Algo inesperado

Esta vez soñé con mi prado, pero un poco diferente, era igual el paisaje, con el viento en mi cara pero esta vez no había nadie a mi lado, solo había una rosa, cuando me desperté revisé mi florero, pero ya no era mi florero, era uno mucho más bonito, combinaba perfecto con las rosas, las conté y seguían siendo 8, pero el florero de verdad me había gustado, eso me emocionó, me bañé rápido, me vestí con unos jeans un poco más oscuros que los de ayer y una blusa roja, desayuné y me fui a la escuela.

Al llegar vi que el volvo de Edward ya estaba ahí, sonreí, me bajé de mi camioneta y tomé mis cosas. Caminé hacia la escuela, fui a mi casillero y ahí me encontré con Ángela.

-Hola Bella- me dijo Ángela.

-Hola Ángela.- le dije, sonriendo.

-Uyy y ¿esa sonrisa? Alguien esta enamorada.- me dijo, eso hizo que me sonrojara, pero era cierto.

-Hay Ángela si supieras….- le dije, todavía sentía la alegría de la cita del lunes y el casi beso de ayer, sentía que este año la semana de San Valentín había sido perfecta, única, y muy romántica, y nada más de pensar en como sería el viernes y el sábado, más alegre me ponía.

-Tierra llamando a Bella.- me dijo Ángela, entre risas- bueno ahora si te pegó duro la semana de San Valentín.

Yo solo suspiré.

-Bueno vámonos a clase.- me dijo Ángela, tomé mis libros y nos fuimos.

Ese día fue de lo más tranquilo, y estaba ansiosa porque ya fuera la hora del almuerzo para ver a Edward, pero cuando pensaba en eso el tiempo se me pasaba lento, pero no importaba tarde o temprano iban a tocar para el almuerzo.

Las clases fueron de lo más aburridas, hasta que llegó la clase de literatura, en donde empezamos a hablar sobre las diversas parejas que se enamoran en un libro, Romeo y Julieta, Darcy y Elizabeth (orgullo y prejuicio), Elinor y Edward (sensatez y sentimientos), cuando escuche "Edward" todo mi mundo desapareció, ya no puse atención a la clase, pensaba en la pareja que podríamos formar, eso me hizo sonrojar, estaba muy emocionada porque ya fuera viernes, y más porque ya fuera sábado, el gran día.

Terminó la clase, y era hora del almuerzo, fui a dejar todos mis libros a mi casillero, donde encontré un papel doblado, Ángela se acercó y tuve que guardar el papel en mi mochila, pero estaba sobre intrigada por ver que contenía.

Entramos al comedor, y no vi a Edward, tal vez esté todavía en clase, o tenga que estudiar, la verdad no sabía ni lo que estaba pensando.

Fuimos por comida, yo sólo tomé una manzana y un jugo, no quería mucha comida hoy, cuando iba en dirección a la mesa de Ángela, estaba tan distraída que choqué con alguien y casi me caigo de espaldas, pero unas manos frías me atraparon, pensando en que era Edward levante mi mirada con alegría, pero no era Edward era su hermano Emmett.

-Perdón- no sabía que decirle, si de por sí ya me sentía avergonzada ahora más.

-No te preocupes Bella, ¿estás bien?- me dijo Emmett con una sonrisa tipo niño travieso.

-Sip, gracias- no sabía que más decirle, me acomodé la blusa y ya me iba cuando otra vez siento que algo frío me detiene, y ahora pensando en que era Emmett de nuevo, volteo y ahora sí era Edward.

-Bella, ¿a dónde vas?- me dijo Edward con esa sonrisa tan perfecta que tenía.

-Pues….yo…amm…- no sabía que decirle, ya mis mejillas había sobrepasado el color rojo.

-¿Almorzamos juntos?- me dijo Edward, en un tono de dulzura que no me pude resistir, asentí y nos fuimos a una mesa apartada.

-Hola Bella- escuché una voz detrás de mí que me había saludado pero no la reconocí hasta que volteé y vi que era la hermana de Edward, Alice, sino me equivoco.

-Hola…Alice- le dije, esperando no haberme equivocado en su nombre. Se acercó a mí y me dio un abrazo, después le susurró algo al oído a Edward, y se fue, caminando, como que dando saltitos, para mí ella se me figuraba como una bailarina.

Cuando creí que ya se había ido gritó desde la puerta.

