10 –

La vida sería perfecta si el tiempo se hubiera parado justo antes de que saliera el sol. Justo antes de que empezara otro día. Pero el tiempo pasa, y los días nacen y mueren.

Si en ese momento a Edward le hubieran dicho que había muerto y se encontraba en el cielo, el chico lo hubiera creído completamente. Tenía un ángel en sus brazos, agarrándole fuerte, como si le fuera la vida en ello. Bella, su Bella. Todavía no había acabado de asimilar lo ocurrido la noche anterior, y menos que ella le correspondiera a ese amor tan infinito que él sentía. La luz había vuelto a su vida, y ésta vez haría lo que fuera para que se quedara, para que no volviera a dejarle a oscuras, para siempre. Estaba claro. La quería a su lado, sin importar nada.

Había dormido mejor que nunca, nunca había sentido realmente esa sensación de paz y tranquilidad como aquella noche, pero había un factor que condicionaba todo eso, Edward. Se sonrojó al pensar en él. Hacía unos días lloraba pensando en ese nombre, y ahora, lo único que podía hacer era sonrojarse y sonreír de felicidad. ¿Por qué tenía que ser él un Cullen y ella una Swan? ¿Por qué todo era tan estúpidamente difícil?

Un nombre. ¿Qué es un nombre? ¿De verdad los nombres nos hacen como personas? Es decir, ¿somos como somos por el nombre que tenemos? O ¿tenemos el nombre que tenemos por ser como somos? Un nombre. ¿Qué es eso al fin y al cabo? Una palabra. Ya lo dijo Julieta una vez, pero aun así, el nombre pudo más que el amor.

- Buenos días – dijo una voz.

- Bueno días – respondió la otra. - ¿Por qué tan feliz?-

- Porque te quiero – dijo ella sin más.-

- Y yo. – hizo una pequeña pausa – no lo olvides nunca.-

Hubo un silencio incómodo que ninguno de los dos quería romper. Sabían de qué deberían hablar y no era un momento para hacerlo, aun así no podían evitar el tema durante mucho tiempo, así que ella habló.

- Edward – suspiró pesadamente – hoy es mi boda.

- Lo sé.-

Ninguno sabía que decir, ¿Cómo se supone que tienes que actuar cuando el amor de tu vida está a punto de casarse con una persona a la que casi ni conoce y no ama?

- Tengo que irme, iré a cambiarme, no creo que Jacob quiera verme llegar con esta ropa.- dijo ella levantándose de la cama.

- ¿Y des de cuando te preocupa lo que Jacob te diga? – dijo él sientiendo una punzada de celos.-

- Pues está claro que no puedo presentarme en mi casa con ropa de un hombre que no es Jacob el día de mi boda ¿no te parece?-

- Claro, a Jacob le sabría muy mal ¿verdad?- no controlaba lo que le salía por la boca.-

- ¿Qué te pasa?-

- ¿Y tú me lo preguntas? Bella, vas a casarte con otro, con un tipo al que ni siquiera amas, y ahora te preocupas por como vas a estar delante de él. Quizá es porque si te interesa ¿no?-

- Edward, tú- la chica no pudo continuar porque fue interrumpida-

- No Bella yo no! Tú.- empezó a alzar la voz y ni siquiera sabía por qué – tú! No te entiendo, créeme que lo intento pero no puedo. Quieres huir de aquello a lo que vas volviendo una y otra vez – estaba descargando sus celos y su frustración en ella, pero no podía dejar de hablar, las palabras le salían disparadas de la boca.

- Mi padre es la única familia que me queda, te guste o no- dijo ella alzando también la voz. ¿Por qué estaban discutiendo? ¿Qué mosca le había picado a Edward? Estaba confundida, pero no iba a dejar que la atacara sin razón.

- ¿Y yo? ¿dónde estoy yo? ¿qué soy yo para ti? Charlie es tu padre, Jacob será tu marido, y yo ¿Qué soy yo para ti? –

- Lo eres todo. Pero no puedo tenerlo todo, es algo que debo aprender a vivir sin.-

- ¿Lo ves? Otra vez Bella, otra vez vuelves a lo mismo. ¿Todo esto ha sido un juego para ti no? Tuviste suerte de que me enamorara de ti, porque así podías volver a tu querida mafia. Nunca has querido irte de allí, y tampoco me quieres a mí.- "¿De dónde ha sacado Edward esas ideas? ¿Qué le pasa?" pensaba la chica desesperada.

