mi casa, verdad? -le pregunté a Edward algo preocupada, antes de llegar al sendero que conducía a su casa.
-Deberían saberlo, ¿no te parece? -me dijo él con un tono algo burlón y su sonrisa que era mi preferida.
-Si... pero no me gustaría que se estropeara la fiesta, por eso -confesé sin querer poniendo una mueca.
-Pero, ¿no estabas totalmente en contra de que te hiciéramos una fiesta? -se burló Edward.
Me crucé de brazos y retorcí los labios un poco. Definitivamente, nada me había salido bien aquél día. Mis intentos por quejarme y hacer como que no me apetecía la fiesta habían sido en vano, me había confesado yo sola sin quererlo, mi tozudez por no ir a cazar aquél fin de semana casi hace que me zampara a mis compañeros aquél día, y encima los lobos habían entrado en mi casa. Todo me había salido al revés.
-Pues ya lo ves, no estoy en contra -dije tozuda apartando la mirada de la de Edward-. En realidad me muero de ganas por tener una fiesta. Aunque espero que no se os haya ocurrido gastaros ni un centavo en hacerme regalos.
-Tranquila, todo son regalos hechos a mano -volvió a mofarse Edward-. Aunque, no entiendo esa alergia tuya a que no te hagan regalos... -añadió un tanto molesto.
-No es que no quiera que me regaléis nada -dije muy a mi pesar, pero sin poder evitar sincerarme con él...de nuevo-. Es solo que yo no tengo nada con que poder corresponderos. Eso es todo.
Edward me miró un tanto sorprendido y con la nariz arrugada.
-Vale, como quieras -dijo al fin. Su voz sonó enfadada, por lo menos a mí me lo pareció.
Cuando llegamos a la casa de Edward, Alice ya estaba esperándonos en el porche.
-¿Pero que demonios haces, Bella? -me dijo Alice, algo indignada, acercándose a nosotros cuando nos bajamos del coche-. ¿No te has cambiado? ¿Porqué sigues con la misma ropa de por la mañana? Es una fiesta ¿sabes?
Edward puso los ojos en blanco y se sentó en el capó del coche, mientras Alice observaba mi atuendo con cara de pocos amigos.
-Bueno... es que no pensé que fuera tan importante. Nadie me dijo que me tenía que vestir de gala para celebrar mi cumpleaños -mentí, haciéndome la ofendida, después de intercambiar una mirada con Edward.
-¿Que no es...? ¿Que nadie te...? -Alice parecía consternada. No podía creer lo que había dicho y a mí me dio la impresión de que, en caso de haber estado "viva", la hubiera entrado un ataque de ansiedad.
-Hola chicos -nos saludaron el resto de miembros de la familia.
-¿Alice? ¿Te encuentras bien? -preguntó Jasper preocupado al ver la consternación en la cara de Alice.
-Bella no se ha "arreglado" para su fiesta y Alice está al borde de un ataque de nervios -explicó Edward un tanto burlón y encogiéndose de hombros.
-¡Oh!
-Bueno, y no solo ella, sino tú también -intervino Alice, atacando a Edward, mientras le cogía la solapa de la camisa-. ¿Es que no te parece importante la fiesta de cumpleaños de tu novia?
Todos soltaron una carcajada, menos Edward que rodó los ojos y resopló con impaciencia y yo, que me puse un poco nerviosa y me mordí el labio inferior.
-Vale, Alice ya voy a cambiarme. Pero deja de exagerar, ¿quieres? -dijo Edward un poco molesto.
-Sí, eso. Ve a cambiarte. Y tú, acompáñame que voy a quitarte esos trapos -dijo Alice, cogiéndome con dos dedos de la chaqueta, como si mi ropa apestase.
-¿Trapos? Alice, ¿Tengo que recordarte quien llenó mi armario con estos "trapos"? -pregunté mientras subía por la escalera del porche.
