Hola!

Muchas gracias por los reviews!!... Me encanta recibirlos!.

Aquí les dejo un chap nuevo de DT (así lo resumo xD), espero que les guste!

Los invito a que lean el minific que escribí de Lily y James "Pastel Soñado", está en mi perfil. También el primer capítulo está publicado en el BLOG PPC, al cual están todos invitados a entrar.

Esperándolos en la segunda estrella a la derecha.

Ember.

Capítulo VII: Limpiando impurezas

Recorría apurado los pasillos del Ministerio buscando con urgencia un baño abierto tan entrada la noche. Eso le pasaba por quedarse trabajando hasta tan tarde, tanto que finalmente se había quedado dormido en su asiento con su boca abierta babeando los papeles en su escritorio y la vela consumida sumiéndolo en una total oscuridad.

Sabía que por ahí había un baño, uno de aquellos baños desconocidos que estaban casi ocultos hasta para los trabajadores de los departamentos que habían por el lugar. Sonrió cuando vio la puerta de madera a su izquierda y entró sin dudar, rogando que no hubiera nadie ahí.

El espacio era reducido, donde con suerte habían dos cubículos y un lavamanos, que estaba adosado a la pared. Tironeó de una de las puertas con rudeza y se alivió al tan sólo ver el retrete frente a él.

Una vez terminó de hacer aquello que lo había tenido tan complicado durante sus buenos minutos, salió del cubículo y se lavó las manos, secándoselas en su ropa por la falta de toalla.

Tomó la perilla para salir y correr rumbo a su departamento donde su cama desordenada lo esperaba...

... pero un gimoteo lo hizo detenerse, y recién ahí se fijo en que el otro cubículo tenía la puerta semiabierta y que una mujer estaba sentada en el retrete, llorando con sus manos cubriendo su rostro.

Él no era bueno para consolar, nunca lo había sido y nunca lo sería, pero no podía dejar a esa mujer ahí, sobretodo cuando casi todo el ministerio se hallaba deshabitado y no era bueno andar rondando sola por ahí.

Así que devolvió sus pasos y se acercó a donde estaba ella, abriendo la puerta del cubículo para que lo pudiera ver.

- ¿Parkinson?- preguntó extrañado, fijandose en que aquel cabello oscuro se le hacía demasiado conocido.

Ella levantó la vista de a poco y mostró su rostro envuelto en tristeza y el moretón que cubría parte de su mejilla, muestra de algún golpe demasiado preciso para ser casualidad.

- Weasley...- murmuró ella en un hilo de voz casi inentendible, y denuevo las lágrimas volvieron a salir de sus ojos, como un maremoto que baña las costas del mar.

Ron dobló las rodillas y se puso a su altura, no sabiendo qué hacer frente a la situación, pero sintiendo una rabia tan grande que deseaba romperle la cara a golpes a quien fuera el causante de esa mancha en el hermoso rostro de la mujer.

- ¿Quién fue?- le preguntó, sin más rodeos, sin más palabras de consuelo que la ira que crispaba la voz en su garganta.

Pansy no respondió, y se secó las lágrimas con el dorso de su mano para escrutar con sus ojos pálidos la mirada de preocupación en el rostro de Ron.

- No importa...- le señaló- lo único importante es que tú me encontraste-.

Él no entendió a qué se refería ella con aquella frase, y tomó con nerviosismo la mano que descansaba sobre la falda de la mujer, acariciando levemente sus dedos delgados.

- Claro que importa, Parkinson. Un hombre jamás debe golpear a una mujer-.

- ¿Y quién dijo que fue un hombre?- le preguntó ella, cubriendo a su vez con la otra mano aquella con la que Ron acariciaba la suya.

Ron se extrañó por la respuesta, pero no fue capaz de responder de inmediato al sentir aquellas manos que lo envolvían.

- ¿Entonces fue una mujer?-.

Pansy sonrió, y Ron sintió una punzada de emoción al ver sus labios curvarse. Pero luego negó con la cabeza y sus ojos volvieron a oscurecerse.

¿Quién podría golpear a una mujer como Parkinson?, ¿quién podría ser tan imbécil para maltratar a una mujer tan hermosa como ella?... él podía ser muchas cosas, pero jamás se atrevería a tocarle un pelo a una mujer que fuera una décima parte de aquella que estaba frente a él.

- Dime quién fue- le demandó, volviendo a sentir odio hacia ese hombre imaginario- dime, para poder darle su merecido-.