- Nunca vuelvas a decirme o a pensar que no te quiero Edward, nunca, ¿me has oido? Además, tú no lo entiendes y nunca vas a entenderlo. No puedo irme, no tengo nada si me voy. Tú, por suerte tienes una vida a parte de lo que eres, pero yo no señorito independiente-

- Ese es tu problema, tienes miedo de crecer, de dejar de ser esa estúpida niña mimada sobreprotegida a la que nadie puede tocar. Tienes miedo a vivir.-

- Eso no es cierto – su voz se quebró al final de la frase.

- Sí lo es, nunca vas a atreverte a hacer lo que hizo tu madre. ¿y sabes qué? hizo bien en no llevarte con ella, porque no hubieras sobrevivido ni un día sin los cuidados de tu padre. Quizá hubieras intentado luchar si ella estuviera aquí, porque mi madre me enseñaba a luchar por lo que quería. Pero claro, nunca has tenido madre. – y Edward esperaba un respuesta que no llegó.

Ella no dijo nada. Sus ojos se llenaron de lágrimas que intentaba contener. Cogió su vestido y salió de allí sin decir nada. Sin despedirse. Con un portazo como último adiós. Una puerta cerrada a aquello que podría haber sido.

¿Qué había hecho? Dios mío ¿Qué había hecho? Al principio había sido un estúpido ataque de celos y después… después no sabía que había pasado, que le había pasado. ¿Cómo había podido decirle todas esas cosas a Bella? La cabeza le dolía, pero le daba igual. Lo único que quería en estos momentos era pedirle perdón, pero sabía que era demasiado tarde. No quería perderla, y ya lo había hecho. Bienvenidos al programa, hoy tenemos al idiota insensible más grande del mundo, con todos ustedes, Edward Cullen!

Casi no podía ver, sus ojos estaban nublados mientras la dama le ayudaba a ponerse el vestido de novia que no sabía ni que tenia. Tampoco era que le importara mucho. Aunque creía que un vestido negro iría más con la ocasión. Sería el principio de su amargada vida al lado de Jacob. Pero no sabía si era capaz de volver con Edward. Sus comentarios salidos de donde fueran le habían herido mucho, demasiado.

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Un traje negro de lo más elegante era lo que colgaba de la puerta del chico. Estaba nervioso y triste a la vez, no por nada hoy se casaba, sólo para cumplir el deseo de su padre. Había estado actuando como un petulante con tal de que todo el mundo creyera que él era el que quería todo eso. Sabía perfectamente que ella no le quería y que estaba enamorada de otro. La había visto salir todos los días mientras ella pensaba que él dormía a causa de los somníferos. No la detenía ni la culpaba por estar enamorada, al fin y al cabo, el amor es uno de los sentimientos más puros de la vida, y uno de los más dolorosos también. Si pudiera por lo menos casarse con quien quisiera... Había tenido que decirle que estaba enamorado de ella. Y ella no le creyó, porque no era cierto. No había nada entre ellos, ni ambición siquiera.

- Jacob - dijo una voz femenina-

- Leah ¿qué haces aquí? – dijo abrazándola fuertemente.

Leah había sido su amiga des de que eran pequeños. Siempre se habían llevado bien, aunque habían tenido sus altos y bajos sabían que siempre podían contar con el otro.

- He vuelto de mi viaje por América para asistir a tu boda. – Hizo una pequeña pausa – así que, ¿Isabella Swan no? – dijo ella con una sonrisa triste.-

- Sí. – con otra sonrisa triste –

- ¿Por qué? –

- Porque era lo que mi padre quería.-

-Ah, el viejo Billy Black siempre metiéndote en problemas –

- Sí, se ve que le encantaba. – dijo él con una sonrisa amarga. - ¿cómo te han ido las cosas a ti? ¿Algún pretendiente?-

- No. Estaba esperando a que al volver estuvieras aquí para casarte conmigo, ya sabes, me lo prometiste cuando teníamos cinco años, así que he estado rechazando a todos los chicos que se me acercaban por esa promesa – era en parte verdad – ¡pero veo que tu no! ¡Vuelvo y resulta que estás por casarte! ¡No volveré a hacer una promesa contigo nunca más Jake! – Dijo ella riendo tratando de animar a su amigo.-

- Te he echado de menos – dijo él abrazándola-

- Y yo.-

Y los dos lo sentían. Aquellas mariposas en el estómago.

