Hola!. ¿cómo están?.
Disculpen por no actualizar, pero mis musas se fueron a dar vueltas a no sé donde. A pesar que tengo claro todo lo que debe suceder de aquí a unos buenos capitulos más, no he podido escribirlo... Pero tengo la esperanza de que la inspiración llegue y pueda escribir un par de chaps antes de que terminen las vacaciones.
Les recuerdo que se pasen por el Desafío PPC en mi perfil "De soles, estrellas y cartas astrales". Se viene interesante. Y que paseen por la nueva historia de mi querida amiga Emma.Zunz. Un Oliver- Katie de lujo (amo a Oliver, lo amo).
Un besote y agradeciendo todos sus reviews (Me encantan!)
Ember.
Capítulo XIII: Umbral
A pesar de que la orientación en las calles muggles nunca habían sido su fuerte, Ron había llegado antes de lo previsto al café en el cual lo habían citado.
Estaba nervioso, debía reconocerlo. Hace días que Pansy Parkinson revoloteaba por su cabeza, y por más ocupado que había estado, ella aún aparecía en sus recuerdos… una y otra vez.
Tomó asiento en una mesa alejada, fijándose como no había ninguna persona conocida en todo el local. Dejó su chaqueta a un lado y se deshizo de la bufanda que llevaba enrollada alrededor de su cuello, el calor de la cafetería era más que suficiente para mantener su temperatura corporal.
Pronto se acercó un joven que se parecía mucho al Neville de dieciocho años. No era ni gordo ni flaco, su cabello oscuro tapaba sus ojos y a Ron le daba la impresión que cualquier cosa que tomara con sus manos se iba a romper.
- ¿Desea la carta o ya sabe qué ordenará?- le preguntó, con un tono algo nervioso.
El pelirrojo se fijó en la inseguridad que emanaba todo su lenguaje corporal, como si fuera demasiado latente que jamás había hecho algo bien en su vida. Arrugó el ceño sin saber si pedir algo o no, sería vergonzoso decir que esperaba a alguien… y que ella no llegara.
- Un café expreso, sin azúcar- se decidió finalmente y sonrió, intentando infundirle seguridad al joven mesero. Que mala podía ser la baja autoestima cuando aún no se tenían ni veinte años de edad.
El local se veía sobrio, elegante. Todo en tonos verdes y pastel, le recordaba demasiado a la decoración propia de la Sala Común de Slytherin, cuando se había colado en ella con Harry en segundo año.
A veces extrañaba Hogwarts, debía admitirlo. Todo parecía una aventura en aquella época, hasta el mínimo descubrimiento se podía transformar en lo más espectacular que podía suceder. No hacían falta excusas para pasar todo el día haciendo de ocioso… y no había nada mejor que después de jugar quidditch tirarse sobre el sillón de la sala común y pedirle a Herms que le copiara la tarea… nada mejor.
Sonrió ante el recuerdo de las tantas conversaciones que habían mantenido frente a aquella chimenea, donde el mundo parecía un juego constante y ellos eran piezas fundamentales de todo lo que iba a suceder. Era genial hacer cosas importantes, y aunque siendo auror aún tenía muchas formas de ayudar a la comunidad… nada se comparaba a la batalla contra Voldemort que mantenían en esa época.
La puerta del local se abrió y un aire helado se coló con ello. Una mujer cubierta por una capucha azul oscura se acercó a él y se deshizo del echarpe que cubría su rostro, para mostrar una sonrisa agradecida.
- Gracias…- murmuró emocionada, y se sentó frente a él.
Ron no supo qué más decir frente a aquel simple agradecimiento y se limitó a asentir, viendo como ella se acomodaba en la silla.
- ¿Cómo has estado?- le preguntó preocupado, observando con atención la mejilla que noches atrás era víctima de un horrible moretón. Ahora no había rastro de alguna mancha morada.
- Bien, con bastante trabajo, pero bien- reconoció, y se sacó los guantes que enfundaban sus delicadas y perfectas manos.- ¿Y a ti, cómo te ha ido?-.
