Hola!. Queridos lectores muchas gracias por su paciencia.

Les cuento que mi viaje estuvo maravilloso, conocí lugares demasiado lindos y mi inspiración volvió conmigo en el avión. Ahora estoy lista para seguir escribiendo este fic que me tenía algo atascada.

Los invito como siempre al Blog PPC, para que nos visiten. Y para los que están leyendo "Huelga contra cupido", espero escribir el siguiente capítulo pronto (llevo la mitad), pero no lo dejaré a medias… lo prometo.

Espero que les guste este chap.

Un besote.

Ember.

Capítulo XV: Orgullo herido.

El murmullo de la madrugada era apenas un sonido lejano para él, que recién despertaba del mejor de los sueños de su vida.

Apreció la suave sábana que lo envolvía, el aroma dulce que emanaba de algún lugar; sintió la calidez de un rayo de sol que no alcanzaba a golpear su rostro pecoso, y abrió los ojos. La noche anterior no había sido un sueño.

Ladeó su cabeza y sus ojos azul oscuro brillaron a ver a la hermosa mujer que descansaba junto a él. Aguantó el aire que amenazaba con salir como un suspiro de sus pulmones y sonrió. Era preciosa.

Pansy Parkinson dormía con una mejilla apoyada en la almohada y sus párpados cerrados dirigidos hacia su amante. La cabellera oscura cubría parte de la tersa piel de su espalda desnuda, y la sábana ocultaba su trasero divino, enredándose en su cadera.

Parecía una mujer ángel que dormitaba satisfecha después de terminada la creación del mundo. La leve sonrisa en sus labios delataba su tranquilidad, al igual que aquella acompasada respiración que apenas brotaba de su nariz aristocrática.

Ella había gritado su nombre y se había dejado hacer, tal como si cariño fuese lo único que necesitaba para seguir viviendo.

Siempre había visto a aquella chica como una mujer segura de sí misma, pero dependiente hasta morir del mundo que la rodeaba. Desde Hogwarts siempre había aparentado ser una chica mimada; y como la eterna novia de Draco Malfoy, nunca había aparecido nadie que se atreviera a desafiarla frente a frente… haciendo de Pansy aquella chica superior e intocable, como un murmullo de hadas intangible.

Pero después de aquella noche, Ron pudo apreciar que Pansy era mucho más que caprichos y belleza. No sólo era apasionada, entregada y astuta, también tenía ese toque de ternura y suavidad que hacía que cualquier hombre hecho y derecho se viera en la misión de abrazarla y reconfortarla con un comentario adecuado o un roce de manos. Y él no era la excepción.

Aún sonriendo se levantó, intentando hacer el menor ruido posible. No quería que ella lo encontrara enfermo por quedarse contemplándola durante horas, tal como si fuera una obra de arte.

Desnudo rodeó la habitación y caminó hacia aquel lugar de la pared que tanto le había llamado la atención, antes de volver a posar sus ojos en los carnosos labios de Pansy la noche anterior.

Sobre una pared, junto al espejo, colgaban unas cuantas fotos mágicas enmarcadas en marcos de plata. De distinto tamaños y épocas, todas ellas retrataban la vida de Pansy Parkinson a lo largo de los años.

Primero se fijó en la gran foto de al medio, donde una niña de pelo oscuro y trenzado sonreía a la cámara, tomando con sus manitos la falda del vestido arrepollado que llevaba. Estaba en un hermoso jardín primaveral, y sus mejillas sonrosadas hacían resaltar el azul claro de sus ojos: Ya con cinco años Pansy era una pequeña fina y cautivante.

Luego desvió su vista a una foto de un lado, donde la misma niña, un par de años mayor, estaba de pie junto a una anciana de mirada altiva y mentón alzado. La pequeña se veía incómoda guardando la compostura, mientras la mujer se limitaba a posar su mano traslucida en el hombro de la chica y observar seriamente la cámara mágica.

No se parece para nada a una foto familiar a lo Weasley, pensó Ron, hasta Percy sonríe para esas ocasiones.

