EL PLAN

Para sorpresa de todos, la brújula señalaba nada menos que hacia Tortuga, su actual rumbo.

Luego de algunos días, solo faltaban unos minutos para que tocaran puerto.

Sin mucho para entretenerse, Jack se encaminó hacia el camarote de Katherine, el cual ella le había cedido a pedido de su padre (quien prefería que la mujer durmiera compartiendo su camarote con el que con Jack). Abrió la puerta y allí estaba Kate.

- ¿Sabes que tu padre me matara si te encuentra en un camarote sola conmigo? –

- Seguramente –

- ¿Entonces, que es tan importante como para poner mi vida en riego? –

- Es mi camarote, te recuerdo. Entraré cuando yo quiera. Y además, ya me iba –

La mujer se levantó de la cama en la que se encontraba sentada y se dispuso a irse.

- Kate –

Ella se volteó.

- ¿A quien iremos a buscar? ¿Quien es… el? –

Katherine suspiró. Se dispuso a responder, pero un tripulante la hizo callar.

- ¡Capitán, estamos a menos de cinco minutos del puerto! –

Kate salió a cubierta con rapidez. Dando un suspiro, Jack la siguió.

Al tocar el puerto, la tripulación empezó a dispersarse a excepción de Jack, Kate y John, quienes se quedaron frente a la nave de este último.

- Yo y Jack iremos a buscar por el pueblo. Espero no tardemos – dijo la mujer.

- ¿No quieres que te acompañen algunos de mis hombres? – le preguntó preocupado su padre.

- No. Así está bien –

- Muy bien... Confió en ti –

Se alejó.

- ¿Hacia donde apunta? – preguntó con interés Jack mientras veía sobre el hombre de Kate, quien sostenía la brújula.

El aparato giró bruscamente, para luego parar. Ambos elevaron la vista; señalaba una nave.

- ¡Esa es la nave que nos atacó! ¡Ahí debe estar! – susurró exaltada Kate, recién fijándose alrededor.

- No podemos entrar. Por lo que se ve, aun hay parte de la tripulación adentro… y tu tripulación ya se dispersó por Tortuga. No los podremos atacar -

- … O podríamos intentar formar parte de ella –

Kate hecho carrera sin previo aviso en busca de su padre. Sorprendido, Jack la siguió.

En cuanto le encontraron, cosa que tardó su tiempo, Kate le explicó lo que tenía en mente.

- No estoy seguro… - replicó pensativo John.

Kate nada dijo. Quisiera o no, ella lo haría. Ya lo había decidido. Su padre lo notó en su mirada.

- Esta bien… en tanto te acompañe alguien – respondió resignado pero severo.

- Jack ira conmigo – replicó ella indiferente – En cuanto lo liberemos, saldremos de la nave en bote. Ustedes nos estarán siguiendo de cerca y nos recogerán –

- Antes deberías saber el nombre de la nave y el de su Capitán –

- No te preocupes. Se lo que hago – sonrió ella.

Jack y Kate dejaron a un preocupado e inseguro John para salir en busca de algo de información. Pronto que encontraron un borracho "amigo" de Jack que empezó a contar varias cosas interesantes.

- O'Connor es todo un pirata – rió – Nunca ningún otro Capitán del Montero lo había navegado tan bien. Además, los esclavos que vende son de excelente clase… un amigo mío le ha comprado una mujer que es espectacular. No se de donde sacará a esos hombres y mujeres… -

- ¿Dijo que vende esclavos? –

Jack pudo notar la preocupación en Kate.

- ¡Claro que dije eso! ¿Que no me oíste? Es una nave mercante además de pirata. He oído que hasta los nobles ingleses le compran… y a un muy buen precio –

La mujer miró a Jack.

- ¿Creo que es suficiente, y tu? –

- También – replicó Jack mientras se levantaba de la mesa en la que se encontraban – Aquí tienes, Tedd. Gracias por tu tiempo… -

Jack le dejó unas falsas monedas de oro. El borracho, sin poder distinguir aquel engaño, sonrió complacido.

- No creo que me acepten como tripulante por ser mujer – se quejó Kate mientras se dirigían a la puerta – Pero tal vez si como mercancía –

Jack paró en seco y la miró sorprendido. ¿Había entendido mal o…?