Ella lo miró, sin pestañear siquiera para desconcentrar la intensidad de su mirada, y aprisionó con un poco más de fuerza la mano de Ron contra la suya.

- No, Weasley...- susurró, llevando una mano hacia la mejilla de él y rozandola con sus dedos hasta su mentón- no puedo-.

Él se sonrojó, como un adolescente, y se calló... demasiado ahogado en aquellos ojos azul claro como para poder hablar o actuar, de cualquier forma.

Pansy volvió a sonreír, divertida al parecer por la reacción infantil de Ronald, y curiosa por saber de qué otras formas él podía responder. Fue así que acercó un palmo su rostro al rostro del pelirrojo, percibiendo su respiración agitada y sus párpados pestañear con rapidez.

Ron sintió su corazón agitarse ante aquel movimiento. Ya la caricia le había producido una pequeña taquicardia, y el rostro de ella tan cerca no podía menos que provocarle un ataque completo al corazón. Sus ojos no podían despegarse de sus labios... de esos labios rosa, sedosos y llamativos... y él los quería, él quería probar aquellos labios, quería poder saciarse de ellos.

No tuvo tiempo para pensar o, mejor dicho, no quería pensar cuando decidió tomar por detrás de la nuca a Pansy y acercarla a él. Ladeo su rostro un poco para que calzaran... y la besó, sintiendo como se derretía ante aquel contacto.

Había besado a unas cuantas chicas a lo largo de su vida. No sólo a Hermione y a Lavender, sino a todas aquellas que se habían lanzado a sus pies después de la guerra y las tantas otras durante sus cuatro años de soltería. Pero nungún beso dado, ningún roce de labios podía compararse a aquel que estaba recibiendo en ese momento.

Su lengua acariciaba aquella boca majestuosa, cálida. La presión era delicada, pero apremiante... y el cortocircuito que sufrían sus pensamientos no podía ser casualidad, ¡era el mejor beso de su vida!.

Pansy se alejó, abriendo sus ojos claros y clavándolos en él, con una mirada seria. Ron la observó con sus pupilas iluminadas ante lo recién vivido... y no pudo aplacar su respiración agitada.

- Ya... ya es tarde- murmuró ella, poniéndose de pie y esperando a que Ron se levantara.

Él la imitó y quedó tan cerca de ella, que pudo ver la gota rebelde que aún bajaba por su mentón, la cual murió al caer al suelo.

- ¿Te acompaño a tu casa?- le preguntó, sabiendo que era muy tarde para que ella hiciera aquel camino sola.

Ella sonrió, con aquellas sonrisas que serían capaz de derretir cualquier capa de hielo que estuviera frente a ella, pero negó, sabiendo en qué podía terminar aquella vuelta a su hogar.

- No te preocupes, por redflu aparezco en la chimenea de mi sala- le explicó, haciéndose paso frente a él y produciendo el roce de sus cuerpos cuando salió del cubículo, donde él aún estaba.

Ron la miró, pensando que era tan tarde que posiblemente eso podía ser una ilusión. Pero le bastó que ella se acercara a él nuevamente, y que rozara sus labios por un segundo, para saber que era real... que aquello que había sucedido era verdad.

- Cuídate, Ronald- se despidió con su mano ya en la puerta- nos vemos...-.

... y ataviada en su túnica gris desapareció por el umbral de la puerta, dejando a Ron con su corazón acelerado... demasiado acelerado para poder dormir.

OoOoOoO

Cerró el libro con cansancio, dejando el marcador en la misma hoja donde lo había tomado hace una hora atrás.

No se podía concentrar en nada, su mente divagaba desde el pasado hacia el futuro... y en todas aquellas divagaciones se hallaba él. ¿Qué sucedía con ella?, ¿por qué se sentía tan débil, tan rendida?...

- Amor, ya es tarde- la llamó Oliver desde la cocina, donde estaba intentando preparar un chocolate caliente al más estilo muggle.

Hermione asintió y se puso de pie, dejando que la bata de algodón con la que andaba se arrastrara por el suelo al quedarle bastante grande.

Se asomó al umbral de la puerta de la cocina y sonrió ante la visión de un capitán de quiddith en boxers, con una camiseta blanca ensuciada por manchas de chocolate y con la mirada perdida en el calentador electrónico de agua... que aún admiraba como un niño admira un juguete nuevo.

- ¡Ésto es fantástico!- exclamó, una vez el calentador terminó su tarea- es mucho mejor que una cacerola en la chimenea...-.

