Hola!!... cómo están?.. Yo estoy ESTRESADÍSIMA... tengo prueba de un ramo llamado: Derecho Canónico, que sólo ocupa parte de mi preciado tiempo :(..
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Ember.
Capítulo II: ¿Qué está sucediendo?
Harry sonreía mientras veía las muchas fotos del pequeño que adornaban toda la dulce salita. Como todos los martes sus pasos lo llevaron a la visita semanal que hacía a su ahijado, Teddy Lupin. Y no podía evitar sonreír mientras observaba cada una de aquellas fotografías que le traían tantos gratos recuerdos.
Pero pronto una fotografía donde posaba Ginny lo devolvió a la realidad y su rostro volvió a tener esa mueca nostálgica del último año.
- ¡Tío Harry!- gritó un pequeño de siete años, con sus ojos oscuros brillantes por la emoción- Tienes que ver el libro que mi Abuela me compró-.
Harry intento sonreír ante su llegada y recibió el abrazo del chico tal como siempre lo hacía. Su pelo lacio y castaño cambió a un rubio ceniza que cada momento se volvía más rojizo por la felicidad, y Harry no pudo dejar de impresionarse por eso. Jamás olvidaría cómo le impresionó Tonks la primera vez que la vio.
De a poco fue arrastrado por el chico hasta su pieza, una alcoba de tonos celestes con un estante repleto de libros y más fotos de toda la familia, incluída una foto de Tonks y Remus días antes de la Batalla final.
Harry se sentó en la cama cansado y observó como el chico se empinaba para alcanzar un grueso volumen que parecía demasiado para que un niño de siete años lo pudiera leer. Pero ahí recordó a Hermione y los librotes que ella leía en primer año... ¿Por qué Teddy no podría, también?
El niño arrugaba su nariz mientras se estiraba y su cabello volvió a un tono más opaco ante la frustración. Harry se paró ante aquello y tomó el libro con una mano, leyendo la portada antes de entregárselo a su ahijado.
- Así que "Hombres lobos y otras leyendas"- comentó, recordando con pesar a un Lupin caído en la Guerra.
- Sí- asintió el niño sentándose junto a su padrino- y la próxima semana me regalará uno sobre los aurores-.
Harry miró al pequeño de lado y acarició su cabeza revolviéndole el cabello. Por lo menos Teddy no sería un huérfano no amado como durante tantos años a él le había tocado ser. Por lo menos Teddy siempre tendría a un padrino que lo aconsejaría en todas las decisiones importantes de su vida, un padrino que nunca lo dejaría solo, un padrino que siempre estaría ahí para él.
Y mientras veía como el pequeño abría el libro y observaba impresionado una ilustración de un licántropo en plena luna llena, un picoteo en la ventana hizo que desviara su mirada curiosa hacia su espalda, frunciendo el ceño a la vez. Observó como una pequeña lechuza gris batía sus alas desde el otro lado del vidrio, y Harry reconoció de inmediato la lechuza que Ron usaba cuando necesitaba contactarlo de forma urgente.
Se levantó de la cama y abrió la ventana con rapidez, dejando que la lechuza picoteara su mano al soltar la nota agarrada en su garra.
- ¿Qué pasa, Tío Harry?- preguntó el chico, sin soltar el grueso libro que aún llevaba sobre sus piernas.
Harry no le contestó hasta que teminó de leer las dos lineas que contenían el mensaje, y dejó salir a la lechuza antes de cerrar la ventana.
- Lo siento, Teddy- se disculpó, agachándose frente al muchacho y sacando de su bolsillo una rana de chocolate que le había traído- pero me tengo que ir-.
El muchacho hizo una clara mueca de decepción, pero asintió obediente, tomando el chocolate que su tío le pasaba.
- Te vendré a ver dentro de la semana, lo prometo- le dijo Harry, parándose y caminando hacia el marco de la puerta- Y te traeré un regalo súper especial- le aseguró, sonriéndole con cariño antes de dirigirse a la sala y desaparecer por la chimenea... hacia el despacho de su mejor amigo.
OoOoOoO
Limpiar, limpiar y limpiar... en eso se había pasado Hermione Granger todo el día.
Después de quedarse pegada a la puerta el día anterior, e intentar escuchar qué planeaban sus antiguos compañeros de Hogwarts dentro del despacho de Nott, se rindió cuando se dio cuenta que esas puertas eran impresionantemente gruesas y que jamás podría escuchar algo más allá de los endebles murmurllos y risas socarronas que de vez en cuando emitía Blaise.
Fue así que decidió terminar de limpiar el pasillo, y una vez se dio cuenta que la puerta se abría, corrió hacia las escaleras, haciendo como que limpiaba el primer escalón.
