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Un beso en especial a Mad Aristocrat, Arrayan y Karux7!...

Ember.

Capítulo III: Tatuada.

Nada. Nada de nada. Ya llevaba dos días completos en esa casa y aún no podía descubrir nada que fuera de uilidad.

Más allá de las visitas diarias que hacían Malfoy y Zabinni a la mansión, y de las muchas horas que Theodore Nott se pasaba encerrado en su despacho, no había ninguna prueba contundente que demostrara que los mortífagos se estaban reagrupando y que planeaban algo oscuro y malévolo. Pues sólo asemejaban ser un fiel grupo de amigos que se juntaba diariamente a discutir sus intimidades en el lujoso despacho.

Hermione solía hacer como que aseaba en aquel pasillo cuando escuchaba como el ¡plop! de la chimenea avisaba sobre la entrada de alguien, y pegaba su oreja a la puerta para ver si podía oír algo. Algo que fuera más interesante que la risa elevada de Zabinni o el arrastre de palabras de Malfoy. Pero todos los días era igual... los quejidos de un Blaise por el polvo del escritorio o la cantidad de papeles que cubría la alfombra, para que luego Nott lo callara con un comentario astuto, mientras Malfoy cerraba la puerta... por si algún curioso pensaba en escuchar.

Ya aburrida de intentar oír, y decidida a intrusear alguna otra habitación donde quizás podía hallar algo interesante, tomó el trapero sucio y la cubeta y los arrastró hacia el primer piso donde estaba la gran biblioteca de los Nott.

Sonrió con satisfacción al ver la enorme estancia a la que había llegado, admirando cada uno de los volúmenes antiguos que decansaban sobre los altos estantes que decoraban la pared. Y caminó con cuidado sobre la mullida alfombra, hasta detenerse frente a uno de los estantes de madera y rozar con su mano uno de los tantos libros que le llamaron la atención.

Su mirada estaba tan perdida entre las viejas hojas de aquel libro sobre "Pociones Ancestrales" que olvidó el trapero que había dejado en el umbral de la puerta de entrada, y de a poco se acercó al escritorio que había junto a la ventana, para apoyar su cuerpo sobre él mientras sus ojos miel devoraban cada letra de esas hojas amarillentas.

Su mente estaba tan concentrada en su tarea que durante minutos- ¡O quizás horas!- olvidó todo lo que acontecía y sólo cuando terminó la última palabra de aquel libro interesantísimo, se dio cuenta que no se había preocupado de investigar, como pretendía hacerlo.

Rápidamente dejó el libro en su lugar y se privó de revisar algún otro título sin antes indagar dentro de los cajones del escritorio que había usado para apoyarse. Se sentó en la silla que estaba junto a la pared y abrió los cajones, donde no habían más que notas sin importancia y una que otra factura antigua de Gringotts con intereses pendientes.

Bufó, frunciendo el ceño, exasperada por no encontrar nada de nada en ninguna parte de esa mansión. Y se levantó de la silla para ir hacia el trapero y seguir limpiando... debía mantener las apariencias. Pero entonces algo llamó su atención y sonrió ante el detalle que se le había pasado por alto.

Bajo el escritorio, en la parte frontal, un pergamino negro estaba siendo aplastado por una de las patas del mueble, y algo le decía que eso sí era de utilidad.

Hermione dejó el trapero de nuevo apoyado en la puerta abierta y se agachó frente al escritorio, sin preocuparse porque la roída falda que usaba se había subido hasta su cintura. Y concentrada en sacar el papel sin romperlo de paso, comenzó su tarea. Con una mano sujetaba la pata del mueble intentando levantarlo para, con la otra, sacarlo de ahí, y aunque no daba mucho resultado su trabajo, no se iba a rendir tan fácilmente.

En eso una brisa helada subió desde sus piernas hasta su cintura y unos pasos rápidos la hicieron estremeserce, temerosa de quién podía ser.

- ¿Granger?- preguntó una voz siseante a su espalda en un murmullo casi inaudible.

Hermione se tensó y pudo sentir como su corazón dejaba de latir, como si esa voz nuevamente la llevara a los momentos más amargos de su vida. Ella sabía que él tarde o temprano la podría reconocer, después de todo lo pasado él la debería reconocer, pero ello no iba a ser un impedimento para que ella no volviera a vengarse... ya que no podía dejarse caer sin luchar, no podía repetir una historia que ya había vivido y que no deseaba volver a vivir...

