Abajo =D
11-
- ¡Yo! – Dijeron cuatro voces en la sala.-
Silencio. ¿qué es exactamente el silencio? ¿la falta de ruido? ¿la falta de palabras? ¿tristeza?¿decepción? ¿alguien algún día sabrá que el silencio es solamente aquello que callamos, por miedo? Aquello que nunca se dirá.
Los novios se giraron a observar a aquellos que habían dicho las palabras que ellos deseaban decir, pero que sin embargo no se habían atrevido a decir. Y allí estaban. Edward, Leah, Margaret y Scott. ¿Scott? ¿el chico encargado de matar a Carlisle que había herido a Edward? ¿Qué pintaba él en todo esto?
El sacerdote, sorprendido, se debatía mirando a las cuatro personas que se habían puesto de pie, preguntándose con cuál de ellas debía empezar primero.
- Usted, señora. Diga su palabra y exprese por qué cree que estos dos muchachos no deben casarse.
- Mire padre, he cuidado de esa chiquilla desde que era un bebé, la he visto dar sus primeros pasos, he sido testigo de su primera menstruación, he estado presente en todos los momentos importantes de su vida. Bella es para mí como la hija que nunca tuve, y es una muchacha maravillosa. La conozco más que a la palma de mi mano, y quiero que sea feliz ¿sabe? porque éso es lo que una madre quiere para sus hijos, o para aquellas personas que considera como tales.
-Yo quiero, necesito que ella sea feliz, porque es mi pequeña señorita Bella a pesar de que ya esté hecha una mujer. Y tales son mis deseos, que siento que no podrán cumplirse si se casa con el séñorito Black. Yo le respeto, es un gran hombre, muy unido a su familia y a sus raíces, pero sé que éso no es lo que ella quiere. - Miró a Bella - antes de que tu madre se fuera, le hice una promesa, te cuidaría y te enseñaría todo lo que pudiera y sobretodo, dejaría que fueras feliz, no importaba el precio. - volvió a mirar al sacerdote - si yo dejo que se case ahora rompería esa promesa, decepcionando así a mi gran amiga Renée y a mi mísma, y condenando a mi Bella a una vida infeliz. Y yo no puedo dejar que éso pase.
- Está bien. ¿Quién quiere ser el siguiente? - volvió a mirar a las tres personas restantes. - Usted, la muchacha, ¿por qué no deberían casarse estos dos jóvenes?
Leah caminó hacia la pasarela de aquella gran iglesia. Todo el mundo la miraba mientras ella caminaba decidida hacia el centro, a expresar todo aquello que había estado guardando durante mucho tiempo.
- Mi razón es muy simple padre, estoy enamorada del novio. - la gente soltó gritos ahogados y los ojos de Jacob se abrieron como platos. Bella, sin embargo, no estaba sorprendida. Había podido dislumbrar ese sentimiento en los ojos de la chica en el preciso momento en que Jacob le había dicho quien era. - Lo más probable es que esté haciendo el ridículo y que él no sienta lo mismo por mí, pero necesitaba decírselo, para que lo supiera. - Dicho estó miró a Jacob que aún seguía estupefacto - Sé feliz. - y con esas dos palabras, movió sus piernas y salió de la iglesia.
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- Dios mio, esta es una de las bodas más raras a las que he tenido que asistir nunca - murmuraba una mujer de la cuarta fila.
- Es mejor así, la boda empezaba a ser un poco aburrida, esto le da un poco de acción. - le comentaba el marido.
El sacerdote volvió a mirar a los dos chicos restantes que quedaban por hablar. Se sentía como en un concurso, donde cada uno tenía su turno. Tenía el poder y lo sabía, y sabía que tomara la decisión que tomara, eligiera al muchacho que eligiera, las cosas cambiarían. Pero ya tenía elegido al chico, prácticamente se lo estaba pidiendo con los ojos, pedía, es más, deseaba ser el elegido para poder hablar y liberar sus penas.
- El de la puerta, puedes hablar.
Y entonces Edward comprendió que su momento había llegado, que era hora de soltar todo lo que sentía, tal y como lo había hecho esa chica. Si no podía tenerla de vuelta, por lo menos liberaría todo aquello que necesitaba decirle.
