LLAMAS

Los ojos de los aventureros se abrieron como platos.

- ¿La Fuente? – preguntó Elizabeth incrédula, y se voltearon para mirar la pequeña represa.

Jack sacó su brújula bajo los "¡Quieto!" de ambos hombres para ver que, efectivamente, apuntaba hacia el agua.

- Vaya – frunció el ceño el pirata entre decepcionado y fastidiado – Sinceramente, esperaba algo más sorprendente que eso -

- ¡Nuestra fuente era mucho más sorprendente que esto! – defendió uno de los hombres, más que ofendido – ¡Tuvimos que esconderla para que nadie la encontrara, y terminó degradándose a este patético charco! ¡Antes era una laguna repleta de vida, de la que brotaba oro y plata! ¡Es culpa de la avaricia de los blancos que haya terminado así! -

- ¿Y ustedes que hacen aquí? ¿Dónde está el resto de su gente? – inquirió Elizabeth algo nerviosa, haciendo algo de tiempo.

- ¡Muerta! ¡Nuestro pueblo ha muerto con el tiempo a manos de personas como ustedes! – replicó uno de los hombres.

- Nuestro único propósito es cuidar a la Fuente, evitar que nadie beba de ella –gruñó el otro.

- Solo queremos a la niña – respondió Kate.

- Pues a mi me parece que esa Fuente ha traído solo problemas – agregó Jack - Nada ganan cuidándola… aun podría continuar con una vida -

- ¿O es que les gusta estar aquí escondidos esperando a que alguien lleve a robarles para así matarlo? – murmuró Barbossa.

Nada respondieron los hombres.

- No pretendíamos beber de la Fuente – agregó con toda la suavidad con la que fue capaz Elizabeth.

Ambos intercambiaron miradas antes de hablar en una lengua que ninguno de los piratas entendió y bajar sus armas.

Sin pronunciar palabra alguna, uno de ellos se alejó del lado de su compañero para introducirse en la improvisada tienda y salir con la inconsciente Meg entre sus brazos.

Dando un par de pasos al frente, Kate tomó a la niña de los brazos del hombre… para terminar en el suelo…

Todo ocurrió muy rápido.

Una vez que Meg estuvo entre los brazos de la pirata, esta sintió como algo tiraba de ella hacia abajo hasta lograr tirarla, a la vez que oía a sus espaldas espadas siendo desenvainadas.

Instintivamente, con una de sus manos buscó a Oliver, y lo tomó para traerlo contra si protectoramente, mientras desde el suelo observaba como Jack, Elizabeth y Barbossa se tiraban con espadas en alto hacia ambos hombres.

Bajo sus bien abiertos ojos, Kate observó como los hombres forcejeaban contra los piratas, quienes claramente los sobrepasaban en número y, aparentemente, habilidad en batalla.

Entre empujones y, sobre todo, golpes, lograron quitarles las armas a los misteriosos hombres. El que primero había hablado terminó tirado inconsciente en el suelo, provocado por un fuerte golpe que había recibido al Jack y Barbossa haberle empujando contra una de las paredes.

El otro, evidentemente más fuerte, dio más pelea que su compañero. Peleó con ira y valentía, solo siendo vencido una vez que la fatiga se unió a sus enemigos.

Con acelerada respiración, terminó por tropezar y caer en la pequeña llamarada que iluminaba la sombría habitación. El desgarrador alarido del hombre retumbó por doquier, desde cada rincón de la abandonada edificación hasta los cerebros de los aturdidos y sorprendidos aventureros.

Más perturbador fue aun cuando el hombre en llamas se puso en pie, desesperado, e intentó apagar su chamuscado cuerpo, solo para alargar su agonía unos segundos más antes de caer al suelo.

El olor que desprendía el reciente cadáver le revolvió el estomago a Oliver, quien apartó su vista entre jadeos asustados.

-¡Fuego! – chilló Elizabeth.

Efectivamente, el fuego que tan cuidadosamente había sido medido y retenido, ahora escapaba usando el cuerpo inerte como salida, rápidamente devorando la frondosa vegetación.

Oliver observó el espectáculo, paralizado, antes de sentir como era levantado del suelo por su chaqueta.

- ¡Hay que salir de aquí! – Kate cargó como pudo a Meg mientras, con su otra mano, sostenía a su hijo, sus ojos clavados con pavor en las llamas que avanzaban por rapidez por las paredes, el techo, y el suelo.

Obedeciendo sin emitir sonido alguno, Barbossa salió disparado, Kate y Oliver siguiéndole de carca. Jack y Elizabeth tardaron algo más en salir, Kate ignorando el porque y decidiendo que no era importante.

Se alejaron con rapidez, siendo seguido por el humo y los chasquidos que la madera producía mientras era consumida. Escalaron con gran dificultad y astucia el hoyo que todo el problema había causado, y solo una vez que atravesaron las puertas de la edificación.

Jadeantes, elevaron sus miradas para ver el humo que empezaba a volar directo hacia las nubes perladas, anunciando el nacimiento de un incendio.

- Será mejor que nos larguemos de aquí – masculló Jack, todos concediendo en silencio.

Afortunadamente sin extraviarse, se apresuraron a dirigirse hacia el Perla, atravesando la espesa selva a toda velocidad.

- ¡Tripulación, a zapar! – ordenó Jack una vez que la imponente nave negra apareció frente a ellos. A pesar de no estar seguro la magnitud que el incendio que se avecinaba tendría, prefería no arriesgarse a comprobarlo.

Grande fue su alivió al comprobar que su eficiente tripulación había logrado desatascar su navío. Y solo lograron respirar tranquilos una vez que el Perla comenzó a tomar velocidad, alejándose por el estrecho río, de camino al océano.

- Es una pena que la Fuente se haya perdido para siempre – oyó Jack que Kate murmuraba con pesar mientras observaba desde la popa de la nave en dirección a la señal de humo que salió de entre los arboles.

- Siempre hay otras maneras de encontrar lo que uno quiere – replicó Jack antes de dirigirse a su tripulación - ¡A Tortuga, montón de perros sarnoso! – ordenó, ignorando las miradas preocupadas que le dedicaron unos abrazados Bobby y Susan.

- ¿Tortuga? – inquirió la segunda.

Jack revoleó los ojos.

- No se irán al infierno por pisar Tortuga, ¿savvy? – les informó – Allí podrán abordar una nave e irse a donde quiera que se quieran ir –

La idea no pareció sentarle nada bien a la feliz parejita, aunque decidieron mejor callar y quejarse en voz baja entre ellos.

Kate, por su lado, bufó mientras, aun cargando a Meg, se dirigía hacia su camarote, mascullando algunas maldiciones sobre un viaje inútil y un Capt irresponsable.

Jack le observó alejarse antes de, reprimiendo una sonrisa, mientras tomaba cariñosamente el timón del Perla.

Sus ojos encontraron a Barbossa, quien parecía compartir la opinión de Kate, con la mandíbula encajada y el ceño fruncido, mirando ausentemente la selva. Elizabeth, por su parte, se dirigía bajo cubierta con aires misteriosos, su puño cerrado escondiendo algo contra su corazón.

Jack le restó importancia mientras le observaba perder de vista. No se necesitaba ser un genio para saber que ocultaba la joven Turner, se dijo mientras, inconscientemente, llevaba una mano hacia la húmeda petaca que sobresalía de su viejo cinturón, sonriente.