- Buuuuenaaas nooocheees - saludó a un Theodore Nott, que venía todo enconrvado sobre su propio cuerpo y con su rostro descubierto, oculto por la oscuridad de toda la Mansión.
- Buenas noches- respondió, volteando su rostro hacia el de la castaña y dejando ver la deformidad que apremiaba su cara.
Su ojo derecho estaba caído y atravesado por una cicatriz que dejaba todo aquel lado del hombre un par de centimetros corridos hacia abajo. Su mentón parecía partido en dos, por el rastro de una herida que no había sanado de la mejor forma y su nariz se veía torcida, con una aleta más apegada al resto de su cara que la otra.
Hermione no pudo evitar abrir la boca con asombro, la última vez que lo había visto él aún era un chcio de unos diecisiete años absolutamente normal. Y aunque la batalla final había sido feroz, jamás había escuchado comentario alguno sobre la deformidad que ahora Nott sufría.
- Está más limpio de lo que esperaba- le comentó, con una chispa de astucia en su ojo bueno que no pasó desapercibido por la muchacha- Ya es tarde, te puedes ir a acostar-.
Hermione asintió con efusividad como toda respuesta y volvió sus pasos hacia la cubeta, escuchando atenta como Nott se alejaba por las escaleras, seguramente rumbo a su habitación...
... Después de eso la castaña había entrado a revisar el despacho de Nott, pero en él no había encontrado nada digno de prueba contra algún plan o cualquier otra maquinación que esperaba avistar. Sólo unas notas sueltas de las tantas cartas que le llegaban como editor de "El Profeta" se esparcían en su escritorio, y la chimenea se hayaba apagada, sin dejo alguno que mostrara la presencia de dos personas más antes en el lugar.
Suspiro cansada tras una larga hora de búsqueda, y decidió descansar para estar más atenta al día siguiente... sólo tenía una semana para encontrar algo de real utilidad.
En ese momento estaba sacado brillo a las piezas de plata que adornaban la pequeña mesa de caoba del saloncito de la casa. Era una habitación pequeña, que servía como sala de té y de estar, aunque se notaba que hace años estaba abandonada sin uso alguno.
Hermione se divertía limpiando esas pequeñas piezas que tomaban un brillo sorprendente después de que un trapo con una crema especial le era pasado por encima, y se veía reflejada en su superficie, segura que ni él la encontraría atractiva con ese horripilante disfraz.
Tarareaba una tonta canción, de esas que estaban de modas en el mundo muggle que solía frecuentar, y sonreía acordándose de la última vez que había salido a bailar, junto a un Ron bastante torpe en el asunto.
- Tú debes ser la nueva...- escuchó una susurrante voz a sus espaldas, y su rostro se puso pálido, reconociéndo de inmediato quien estaba justo detrás de ella- ya era hora de que Theo decidiera dejar de vivir en la inmundicie-.
Hermione sintió su corazón latir con fuerza y el aire se estancó en su garganta, recordando todo lo que había significado escuchar esa misma voz por todo un mes, mientras su cuerpo famélico parecía pudrirse en el fondo de su jaula de oro...
Durante un mes completo el escuchar esa voz significaba odio, dolor, asco... le recordaba al hedor de un cadáver que lleva días sin ser encontrado. Y ahora, después de tanto tiempo pasado, el solo tono siseante de su interlocutor le daban ganas de gritar como una niña y correr hacia los únicos brazos seguros que la podían reconfortar.
Pero ya estaba ahí, y estaba porque ella había decidido hacerlo. Así que se volteó con lentitud y encorvó aún más su espalda, para no ser reconocida de forma alguna.
-Sí, Seeeeñor, yooo soooy laaaa nuuueeevaaa- respondió, lento, muy lento, para que él se aburriera de platicar.
Draco sonrió burlón por lo estúpida que sonaba esa criada y no pudo evitar una mueca de asco al ver su piel repleta de granos y su cabello graciento y opaco que parecía más sucio que el del propio Snape.
- Entonces, supongo que sabes donde Theo guarda los puros, ¿o no?- le preguntó, caminando al interior de la sala, pero sin acercarse mayormente a la castaña.
"Ahora si que le doy asco", pensó Hermione y se volteó hacia un pequeño mueble de caoba en donde se guardaban los vasos de Whisky y los puros, los cuales estaban todos empolavados, tan abandonados como el resto del lugar.
Tomó uno de aquellos cigarrillos gruesos y se acercó a Draco con su nariz arrugada. El polvo se había introducido en su nariz y un estornudo estaba apunto de escapar por ella.
