Hola!. La verdad no hay mucho que decir.

Muchas gracias por sus reviews!...

Espero que disfruten este chap.

Ember.

Capítulo IX: Atracción Fatal

La puerta se abrió lentamente, provocando que una brisa helada golpeara la espalda de Draco en una esquina de la habitación.

Hermione abrió los ojos de golpe y tuvo miedo... tuvo miedo de que Oliver fuera quien en ese momento aparecía, sin decir nada frente a la situación.

Los corazones de ambos latieron al unísono y se miraron, sin decirse nada más.

- ... es por eso, Señora Granger, que no puede ir sola- comentó Draco, separándose con lentitud de la castaña y sonriendo galante, cambiando la actitud posesiva de un segundo atrás.

¿Qué intenta aparentar?, se preguntó la mujer aún tiesa, intentando observar quién había llegado a... interrumpirlos...

- ¿Ir dónde?- preguntó entonces una voz soñadora, tras la cual se cerró la puerta y Luna Lovegood caminó por el despacho.

Hermione sintió que su corazón volvía a latir, y se acomodó la túnica disimuladamente. Con Luna sería más fácil hablar, aunque a veces dudaba si es que realmente se creía las mentiras que uno le decía.

- Señorita Lovegood, ¡qué sorpresa!- Draco se dio media vuelta y le dirigió una espectacular sonrisa a la recién llegada- Mucho tiempo sin vernos.

Luna asintió y dejó que Draco estrechara su mano, admirando la mirada coqueta que él le dirigía. No por nada era de los conocidos casanovas del mundo mágico.

- Sí, muchísimo tiempo- respondió Luna- pero no has cambiado, sigues igual de rubio que siempre-.

Draco sonrió y asintió, en siete años sólo su atractivo había aumentado, pero ningún otro gran cambio se había producido en él.

Luna dejó las presentaciones y se sentó frente al escritorio de Hermione, la cual miraba hacia abajo avergonzada y muy preocupada en una pelusa que parecía estar pegada a su túnica.

- Herms, ¿y dónde te vas de viaje?- ¡Oh no!, no podía hablar del viaje, no podía decir que se iba con Draco a Paris.

- Eh... bueno, resulta que, ya sabes... las relaciones no estás óptimas, entonces- En una de esas si hablo mucho, se aburra y se vaya, pensaba la castaña.

Draco rió y se detuvo junto a Luna, admirando a una Hermione que aún no alzaba su vista del suelo.

- Hay que ir a Paris a arreglar un asunto con el Primer Ministro mágico de allá- respondió Draco finalmente- Y yo, por el nuevo puesto que detento, tengo el deber de acompañar a la Señora Granger-.

Luna miró a Hermione y sus ojos azules parecieron oscurecerse un poco. La castaña levantó la vista y entendió qué le quería decir su amiga con esa mirada... nada que pudiera significar estar junto a un Malfoy podía ser bueno.

- ¿Acompañarla a qué, específicamente?- Luna habló con ese tono distraído, como si no le importara la dura pregunta que estaba haciendo. Una de sus tantas armas a la hora de entrevistar.

Draco sonrió.

- Todos sabemos que aún hay mortífagos sueltos- dijo usando un tono delicado, sin inmutarse por lo que estaba diciendo- Y es por eso que no podemos dejar que un héroe como la Señora Granger ande sola por un país extranjero, sobretodo cuando cualquiera la podría engañar e intimidar- y fue tan sutil la forma en que dijo intimidar, que Hermione sintió un leve escalofrío subiendo por su espalda.

- Entonces, ¿no sería mejor que un auror la acompañara?- toda la faceta periodística de Luna salía a flote, volviendo su mirada hacia Draco quien le devolvía una sonrisa.

- No, no es muy bien visto que los funcionarios hagan sus viajes diplomáticos con aurores- y Hermione sabía que él tenía razón- porque es una forma de decir que el país al que vas no tiene seguridad suficiente, y los Franceces son especialmente quisiquillosos cuando se trata de su seguridad-.