Con agilidad llevó una mano hacia su varita, mientras con la otra sacaba de tirón el papel que estaba buscando, para luego voltearse y enfrentarlo. Mas su sorpresa fue extrema al no verlo frente a ella al voltear, y sus ojos casi se escapan de sus órbitas cuando junto a ella una mano aprisionó su cuello y la envió de golpe contra el estante que estaba a un lado del escritorio.

- Granger...- susurró Malfoy en su oído, mientras la tenía aprisionada contra los libros y su cuerpo y el ruido de viejos volumenes cayendo al suelo rompían el silencio en el que antes había estado sumida la biblioteca- jamás pensé que realmente te pudieras ver aún más repugnate de lo que eres...-.

Hermione no cerró los ojos cuando Malfoy enterró su varita contra su cuello, pero no pudo evitar empalidecer al sentirse tan poca cosa entre los brazos de ese hombre sin escrúpulos, al cual no le importaba matar con tal de llevar a cabo su cometido.

El aliento frío de él golpeaba su garganta por la cercanía, y su varita bien sujeta en su mano era inamovible con el peso de la pierna de Malfoy sobre ella, con su rodilla sobre su muñeca era imposible poder hacerle frente.

Draco soltó su cuello, sólo amenazándola con la vara de madera que aún enterraba como una estaca bajo su mentón, y desvió su mano hacia el muslo de la castaña, internándola en la parte inferior de su entrepierna donde con un tatuaje había sido marcada...

...Una "M" en tinta verde era la muestra de que Granger jamás podría liberarse de él, de que ella jamás podría actuar en contra suya, porque el hacerlo significaba atentar contra su propia vida, y Hermione Granger aún tenía motivos para querer vivir.

La castaña se tensó ante el gélido contacto de esa mano sobre su asquerosa marca... y recordó cómo se la habían hecho, y volvió sentir la sangre emanando de sus labios destruídos de tanto morderlos para evitar gritar.

Jamás le habían explicado el verdadero fin de ese tatuaje, el por qué de esa marca denigrante, pero la risa de Malfoy al dibujar su propia firma en su cuerpo... nada bueno podía profetizar...

Llevaba tantas horas encerrada en esa celda, que no estaba segura si se mantenía viva o sólo su inconsciencia la hacía creer que era su corazón el que latía bajo su pecho esqualido.

Después de la visita de aquel hombre enmascarado nadie más se había asomado. Y el silencio a su alrededor era tan envolvente que ya había perdido la noción del tiempo, como si los minutos fueran gotas de un gotero que se demoraban siglos en pasar.

Su cuerpo ya no le dolía, o por lo menos eso creía, pues no se había movido ni un ápice asustada de que al moverse se pudiera desangrar. Pero al parece que no tenía ninguna herida abierta de importancia, y la sangre que se acostraba en su cuello sólo eran rastros del gran golpe que había recibido en su cabeza, antes de quedar inconsciente.

Se mantuvo sentada, abriendo los ojos con pesadez, e intentó escudriñar donde se encontraba para ver si había alguna forma de escapar. Estaba en una habitación pequeña, probablemente una celda de una lujosa mansión. A los lados habían dos murallas de piedra y sólo entraba una luz ligera por los barrotes de la entrada, que implicaban la existencia de una antorcha a un extremo del pasillo exterior.

Hacía frío, demasiado frío para estar en plena Inglaterra, donde el verano dominaba el calor de la tarde y el sol relampageaba por las ventanas de las residencias del oeste.

Se quedó quieta, inmóvil, apoyada en la pared de piedra... hasta que escuchó pasos, pasos altaneros que se acercaban desde el exterior.

- Granger...- susurró una voz, la misma voz que había provenido del hombre enmascarado- ahora vendrás conmigo- le señaló, mientras se asomaba por los barrotes e introducía una llave de hierro a la cerradura de la reja.

Detrás de él aparecieron dos hombre más, ambos cubiertos con una capucha negra. Hermione los miró con un toque de miedo y desdén y se agazapó un poco más contra la pared... no quería ser tocada siquiera por aquellos individuos.

El hombre de la máscara plateada entró de primero y con su varita sujeta por su mano pálida, apuntó la frente de la castaña, riendo con malicia.

- Levántenla- ordenó a los hombres que habían entrado tras él, y se quedó expectante a como ellos obedecían su mandato.

La tironearon de los brazos, sin importarle que ella aullara de dolor por el brusco movimiento que emplearon al alzarla del suelo, y la arrastraron por la piedra rugosa... lanzando una carcajada cuando ella intetó zafarse contorsionándose con todo su cuerpo.