- La verdad es que no sé cómo empezar. - Se pasó la mano por el pelo.- conocí a Bella hace unos meses -sonrió ante el recuerdo- recuerdo el vestido que llevaba la primera vez que la vi y lo prendado que me quedé de sus piernas. - Bella se sonrojó ante este comentario- Podría hacerle mil metáforas explicándole lo que siento por ella y no sería suficiente, podría pasarme toda la vida diciéndole que la quiero y no sería suficiente para expresar con palabras todo lo que siento en mi pecho. No sé, no sé ni como explicarme a mí mismo porque me duele todo cuando no la tengo cerca, y porque necesito tocarla cuando si lo está.
- Me mata verla triste, me pone triste. Quisiera que todos sus miedos y preocupaciones se fueran con tan solo mirarme, que supiera que siempre voy a estar allí pase lo que pase sin que yo tuviera que decírselo. Quiero que...- miró a Bella - quiero que sepas que lo siento. Siento quererte tanto, siento extrañarte, siento soñarte, siento abrazarte, siento besarte, siento hacer todas esas cosas que me duelen cuando no te tengo. Y siento herirte, porque no sé ni por qué lo hago, porque quizá pienso que así es más facil dejarte ir. Y me engaño, porque yo no soy yo sin ti.
Edward iba caminando por la pasarela dirigiéndose al altar donde se encontraban los novios. Bella lo miraba de una manera que nunca había visto en nadie.
- Y soy un idiota - el padre le miró reprobatoriamente - lo siento padre pero tengo que decir lo que siento, ya me perdonará usted después. - se oyeron comentarios de los presentes- Sé que soy un idiota por decirte lo que te dije y por dejarte ir. Sé que si te casas con Black no seré feliz nunca, y sé que todo será mi culpa por ser como soy y por hacer lo que hago, por no dejar que nadie entre en mi vida. Porque todos se van. Y ya sé por que. - hizo una pausa - ¿no ves que fácil ha sido para mí perderlo todo en un momento? yo soy la culpa. Soy imperfecto, soy idiota, y muchas veces soy un quejica que no acepta su propia vida, pero te quiero. Y tienes mi corazón. Y siento que esto es todo lo que puedo darte. Puedes tirarlo si quieres, o tomarme a mi entero, no me importa Bella. Ya no lo quiero si tú no me quieres.
- Ojalá me hubieras dicho tú a mi éso cuando nos casamos Gilbert. - dijo una señora de la sexta fila - deberías aprender de este joven.
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Bella se encontraba en shock, esas palabras, Edward, todo. Todo rondaba por su cabeza, ¿como podía llegar a pensar que ella no le quería? no valía nada sin él, no era nada. Él era el dueño de su corazón y no al revés. Edward lo era todo. Todo lo que tenía sentido en su vida.
- ¿Bella...? - al oir su nombre Bella se giró en la dirección de la que procedía la voz.
- ¿Jacob? -
- Ve, no vamos a ser felices si estamos juntos, y no nos queremos. Ve y sé feliz.- dijo él soltándole la mano.
- Ve a por ella Jake, no debe estar muy lejos. - dijo ella sonriéndole. Él se giró dispuesto a irse. - prométeme que nos voleremos a ver y seremos felices. - volvió a decir esa voz femenina.
- Te lo prometo... amiga. - y dicho ésto, salió corriendo por la puerta buscando a aquella persona con la que realmente quería compartir el resto de sus días.
Si te paras a pensar en ello seriamente, al final todo se resume en un único, y profundo, pensamiento: ¿para qué preocuparse? La única razón para vivir es amar y la única razón para amar es vivir.
La chica se giró en dirección a Edward. Avanzó despacio y insegura, no estaba del todo segura de que aquel ángel fuera real. En cuanto llego hasta él, levantó la mano despacio, como queriendo alargar el momento. Su mano entró en contacto con la piel del chico, acariciándole suavemente la mejilla derecha. No era un sueño, era real, el más real de los sueños que nunca podría vivir.
- Edward... - la verdad es que no sabía que decir, estaba abrumada por los acontecimientos.
- No digas nada Bella, no hace falta. - dijo e hizo ademán de irse. Pero antes de que fuera capaz, una mano le cogió el brazó y le empujó en la otra dirección haciendo que se girara hacia la chica otra vez. Antes de que pudiera decir nada, ella le besó. Y fué un beso que los dos necesitaban.
