Cap8 Casi un beso
-Hola Bella- me dijo Edward acercándose a donde yo estaba, peroro no pude decir nada, estaba en shock.
-Bella… ¿estás bien?- me dijo Edward co una cara de preocupación que me dio mucha ternura y me sacó de mi trance.
-Sí, es solo que yo no pensé que tu fueras a venir tan temprano- le dije mientras sentía como mis mejillas empezaban a tener un color más rosa del normal.
-Ah, es que pensaba en que fuéramos al cine, y luego a cenar- me dijo pero yo no podía penar en nada, ¿y mi ovejita?, no quería dejarla en la escuela, pero es que me la vivo totalmente en la distracción.
-Ah…mmm…- es lo único que pude decir.
-¿No te gusta la idea?- me dijo Edward un poco preocupado.
-Sí me gusta, es solo que olvidé algo en la escuela, y pues quería ir allá antes de que llegaras- no le podía mentir, pero y ahora ¿qué diría él?
-Ah ok, si quieres vamos a la escuela rápido y luego nos vamos al cine- me dijo con su sonrisa curveada, me fascinaba esa sonrisa, pero no le podía decir eso, solo me sonrojé y asentí. Le dije que iba por algo y salía. Fui a mi cuarto y tome una bolsa blanca que era bastante grande, no exagerada, lo normal, eran las de moda, así que Edward no sospecharía, o eso espero. Metí mi celular, y mi cartera, no pesaba nada mi bolsa, pero no quería que se notara que estaba vacía, así que también metí un suéter blanco.
Salí y Edward me esperaba en el mismo lugar, me sonrió y caminamos hacia su coche, me sorprendió su caballerosidad al abrirme la puerta, ese chico es simplemente PERFECTO y yo pues era una chica de lo más sencilla, sin ningún chiste, mas que el de ser torpe.
Llegamos a la escuela, le dije que esperara que no me tardaba, el asintió y se quedó ahí, fui a mi casillero y tomé mi ovejita y mi rosa, pero cuando la tomé sentía que alguien me miraba pero cuando volteé no había nadie, era algo raro, pero no importa, saqué mi suéter y metí mi ovejita y la rosa con mucho cuidado, aunque no se si aguante la rosa, ya veré como me las ingenio.
Me puse el suéter en los hombros, cerré mi casillero y me fui directo al coche de Edward, no vi más coches así que sí me sorprendí de sentir que alguien me estuviera observando pero de seguro era algo de mi imaginación, o de los nervios de la cita, espero no hacer algo que moleste a Edward porque el baile era el sábado y quería que fuera algo especial, sin ningún tipo de remordimiento ni nada.
Me fui al coche de Edward, se bajó y me volvió a abrir la puerta, que lindo y amable es. Me subí y nos fuimos al cine, vimos una película tipo romanticomedia, se llamaba "A él no le gustas tanto" me encantó la película, pero había cosas en las que me identificaba muy seguido, parece que a Edward también le gustó la película, porque a cada rato se reía, yo también pero cuando volteaba y lo veía, se veía tan guapo sentado ahí riendo, que me sonrojaba.
Terminó la película y nos fuimos a cenar, yo pensaba que íbamos a ir al mismo restaurante done me lo encontré la otra vez, pero no, era uno que yo no conocía, se estacionó, y cuando iba a abrir la puerta, él ya estaba afuera abriéndola para que yo me bajara, me tendió la mano y la tomé y bajé del auto; de camino a la entrada del restaurante Edward no había soltado mi mano, su mano estaba fría, de seguro porque tenía frío o algo, todavía era febrero y hacía un poco de frío, pero no me importó, no lo solté.
Entramos y Edward pidió una mesa, estábamos en un lugar muy cómodo, me retiró la silla y me senté, y se sentó enfrente de mí, cuando se sentó, miré sus ojos, dorados, me perdí en ellos hasta que la mesera me tendió la carta y perdí toda conexión con sus ojos, por ahora, me sonroje y me oculté tras la carta para que Edward no me viera tan chapeada.
