Hola!... Uy! muchas gracias a todos por leer!, por el apoyo recibido decidí seguir escribiendo el fic..
Para los que no entendieron, el primer capítulo que subí es un "prefacio", es decir, que es una parte de el centro del fic, que la subí antes porque... mmm, para que vean qué se viene xD!
Les recuerdo que se metan a el Blog PPC donde tenemos muchas historias entretenidas que sé que le gustarán. Aparte hay artículos con temas variados (Yo escribí uno que se llama "Teorías del Amor"). El link está en mi profile y están todos invitados a leerlo!...
Les recomiendo también los fics de las niñas PPC: que son Arrayan, Karix7 y Mad Aristocrat, todas en mi profile!, y también el fic y los one shoot de Emma.Zunz, mi beta de "Fatales Cosnecuencias"...
Sin más que decir.. disfruten!
Capítulo uno: La Orden.
Eran gritos, agudos gritos los que se escuchaban desde la lejanía.
- Ya vienen... ¡Ellas ya vienen!- exclamó una voz ronca, una voz de hombre que se les hacía familiar.
- Claro que vienen, zopenco, esa es la idea- alguien respondió, con un dejo burlón flotante en sus palabras.
Ellos las estaban esperando, todo un gran grupo de mortífagos las estaban esperando. Con sus capuchas negras iluminadas por la luz de la luna y sus varitas alzadas al cielo, como si en cualquier minuto se dispusieran a atacar. Los diez grandes miembros del clan esperaban por ellas.
Los minutos pasaban, fríos minutos que serían los últimos para una vida que recíen comenzaba. Y ellas se comenzaban a asomar, como depredadoras que eran, observando atentas a sus presas.
- Ya están aquí- murmuró para sí uno de los mortífagos y sonrió tras su máscara plateada- ¡Atentos!- ordenó, llevando su varita hacia al frente y corriendo hacia unos matorrales que se movían a su alrededor.
Y los mortífagos fueron demasiado rápidos, y los gritos, la lucha y los sucesos demasiado lentos... Y todo se hacía negro, todo parecía oscurcerse entre medio de unos terribles ¡Cruciatus!.
OoOoOoO
Sus pasos tronaban ligeros sobre el suelo, pasando desapercibidos bajo el viento iracundo que golpeaba con fuerza los grandes ventanales que flanqueaban el ancho pasillo.
Parecía sólo una sombra negra deámbulando perdida, sin fin, sin regreso. Demasiado etérea para ser real, pero suficientemente humana para reconocer todos los defectos y cararterísticas que le pudieran describir.
Se detuvo finalmente frente a una gárgola del segundo piso y dijo con su voz suave "sorbete de limón", ante lo cual la puerta secreta se abrió para dar paso a unas estrechas escaleras en espiral que subían lentamente hacia el despacho.
Su respiración era tranquila, su mano derecha sujetaba con fuerza su varita y su mandíbula relajada, sin el menor gesto de preocupación, denotaban cuánto había cambiado en los últimos siete años.
Entró a aquella habitación circular donde ya ocho personas estaba sentadas platicando. Cinco de las cuales se pusieron de pie ante su llegada, tal como era tradición hacerlo. Y, con cuídado, se deshizo de su capucha, colgándola en el gancho que estaba junto a la puerta.
- ¡Hermione!- exclamó Neville acercándose a ella y abrazándola. Hace un mes que no sabía nada de su amiga.
La muchacha aceptó el saludo y lo abrazó a su vez, aunque de inmediato se alejó un poco y sonrió levemente a todos los presentes.
Hermione Granger había llegado puntualmente a la reunión mensual que hacía La Orden del Fénix en el despacho directorial de Hogwarts. Como todo primer día del mes los cabecillas de las distintas secciones de la Orden se reunían para discutir cómo se llevaba a cabo la vuelta al mundo normal, una vuelta que había dado algunos giros inesperados.
Por un lado los redimidos mortíos, como se solían declarar, habían tomado gran importancia en el corazón de la gente. Ya no eran unos sucios y crueles personajes que asesinaron a millones de personas inocentes, no. Ahora se habían transformado en los mártires de una guerra que les había tocado demasiado dura... una guerra en donde habían ido contra el orden sólo porque un hechizo Imperius o una elaborada poción los mantenía así.