Puede que Romeo y Julieta se amaran tanto por el hecho de que el suyo era un amor imposible. Dos familias enfrentadas y un prometido, Paris. Paris, Paris, Paris. Pobre Paris. ¿Qué pasó con él después de la muerte de Julieta? ¿A caso alguien se ha parado a pensar qué fue de ése chico que iba a casarse con la chica? ¿Alguien le preguntó si la quería? Quizá su amor por ella era más grande incluso que el de Romeo. O quizá sólo quería a alguien a su lado. Alguien a quien él quisiera. Poco importa eso ahora, nadie se preocupó por Paris entonces, nadie lo hará ahora. Paris es solo, el juguete con el que juegan los amantes de un amor prohibido.

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Tan tan ta taaaan, tan tan ta taaaaan… (1)

Un chico moreno aparecía vestido con su traje de novio por la larga pasarela de esa gran iglesia. Todos los allí presentes le miraban y sonreían, pensando que ése era el día más feliz de la vida del chico, que equivocados que estaban. Llegó al final de la pasarela y se fijó en la gente del público. Leah. Suerte que ella estaba allí, no sabía que haría sin ella. Ella había estado siempre a su lado sin importar quien era, habían sido amigos inseparables, pero él sentía algo más que amistad. Otro imposible.

Hay tantos imposibles en la vida. Muchas cosas que deseamos y que sabemos, que aunque las cosas den un giro de 180 grados y el mundo se ponga del revés nunca van a ser posibles. Puede que el mundo cambie, pero las personas no cambian. Imposible, al fin y al cabo, sigue siendo imposible. Del derecho y del revés.

Ni siquiera estaba nerviosa. Qué triste. No tenía las inseguridades de la chica que duda sobre si su futuro marido la quiere o no. No estaba feliz. No podía sonreír. Todo era tan triste. Pero debía dejar de llorar porque las damas que la habían maquillado habían hecho un gran trabajo. No es que ella fuera superficial ni nada por el estilo, pero servía como incitante para ser fuerte y dejar las lágrimas atrás. Bajó del coche blindado que le había llevado a la iglesia y se puedo de pie frente a ella.

Quiero morirme.

Quería morirse, ella iba a casarse con Jacob Black, uno de los hombres que había matado a sus padres. Parecía que ése chico quería llevarse todo lo que tuviera sentido para el chico. Pues enhorabuena, porque ya lo había conseguido. No podía culpar a Jacob por eso, es decir, con su padre no pudo hacer nada, pero había perdido a Bella por su propia mano, por su propia boca, por sus estúpidos celos y su frustración con la vida. Todo había sido culpa suya, y no había más culpables. Pero ya era hora de plantarle cara a la vida.

"Ni la vida ni el amor me quieren". Creemos que tenemos que dejarnos llevar por la vida y por el amor como si fuéramos simples muñecos a los que se puede controlar. Hay veces que sí es así, pero hay veces que lo mejor es enfrentar la vida y decirle "yo tampoco te quiero, no te creas tan importante" y así, empezamos a decidir qué vida queremos.

Porque si la vida no le había sonreído a él, él tampoco iba a sonreírle. Estaba harto de que nada le saliera bien, así que lo tenía decidido, iría por ella. Poco le importaba si la perdía para siempre, poco le importaba si no podía encontrarla, poco le importaba si ella no quería volver con él, poco le importaba si moría. Todo lo que importaba era ella, junto a él. Y lo demás daba igual.

La mayor manera de vencer un miedo es enfrentándote a él. Si yo tengo miedo de las arañas,¿ se supone que tengo que dejar que me cubran el cuerpo para que ya no me provoquen esa sensación ?yo creo que esta definición entra más en un término psicológico. Él tenía miedo de perderla, y si la perdía, ya no tendría más miedo, porque no tendría nada. Pero lo habría intentado.

Sonaba la música de la marcha nupcial de fondo. Que horriblemente triste sonaba. Jacob la esperaba al final del altar, mirando hacia el suelo, pensando. Entró despacio por la puerta, cosa que hizo que todo el mundo se girara a verla. Su padre, cogido de su brazo, le sonreía, pensando que ella era tan feliz como él en ese momento. Pensando que esto era lo que ella quería. Equivocándose, por millonésima vez.