- Es inútil, Granger...- le dijo el hombre enmascarado, que ya había salido de la celda y se había volteado hacia el pasillo para dirigir el camino que debían emprender- nunca más volverás a ser libre-.

La castaña observó su espalda tras esas palabras, y algo en el tono de voz que él había empleado le había dado la seguridad de que no mentía, de que él estaba seguro que ella jamás volvería a actuar con libertad.

Caminaron por el angosto pasillo de piedra, que tal como Hermione había notado desde la celda sólo estaba iluminado por una que otra antorcha muy alejada la una de la otra.

Los hombres la tomaban posesivamente por los brazos, y estaba tan cansada que el ser arrastrada era aún mejor que caminar, porque las piernas parecían no querer responder a sus movimientos voluntarios.

Subieron una escalera en espiral que había tras la única puerta de madera que cortaba el pasillo, y el enmascarado conjuró "lumus" de su varita para alumbrar sus pasos hacia la puerta del piso superior.

De pronto la luz cegó los ojos de la castaña, y no pudo evitar cerrar los párpados por instinto antes de volver a abrirlos y ver donde había ido a parar.

Llegaron a una gran estancia, de ventanales amplios a través de los cuales entraba la luz de un sol cálido y amarillento. Todo el piso era blanco inmaculado como si nunca dejara de ser limpiado, y las paredes empapeladas con un diseño verde esmeralda combinaban con todos los muebles que habían en la habitación, sobretodo con los sitiales de caoba forrados en terciopelo y el gran sillón que permanecía en el fondo del salón.

Sólo una cosa era ajena a la indumentaria de la alcoba, y justamente sobre ella fue depósitada Hermione.

Una mesa metálica, como aquellas donde se hace la autopsia a los cadáveres, estaba plantada en el centro junto a una mesilla de metal también. Y a su lado se detuvo el hombre enmascarado, sonriendo mientras observaba los elementos que habían sobre la mesilla.

- Amárrenla- ordenó esta vez, y retrocedió un paso mientras los hombres tomaban las muñecas y los tobillos de la castaña para amarrarlos con gruesas tiras de cuero y dejarla yaciente sobre la mesa, con las rodillas dobladas hacia arriba y la palma de los pies posados sobre la mesa, tal como si fuera a dar a luz en aquel momento.

Hermione intentó soltarse, moviendo sus brazos con efervesencia y juntando sus rodillas para poder cerrar sus piernas... pero no logró resultado y finalmente se calmó.

El hombre enmascarado ordenó a los encapuchados que se fueran, y ambos obedecieron saliendo por una puerta lateral que no era la misma por la cual habían entrado. Luego él se acercó a la mesilla y tomó la tijera que había ahí, acercándose de nuevo a una Hermione que lo miraba atemorizada.

- Tu ropa sucia me molesta- le señaló, con una voz casi seductora, como si aquella frase fuera dirigida a una amante ocasional- tendré que deshacerme de ella- le explicó, tomando con una mano la pretina del pantalón de la muchacha y cortándola con la tijera, bajando su recorrido hasta deshacerse de toda la tela que cubría la pierna de la castaña. Repitió el movimiento con la otra pierna y tomó el pedazo de tela y lo botó al suelo, dirigiéndole una mirada de soslayo a las tostadas piernas de la muchacha.

Luego observó la camiseta mugrienta que cubría el torso de la castaña y la cortó por el centro, preocupándose de no rozar su piel con el frío metal. Se dehizo de la tela de la camiseta y también la botó en el suelo, observando claramente el cuerpo semidenudo de Hermione, sólo cubierto por su ropa interior blanca.

Ella lo miraba, con sus ojos mieles acuosos por el terror. Su cuerpo temblaba ligeramente, como una hoja de papel sacudida por el viento, y los rayos de sol que golpeaban la superficie de su piel, dotándola de un brillo extremo, no eran suficientes para calmar ese temblor. Ella tenía miedo, un miedo que no podía controlar, un miedo que jamás había sentido...

El hombre la rodeó y cogió de la mesilla una pluma, una pluma negra que se parecía mucho a una pluma normal. No huntó tinta en su punta y caminó hacia un extremo de la mesa, deteniéndose frente a las piernas dobladas de la castaña.

Con su mano pálida rozó su rodilla y la acarició con sólo un dedo, percibiendo como ella tembló cuando él la tocó. Luego prosiguió su roce hasta el tobillo, dándole una vuelta como si su intención fuera seducirla, exitarla con sus caricias hasta hacerla gemir.

