Hola, bueno aquñi está el quinto capítulo de esta historia-algo madura, la verdad.
Dato: los personajes no me pertenecen, solo uso sus nombres. La trama es mía.
Nota: Gracias a todos por sus lindos comentarios, me algre que de verdad encuentren interesante estos capítulos.
Creando una incisión en el corazón
—No sé que hacer.
Kagome tiró los papeles al suelo y se tapó el rostro con las manos. Sollozó. Él le acarició la espalda y ella se alejó. Lo miró a los ojos con dolor, pena, rabia. Él se sintió dolido, rechazado, pero… ¿qué hacer cuando eres tú el que le ha causado tanto dolor? No hay manera de justificarlo, no hay manera de arreglarlo. Kagome le sostuvo la mirada y se acercó a él pero no llegó a tocarlo.
—Necesito que me perdones…por favor.
Kagome volvió a esconder su rostro y se volteó. Estaba lista para marcharse. No soportaba el dolor de lo que le había hecho.
—Por favor, no te vayas.
Volvió a detener su huída, ¿Por qué eso era lo que estaba haciendo no? Huir. No enfrentar las cosas, no resolverlas, no querer vivirlas. No querer pasar por el dolor es humano. Sentirlo también lo es. Pero Kagome no podía escapar del dolor que le había tocado vivir.
—No quiero sufrir…por favor…no—susurró.
Él se acercó a ella y la sujetó de ambos brazos, la abrazó.
—No quiero herirte. Solo no sé que hacer.
Kagome lo miró con lágrimas en los ojos. ¿Por qué le pasaban estas cosas a ella? Su relación era perfecta, no había nada malo hasta que…
— ¡Qué tan difícil puede ser tomar una decisión!—le gritó—Ella te dejó, ella te lastimó. Yo curé tus heridas, yo te saqué del dolor, yo te amo.
Se soltó de su agarre y comenzó a caminar lejos de él.
— ¡Crees que es fácil, pero no lo es! ¡Yo también te amo, pero también la he amado a ella! ¡No es fácil deshacerte de parte de tu vida en un segundo!
Kagome ya no lo escuchaba, ya no estaba, ya no quería estar ahí.
Se prendieron el resto de luces del salón y el resto de personas comenzó a aplaudir. Kagome sonrió y se sentó en su carpeta.
—Creo que ha pasado su examen, señorita Higurashi—la felicitó el profesor.
Kagome suspiró aliviada y guardó sus cosas en su mochila. Sonó el timbre y encontró a Inuyasha esperándola fuera del salón. La abrazó y le dio un beso fugaz en la boca, Kagome sonrió.
—Parece que te ha ido muy bien en tu examen.
— ¿Cómo lo sabes?—preguntó sonrojada.
—Porque aún tienes restos de lágrimas en sus mejillas—y con cuidado se las secó.
—Oh.
Hubo un silencio y Kagome tuvo una extraña sensación. Una extra sensación con Inuyasha. Extraña, por jamás la había sentido a su lado. No hablaban y se sentía rara, no había ese silencio pacífico ni molesto; era un silencio que la tensaba, que la ponía nerviosa, ansiosa. Se sintió incómoda.
Tenía que preguntar, tenía que hacerlo ahora que tenían un momento a solas.
— ¿Averiguaste algo?
Inuyasha escondió el rostro debajo de su flequillo.
—Sí.
— ¿Y que fue lo que dijo?
Inuyasha tragó saliva.
—Quiere verme.
Kagome sintió que se detenía, pero siguió caminando.
— ¿Cuándo?
—Mañana.
— ¿A qué hora?
—A las diez.
No. No. No. Oh, no.
—No vendrás a clases.
—No.
Incómodo. Todo se fundió en un silencio incómodo y ambos se morían por romperlo.
—Volveré a la salida, para recogerte.
— ¿Enserio?—preguntó sarcástica.
