Hola!...
Se viene nuevo capítulo de Dulce Traición!. He avanzado su resto, y ya tengo escrito hasta el capítulo IX (sí, que soy responsable con el fic).
Muchas Gracias por sus reviews!!... Espero que les guste este chap.
Recuerden meterse al Blog PPC: Tenemos videos de Twilight, la película (Crepúsculo); un desafío hecho por moi, para que participen, también tenemos encuesta de "A qué casa PPC perteneces"... y otras cosas entretenidas!.
Un beso desde Nunca Jamás.
Ember.
Capítulo VI: Encuentros
Se sintió temblar, y el silencio pareció envolver el ambiente.
Hermione Granger estaba de pie, con su túnica roja cubriendo su cuerpo y sus manos abrazando su propia cintura... sin embargo se sentía desnuda. Draco Malfoy la observaba con aquella sonrisa seductora que solía tener, y sus ojos grises parecían penetrarla hasta definir el color de ropa interior con el que andaba.
¿Por qué su labio temblaba de miedo?, ¿por qué su frente sudaba al verlo?, ¿qué significaría ese agitado temblor de su corazón?...
Le bastaba con recordar el frío aliento golpeando sus mejillas y su voz grave nombrándola desde el umbral de la puerta de su jaula dorada, para que la sangre de su piel se esfumara y se tornara pálida... tan pálida con el contraste magenta de su vestimenta.
Lucius saludaba a su hijo con orgullo y pronto se volteó hacia la castaña, llamándola educadamente, como era menester hacerlo.
- Señora Granger...- dijo.
Pero Hermione no lo escuchó, no podía escuchar nada más que sus propios pensamientos acelerados que se entrecruzaban en su cabeza, confundiéndola, mareándolar y haciéndola dudar. ¿Qué significaría este encuentro con Malfoy?, ¿sería casualidad?, ¿sería un maldito giro del destino?...
- Señora Granger- repitió Lucius, caminando hacia la mujer que tenía su mirada fija en la puerta... como perdida- ¿se encuentra bien?-.
Hermione pareció reaccionar ante la cercanía de la voz de su jefe, y asintió avergonzada.
- Sí, estoy bien- murmuró, y volvió su vista hacia Draco, quien la miraba con una sonrisa encantadora en su rostro, como si realmente fuera una grata sorpresa encontrarse con ella en aquel lugar.
- En ese caso... ven, Draco, acercate- lo llamó, caminado él mismo hacia el otro lado de su escritorio y sentándose en su silla de cuero, dejando a los dos jóvenes uno junto al otro, al otro lado de la mesa- le vuelvo a comunicar, Señora Granger, que mi hijo por fin aceptó trabajar para el Ministerio-.
La castaña tembló al sentir a Draco de pie junto a ella, y su respiración pareció agitarse al saber que él la estaba mirando, podía percibir sus ojos hierro clavados en su perfil.
- Que bien- atinó a responder, no despegando la vista de Lucius- ¿y qué cargo ocupará?-.
Lucius sonrió en una clara mueca cínica y miró a su hijo, dándole la palabra para que él respondiera tal interrogante.
- Señora Granger- la llamó Draco junto a ella, ante lo cual se vio obligada a observarlo... a toparse con sus ojos grises que parecían deslumbrar- seré la mano derecha de mi padre y, por ende, el vocero y la cara pública de todo el Ministerio-.
¡Esa voz!, sonaba tan dulce, tan formal, tan varonil... esa tonada gastada y siseante parecía un vago recuerdo ante aquel tono grave que ahora estaba usando. Y sus ojos brillaban, brillaban como si fuera otra persona, otro hombre y no el enmascarado que la había encerrado... ¿qué estaba sucediendo?
- Entre sus obligaciones- continuó Lucius, haciendo que Hermione se voltera a mirarlo y volviera a extrañarse por el giro de sus pensamientos- estará relacionarse con los personajes importantes de otras naciones, y es ahí donde ambos deberán concentrarse... necesitamos que el Ministerio de magia inglés vuelva a tomar la importancia de antaño-.
La castaña abrió sus ojos desmesuradamente, había algo en las palabras de Lucius que le había llamado la ateción, algo que tenía que ver con... ¿acaso había dicho "ambos"?