Las señoras se levantaron y empezaron a aplaudir a aquel amor puro que se mostraba ante sus ojos. Y Charlie, dándose cuenta de que su hija merecía ser feliz con quien ella quisiera, aceptó ese beso a la vez que el amor. Además, él sintió amor alguna vez, ese amor que seguía sintiendo por Renée. Toda Italia creyó que ella huyó de casa porque se había cansado de la vida que llevaba, si tan sólo supieran que están separados con tal de poder protegerla y que hablan cada noche desde hace aproximadamente diez años. Nadie en esa gran cuidad, podía estar echando tanto a otra persona de menos como Charlie Swan. Pero no era tiempo de pensar en él, su hija era feliz y eso era lo que importaba.
Fin.
Que bonita hubiera quedado esa palabra aquí. Mientras todos reían, aplaudían y lloraban aún conmovidos por las palabras del chico, nadie reparó en que aún había una persona esperando hablar. Cuatro se habían levantado, y sólo habían hablado tres. Quedaba uno restante, uno al que no habían dejado hablar. Si la gente no quería escuchar por las buenas, él les haría escuchar de alguna manera.
El sacerdote fue quien se dio cuenta. Scott estaba sacándose algo del bolsillo de la americana que llevaba puesta. Una pistola. Lanzó dos tiros al techo. La reacción fue immediata, la gente empezó a chillar y a agacharse para protegerse, los hombres cubrían a sus mujeres. Edward y Charlie cubrían a Bella.
- ¡Quieto todo el mundo! ¿A caso creéis que esto es una fiesta? ¡yo no he hablado todavía! y tengo mi derecho ¿verdad? - dijo mirando al cura.
- S-s-sí c-claro.
- Llevo quince años trabajando con el señor Swan, ¡quince malditos años! He hecho muchísimos trabajos para él, y los he hecho bien, he cumplido con total eficiencia. ¿Pero él se ha dado cuenta? No. He sido un peón más esperando a que este estúpido de aquí - dijo señalando a Charlie con la pistola - se de cuenta de que existo y me nombre su succesor. ¡Quince años! Y llega el estúpido de Black, un enchufado y se lleva toda la gloria que yo he estado esperando y encima sin ni siquiera mover un dedo. ¿A caso yo no merecía el puesto?
- Si quieres el puesto, es todo tuyo Scott. - dijo Charlie intentando hablar serenamente.
- Ya no, Charlie - pronunció la última palabra como si fuera un insulto - ahora me interesa otra cosa - dijo mirando a Bella.
- No vas a tocarla.- dijo Edward furioso.
- Vaya, si tenemos aquí a Edward Cullen, ¿aún te duele la pequeña cicatriz que te hice? - dijo tocándole el brazo.
- ¿Cullen? - dijo Charlie confundido.
Edward apartó el brazo y aprovechado ese gesto y la confusión de Charlie, Scott se movió hacia Bella, la cogió por detras y puso su arma en la sien de la chica.
- Dime Edward, ¿cual es el punto débil de Charlie Swan? -
Y la luz volvió a irse, para los tres.
Bueno, tengo que pedir perdón por haber tardado tanto tanto tanto en subir cap. La verdad es que no estaba muy inspirada, y no sabía a quién poner para que fueran las cuatro personas que no quieren que Jacob y Bella se casaran, pero ahora como veis ya esta. Asi que, perdon otra vez.
Bueno si... Me he puesto sensiblera ya lo sé. Creo que podría hacerme escritora de telenovelas o algo así, porque las escenas de declaraciones y eso siempre me quedan cursis y todo eso... que no le quita lo bonito claro. No sé, suelo escribir esas cosas así.
Como veis, soy muy buena y a pesar de que Jacob no me guste, le he dado un final feliz con Leah, que es como debería ser. No soy fan de Nessie y Jake. Más que nada porque Nessie no me gusta.
Y una cosa más, muchas gracias por todos los reviews! La verdad es que son geniales para seguir escribiendo.
Y, tengo que avisar, se que dije que seguramente este fic tendria menos de 10 capítulos, que como podemos ver, pues no. Pero lo que si puedo decir es que a este fic le quedan dos capitulos, tres como mucho. Aunque tampoco os fieis mucho.
Dejad un review si quereis ver luna nueva ahora mismo en vuestra casa con todos los actores del cast a vuestro lado. O si lo preferís, Edward haciendos un masaje... mmmm. Y es gratis! Sólo hace falta darle a la letrita verde!
Un saludo!!
