¡FELICIDADES, SUUUUUUUS! (hoy sí, al fin)
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9. Revelación
Remus le evitaba, y Sirius no estaba seguro del porqué. Siempre había estado ahí, dispuesto a hacer lo que fuera por él, mirándole con adoración. Sabía que el rubio le había admirado siempre. Pero ahora rehuía su presencia y desviaba los ojos cuando le miraba.
Sirius empezaba a sentirse miserable por ello. Primero pensó que tenía una mala época (él mismo a veces se pasaba días de morros) pero luego se dio cuenta de que algo peor le ocurría a su amigo. Le preguntó varias veces, pero sólo recibía evasivas como respuesta. Deducía que, de alguna manera, estaba relacionado con él, pero no sabía cómo. Se preguntó qué había hecho para merecer que le ignorara así.
Estaba paseando por los pasillos de noche (con la capa de James) reflexionando sobre el tema, cuando dobló una esquina y se encontró a Remus. Acorralado contra la pared. Con Severus Snape comiéndole la boca.
Sirius retrocedió hasta el pasillo anterior, se apoyó en el muro y resbaló hasta el suelo. Sintió ganas de vomitar. ¡No puede ser cierto! Remus, su mejor amigo, metiéndole la lengua a Snivellus como si no hubiera mañana. Aparte de las náuseas, sintió otra cosa: rabia. ¿Cómo se atrevía a ponerle sus asquerosas manos encima? ¿Y cómo coño le dejaba Remus, había olvidado lo que era el honor? Le importaba un bledo que al rubio le fueran los tíos, pero habría preferido ofrecerse él para besarse con el calamar gigante antes de dejar que cayera en las manos de esa serpiente.
Decidió que Snape había ido demasiado lejos esta vez. Había que eliminarlo del mapa. Y Remus… tenía que aprender a no mezclarse con reptiles. Sirius se quedó despierto toda la noche en aquél frío pasillo hasta que dio con un plan que pondría en práctica la siguiente luna llena.
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¡MUAJAJÁ! Soy malvada.