Él sonrió, sin poder cubrir la felicidad que sentía al recordar que Ginny había sido encontrada. Sus ojos azules brillaron con intensidad y Pansy reconoció en ese brillo la calidez que buscaba.
- Bien, bastante bien- señaló, mirando de pronto como se acercaba el joven mesero con su pedido.
El chico dejó con torpeza la taza con café sobre la mesa, casi volteándola en el intento. Se veía que las bandejas no se le daban bien, y menos aún cuando se fijó en la hermosa mujer que se había sentado frente a su cliente.
- Bu- buenos días- saludó en un tartamudeo- ¿Qui- qui- quiere la carta?-.
Pansy no pudo evitar emitir una mágica risa tras la reacción del joven y Ron quedó embobado con ese ruido gracioso que escapó de esos labios tan rosa. Ella se veía halagada tras el comportamiento del mesero y sus pómulos se habían enrojecido, levemente.
- No, gracias. Quiero un café expreso, sin azúcar- aclaró y sonrió al chico que se volteó rápidamente a traer lo que le habían solicitado.
- Lo pusiste nervioso- comentó Ron, mirando como ella aún parecía sonreír.
Pansy le dirigió una dulce mirada y con cuidado apoyó su mano sobre la mano de él, haciendo que él se azorara tras aquel sutil contacto.
- ¿Cómo a ti?- le cuestionó, y tras una clara explosión rojiza en el rostro del pelirrojo ella volvió a reír.
Ron intentó mantener la compostura. Se sentó derecho en la silla y rozó a su vez su mano con la de ella, sintiendo la tersa piel de sus dedos alargados.
- Sí, como a mí- tuvo que confesar. Esa mujer era demasiado increíble como para poder mentirle, aparte que seguramente se daría cuenta.
Los ojos azul claro se clavaron en su rostro pecoso, ella se veía tan irreal, tan etérea… si no fuera porque la estaba tocando en ese mismo momento, juraría que se iba a desintegrar, que con un solo toque ella podía desaparecer.
- ¿Quieres venir a mi casa en la noche?- le preguntó ella de pronto, sin titubear si quiera.
El pelirrojo la miró, sintiendo como su corazón se agitaba tras aquella propuesta. La inseguridad que antes había notado en el joven mesero ahora debía ser casi palpable en todo su ser… aquella mujer lo hacía sentirse como un simple niño pequeño, como un dócil juguete en sus manos.
Llevó sus ojos azul oscuros hacia esos labios que estaban semiabiertos, esperando una respuesta. Podía sentir incluso como el aire tibio debía brotar de ellos, y sabía que quería besarlos, que necesitaba besarlos para que su dicha fuera completa.
Se acercó a ella, con un ademán algo torpe, y tomó su nuca con cuidado… depositando un pequeño beso en sus labios.
Ella le sonrió y lo miró con coquetería mientras él se alejaba para volver a tomar asiento.
- Me encantaría- reconoció. Y ambos se sonrieron cómplices, antes de que el joven mesero trajera el café que le faltaba.
OoOoOoO
Unas vueltas, un mareo y de repente habían llegado… sin saber cómo lo habían hecho para terminar de pie.
Estaban encerrados en el interior de un cubículo estrecho, todo forrado en terciopelo escarlata, el cual era uno de los muchos que rodeaba el vestíbulo del hotel… una muestra ingeniosa para evitar accidentes cuando se usaba un traslador como mecanismo de transporte.
Hermione alisó los pliegues de la elegante túnica negra que llevaba puesta, acomodando luego su cabello suelto que se había sacudido más de lo recomendable con el viaje tan abrupto. Verificó que la maleta estaba a su lado y la tomó, dispuesta a salir cuando una mano la detuvo.
Su cintura fue rodeada por aquel brazo que tan bien conocía. Esos dedos pálidos se enterraron en su piel… y poco a poco bajaron hasta posarse en su cadera.
- ¿Nerviosa?- susurró en su oído Draco Malfoy, haciendo que pegara un leve respingo.
