Hola!. Estoy algo apurada (corriendo a la U), pero les quería agradecer sus reviews... Me alegran el día!
Los invito a que lean mi minific de Lily x James (soy nueva en esa pareja) que se llama "Pastel soñado". Lo pueden encontrar en mi perfil!
También invitarlos a que se den una vuelta por el Blog peter pan complex. Que pronto habrá una sorpresa para todos los amantes de Lucius Malfoy (Papiiiito!! xD, ¿o suegrito?).
Desde nunca Jamás.
Ember.
Capítulo VIII: A puertas cerradas
- ¿Te ha dicho algo?- preguntó Harry, caminando lentamente hacia su oficina y con sus ojos clavados en el perfil de su amigo.
- Nada, pero tampoco he tenido mucho tiempo para hablar con ella- confesó Ron, mirando de un lado a otro el pasillo del ministerio, no fuera ser cosa que se encontrara con Parkinson por ahí.
- Que extraño... tenemos que saber qué más vió, algo en su informe para la Orden no me convence del todo- apuntó Harry, deteniéndose frente a la puerta de su despacho y empujándola hacia adentro.
Su despacho estaba oscuro, con las gruesas cortinas magentas cubriendo las ventanas y las llamas de la chimenea apagadas, sumiendo todo en un ambiente tétrico y desgarrador.
Ron prendió la chimenea con su varita, mientras Harry dejó un par de carpetas en su escritorio.
- ¿Quieres que yo hable con ella?- le preguntó Ron, calentando sus manos en el fuego... los días habían estado demasiado helados para su gusto.
Harry lo observó y asintió, él no tenía la fuerza suficiente para hablar con Hermione, aún no se sentía lo suficientemente listo para enfrentar a su amiga, aquella amiga que fue la última en ver a Ginny...
- Muy bien, hablaré con ella- señaló Ron- pero siempre fue más proclive a hablar contigo, siempre prefirió hablar contigo que conmigo-.
Harry lo volvió a mirar y sus ojos verdes destellaron durante un segundo.
- Lo sé, pero era porque yo era su amigo- le respondió- en aquella época, tú eras el chico que le gustaba-.
Ron sonrió ampliamente tras aquella aclaración... ¡Por Merlín! como había pasado el tiempo. Aún recordaba aquellos primeros años después de la guerra, cuando él y Hermione se volvieron novios. Jamás habían sido muy buenos juntos, y como novios no era la excepción... que bueno que sus sentimientos habían madurado y habían decidido ser amigos, sólo amigos.
- Está bien, yo hablaré con ella. Le diré a Lavender que la invitemos junto a Oliver a cenar.- decidió finalmente para no aproblemar a su amigo... Harry había cambiado mucho desde que Ginny ya no estaba con ellos, y sólo con él mantenía un poco del Harry de antes, del Harry que siempre había sido.
Un picoteó de la ventana interrumpió su conversación y Harry rodeó su escritorio hasta alcanzar la ventana. Corrió la cortina, dejando entrar el sol colado por las nubes de un nuevo amanecer en Londres y observó la gran lechuza cafesosa que picoteaba con autoridad el vidrio sucio.
Alzó una ceja, extrañado por aquella ave que jamás había visto- después de todo todos los mensajes oficiales le llegaban como memorandums- y abrió la ventana, dejando entrar a la lechuza.
Desenrrolló la nota de su garra y dejó que el ave se fuera, sin esperar un segundo más. Tomó el pergamino entre sus manos y lo comenzó a leer... abriendo ligeramente su boca con cada palabra que avanzaba.
- ¿Algo malo?- interrogó Ron, pendiente de la actitud de impresión de su amigo.
Harry elevó la vista hacia el rostro de Ron y rápidamente guardó el pergamino de su bolsillo.
- Me tengo que ir- señaló, cruzando todo el despacho rumbo a la puerta.
- ¿Qué?, ¿adónde?- le cuestionó Ron, sin entender qué podía ser tan urgente- ¿quieres que te acompañe?-.
Harry se detuvo un segundo frente a la puerta semi abierta, con su cabeza inclinada hacia el suelo y su varita asomándose en el bolsillo de su túnica.
- No, esto es algo que debo hacer solo...-.
Y sin decir nada más desapareció... desapareció tan rápido como si el mismo diablo se lo hubiera llevado.
