Holaa! Bueno, quiero aclarar algo, este fic sinceramente no será muy largo, no es de esos fics que se tiran mucho tiempo, este pasa a la acción bastante rápido. También se debe a que está escrito en tercera persona, por lo tanto, no hago eso de un mismo cap desde dos puntos de vista, que no siginfica que no me gusta... no sé exactamente cuantos capitulos tendrá porque estoy en proceso de escribirlo, pero creo que como mucho tendrá 10. Si tiene alguno más será porque se me ha ocurrido algo nuevo, pero no se. Por lo tanto, se puede considerar que esto es un Minific.
No quiero hacerme quedar mal, pero no suelo subir tan a menudo, suelo tardar bastante más. Sólo lo dejo claro por si acaso luego tardo bastante en subir.
Muchas gracias por los reviews! Me ha hecho gracia, no pensaba que alguien fuera a contestar a este fic y me dijera que lo siguiera, gracias por eso. Sólo espero que os guste este cap.
2-
No era muy común que él se encargara de las cosas en la oficina, pero ese lunes le había tocado hacerlo, bueno, más bien Emmett le había ordenado que lo hiciera, pero él no tenía ningún problema con eso, es más, le gustaba más tener que atender a gente quejica y aburrida haciendo ver que las escuchaba, que tener que estar en la calle robando o jugándose la vida por algo totalmente inútil. Claramente, estar allí era mucho más cómodo, y menos arriesgado. Estaba repasando el último informe que le habían pasado, Charlie Swan sería el proximo objetivo, y el punto débil estaba claramente marcado. Una foto de una chica indicaba cual era. Era una chica preciosa, ojos castaños, pelo castaño ondulado, cara en forma de corazón. Si no fuera quien es, y él no hiciera lo que hace, seguramente le hubiera pedido para salir a alguna parte. Pero no podía ser así. Así que ella sería su próximo trabajo, no sería muy difícil.
He aquí, otra de los ejemplos del gran ego de los mafiosos masculinos, creen que son capaces de cumplir todo trabajo con la máxima eficacia. Pobre Edward, ¿en serio creía que todo sería tan fácil? Era inocente, pero ¿tanto? puede que la mafia te enseñe muchas cosas, pero si el amor se pone de por medio, no creo que ni la mafia sepa qué hacer.
Ella salió de casa esa noche con una gran chaqueta negra que le llegaba hasta las rodillas, llevaba un corto vestido negro debajo que no se le veía, y unos tacones negros superfinos. Necesitaba ese toque para que el plan funcionara. Había decidido que, si no podía casarse con quien ella quisiera, no lo haría. Sabía que un matrimonio sin amor no llegaba a ningun sitio, y ella no quería eso, no quería ser infeliz, más de lo que ya era. Su padre le había dado muchas cosas, pero, la felicidad era un término que ella claramente no había podido tocar aún con sus delicadas y blancas manos, era algo que ella deseaba por encima de todo, sin importar cuan alto fuera el precio.
Y ése es uno de los errores de nuestra querida Isabella, todo tiene un precio, y aunque al principio siempre se está dispuesto a pagar por él, al final, no siempre se quiere pagar.
También sabía que si ella no podía vivir como ella quisiera, no lo haría. No viviría. Ése era su plan. A fin de cuentas, ella era el único punto débil de su padre, y dado que su padre tenía los días contados, los dos saldrían ganando. Reflexionando, su vida no había sido nada, no había tenido amigos, no había salido de fiesta, no había vivido, así que basicamente, era poco lo que la muerte se llevaba.
Caminó por las multitudinarias calle de Italia viendo como los turistas sonreían felices al hacerse una foto junto a alguna columna que el guía les ha dicho que fué de los dioses romanos, todo mentira. Observaba detenidamente la gente de los bares, sonriendo mientras sostenían sus vasos en sus manos y se sonreían, demostrando la felicidad que les provocaba estar en ese lugar, lo felices que eran. Porque ellos eran felices, venían a Roma y les gustaba, siempre estaba llena de gente, como si nunca nadie se cansara de verla. Y se preguntó. ¿Que és lo que debe tener Roma? y se dió cuenta de que no lo sabía. De que no había visto Roma en su vida, no había visto su tierra, su hogar en sus 17 años, y al fin y al cabo, esa sería otra cosa que se perdería.