El aliento fresco la golpeó y su corazón se aceleró de golpe, tal como siempre le sucedía cuando él se acercaba a ella… más de lo recomendable.
- Nunca, Malfoy- le respondió, intentando demostrar todo el desdén posible en el pronunciamiento de su apellido.
Draco sonrió.
- Vamos, nos deben estar esperando- le señaló, soltándola y rozando su cintura como si de un suspiro se tratara- No sería bueno que llegáramos tarde en el primer trabajo que nos encomiendan… juntos- y con su típica sonrisa ladeada, Draco salió del lugar.
Entraron al majestuoso hall de uno de los hoteles de más renombre a nivel mágico: "Magie Blanche". El cual no sólo era conocido por su excelente servicio, sino también por sus cenas de gala y por la innumerable cantidad de celebridades que solían alojar ahí.
Todo era tan blanco que llegaba a cegar en contraste con la oscuridad del cubículo del cual salían. El mármol del suelo parecía casi un espejo y los cuadros románticos que decoraban las paredes hacían perfecto juego con la maravillosa lámpara de lágrimas que flotaba, por magia, en el centro del techo abovedado.
Bastó que la pareja saliera del lugar de donde habían llegado, para que un hombre delgado, de bigote mostacho y vestido con un uniforme azul impecable, se acercara a ellos con la notable disposición de darles la calurosa bienvenida.
- Usted debe seg Monsieur Malfoy- saludó con su acento claramente francés- y usted Madame Gangeg- se volteó a la castaña con una leve reverencia- Mi nombre es Antoine de Dominé y soy el encaggado de haceg de su estadía lo más agadable posible-.
Ambos asintieron y dejaron que dos muchachos tomaran sus maletas, para que se las llevaran a donde sea que quedaran sus habitaciones.
- Deben estag algo maguiados con el viaje- señaló el hombre, caminando hacia uno de los ascensores que llevaban a los pisos superiores- Les mostague sus habitaciones, para que descansen. Después pueguen inguesagse en el guegistro del hotel.
Hermione se adelantó y se detuvo junto a él, mientras esperaban el ascensor que bajaba en ese momento.
- Señor Dominé- llamó, sonriéndole al hombre que ladeaba su rostro- ¿Sabe si el primer ministro se ha comunicado con el hotel para saber de nuestra llegada?-.
- Oui, oui- respondió en una exagerada afirmación- Monsieur Pigmeg Ministro, vendga a desayunag infogmalmente con ustedes. Eso mandó a decig-.
La castaña asintió y entró al elevador que abría sus puertas en ese momento, mirando en el reflejo del espejo que cubría el interior, como Draco Malfoy le guiñaba un ojo.
Subieron hasta el doceavo piso sin comentar nada fuera de lo típico: el rápido, aunque mareador viaje, y el clima, que por lo visto amenazaba con una lluvia inminente. El señor de Dominé además les comentó que hacía bastante frío fuera del hotel, pero que en el interior la temperatura era de lo más agradable.
Salieron a un pasillo iluminado, el cual se perdía a lo lejos casi como si fuera interminable. Avanzaron por el y pasaron frente a unas cuantas puertas blancas que tenían unas letras doradas que señalaban los números de las distintas habitaciones, aumentando mientras caminaban.
Finalmente el señor Dominé se detuvo frente a la puerta que decía 1222, y sacó de su bolsillo una pequeña varilla, que se asemejaba mucho a una varita, aunque era considerablemente más corta.
- Un chocolat- pronunció, moviendo la varilla y apuntando a la rendija de la cerradura, la cual se abrió tras aquellas palabras- Madame Gangeg, usted poga poneg la clave que quiega para asegugag su estancia en el hotel. Al seg un hotel mágico las habitaciones están asegugadas contrag apaguiciones y encantamientos indeseados-.
Un alivio se apoderó de la garganta de Hermione, la cual sintió como el nudo que se le había formado en la mañana desaparecía. Por lo menos podría mantener a Malfoy lejos de ella… todo lo lejos que fuera posible.
