4: El templo.

Gabriel fue el primero que se quedó consternado esa mañana, cuando tuvieron que dejar la casa de Christine y Gonzalo.
-¿Como es posible que hagas eso?
-Tiene derecho a ser felíz.- le dijo Raven dándole un codazo directo a las costillas.
-Adiós Raven- le dijo Melva dándole un beso en la mejilla- Gracias por cuidarme todo este tiempo y por enseñarme a usar mis poderes.
-De nada. Y te cuidas mucho.
En la nave, ella iba con Aki dormido en su regazo.

En el Palacio, en Barcelona, Berenice había estado todo el día temblando. Extrañamente había sentido la presencia de un espíritu, pero creyó que era por que esa noche había decidido complacer al Conde de Benalcázar. Siempre había sido tan raro y a la vez tan atractivo con esos ojos grises y serenos con un toque extraño en la mirada.
Por eso no se sorprendió al ver al Rey de Inglaterra con escalofríos. Por lo menos cada día 21 de mes se ponía así y no le veía el porqué.
Ese día contó 5 sirvientas que ya daban la seña del dedo pulgar hacia abajo: signo irrevocable de que el despotismo del rey incluía a las doncellas.
-Por favor, lo que yo haría sin rechistar y él prefiere a...esas- dijo por lo bajo al alejarse del comedor después del desayuno.

Volviendo a su refugio, Dick y Catalina se encargaron personalmente de arreglar los conflictos que pudieron haber surgido en la ausencia de los líderes y mandaron a los reemplazos a descansar unos días. En secreto se miraban y se sonreían con complicidad.
-Catalina, por favor, vete a descansar- le pidió él después de un rato.
-No. Jamás en mi vida había trabajado y es muy estimulante. Y pensar que pasé la vida encerrada sin poder hacer nada por mí misma.
-Me avisabas los movimientos del Rey.
-Y ya.

Esa misma tarde, durante la siesta, Raven tuvo la primer premonición en meses.
Soñaba con la misma chica de pelo negro y piel algo morena que Melva ya había visto. Llevaba el uniforme de la Academia donde ella había estudiado: un vestido negro de falda amplia con vuelos, puños y cuello alto en color blanco con botones morados.
-Mirjam.
-Tienes que volver con tu señora. Ella desea hablarte. Se te presentarán dos poderes en estas semanas, tu deberás decidir o alguna de nosotras lo hará
-Pero solo te veo a tí...
Y despertó.
-Ni de coña vuelvo con ella.- dijo Rachel simplemente y tomó el disfraz del día, mientras se sacaba el sueño de la mente

Raymond paseaba por el palacio sin los síntomas que presentaban el resto de los ocupantes de este. Estaba, en sí, tranquilo y componiendo aún sus poemas a la desconocida chica, mientras que Berenice se enfrentaba al Rey tirano.
-Es un ser despreciable- le dijo- Aquella muchacha que se resiste a que usted haga con ella lo que quiere la quiere más y yo, que por afición, haría lo que ellas niegan, me desprecia.
-No aceptaré la que ya ha sido de los demás.
-¡Aquella castaña que esta mañana bajó el pulgar tiene dos días de casada! ¿Que pretende con eso? ¿Demostrarnos que? ¿Que es usted gran varón? Gran varón sería si nos respetara. Pero merece el desprecio y perder con lo que dió vida a los Príncipes.
Y se fue. Hanover no se inmutó ante las palabras de la Princesa, apenas vió que se acercaba a una sirvienta mas joven y decidió seguir en su pasatiempo.
-Dile a mi hermana que dos canarias, dos de bronce y una noche.- le dijo Berenice a Rachel, que en su código quería decir dos rubias, dos castañas y una pelinegra.
-Lo haré, su Majestad.
Enrique aprovechó la situación para tomar a la hechicera del brazo y la jaló hacia él
-Vaya, vaya. Una dulzura como tú rondando por aquí.
-Suélteme, señor- dijo Rachel con voz firme. Ni podía mover la mano hacia sus pócimas, siquiera.
-No. Por lo mismo de ser tu Lord debes hacer lo que yo quiero.
-Me niego.
-No te resistas- siguió jaloneándola este mientras ella se defendía a patadas y golpes mal dados.
-¡Déjeme!
-Déjela- dijo una voz joven de hombre Enseguida el joven de pelo negro y largo apareció y liberó a Rachel, poniéndola entre sus brazos para protegerla mientras esta se quedaba asustada
-Hijo. No te metas que por ley se obedece primero al padre que al Hijo.
-La han estado buscando en la cocina, por eso me la llevo. Además mire. Es aún una niña. Déjela, por Dios.
El tirano se fue mientras Rachel se zafaba
-No tenías porqué armar un numerito- dijo esta acomodándose otra vez el cabello- ¿Y porqué te quitaste los lentes, Dick?
El joven solo sonrió mirándola algo incrédulo
-¿Rachel, verdad?
-Nos conocemos desde hacie diez años, hermanito ¿porque de repente me preguntas el nombre?
-Ya sabes... tanta gente... se me olvida.
-Nos veremos en la noche- dijo esta dándose la vuelta.