-Adiós Bella- me dijo, moviendo su mano de un lado a otro. Solo pude levantar mi mano y fingir una sonrisa, a mí nunca me había gustado llamar la atención pero después del grito de Alice sentía que todas las miradas estaban encima de mí.

-Bella…hahaha… me encanta cuando te sonrojas- me dijo Edward riendo, su risa era tan linda, que no me molestaba que se riera, pero hizo que mis mejillas se tiñeran de un color más rojo de lo normal, y sentía como mi corazón se aceleraba, y se me cortaba la respiración.

Eso de pensar y respirar no es lo tuyo Bella. Me dijo mi conciencia como en burla.

Después de unos segundos que seguí sin poder respirar Edward se preocupó.

-¡¿Bella, estás bien?, perdón no era mi intención, por favor, respira!- me dijo, con eso recordé como respirar y ya tomé mucho aire y lo solté.

-Bella, perdón- me dijo Edward a lado mío, tomando mi mano y con una mirada muy triste.

-Estoy bien, sólo olvidé cómo respirar- le dije con una sonrisa pícara.

Edward rió, y luego me tomó de la mano, sonó el timbre y me acompañó a mi salón, me dio un beso en la mejilla y se fue.

No podía creer lo lindo que era, la clase estuvo muy aburrida, la verdad esos temas ya me los sabía, entonces en mis momentos, de perderme en mis pensamiento, recordé el papel que había encontrado en mi casillero, lo busqué en mi mochila, y lo tomé, todos los demás estaban entre poniendo atención a clase y dormirse, y como yo estaba en el fondo del salón no me preocupé porque alguien me viera.

Lo abrí y no podía creer que lo que ví…

No sabía bien qué era, pero sentía que era algo que yo conocía, vi que adentro del mismo papel, había otro que decía "guárdalo" pero, ¿para qué?, era un dibujo, o eso creo, tenía un poco de azul, y verde, pero no entendía bien qué era, lo volteé y decía, "eres, y eso ¿qué significaba?, salí de la clase todavía pensando en el papel, cuando sin querer, choqué con alguien, se me cayó mi mochila al piso y mis libros salieron de mi mochila, ni siquiera me había dado cuenta que había dejado mi mochila abierta.

-Lo siento, no era mi intención, estaba distraída- ahora no sabía ni siquiera como estructurar una oración genial pensé para mis adentros.

-No te preocupes, ¿estás bien Bella?- me dijo una voz conocida para mí, pareciera que hoy era el día de chocar con Edward, no me molestaba pero capaz que a él sí.

-¿Eh?... ah sí estoy bien gracias- le dije, pero sentía como el color se me subía a las mejillas, todavía estaba agachada recogiendo unos lápices que había dejado sueltos en mi mochila, y viendo que no me faltara nada.

-Me alegro, bueno te acompaño a tu coche si quieres- me dijo Edward, cargando mi mochila, ya con todos mis libros adentro.

-Edward… tu no tienes…que…-le dije todavía apenada, y pareciera que el entendió a que me refería cuando pues le hice señas de que no tenía que cargar mi mochila.

-No te preocupes- me dijo y me mostró su sonrisa torcida, a la cual no le podía negar nada.

-Ok- le dije, dándome por vencida, apenas llevaba una semana de hablar con Edward con más confianza y no le podía negar nada a él, bueno creo que nadie, dicho esto reí para mis adentros, mostrando una sonrisa, mínima pero la tenía.

-Hay Bella, ¿qué voy a hacer contigo?- me dijo Edward, pero… eso ¿de dónde salió?, ¿por qué me decía eso?, no pude reaccionar, no sabía si eso significaba algo bueno o malo.

-¿De qué hablas?- le dije, no sabía que más decir, al ver que él no respondía.

-Es que eres impredecible- me dijo con una sonrisa tan tierna y linda, que solo pude sonreír, eso de nuevo me hacía sentir feliz, después del shock, y casi ataque, digo estábamos a 3 días del gran día, y él me decía esto, casi me daba el ataque de pánico, pero bueno lo bueno es que no era nada malo.

Llegamos a mi camioneta, me abrió la puerta subí, y dejó mi mochila en la parte de atrás de la camioneta, antes de irme, me pidió Edward que bajara el vidrio.

-Cuídate, te quiero, adiós- me dijo esto y me dio un beso chiquito en los labios, pero… eso… ¿podía ser verdad?... él me dio un beso… o bueno me lo robó… bueno sé que hay de besos a besos, pero aún así… no lo podía creer, me sentía en el cielo, después una vocecita en mi cabeza m habló diciéndome que estaba haciendo el ridículo total, cuando reaccioné, me di cuenta que había estado con las mejillas color rojo, la boca abierta y sin parpadear, de inmediato encendí mi camioneta y me fui a mi casa.

