enserio lamento tardar tanto, pero tengo que pasar lo que escribi del fic en un cuaderno a la computadora. no me molesta escribir en ella, pero tener que pasar algo, eso si que me es tan molesto!! por favor, tenganme paciencia!


DETALLES DE LA LEYENDA

Diana tomó asiento mientras que Jack prefirió permanecer de pie, inspeccionando la ya familiar cabina.

- ¿Y bien, que quieres negociar? – preguntó ella con un brillo en su mirada.

- Lo único que me queda y en este momento me interesa, querida; mi vida – respondió el hombre con naturalidad, sin voltearse a encararla.

- Perfecto. Yo te dejo con vida. ¿Tú que me das a cambio? – sonrió ella, el brillo aun presente.

Jack lo pensó detenidamente por unos minutos mientras inspeccionaba una abandonada pipa. Pero Diana respondió antes siquiera de que pudiera pensar en que dar a cambio.

- Tal vez no tengas nada en mente para negociar a cambio de tu vida... pero yo si tengo en mente algo que quiero –

Jack, aun con la pipa entre sus dedos, se volteó para mirarla.

- Así que me dejas una salida… Yo y mi tripulación nos largamos vivos mientras cumpla con lo que quieres, y tú sigues con tu caza de Lores sin incluirme a mi como tu presa – pensó en voz alta, mirando un punto inexistente para luego mirarla fijamente – ¿Eso incluye a Barbossa? –

Ella sonrió levemente.

- Entonces si me parece un trato justo – dijo Jack con una amplia y dorada sonrisa, asumiendo que la respuesta de Diana era un "no" – ¿Que tengo que hacer? –

Repentinamente, escucharon un par de voces ordenando a gritos. Jack miró la puerta del camarote como si al hacerlo pudiera ver a través de esta, a cubierta, para ver que ocurría. Diana no pareció preocupada, sino más bien curiosa de que estaría ocurriendo.

Decidió concentrarse más en su trato que en lo que estaña pasando. Su tripulación podía arreglarse sola a la perfección.

- Estoy segura – dijo, volviendo a captar la atención del pirata - que, siendo tú marinero por más de la mitad de tu vida, has oído hablar del poderoso tridente de Poseidón –

Jack la miró con seriedad.

- ¿Eso es lo que quieres? – preguntó, arqueando involuntariamente una ceja.

Como de costumbre, Diana sonrió silenciosamente, dejando en claro su respuesta.

- No me sorprende que quieras el tridente – repuso Jack algo pensativo – Tiene sentido –

- ¿Y que te parece, Jack? ¿Aceptas el trato?-

Antes de que el hombre pudiera responder, oyeron un cañonazo.

Ambos miraron sorprendidos por la ventana de camarote, a espaldas de Diana. Vieron que la nave que Jack había visto antes de entrar al camarote se hallaba a unos escasos metros de distancia, atacando y siendo atacada mientras tripulantes de ambas naves intercambiaban de navío, peleando.

Con la ira reflejada en su mirada, Diana se dispuso a salir del camarote. Pero alguien entró en su lugar.

La mujer retrocedió, aun con su furiosa mirada, mientras el irruptor entraba a la habitación con paso firme, sin despegar su cristalina mirada de la de Diana.

- No esperaba que vinieras a buscarme – le dijo ella mordazmente.

- Me sorprende mucho oírte decir eso – respondió el apuesto hombre de dorada y larga cabellera mientras cerraba la puerta tras de si.

Jack miraba a ambos sin comprender. Quien demonios era ese sujeto? Como, por que y desde cuando se conocían? Que tendrían que ver el uno con el otro?

- Sabes por que estoy aquí – continuó el hombre, adoptando una fría mirada.

- ¡Claro que lo se! Viniste por nuestra discusión… nuestra discusión sin fin ni sentido – respondió Diana.

Antes de que el hombre pudiera responder, la puerta volvió a abrirse, dejando paso al Capitán de la nave; David. Sus ojos se abrieron inmensamente al ver al hombre de dorados cabellos.

