No camines para atrás

— ¿Quieres hablar con ella?—preguntó preocupado— ¿Porqué?

Kagome roló los ojos con un poco de asombro.

—Ya te dije que quiero quedar fuera de dudas. No me basta con lo que te dijo.

Inuyasha la miró tranquilo, esperaba esa respuesta.

— ¿Tienes miedo?—le preguntó. Kagome lo miró dudosa—De que esté mintiendo, ¿tienes miedo?

No contestó al instante. Suspiró cansada y asintió. Inuyasha se acercó a ella y la abrazó por atrás. Kagome sintió como su corazón palpitaba rápidamente y se sonrojó.

—Tengo una sorpresa para ti—le susurró en la oreja y la llevó hasta la sala. Kagome se quedó parada mirando a su alrededor, esperando la sorpresa pero Inuyasha no había echo nada en especial. Inuyasha pronunció su nombre suavemente y Kagome volteó a mirarlo. Inuyasha se había arrodillado frente a ella y ahora estaba sonriendo mientras sostenía una pequeña caja negra en sus manos. Kagome pensó que, para este momento, ya estaría preparada para recibir su anillo, pero no había calculado la cantidad de sentimientos que se colarían en ella cuando vio a su perfecto prometido arrodillarse frente a ella.

Como persona, jamás pensó que este día llegaría tan pronto para ella, que no se sentiría de esa manera, que no lo amaría de esa manera. Como seres humanos necesitamos varias cosas para sentirnos con vida; familia, amor, sexo, felicidad, pero por sobre todo…necesitamos estar vivos. Kagome sintió que nunca había estado más viva como en ese momento, sentía que no necesitaba al resto, que solo bastaban ella e Inuyasha para dejarla vivir. Pensó que nunca había sido más feliz en cualquier momento de su vida, porque en ningún momento se imaginó a Inuyasha pronunciar tan bellas y a la vez duras palabras:

—Kagome, en toda mi vida jamás pensé enamorarme de mi mejor amiga. Jamás pensé que llegaría verme a mí mismo arrodillado frente a alguna mujer, porque me consideraba lo suficientemente superior para lo que yo pensaba que eran ridiculeces. Pensé que mi vida la mantendría en trabajo y el sexo ocasional. Era un inmaduro, pero contigo conocí que la felicidad no significa traer una sonrisa todo el tiempo, significa sentirse bien aunque las cosas no estén en su mejor situación. Tú me has hecho feliz, más feliz de lo que alguna vez pensé estar…y, si me permites, si me aceptas, pasaré el resto de mi vida intentando hacerte sentir de la misma manera… Te amo. Solo quiero que ames la mitad de lo que yo lo hago y así seré feliz hasta el día de mi partida.

Kagome sintió que su corazón aumentaba su tamaño considerablemente. Producto de la felicidad, de le alegría, del miedo del porvenir…no lo sabía. Pero lo primero que hizo cuando dejó de llorar fue lanzarse a los brazos de su prometido y repetir varias veces "Sí. Sí. Sí" Inuyasha pasó el fino anillo por el delgado dedo de Kagome, esta miró la joya con los ojos abiertos. El anillo era más que precioso y fuera de lo común, tenía, por supuesto, el diamante en el centro y unos finos rubíes alrededor de este. Era de oro blanco y brillaba aún más que lo ojos de Kagome bañados en lágrimas. Entonces, en medio e la hermosa felicidad que ambos habían creado, sonó el celular de Kagome.

Se acercó al pequeño y vibrante objeto que hacía sonar la bella canción de Guns N' Roses: Don't Cry.

— ¿Sí?—contestó aún con lágrimas en los ojos y voz entrecortada.

¿Kagome?— ¿quién más sino? Pensó—Soy Sota, necesitamos hablar.

Kagome se sorprendió. No había sabido de su hermano desde hace más de dos años. Se sintió extraña, incómoda. No era la mejor relación que había tenido.

— ¿De qué? ¿Estás bien?—contestó.

Este…tengo problemas…tenemos problemas. Graves problemas. —Kagome aguardó. Sota suspiró—La compañía que me dejó papá…ha…quebrado. No tenemos más dinero, Kagome.

