EPILOGO; TIEMPO

Jack suspiró una vez más desde debajo de su sombrero, cuyos oscuros ojos protegía de la escasa luz. Se removió un poco en la esquina de la solitaria y oscura celda.

Port Royal. Tantos recuerdos venían a su mente… si no se equivocaba, en ese mismo calabozo había conocido a Will años atrás. Si, estaba seguro. Era exactamente la misma celda.

Y ojalá fuera exactamente la misma situación, pensó.

Preso como un solitario perro, no tenía contacto alguno para que lo liberado. Realmente estaba atrapado. Apretó los labios en una mueca a la vez que se incorporaba en su lugar y acomodaba su sombrero bien.

Bueno, él era el Capt Jack Sparrow. Algo debía de ocurrírsele. Aun tenía algo de tiempo para inventar un milagroso escape… faltaban unas pocas horas para el alba, el momento de su ejecución. O siempre podía contar con su exceso de suerte.

El sonido de unos rítmicos pasos lo sacó de sus cavilaciones. Elevó la vista para encontrarse con un delgaducho y bronceado soldado que entraba caminando sin prisa, inspeccionando alrededor con su ceño fruncido.

El soldado miró alrededor antes de clavar sus negros ojos en Jack, quien le devolvió una mirada de indiferencia. Dio un paso al frente con sus manos en su espalda antes de mirar la celda del prisionero con ojo crítico.

- ¿No te han dejado nada de comida? – preguntó.

Jack encontró la pregunta algo ridícula.

- Mañana me ejecutan – replicó con simpleza. Creyó que demás estaba agregar "¿Para que preocuparse en alimentarme entonces?"

El soldado asintió leve e indiferentemente, Jack estaba seguro que solo tomando la parte del inexplicado no de su respuesta.

Dio media vuelta antes de alejarse y desaparecer por donde había venido. Jack frunció el ceño. Eso había sido extraño.

Volvió a acomodarse en su lugar, quitándole importancia a lo sucedido, aunque al poco de poco tiempo, volvió a oír unos pasos que se aproximaban, estos mas pesados que los anteriores y acompañados de maldiciones.

Otro soldado con algo de sobrepeso apareció por la puerta, gruñendo bajo su respiración palabrotas, llevando entre sus rechonchas manos un plato con un viejo pan y una jarra. Sin embargo, fue un suave tintineó lo que llamó la atención de Jack. Sus ojos volaron al cinturón del soldado, donde un manojo de llaves se mecía con el caminar del hombre.

Sonrió antes de borrar aquella mueca de su rostro y obligarse a posar sus ojos en la comida fingiéndose hambriento. No se perdonaría si llegaba a levantar sospechas.

Con lentitud y sin sacar su mirada del plato, se levantó d su lugar y se acercó a los barrotes, esperando que el soldado no notara sus verdaderas intenciones. Con un fastidiado bufido, el hombretón se acerco a la celda y paso la comida entre las rejas.

Y, ¡pum! Jack le encajó con todas sus fuerzas un puñetazo en la mandíbula. Agradeció que al caer al suelo el solado se hubiese golpeado la cabeza contra el suelo, pues no había estado seguro de lograr noquearlo con un solo golpe. También agradeció que hubiese caído inconsciente cerca de la celda, pues con solo estirar su mano pudo quitarle las llaves.

Se contuvo de echarse a reír, y, sin perder ni un segundo, comenzó a probar las llaves, una por una…

- ¡Alto! – ordenó una voz.

Jack elevó la vista sorprendido para encontrarse con que el soldadito que lo había visitado anteriormente se encontraba apuntándole con un rifle.

- Entrega las llaves – ordenó.

Jack gruñó y bufó, tentado a hacer un berrinche, antes de obseder y tirar las llaves a los pies del muchacho.

El joven se agachó y comenzó a rebuscar entre ellas hasta separar una única y vieja llave del resto para mirar Jack y sonreírle una sonrisa que el pirata supo que había intentado retener.

- Sabía que harías eso – murmuró el joven jocosamente mientras dejaba el rifle a un lado y se acercaba a la celda.

Jack observó con recelo como el muchacho tomaba su casa y armas, y estuvo a punto de soltarle unas buenas palabrotas por tocar sus cosas, pero calló al ver como el soldado se volteaba para apuntarle con su propia pistola.

- Ahórranos problemas, y compórtate, ¿si? – susurró mientras se colgaba las cosas de Jack al hombro y, bajo la sorprendida e incrédula mirada del pirata, abría la celda.

Jack le miró confundido.

- ¿Esto es una trampa? – preguntó inseguro.

El soldado soltó por lo bajo una ronca risa.