La castaña rió ante aquel comentario y rodeó con sus delgados brazos la cintura de su esposo.

- No se te ocurra decirle eso a tu mamá- le recordó, besando la espalda de su esposo sobre la camiseta- que ahí se ocupará de invadir nuestro "departamento no mágico" de miles de productos de rebaja de Diagon Alley-.

Oliver acarició aquellas pequeñas manos que estaban sobre su vientre y llenó dos tazones con el agua caliente, la cual se volvió café al ser mezclada con el chocolate en polvo.

- Vamos a la cama- la invitó, tomando ambas tazas humeantes y siguiendo a su esposa rumbo a la alcoba.

Le quedaba una semana de total libertad antes de volver a los entrenamientos para el Mundial de Quiddith, que se celebraría ese año en Inglaterra. Lee Jordan, como encargado del departamento de deportes del Ministerio, había hecho todos los contactos para que aquel año Londres fuera la residencia de todas las estrellas del deporte... y aunque eso significaba un mayor trabajo para él, por ser el representante de un equipo tan importante como los Puddlemere United, por último podía estar cerca de su esposa y no dejarla sola durante tanto tiempo.

De todas formas esa semana que le quedaba deseaba aprovecharla, y por eso había pensado en una sorpresa que le quería tener a la castaña antes de empezar con el trabajo exesivo.

Dejó una taza en su mesa de noche, y la otra en la mesa de noche de Hermione, en la cual tuvo que hacer un espacio entre los cuatro libros que la cubrían.

- No te vas a acostar todo sucio...- le advirtió ella, deshaciéndose de la bata que cubría su cuerpo y mostrando la camisola blanca con la que solía dormir.

- ¿No?- le cuestionó él, acercándose a su esposa y abrazándola posesivamente por la cintura, besando su nariz y bajando de a poco hacia sus labios.

Besarla siempre le parecía fabuloso. Aún después de cuatro años de hacerlo, besarla siempre le resultaba algo mágico y nuevo. Era como si sus labios fueran adictivos, sugerentes... eran labios inocentes y juguetones que nunca fallaban en su responder.

Bajó su mano hacia el muslo de Hermione y se hundió aún más en ella, degustando el sabor de su boca y respirando el olor de sus cabellos, que incluso con la contaminación de Londres no perdía su aroma a fresa.

- Mira, tú...- le murmuró al separarse de ella- parece que también deberás cambiarte- y una sonrisa pícara invadió sus labios.

Hermione abrió los ojos tras aquel beso y vio como su camisola estaba manchada con chocolate. Sonrió ante el comentario de Oliver, que no perdían aquella picardía de los primeros meses de su matrimonio.

- Creo que deberemos hacer algo al respecto...- señaló él, tomando a la castaña de la camisola y con la clara intención de deshacerse de ella.

Hermione lo observó y se tensó, llevando rápidamente sus manos tiesas a sus lados y buscando alguna forma de zafarse... fue ahí que tomó una decisión, decisión que sería arriesgada, pero seguramente fabulosa.

Se volteó hacia el armario que había a un lado, sobre la pared, y de el sacó una de las pocas corbatas que Oliver tenía. Él la miró con la pasión desbordándose de sus ojos cafesosos y ya sabía que Hermione se proponía algo... algún juego peligroso.

- Te haré una invitación, pero con ciertas reglas...- le señaló, estirándose para rodear la nuca del hombre con la corbata y cubriendo sus ojos con ella- No puedes sacarte la corbata y me permitirás hacer todo lo que yo quiera, ¿de acuerdo?-.

Oliver lo pensó un segundo... lo de la corbata era nuevo, pero seguiría sin poder ver a su esposa cual Eva. De todas formas siempre podía hacer trampa, no en quiddith, pero sí en la cama...

- Está bien- respondió, y entrelazó la mano que su esposa le alcanzaba.

Hermione lo guió hacia el baño, una habitación cuadrada de cerámica blanca. La ducha era de aquellas pequeñas donde sólo cabrían ellos dos, y en vez de cortina el agua era detenida por una puerta de vidrio, idea de Oliver al momento de arreglar aquel antiguo departamento.

La castaña abrió las llaves de la ducha y percibió que la temperatura del agua fuera la ideal, por lo general más caliente que fría. Luego se acercó a su esposo y le desnudó el torso, levantando su camiseta por arriba de sus brazos y preocupándose que la corbata no se soltara tras aquel movimiento.