- Tú podrías venderme y luego unirte a la tripulación –

- Katherine… - dijo despacio – ¿Sabes lo que te harán en esa nave si eres una esclava? –

- Nada… espero. Si O'Connor piensa venderme, supongo que será en buen estado. No creo que permita que me toquen un solo pelo. Sino, se defenderme muy bien –

- Estarás desarmada y ellos armados –

- Aun así. Además, para eso estas tú –

Jack suspiró.

- Muy bien… debemos encontrar a O'Connor –

- Creo que tu amigo Tedd esta ahora lo suficientemente borracho como para hablar sin cobrarte esta vez – dijo Kate mientras señalaba hacia semi-inconsciente hombre.

Jack sonrió mientras volvía a dirigirse hacia el pirata.

Las piratas ropas de ambos habían sido cambiadas;

Jack aun lo parecía, pero había cambiado su sombrero por otro más grande, que, muy a su pesar, tendría que devolver. Su vieja casaca la había dejado atrás para ahora tener una más nueva y extravagante, la cual también lamentablemente tendría que devolver. En cuanto a su cabello, luego de una lucha, lo habían logrado atar.

Jack sabía que luego de venderle a Kate, O'Connor no lo dejaría ser parte de su tripulación. Debía aparentar ser otro así luego poder ser el mismo frente a "su nuevo Capitán"

Kate, por su parte, había cambiado su ropaje pirata por uno más campesino.

Sus brazos y hombros estaban al descubierto. La pollera que ahora lucia era bastante ligera, y tenía caída vertical y a los lados tenia un par de tajos que mostraban sus esbeltas y largas piernas. Si querían que O'Connor la comprara, debía ver buena mercancía en ella.

Jack no aprobaba el ropaje. No porque no le gustara como le quedara a la mujer. Realmente le encantaba como se veía. Solo que no le gustaba que nadie más pudiera verla, y menos estando en un puerto de ebrios en busca de compañía.

Kate llevaba sus manos atadas con una soga, por la cual Jack la llevaba.

Entraron en una vieja cantina. Jack se acercó aun con Kate detrás de el a la barra.

- Busco al Capitán O'Connor – le dijo al cantinero mientras señalaba con la cabeza a Kate.

Este miró con seriedad a Katherine de arriba hacia abajo.

- Es por la puerta de atrás –

Jack le sonrió falso mientras se dirigía hacia la puerta nombrada. Entraron a la poco iluminada habitación. Había una salida en la pared de enfrente, donde se encontraba parado un pirata.

Sentado detrás de una mesa, se encontraron con el Capitán Alfred O'Connor.

Parecía estar transitando la mitad de sus 40. Tenía el cabello de un negro intenso, y sus ojos, verdes y fríos, apenas se veían bajo su gran sombreo y espesas cejas. Sus prendas mostraban que tiempo atrás había sido las finas ropas que cualquier Capitán debería utilizar.

Ambos se estremecieron ante esa inexpresiva mirada.

- ¿Cuanto me das por ella? – fue lo primero que dijo con una amenazante y grave voz.

- No mucho. Es un buen precio comparado con lo que le traigo – replicó Jack, intentando no gesticular al hablar.

Debía lograr que O'Connor no lo recordara luego de irse, y el sabia que dejaba una impresión difícil de olvidar gracias a su aspecto y forma de moverse.

- Eso lo veremos – gruñó O'Connor - ¿Cuanto? –

- Unas curvas así, no valen menos de 40. Una cara como esa, unos 10. Un momento con ella, le suma unos 50. En total seria 100… Pero, como usted parece saber apreciar la belleza en esta dama y parece ser un hombre experimentado, se lo dejare en 80 –

- 60 –

- 70 –

- 65 –

- Hecho –

Alfred sacó una bolsa. Sacó un par de monedas de ella y luego se la aventó a Jack, quien la tomó.

- Más le vale, amigo mío, que tenga razón. No quiero ensuciar mi nombre vendiendo una cualquiera – advirtió Alfred mientras el otro pirata tomaba a Kate y se la llevaba.

Jack la observó aun algo preocupado para luego irse.

Ahora, solo debía devolver las prendas prestadas y unirse a la tripulación del Montero.