-Bella- me llamó, bajé la carta y solo pude mirarlo, no sabía qué decir, alargó su mano y tomó la mía que estaba encima de la mesa- te ves muy linda, y estoy ansioso por el sábado- me sonrojé, no supe que contestarle, solo sentía como mi corazón se aceleraba.
-Si… yo también- le dije todavía con un tono nervioso, es que este chico de verdad hacía que mi mundo temblara con solo mirarlo a los ojos o sentir su mano tocando la mía.
-¿Desean ordenar?- nos dijo la mesera, mientras veía embobada a Edward, eso hizo que me pusiera un poco celosa, lo bueno es que él ni le hizo caso, pero el que me siguiera mirando también no era muy bueno, porque cada segundo que pasaba más nerviosa me ponía.
-¿Bella, qué quieres ordenar?- me preguntó Edward todavía mirándome a los ojos.
-Una lasagna y un vaso con agua sola- le dije a la señorita, apartando mi vista de Edward, eso hizo que mi corazón se diera un descanso de estar latiendo rápido.
-¿Y para usted?- le dijo la señorita todavía viendo a Edward.
-Nada gracias- le dijo Edward, volteando a verla por 1seg y regresando su vista hacia mí. La señorita se fue dejándonos otra vez solo a Edward y a mí.
-¿En qué nos quedamos?- me dijo Edward mostrándome esa sonrisa suya que hacia que mi corazón se acelerara mil por segundo.
-En lo del baile del sábado- le dije, yo sentía que ya estaba más roja de lo normal, y eso me hacía enrojecerme más, no sabía que hacer, quité mi mano de la de Edward porque tal vez con lo fría que estaba me bajaba el color, lo hice y solo escuché como Edward se empezaba a reír.
-Te ves muy linda chapeada- me dijo todavía riéndose, solo pude reírme y dejé mi mano otra vez en la mesa, el la volvió a tomar.
-No sabes lo ansioso que estoy de que ya sea sábado, y poder bailar contigo- me dijo sonriéndome, al principio también sonreí pero cuando dijo lo de bailar pues me entristecí un poco.
-Bella, ¿dije algo malo?- me dijo en tono de preocupación, y un poco de tristeza.
-No…es sólo que…yo no sé bailar- le dije todavía preocupada por su reacción, hubo un momento de silencio y eso hizo me tensara, pero Edward lo arregló todo como siempre.
-No te preocupes Bella, el solo estar contigo me hace feliz- me dijo sonriéndome, eso me subió los ánimos, le iba a decir a Ángela que me siguiera enseñando algunos pasos, para defenderme un poco en el baile.
La mesera llegó con nuestros pedidos, bueno más bien el mío ya que Edward no quiso ordenar.
-¿Seguro que no desea algo?- le repitió la mesera, coqueteándole, ahora si me estaba poniendo celosa.
-Seguro, gracias- dijo Edward, con toda la naturalidad y le sonrió. La mesera se fue, pero yo seguía con lo celos de punta, pero ¿por qué?, si ni siquiera era mío ni nada.
-Bella, ¿qué tienes?- me dijo Edward, pero yo no sabía que contestarle, ni modo que le dijera "estoy celosa" o regañarlo por coquetearle o siquiera haberle sonreído.
-Nada- le dije tratando de disimular pero parece que no funcionó, solo se quedó en silencio, creo que arruiné la velada por culpa de mis malditos celos, terminé de cenar, y Edward me miró con una mirada tierna.
-Por favor, perdóname si hice o dije algo malo- me quedé en shock, no sabía que me iba a decir eso, me miró con una mirada suplicante, pero él no había hecho nada malo, fui yo la que se puso celosa.
-No hay nada de qué perdonarte, no hiciste nada malo- le dije mirando a la mesa, Edward se sentó en la silla a lado mío, y colocó sus dedos en mi barbilla para que lo mirar directo a los ojos, tenía que decirle la verdad, aunque eso podía hacerlo enojar, o algo, la verdad no lo conozco tan bien como para saber cómo va a reaccionar.