- Acompáñame...- le susurró, deshaciéndose a su vez de su propia camisola, mientras veía a su esposo desnudarse por completo, sonriendo ante la expectativa.

El vapor de agua empañaba el vidrio que había sobre el lavamanos, y los besos se confundían entre las caricias de ambos cuerpos, que se rozaban con frenesí y locura.

Oliver se dejaba besar, mientras las pequeñas manos de su esposa rozaban su cuello. El agua caía a chorros sobre sus cabezas, y el aroma de las sales minerales se mezclaban con aquel suave aroma a fresa y la envolvente esencia varonil de él.

Hermione dejó que Oliver moldeara sus caderas, apretando con sus manos su cintura y bajando hacia sus piernas... besando aquella boca tentadora. Pero pronto sus manos parecieron tomar un camino ascendente, volviendo tras sus pasos... hasta posarse sobre aquella maldita marca.

La castaña cerró los ojos ante ello y pareció volar, recordando otros dedos que la acariciaron y otros dientes que la mordieron, dejándole una cicatriz en su alma que jamás se podría borrar. Recordaba una toalla que la cubría en un baño ajeno, en aquella jaula dorada que tanto odió, pero que se transformó en el lugar más significativo para su vida...

Solía sentirse cansada, demasiado cansada para levantarse y moverse por aquella redonda habitación. Pero sabía que debía ponerse de pie, que debía alcanzar su vitalidad de antaño... y sobretodo debía volver a creer, volver a creer en algún mañana.

Era por eso que había decidido que ese día se bañaría, eliminaría las costras de sangre que aún estaban pegadas en su cabello y se alistaría para intentar escapar... porque ningún mortífago se podría atribuir haber matado a Hermione Granger.

El agua rodeaba su cuerpo desnudo, relajando cada uno de sus músculos que parecían respirar tras aquella terapia de agua caliente en la cual se hallaba sumergida. Y su cabello se sentía libre flotando sobre el agua, sin la sangre pegada a su nuca, ni ese hedor a orina y tóxicos que hace un tiempo sentía por su nariz.

Se relajó como hace tiempo no lo hacía, sintiendo como los poros de su piel se abrían y daban paso a la pureza, a aquella pureza que creía demasiado perdida.

Después de unos largos minutos... tan largos que pareció quedarse dormida con su rostro sudado por el vapor de agua caliente, se levantó, eliminando los restos de jabón que habían quedado alrededor de su ombligo. Se paró en el centro de la bañera y tomó la pequeña toalla blanca que colgaba junto a una percha, envolvió con ella su esqueleto delgado y lo ajustó a la altura de su pecho.

Salió de la bañera y sus pies tocaron la cerámica, que estaba húmeda por el ambiente de toda la habitación. Dobló su cuello hacia adelante y estrujó el cabello con sus manos, deshaciéndose del exceso de agua en el. Finalmente se irguió y enroscó toda su cabellera libre sobre su nuca, anudándola con su propio mechón de pelo.

Un gruñido proveniente de la puerta la hizo voltearse y sus mejillas ardieron ante la visión de su captor, Draco Malfoy, de pie tras ella.

El hombre estaba sin máscara que escondiera sus varoniles facciones. Sus ojos grises parecían brillar por la escena que contemplaba y su flequillo rubio intentaba ocultar aquel rostro aritocrático que no tenía en él las marcas de la guerra pasada. En su mano derecha llevaba el vaso con el líquido dorado, batiéndolo con cuidado sin dejar de observar a la castaña avergonzada frente a él.

- Granger...- murmuró.

Hermione sólo atinó a mirarlo, sintiendo como la toalla no era suficiente para esconder su desnudez de ese par de orbes que no dejaban de penetrarla. Sus manos le tiritaban alrededor de su cuerpo, y no tenía nada que decir, nada que decir ante la presencia de ese individuo.

Él sonrió ante la reacción que le produjo, ante aquellas mejillas arreboladas y ese temblor que percibió en las puntas de sus dedos. Le encataba poder producir eso en las mujeres, y cuando se trataba de su eterna enemiga... era aún mejor.

- Aquí está tu alimento...- le señaló, acercándose a ella y pasándole el vaso, admirando como los huesos de su clavícula sobresalían bajo su piel.

Ella asintió ante aquello y tomó el vaso con su pequeña mano, llevándoselo de inmediato a los labios...