Fue de esa forma que Lucius Malfoy se lanzó para ser Ministro de magia hace un año, y salió electo con mayoría absoluta, incluso venciendo a un Percy Weasley que había luchado como nunca para un puesto como aquél.
Por otro lado aún habían extrañas desapariciones que no eran publicadas en el diario de importancia mundial "El Profeta". El editor encargado, un Theodore Nott de bajo pérfil, parecía nunca estar en su oficina cuando dichos acontecimientos se suscitaban y sólo enviaba misivas cada día en la tarde para decir qué artículos se iban a publicar y cuales no.
Hermione tomó asiento en su puesto de siempre, entre Minerva Mc Gonagall, la actual directora del colegio Hogwarts, y Neville, quien se dedicaba a ser profesor de Herbología y hacer experimentos naturales que le habían sido de bastante utilidad a la Orden en los últimos años.
Harry carraspeó una vez todos habían tomado asiento y observó sólo un segundo a la recién llegada antes de hablar.
- Una importante información ha llegado a nosotros- señaló, sentándose derecho sobre su silla, con aquel tono lastimero que había adoptado hace un año atrás- Y hay que investigar sobre su realidad-.
Hermione observaba atenta al muchacho y escuchaba sus palabras sin dejar de pensar cuánto había cambiado.
Harry se había vuelto un ermitaño, trabajólico y melancólico desde aquella lejana batalla que se había llevado la vida de tantas personas apreciadas, aquella batalla que tanto la había cambiado. Su cabello negro y opaco se matenía aún desordenado sobre su nuca, pero sus ojos esmeraldas parecían casi cuencas vacías sin intención de seguir vivas ni por un minuto más.
- La fuente, que como ya saben es secreta, nos reveló que han habido movimientos poco usuales en la antigua fortaleza de los mortífagos- explicó, mirando aleatoriamente a Neville, a la Directora o a George Weasley que estaba más serio que de costumbre sentado en su puesto- y debemos saber si eso se debe a que se están reagrupando o si han encontrado un nuevo líder-.
Luna Lovegood levantó la mano para hablar, dejando que sus muchas pulseras metálicas producieran una melodía graciosa que sacó del sopor a Ron que, después de la misión nocturna que le había tocado realizar hace unas horas, se hayaba bastante cansado y adormilado.
- Anoche nos llegó una información de un disturbio en las Tres escobas, donde Yaxley casi se agarra a hechizos contra Crabble padre, por alguna situación que nadie pudo verdaderamente comprender- señaló la muchacha, sacándose las mechas rubias que cubrían sus ojos saltones y poniendo ese voz suave y soñadora que tanto le ayudaba a sacar información importante en las entrevistas que debía publicar en "El Profeta", como jefa del departamento de Política.
Harry asintió y anotó algo en el cuadernillo que siempre traía con él. Cuadernillo que sólo Ron podía leer.
- Bueno, Harry ¿Cómo podemos averiguar qué está sucediendo?- preguntó Cho Chang, con esa coquetería natural en ella y corriendo su cabello liso a un lado, dejando descubierto un lado de su cuello.
El muchacho la observó y tensó un poco sus labios antes de responder:
- Con Ron pensamos que lo mejor sería poner un agente encubierto que averigüe qué está pasando- aclaró, antes de agregar- un agente preparado y que pueda desaparecer por unos días sin que se note en demasía su desaparición-.
En ese momento varios de los presentes voltearon su rostro y observaron a Hermione, seguros que aquella descripción calzaba perfectamente con la chica.
- Probablemente yo soy la que puede pasar más desapercibida- aprobó, segura de que todos pensaban lo mismo.
Hermione, como encargada de las relaciones legísticas internacionales- y Jefa del departamento de Cooperación mágica internacional- , solía viajar por mucho tiempo arreglando encuentros y llendo a conferencias, así como encerrándose en bibliotecas de países extranjeros para estudiar sus leyes y ver como, las que merecieran la pena, podrían ser aplicadas en el derecho mágico nacional.
Lucius la dejaba ir sin problema alguno a donde ella señalara, y sólo debía dejarle un informe de un par de planas en su oficina una vez terminara su investigación. Nadie diría que Hermione Granger rompiera las reglas del Ministerio tan amenudo, menos cuando demostraba ser una trabajadora tan eficiente para su superior.