-Es que… me puse celosa…porque la mesera te coqueteaba y tu le sonreíste- le dije con tono de vergüenza, ahora si me sentía como niña caprichosa, no pude desviar mi mirada de la suya, solo vi como una sonrisa se dibujaba en el rostro de Edward.
-Tú eres, y siempre serás la única en mis ojos- me dijo sonriéndome de nuevo, con esa sonrisa perfecta, que hacia que todo a nuestro alrededor desapareciera.
Me sonrojé, era tan lindo, era como un sueño pero 100% real, quitó sus dedos de mi barbilla para tomarme de las manos, él las seguía teniendo frías, eso se me hacía raro ya que en el lugar hacia calor y hasta mis manos ya se habían calentado.
Edward pidió la cuenta y nos fuimos, me abrió la puerta del acompañante y me subí a su coche, era tan cómodo su coche que ahí mismo me podría dormir, pero ¡no!, en qué estaba pensando, creo que ya tanto estar embobada me hacia delirar.
-Bella, gracias por aceptar el salir conmigo- me dijo con un tono dulce, me llevó a mi casa, y me abrió la puerta para que me bajara, me acompañó hasta mi puerta, no sabía si invitarlo a pasar o no, Charlie no había llegado, hoy le tocaba guardia así que iba a llegar hasta la madrugada.
-Edward, ¿quieres pasar?- de verdad quería que dijera que sí, todavía no quería que se acabara nuestra cita, bueno no quería que se fuera tan pronto.
-Sí, gracias- dijo Edward pasando, no pude evitar sonreír, se sentó en el sofá y yo me senté a lado suyo, nos pusimos a ver Orgullo y Prejuicio, me fascinaba esa película, era de lo más romántica, a Edward parecía no disgustarle la película, eso me subía los ánimos, en cuanto acabó la película, se fue. Pero antes de que se fuera me dio un beso en la mejilla, cerré la puerta, pero de repente recordé algo…
¡La flor no la había puesto en agua!, fui por mi bolsa y la flor estaba como si nada, era tan extraño, entonces me di cuenta que en el final del tallo tenía una especia de botellita con agua para alimentar a la flor, no me di cuenta de eso antes, se me hacía muy raro, pero no importa, me alegró que la flor estuviera todavía en perfecto estado.
Subí a mi cuarto y dejé la flor en el jarrón donde estaban las otras 7 flores, se veía tan mágico, lo malo es que el jarrón estaba todo desgastado, eso le quitaba un poco de belleza a las flores pero no tenía otro, saqué también a mi ovejita de mi bolsa y la puse a lado de mi leoncito, se veía tan tiernos, me encantó.
Me cambié de ropa, y me fui a dormir, estaba muy cansada, pero feliz, fue un día mágico para mi, y ya no estaba preocupada por el sábado ahora hasta estaba ansiosa porque ya llegara el día.
Volví a soñar con el prado, que me sentaba en el pasto y sentía como el viento me acariciaba la cara, alguien estaba a lado mío, pero cuando iba a voltear a ver quién era mi despertador sonó, y cuando intenté volver a soñar aunque fueran 5min, ya no pude.
Me levanté, hoy le iba a decir a mis amigos haber si alguien de ellos podía pintar mi prado, porque era tan mágico que lo quería tener en pintura para poder apreciarlo no sólo en mi mente ni en mi sueños, sino también tenerlo ahí para verlo cada vez que no me sienta feliz, que eso sea uno de mis motivos de estar feliz, simplemente porque para mí es un lugar mágico, exista o no, para mí es especial.
Me bañé y me cambié para la escuela, me puse unos jeans, unos tenis blancos y una playera polo azul claro, bajé a desayunar y me fui a la escuela, estaba muy emocionada por ir, ya que bueno, era martes, y solo faltan 4 días para que fuera el gran día.