— ¿No tenemos nada?—dijo con poco aliento.

Solo lo necesario para estudiar y comer, pero necesitamos trabajar para juntar más…sino…bueno, morimos de hambre.

Kagome tomó eso como una broma de mal gusto. El sabor amargo de otra pérdida no quería salir de su boca. No sabía que más decirle.

— ¿Qué tengo que hacer?—le preguntó.

Bueno…la compañía aún puede pagar tus estudios, pero no veo que sean provechosos a corto tiempo. Quizás…podrías considerar otra carrera.

Kagome retuvo el aire, se volvió roja. Inuyasha se preocupó aún más por ella, pero Kagome no dejó que cogiera el teléfono.

—Está…bien. —contestó y ambos se sorprendieron al escuchar su respuesta— ¿Alguna sugerencia?

Sota arqueó las cejas desde el otro lado de la línea.

Bueno, no sé… Podrías ser profesora, abogada, psicóloga… —ninguna de esas opciones le gustaba demasiado. Si algo se había prometido al salir de la secundaria era no volver a pisar otra nuevamente— o doctora, una linda cirujana.

Esa fue la única opción que no le desagradó por completo. Jamás había considerado ser cirujana, siempre pensó que era algo totalmente repulsivo estar parada frente a una persona a la cual le quedan segundos de vida y que tu decisión es la que podría definir si se salvaba o no. Pero ahora no le parecía tan mala idea. Solo, claro, los años de estudio y dedicación. Aparte, solo tendría que cambiar de carrera durante la crisis ¿verdad? Después, si quería, podría volver a retomar su verdadera vocación.

—Doctora…seré doctora—dijo no muy convencida de ello y al otro lado Sota rió.

Está bien, esa carrera no cuesta tanto y es más provechosa que la que tienes ahora. Pero ten cuidado, es muchísimo más complicada.

—Lo sé… Llámame cuando tengas buenas noticias.

Lo haré cuando tenga noticias en general. No vemos. —Y se cortó la comunicación.

Inuyasha la estaba mirando esperando que le contara algo, que le dijera que las cosas estaban bien, que se iban a solucionar. Pero Kagome no dijo nada, no lo miró, no se movió. Pasaron tres largos minutos en los cuales ninguno habló. Inuyasha sentía que pronto iba a perder la paciencia, pero Kagome pareció reaccionar ante eso y caminó hacia el cuarto de Inuyasha, sin él. Tenía la mirada perdida en el espacio, no pensaba en nada, no quería pensar en algo. Solo sentía. Tenía miedo, tenía rabia, tenía pena. Y nada de eso la ayudaba a buscar una solución, por más que ya tuviera una. Kagome se sentó en la cama aún con el celular en la mano. ¿En qué se había metido? Hace solo unos minutos había sellado la parte final de su deseo de ser la señora de Inuyasha y ahora estaba en ruinas. La felicidad que había forjado se había destruido poco a poco, con una simple llamada, con una gran decisión.

Inuyasha se acercó a ella y sobó su espalda. Kagome no respondió al tacto de Inuyasha. Él sabía que no podía hacer nada por ella en este estado, tenía que esperar a que su mente y pensamientos volvieran a su cuerpo. Pasados varios minutos Kagome abrió la boca.

—Cirujana…yo no puedo…no puedo serlo…

Inuyasha no entendía de lo que estaba hablando, pero no la interrumpió. Kagome volvió a sumirse en un largo silencio, pensando, meditando.

—Creo que nos saquearon, la empresa estaba descuidada…Sota casi nunca tomaba las decisiones, lo engañaron…nos engañaron. Y yo no estuve ahí, no me preocupé por la herencia… No sé porqué no pensé más en ella que en estar metida en mi burbuja de felicidad. Ha estado solo…ahora no tenemos nada.