Inuyasha miró a su prometida y la vio con el ceño fruncido. Kagome se había enfadado.
—No tienes por qué preocuparte.
Kagome hizo una mueca.
—No lo estoy.
—Ella no significa nada para mí.
—No estoy preocupada.
—No va a pasar absolutamente nada, seguramente me llevará a comer, hablaremos y terminaremos esto de una buena vez. Nos dejará en paz.
—No estoy preocupada.
—No hay porque tener miedo. Son cosas muy de ella.
¡Oh, genial! Ahora son cosas de ella. Como si no lo supiera. Era incómodo hablar de Kikyo. Incómodo para Kagome, incómodo para Inuyasha. Es incómodo hablar de una ex-novia con Inuyasha con Inuyasha. Es aún más incómodo hablar sobre tu novio yéndose a encontrar con su ex-amante fuera de la universidad, para que puedan conversar para que deje de interponerse en su relación. Kikyo la hacía sentirse incómoda.
—No quiero hablar de esto ahora.
—Tú preguntaste—respondió Inuyasha—Te estoy intentando convencer de que nada puede pasar entre Kikyo y yo. Yo ya no la veo de la misma manera, ya no la quiero, ya no tengo ningún apetito sexual el cual saciar con ella, yo ya no la…amo.
Kagome se detuvo en seco. Eso era algo que realmente no quiso oír de parte de él, ni en sus más horribles pesadillas.
—Te dije que no estaba preocupada, eso te hace suponer que confiaba en ti. Y tú tenías que mandarlo todo a la mierda con tu discurso. ¿"Ya no la veo de la misma manera"? ¿"Apetito sexual"? ¿"Ya no la amo"? ¡Jamás te pregunté por los detalles, porque yo confiaba en ti!—Inuyasha supo entonces que había hablado de más—Tú, como buen novio que eras, pudiste haberte guardado tus deseos secretos y todo pudo haber quedado en que te ibas a ver con…ella. Pero ahora todo se ha ido al caño.
Inuyasha no supo que más decir. Esa mujer, esa pequeña y hermosa mujer, lo había dejado sin habla por sus propias palabras. Él sabía que había hablado de más, pero ¿no era eso lo que más faltaba en una relación? La falta de comunicación lleva a la ruina hasta a las mejores parejas, parejas de años, y él solo quiso que Kagome estuviera al tanto de todo, que no hubiera confusiones ni dudas.
—Yo solo lo dije porque quería que estuvieras enterada, no quería que haya confusiones ni dudas. No quería que tú después estuvieras dudando de mí.
Kagome se puso roja de ira.
— ¡Pues ahora sí que tengo porqué dudar!
— ¿De qué hablas?
— ¡Inuyasha! ¿Acaso no te has escuchado todo este rato? Inconscientemente me has dicho todas tus dudas al estar solo con ella, has intentado hacerme creer que esas son mis dudas, ¡pero son tuyas! Yo no tenía miedo a nada, solo estaba fastidiada. Pero tú, tú sólo te has confesado, tú eres el que tiene miedo de seguir viéndola como antes, tú eres el que piensa que todavía puedes tener una atracción sexual hacia ella, tú eres el que no está seguro si aún la…amas o no.
Inuyasha se la quedó mirando por diez segundos y luego comenzó a reírse.
— ¿Tú crees que aún la amo? ¿Que te he dicho todo eso por que estoy inseguro? Ja, ja, ja. ¿Ahora eres psicóloga?
Y las risas siguieron y siguieron. Y la furia de Kagome solo podía aumentar.
— ¿Te estás burlando de mi?
Inuyasha asintió como si nada, sin dejar de reír. Kagome abrió la boca y luego inhaló fuertemente.
— ¿Sabes qué? Está bien, ríete, no me importa. La verdad no me importa absolutamente nada relacionado contigo. ¡Me llegas a la médula! ¡Ya me oíste! ¡Me llega todo! Si te quieres ver con Kikyo, hazlo; si te quieres acostar con ella, hazlo; si quieres amarla por el resto de tus miserables días, hazlo. No me importa.
