Hola!! ¿qué tal?.

Me costó un mundo parir este chap, tanto así que ya tengo el que sigue liiisto (y se viene muy, pero muy bueno xD).

Los quiero invitar a que se metan al Blog PPC, ya saben :). Y a que lean mis otras historias, "Huelga contra Cúpido", en donde Karix7 se ha transformado en la productora (y ya se viene el chap 2) y un one shoot de la pareja Harry-Hermione, que se llama "Delirio y Muerte".

Muchas gracias por los reviews. A las lectoras que ya me leían y a las que se han sumado.

Un beso desde Nunca Jamás. (y contando los días para las vacaciones)

Ember.

Capítulo XI: Reconciliación

Ya era hora. Sabía que tarde o temprano lo debía enfrentar, y ahora que Ginny había aparecido... era el momento idóneo para hacerlo.

Después de ducharse y despedirse de Oliver, que leía la sección de deportes de "El Profeta" con suma atención, se apareció afuera del departamento de Harry. Ahora no contaba con la confianza suficiente para aparecerse dentro.

Iba vestida informal, con uno de aquellos pantalones muggles que tanto le gustaban a su esposo y una blusa negra bajo el grueso jearsey gris. Tocó la puerta con una de sus pequeñas manos, y esperó ansiosa que alguien le abriera bajo el frío de la temporada.

Pronto se escucharon unos pasos acercarse desde el otro lado y una voz que reconoció enseguida, preguntó:

- ¿Quién es?-.

- Soy yo, soy...-.

- Hermione- cortó la voz de inmediato, y la puerta fue abierta, mostrando al hombre que estaba tras ella.

Harry se veía fatal, con una ojeras marcadas tras las gafas y el cabello más desordenado que de costumbre. Su piel se veía algo más pálida y la ropa que llevaba era la misma que había usado el día anterior. Sin embargo algo había de distinto en todo su semblante, una diferencia que no era la más obvia para cualquiera que lo pudiera ver, excepto para ella.

Los ojos verdes de Harry habían vuelto a brillar... y volvían a tener vida, como antes.

- Pasa- la invitó, corriéndose a un lado para dejarla pasar, y avanzó por el vestíbulo hacia el interior.

El departamento de los Potter era más pequeño de lo que la gente solía pensar. Tanto Harry como Ginny eran personas sencillas, y habían decidido vivir en un lugar sólo para dos antes de decidirse a tener hijos. Era por lo cual aquel departamento se había convertido en el hogar perfecto para ellos.

Hermione cruzó el estrecho vastíbulo y siguió a Harry hacia el dormitorio donde Ginny debía estar. Por lo que logró vislumbrar Ron dormía a boca abierta en la Sala, y seguramente su amigo no lo quería despertar.

Una vez alcanzó la puerta que la separaba de aquella amiga que había creído muerta, su corazón expectante comenzó a latir a mayor velocidad, mas la mirada que Harry le envió antes de entrar le dio la fortaleza suficiente para calmarse... justo cuando abrió la puerta.

- No te preocupes, no se despierta ni con los chillidos de Pig- dijo Harry, sentándose en la misma silla que aún seguía junto a la cama.

Pero Hermione no lo escuchó... sus ojos estaban concentrados en otra cosa.

Ginny se veía tan pálida, tan delgada, tan muerta sobre la cama matrimonial en la que descansaba. Le recordaba mucho a ella misma cuando despertó en San Mungo, después de escapar de su secuestro. Su cabello rojizo se veía opaco desparramado sobre la almohada y las pecas eran lo único que le daba un leve tono a su cara.

Se acercó a su amiga y le tomó una mano, la misma mano que Harry había tenido tomada durante casi toda la noche. Sonrió... con nostalgía, mas la leve humedad de sus ojos miel denotaba esa mezcla de emociones que sentía.

- Angelina dijo que estará bien- le comentó Harry, sin apartar sus ojos del rostro de la pelirroja- Al parecer no recibió heridas, a diferencia de ti-.

Hermione asintió, y por inercia llevó una mano hacia su abdomen, donde aún habían rastros de aquellos serios golpes que había recibido... hace un año atrás.

Harry elevó su mirada y la posó sobre la castaña que parecía perdida entre sus recuerdos, y por su gesto pudo deducir que seguramente eran poco agradables.

- Hermione...- su voz sonó algo forzada, conteniendo todas las cosas que deseaba decir. La aludida volteó su cara hacia él, y pudo percibir que el momento que tanto añoraba se acercaba- yo, lo siento- murmuró.