—No podrías haber echo nada…

—He estado pensando en mí misma todo este tiempo, no me preocupaba por la familia, solo por mí. Y la vida me los quitó, me castigó a mí y a mi hermano. Pero aún tenía ganas de seguir, aún tenía un consuelo en qué apoyarme y ahora…también lo he perdido. No sé que será de él ahora, es un hombre acostumbrado a los lujos, al dinero…no tengo nada con qué ayudarlo. No tengo nada con qué ayudarme a mi misma. La vez pasada me fui a tres tiendas, me probé tres tipos de vestidos, no sabía cual elegir…todos me gustaban, pero quería estar linda para la fiesta, quería verme guapa para ti… Todos eran caros y me compré los tres. Ese dinero…ese dinero lo necesito ahora, pero antes no lo sabía, pensé que habría más…y ahora no hay nada. —Inuyasha iba a decir algo, pero no sabía que decir para hacerla sentir mejor— Pude haberme comprado el más sencillo y barato, pero no…me compré los tres. No sé que hacer…

—Kagome…no puedes culparte, no sabías que esto podía pasar, no es tu culpa.

—Estaba pensando solo en mí, en mi beneficio. Cuando decidí ser actriz estaba pensando en toda la fama que podría llegar a tener. En ningún momento pensé en Sota, ni en la empresa, ni en el dinero, solo en mí. No pensaba en mi hermano…mi única familia, no pensaba en la posibilidad de que necesitara ayuda, de que hubiera problemas, porque siempre pensé que esos serían sus problemas…no míos. Hace media hora me estabas proponiendo matrimonio…estaba pensando en el vestido, en la fiesta, en lo hermoso que te verías con un esmoquin de Giorgio Armani. Estaba pensando en los invitados, en mis amigos, en la preciosa piedra que tengo en el dedo…no pensé en él, no pensé en invitarlo, no me acordé de él…de su existencia. Y ahora… —los ojos de Kagome empezaron a botar silenciosas lágrimas, la voz se le comenzó a quebrar, estaba dejando mostrar su dolor—y ahora pienso en él, pienso en la tranquilidad que le debe haber costado reunir para decirme estas cosas sin derrumbarse, pienso que ya no tenemos nada asegurado, pienso en su futuro y en el mío. Ahora no tengo planes, solo oscuridad…ahora estoy tanteando en la oscuridad, buscando una salida. —Kagome lloraba y no hacía nada por evitarlo— ¿No es ridículo?—y rió con pena— ¿No es la mierda más ridícula que has escuchado?

Y rompió en llanto, en un llanto lleno de amargura y pena por si misma. Se daba asco, porque, aún en la miseria, solo podía pensar en lo triste y patética que se sentía…seguía pensando solamente en ella. Inuyasha la abrazó con fuerza e intentó murmurarle leves palabras de aliento, pero no bastaban ni para él ni para ella.

—Inuyasha…—lo llamó entre sollozos—Le dije lo quería escuchar, le mentí… Por un instante, un remoto instante pensé que podría ser una cirujana, pero…no puedo. Yo no soy así…yo no puedo hacer ese tipo de cosas. Le mentí…le dije lo que quería escuchar…lo que me hubiera gustado escucharme decir…hacer, pero no puedo.

Inuyasha solamente podía seguir abrazándola, callado. Sin decir ni una palabra. Kagome lloraba, siempre lo hacía cuando estaba rabiando. No podía controlarlo. Siempre fue buena para expresar sus emociones, así sean de ira, de pena o alegría, siempre le había sido sencillo. Por eso decidió ser actriz, porque mostrar sus sentimientos era lo mejor que podía hacer, era lo que más le funcionaba. ¿Cómo podía ser lo que le había prometido a su hermano? Una cirujana, ella se había reído de sus amigos cuando le decían que estudiaban medicina. Era demasiado, era una vida demasiado complicada. No le gustaba estudiar y ciencias no era su mejor materia en la secundaria, ella pensaba detestarla. Y pensó que nunca más la volvería a ver, siempre tuvo otras opciones en las cuales apoyarse…y ahora esa materia, estudiar, esforzarse, ese era su único apoyo. Ella no era tan fuerte como para enfrentarse a esa clase de mundo. El mundo que conocía le bastaba, no estaba lista para caminar en la oscuridad, buscando nuevamente una puerta que la llevara a la seguridad. Era fijarse en la realidad nuevamente, donde el tiempo, el antes y el después de tomar una decisión importaba. Ahí afuera, en el mundo, el tiempo se daba el lujo de patearte el trasero, sin importarle si te duele o no. Se burlaba del más fuerte y más débil de nosotros sin importarle cuanto puede afectarle física, económica y sentimentalmente nuestra caída. Se hace más lento, se hace más rápido…se suspende, sin importarle lo será del mundo…hasta que se detiene por completo y nos deja atascados en un momento sin poder movernos en una dirección u otra. Nos deja varados en una oscuridad y con un temor de no saber que hacer o que realizar como siguiente movimiento, en contra del tiempo.