- No. Te estoy liberando – replicó aun divertido – Sal, ¿o tal vez prefieras quedarte? -

Sin decir palabra alguna, Jack salió de la celda, bajo la mirada de su arma.

- ¿Me liberas pero me mantienes bajo tu mira? Vaya, eso es extraño – murmuró para si, aunque con la clara intención de que el muchacho le oyera.

- Te sacare de aquí, pero lo haremos a mi manera. Y para que hagas lo que te digo, creo que necesitas ser motivado – replicó el joven.

- Pues me siento muy motivado – respondió Jack mirando el cañón del arma - ¿Por donde, jefe? –

El muchacho sonrió.

- Ve adelante – ordenó.

Con el muchacho siempre a sus espaldas con el cañón del arma contra su espalda, Jack avanzó obedeciéndole por el camino que ya antes había recorrido tiempo atrás con William Turner, esquivando soldados y escondiéndose, recordando a unas ratas.

No tuvieron muchas dificultades, pues el muchacho parecía conocer el fuerte de memoria. Seguramente así era.

- ¿Por qué me ayudas? – gruñó bajo su respiración Jack mientras el joven le escoltaba ya fuera del fuerte, escondiéndose entre las sombras evitando tanto escasos personas como más soldados.

- ¿Te molesta? Porque si quieres, puedo llevarte de vuelta a la celda… - replicó el muchacho, ufano.

Jack revoleó los ojos.

- ¿Qué quieres a cambio? – exigió saber - ¿Eres de esos que salvan al pirata para unirse a él? – luego pensó en el Capt del Holandés - ¿O por que le necesitan algo de dicho pirata? –

El joven sonrió y pensó su respuesta. Jack le notó algo tentado.

- No. No soy de esos – finalmente pareció decidir - Hay personas que no necesitamos nada a cambio para actuar –

- Claro, los idiotas – murmuró Jack.

- Tal vez – concedió sin importancia – Vamos, rápido –

Con el muchacho sosteniéndole del brazo y con el cañón de su arma en las costillas, caminaron con paso ligero hacia una pequeña y vieja edificación. El joven sacó una única llave esta vez, y abrió la puerta con todo el sigilo del que fue capaz.

- Entra – ordenó y, sin soltarle, le hizo pasar a una pequeña habitación en la que se observaba un mostrador a la izquierda, y una escalera y una puerta en frente.

- Una posada – murmuró Jack mirando alrededor.

El muchacho le ignoró.

- Quédate aquí – con algo de inseguridad y dedicándole una severa mirada al pirata, el muchacho guardó el arma y se encaminó hacia una puerta para entrar sin hacer sonido alguno.

Jack se volteó dispuesto a irse. Cuanto antes se largará de Port Royal, mejor. Atrasar su huida suponía dejar tiempo a la Armada para que notará su ausencia y fuera tras él.

Dio media vuelta dirigiéndose hacia la puerta con sigilo.

- Quieto ahí –

Jack gruñó para voltearse lentamente y encontrarse con el soldadito, quien le apuntaba. A su lado, apoyada contra el marco de la puerta, le observaba (supuso) la posadera. La ceñuda y aparentemente nada amigable posadera. La extrañamente familiar posadera de ojos azules y rizado cabello atado en un descuidado rodete…

¿Katherine? ¿Era Kate? No, no podía ser…

Y sin embargo, así era.

Y eso solo quería decir que…

Jack se volvió hacia el joven soldado para finalmente reconocer características familiares en él. ¿Oliver?

Los ojos de Jack se abrieron como platos, y permaneció congelado en su lugar, sin poder despegar sus ojos de la mujer, detrás de la cual una pecosa muchacha de larga cabellera y pardos ojos se asomaba con timidez. Concluyó sin dificultad que aquella muchacha era nada más y nada menos que Meg.

- Sabía que de alguna manera u otra lo liberarías, - gruñó Kate mientras corría de su rostro unos rizos que se habían salido de su descuidado rodete - pero sinceramente, esperaba que lo dejaras arreglárselas solas luego de sacarlo, Oliver –

- ¿Qué puedo decir? Soy algo solidario – respondió el muchacho.

La mujer bufó fastidiada.

- Prefería cuando llegabas con perros sarnosos, gatos famélicos, o hasta enfermas ratas – negó con un enfurruñado murmullo Kate.

- Se quedará en mi habitación, y no hará nada de nada – Oliver miró de reojo al petrificado Jack - Lo juro –

Kate negó desaprobadoramente antes de mirar a su hijo preocupada.