- Yo la puedo encubrir- dijo George, tomando un portafolio que había dejado a un lado y sacando de él una torre de frascos, pelucas y otros elementos extraños que los presentes miraban con curiosidad.
- Antes de eso, Señor Weasley- lo interrumpió McGonagall, levantando sus ojos escudriñadores hacia Harry, con aquella mirada seria que había acentuado una vez adoptó el directorio después de la muerte de Snape- ¿Cuándo cree, Señor Potter, que sería apropiado comenzar con la investigación?-.
Harry bajó un segundo la mirada y prontó la elevó otra vez, buscando entre los presentes los ojos de la castaña que esperaba su respuesta atenta.
- Hoy- sentenció- entre antes mejor-.
Cho Chang abrió los ojos de la impresión. Por lo general ella era la encargada de planificar, como la Jefa de Inteligencia, todas las misiones con sumo detalle. Era por ello que le tomaba por sorpresa aquel trabajo tan espontáneo que Harry estaba dispuesto a llevar, sobretodo cuando sería Hermione Granger quien debería poner su vida en peligro.
Era verdad que desde el día de "Los gritos" la relación entre ambos amigos se habían enfríado de una manera impresionante, pero todos sabían que si Harry aún seguía vivo era porque necesitaba vengarse, y dentro de esa venganza personal entraba vengar también todo lo que Hermione había sufrido.
- No crees que es un poco precipitado, Harry- opinó Cho- Hermione puede ser capturada y con ello no sólo pones en peligro su vida, sino toda la organización y nuestro trabajo-.
- Yo opino igual que Cho- interrumpió un Oliver Wood con su voz ronca, clavando sus ojos cafesosos en su antigüo buscador y ahora líder de La Orden del Fénix, Harry Potter- No sería bueno enviar a Hermione en una misión tan arriesgada, sobretodo cuando ella es parte importante de nuestras investigaciones y relaciones internacionales-.
- Aparte que, si la vamos a arriesgar de todas formas, necesita saber qué buscar y algunos datos que necesitarían tiempo para ser ordenados- agregó Cho, sacando una gran carpeta de su enorme cartera púrpura y dejándola sobre la mesa para que todos pudieran ver a qué se refería.
Oliver carraspeó y se encorvó sobre la mesa, con su cabello cafesoso cubriendo sus ojos ovalados.
- Yo me ofrezco, no es buena idea que Hermione vaya... no después de todo lo que le sucedió-
Hermione escuchó la opinión de ambos y se puso de pie, con esa valentía Gryffindoriana tan típica emanando de sus ojos. Sabía que tenían razón, algo dentro de ella le rogaba a gritos nunca más acercarse a un mortífago... pero no iba a dejarse dominar por la cobardía, ella jamás había sido cobarde.
- Yo lo haré. No tengo miedo...- declaró con fuerza- Debo hacerlo-.
Oliver se puso de pie y de acercó a ella, desplagando la capa rojiza que cubría sus hombros.
- No, Hermione- le dijo, con un tono imperativo que recordaba porqué había sido nombrado capitán del equipo Puddlemere United- Tú no estás capacitada, no después de pasar todo un mes desaparecida, para luego mantenerte tres más en San Mungo con severos tratamientos-.
Hermione elevó la vista ante aquellas palabras y los recuerdos golpearon su mente, como una ráfaga de viento helado que le congeló la punta de su nariz.
- ¡Ya lo superé!- gritó ofuscada, poniéndose de pie también- y estoy lista para volver a ser de utilidad... necesito ayudar en algo-.
- Pero...- interrumpió Oliver, corriéndose un paso hacia atrás después del grito de la castaña.
- Pero nada, Oliver, yo lo haré- se volteó y observó a todos los presentes, con su semblante sombrío y unas mechas enroscadas cubriendo su rostro- Harry, estoy preparada para ponerme en acción, dime qué debo hacer-.
Todos los presentes la observaron en silencio y asintieron a su vez. Aunque Oliver se vio tentado de replicar denuevo.