- ¿Sabe bien?- le cuestionó él, acortando con un paso la distancia que los separaba... había algo que le llamaba la atención.

La castaña no le respondió y siguió bebiendo, como si la vida se le fuera en ello. Draco entonces la observó, y por su nariz un agradable aroma se entrometió, como si de pronto aquel aroma dulce fuera un elixir nunca antes probado.

El cuello de la castaña se veía delgado, grácil, incluso elegante con su cabello enmarañado tomado sobre su cabeza. Sus ojos mieles estaban cerrados mientras bebía el líquido dulzón y sus mejillas parecían sonrojarse a la vez que su cuerpo se veía disfrutando de aquel alimento, aquel líquido que le permitía sobrevivir.

Draco avanzó un paso más, siguiendo un impulso que lo llevaba a buscar de dónde provenía ese aroma que le llamaba la atención, aquel aroma que al parecer hace mucho tiempo había sentido... en el expreso a Hogwarts.

Su sonrisa ladeada se materializó en su rostro y su mano rozó el hombro de la mujer, la cual de inmediato soltó el vaso que estaba en su mano y saltó un paso hacia atrás... viéndose acorralada con la bañera tras su espalda.

El vidrio del vaso se trizó al caer sobre la cerámica, y miles de pequeños trozos cortantes cubrieron el piso del baño.

- ¿Qué quieres, Malfoy?- le preguntó, entre asustada y enojada, con su mentón bien en alto mostrándose atrevida.

Draco sonrió aún más y se acercó al oído de la castaña, sin tocarla con el resto de su cuerpo...

- ¿Desde cuándo te pongo tan nerviosa, Granger?-.

Hermione se sobresaltó y su sangre subió hacia sus mejillas, explotando como una rosa en flor. Lo odiaba, lo aborrecía con toda la fuerza de su alma; le temía, y no quería aceptar que aquel miedo la nublaba cuando estaba junto a él... pero, sobretodo eso, le atraía, porque no entendía qué podía pasar por su cabeza inteligente, qué podía sentir y pensar un mortífago tan cruel.

- No me pones nerviosa, Malfoy- le respondió desafiante- nada me pone nerviosa...-.

Draco emitió una leve risa arrastrada tras aquellas palabras, y acercó su nariz al cuello de la mujer. De inmediato ella pegó un respingo y su respiración pareció acelerarse, al igual que los ritmos de su inquieto corazón.

- Que inocente, Granger...- opinó él- demasiado inocente a veces- y sus labios acariciaron el cuello de la castaña, bajando hasta sus hombros.

- ¿Qué... qué haces?- interrogó Hermione, en un hilo de voz.

Él pareció sonreír una vez más, con sus labios pegados sobre el hombro de ella, y apenas modulando le respondió:

- Marcándote, porque eres mía... siempre serás de mi propiedad- le explicó, y clavó sus dientes en su hombro... saciándose con ello de aquel aroma, de aquel exquisito aroma...

... aunque en otra ocasión querría más, más de esa mujer, más de ese cuerpo desnudo, más de ese desafiante orgullo...

Y antes de que aquel impulso lo sobrepasara, y a sólo un segundo de apoderarse de su cintura y apegarla a él, se irguió rápidamente desviando su mirada... y se alejó como pudo de aquel baño evaporado, porque ella era su esclava, y él... él se aprovecharía de eso y la haría sufrir, la haría sufrir tanto como él había sufrido.

...

- ¿Amor?- la llamó Oliver, deteniéndose en su cuello, acariciando su espalda mojada- ¿pasó algo?-.

Hermione abrió los ojos y vio a su querido esposo, con su cabello mojado cayendó sobre su rostro. Se veía tan sexy y tan adorable a la vez, con aquellos músculos marcados y esa sonrisa en sus labios... expectante, con sus ojos cubiertos por una corbata empapada.

- Nada, sólo bésame- le pidió... y mordió el labio inferior de Oliver, haciéndolo gemir antes de reanudar lo que habían comenzado...

Pero Hermione tenía su mente lejos, muy lejos de ahí... y por segunda vez en su vida debía fingir, fingir que alcanzaba un orgasmo mientras hacía el amor...

&

Uffff!!..

Pobre Pansy!, ¿quién la habrá golpeado?, ¿alguna sospecha...?

Flashback!! :o!, ¿les gustó?... tantas penurias que sufrió nuestra castaña.

Oliver! que terrón de azúcar!... ¿deducirá que algo extraño sucede?

Un besote!

Ember