-¿Y yo tengo que recordarte quien intenta enseñarte a comportarte como una chica normal, sin que tú prestes ninguna atención? -rebatió Alice poniéndose en jarras-. No puedes acudir a una fiesta, sobre todo si eres tú la agasajada, con la misma ropa que usas a diario. Además, te tengo dicho que no utilices la misma ropa dos veces. Rose, tápala los ojos. No quiero que vea como ha quedado todo hasta que no baje en condiciones.
Me limité a suspirar, cerrar los ojos y dejar que Alice hiciera lo que quisiera con mi aspecto. Era inútil hacer entrar en razón a Alice cuando se ponía en ese plan. Además, me sentía culpable por haberles mentido, acerca de porqué no me había cambiado.
No tardé mucho en ducharme, y Alice y Rosalie tampoco tardaron demasiado en prepararme, así que quince minutos más tarde, bajábamos por las escaleras.
Pude escuchar a los demás hablar y reír en el salón, aunque no podía ver nada, pues Alice me llevaba con los ojos tapados para que no viera nada aún, pero un exquisito aroma a rosas me llegó desde el salón.
Instantes después las risas y conversaciones cesaron, por lo que adiviné que habíamos llegado al salón.
-Vale, Bella. Abre los ojos -me dijo Rosalie cuando Alice quitó su mano de mis ojos.
-¡Wow! ¡Es...impresionante! -exclamé nada más abrir los ojos.
-¿Te gusta? -preguntó Alice dando saltitos de alegría.
Como no iba a gustarme. Era un poco exagerado, si, pero todo estaba precioso.
Un montón de rosas rosa claro y rojas, adornaban todo el salón, acompañadas por un montón de velas blancas y rosas. Además, en la mesa de cristal, junto a un gran jarrón de rosas rojas, había un montón de regalos.
-¡Oh, ya lo creo! Gracias -balbuceé intentando abarcar con la mirada todo aquél hermoso salón.
-Bueno tú también estás impresionante -observó Emmet dando un codazo a Edward, que parecía un poco distraído.
-Gracias -dije un poco avergonzada.
-¡Feliz cumpleaños, cariño! -me deseó Esme abrazándome, seguida por el resto de los Cullen.
Después de las felicitaciones y los besos y abrazos, Jasper preguntó:
-Bueno, ¿Qué tal si pasamos a los regalos?
-¡Si! Ven aquí Bella -exclamó Alice emocionada.
-Toma, abre el nuestro primero -me dijo Carlisle con una enorme sonrisa.
-¡Madre mía! ¿Son...?
-Billetes para que vayas a ver a tu madre, si -me dijo Esme con una cariñosa sonrisa.
-Pero, hay dos... -observé mirando a Edward, que asintió con la cabeza para confirmar lo que acababa de pensar-. ¡Muchísimas gracias! -les dije a ambos abrazándolos.
-Ahora el nuestro -me dijo Emmet-. Es de Rosalie, Jasper y mío.
-¡Madre mía! ¡Menudo portátil! ¡Es...! -no tenía palabras. El portátil no tenía marca, por lo que deduje que, era probable, que Emmet y Jasper lo hubieran montado ellos mismos-. ¡Muchas gracias, de verdad! -les dije abrazándoles también, con algo de cautela cuando me acerqué a Rosalie que, aunque no nos llevábamos tan mal como antes, todavía no teníamos mucha confianza. Pero igualmente me abrazó, sin decir nada.
-Yo elegí los componentes más modernos y potentes que hay en el mercado en este momento, para que no se te quede anticuado demasiado pronto y Emmet lo montó con ayuda de Rosalie, que también escogió el color -explicó Jasper emocionado-. Por cierto, ¿Te gusta el color?
El color del portátil era un bonito amarillo con algunos detalles en negro.
-Es perfecto. En serio -contesté.
-Ya os lo dije -intervino Rosalie irguiéndose orgullosa-. Por mucho que Alice se esfuerce, creo el rosa no es el color favorito de Bella.
No dije nada. Solo me reí junto a los demás.
-Bueno. Nuestro turno -dijo Edward, entregándome un paquetito cuadrado y no muy grande.
Destrocé el papel, literalmente, y en cuanto lo vi se me abrieron los ojos como platos y la boca se me abrió un poco.