Lágrimas rebeldes se escaparon de su lagrimal, y sin contenerse soltó la mano de Ginny y se dejó caer en los brazos de Harry, aquellos brazos que una y mil veces la habían estrechado y que siempre le había parecido tan reconfortantes. Su amigo del alma, su compañero de aventuras, el chico que le había demostrado que la verdadera amistad entre hombre y mujer existía... estaba ahí, para volver a abrazarla una vez más.

Desde que había despertado en San Mungo había preguntado por él, le parecía muy extraño que Harry fuera el único que no la había ido a visitar una vez recobró la consciencia. Después, cuando llegó a su casa, aún seguía preguntándole a Oliver dónde estaba Harry, por qué no iba a verla... pero sus preguntas no eran respondidas y todos se hacían los locos cuando ella las hacía...

Sólo cuando volvió a trabajar supo la verdad: que Harry la había estado evitando todo ese tiempo. Pero el porqué no era lo suficientemente claro...

- También lo siento, Harry- murmuró la castaña hundiendo su rostro en el cuello de su amigo y bañándolo en las lágrimas que había contenido durante tantos meses- pero, ¿por qué, Harry?, ¿por qué me evitabas?-.

Harry tomó ambas manos con las que Hermione lo rodeaba, y buscó su rostro escondido entre aquel pelo enmarañado. Sus ojos verdes también estaba humedecidos por la emoción, y una clara muestra de alivio expiraba de su leve sonrisa.

- Porque tenía rabia, Herms- le explicó, mirándola con sinceridad- porque pensaba que me habías fallado, me habías fallado al no proteger a Ginny como te lo pedí, ¿recuerdas?-.

Hermione asintió, y presionó sus pequeñas manos entre los puños de Harry.

- Te fallé, Harry- confirmó- No fui capaz de cuidarla como tanto me lo pediste-.

Pero el hombre negó ante sus palabras, y sonrió con sus mejillas surcadas por gotas saladas y cristalinas.

- No, Herms, yo te fallé a ti- su voz tiritaba, como la de un pequeño niño con miedo- Tú eres mi amiga, y me hundí tanto en mi propio dolor que no fui capaz de preocuparme por ti después de toda la experiancia traumática que viviste-.

Sus miradas se cruzaron, y ambos lloraban con una sonrisa en sus labios... aquel momento que tanto habían esperado estaba ahí, para ser vivido por ellos como lo habían deseado. Harry acarició el rostro de su amiga, y sintió el remordimiento de haberla dejado sufrir, de haberla alejado y dejado sola en su recuperación.

- Lo siento tanto, Herms...- volvió a murmurar, algo más tranquilo...- Sólo espero, que después de todo, sigas siendo mi amiga. No me gustaría perderte-.

La mujer asintió, sonriendo con aquella perfecta sonrisa que tanto cuidaba. Aunque aquellos espasmos tiritones del llanto contenido durante meses, aún convulsionaban su cuerpo. Harry la estrechó contra sí y se acercó a su oído... todavía había algo que no le había revelado, y necesitaba decírselo para que ella comprendiera, en parte, el porqué de su estúpida reacción.

- Si fui tan imbécil para enojarme así- le susurró, sintiendo como ella se calmaba entre sus brazos- Hermione, es porque Ginny estaba embarazada cuando fueron a la misión...-.

La castaña se alejó de inmediato de sus brazos, y dirigió una elocuente mirada al abdomen de Ginny, que estaba aún más plano de lo que solía ser. Harry agachó la cabeza sin responder fente a la reacción de su amiga, pero cuando sintió las pequeñas manos de Hermione tomando las suyas, su careta de dolor fue obvia en sus ojos.

- Harry... yo, yo...- No sabía qué decir, no había nada que ella pudiera decir para reconfontarlo.

Él asintió, sabiendo que ninguna palabra podía curar aquella cicatriz de un hijo perdido. Y elevó su vista hacia su amiga, sabiendo que ella le seguía siendo fiel, y que lo seguía queriendo... a pesar de todo.

- Lo sé, Herms, no te preocupes- volvía a cobrar fuerza en su voz, una vez confesado aquel secreto un gran peso desaparecía de su alma- Lo importante ahora es cuidar a Ginny, y que nosotros... nos pongamos al día en nuestras vidas-.

Hermione sonrió.

- Si- respondió- Desde ahora, Harry, volvemos a ser el "trío dorado"-.

OoOoOoO

Hacía tanto o más frío que el resto de los días, pero para ella el clima parecía estúpidamente primaveral. Ni se fijaba en las gruesas bufandas que rodeaban los cuellos de los transeúntes, y menos aún en los abrigos largos con los que se cubrían para evitar agarrar un resfriado.