Llegó por fin al gran edificio antiguo y entró. Subió al ascensor rezando que nadie la reconociese, si eso sucedía su plan fallaría. Sí, quería que la mataran, pero no de ésa manera, quería herir a su padre haciéndole ver que ella no era su jugete, que no podía manupularla como quisiera. Y no es que ella no quisiera a su padre, pero 17 años encerrada en una mansión no es la mejor manera de pasar la vida, su padre nunca estaba con ella, y prácticamente no podía hablar con nadie, lo único que podía hacer era leer y releer una y otra vez los pocos libros que su padre le permitía leer. Salió del ascensor. Sabía exactamente dónde tenía que ir, el despacho de Emmett Cullen estaba en el primer pasillo a la izquierda, la tercera puerta, el lugar donde ponía biblioteca. Se dirigió hacia allí sigilosamente, viendo como los guardias miraban sus piernas. Su plan había funcionado.
Él llevaba ya dos horas en ese escritorio, organizando papeles y libros, como un simple bibliotecario. No esperaba tener que estar trabajando de noche, pero debía acabar ese trabajo, así que se seguramente no dormiría. Se había quitado el jersei y se encontraba solo en una camiseta de manga corta. Estaba cogiendo unos folios que se encontraban sobre la mesa cuando alguien abrió la puerta.
- Creí que las reuniones ya habían acabado- dijo él extrañado.
- En realidad, lo han hecho, pero quiero hablar contigo-
Ella entró en la pequeña y poco alumbrada habitación con su gabardina negra que enseñaba sus esveltas y largas piernas. Él se la quedó mirando. Realmente tenía un físico de espanto pero ¿qué hacia ella allí? ¿A caso quería hacerle más fácil el trabajo? Podría acabar con ella ahí mismo, pero antes quería escuchar lo que tenía que decir. Estaba decidiendo si la mataría antes de que pudiera salir, o si la dejaría ir para hacer el juego un poco más divertido.Y entonces se fijó en esas largas y finas piernas que sobresalían por debajo de esa corta gabardina negra. La chica se acercó unos pasos, se quito la cahqueta y la dejó doblada en su brazo, dejando a la vista su minivestido negro. Él abrió la boca, había venido a matarle, ¿o pensaba hacerlo con esas piernas? Y esos tacones, claramente estilizaban su figura. Pero era hora de hablar.
- Bienvenida- dijo él con voz pausada, intentando que no se notara el efecto que ella le causaba. ¿qué se le ofrece?- dijo el chico ofreciéndole el sillón del otro lado de la mesa.
- Soy Isabella Swan, y no me trates de usted, sólo tengo 17 años- contestó ella sentándose.
- Edward Cullen- dijo él a modo de presentación- ¿Entonces, vas a decirme qué quieres Isabella?- dijo el chico que empezaba a impacientarse, ¿por qué no le decía ya a lo que había venido?.
- Oh no, llámame Bella, odio mi nombre completo- hizo una pausa- he venido para hacer un trato.-
- ¿Qué clase de trato?-
- Quiero que salgas conmigo- dijo ella.
- ¿Qué?- dijo sorprendido- primero, eso no es un trato y segundo, no saldría contigo a menos que quisiera morir.-
- Exactamente- dijo ella- eso es exactamente lo que quiero-
- No te sigo, ¿quieres verme muerto?-
- No me supondría ningún problema verte muerto, pero no, no es eso lo que vengo a buscar, déjame hablar y luego decides. La verdad es que esperaba encontrar a tu hermano, pero bueno, he encontrado algo mucho mejor, dado a que tienes más cualidades para el tipo de trabajo que yo busco. He oido mucho sobre tus trabajos en la ciudad y ahora creo que eres mi mejor elección, doy gracias porque seas tu el que está aqui y no tu hermano, además, tu me gustas más-
- ¿Has venido sólo para decirme que estoy más bueno que mi hermano?