- ¿Ambos?- interrogó, mirando a su jefe sin poder esconder el miedo que le había producido escuchar esa frase. Cualquier conjunto de palabras que la unieran con Malfoy sonaban intimidantes.
Lucius asintió, con una sonrisa perfecta surcando su rostro aritocrático.
- Sí, Señora Granger- respondió, extendiendo a cada uno una carpeta de la torre que estaba acumulada en una mesilla junto al escritorio- esa es la primera tarea que tienen: estudiar al gobierno Francés y ver si es factible firmar algún tratado con ellos... para ver si se puede hacer algo con respecto a la libre aparición, ya sabe lo quisquilloso que se ponen los franceses con las visitas inesperadas- agregó, sin dejar de mostrar su sonrisa perfecta.
Hermione tomó la carpeta y se la puso bajo el brazo, sin siquiera detenerse a abrirla como lo habría hecho en otras circunstancias. Necesitaba salir de ahí, necesitaba alejarse de Malfoy y de esa careta amble tan falsa, tan horriblemente falaz.
- Si eso es todo, Señor, yo debo retirarme- se excusó, haciendo como que miraba la hora en su reloj de muñeca... reloj que esa mañana había dejado en casa.
Lucius asintió e hizo un movimiento de mano indicando que se podía marchar.
- Ponganse de acuerdo en cuándo pretender viajar- dijo, justo cuando Hermione se volteaba hacia la salida- confío totalmente en ustedes- recalcó, con un tono tan agudo en "ustedes" que Hermione no pudo menos que sonreír, sonreír con un gesto de pánico que se reflejaba en sus ojos miel.
Tomó la perilla de la puerta y la giró, dispuesta a abrirla cuando la mano de Draco se apoderó de la misma y la abrió a su vez, permitiendo caballerosamente que la castaña saliera de primero.
Sintió su aroma a perfume caro en el ambiente, y se tensó durante un segundo. Ese perfume la treía un recuerdo específico, uno de los tantos recuerdos que rodeaban su encierro...
- Así que trabajaremos juntos, Granger...- le soltó al oído rozando su mejilla ante su acercamiento- te dije... nunca más serás libre- le recordó y una risa helada se escapó de sus labios cuando se separó de ella.
Hermione se volteó sólo una vez para observar adonde se dirigía, viéndolo entrar a la puerta que estaba junto al despacho del Primer Ministro. Junto a ella una mujer lo esperaba, la cual ataviada en una capa de un tono gris se veía sumamamente elegante.
La castaña se quedó observándolo un momento, intentando descubrir quién era aquella mujer que tan conocida se le hacía... y bastó que viera su lustroso cabello oscuro y el beso en los labios que depositaba en el rostro del rubio... para saber que los rumores eran ciertos: Pansy Parkinson, la cantante popular, era la novia de Draco Malfoy.
¿Por qué eso le punzaba en su corazón?
OoOoOoO
Sus tacos aguja tronaban por la cerámica de los pasillos del ministerio, y su delantal blanco se mecía con el vaivén de sus caderas al andar.
Cho Chang era así, una mujer independiente, segura de sí misma, que siempre conseguía todo lo que quería... todo menos a Harry Potter.
¿Qué tenía el niño- que vivió que no caía bajo sus encantos?, ¿qué había tenido Ginny Weasley que aún estaba rondandando por su cabeza?... Eran cosas que ella no entendía, que ni con su inteligencia superior podía entender.
Llegó a la puerta de madera que tan bien conocía, y golpeó dos veces antes de entrar. Empujó la puerta con ligereza y escuchó las visagras gemir, haciendo aviso de su entrada en ese oscuro despacho.
Harry Potter la miraba fijo, con sus ojos verdes sin vida iluminados por las llamas de la chimemea que eran la única luz de la habitación. Sobre el escritorio torres de papeles se desparramaban desordenados y sólo una foto de el antguo ED colgaba en la pared, como único recuerdo de los tiempos felices.
Cho se adentró en el despacho del jefe de los aurores, con ese caminar imponente que tanto había practicado. Se sentó frente al escritorio donde él tenía apoyado sus codos, y cruzó las piernas... dejándolas a la vista.