Luna asintió, toda aquella información sería guardada en su memoria... Malfoy parecía sí haber cambiado, aunque sea un poco.

- ¿Tú la defenderás, en ese caso?-.

Hermione no pudo evitar mirar a Draco ante aquella interrogante de su amiga, sintiendo como su pecho se encogía y su respiración se detenía ante la respuesta. El rubio detuvo sus ojos grises en la castaña que lo miraba con un sublime pizca de terror, y su sonrisa se ensanchó en su rostro.

Después de todo, Draco Malfoy, defendería siempre aquello que le pertenecía.

- Claro que sí, recuerda que soy experto en magia oscura-.

Y nadie lo podía negar, sobretodo cuando la marca tenebrosa aún adornaba su brazo izquierdo...

- Señora Granger, el lunes partimos al alba. Debe estar aquí antes de las seis de la mañana- el rubio se dio media vuelta y caminó hacia la puerta- Damas, un gusto- y seguido por una pequeña inclinación de cabeza se marchó.

Hermione se quedó helada mirando la dirección por donde el rubio había desaparecido, demasiado anonadada con la fecha tan próxima del viaje. No sabía qué le diría a Oliver al respecto, pero algo debería idear.

Luna observó atenta la reacción de la castaña y se puso de pie para llamar su atención.

- Herms, ¿crees que puedas conseguirme una entrevista con Malfoy?-.

La aludida la observó y asintió, aún algo ida en sus pensamientos... en aquellos pensamientos que tenían una clara tonalidad gris...

OoOoOoO

Ya atardecía y aún estaba en su despacho intentando ordenar las ideas en su mente.

Él sabía que sería así, incluso antes de aceptar, ya sabía todo lo que estaba arriesgando, todo lo que debía poner en juego.

Tomó un sorbo del café amargo que humeaba desde el interior de su taza, y volvió a dejarla sobre el plato que posaba en su grandioso escritorio de raulí, escritorio que había pertenecido a su abuelo, Abraxas Malfoy, y que ahora le pertenecía a él.

Estaba algo cansado, algo aburrido y algo harto de aquel trabajo que debía desempeñar… trabajo que lo privaba de su exquisita libertad.

- Toc… toc…-.

El golpeteo en la puerta hizo que elevara la vista y un mechón rubio se posó sobre sus ojos.

- ¿Diga?- preguntó con su voz grave y gastada, observando la puerta oscura que estaba cruzando la gran alfombra persa que adornaba el piso de madera flotante.

- Soy yo- respondió una voz masculina, y se asomó el rostro de un hombre de tez negra, de impresionantes ojos azules que sonreía con picardía… como era lo usual en él.

Draco hizo un asentimiento de cabeza y esperó a que entrara.

Blaise Zabinni cerró la puerta tras él y colgó el abrigo gris que llevaba en el perchero que estaba junto a la puerta.

- ¿Día interesante?- preguntó el recién llegado, acercándose a su amigo que seguía sentado tras su escritorio con una mueca inexpresiva en su piel pálida- Ya veo, te ves bastante frustrado… ¿Granger tiene algo que ver?-.

Draco lo observó, sin poder evitar abrir sus rendijas grisáceas. Con un gesto de mano invitó a Blaise a sentarse frente a él, y se irguió derecho en su puesto, dejando sus manos sobre el escritorio.

- Ya sabes, la pócima… aún hace efecto- respondió, agravando aún más su voz.

Blaise sonrió y sacó algo de su bolsillo, viéndose encantado de lo que se proponía a hacer… siempre tan ocurrente, Blaise, siempre tan ocurrente, pensó.

- Creo, entonces, que mi regalo será más útil de lo que esperaba- le señaló, y le acercó una caja de cartón, sin borrar la sonrisa socarrona de su rostro.

Draco la tomó y, en vez de sonreír, frunció levemente el ceño… le molestaba que Blaise se lo tomara tan a la ligera, para él todo era una broma, siempre.