Y comenzó a caminar. Inuyasha la vio alejarse y corrió hacía ella, la tomó del brazo y ella se soltó.
— ¿No hablarás enserio, verdad?
—Ya te dije que no me importa.
Inuyasha se fastidió, odiaba cuando Kagome se ponía necia.
— ¿Estás diciendo que no te importa si me acuesto con ella?
—No.
Una maldita respuesta que lo hacía salirse de sus cabales.
— ¿Y no te importaría si me doy cuenta de que la sigo queriendo?
—No.
Y Kagome seguía alejándose.
— ¿Estás diciendo que no te importa lo nuestro?
— ¡Ya cállate!
Entonces, Inuyasha explotó. Nadie, ni siquiera su prometida, lo mandaba a callarse cuando lo que más quería era arreglar las cosas.
— ¡Bien! Entonces mírame, porque será la última vez que me veas rogando por que lo nuestro funcione, necia. ¡Me irá a acostar con Kikyo si es lo que quieres!—le gritó dolido.
— ¡Pues que lo disfrutes!—le gritó a todo pulmón y se fue corriendo.
Inuyasha se quedó estático, con el ceño fruncido y el orgullo hirviendo. Odiaba cuando Kagome se ponía celosa—por partes, le gustaba, pero esta vez había ido demasiado lejos—. Esta vez le había dolido. Y ahora no sabía que diablos hacer. Estaba totalmente seguro de que Kagome no quería que él se viera con Kikyo, pero posiblemente era su única oportunidad de que pudieran solucionar las cosas diplomáticamente. No quería lastimar a Kagome, solo quería darle y demostrarle cuanto la quería, pero no tenía otra opción. Tenía, debía de verse con Kikyo.
Kagome caminó rápidamente por los pasillos, pero cada vez caminaba más lento. No quería huir, no quería estar lejos de Inuyasha, no quería estar amargada con él. Pero él había cruzado el límite de su paciencia cuando dijo aquello…aquello que la hizo dudar por primera vez de ser su esposa.
Inuyasha había cruzado la línea, pero eso es lo que lo hacía ser como era. No había caso, si ve una línea querrá cruzarla, no por gusto sino—quizás—porque quería ver o experimentar lo que estuviera del otro lado, lo desconocido. El único problema era que, una vez que la ha cruzado, es casi imposible de volver. Y ya no había marcha atrás. Lo que se dijo, se dijo; lo que no, no llegará a oírse.
Kagome se metió al baño de mujeres y esperó. Y esperó. Y siguió esperando. Cuando sonó la última campana del día se enjuagó el rostro y salió. Sango la había estado buscando como lunática y cuando al fin la encontró la sacudió.
— ¿Dónde has estado todo el día? Estábamos preocupados.
— ¿Quiénes?—preguntó con un dejo de interés.
—Miroku, Inuyasha, yo… ¿Dónde has estado?
—Aquí—y señaló el baño.
Sango se asombró y enfadó.
— ¿Aquí? ¿En el baño?—Kagome asintió—déjame entender… ¿Te has pasado las últimas ocho horas sentada aquí en el suelo del baño haciendo absolutamente nada?
Señalar la nota de sarcasmo en las palabras de Sango estaba de más.
—Sí.
— ¿Porqué?
—Estoy molesta con Inuyasha. Tuvimos una pelea—dijo triste.
Sango se frotó las sienes.
— ¿No pueden arreglarse y listo?
Kagome negó con la cabeza.
—Es más complicado de lo que crees.
—Explícame.
Kagome miró a los lados y la jaló dentro del baño. Cerró la puerta del baño.
—Tengo dudas sobre nosotros…bueno no sobre nosotros, yo lo amo. Pero Kikyo… ¡Arg! Todo esto me da un mal presentimiento. Yo no quiero salir lastimada, Sango. ¿Qué tal si tiene razón e Inuyasha no me ama como dice hacerlo? Talvez solo me está usando para olvidarse de ella…inconcientemente hablando, claro.