Después de que Antoine les mostrara sus respectivas y elegantes habitaciones, una junto a la otra, los dejó que se refrescaran para que posteriormente se fueran a registrar y acudieran al desayuno que el Primer Ministro había contemplado.
La castaña deshizo de inmediato todo su equipaje, ordenándolo con perfeccionismos dentro del enorme armario de caoba. Luego fue al hermoso baño que tenía en el centro una gigante bañera, para arreglar un poco su esfumado maquillaje y finalmente salió hacia el corredor, esperando bajar antes de que Malfoy la encontrara.
Demasiado tarde.
- Señora Granger, supongo que me estaba esperando- pronunció una voz siseante desde atrás, donde Draco Malfoy se hallaba posado en la muralla, mirando divertido el rostro nervioso de la mujer.
- Claro que no- respondió ella, intentando sonar casual- Si tú te atrasas no es mi culpa-.
Él no pudo redimir esa risa grave que brotaba cuando andaba de buen humor, como en ese momento. Caminó hacia ella y la miró, alzando una ceja de forma seductora.
- Nunca soy impuntual, Granger- le recordó con sus ojos grises clavados en sus ojos miel- Draco Malfoy siempre llega a tiempo-.
Y sin esperar contestación se volteó, sin dirigirle ninguna de esas sonrisas ladeadas que siempre acompañaban una lucha verbal como aquella. Hermione se extrañó por eso, ya se veía acorralada contra una pared siendo cruelmente seducida, y sacudió su cabeza convenciéndose en que lo mejor sería bajar… no le gustaba ser impuntual.
OoOoOoO
No podía evitar sonreír mientras veía la torre de papeles que había sobre la mesa. Sí, el trabajo era aún más agotador que el anterior, pero nada mejor que ser una gran editora de uno de los diarios más conocidos a nivel mágico.
Se llevó un mechón de su cabello claro hacia su oreja y arrugó las cejas, mientras corregía una redacción de una de las pasantes que estaba haciendo la práctica en el área de policía local.
La crónica hablaba sobre otro ataque a un antiguo mortífago, un tal Avery que era hijo de aquel que había estado presente para el asesinato de Dumbledore, hace tantos años atrás.
Algo le decía que debería decirle a Harry que convocaran a una junta extraordinaria de la Orden. Todo eso de la repentina aparición de Ginny y la casual muerte de mortífagos que aumentada día a día le parecía demasiado extraño para ser normal. Seguramente Hermione estaría de acuerdo con ella, y entre las dos podrían llevar a cabo alguna investigación.
Su labio lo tenía fruncido hacia el lado derecho del rostro y sus ojos saltones ya habían perdido la línea que leía mientras se debatía si sería mejor hablar con Harry primero, o quizás avisarle a Hermione de una… por lo visto Harry estaba demasiado ocupado en Ginny como para pedirle que se encargara de algo más.
- Pic, pic-
El picoteo en la ventana la sacó de sus cavilaciones. Desde que había sido ascendida todas las cartas le llegaban por intermedio de Alice, por lo menos todas las cartas oficiales.
Se levantó de la butaca de cuero y caminó en saltitos hacia la ventana. Un aire gélido se coló en el despacho cuando la abrió, seguido por una lechuza cafesosa de ojos ovalados y amarillos. Sonrió al ave y desenrolló el sobre amarillo que llevaba en su garra.
- ¿Amarillo?- se preguntó, mirando como la criatura esperaba, parecía, respuesta a la nota- curioso… como los que manda el jefe-.
Se sentó nuevamente en el sillón y abrió el sobre, preguntándose de quién podía ser una nota amarilla. Por lo general las de la Orden eran rojas y se destruían después de ser leídas, un mecanismo impuesto por George Weasley para mayor seguridad.
"Estimada Señorita Lovegood:
Leí su mensaje y soy consciente de que tiene toda la razón, los estados financieros de El Profeta son un lío (y yo no soy muy amante de las matemáticas).
Luna sonrió, a ella las matemáticas tampoco se le daban de lo mejor.