-¿No me digas que...? ¿Es un cd con tu música? -pregunté con la voz ahogada.
-Exacto -contestó él con una enorme sonrisa en el rostro y abriendo los brazos a la espera de mi abrazo. Que tampoco es que se hiciera esperar mucho.
-Muchísimas gracias -dije casi sin aliento cuando me abalancé sobre él.
-De nada. Sabía que te gustaría. Alice me ayudó a grabarlo.
Me solté de Edward y abracé a Alice, que sonrió satisfecha.
Estaba más emocionada de lo que pensé que podría emocionarme. No sabía si es que el ser vampiro te disparaba las emociones o si había otra explicación, pero lo cierto era que aquella noche, en tan poco rato, había demostrado mi afecto hacia los demás de una manera infinitamente más de lo que lo había echo en toda mi vida.
Verdaderamente estaba emocionada y, de seguir siendo humana, no hubiera podido aguantar las lágrimas.
Después de los regalos, Alice y Rosalie pusieron música y la fiesta comenzó a animarse bastante. Hablamos, reímos, bailamos y hasta disfrutamos de un magnífico pulso entre Emmet y Jasper, el cual ganó Jasper haciendo casi enfurecer a Emmet, que quiso la revancha, la cual perdió también.
A eso de las doce, Edwar me cogió del brazo y me llevó afuera.
-¿Te está gustando la noche, Bella? -me susurró al oído, mientras recorría mi mandíbula con la nariz.
-Mucho -fue lo único que pude murmurar, pues me había puesto un poco nerviosa.
-Bien. Pues espero que siga siendo así. Acompañamé.
Me rodeó la cintura con su brazo y me condujo frente al garaje donde, para mi gran sorpresa, los demás nos estaban esperando.
No entendía nada de aquello, pero no dije nada. Estaba demasiado aturdida.
-Cierra los ojos Bella -me dijo Edward con cierto brillo burlón en los ojos.
Un poco nerviosa, miré a los demás, que también sonreían divertidos, y después de lanzar un suspiro cerré los ojos, como me había pedido.
Oí como se habría la puerta del garaje y después, sentí como unas manos me sujetaban por los hombros.
-Camina, Bella -la suave y cariñosa voz de Carlisle cerca de mi oído derecho, contestó a mi pregunta interna sobre quién sería el dueño de esas manos.
Despacio, comencé a caminar guiada por Carlisle, hasta que con un firme apretón, me hizo detener.
-Ahora Bella. Abre los ojos -me dijo Esme con emoción en la voz.
Cuando abrí los ojos no supe como reaccionar.
Delante de mí, Edward estaba situado junto a un bonito BMW rojo y, por lo que pude deducir, a pesar de no saber mucho sobre coches, deportivo. Estaba recostado en la parte junto a la puerta del conductor y su sonrisa era tan enorme y emocionada como cautelosa.
No entendía nada.
-Bueno, ¿qué, no dices nada? -me preguntó Edward, un tanto ansioso.
-¿Sobre qué? -balbucée tontamente y sin entender todavía muy bien todo aquello.
-Ya sabía yo que no te gustaría... -murmuró Edward, decepcionado.
Los demás también hicieron gestos de decepción, pero intentaron ocultarlo.
-¿Que no me gustaría el qué? -volví a preguntar algo confusa todavía-. ¿Te has comprado un coche nuevo? Edward, me encanta. Pero sabes que no entiendo mucho de coches.
Edward me miró incrédulo y los demás ahogaron la risa que les había producido mi comentario.
-No es para mí Bella -me explicó Edward un tanto molesto y con el gesto serio-. Es un regalo para ti. Es tuyo.
No podía salir de mi asombro. No me cabía en la cabeza todo aquello.
-¡Oh, por Dios! -exclamé emocionada, en contra de lo que me dictaba mi cabeza-. Es... ¡Oh, Edward!
-Hum. Me parece que sí le gusta Edward -comentó Emmet socarronamente mientras yo rodeaba aquél maravilloso coche, mirándolo sin poder apartar la vista de él.
