Cap 5 La canción
POV Bella
Me fui a la casa, bajé la mercancía y subí a mi cuarto a dejar la rosa en el jarrón y los chocolates junto con mi leoncito en mi cama. Ángela llegó al poco rato y empezamos a ver posibles peinados, yo terminé con rulos, y Ángela con un chongo, claro poniendo estilo, como su vestido era estraples tenía que tener el cabello recogido.
Al empezar las clases de baile, no sé cómo no desesperé a Ángela, es que yo era un tronco para el baile, si me ponía una canción electrónica bailaba aunque no sabía como hacerlo, Ángela me dio unos tips en este baile.
-En un vals o una canción tranquila solo balancéate- me dijo Ángela- además yo creo que si Edward saber bailar, te va a llevar muy bien por la pista de baile.
-El problema no son las canciones lentas, sino las rápidas- yo estaba en shock es que no sabía que hacer si Edward bailaba conmigo una canción rápida de verdad iba a ser un desastre. Ya había pisado a Ángela como 10 veces.
-No te preocupes, Edward aguantará, es fuerte- me decía Ángela con una sonrisa de oreja a oreja para animarme, y lo logró y con eso vino también el que yo me sonrojara, después de un rato agarré el ritmo y ya no sufrí tanto pero me tropecé y me pegué con la mesa cerca del televisor.
-Bueno ya fue mucho por hoy, vamos a descansar- estaba de verdad cansada, Ángela también, nos sentamos y nos pusimos a ver la televisión.
Acabamos de ver la película de Orgullo y Prejuicio, ¡me encantaba esa película!, era una historia de amor increíble, me encantaba el Señor Darcy, pero bueno, me levanté del sillón, Ángela se había quedado dormida, creo que sí la agoté, la ayudé a que se recostara bien, y le puse una cobija, llamé a su casa para pedir permiso que se quedara a dormir conmigo y que mañana temprano pasábamos por sus cosas de camino a la escuela, su mamá me dijo que no había problema.
Cuando estaba limpiando la mesa, oí el timbre sonar, dejé las cosas en la cocina para poder atender a la puerta pero cuando abrí, no había nadie, al mirar abajo, ví que había otra rosa, y debajo de ella estaba un papel, era la letra de una canción pero la leía y no era conocida para mí.
Eres la luz, que ilumina mis noches
Eres la princesa de mi cuento de hadas,
Yo no sabía el significado de amar,
Llegaste a mi vida
Y le diste no solo significado
A la palabra amor,
Le diste significado a mi existencia.
Tu mirada tierna y segura,
Tu sonrisa alegre y sincera,
No hay nadie más
Que al verla o sentirla cerca
Haga mi mundo temblar
Como lo haces tú.
Yo no sabría que hacer
Sin ti mi vida no tiene sentido
Eres todo para mí
Tu me haces sentir vivo
Me das las fuerzas que necesito
Me das el valor y coraje para enfrentar los problemas.
Mi alma te pertenece,
Mi corazón es tuyo para siempre
y con sólo mirarte a los ojos
Se que te amará hasta la muerte.
Tu amor puede hacerme olvidar
los dolores del pasado,
y sumergirme en la inmensa alegría
del presente.
Yo no sabría que hacer
Sin ti mi vida no tiene sentido
Eres todo para mí
Tu me haces sentir vivo
Me das las fuerzas que necesito
Me das el valor y coraje para enfrentar los problemas.
Por eso al final
Se que tu serás mi ángel protector
Mi niña adorada
Mis ojos son tu mirada,
Me tienes atrapado
Basta con verte
para que un universo de sensaciones
despierte como fiera dentro de mi,
hace y deshace mi corazón...
me hace perder la razón.
Por último
Hay dos palabras
Con qué describir este sentimiento
Que me invade y me vuelve loco
Te amo, y por siempre lo haré.
Estaba hermosa la canción, lloraba de la emoción, en definitiva tenía un admirador, pero ¿quién podía ser? Mañana en la escuela averiguaría quien era…
Nos despertamos temprano Ángela y yo, nos bañamos, primero yo, para que al salir arreglara mis cosas y prepara el desayuno, Ángela se bañó después, bajó y desayunamos juntas. Tomé mi mochila y las llaves de mi camioneta y nos fuimos a la casa de Ángela, yo la esperé en la camioneta mientras ella entraba a su casa a cambiarse de ropa y coger su mochila, no tardó más de 10min y nos fuimos a la escuela.
No le había dicho nada aún sobre las rosas, el león, los chocolates ni la canción; la verdad no sabía ni que pensar y si le contaba no sabía cómo iba a reaccionar. Preferí seguir guardándomelo. Estacioné la camioneta y nos bajamos.