- ¿Y descubriste algo interesante de la profecía?- le preguntó Cho, llevando su pelo oscuro a un lado de su grácil cuello... como siempre lo hacía cuando le hablaba a él.
Harry sacó un arrugado papel de su bolsillo y lo estiró sobre su escritorio. Encendió una vela que había a un lado a medio ocupar y se la acercó a Cho, para que ella pudiera leer.
"La sangre que llevó a la vida en vida se transformará.
Aquel que destruyó el odio en odio...
Y sólo cuando él gobierne cual Dios sobre su altar, la pureza ..."
La mujer terminó de leer, sonriendo ante la caligrafía infantil con la que Harry había dejado sus notas a los márgenes. Aún no había nada claro, por lo visto, nada que pudiera ayudar a descifrar ese extraño mensaje, que ese hallaba notoriamente incompleto.
- Entonces no sabes qué quiere decir la profecía- afirmó, levantándose y caminando frente a la chimenea... en aquel lugar siempre hacía más frío de lo normal.
Harry asintió cansado, y se deshizo de sus gafas redondas para presionar el puente de su nariz. Estaba absolutamente agotado, como si hace meses no durmiera más de un par de horas por noche, y aunque sufría de sueño pesado... sabía que sin importar cuantas horas estuviera en el mundo de Morféo, nunca descansaría lo suficiente para despertar con aquella renovada vitalidad.
Se puso de pie dejando sus lentes sobre la mesa, y aunque veía borroso se acercó a la chimenea, estirando las manos hacia el fuego para calentarlas.
- ¿Día muy agotador?- preguntó Cho, mirando el perfil de Harry que estaba a sólo unos centimetros de ella.
Él volvió a asentir y ladeó su rostro, admirando como el cuello de Cho parecía porcelana con el reflejo de las llamas anaranjadas.
- Bastante- admitió, sin dejar de estirar sus manos hacia el fuego.
Ella sonrió y clavó sus ojos oscuros en sus labios, tentada a hacer aquello que tanto había esperado, que tanto había deseado volver a repetir. Hacían ya nueve años que había besado a Harry bajo el muérdago de la Sala de los Menesteres y desde hace nueve años que quería probar una vez más ese tierno beso que había recibido en aquella ocasión.
Caminó el paso que los separaba, intentando parecer más dulce de lo que solía ser, y rozó la mejilla de Harry con su mano... sintiendo como aquel tacto la hacía estremeserce.
- Harry... yo- le murmuró con sus ojos pegados en los labios de aquel niño hombre que le fascinaba, y antes de que pudiera terminar vio como él había acortado el último tramo de la distancia que los separaba y se había avalanzado contra su boca... apoderándose de ella con una pasión ilimitada.
¿Qué hago?, ¿qué estoy haciendo?, se preguntaba Harry... sin entender por qué besaba unos labios tan ajenos, unos labios tan lejanos a lo que él esperaba encontrar. Envolvió con su brazo la cintura de Cho y se apegó aún más a ella, con la esperanza de sentir ese aroma a bugambilias en su cabello y percibir ese tironeo en su nuca cuando su lengua entrara a reconocer terreno en esa boca desconocida.
Pero la esperanza se esfumó cuando dimensionó que aquella que besaba no era Ginny, que sus labios no sabían a azúcar rubia y que jamás, jamás la volvería a tener entre sus brazos para besarla por última vez.
- No, lo siento- se excusó, soltando a Cho de golpe y saltando hacia atrás, sin atreverse a mirarla.
Ella abrió los ojos choqueada por aquel repentino cambio de situación y se sintió humillada, no entendiendo a qué se podía deber ese súbito arrepentimiento de él.
- Vete, Cho, por favor vete- le pidió Harry, haciéndose a un lado para dejarla pasar. No quería dar explicaciones... no quería cavar denuevo en aquella herida abierta que desangraba su corazón.
Cho Chang clavó sus ojos oscuros durante un mínimo momento en aquel hombre que miraba el suelo para no enfrentar sus preguntas, y sin esperar otro signo más de rechazo, otra muestra de lo patética que podía llegar a ser... se dirigió hacia la puerta con su cabeza lo más en alto que podía, aunque su ego y su amor propio estuviera muriendo dentro de ella.