OoOoOoO
Tomó un papel de la gran torre que había sobre su escritorio y leyó las primeras líneas. Era otra propuesta de los abogados de España para eliminar la ley de la barrera comercial de varitas... sí, tendía que hacer ese viaje pendiente a Madrid, la situación no podía seguir siendo pospuesta.
Firmó una carta de respuesta con aquella pluma plateada que Lucius le había regalado cuando entró a trabajar, jurando que con regalos caros iba a ganarse su aprobación. Y, aunque no le gustaba aceptarlo, esa pluma era increíble... algo bueno que tuviera Lucius Malfoy.
Llevaba dos horas sentada en la misma posición y sus piernas estaban dormidas, cruzada una sobre la otra. Necesitaba una taza de café para no quedarse dormida, un cortado con una sacarina y con un chorrito de leche descremada le haría volver en la realidad, y podría seguir con aquel trabajo atrasado que tenía.
Se levantó de su asiento y plisó las arrugas de la túnica negra que se había puesto. El día nublado no llamaba a usar colores alegres, y aunque muchos podían creer que parecía viuda por ese vestuario, a ella le gustaba el negro, le gustaba tanto que la mitad de su armario era de ese color.
Se acomodó su cabello desordenado detrás de su oreja y caminó rumbo a la puerta, donde pretendía pedirle a Elsa- su secretaria- que le preparara una taza de ese café instantáneo que compraba.
... Pero de golpe su puerta se abrió y su nariz casi se ve golpeada ante aquel movimiento.
- ¡¿Qué significa est...?!- comenzó a gritar cuando aún la puerta no le permitía observar quien interrumpía en su despacho sin tocar antes, mas una visión ataviada en un terno armani la hizo callar...
Draco Malfoy llevaba esa cínica sonrisa impresa en su rostro varonil. Su cabello engominado hacia atrás dejaba despejados sus fríos ojos grises, y el terno negro que llevaba, con aquella camisa negra también y una corbata plateada iluminando su pecho, lo hacía parecer un exquisito modelo de Calvin Klein.
Hermione retrocedió un paso por inercia, y de inmediato se tocó su hombro... recordando aquella escena que había visualizado el día anterior, en la ducha.
Draco no dejó pasar aquel gesto por alto y sus ojos se detuvieron en el hombro de la castaña, el cual estaba cubierto por los mechones de pelo que le caían desordenados hasta la altura de su codo.
- Señor Malfoy- saludó la castaña, sabiendo que probablemente su secretaria se hallaba a sólo unos pasos, escuchando.
- Señora Granger- respondió él, cerrando la puerta con suavidad y mostrando la taza de café que llevaba en su mano- tome, tenemos cosas que discutir- y le entregó la taza, con una sonrisa mal intencionada en sus labios delgados.
Hermione sintió como un deja vû aquella escena, recordando las muchas veces que Malfoy le había entragado el vaso con aquella extraña pócima... cuando aún estaba encerrada en su jaula de oro.
Impulsada por el recuerdo tomó el café que él le pasaba y se proponía a beberlo, cuando su racionalidad la detuvo y abrió la tapa de aquel café express... que contenía un líquido dorado en su interior.
- ¡¿Qué significa esto, Malfoy?!- le gritó, tirando el vaso de cartón entero a la chimenea encendida- No soy tan estúpida para caer denuevo-.
Él sonrió y se acercó un paso hacia ella, admirando lo bien que le quedaba el negro... lo bien que le quedaba parecer una viuda.
- ¿Estás de duelo, Granger?- le preguntó, sin elevar el tono de su voz- ¿Ya mataste al imbécil de Wood?-.
Hermione contrajo sus puños con fuerza y una rabia aplacó sus mejillas... A ella que le dijiera cualquier cosa, pero con Oliver no se metería.
- Cállate, Malfoy...- le murmuró con ira- no te atrevas a pronunciar su nombre siquiera, él es demasiado bueno para ti-.
Draco tensó su sonrisa por un segundo y sus ojos parecieron centellear por la respuesta que aquellas palabras habían causado en él... ¿qué se cree la sangre sucia?
Avanzó un solo paso desde donde estaba, tentado a sacar su varita y mandarle un cruciatus ahí mismo a la asquerosa esa, pero se contuvo, porque no era ni el minuto ni el lugar... ella estaba llamada a cumplir otra parte importante de su plan maestro.