- ¡Achuu!- soltó, impulsando su rostro hacia abajo por la fuerza con la que el aire se escapó de su interior. Con ello sus lentes se soltaron y fueron a parar al suelo, a los pies de un Draco, que miraba el asunto con una mueca de disgusto.
Hermione levantó la cara con terror, y sólo vio durante un segundo los ojos grises del rubio observándola con un leve gesto de curiosidad. Sus cejas albinas se alzaron al notar algo extraño en las facciones de la criada y no pudo evitar pensar en alguien... en alguien que tenía esos mismos ojos miel.
- Lo siento- se disculpó ella de inmediato, y se agachó rápidamente en busca de sus gruesas gafas ópticas. Él se limitó a retroceder un paso y observó como aquella mujer que le había parecido tan torpe, tomaba con agilidad los lentes del suelo y se volvía a parar, menos encorvada de lo que había estado hace unos minutos.
Draco meneó su cabeza, borrando de su mente el recuerdo de cierta castaña que se había escapado de sus manos... justo cuando faltaba tan poco. Y se acercó a la ventana que estaba en el fondo de la alcoba, observando a través de ella mientras encendía el puro con su varita.
- Dile a Theo que lo estoy esperando, que ya pasaron los quince minutos- ordenó, sin volver su vista hacia la empleada.
Hermione asintió y caminó rápidamente lejos de ahí, dirigiendo sus pasos hacia el despacho del dueño de casa.
- Estuvo cerca- se murmuró, con sus mejillas aún pálidas por el miedo- muy cerca...
OoOoOoO
La chimenea crispeaba con fuerza, como si petardos zumbantes estallasen en su interior, y las llamas anaranjadas iluminaban la alcoba, dando calidez y luz a sus ocupantes.
Ron estaba sentado en el escritorio, con su cabeza gacha y sus ojos perdidos en una hoja blanca que tenía frente a él. No podía dejar de pensar en esas cortas palabras que había intercambiado con Parkinson... palabras que no pudo dejar de evocar aunque Lavender le hablara toda una hora acerca del nuevo traslador que había creado.
- Bastante extraño, ¿no crees?- preguntó Luna, levantándose de su asiento frente a la chimenea y dejando el sobre abierto que llevaba en su mano sobre el escritorio.
- Tan extraño como todo lo que ha sucedido estos últimos meses...- respondió Ron, levantando sus ojos hacia la mirada soñadora de Luna y sonriéndole por inercia.
Luna asintió y volteó su rostro hacia la chimenea, dándole la espalda al pelirrojo mientras caminaba frente al fuego.
- ¿Crees que alguna vez sepamos qué está sucediendo?- le preguntó, con esa voz suave y dulce de niña chica- ¿Que sepamos qué le sucedió a Ginny, en realidad?
Ron bajó nuevamente la mirada hacia el recuerdo de su pequeña hermana, pero no alcanzó a responder la triste interrogante cuando Harry entró por la puerta.
Iba despeinado, con sus gafas corridas y una gota de sudor bajando desde su sien, como clara muestra de la rápida carrera que se había mandado hasta la oficina de su amigo. Entró apurado, sin demostrar cansancio, y se paró frente a Luna, con esa mirada decidida en su rostro.
- ¿Qué noticia tienes, Luna?- le preguntó, sin ningún otro saludo más- ¿Supiste algo de Hermione?- le volvió a cuestionar, delatando un dejo de preocupación en su voz.
Luna negó con la cabeza ante la última interrogante y pego dos saltitos hasta el escritorio, de donde tomó el sobre y se lo entregó a Harry, para que se dedicara a leer.
Harry sacó de inmediato el pergamino que estaba en su interior y desplegó la nota entre sus manos, reconociendo la letra tantas veces leída de Theodore Nott, aunque él no tuviera ni idea de que la Orden recibía cada una de las noticias que publicaba o dejaba de publicar "El Profeta".
- ¿Millicent Bullstrode?- preguntó, dejando la nota de lado- ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por quién?
Luna negó ante aquellas preguntas y se acercó a Ron, el cual aún observaba cabizbajo la conversación.
- No sabemos quién la mató, pero su cuerpo fue encontrado a la salida de Diagon Alley- respondió bastante seria.
- Y tampoco se sabe quién la encontró, sólo llegó una nota a la central de "El profeta" diciendo que el cuerpo de la ex mortífaga yacía ahí- agregó Ron, repitiendo las palabras con las que Luna le había explicado todo lo sucedido.
- ¿Por qué los mortífagos se están amenzanado y matando uno a los otros?- murmuró Harry- ¿Por qué?...