Entró al edificio de "El Profeta" con una sonrisa que era bastante típica en ella, aunque ahora tenía un motivo mucho más real.

- Buenos días, señorita Lovegood- la saludaban al pasar. Ahora que era editora ya nadie le hacía la desconocida.

Avanzó por el hall principal y subió el ascensor hacia las oficinas de los pisos superiores, llegando finalmente al piso de los encargados de las distitas secciones, donde estaba su lujosa, enorme y nueva oficina.

Frente a su imponente doble puerta estaba el escritorio de Alice, su secretaria. La muchachita le sonrió a su jefa y le entregó una alta torre de papeles.

- Estos me los dejó la secretaria del Señor Reyne- Le señaló, refiriéndose al antiguo editor- Ahí están todas las facturas, transacciones y datos acerca de los negocios mal hechos por "El Profeta" a lo largo de estos últimos tres años-.

Luna arrugó su boca y tomó la torre con sus manos. Aquello de sacar cuentas nunca le había gustado, pero alguien debía hacerlo, ¿o no?.

Alice le abrió la puerta y ella entró a su despacho, dejando la torre de papeles sobre la mesa de vidrio que había al final. Abrió las cortinas dejando entrar el tímido sol que se colaba por las nubes negruscas y se sentó de lo más cómoda en su silla de cuero.

Comenzó por el primer papel de los muchos que debía revisar. Aquel día debía organizar todo el movimiento del diario, sin importar que fuera un fin de semana. Su labor de editora se la había tomado más en serio de lo que los curiosos habían comenzado a decir... muchos de los cuales no conocían lo perseverante que podía ser Luna Lovegood.

Entre papeles y papeles más números se sumaban. Los giros bancarios hechos por el ex editor eran impresionantes, y la malversación de fondos era demasiado obvia para cualquier contador decente que se fijara apenas en las cifras finales de cada informe mensual.

Sus cejas rubias se juntaron sobre su nariz, y sus manos estaban todas manchadas en tinta mientras calculaba y calculaba qué había sucedido y qué debía hacer con todo ese desorden financiero.

Y entres suma y suma había llegando a una sola conclusión: debía comunicarse con Theodore Nott, lo antes posible.

Sacó una hoja de pergamino en blanco, con la nueva reseña que tenía su nombre al final, llamándola editora del diario. Tomó entre sus dedos aquella pluma que había estado usando, y con la maestría que había adquirido después de tantos años de dedicarse a escribir, anotó:

"Señor Nott"... no, muy frío, pensó."Estimado Theo...", no lo conozco, cómo podría estimarlo. ¡Ya sé!...

"Jefe:

Estoy sacando los calculos de los giros del diario, y debo decirle que están tan engorrosos que creo que necesitaré de su ayuda para lograr poner el diario al día.

Esperando una pronta respuesta (ojalá con fecha y hora de la futura reunión).

Luna Lovegood."

Sonrió satisfecha de su nota, ni tan formal, ni tan casual. Y la envolvió con uno de los típicos sobre amarillos... después de enviarla sólo esperaba la respuesta...

¡Por Merlín!, conocería a su jefe.

OoOoOoO

Estaba demasiado nervioso, revolviendo descuidado su ya frío café. ¿Por qué se demoraba tanto?, se preguntaba, sentado en una esquina de aquel pequeño lugar.

Se había despertado más temprano de lo usual, esmerándose en verse presentable para la reunión que había fijado tan solo el día anterior. No sólo buscó una camisa que no estuviera sucia, como las que regaban su departamento, sino que hasta se preocupó de echarse un poco de perfume antes de salir.

El café en el que estaba era de sumo acogedor. Con cortinas blancas bordadas en las ventanas y mesitas para dos personas que le recordaban a aquellas visitas que a veces hacía con su padre a anticuarios muggles, y que por lo general terminaban demasiado mal.

La puerta del local se abrió y su cita lo divisó desde la puerta, caminando hacia él.

Angelina había cambiado en los últimos siete años que no se habían visto. Su cuerpo había adoptado aquellas caderas propias de mujer, distante al de la chica que jugaba quidditch para el equipo de Gryffindor. Su cabello ahora lo llevaba más corto, sobre sus hombros, y su maquillaje en los labios, un tono ciruela que contrastaba con el blanco esmalte de sus dientes, le daban un semblante de joven adulta que provocaba que muchos magos se voltearan a mirarla en los pasillos de San Mungo.