Pero esa misma tarde tuvieron que salir a investigar lo que había sucedido en una zona lejana de la ciudad. Cuando llegaron notaron que Raven se ponía algo nerviosa
-¿Sucede algo?- le preguntó Gabriel, que había ido con ella y Alan
-Es que siento escalofríos. No sé porqué.
Llegando casi a donde habían registrado los sucesos anómalos, la misma hechicera reconoció las señas que había talladas en el piso. No eran normales: para ella tenían un significado.
-Aquí fue donde la computadora nos señalaba- dijo Alan
-Pues no se ve nada raro- dijo Gabriel revisando de nuevo el mapa
-Esa computadora tiene la mas alta tecnología ¿como va a equivocarse?
-Fue hecha por humanos, los humanos cometemos errores, por lo tanto también lo que hacemos.
En ese segundo entre que Alan lo miraba algo irritado, notaron que el vestido de encima (off: en ese entonces se usaban dos vestidos, uno era como un camisón y otro era un jumper) de Raven caía al suelo.
-¿Que haces?- preguntó Alan sonrojándose.

La hechicera no respondió. Estaba como en trance: con la mirada perdida, la piel casi del color de la luna llena, los labios entreabiertos. Alan quiso despertarla, pero Gabriel la detuvo.
-No la toques.- le dijo casi en un susurro.
Raven siguió avanzando y al llegar a un círculo con símbolos estelares y marcas en lenguas desconocidas una luz salió de las mismas. La energía también llenó a la joven y cegó a sus acompañantes.
Cuando todo terminó ella traía un vestido elegante y complicado, el pelo largo y sujeto con varios adornos. Tenía el porte mas misterioso y con una autoridad indiscutible. En medio de la frente tenía el signo de una media luna acostada.

-Señora...
La luz enorme que tenía aquel ser apenas dejaba distinguir que era una mujer alta y en extremo delgada, anoréxica, con el cabello casi en el piso y una hoz en una mano y un libro en la otra. Era nada menos que Láquesis, una de las Parcas.
-Al final tuve que hacer esto para que volvieras a verme.
-Preferiría enterrar esos sucesos. Por eso no quería venir. Pero si usted ha llamado la atención del resto de la gente con tal de comunicarme algo, es algo importante.
-Así es. El Peligro ronda de nuevo por la tierra, corre riesgo de nuevo la paz porque busca la venganza que no consumó.
-Pero señora, ya Enrique de Hanover ha desestabilizado muchas cosas ¿cree que eso afectará más?
-Sí.- dijo con firmeza- Porque uno de los poderes mas grandes que jamás haya existido es la amenaza. Y la dueña de esos poderes y la Mensajera de otros mundos intentarán persuadirte de aceptar su propia fuerza. Si no decides pronto....

-... Alguna de las dos lo hará y temo que no será mi Mensajera.
Raven despertó del trance mientras las luces cambiaban a azul hasta finalmente apagarse. También su ropa volvió a ser la misma junto con su apariencia.
Alan y Gabriel se quedaron de piedra al ver ese fenómeno en la chica. Ella caminó como si no hubiera importado algo lo que le habían dicho.

-Mirjam... tienes que volver. Ya no puedo permitirle a la Asecina Bruja que gane ventaja y termine de destruir el equilibrio tan frágil que hay- le dijo Láquesis a su Mensajera.


Mi sabes que mi tardarte mucho en subir capítulo. Lo siento.