Sus ojos se detuvieron en una foto de sus años escolares, sacada en los jardines de Hogwarts, frente al lago. Pansy reía mientras un Malfoy adolescente parecía susurrarle algo en el oído enlazando su mano con la de ella. A su lado estaba un tranquilo Theodore Nott, mirando la cámara con aquel gesto taciturno que le era tan propio; y de pie junto a él estaba la arrogante sonrisa de Blaise Zabinni. Los cuatro lucían el uniforme de Slytherin, con aquella franja verde y gris de los colores de su casa.

Ron recordó a ese grupo paseando por los jardines del colegio, y se vio a sí mismo con Hermione y Harry…. El trío maravilla.

La última foto mostraba una pareja de farándula. Pansy con un vestido azul oscuro, sobre una alfombra roja- propia de las premiaciones musicales a las que debía asistir-, su cintura estaba rodeada por el apremiante brazo de Draco Malfoy, y ambos observaban la cámara con petulancia, autoridad y algo de majestuosidad que hacía de ellos una de las parejas más populares.

Aquella foto se veía reciente, probablemente era de la última premiación en la que Pansy había ganado el galardón como mejor solista. Y Ron no pudo evitar sentir una puntada de celos en su estómago…. Él daría todo por ser aquel hombre que tomaba a Pansy de forma tan posesiva.

¿Estarían juntos?, ¿sería verdad que estaban comprometidos?. Desde que Ron tenía recuerdos esa pareja había sido inseparable. Pansy seguía a Draco como una chica enamorada por todo el colegio, y él le permitía estar a su lado, aunque nunca era con la mejor disposición.

Su memoria viajó hacia aquella noche en que había visto a Pansy llorando en los baños, y sintió rabia al recordar aquel moretón púrpura que decoraba su rostro. Ella no le había querido decir quién la había golpeado, pero él tenía una leve sospecha…

…. Una mano cálida rozó su torso produciéndole cosquillas, y Pansy le sonrió, de pie junto a él y envuelta con la bata transparente que llevaba la noche anterior. Se veía divina.

- Buenos días- los saludó, besándolo tiernamente, casi como un suspiro.

- Buenos…- respondió él extasiado por el beso, y sintiendo como su corazón se aceleraba de ver el cuerpo desnudo de la mujer entre aquella fina capa de tela magenta.

- Muchos años han pasado… ¿no?-.

Él pudo ver el brillo nostálgico que se apoderó de sus ojos, y miró de vuelta las fotos, fijándose en aquella que mostraba a una Pansy con su uniforme de Slytherin.

- Están todos bastante cambiados, aunque siguen siendo los mismos- le comentó, pasando sus finos dedos sobre el rostro de sus compañeros de colegio-. Blaise sigue siendo el arrogante mujeriego de siempre, jamás cambiará-.

- Según lo que he escuchado el dinero y las mujeres se han vuelto toda su vida- afirmó Ron. Por su trabajo seguía los pasos de todos los conocidos ex mortífagos, en absoluto secreto, claro-. Sin embargo, de Nott no he sabido mucho, hace años que nadie lo ve por las calles-.

Un suspiro se escapó de los labios de Pansy, y miró fijamente a aquel chico de pelo castaño y ojos grandes y almendrados… Ella sí sabía porque él no solía salir de su mansión.

- Sí, Theo anda algo desaparecido, pero está bien… yo lo veo de vez en cuando- señaló, sin querer revelar nada acerca de la deformidad que lo apremiaba.

Un silencio detuvo los comentarios, y Ron fijó su vista en Draco Malfoy.

- Sigues con él, ¿cierto?- le preguntó con algo de temor, pero evitó demostrárselo. Él no podía ser como una mujer virginal que se enamora al primer contacto…. No él.

Pansy suspiró.

- Si tu pregunta se refiere a nuestro compromiso, sí, aún estamos comprometidos- afirmó, sabiendo que aquella conversación no era lo ideal después de la noche que habían tenido.

- ¿Lo amas?- no pudo evitar arrugar el labio al hacer tal pregunta… temía la respuesta.

- A mí modo, lo amo- sincera y fría-. Pero no como tú crees, sino como un amor nostálgico, suave…. Es difícil de explicar-.