- No te atrevas, Granger, no te atrevas a contradecirme- la amenazó- yo me meto con quien me dé la gana... y lo sabes-.
Hermione tiritó ante aquella última frase, sintiendo la impotencia de saberse débil, demasiado débil frente a él. ¿Qué le había hecho Draco Malfoy?, ¿qué le había hecho que ahora se sentía tan débil?
Ambos se miraban con odio puro emanando de sus ojos, se observaban en silencio... ocultando todas aquellas cosas que se querían decir, pero que podían llevar a una escaramuza terrible justo en ese despacho. Hermione tenía tantas cosas que preguntarle, tantas dudas que habían quedado en el aire al momento de escapar.
No caminó ni desvió su mirada, tenía miedo... aunque algo le decía que él no intentaría nada ahí, nada donde todo el mundo sabría que él fue el último en entrar a su oficina.
- Sal, Malfoy- le ordenó, llevando sus ojos mieles directo a sus ojos grises- sal ahora-.
Él seguía tenso, pero se permitió sonreír.
- No, Granger- la contradeció- recuerda que yo soy el que da las ordenes-.
Y caminó un paso más cerca de la castaña, un paso que junto a otro le permitió estar justo frente a ella.
¿Por qué siempre la provocaba?, ¿por qué no se limitaba a matarla, a deshacerse de ella y dejarla descansar en paz?... no entendía qué podía pasar por la cabeza de ese mortífago, de ese hombre que se veía tan turbado, tan malo y tan seguro de sí mismo.
- ¿Que mierda quieres, Malfoy?- le preguntó finalmente- ¿qué mierda quieres de mí?-.
Él la observó, clavando sus orbes grises en sus ojos miel. ¿Qué quería de ella?...
- De ti, nada- le respondió- porque ya eres mía, eres tan mía que no lo puedes soportar- y en un movimiento rápido rodeó con su brazo su cintura, apresándola, acercándola a él.
Hermione sintió como en sus mejillas explotaba un tanque de sangre contenida y su respiración se agitaba de pronto, demasiado mareada por tenerlo a él tan cerca de ella. ¿Qué pretendía con aquel movimiento?, ¿qué deseaba hacer mientras ella se derretía entre sus brazos?
Draco sonrió cuando sintió todo el peso del cuerpo de la castaña en sus extremidades, sabiendo que ella ya se estaba rindiendo, se estaba rindiendo a aquella fatal atracción que sentía hacia él.
- Sabes que me deseas, Granger- le murmuró muy cerca de su oído- me deseas tanto que sueñas conmigo todas las noches, todas las noches te humedeces sólo pensando en mí-.
Hermione mordió su labio tras aquella frase y cerró los ojos, sintiendo la respiración de Malfoy tan cerca de ella. Él despejó su cuello con su mano desocupada y acercó su nariz a el, inspirando el aroma que emanaba ese pedazo cálido de piel.
Lo deseaba, lo necesitaba y se odiaba por hacerlo. Quería que aquellos dientes la mordieran, que aquella mano la acariciara y la hiciera temblar. Rogaba porque él acariciara aquella marca como sólo él sabía hacerlo... gritar, gemir, enterrar sus uñas en su espalda hasta cansarse de hacerlo... quería más, mucho más.
La mano en su cintura la acercó a él, haciendo que ella encajara perfectamente en sus caderas. Era menuda, tan menuda que aún podía encajar su uniforme de Hogwarts en ella. Y eso le gustaba, le gustaba creer que era una niña pequeña que se agarraba a sus pies.
¡Por Merlín!, pensaba Hermione con su corazón demasiado agitado, ¿qué estoy haciendo?, es Malfoy... ¡Draco Malfoy!
Se sentía ajena, lejana a lo que sucedía. Su cuerpo no le respondía como su racionalidad quería responder, y sus labios buscaban un contacto, ese contacto que superara el roce de su boca contra su cuello.
Draco pareció leerle los pensamientos, como si la legeremancia con ella no tuviera dificultad alguna. Y alejó levemente sus labios de su cuello... acercándose peligrosamente a esos labios tentadores, más tentadores al emanar ese aroma tan propio de ella.