- ¿Tú? – preguntó, sorprendido, mientras los tres pares de ojos se fijaban en él.

Jack agrego a su "lista de información" que David también conocía a aquel extraño sujeto…

- ¡¿Lo conoces?! – preguntó Diana con agresividad, sorprendida.

… y que Diana no sabía que David conocía al rubio.

Permanecieron un instante en silencio, en el que Diana miró con recelo a David, David con perturbación al rubio y Jack con curiosidad a los tres. Esperaba que pronto revelaran más información.

- Claro que me conoce - sonrió el rubio.

- ¡¿Como lo conoces?! – estalló Diana mientras David fruncía levemente el ceño - ¡Me debes una explicación! ¡Como es que conoces a ese! -

El rubio rió.

- Así que nunca te lo dijo, ¿eh, Calypso? – sonrió el hombre.

Jack no se sorprendió en lo más mínimo. Había descubierto a Dalma (o mejor dicho a la diosa Calypso) en cuanto la había mirado a los ojos esa misma noche, cuando había estado a solas con ella en ese mismo camarote minutos, con suerte tal vez mas de una hora, atrás.

En cuanto había descubierto aquello, había cobrado sentido el porque del ataque a los Lores y como había encontrado a Meg. Jack estaba seguro que Calypso no había olvidado el nombre del Pirata Rey que ordenó aprisionarla. Lo único que tuvo que hacer fue rastrear el apellido hasta llegar a la pequeña.

Lo que se preguntaba en ese momento, era quien era ese sujeto, y de donde conocía a Calypso.

- Yo – continuó el apuesto hombre - fui quien le enseño a atraparte en un cuerpo humano. Yo le enseñe a tu amado Jones. O pensabas que un simple mortal sabría por si mismo como aprisionar una diosa? -

Bueno, debia admitir que eso si le había sorprendidos. Así que David era verdaderamente David Jones...

- Le enseñaste como aprisionarme – gruñó con despecho la dolida diosa – Solo te faltaba darle una razón para que quisiera hacerlo –

- Y por eso te aleje de él en cuanto pasaron sus diez años de trabajo – asintió con una odiosa pero encantadora sonrisa el rubio – Sinceramente, fue más arduo de lo había esperado. Creí que Jones era simplemente otro de tus numerosos caprichos. Fue un trabajo difícil distraerte, pero lo logre al fin – sonrió.

Jack notó como Jones apretaba la empuñadura de su arma, furioso. Dedujo que el ex terror de los mares no sabía la parte de la historia en la que lo traicionaban y usaban para atrapar a la mujer de sus sueños.

Pero todas estas nuevas revelaciones no le conformaban en absoluto. Es mas, se podría decir que le formularon mas dudas al confundido pirata; ¿por que aquel sujeto quiso que Calypso fuese aprisionada? ¿Que se escondía detrás de aquel seductor y pálido rostro?

- Y eres lo suficientemente idiota como admitir eso estando frente a nosotros – dijo la diosa, con un brillo de malicia en sus ojos.

- Así es, Calypso – volvió a sonreír el hombre – Pero esta vez, vengo en paz. Ya vi anteriormente que no puedo sacarte de mi camino aprisionándote. Tarde o temprano, siempre se escapa de las prisiones –

Jack asintió en silencio. Eso él lo sabía muy bien.

Calypso, por su parte, le miro desafiante mientras Jones aun empuñaba con fuerza su arma, conteniéndose de atacar.

- ¿Vienes a hablar? ¿O tal vez a negociar? – preguntó con frialdad mientras se cruzaba de brazos – ¿De dios a dios? –

Jack ladeó su cabeza de manera que quedo prácticamente horizontal mientras abría su boca y miraba confundido lo que ocurría frente a él. Los observó perplejo hasta que su memoria trajo a su mente el pago que Calypso había puesto a su vida y a la de su tripulación.

- Oh, no – gruñó, pero fue ignorado.

- Por decirlo así, Calypso-