Ron sintió un golpe en el corazón y clavó sus ojos en los de la mujer a su lado. Quería entender qué tipo de amor era ese.

- Explícate- más le rogó que ordenó-. Quiero saber qué sientes, Pansy- murmuró, sonrosándose al pronunciar su nombre.

Ella no pudo evitar sonreír, y besó levemente los labios del pelirrojo. Le tomó una mano y lo observó. Esperaba que él la comprendiera.

- Draco ha sido mi primer todo. Mi primer amigo, mi primer amor, mi primer beso, mi primera vez. Él ha estado conmigo desde que tengo recuerdos y, a través de los años, se ha vuelto uno de mis pilares, de aquellas personas que me recuerdan de dónde vengo y quién he sido a lo largo de mi vida- hablaba con tranquilidad, respondiendo como si fuera una duda que ella misma muchas veces se hubiera hecho-. Draco es tan parte de mí, como para ti puede ser Potter o Granger… es un testigo de mi vida, ¿entiendes?-.

Intentó entender y logró hacerlo. Para él Hermione había sido muchas primeras cosas también. Quizás no su primera novia – puesto ocupado por Lav-Lav-, pero su primera ilusión, su primer sentimiento verdadero, su primera vez con una mujer y la primera amiga que había tenido. Ella era parte de él, como también lo era Harry y él mismo lo era para ellos…. Un trío que se estaba volviendo a fortalecer, de a poco.

Asintió, y rozó la mejilla de Pansy… aún había otra pregunta que necesitaba hacerle.

- ¿Él te golpeó?- y no pudo evitar endurecer el gesto al esperar la respuesta.

- Eso no tiene importancia- le cortó ella, de pronto tan fría como si una capa de escarcha cubriera su rostro-. En serio, yo puedo cuidarme sola- le aseguró, intentando relajarse y abrazando a Ron por la cintura, apegándose a él.

Su corazón latió aún más demente cuando la tuvo pegada a él, y aspiró el dulce aroma de su cabello…

- Hay muchas cosas de mi vida que son complicadas, Ron- le espetó, usando un suave tono de voz-, pero que irás entendiendo, con el tiempo terminarás por entender-.

Y una sonrisa se desplegó por los labios del pelirrojo. Ella estaba hablando de tiempo, el largo tiempo que ellos tendrían para conocerse más…. Aún habían muchas otras noches para conversar de todo aquello, muchas otras noches que sería especiales para los dos.

Ron la abrazó por los hombros y besó su sien, percibiendo como ella se tensaba ante tal gesto de cariño. Pansy se alejó y lo miró, dudando un segundo.

- No tengo mucho de comer acá, pero creo que me queda un sobre de panqueques en polvo, ¿te atreves a probarlos?- le preguntó, con un destello coqueto brotando de sus ojos.

- Obvio, recuerda que sigo siendo un Gryffindor- acotó él, arrogante. La verdad ya tenía hambre, sobretodo después de la noche que habían tenido.

Ella sonrió y le tomó la mano, jalándolo hacia fuera de la habitación.

- Y no te molestes en vestirte, aún nos quedan unas horas antes de que debas entrar a la oficina-.

Ron emitió una leve carcajada, y la siguió… observando como su trasero desnudo se meneaba bajo la transparente capa de la bata.

OoOoOoO

Sin abrir los ojos percibió el dulce olor a rosa que inundaba la habitación. Estiró sus brazos con pereza hacia arriba y luego abrió los ojos, sentándose en la cama.

Había dormido inquieta, sobresaltada, sintiendo como a cada momento podía acercarse alguien y abrir su puerta… ese alguien al cual no se quería enfrentar. Se había acostado con la almohada tapando su cabeza y había intentado conciliar el sueño, pero no podía negar que había estado esperando que él golpeara la puerta… cosa que no sucedió.

Se puso de pie y se dirigió al baño, mirando hacia todos lados para asegurarse que estaba sola… sola con la rosas que descansaban en un hermoso jarrón de cristal sobre su velador.

Después de darse un relajante baño de tina con burbujas y de exfoliarse el rostro para evitar que el estrés que sentía le produjera brotes de impureza en su piel, se envolvió en una toalla y se dirigió a su dormitorio. Sacó el elegante traje negro de dos piezas que iba a usar y se terminó de embellecer. Hoy era la primera reunión oficial y tenía que dar una buena impresión.