-Nos vemos en el salón, tengo que ir por un libro a la biblioteca.- me dijo Ángela ya de lejos, estaba yo tan distraída que ni cuenta me había dado de lo rápido que se bajó ella, o de lo lento que me estaba bajando yo.
Tomé mi mochila de la parte de atrás de la camioneta y me disponía a ir al salón cuando por culpa de mi torpeza, tiré mi estuche, no había cerrado bien mi mochila, que coraje, se había mojado, esta el piso mojado y ahora mi estuche también lo estaba.
Me agaché a recogerlo y al levantarme vi que alguien estaba parado enfrente de mi.
-¿Algún problema? ¿Te ayudo en algo?- era Edward, ese chico de verdad no sabía como aprecia en los momentos mas oportunos.
-No, ninguno, estoy bien- pero por andar embobada con su sonrisa, al dar el paso, pise mal y casi me caigo en el charco, Edward otra vez me salvó.
-¡Cuidado! ¿Estas bien?- me dijo preocupado, yo solo sentía que el color llegaba a mis mejillas y mi corazón se aceleraba, yo y mi torpeza.
-Sip, gracias- estaba roja como manzana y mi corazón cada segundo latía más y más rápido.
-Ven te acompaño a tu clase- me dijo con ternura, y me cargó mi mochila, yo estaba tan embobada que no podía negarle nada.
Llegamos a mi salón, que mala suerte que él no estuviera en mi misma clase, solo lo tenía en biología.
-Nos vemos en descanso- me susurró en el oído, me dio mi mochila, me besó la mejilla y se fue. Mis piernas no me respondían, Ángela tuvo que ir por mí a la puerta para que reaccionara.
-¡No lo puedo creer, Edward te besó la mejilla! Pero, ¡¿qué te dijo?! ¿Bella? ¡Reacciona!- me decía Ángela, pero cómo quería que reaccionara si yo me sentía en el cielo, la verdad no puse atención a la clase, lo que quería es que llegara la hora del descanso.
-¿Bella?- me dijo Mike, no se que cara tenía yo pero me vió y se echó a reír.- ¿Bella? ¡Cierra la boca! Se te va a meter una mosca- Todos estaban riéndose, ya había terminado la clase, me sonrojé y les dije que tenía que ir a mi casillero que al rato nos veíamos.
Eran 10min de plazo entre cada clase así que me daba tiempo perfecto para ir a mi casillero a tomar mi cuadernos de la siguiente clase. Lo abrí y encontré para mi sorpresa en un globo transparente con otra rosa adentro y una oveja abrazando la rosa. Me encantó el detalle de la oveja, se me hacían muy tiernas a parte hacía juego con mi leoncito. Voltee a ver si había alguien cerca, pero el pasillo estaba más desierto que nada, ya era mi octava rosa y no sabía si de verdad era él quien me las había dado, y san Valentín era en dos días, y el baile era el sábado.
Me fui a mi siguiente clase, ¡estaba tan emocionada!, porque mi admirador era de mi escuela, eso descartaba totalmente a Jacob.; y quizás tal vez quizás sea quien yo creía que era, más bien quien yo quería que fuera.
Igual que en la primera no pude poner atención a la clase, solo podía pensar en el almuerzo, tocaron, se me pasó rapidísimo la clase y para mi sorpresa o para un nuevo ataque de aceleración a mi corazón, Edward estaba en la puerta esperándome, esto ya era demasiado, ahora mi corazón se podía acelerar en un instante, solo con verlo.
Caminé lo más natural que pude hacia la puerta, me acompañó a dejar mis cosas a mi casillero, y aproveché para tomar mis libros de la próxima hora clase, la de biología. Fuimos a la cafetería, solo tomé una manzana, no tenía antojo de otro cosa, y nos sentamos en una mesa vacía, no quería estar en la misma mesa con Jessica, y Ángela estaba sentada con Ben en una mesa a parte y no quería interrumpir.
Me retiró la silla, yo sentía todas las miradas de la escuela en mí, pero no me importó mientras él estuviera conmigo.
-¿Lista para el sábado?- me dijo Edward sonriendo, esa sonrisa no sabía lo que le hacía a mi corazón, el era el único chico que podía hacer que mi corazón se acelerara y se detuviera al mismo tiempo.
-Define lista- no sé por qué dije eso, pero pues que más daba sólo el me escuchaba, además se me hacía fácil hablar con el, claro mientras no dijera algo que me hiciera sonrojar.