Kagome se sentía insegura en este momento, retorcida y tenebrosa por dentro. Pasaba la mayor parte del tiempo ideando cómo salir del hueco en el que se había metido, ideando nuevas maneras de hacer aflorar su carrera más rápido de lo normal. Pero no encontraba nada. Inuyasha intentaba ayudarla en el proceso de recuperación, pero tampoco obtenía buenos resultados. De esta manera, hasta el asunto de Kikyo había quedado olvidado en el tiempo, como su carrera y su dinero. Kagome se había vuelto más sombría, intentado sacar a flote su vieja personalidad y su alegría, pero eso solamente la estresaba más. Inuyasha conocía esa faceta de ella y trataba alejarla lo más posible de una nueva depresión. Intentó conseguirle un trabajo como ayudante de teatro, pero Kagome no quiso aceptarlo. Ella quería ser actriz, no del equipo de apoyo de un actor. Cuando finalmente se dieron por vencidos, pareció aceptar la realidad. Ella no podía seguir estudiando actuación, se le estaba acabando el dinero y dejó el curso.

—Eres tenebrosa y retorcida, Kagome—se burló Sango un día en la hora de almuerzo, cuando Kagome les había anunciado que había dejado su carrera y se había inscrito en la de medicina.

— ¿Por qué?—preguntó Kagome.

—Veamos—e hizo ademán de pensar—Tus padres murieron, tu hermano está en bancarrota y ahora tu también lo estas, dejaste tu carrera soñada por una llena de viseras y sangre, por tu amor al tequila y a tu prometido el cual parece estar tan desesperado como tú para sacarte a flote nuevamente. Lo bueno es que aún puedes sonreír de vez en cuando y eso me asombra y alegra.

—Entonces, ¿soy la presidenta de la Gente de vida hecha porquería?—y todos rieron a coro.

—No, pero estás muy cerca.

Y todos volvieron a reír. Kagome e Inuyasha rieron como no lo había hecho en tanto tiempo desde que Kagome se quedó en bancarrota. Los rastros de lágrimas que botaba cada que podía seguían en las mejillas de Kagome, sus ojeras aún podían verse ya que el maquillaje se había desgastado. Inuyasha estaba igual de desgastado como ella, se amanecía hasta que Kagome dejaba de llorar y finalmente dormía. Estaban cansados de este giro que había tomado sus vidas. Inuyasha le tomó la mano y acarició con amor la alianza de Kagome. Esta sonrío con la poca alegría que no le había sido arrebatada.

—Saldremos de esta—le prometió a su mujer.

Kagome asintió no muy convencida.

—Lo digo en serio. Solo piénsalo, mañana será tu primer día como estudiante de medicina, un nuevo reto.

—Lo único bueno es que no tuve que dar ningún examen por mis notas…

— ¿Ves? Esa es una señal de que este camino no es tan oscuro como creías. Serás la estudiante más sexy de ese salón y cuando te vean entrar lo primero que van a pensar es que acaban de morir y están en el cielo.

Kagome rió.

—En un cielo lleno de sangre y muertos. —Inuyasha rió—Tranquilo, esta es mi decisión, una buena decisión. No miraré hacia atrás, no miraré el camino que he dejado atrás mío.


Holaaaaaaaaaaa

Gracias por esperar por este capitulo, no tenía una inspiración clara al principio pero al final no podía dejar de precionar las teclas xD

Ojala les guste, espero sus comentarios.