Ron y Luna se miraron ante aquella pregunta y suspiraron quedos.
- Yo creo que se viene algo grande, Harry- opinó Luna- algo más grande de lo que pensamos...
OoOoOoO
Era la tercera, la tercera carta que escribía y que lanzaba a la chimenea sin detenerse a leerla otra vez. Esa carta era importante, demasiado importante, y por eso no podía escribirla a la ligera... debía ser absolutamente perfecta.
Sacó otro pergamino de debajo del escritorio y tomó la pluma que estaba utilizando, no tenía tiempo para buscar otra más. Se restregó un ojo con una mano y desvió su vista sólo un segundo hacia la derecha, para después de eso sonreír ampliamente.
Las cartas estaba barajadas, el mazo partido en dos... y ahora sólo debía comenzar a jugar. Claro que, siempre debía tener un as guardado bajo la manga.
OoOoOoO
¿Dónde estoy?, ¿qué hago aquí?, se preguntaba, abriendo sus ojos a más no poder y aún sin rastrear ningún atisbo de luz.
No sabía cuanto llevaba así, ni menos dónde estaba el resto. Su cabeza le daba vueltas por una herida que retumbaba sobre su frente y la sangre seca se había pegado a su pelo, haciéndolo un conjunto de mechas enmarañadas que ahora le importaban bien poco.
- ¿Ginny?- murmuró- ¿Ginny, estás aquí?- repitió, subiendo su tono de voz mientras intentaba sentarse.
No recordaba. No sabía donde estaba, y parecía que no había nadie alrededor, nadie que la estuviera escuchando.
Intentó incorporarse sobre la piedra fría, pero sus músculos le dolían como si estuvieran trenzados y las palmas de sus manos estaban ardiendo, como si con fuego vivo se las hubiera quemado.
Tenía asco, un asco que no sólo era propiciado por el olor a basura del lugar, sino que también por el sabor amargo que invadía su boca y que la llamaba a eliminar todo lo que había comido... sólo un par de horas antes de empezar la misión. Pero no podía dejarse llevar por ese instinto animalesco, no podía perder el último alimento que ingeraría... quizás en cuanto tiempo.
Se arrastró por el suelo con sumo esfuerzo, hasta que alcanzó una pared que le permitiría estar sentada sin tener que apoyar sus manos sobre la piedra rugosa. No gritó cuando se irguió hasta quedar con su espalda recta sobre la pared lateral, y sólo respiró con profundidad, sintiéndose reconfortada en notar que sus pulmones parecían estar ilesos.
- Sabes arrastrarte, como toda sangre sucia lo sabe hacer...- dijo una voz siseante frente a la celda donde estaba, y una máscara plateada, máscara que emanaba luz propia, se dibujo a un par de metros de ella.
- ¿Dónde está Ginny?- preguntó Hermione, tensando cada uno de sus músculos frente a dicha aparición y buscando entre sus bolsillos rasgados su varita.
- Está en el mismo lugar que está tu varita...- respondió, con un tono de satisfacción que enervó aún más a Hermione- muy lejos de aquí-.
El hombre tras la máscara sonrió satisfecho por la cara que había puesto su prisionera y se volteó, retomando el camino por el que había llegado.
- ¡Espera!- gritó Hermione con desesperación- ¿qué harás conmigo?, ¿qué pretendes hacer conmigo?-.
Él se detuvo ante ese grito y se rió, con una carcajada repleta de maldad que subió desde el corazón mismo hacia su garganta.
- Cosas tan atroces... que no te las puedes ni imaginar- señaló, sin evitar que una carcajada maligna cerrara la frase y sin siquiera voltearse para ver el efecto de sus palabras... siguió camino sin arrastrar los pies, con su cabeza tan en alto como su propio orgullo.
¿Qué tal?...
Fuimos presente de una escena Harry- Teddy :)... en verdad quería escribir a Harry como padrino, y le aseguro que es uno bueno... aunq el perder a Ginny lo ha vuelto muy nostálgico (ya verán qué sucede con él)
Primer encuentro formal entre Hermione y Draco... ¿él habrá sospechado algo?... ¿por qué Hermione le teme tanto?
Mortífagos muriendo de formas extrañas, muchas peleas se han suscitado entre ellos... ¿Qué sucederá?, ¿a qué se juntan Nott, Malfoy y Zabinni?...
¿Quién será el extraño personaje que escribió una carta.. y a quién se la envió?..
Y les diré que la última parte en cursiva es un FLASH BACK... ¿Qué sucedió con Ginny?, ¿Qué hicieron con Hermione?, ¿Cómo salió de ahí?...
Espero sus comentarios!!
kiss!
Ember.