- ¿Lifestyle?- le cuestionó con un acento ácido- Estás proponiendo que me acueste con Granger- confirmó, no era para dudarlo.

Blaise asintió exageradamente y una risa silenciosa se escapó de su garganta.

- Draco, amigo… tú sabías que tanto la marca como la pócima tenían este "pequeño efecto secundario"- se encorvó un poco sobre el escritorio y murmuró- Ella se muere porque la folles, así como a ti te atrae mucho la idea de follarla también-.

El rubio arrugó el labio, pero no se pudo negar… la idea de follarse a Granger le sonaba demasiado tentadora.

- Amigo, creo que necesitarás esos preservativos… sobretodo si el viaje a Paris se acerca- aseguró, y sacó de una caja pequeña que había sobre el escritorio uno de aquellos puros caros que a Draco le gustaba ofrecer. Le cortó la punta y lo prendió de inmediato.

- ¿Cómo te enteraste del viaje a Paris?- lo interrogó, cuando por fin sus pensamientos le permitieron articular palabra, alejando la imagen de Granger sólo con una pequeña tanga, de su cabeza.

- Tengo mis contactos- se jactó Blaise, dirigiendo su vista hacia la puerta.

… Claro, Jenny, la secretaria actual de su padre, otra de las tantas amantes escondidas del millonario empresario Blaise Zabinni.

- Pero, como te decía, deberías follártela lo antes posible- continuó Blaise, emanando una bocanada de humo de sus labios gruesos- tú sabes que la atracción es un efecto de la marca, ella no…-.

Draco volvió a asentir, la idea le parecía cada vez más agradable… demasiado sugerente.

- … y esa es tu mayor arma- sentenció Blaise, mirando a su amigo directo a los ojos- Draco, de hecho me sorprende que lleves dos días trabajando en el mismo edificio y que aún no hayas inaugurado el escritorio de Granger… varias veces-.

El rubio sonrió y emitió una leve carcajada. Recordó como estuvo apunto de tomarla aquella misma mañana y saciar su deseo, saciar esa sed de su cuerpo… hasta que Lovegood los interrumpió.

- Pero es Granger, sangresucia Granger-.

Blaise lo miró y sus ojos azules se entornaron hacia el cielo. Draco no quería entender, no podía entender aquella realidad ineludible.

- Amigo, eso lo hace aún más interesante- le susurró- imagínate lo excitante que será follarse a una inmunda como Granger… una y otra vez. Evoca la imagen de Granger gimiendo bajo tu cuerpo con sus piernas rodeando tus caderas, pidiendo más. La sangresucia con el cabello todavía más desordenado rogando que la tomes y hagas lo que quieras con ella… sin detenerte-.

Draco sintió como la sangre se le revolvía en su interior, imaginando todo lo que su amigo le relataba.

- Blaise, te aseguro que con una vez será suficiente, con una vez nunca más me podrá olvidar-.

La mirada de Draco brillaba repleta de lujuria, esa sofocante lujuria que se atascaba en su garganta. Su mente podía ver a Hermione bajo él, gimoteando su nombre entre suspiros, rogando, exigiendo…

- No, Draco- contradijo Blaise, volviendo a calar su puro- Debes acosarla, tomarla, hacerla tuya hasta que te asquees. Debes lograr que ella se sienta tan abochornada, tan avergonzada de haber engañado a su queridito Wood que sólo pueda dirigirse a ti… que tú pases a ser su único salvador contra la terrible humillación- los ojos de Blaise se tornaron perversos, con una sonrisa maldita en sus labios.

Draco también sonrió y tomó la caja de cartón para guardarla dentro de su bolsillo. Su corazón latía rápido de sólo pensar en su plan, y tanto él como su amigo se observaban… se miraban sabiéndose vencedores de antemano.

- Paris es una excelente oportunidad para que te aproveches de esa vulnerabilidad que ella siente hacia ti, esa debilidad que no entiende- Blaise se puso de pie, y caminó hacia la puerta para irse- aprovéchala-.