Se acercó a la mesa que él ocupaba y dejó el mismo bolso de cuero a un lado, siempre lista por si salía trabajo.

- Buenos días, George- lo saludó, sonriendo y sentándose frente a él.

- Buenos- respondió- ¿dormiste bien?-.

Ella asintió. Y luego se volteó para hacerle un gesto a la muchacha que estaba tomando las órdenes.

- Buenos días, ¿les traigo la carta?- preguntó una muchachita de unos veinte años, con un adorable vestido azulino que la hacía ver aún más pequeña de lo que debía ser.

- No es necesario- señaló Angelina- yo quiero un chocolate caliente-.

- Que sean dos- respondió el pelirrojo, y esperó que la mesera se alejara antes de reanudar la conversación- Angelina, muchas gracias por ir ayer. De seguro Harry te avisó bastante tarde, y tú apareciste de inmediato-.

La medimaga sonrió, pero con aquellas sonrisas nostálgicas que escondían un gran peso en ellas.

- Era lo mínimo que podía hacer- confesó, con sus ojos oscuros tenuemente acuosos- Después de todo... ustedes fueron como mi segunda familia-.

George cerró lo ojos tras aquellas palabras y buscó sobre la mesa las manos de Angelina, tomándolas y acariciándolas con las suyas, levantando su mirada y observándola con una tímida sonrisa.

- De todas formas, Angelina. Muchas gracias-.

Ella asintió, y acarició a su vez la mano de George que apreseaba la suya.

Verlo se le hacía difícil, más difícil de lo que había querido creer... ¡Era tan igual a Fred!, y aunque era algo que sonaba demasiado lógico para cualquiera, para ella significaba la ilusa realidad de tener a su antiguo novio vivo, sentado frente a ella.

Si bien George tenía la voz un poco más grave, y siempre había sido algo más serio que Fred, siendo el cable a tierra de ambos. Físicamente tenía la misma sonrisa, las mismas pecas, los mismo ojos que brillaban con mal intención cuando ideaban una broma. Ella había conocido bastante bien a los dos... y sabía que uno era el reflejo del otro.

- Me alegro que Ginny esté bien- comentó Angelina, soltando la mano del pelirrojo y sonriendo nerviosa- De hecho iré a verla en un rato más, por eso traje el bolso conmigo-.

Él asintió, y se enderezó en la silla.

- Sí, yo también me pasaré por ahí. No creo que Ron sea de mucha ayuda en un caso como este, jamás ha sido muy paciente-.

Ambos rieron tras aquel comentario, recordando viejos tiempos, cuando Angelina iba a la Madriguera a visitarlos durante uno que otro verano después de Hogwarts.

Podían reírse con naturalidad, tal como los viejos amigos suelen hacer. Ambos compartían la tristeza de perder a un ser querido, ambos sabían cómo era que la mitad de tu alma se hubiera ido...

Angelina había visto a su alma gemela partir, muerto tras una estúpida ¡Bombarda!. No podía olvidar el yaciente cuerpo de Fred cuando lo vio volar por los aires y aterrizar a unos pasos de ellas, en la fría piedra de los suelos de Hogwarts. Sólo ella había sido testigo de la muerte del chico, ella y el estúpido mortífago que había lanzado el hechizo.

George pudo percibir, por la mirada moribunda de Angelina, que seguramente pensaba en aquel día, aquel fatídico día que tanto había cambiado sus vidas. Después de todo no importaba cuánto tiempo pasara, cuántas cosas hiciera, en cuántos proyectos se involucrara... su memoria siempre volvía, una y otra vez, a su hermano gemelo... a su amado Fred.

Sus miradas se cruzaron en una muda comprensión, sabiendo que no había necesidad de manifestar lo que sentían, porque ambos seguían con esa pena onda en el alma...

... una tristeza que sólo se podría sanar con amor.

&

Ok!.

Sé que no hay dramione, pero el otro capítulo está repleto.

Cosas importantes: Tal como mi querida Jos adivinó, Ginny embarazada, ¿qué tal?. Por eso Harry reaccionó como lo hizo. Aparte se reitera que Hermione estuvo muy herida al vovler del secuestro, ¿qué le habrá pasado?.

Luna conocerá a Theo, ¿qué creen?, ¿logrará la rubia conocer a su jefe?.

Y bueno... ¿qué decir?. Adoro a George, y me agrada bastante Angelina ¿habrá chance entre ellos?.

Esperando sus comentarios (y prometiendo que el próximo capítulo será muuucho más largo)

Ember.