- Esto te dolerá, pero siempre he creído que el dolor nos eleva a un nivel superior del alma- le indicó, encorvándose hacia las piernas abiertas de la castaña y rozando la parte superior de su rodilla, acercándose cada vez más a su entrepierna-... así que en el fondo, te estaré haciendo un favor-.

Fue en ese instante en que Hermione sintió un dolor agudo que la impulsaba a gritar, un dolor que brotaba del tacto de la punta de aquella pluma enterrada sin consideración alguna bajo su entrepierna. El hombre enmascarado escribía algo sobre su piel, pero no sólo la rozaba, sino que la enterraba como una aguja mortífera que le producía un dolor inimaginable... que la dejaba sin aliento.

Ella mordió sus labios, tensó sus puños y sintió como se hacía daño, evitando de todas formas demostrarle a ese hombre que lo que le hacía la estaba debilitando, que la estaba haciedo caer en aquel juego de tortura y destrucción.

Y el hombre siguio repitiendo el trazo, el mismo trazo una y otra vez sobre su piel... mientras una risa, una risa gélida y satánica expiraba como una brisa helada desde su boca... sólo aplacada por la máscara plateada que le ocultaba su incógnito rostro...

Hermione recordó aquella escena con un odio naciente en su corazón, y sintió como éste latía, latía con fuerza contra su pecho.

- Bastante estúpido de tu parte volver a arriesgarte, Granger- le murmuró, apartando su mano de la entrepierna de Hermione y llevándola a su nuca, de donde jaló su cabello grasiento- y aún más imbécil dejarte descubrir, no ocultando aquello que demuestra toda tu inferioridad...-.

Con fuerza tiró de su pelo hacia atrás y la castaña sintió comó las raíces de su cabello se desprendían con dolor de su cabeza.

Hermione, debes desconcentrarlo, debes escapar de ésta, se decía la chica, buscando a través de sus gordos lentes los ojos grises de Malfoy, para enfrentar su mirada sádica y distraerlo de su brutalidad.

Ella sabía que Malfoy era capaz de cualquier cosa y, justamente con ella, jamás había tenido piedad.

Sintió como aquella traba con la que se había amarrado su cabello se deslizaba con el tironeo del mismo que el hombre ejercía en su nuca, y recordando lo que Ron le había explicado... diciéndole que eso era lo único que la podía ayudar para abortar su misión antes del tiempo dado, decidió actuar.

- No te tengo miedo, Malfoy- le respondió, dejando que sus gafas fueran a rodar al suelo, ayudándole a penetrar su mirada miel en aquellas frías orbes grises.

Draco levantó una ceja ante aquellas palabras y una carcajada cortante se escapó de sus finos labios, los cuales acercó al cuello de Hermione.

- Si no me tienes miedo...- le murmuró, rozando con la punta de su nariz el lóbulo de su oreja, sin llegar a tocarlo realmente- ¿Por qué tiritas con el solo roce de mi piel contra la tuya?-.

Hermione se mordió los labios de impotencia, sabiendo que era verdad... que no podía evitar tiritar cuando él la tocaba, como si todo lo vivido durante ese mes fuera el resumen de toda una vida juntos.

Por suerte la traba cada vez caía con mayor rápidez por su pelo graso, y agradecía internamente a George por haber decidido dejárselo liso en vez de ondulado, como le era natural. Su corazón latió con mayor velocidad cuando se percató de que la mano que estaba tras su espalda aún sostenía el papel que sería la única pista que podría ser útil para el trabajo que apenas había llevado a cabo, y sus labios se tensaron cuando por fin sintió a Malfoy alejarse de su cuello y observarla con una enorme sonrisa de satisfacción.

- Granger, te dejé escapar una vez... no volveré a cometer el mismo error- le advirtió, soltando de a poco su cabello para llevar su mano nuevamente hacia las piernas de la castaña, que estaba totalmente rígidas ante el contacto que se aproximaba.

Hermione cerró los ojos cuando sintió cómo él acariciaba ese marca que le había hecho y sintió un dolor punzante que se expandía desde su muslo por todo su torso, como una descarga eléctrica fatal que se deseaba apoderar del resto de su cuerpo.

En eso la traba llegó a sus manos, arrastrándose por su pelo hasta que su dedo anular la pudo tomar, activándola tal como Ron le había enseñado. Suspiró aliviada y sonrió, sabiendo que no había tiempo que perder.

- Lo siento, Malfoy... pero deberás equivocarte de nuevo- le murmuró y de golpe empujó al rubio con toda la fuerza que tenía, botándolo al suelo sólo porque su impacto le había sido demasiado sorpresivo.