- En ese caso, Hermione- dijo Harry, dirigiéndose por primera vez directamente a ella después de tanto tiempo sin hablarle- Ron te dará las indicaciones correspondientes y deberás partir. Tendrás sólo una semana-.
OoOoOoO
Se movía en silencio por el noveno piso del ministerio de magia. Las paredes desnudas no le permitían esconderse si alguien se le llegaba a cruzar, sólo haciendo de su diestra varita la única defensa.
Necesitaba asegurarse que la profecía era real, no podía quedarse de brazos cruzados confiando en palabras ajenas... no podía arriesgar todo por palabras ajenas.
Veía en el fondo la puerta negra que escondía todas aquellas esferas que contenían las tantas profecias guardadas por cientos de años, aquella puerta que cruzaría para conocer realidad, la esfera de donde obtendría la información que tanto necesitaba.
Ya se imaginaba siendo parte del gran reinado de los sangre pura sobre los sangre sucia. Un nuevo mundo mágico que lo llevaría a la gloria, como uno de los cabecillas de un movimiento que renacería, ahora con más fuerza. Y era esa ambición la que lo llevaría a triunfar.
Cruzó la puerta oscura atento a cualquier ruido que lo pudiera delatar, no podía permitirse un fallo. Siguió por un corredor angosto flanqueado por enormes estantes de madera que guardaban las distintas esferas, todas con una etiqueta de papel que permitiera señalar a qué se referían.
Y ahí la vio... tal como su contacto le había dicho. La esfera azulina estaba en una esquina, brillando con luz propia, como si quisiera ser tomada.
Sus manos le picaban por la emoción y se acercó lentamente, conteniendo la respiración...
¡Por fin!... ¡Por fin la tenía en sus manos!... Y ahora ya sabía qué debía hacer.
OoOoOoO
- Corre, Ginny, debes correr- le susurraba Hermione, tomando a su amiga del brazo para que mantuviera un ritmo que le permitiera llegar a tiempo.
- Es difícil, Hermione, mi estado físico ha empeorado mucho- confesó Ginny, respirando entrecortadamente y con su varita muy endeble en su mano.
Los árboles frondosos le ayudaban a cubrirse de aquellos a los cuales debían sorprender, siendo las ramas oscuras la base de toda la operación que debía ser llevada a cabo.
Esa misión les había sido encomendada especialmente por su ligereza de pies, dejando a Hermione como la principal responsable de que el grupo de chicas se mantuviera unidas y vencieran, tal como siempre lo habían logrado hacer. Pero el estado de su amiga le preocupaba, poniendo en duda el poder cumplir su promesa, la promesa de que todas estarían bien.
De a poco fueron disminuyendo el ritmo de su carrera, escuchando atentas unos gritos agudos que realzaron el sónido de unos murmullos, murmullos que se transformaron en un aviso que alarmaba acerca de su posición, un aviso que confesaba que habían sido descubiertas.
- ¡Ginny, escóndete!- ordenó Hermione, empujando a su amiga tras un arbusto mientras ella se detenía con varita en mano, a enfrentar al primer mortífago que se acercara.
- No te puedo dejar sola- dijo Ginny, poniéndose de pie- Siempre hemos trabajado juntas y hoy no será la excepción-.
Hermione volteó su rostro un poco y vio las facciones decididas de la pelirroja. Ginny era tastaruda por naturaleza y no se dejaría pasar a llevar por nadie, aunque aquella persona lo hiciera para protegerla de algún horrible mal.
- Ya sabes, Herms... debemos salir ilesas de ésta- le dijo con una sonrisa- no pienso pararme toda vendada frente al altar, Harry no se querría casar conmigo si me ve así-.
Hermione asintió y sonrió a su vez.
- Te devolveré ilesa, lo prometo...-.
¿Qué tal?, ¿entendieron un poco más?...
Pues hay cada vez más interrogantes!!...
¿Qué planean los mortífagos?, ¿Quién entró a robar la profecía?, ¿Qué dice la profecía?, ¿Qué le pasó a Hermione ese mes que estuvo "secuestrada"?, ¿Cómo escapó?, ¿Dónde está Ginny?, ¿Quién es la fuente?, ¿Qué le espera a Herms en su misión?... uuufff!!..
Ya tendrán respuestas!...
Espero sus comentarios!!
Ember.