-Mmm..... pues en mi opinión, estoy muy emocionado, además mi pareja es la chica más linda y guapa del colegio- No se me cayó la mandíbula porque la tenía pegada pero sino yo creo que ya se me hubiera caído al piso, ¿él dijo eso, de verdad? ¿Y si le seguía el juego?
Tal vez llegaba a decir algo interesante sobre aquel asunto, pues haber lo intentaría haber si no era yo quién metía la pata, pero ya sería otro día porque el timbre ya había sonado para ir a clase de biología y aunque él se sentaba junto a mí, no íbamos a poder platicar con libertad.
En la clase de biología tampoco me pude concentrar, Edward estaba callado ni hacía nada, pero yo estaba en la luna, pensando en si él era quien me daba los regalos o no, de verdad quería que fuera él, pero no quería ilusionarme demasiado en ello porque si al final no era él la caída me iba a doler muchísimo, eso me hizo entristecer un poquito pero después me acordé que quien fuera la persona había sido muy linda en darme esos regalos y con eso debía ser afortunada.
Terminó la clase y guardé mis cuadernos, ya iba a salir cuando siento que alguien toma mi mano, una mano fría.
-Bella, nos vemos en la salida, ¿va?- me dijo Edward y me mostró esa sonrisa a la cual yo no le podía negar nada, solo pude asentir con la cabeza, caminamos hasta la puerta del gimnasio y se fue.
Como siempre mi torpeza en los deportes se dio a notar en la clase de gimnasia, hoy nos tocaba jugar quemados, pero Mike me servía de escudo humano, bueno eso fue hasta que lo quemaron, y ya no había nadie que se ofreciera a protegerme, entonces Jessica lanzó el balón y me pegó en el brazo, eso me dolió, pero era mejor para mi porque ya no tendría que jugar.
Gracias a Dios acabó la clase y me pude ir a cambiar, tomé mis cosas y vi que Edward estaba en la puerta, en un instante tomó mi mochila, fue tan rápido que ni siquiera me dio tiempo de reaccionar.
-Pero…qué…no tienes que…-no sabía que decir, me tomó por sorpresa.
-Calma Bella, respira- me dijo Edward con una sonrisa pícara, ¿por qué sacaba esa sonrisa?, primero me toma por sorpresa y me saca de onda y ahora hacía que mi corazón se acelerara, pero que aguante de mi corazón, ya iban varias veces que él lo descontrolaba en un segundo.-Bueno vámonos.
-Está bien- dije y solté un suspiro, no le podía negar nada.
Al llegar al estacionamiento me iba a dirigir de camino a mi camioneta cuando siento que Edward me toma de la mano y me voltea hacia él.
-¿A dónde crees que vas?- me dijo con una voz que nunca le había escuchado que me derritió en ese momento el corazón y si a parte de eso le añaden su sonrisa pícara, pues me quedé embobada.
-Pues a mi camioneta… ¿Por?- que quería que le dijera, solo se me ocurrió decirle eso.
-Pues porque aun no quiero dejarte ir- mmm... pues no lo hagas, lo pensé en mi mente tan fuerte que pensé que mi cerebro explotaría.
-Pero… ya todos se están yendo, no me digas que te quieres quedar en la escuela- le dije con una cara entre sorpresa, broma y misterio.
-No, más bien pensaba en que fuéramos a dar una vuelta tú y yo…solos- me lo dijo con su voz normal, pero el "solos" me lo susurró al oído, como para que nadie más escuchara.
-¿A dónde?- quería ir pero no me gustaba ir con alguien sin saber el lugar a donde vamos a ir.
-A dónde tu quieras- esta bien algo a mi favor, podría dejar mi camioneta e irme con él, a…. mmm no sé pero lo pensaría en el camino.
-Ya sé… que te parece que dejo mi camioneta y mi mochila en mi casa, pasas por mí y nos vamos a…- no sé pero capaz que a él se le ocurría algo, creo que sí, su gesto me lo decía.
-Ver una película y cenar- sonaba bien, me convenció asentí con la cabeza y me dirigí a mi camioneta, ya no había nadie, ya todos se habían ido, y según yo… Edward se había quedado por su coche, pero no, volteé y él ya estaba a lado mio para abrirme la puerta, ¡Que raro! Ya en estas épocas nadie lo hacía, pero para que me quejo fue algo lindo.
-Nos vemos al rato- me dijo Edward y ya una vez que subí cerró mi puerta, me dijo adiós con la mano.
Llegué a mi casa, pero me había acordado que había dejado mi ovejita y mi rosa en mi casillero.
-¡Maldita sea! Tendré que regresar- tomé las llaves de mi camioneta y me disponía a subirme cuando vi que un volvo plateado de estacionaba enfrente de mi casa… y ahora… ¿qué hago?