Ahí tomé una ducha, para calmarme porque un baño siempre puede hacer que me relaje y que mis pensamiento se ordenen, ya en la ducha esta pensando muchas cosas, ¿qué habrá significado ese beso?, ¿Edward de verdad me quería de la forma en la que yo lo quería a él?, ¿Qué significaba ese te quiero?, tantas preguntas, y tan pocas respuestas concretas, no me quería hacer ilusiones, pero esperaba pronto poder saber, eso y saber si él era mi admirador secreto o no.

.Me vestí, e hice la comida para mi y para Charlie, aunque no sabía hoy a que hora regresaba, preferí de todos modos prepararla una comida, nutritiva y sabrosa; cociné una pasta de coditos con queso parmesano, una ensalada de manzana, y unas milanesas, esperando que Charlie llegara con muchas hambre.

Yo comí un poco de todo, recogí la mesa, lavé los platos y me fui a mi cuarto a ver si tenía algo de tarea, como no tenía nada, tomé mi libro de Romeo y Julieta y lo continué leyendo, pero cuando iba a pasar de página, una hoja de papel cayó al piso, al recogerla noté que era parecida a la primera que tenía.

La desdoblé e igual había un papelito extra, "guárdalo", en este había un poco más de colores, había verde, azul, un poco de amarillo, un poco de naranja, o eso me parecía a mí, traté de juntarlo con el otro pedazo, pero no quedaba, no se juntaban los colores… no daba forma… nada, volteé la hoja para ver si también tenía algo escrito y sí, decía "mi", pero no tenía nada de sentido, porque no se juntaban, ¿o sí?, tendría que esperar para saber si recibiría más pedazos.

Pasó el tiempo, y no había sorpresa de mi admirador secreto, ya era noche cuando dejé de leer mi libro, y me cambié a mi pijama y me acosté a dormir, esta vez no soñé, eso me entristeció, pero no importaba mucho, cuando me levanté, no había nada nuevo, que yo pudiera notar a simple vista, me bañé rápido, y al regresar a hacer mi cama, al quitar la almohada, noté que había otro papel, lo abrí , igual decía "guárdalo" lo volteé y decía, "tú", muy bien ahora si no entendía nada.

Traté de juntar lo papeles, y al hacerlo vi que era mi prado, el paisaje era mi prado, pero la frase, decía "tu eres mi…", ¿mi qué?, yo necesitaba saber, al menos ya sabía cual era el dibujo, era mi prado, ese hermoso prado del cual ya había soñado, los colores se veían tan vivos, tan reales, sentía como si yo estuviera ahí, sintiendo el viento en mi cara, pero la frase me tenía intrigada.

Bajé a desayunar, tomé mis cosas y me fui a la escuela, estaba tan metida en mis pensamientos que ni cuenta me había dado que ya estaba estacionada, reaccioné y me fui a mi casillero, pensando poder encontrar algo, pero no había nada.

Me estaba volviendo loca, yo tenía que saber cual era la última palabra de esa frase. Las clases se me pasaron rápido, a pesar de que no puse atención en ninguna de ellas, en el almuerzo, yo estaba como zombie, totalmente ida, pensando en las posibles opciones de esa frase, pero ninguna me gustaba.

Otra vez choqué con alguien, esta semana yo parecía la que iba a acabar dañando a alguien, o viceversa, además de chocar me resbalé y me caí.

-Lo siento- dije, no sabía siquiera con quién había chocado, cuando levanté mi vista, ahogué un grito en mi garganta, fue con Rosalie la hermana de Edward con la que había chocado, sentía como me fulminaba con la mirada, no sabía que más decir, ella me daba mucho miedo, era una persona que intimidaba muy fácilmente, volteó su mirada y se fue caminando, yo no podía reaccionar.

-¿Bella?- alguien me habló cuando me ayudó a levantarme- ¿Estás bien?

Esa pregunta ya la estaba empezando a alucinar, siempre la usaban, era una pregunta que ya era parte de mi vida diaria llena de torpezas y accidentes. Cuando volteé a ver quien era, fue Alice quien eme preguntó y Jasper quien me ayudó a levantarme.