Así que la espero esta noche, una vez haga el cierre de edición, en mi Mansión. Confío que usted sabe dónde queda.
Esperaré que afirme su asistencia.
Theodore Nott.".
Dejó el sobre a un lado y tomó una esquela en blanco, cogiendo una pluma a su vez. Mordió la punta de la pluma y pensó en qué iba a responder, no podía olvidar que el padre de Nott había sido un reconocido mortífago… e ir a su casa no sonaba de lo más seguro.
Pero Luna siempre veía lo mejor de las personas. Y padre e hijo no tenían que ser iguales, sobretodo cuando "El Profeta" había sido un diario que había sido de gran ayuda para la sentencia de mortífagos culpables.
Así que decidida a confiar, tal como era su debilidad, cogió la esquela y comenzó a escribir.
... claro que iré.
OoOoOoO
- Entonces espego veglos en la cena- se despidió el Monseur Dumont, Primer Ministro mágico de Francia.
Después de un informal desayuno en las estancias del Hotel, Hermione y Draco se despedían del Monseur Dumont, un pequeño hombre rechoncho y calvo, y de su secretaria, Madame Margarita Gautier, una mujer digna de portada de revista de moda… con todo lo que ello significaba.
Draco estrechó una mano del ministro y luego se dirigió a la mujer que le sonreía con coquetería, mostrando sus dientes blancos que contrastaban con su labial carmesí.
- Un gustog- se despidió con una voz totalmente empalagosa y bateó las pestañas tupidas mientras dejaba que el hombre besara su mano con un brillo seductor en sus ojos grises.
Hermione alzó una ceja frente a esas miradas tan obvias y estrechó a su vez la mano de Monseur Dumont, despidiéndose sólo con un asentimiento de cabeza de la secretaria que aún miraba a Draco… con cierto gesto cómplice.
La mujer asintió a su vez y se dio media vuelta, meneando sus caderas de forma exagerada hacia la chimenea. Su cabello negro y ondulado se movió con sensualidad cuando se giró una vez más a ver a Draco que no le quitaba los ojos de encima, y lanzando el polvo hacia el suelo… desapareció.
- Vaya…- murmuró el rubio, con una sonrisa de satisfacción. Nada podía subir más su ego que una mujer hermosa lo mirara con tal líbido.
- Sí, creo que le causamos una buena impresión- reconoció Hermione, aunque sabía que ese vaya no era efecto de la reunión, precisamente.
Draco la miró y una sonrisa ladeada surcó su rostro. Por alguna extraña razón el tono de voz usado por la castaña le había sonado levemente irónico…
- Monseur Malfoy y Madame Gangueg- los llamó Antoine de Dominé caminando hacia ellos- ¿Desean que los inscgriba en algunas de las opciones tuguisticas que da el Hotel?- preguntó, enseñándoles algunos panfletos que contenían las diez maravillas que no se podían perder de una ciudad como Paris.
Hermione alzó una ceja y tomó un panfleto, aunque ya había estado es Paris muchas veces, habían ciertas cosas que siempre le gustaba volver a ver. Analizó los lugares y descubrió que el Louvre había traído una nueva colección de clásicos románticos, nada mejor que Rubens para distraerse…
- Gracias, señor de Dominé, pero creo que iré por mi cuenta, no me gusta eso de andar con un grupo de gente y horarios- señaló, guardándose el panfleto y cubriéndose con el abrigo negro que había dejado sobre la silla.
Draco miró a la castaña y un brillo de sus ojos rebeló que tenía algo en mente. También tomó su elegante abrigo gris oscuro y se cubrió con el, para luego enfundar sus manos con sus guantes de cuero.
- Opino igual- señaló, ante la mirada asombrada de Hermione… al parecer ella no se esperaba que él, Draco Malfoy, pudiera andar por Paris a lo muggle- Hasta luego- se despidió alejándose del comedor y caminando hacia la salida del Hotel, seguido por una Hermione que había fruncido su ceño, ideando alguna forma para que él no la acompañara.