Fue deslizándose suavemente por la pasarela que le llevaba junto al chico moreno que la miraba con una mirada tan triste como la suya. Eso la desconcertó. ¿A caso no era esto lo que el quería? El caminó fue más corto de lo que ella esperaba que fuera. Llegó al final y allí se encontró con un Jacob totalmente distinto al que había estado conociendo estos últimos días.

Corriendo. Corría como un desesperado. Necesitaba llegar a tiempo para decirle a Bella que lo sentía y que no iba a premitir que se casara con alguien que no fuera él. Sabía que había estado perdiendo el tiempo arrepintiéndose de sus palabras en casa y que salía demasiado tarde como para llegar a tiempo. Y se maldecía por eso una y otra vez. Y llegó, delante de esa gran puerta, detrás de donde se encontraba su amada con un traje con un traje blanco para casarse con alguien que no era él.

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La chica había llegado al altar donde le esperaba su futuro marido. Todos se fueron a sus puestos y los novios se colocaron en el medio del altar. Ella le vio triste. El cura empezó a hablar.

- ¿Te pasa algo? – le preguntó en susurros.

- No, nada. – dijo el secamente, pero triste a la vez.

- Mira, sé que no hemos hablado mucho, y no nos hemos tratado mucho tampoco, pero no tienes pinta de ser una mal chico, bueno, puede que un poco, pero realmente quiero que sepas que puedes hablar conmigo – hizo una pequeña pausa – pensé que querías casarte conmigo y que eso te hacía feliz.-

Él la miró un momento y se dio cuenta de que era ahora o nunca.

- ¿Ves a la chica del vestido lila de la cuarta fila? La segunda empezando por la derecha – volvió a susurrarle el chico. El cura les miraba reprobatoriamente, pero ellos no le hacían caso. Bella se giró para verla.-

- Es muy guapa –

- Sí. Es mi amiga desde que tengo uso de razón. Y hoy ha vuelto para mí, bueno, nuestra boda – bajo la cabeza, suspiro, y volvió a subirla- pero lo que ella no sabe es que siempre he estado enamorado de ella.-

- Estoy seguro de que hacéis muy buena pareja. Yo diría que ella también te quiere, lo sé por el modo en que te mira. Solo he visto a una persona mirar a otra así y esa ha sido E…- corto la frase.-

Era cierto, la única vez que había visto a alguien mirar con esa devoción a otra persona había sido con Edward. Como Edward la miraba a ella, como le brillaban los ojos y como ella amaba que brillaran esos ojos verdes que le daban la vida y la fuerza para seguir. No podía estar sin Edward, no importaba que tan tonta la discusión hubiera sido, se querían. No podía estar sin Edward, pero tampoco con él.

- Sí, se que estas enamorada de otro, como yo. Ojala pudiéramos deshacer todo esto.-

- ¿Por qué nos estamos casando Jacob?- el cura les mandaba callar con un "shh" alto, pero ellos seguían sin hacerle caso-

- Por nuestros padres- dijo él triste y ella asintió tristemente.-

- Es hermosa – dijo otra vez girándose para ver a Leah – siento mucho que tengas que casarte conmigo. –

- Yo también lo siento –

- Si alguien tiene algo que decir en contra de esta unión, que hable ahora o calle para siempre…- dijo el cura. Los dos jóvenes se miraron.

- ¡Yo! – Dijeron cuatro voces en la sala.-

Enhorabuena a aquellos que inventaron la palabra. Probablemente, el mejor de los inventos.


(1) Se trata de la típica marcha nupcial de todas las pelis.

Hello! Bueno, hace bastante que no subía cap, pero es que este cap lo he estado barajando dentro de mi cabeza, no sabía del todo como desarollarlo, y bueno, no es el resultado que yo esperaba, pero espero que os guste igualmente =)

Y bueno, queda poquito para los TCA! y ya se estan preprando para ir a rodar Eclipse... tienen que hacerlo bien porque no por nada es mi libro favorito!! Como lo hagan mal... no se que puede pasarle a David Slade... xD

Gracias a los reviews, a los favoritos, a las alertas, a todos!! Gracias!!

Un saludo y un besoo!!

DEJEN REVIEWS!! Edward os lo pide, aqui, desde mi lado, lanzandole besos a la letrita verde, asi que, a la que deje uno, recibira un besito de Eddie. ¿Quien quiere uno?