— ¡Oh, vamos Kagome! Todo esto es pura basura. ¿Qué te hace pensar que él quiere volver con Kikyo? Es Kikyo de quien estamos hablando, una idiota.
Kagome meditó lo que dijo Sango y confiaba en ella. Confiaba en Inuyasha. Pero lo que él le había dicho era algo que no podía olvidar. Ella no era ninguna psíquica, no era psicóloga, pero no era nada difícil saber lo que esas palabras significaban. La había lastimado y ella no podía olvidarlo así como así.
Inuyasha golpeó la mesa donde estaba y Miroku levantó una ceja.
— ¿Problemas con tu mujer?—le preguntó.
— ¿Qué más sino?
Miroku iba a decirle algo pero su teléfono sonó. Era un mensaje de su espía, Inuyasha rió.
— ¿Qué quiere ahora?
Miroku se sonrojó de vergüenza.
—Dice que me extraña.
Inuyasha hizo una cara de burla y Miroku se sonrojó más.
—No entiendo cómo puedes estar con una chiquilla así. Sango es diez mil veces mejor.
— ¿Crees que no lo sé?—le contestó— Yo amo a Sango, Inuyasha, pero ella no quiere verme de nuevo…como su novio. Maldita sea, por eso quiero la cabeza de Kikyo para probarle a Sango que yo no he hecho nada.
— Te comprendo, Kagome tampoco quiere verme. ¡Arg, mujeres! Ahora quien sabe donde estará, deseando que cometa la primera equivocación para romper el compromiso. ¿Cómo puede decir que aún quiero acostarme con Kikyo? No puedo creer que no confíe en mí.
—Asó son las mujeres, amigo. Tienen un sexto sentido que les late cada vez que se sienten inseguras. Creo que lo mejor es darle tiempo para que se calme, tranquilo.
Inuyasha quería decir algo en contra, pero no encontró nada que pudiera ser útil. No quería lastimar a Kagome, no quería que ella sufriera. Solo anhelaba felicidad y cosas buenas para Kagome.
Ella se equivocaba respecto a Kikyo. Él no la quería, él no quería costarse con ella, él no deseaba comerle la boca mientras pasaba sus manos por…
Abrió los ojos desmesuradamente cuando vio la imagen que su subconsciente estaba creando. Oh, no. Esto no podía estar pasándole a él. Seguramente estaba demasiado lujurioso en ese momento y como no tenía nada con que descargarse su cerebro había comenzado a alucinar. Con Kikyo, a alucinar con Kikyo. Y nada bueno podía salir después de haber alucinado con ella.
—Vas a ver como pronto se soluciona. —dijo Miroku e Inuyasha asintió incómodo.
Algunas aclaraciones sobre este capitulo:
Miroku y Sango sí terminaron, y aquí expongo que la principal razon es por Kikyo (la chismosa) y que ahora Miroku esta con una chiquilla de primer año, eso es por que (apesar de que suene cruel) Miroku la está usando para averiguar cosas sobre Kikyo y así ayudarse a él y a Inuyasha. Miroku ama a Sango :)
Inuyasha se está dando cuenta que sus dudas sobre lo que le dijo Kagome, pero no quiere lastimarla. Porque la ama, pero aún no puede olvidar a su antigua Kikyo, a todo el mundo se le esta permitido tener sus dudas, pero al final el amor es el que triunfa. No me peguen por hacer sufrir a Kagome y a Inuyasha T_T. Es eso lo que lo hace interesante xD
Lo del título, que es medio raro xD, es por que con cada duda crea una pequeña herida en los corazones de nuestros protagonistas, y eso lleba paso al dolor.
Gracias nuevamente por todos su comentarios, siganme dejando mas que realmente me ayuda xD
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