Draco observó como descolgaba su abrigo y se lo ponía con cuidado, preocupándose de verse perfecto para cuando Jenny lo viera salir.

- Lo haré, Blaise- le contestó- tú sabes que los Malfoy nunca somos derrotados- y sonrió… con una lujuriosa mirada proyectándose de sus ojos grises.

OoOoOoO

Sus ojos verde esmeralda se abrieron una y otra vez antes de convencerse de que lo que estaba frente a sus ojos no era una ilusión maravillosa e imposible. Parecía sacada de uno de esos tantos sueños esperanzadores que le daban en un principio, cuando Ginny recién había desaparecido. Sueños en donde veía a la mujer de su vida entrar por la puerta del departamento que compartían, y ella le sonreía y lo besaba... porque lo amaba igual que aquel primer día que lo vio en la estación 9 3/4 de King Cross.

Un tiritón de sus manos hizo que la varita casi cayera al suelo. Pero con su ágil movimiento la volvió a tomar, y caminó un paso dentro de esa habitación empolvada y pequeña donde ella yacía, tan quieta, tan pálida, tan benditamente real.

Dio un salto y quedó junto al armazón de madera, observando aquel rostro lozano, ahora esquelético, que tenía la piel pegada al hueso. Sus pómulos sobresalían entre aquella delgadez enferma y su pelo pelirrojo no brillaba como lo solía hacer... pero era ella, su chica, su mujer.

Con un gesto algo torpe dobló las rodillas, quedando a la misma altura de Ginny que reposaba con su respiración pasiva sobre la cama. Sin estar seguro se atrevió a tomar una de sus pequeñas manos que descansaba sobre aquel pecho hundido, y la besó, besó y acaricio esa mano que seguía emanando ese maravilloso aroma a bugambilias.

No podía creerlo, era verdad... ¡Ginny estaba viva!.

Sus ojos verdes se humedecieron ante aquella exquisita sensación, dejándose embriagar por el alivio que significaba verla ahí, real y presente frente a él. Su vida ahora cobraba de nuevo un iluminado significado, y debía ser fuerte, sonreír y agradecer al destino por una segunda oportunidad.

Enjuagó sus lágrimas con la manga de su camisa, y limpió sus lentes empañados para poder ver. Ahora debía concentrarse en sacarla de ahí con cuidado. Debía estar listo por si alguna amenaza quería quitársela otra vez.

Se levantó y la abrazó por la cintura, esa estrecha cintura que tanto había deseado volver a rodear. Tomó la roída sábana que decoraba la cama vieja y la envolvió con ella, evitando que el frío de afuera le pudiera hacer mal.

Ginny posó su mejilla pecosa aún inconsciente sobre su pecho, respirando sobre la camisa azulina que él llevaba puesta. Y Harry percibió el latir de su corazón ante ese contacto, a pesar de que ella no fuera racional, de que no estuviera despierta y, menos aún, de que comprediera lo que su simple roce podía ocasionarle.

Se irguió con ella en brazo, y posó sus labios sobre la frente cubierta de mechones anaranjados.

- Nunca más permitiré que te alejen de mí, Ginny- le murmuró con la varita lista en su mano- Lo juro-.

&

Ufff, estuvo cerca... ¿Luna sospechará algo?. Y el viaje se acerca... van a Paris, el lunes por la mañana (y según mis cálculos ese día es viernes xD!)

¿Qué tal la conversación entre Draco y Blaise?. A mí me encantó escribirla (y según opiniones que recojí, me salió muy fiel a una conversación entre amigos)... Ya entendemos el poder de la marca y de aquella poción que Herms tomaba...

Asi que es una atracción fatal la que tiene la parejita.. ¿qué consecuencias traerá la pasión?

Y... Apareció Ginny!... que felicidad...!, ya veremos qué le sucedió a la pelirroja.

Un besote

Ember