-Pero yo no puedo... no puedo aceptarlo, es demasiado... elegante para mí -dije cuando llegué junto a él, con la voz quebrada por la emoción.
-¡Vamos, Bella! ¡No digas estupideces! -me espetó Edward enfadado-. ¿Es que no puedes dejar eso de una vez y aceptar un regalo? Te lo tengo dicho, el dinero me importa un pimiento. Además, eres mía, si quiero hacerte un regalo te lo hago, aunque me cueste un millón de dolares.
No podía responder. Entre lo abrumada que me sentía por aquella noche y lo asustada que estaba al verlo tan enfadado, me había quedado sin palabras.
-Y... ¿Cómo funciona? -conseguí preguntar, todavía con un hilo de voz, mientras él me fulminaba con la mirada-. No sé si será buena idea que yo conduzca un coche así. Además, llama mucho la atención.
-¡Bah! Tonterías -exclamó Edward abriendo la puerta con algo de violencia-. No creo que sufrieras daño alguno. Quizá antes... pero ahora no te pasará nada. Anda, sube.
Nos tiramos un buen rato, con el coche. Carlisle, Esme, Jasper y Alice se fueron dentro de la casa, y Rosalie, Emmet, Edward y yo nos quedamos en el garaje.
Según me explicaron, era un BMW X6 depotivo de la gama M. Tenía un motor V8 de 4.4 litros y 555 CV, con dos turbocompresores. La parte mecánica no la entendí, era como si escuchara bla, bla, bla, así que me dediqué a asentir a todo lo que me explicaban, por cortesía, mientras admiraba lo precioso que era por dentro.
Después de un buen rato dedicados al coche, nos adentramos en la casa, junto a los demás y, alrededor de las tres de la madrugada, la fiesta había decaído y todos nos ocupamos de diferentes cosas.
Carlisle fue a su despacho. Esme se puso a trabajar en la restauración de un cuadro de Carlisle, en el que llevaba varios días trabajando. Rosalie y Alice se pusieron a trabajar en unos modelitos nuevos que estaban pensando, mientras que Jasper y Emmet se sentaron frente a la televisión en busca de algo interesante. Edward y yo, subimos a su habitación para estar un rato a solas.
Mientras Edward ponía el CD que me había regalado en el equipo de música, yo me acerqué a la ventana y me sumergí en mis pensamientos.
-No vas a aceptar el coche, ¿verdad? -me susurró Edward cerca del oído derecho, mientras me envolvía la cintura con los brazos.
-Ya lo he aceptado, Edward -le aseguré, tratando de que no notase el pesar que sentía, en mi tono de voz.
-Entonces, ¿a qué viene esa pena?
-Es que... Ya te lo dije cuando veníamos hacia aquí, Edward -le dije volviéndome a él y agarrándome fuerte de sus brazos-. No me gusta que os gastéis dinero en mí, sabiendo que yo no os puedo corresponder. Me siento fatal por eso. Y vosotros, ¿qué hacéis? Billetes de avión, un portátil... un coche. Yo no puedo corresponder a nada de eso, Edward.
Edward me miró de una forma que me resultó imposible descifrar, aunque estaba segura de que ya no estaba enfadado ni decepcionado.
-¿Es que no te das cuenta, Bella? -me preguntó juntando su frente con la mía y en un susurro-. Los regalos son regalos, Bella. No se regala nada porque se espere nada a cambio. Bueno, quizá algunas personas sí lo hagan por eso, pero la mayoría de las personas regalan cosas de forma altruista, sin esperar nada a cambio... lo hacen de corazón, por que quieren y sienten que la persona se lo merece. Y en cualquier caso, Bella, no siempre corresponder con cosas materiales es la mejor forma de corresponder. A veces, corresponder como tú lo haces, es la mejor forma de corresponder. Pero si te soy sincero, los que te correspondemos con nuestros regalos, somos nosotros a ti. No sabes cuanto nos has dado, Bella. Sobre todo a mí.
En aquél momento no entendía lo que me dijo. Me sentía demasiado abrumada y emocionada como para pensar en nada, en aquél momento.