OoOoOoO
No lo podía creer, era impresionante. Hace unas horas atrás su trabajo consistía en terminar de editar la entrevista hecha a Hannah Abbot, la subdelegada encargada de estudiar la nueva ley sobre el presupuesto para las obras públicas que el Ministerio había propuesto a principio de mes, y ahora estaba mudando sus libros, sus plumas, su helecho y hasta una gigantografía del Fenix de su pared para decorar el nuevo despacho en el cual ahora trabajaría.
Earl Reyne había cometido un fraude financiero inimaginable y el jefe, Theodore Nott, se había enterado... echando de inmediato a su empleado y ascendiendo a Luna como nueva editora de "El Profeta".
- ¿Aquí está bien, Señorita Lovegood?- le preguntó Alice, dejando el marco con la fotografía del ED sobre el nuevo escritorio de Luna, un hermoso mueble de vidrio que era tan largo como la mesa principal de una sala de conferencias.
Luna asintió y observó su nuevo despacho, más grande de lo que jamás pudiera haber imaginado. Su padre iba a estar muy orgulloso de ella, al igual que todos sus amigos... todos los amigos que le iban quedando.
Harry ya no era el de antes, ella lo sabía, y la ausencia de Ginny había aumentado la distancia entre ambos. Hermione tampoco andaba de lo más sociable, pasaba trabajando casi todo el día o, sino, estaba en su departamento junto a Oliver, el cual intentaba estar el máximo de tiempo con su esposa antes de que alguno de los dos tuviera que abandonar Londres por trabajo.
Ron era el que estaba más abierto a tomarse un café de vez en cuando, siempre en presencia de su novia Lavender, la cual era demasiado celosa para aceptar que su Won-won se juntara con otras mujeres... incluyéndola a ella y a Hermione. Y Neville siempre estaba ocupado con el colegio, sin tener mayor tiempo para salir de Hogwarts a excepción de las fiestas.
Sonrió nostálgica y se sentó en su nueva silla de cuero reclinable, admirando desde la ventana todo Londres extendiéndose hasta los confines del horizonte.
Se quedó ahí unos minutos, suspirando y apresiando la nueva vida que tendría con el nuevo puesto que iba a ocupar... hasta que una lechuza bulliciosa la desvió de sus pensamientos.
El ave dorada golpeó la ventana con fuerza, y extendió sus alas mostrando en su garra el sobre amarillo que tenía amarrado. Luna la observó y se puso de pie, dejando entrar a la lechuza que se detuvo sobre la mesa.
Desenrrolló el sobre que le era tan conocido, Theodore Nott usaba sobres amarillos para tratar con sus empleados, y leyó el pergamino con una enorme sonrisa en su rostro...
"Estimada Señorita Lovegood:
Espero que su nuevo puesto sea a la altura de todo el sacrificio que le ha supuesto el maravilloso trabajo hecho como Jefa del departamento de política, en el último par de años.
Lamento no poder estar ahí para felicitarla personalmente, pero mi salud me impide salir de mi hogar. De todas formas quiero que sepa que confío absolutamente en su labor y que espero que "El Profeta" crezca con usted al mando.
A pesar de sus nuevas atribuciones, espero que mantenga sus reportajes semanales que tanta popularidad y utilidad pública le han significado a la Comunidad Mágica. Es por eso que su próxima entrevista deberá ser a Draco Malfoy, el cual desempeñará un cargo importante en el Ministerio.
Deséandole lo mejor.
Theodore Nott."
Luna alzó una ceja y sonrió. Que Draco Malfoy entrara a trabajar al Ministerio de la nada, y justo después de que Hermione estuviera en aquella misión le parecía bastante inusual... Al día siguiente debería interrogar a la castaña, había un par de cosas que de seguro debería arreglar.
&
¿Y?.
Primer encuentro!!... Así que tendrán que viajar juntos nuestros protagonistas... ¿qué le espera a Hermione en aquel viaje?
Cho aún enamorada del niño que vivió... ¿qué es capaz de hacer una mujer despechada?, y OJO: una mujer INTELIGENTE despechada.
Luna como nueva Editora... deberá entrevistar a Malfoy y tendrá más cercanía a Nott, un papel importante desempeñará la rubia soñadora.
Espero sus comentarios... un besote!
Ember.