-Amm, sí, perdón, gracias- les dije a ambos, mirándolos rápido, y huyendo de una humillación total, me sentía tan torpe, mi nivel de torpeza ya había excedido los límites, me sentía mal porque ya esta semana había chocado ya con muchas personas, y ahora fue con Rosalie, y además me quedé ahí como tonta tirada en el piso, toda la vergüenza de haber pasado por todo eso lo sentí como una descarga en todo mi cuerpo, no sé por qué pero quería llorar, o reír, no sabía que hacer, como reaccionar a lo que había pasado.

Fui a mi camioneta, para encender la radio y escuchar un poco de música para tranquilizarme para mi siguiente clase, me tocaba clase con Edward y no quería que me viera así, estaba al borde de los nervios, la intriga de saber quién era mi admirador, saber la frase completa, pensar en ese beso de ayer, el baile, mi torpeza, todo se me había juntado, no sé por qué dejaba que me afectaran cosas tan simples, pero... era algo que no podía explicarlo.

Estuve un buen rato escuchando la música cuando volteé a ver mi espejo retrovisor y vi que había otro papelito ahí, ni siquiera me había fijado en mi camioneta, solo me subí, y prendí la radio, y cerré los ojos para relajarme, lo abrí, y era la última palabra, la que completaba la frase, el papel decía…

"vida", al juntar las tres palabras anteriores no podía creer la frase "tu eres mi vida", era algo tan romántico, tan lindo, que en ese momento pensé en Edward, sentía una descarga eléctrica al pensar en que él fuera mi admirador, pero y ¿si no lo era?, ¿Cuándo iba a poder saber con seguridad quien era?

Vi mi reloj, y supe que mi siguiente clase iba a empezar, era biología con Edward, apagué la radio, tomé mis cosas y me fui directo a mi salón, me daba pena ver a Edward por lo que pasó con su hermana, pero aún así lo quería ver, al llegar al salón él no estaba, empezó la clase y no llegó, terminó la clase y me fui triste a mi última clase.

Me tocaba matemáticas, en esa clase me tocaba con Emmett, el hermano de Edward, pero después de lo que le hice a Rosalie, y sabiendo lo mucho que él la quería, no me atreví siquiera a mirarlo, me daba muchas vergüenza porque no sabía si la había lastimado, o algo.

Terminó la clase, y al levantarme noté que Emmett me estaba viendo, cuando lo miré, sonrió y se fue, pero ¿qué significaba esa sonrisa?, tal vez era de que no me preocupara por lo de Rosalie, la verdad no sabía que pensar, este día o mejor dicho, esta semana se estaba volviendo una locura y sentía que todo se me estaba saliendo de control.

Fui a mi casillero a dejar unos libros y al cerrarlo, Edward estaba ahí, pero ¿cómo había llegado ahí?, según yo no había nadie cerca, ahora mi mente me traicionaba, ya no sabía que pensar, estaba delirando, y también ¿por qué no había estado en clase de biología?

-Hola Bella- me dijo Edward con esa sonrisa que tanto me gustaba.

-Hola Edward- lo saludé pero no quería mirarlo a la cara, no me atrevía.

-Bella, ¿por qué estás triste?- me dijo Edward, poniendo sus dedos debajo de mi barbilla para que lo mirara directo a los ojos, me sentía tan segura con él, pero tenía tan mezclados mis sentimientos en ese momento que no supe como reaccionar, simplemente opté por abrazarlo.- Bella, ¿qué tienes?

Edward me miraba preocupado, pero es que yo no sabía qué decirle, ni modo de decirle "es que creo que eres mi admirador secreto, pero me asusta el hecho de que no sea verdad" o "es que choqué con tu hermana Rosalie, quien me intimida, y me siento totalmente estúpida por haber chocado con ella", solo pude abrazarlo y mis lágrimas empezaron a salir, él me abrazó, no fue un abrazo cualquiera, ese abrazo me transmitía ternura, seguridad, hasta amor, creo.

-Perdón Edward ya mojé tu camisa- le dije con un tono de vergüenza.

-Bella, no te preocupes, ¿ya te sientes mejor?- me dijo sonriéndome de nuevo, ¿cómo podía existir un hombre tan tierno y guapo a la vez?, mas bien un hombre perfecto, solo asentí, el tomó mi mochila y me acompañó a mi camioneta.

Abrió la puerta del lado del copiloto y dejó mis cosas en el asiento, y cerró la puerta, yo seguía parada enfrente de la camioneta, se acercó a mi con esa sonrisa tan seductora que tenía, si en ese momento hubiera sido mi novio ya me le hubiera lanzado a sus brazos y lo habría besado, pero no lo era; lo peor es que me empezaba a faltar la respiración, y mi corazón empezó a latir desenfrenado, traté de calmarme pensando en otra cosa, y logré recuperar la calma.