Hermione llevó su mano por delante y una luz brilló de su puño... y antes de que Malfoy la pudiera detener... ella desapareció, como por arte de magia.

OoOoOoO

Lavender le había avisado que Hermione había llegado adelantada de su misión y que, por lo visto, ni con lo hermética que se había vuelto en el último tiempo había podido ocultar lo nerviosa que había aparecido... aferrando el traslador con fuerza en su puño. Fue así que a penas la nota llegó a sus manos, corrió fuera de la tienda de su hermano- donde estaba para hacerle una de esas tantas visitas ocasionales, aprovechando de curosear sobre su nueva invención- y se dirigió rumbo al ministerio... no había tiempo que perder.

Su cabello rojizo le cubría los ojos, y el maletín que llevaba en su mano no le permitía moverse con total libertad. Por suerte la entrada del ministerio cada vez estaba más cerca y el tráfico a esa hora estaba menguando... evitando que él lanzara desmaius a los transeúntes para poder pasar.

Y era tal su apuro por llegar al departamento de "Transporte mágico" que hubo algo que no vio, y que no pudo evitar antes de chocar con ella directamente.

Otra vez había pasado a llevar a una persona, una mujer ataviada en un túnica ceñida a su cuerpo curvilíneo. Se detuvo en ese momento y la observó, avergonzado por ser tan torpe cuando corría.

- Lo siento- se disculpó, agarrando con fuerza el maletín en su mano mientras cientos de personas lo rodeaban, todos muy apurados camino a distintos lugares.

La mujer lo observó y se sacó la capucha que cubría su cara, sonriendo ampliamente al pelirrojo.

- Se te está volviendo costumbre, Weasley- le susurró, acercándose un paso a él y hablándole muy despacio- ¿te hice algo que te empeñas en empujarme y pisarme?-.

Ron abrió ambos ojos impresionado cuando vio que era Pansy Parkinson a quien había empujado, otra vez. Y sus mejillas se tornaron tan rojas como su cabello ante la pregunta que ella había formulado.

- No, no... no, no creas eso- tartamudeó, preso por el nerviosismo- es sólo que... que no te vi-.

La mujer alzó la mirada y pentró con ella los ojos azules intensos de su interlocutor. Sí, Ronald Weasley había cambiado... y los nervios que producía en él, no podían menos que halagarla.

- ¿Tan insifignante soy?- le cuestionó esta vez, acercándose un paso más y quedando sólo a un palmo del rostro del hombre, el cual tragó dificultosamente un poco de saliva.

- Eres todo menos insignificante- le respondió, siendo tan sincero como estaba acostumbrado a ser- yo soy el despistado, siempre lo he sido-.

Pansy sonrió encantada con esa respuesta y rozó con su dedo índice el pecho del muchacho, hasta posar toda su palma en el lado izquierdo, justo sobre su corazón. Sintió como aquel músculo del pelirrojo latía con fuerza bajo su mano, llevando toda la sangre que bombeaba con fuerza hacia las mejillas arreboladas de él.

- En ese caso, Ronald Weasley, tendrás que mantener los ojos más abiertos- le murmuró, empinándose un poco en la punta de sus dedos y rozando con su nariz el oído de Ron- porque encontrarnos dos veces en una semana, cuando no nos vimos durante más de siete años... es todo menos casualidad-.

Y lanzando una dulce risa al aire, como repiqueos de una pequeña campana de plata, se volteó...

Ronald se quedó quieto mirándola alejarse, confundiéndose entre la multitud... su corazón se mantuvo latiendo con fuerza en su pecho mientras sus orejas volvían a adoptar su color normal.

Y supo que algo estaba por cambiar... que algo estaba naciendo en él, algo incontenible.

Showtime...

Sí, ha comenzado a explicarse por qué Hermione le teme tanto a Draco, ¿qué les pareció el flashback?, ¿cómo Hermione se podrá enamorar de un hombre así?, ¿por qué el tatuaje?, ¿qué otra cosa le sucedió a Hermione durante el mes que estuvo secuestrada?, ¿qué hará ahora Draco, que sabe que ella estuvo "de incógnito" en la mansión?, ¿qué hará Hermione con la (poca) información recolectada?.

Wow!, ¿Pansy y Ron?, ¿qué quiso decir Pansy con que el encontrase "no es casualidad?, ¿qué ha nacido en Ron?,...

Hay muuuuchas preguntas más que debes hacerse, y de a poco tendrán respuesta.

Espero su comentario.

Ember!