- Ehh... abajo el ego! Déjame que obviamente sabes quien es mi padre y todo el poder que tiene en esta cuidad ¿verdad? - él asintió- pues mi padre cree que ha llegado el momento de que me case con alguien que pueda sustituirle cuando él sea asesinado, porque sí, todos sabemos que va a morir así.-
- ¿Y cuál es el problema?-
- No me interrumpas. El asunto es que yo no quiero seguir con la vida que he llevado hasta ahora, estoy harta de la mafia, pero quiero mucho a mi padre y eso le dolería. Sé que puede parecer cobarde, y te doy permiso para juzgarme, pero dado a que si huyera acabaría muerta por ser quien soy, he pensado que podríamos hacerlo más rápido y menos doloroso para todos.-
- Entonces, si tu salieras conmigo, tu mafia no tendria mas remedio que matarte, si es que la mía no lo hubiera hecho antes.-
- Exacto-
- ¿Y qué me asegura que yo no saldré perdiendo?-
- Muy simple- dijo ella acercándose a la mesa y inclinándose un poco, cosa que hizo que se viera su prominente escote- tu no tienes que hacer nada, solo fingir, cuando llegue el momento de mi muerte lo único que tienes que hacer es fingir que sientes mi pérdida y todo eso, y al cabo de una semana, podrás irte con quien quieras. Ya lo sabes, así es la mafia. Ella se ha ido, pero hay otras mejores.-
- ¿Y qué gano yo con esto?- no podía concentrarse, esa chica de delante suyo le desconcertaba demasiado y además, le provocaba pensamientos demasiado vívidos, y ese escote...
- Por favor, ¿a caso crees que no sé que soy vuestro nuevo objetivo? sé que el siguiente es mi padre, y toda Italia sabe que yo soy su punto débil, piensa, si tú me mataras en el momento en que mi padre nos descubriera te llevarías la gloria, el reconocimiento de la mafia por haber matado a aquello que parecía tan guardado y atesorado, es decir, yo.Y después, dejando a mi padre en su punto débil, podrías matarle a él. Subirás a la cima, y supongo que eso es lo que quieres... ¿verdad? Claro que sí! ¿qué mafioso no querría eso?-dijo ella sin dejar que él contestara-. Además, te dejaré matar a Scott- hizo una pausa- sé que siempre has querido matarlo por lo que te hizo- levantó la mano y le tocó la cicatriz que tenía en el brazo. En el momento en que sus pieles se tocaron, los dos sintieron una descarga, pero ninguno de los dos se apartó. Ella seguía recorriendo la cicatriz con sus finos dedos.- Además- dijo acercándose despacio hasta que se encontraba solo a 2 cm de la cara de su acompañante- no puedes negar la quimica que hay entre nosotros - se acercó un poco más- entonces? qué dices?
- Está bien- dijo el chico totalmente deslumbrado.
- Perfecto- sonrió la chica. Y acto seguido le rozó los labios con los suyos para después apartarse.- Mañana a las 9 esperame en la entrada de mi edificio. Adiós.- dijo mientras recogía sus cosas y se iba del despacho ondeando las caderas de una manera hipnotizante.
- Mañana...- dijo el chico aún medio atontado. La chica le había dejado la miel en la boca, había estado a punto de besarla, de besar esos carnosos y rojos labios. Y ella lo había hecho a drede, para que él se quedara con el deseo, tal y como había ocurrido. El chico se lamió los labios. Olían demasiado bien. Más pensamientos le vinieron a la cabeza. Decidió darse una ducha, de las frías. Y vió, que ere sería el trabajo más difícil del mundo.
Sí, señorito Cullen, el deseo es algo que nadie puede controlar. "Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más" dijo una vez Quevedo, ¿a caso eso le estaba pasando a Edward? Y lo mejor de todo, ¿por qué quería que así fuera?
Sí, Bella esta bastante fuera del carácter, pero bueno, es obvio, aunque la verdadera Bella ya irá apareciendo a medida que esto avance. Aclarar otra cosa, todos son humanos, por mucho que sea Italia, aqui no hay ningún vampiro. Y última cosa, a pesar de lo mucho que me gustan las otras parejas, como Jasper y Alice, no voy a meterlas en el fic, esto es solo Bella y Edward. Emmett aparece por ser el hermano de Edward, pero no tiene un papel importante.
Bueno, dejad un review y decidme que os ha parecido, se aceptan todo tipo de críticas.
Un saludo!