Sus labios rosas se abrieron hacia la expectativa de sentir los labios del rubio sobre los de ella, sabiendo que eso era lo que quería sentir, que ese contacto era el que necesitaba para volver a estar en una estado de catarsis suprema. Pero sus neuronas parecieron responderle de un momento a otro, y empujó al rubio, lo empujó con las pocas fuerzas que aún le quedaban.
- ¡Olvídalo, Malfoy, jamás podré besar al asesino de Ginny!- le gritó, escabulléndose de aquel brazo que la había tenido atrapada y acorralándose cerca de la ventana, lo más lejos de él posible.
Malfoy pareció despertar de un hechizo, estaba caliente, sí, así de claro. La sangre hervía dentro de sus venas y no iba a soportar que Granger lo desafiara... ella era de él, era de su propiedad... Granger era parte de sus bienes.
- ¿Asesino de Weasley?- interrogó, mandando un par de trancos que la llevaron justo frente a una Hermione que lo miraba con su cabello desordenado y su respiración demasiado agitada- A la única que maté fue a ti-.
Y eso dolió... dolió porque Hermione sabía que era verdad, que él la había matado... la había matado y la había vuelto su esclava, su maldita perra.
Con toda la rabia, con todo el orgullo atascado en su garganta, se dejó atrapar una vez más por aquellos brazos demandantes. Draco se aferró a su pequeña cintura y dio un paso más contra la pared, dejándola pegada a la misma con su cuerpo sobre el de ella.
- Y no intentes escaparte de nuevo... porque estas más pegada a mí de lo que piensas- la amenazó y con una mano sujetó su nuca con fuerza, acercándose a ella de una manera peligrosa... demasiado peligrosa...
... que fue interrumpida por un chillido de las bisagras, y alguien pareció entrar al despacho de Hermione Granger, la jefa del departamento de leyes internacionales del Ministerio... alguien que no entendía qué estaba sucediendo ahí.
OoOoOoO
Caminó por aquellas calles muggles en las cuales jamás había estado. Aquella carta le había parecido extraña, pero seguramente todo era aún más turbio de lo que se esperaba.
El sudor corría por su frente, y mechas negras se le pegaban sobre la cicatriz. Algo le decía que nada era casualidad y que esa carta recibida era una muestra de ello...
Llevaba su varita al interior de su bolsillo, asomada para ser tomada con mayor facilidad por si lo tomaban por sorpresa. Nunca había dejado de ser precavido cuando se trataba de la seguridad, sobretodo cuando aún era blanco de ataques débiles por parte de fanáticos "Pro sangre pura".
Dobló en una callejuela sucia donde unos basureros repletos de mierda eran el mayor ornamento, y siguió las indicaciones dadas hasta detenerse frente a una puerta de madera que se veía roída y vieja.
Aferró la varita con una mano segura y empujó de la puerta con cuidado, la cual cedió de inmediato a la fuerza puesta contra ella. Las bisagras chillaron ante aquel movimiento forzado, pero dieron paso al hombre que estaba en el umbral... observando atento tras sus gafas redondas.
Entró a un pasadillo oscuro y polvoriento, demasiado angosto para su gusto, tanto así que le recordaba a la pequeña habitación donde dormía bajo las escaleras de la casa de los Dursley. Hizo una mueca de asco ante aquel recuerdo y continuó su camino, sin fijarse en el decomural desgarrado a jirones de las paredes, ni en los restos de jarrones repartidos por el suelo.
El aire era pesado, atrancándose en sus pulmones... pero una luz al final del pasadillo lo hizo continuar, una luz y un ruido de una respiración tranquila.
No quiso hablar, no pretendía arriesgarse a ser sorprendido si es que todo era una trampa. Así que con varita en mano siguió avanzando... hasta llegar al umbral de una puerta semiabiera al final... una puerta donde algo absolutamente sorprendente lo esperaba.
Wow!.
Ya sabemos algo del pasado: Sí, Ron y Herms fueron novios, pero luego decidieron que ser amigos les venía mejor (y ahí apareció Oliver en la vida de la castaña)
¿Qué tal la escena Dramione?, ¿se sintió la tensión?. Espero, porque me costó un mundo parirla. :)... Herms acusa a Draco de ser el asesino de Ginny. ¿qué habrá escuchado o visto Hermione para hacer tal acusación?
Bueno, y finalmente: ¿Qué se esconde tras la puerta que ve Harry?, ¿extraño, no?
Espero sus comentarios.
besos!
Ember.