Atravesaron la enorme puerta de vidrio que era la entrada del Hotel, aunque del otro lado pareciera que salían de un abandonado edificio del s.XVIII. La puerta, ahora de madera, se cerró tras ellos… y de pronto estaban solos en un oscuro callejón.
Hermione sintió los ojos grises mirándola, mientras su corazón comenzaba a palpitar sólo por sentir a aquel hombre cerca… en un lugar tan solitario.
- ¿Adónde iremos, entonces?- preguntó él, caminando un paso hacia ella y rozándole la mejilla con su mano para llamar su atención.
La castaña dio un leve respingo y frunció el ceño. Siempre se sentía enojada consigo misma cuando él podía provocar tales espasmos con su solo toque. Carraspeó con ligereza y avanzó hacia un extremo del callejón, de donde provenían unos ruidos parecidos al rugir de motores encendidos.
- Yo voy al Louvre- explicó, con ese aire de sabihonda que era tan propio de ella- así que pásalo bien, porque no creo que a ti te interese ir a ver cosas de creación muggle- señaló, con un toque ácido.
La sonrisa de Draco se explayó de sus delgados labios y caminó hacia la misma dirección de la castaña, deteniéndola al aferrarse de su cintura. Ella se detuvo y enfrentó su mirada, con sus cejas aún pegadas sobre sus ojos.
- Señora Granger- murmuró…- se equivoca, yo soy un amante del buen arte- bajó sus manos hasta colocar ambas en las caderas de ella y se acercó a su oído, mientras sentía la agitada respiración de la castaña en su cuello- No hay nada mejor que una obra perfectamente confeccionada-.
El aire fresco golpeó su oído y sus pulsaciones parecieron detenerse. Él la tocaba, pero no de manera perversa, sólo posaba sus manos sobre su cuerpo… y con eso bastaba para hacerla arder.
Era consciente de que la marca en su entrepierna había comenzado a quemar, a emanar un calor sobrenatural que de una manera extraña le encantaba… y se sentía completamente seducida, como si de un momento a otro se pudiera dejar caer.
Él se acercó a su cuello y lo besó lentamente, como si quiera torturarla con aquel gesto. Hermione gimió, un grito apenas audible se escapó de su garganta… y de forma natural posó sus manos sobre los hombros del rubio, sin saber porqué estaba actuando de esa manera.
- Y tú, Granger- la llamó él, enderezando su cabeza para ver el reflejo de sí mismo en esos ojos miel- Tú eres una obra de arte… exquisita-.
Aquella sonrisa ladeada volvió a aparecer y la mujer sintió como se derretía ahí mismo. Él tenía una forma tan particular de decir las cosas que, en un principio, siempre la dejaban sin reaccionar….
… pero la razón siempre volvía a su cabeza, y de golpe bajó sus brazos y lo alejó de ella, mostrándose nuevamente enojada.
- Bueno, vamos entonces… no quiero que por tu atraso nos cierren el museo- comentó azorada, pero mostrándose digna- Espero que no te moleste ir en metro, no quiero usar medios mágicos para llegar- y con un ademán altivo se volteó… mientras Draco sonreía sabiendo que la batalla estaba pronta a ganarse.
Hermione Granger se estaba transformando en una escultura que le gustaba contemplar… y por más sangre sucia que fuera, él sabía que pronto ambos caerían en la tentación.
Más pronto de lo que ella misma pensaba.
&
Y comienza el viaje. La noche de los personajes se viene interesante.
Después de un desayuno y de un paseo por las calles muggles se viene NOCHE DE GALA. ¿qué secederá en ella?, ¿Draco se colará en la habitación de la castaña?, ¿ella se dejará caer?...
Luna conocerá al jefe. ¿Cúal será su reacción?, ¿será todo una trampa?, ¿qué hará Nott?.
Y, bueno... ¿Pansy hizo una propuesta indecente?, ¿qué tiene planeado la famosa cantante durante la noche?, ¿por qué invitó al auror a su departamento?.
Esperen el próximo chap!
Un besote desde Nunca Jamás.
Ember