- Oliver, esto podría… -

- No soy idiota. Tengo todo planeado. Es imposible que me relacionen con la huida – le cortó Oliver – Supuestamente, tú estás enferma y te estoy cuidando. Tuve el cuidado suficiente como para que un guardia quedara inconsciente frente a la celda de Jack con el ultimo recuerdo de ir a darle algo de comer con la llave en su cinturón antes de ser noqueado. Todos, inclusive él, creerán que es su culpa –

Kate volvió a bufar y se corrió unos rizos de la cara, dedicándole una desconfiada mirada a su hijo antes de mirar en dirección a Jack y fruncir el ceño.

Él intentó sonreírle en su asombro, solo consiguiendo que el ceño de la mujer se frunciera aun más.

- Solo nos traerá problemas, Oliver – masculló.

- Necesito que lo escondas solo por una noche… mañana al alba zarpa una nave repleta de especias… puede irse en ella –

Kate le dedicó una mirada de poca paciencia a su hijo.

- Faltan solo un par de horas para que salga el sol – agregó Oliver a su favor.

Kate suspiró.

- Jack se queda en mi habitación conmigo. Será más fácil escapar por allí si es necesario – terció - Meg y tú irán a la tuya, ¿entendido? –

Oliver asintió.

- Vendré por Jack cuando sea la hora – dijo.

- Ahora, vamos, arriba los dos – les ahuyentó Kate, dedicándoles unas severas miradas a ambos jóvenes, mientras le quitaba su arma a Oliver.

Meg se escabulló de detrás de Kate para subir las escaleras junto con Oliver, sin poder evitar echar de vez en cuanto curiosas y hasta emocionadas miradas a Jack, incrédula.

Jack les observó irse hasta donde pudo antes de voltearse hacia Kate.

- Siempre te he dicho que las faldas te quedan mejor que los pantalones, Katherine – le sonrió.

- Nunca lo has hecho – replicó Kate, arqueando una ceja.

Jack fingió inocencia.

- ¿Ah, no? -

Kate reprimió exitosamente una sonrisa mientras revoleaba los ojos.

- No has cambiado ni un poco – murmuró mirándole de reojo mientras se dirigía a su pequeña habitación.

Jack sacó pecho, orgulloso, siguiéndola.

- Ni lo hare. No dudes de ello – dijo con aires dignos antes de ponerse serio – Sin embargo, aquí veo muchos cambios -

La mueca de Kate se descompuso por un instante. Suspiró y se sentó en una del par de camas que decoraban la deprimente habitación además de una mesa de luz, una ventana con viejas cortinas y un armario.

- Lo sé – replicó ella mientras Jack cerraba la puerta tras ellos.

Jack tomó lugar en la otra cama, enfrentando a la mujer.

- De todos los lugares en los que te podría haber encontrado, jamás se me hubiese imaginado encontrarte como dueña de una posada –

- Lo sé – volvió a replicar Kate.

Jack esperó a que continuara hablando. Al no hacerlo, se vio en la obligación de preguntar.

- ¿Por que dejaste de piratear? -

Kate inhaló con fuerza, como si el aire le faltará antes de mirar alrededor con nerviosismo. Hacia tanto tiempo que no recordaba esos tiempo, que casi le parecía a si misma ser otra persona. Había vivido bástate tiempo con aquel pecado del pasado escondido, temerosa a que pudiera ser desenterrado y que eso le llevara a la condena.

Jack volvió a esperar, y esta vez Kate si respondió.

- Oliver y Meg –farfulló antes de clavar sus profundos ojos azules en Jack - No quería que ellos terminaran así, y cuando papá murió pues… – se mordió el labio inferior antes de continuar – Lo mejor para ellos era dejarlo, y criarlos como era debido. Una borda pirata no es un lugar adecuado para niños, y menos aun si uno quiere que tuvieran un futuro. Así lo hice – calló durante un instante - Ahora nadie los cazará como animales –

- ¿Crees que era lo que debías hacer como madre? – resumió Jack.

En la mirada de Kate brilló un familiar destelló de fiereza.

- Era lo que debía hacer como madre – sentenció – Meg y Oliver no podrían estar mejor –

- Y sin embargo se Oliver se lo ha jugado todo salvándome – Jack no pudo evitar sonreír – Una mala jugada podría hacer que todo lo que has construido se venga abajo -

Kate le dedicó una mirada asesina.

- Por ello, a pesar de todo, preferiría que continuaras en tu celda – replicó.

- No creo que sea así – le resto importancia Jack, a lo que Kate respondió con arquear una ceja.

- Rescataré de positivo de que pronto te iras para no volver y nuestra vida normal continuara – murmuró.

Jack le sonrió con ganas.

- ¿Segura que eso es positivo? – inquirió.

Y, por primera vez en toda la noche, Kate sonrió sinceramente divertida.


disculpen la tardanza?