-Bella, ¿en qué estas pensando?- me dijo Edward ya estando enfrente de mi.

-Nada- le dije, no podía decirle que él me ponía nerviosa, o que después de que me mirara así yo me quería lanzar a sus brazos y besarlo, solo pude atinar a ver sus labios, después sus ojos, y al final como siempre, sonrojarme.

Mientras pasó esto, sonó su celular, el revisó quién era, según lo que noté era un mensaje, lo revisó rápido, y se acercó más a mi.

Me abrazó, después de eso se separó un poco de mí, alzó mi barbilla con sus dedos y me dio un tierno beso, este ya no era un simple beso en los labios, fue más… romántico, yo le correspondí el beso, era todo lo que yo había querido, un beso de sus labios, cuando nos separamos, Edward me veía de una forma muy tierna y dulce, yo solo pude sonreí.

Ahora sentía que cualquier duda de mis sentimientos hacia él o de él a mi se había disipado, y ya estaba más que segura que él era mi admirador secreto, pero no se lo iba a decir hasta el sábado, es decir, en dos días.

Ahora que lo pensaba, mañana era San Valentín, estaba ansiosa por ello, nunca había estado emocionada porque fuera el día de San Valentín, pero esta vez sí, me emocionaba el simple hecho de que el chico que me gusta, o mas bien al que amo, y mi pareja de baile, me corresponda a mis sentimientos, y tal vez mañana me iba a llevar otra sorpresa, pero creo que nada podría mejorar el beso.

Estaba sumida en mis pensamientos, cuando sentí como la mano de Edward acariciaba mi mejilla.

-Bella, a veces quisiera saber qué piensas- me dijo Edward, pero ¿por qué tenía tanta curiosidad por mis pensamientos?, ya me lo había preguntado dos veces.

Noté que sus hermanos ya estaban cerca de su coche, esperando a Edward para irse.

-Edward… creo que ya tienes que irte- le dije en un tono de tristeza, la verdad es que no quería alejarme de él, pero mañana lo vería, Edward nada más miró hacia su coche y soltó un… ¿gruñido?, que raro sonó eso pero me dio risa el sonido, sonreí, Edward me miró y me sonrió de regreso.

-Nos vemos mañana, te quiero- me dijo y me dio un beso rápido en los labios, mi corazón latió desenfrenado, pero traté de respirar, pero tampoco funcionó del todo, otra vez pensé en tonterías para poder calmarme, y lo logré, subí a mi camioneta y me fui directo a mi casa, comí, tomé una ducha, hice una tarea pequeña de literatura que tenía, y me dormí.

A la mañana siguiente, me vestí un poco más arreglada, lo malo es que mi cabello no estaba de humor, me hice una coleta, me puse unos jeans a la cadera y una blusa azul, bajé a desayunar y me fui a la escuela, el llegar noté que era un caos, todo mundo estaba como loco, tomé mis cosas y traté de esconderme, me daban miedo a veces las personas en día de San Valentín, eran muy… impulsivas, y más después de haber pasado por la niña nueva, me daba miedo Mike, principalmente.

Llegué al salón, y Ángela me dio unos chocolates con una notita "Feliz San Valentín, te quiero mucho, Ángela", solo pude agradecerle y disculparme porque yo no tenía nada para ella, me dijo que no importaba, y se sentó en su lugar a lado mío. La clase se pasó rápido, no que en ese momento no quería, porque en la siguiente clase me tocaba con Mike y Tyler, cuando tocaron quise evitar la clase, pero no pude, para cuando lo intenté ya estaba en la puerta.

Entré, tratando de esconderme, o de no hacerme notar tanto, pero no funcionó, llegó primero Tyler y me dio un peluche, se parecía mucho a mi ovejita y mi león, pero y si era Tyler y no Edward…, agradecí el gesto por educación, y me fui a sentar, la clase pasó sin ningún incidente con Mike, pero al finalizar la clase Mike me dio cuatro rosas, no se parecían a las rosas anteriores, pero y si era Mike y no Edward… o si eran varios...

Eso me confundió, y volví a sentir como todos mis sentimientos se mezclaban, Edward era el único que quería que fuera mi admirador, aunque se oiga egoísta, era la verdad, y yo tenía que confirmar cuál era la verdad detrás de estos regalos.