Llegué a la escuela, bajé de mi camioneta y me fui hacia mi casillero, lo abrí y no había nada, parece que hoy no iban a haber sorpresas, o por ese lugar no, no sabía, pero hubiera o no yo estaba muy feliz, y ansiosa porque fuera última hora para estar con Edward, lo admito estoy enamorada de él, aunque apenas lo conozca, me gusta demasiado para negarlo, peo no me atrevía q decírselo.
Pasaron las clases rápido, llegó la hora del almuerzo, y yo no había visto señal alguna de que Edward hubiera venido, de verdad quería que viniera, el viernes era 14 de febrero y pues aunque el sábado era el baile, yo esperaba encontrarme una que otra sorpresa ese día, pero el que él no hubiera venido me puso un poco triste, de verdad quería verlo, bueno sino pues mañana será otro día.
-Hola Bella- me saludó Ángela muy energética, era tan linda esa chica, la quería mucho.
-Hola Ángela- la saludé y me senté junto a ella, todavía viendo a mi alrededor para ver si había alguna señal de él, pero nada.
Le conté que quería dibujar mi sueño, bueno mi prado y se lo describí, ella lo trató de dibujar en un cuaderno suyo, y aunque se parecía no era 100% mi prado, le di las gracias y guardé el dibujo.
Terminó el almuerzo, me fui a mi clase de biología, pero para mi sorpresa Edward sí había venido, estaba sentado en su lugar, no pude evitar sonreír por el hecho de que él estuviera ahí, entré al salón y me senté en mi lugar.
-Hola Bella- me dijo Edward con su sonrisa deslumbrante que tanto me encantaba, pero mi corazón comenzó a acelerarse y se me había olvidado como respirar, me tranquilicé y traté de tomar aire.
-Hola Edward- le dije ya más tranquila, aunque todavía sentía que mis mejillas estaban de un tono de rosa un poco fuerte, traté de pensar en otra cosa para que se me pasara un poco el color.
La clase comenzó y ya no pudimos platicar ni nada.
¿Cuáles serán los bailes preferidos de Edward? ¿Quién será mi admirador? ¿Qué pasará el sábado y el viernes? No pude evitar hacerme todas esas preguntas, la clase estaba muy aburrida y si veía a Edward sabía que mi corazón se iba a empezar a acelerar y mi respiración a cortarse y no quería llamar la atención en plena clase; cuando terminó yo seguía en mis pensamientos ni cuenta me había dado que ya había acabado la clase hasta que Edward me tocó la mejilla.
-Bella, ¿Estás bien?- me preguntó Edward con tono de preocupación, creo que lo preocupaba muy seguido, porque ya había oído esa pregunta ya varias veces.
-¿Eh?, ah si, ¿ya terminó la clase?- le dije, es que estaba en la luna, inmersa en mis pensamientos y el sentir la mano fría de Edward en mi mejilla y el haber escuchado su voz, hizo que saliera de estar en mis pensamientos pero todavía sin saber qué pasaba exactamente en la vida real.
-Bella, ¿en qué tanto piensas?- me dijo riéndose, no en mal plan, se me hizo en un tono tierno, yo nada más me sonrojé.
-Ah, este….mmm…nada- le dije todavía sintiendo que me subía el color a las mejillas.
-Me encanta cuando te sonrojas, te ves muy linda, nos vemos mañana, cuídate, adiós- me dijo todo en un instante y me dio un besó cerca del labio pero sin tocarlo, eso en cierto modo me emocionó pero me puso nerviosa, pero no pude evitar que una sonrisa enorme se dibujara en mi cara, me reí en silencio y me fui hacia mi casillero, para dejar unos libros y recoger otros, los recogí y me fui hacia mi camioneta.
Al llegar a mi casa, preparé la comida, comí y me fui a mi cuarto a hacer mi tarea, el día había sido… simplemente perfecto, ¿mañana que tal sería?