Con los zapatos de tacón puesto y la máscara de indiferencia que pretendía dirigirle al rubio bien practicada frente al espejo, tomó la varilla de su habitación y desbloqueó el hechizo… lista para salir.

Asomó su rostro y se vio sola en el pasillo, cosa que le asombró, ya casi era la hora para la reunión. Cerró la puerta tras ella y suspiró, en parte agradecía no encontrarse con él, eso facilitaba su autocontrol.

Se dio la media vuelta para dirigirse hacia el ascensor cuando un golpe tras ella la sobresaltó, y vio como la puerta del rubio era abierta… por la cual salía Madame Gautier, con su cabello revuelto y sus mejillas arreboladas…

Tras ella aparecía Draco, impecablemente vestido y peinado hacia atrás. Sus ojos grises se posaron en la castaña que tenía la boca semiabierta y los puños apretados. Sonrió.

- Buenos días, señora Granger- saludó, satisfecho al ver la cara de impresión que ponía la mujer.

Hermione alzó el mentón altivo y le lanzó una mirada de soslayo a la secretaria del primer ministro, la cual se veía notoriamente incómoda ante la situación… no sería bueno que su jefe se enterara de su desliz.

- Buenos días. Ya es hora- señaló sin inmutarse, aunque por dentro sentía su ego absolutamente herido.

Draco Malfoy no había aparecido en su pieza porque esa mujer lo había seducido y lo había llevado a que decidiera por ella. Quizás qué tipo de trucos había usado para lograr acostarse con él, llevando de paso que el rubio la olvidara completamente.

Y aunque lo lógico habría sido que ella agradeciera tal suceso, así evitando la traición que estuvo apunto de cometer… su raciocinio no hacía caso a tal llamado, sintiéndose despojada de aquel deseo que provocaba en él.

Arrugó el labio.

- Lo sé- murmuró él sin desviar su mirada de la castaña-. Vamos-.

Y los tres caminaron en silencio hacia el ascensor.

La mujer miraba a Draco con una lujuria contenida en el fondo de sus pupilas, y le hacía guiños coquetos que él no parecía responder. El rubio estaba muy atento fijando su mirada en una Hermione que se mostraba segura, aunque la rabia y los celos la carcomieran por dentro. Ella no se iba a dejar caer, no cuando tenía un hombre maravilloso que la adoraba en su casa, esperándola.

Los pisos se le hicieron eternos, mirando por el rabillo del ojo a aquella mujer que a cada minuto le desagradaba más. No podía entender cómo Draco la había cambiado por ella, aunque reconocía que tenía atributos y esa sensualidad tan propia de las mujeres francesas. Arrugó el ceño y suspiró una vez las puertas del ascensor se abrieron frente a ella, avanzando lo más erguida posible hacia una de las hermosas chimeneas de mármol que flaqueaban el vestíbulo principal.

- Nos vemos en la gueunión, monsieur- se despidió la mujer, intentando besar la mejilla del rubio, el cual desvió su rostro y la alejó de sí, de manera brusca.

La secretaria lo miró extrañada, y para Hermione no pasó desapercibida la elocuente mirada que él le lanzó. Al parecer se veía arrepentido de haberla cambiado por otra.

- Vamos, señora Granger- murmuró con cordialidad, y caminó hacia la chimenea donde Hermione ya había entrado.

Ella no se detuvo a mirarlo y lanzó polvos diciendo: ¡Ministerio de Magia!. Desapareciendo después de ello con una luz verdusca.

Draco la siguió sin hacer le menor gesto de despedida a Madame Gautier, y se preguntó si aquel enojo que había percibido podrían ser celos… sonrió al pensar en ello.

OoOoOoO

Estaba agotado, pero con aquella sonrisa en el rostro que demostraba que no le molestaba sentirse así… total había sido un tiempo muy bien aprovechado.

Ron llegó al departamento de Lavender una media hora antes de la hora de la cena. Besó a su novia con frialdad, aunque ella no lo percibió atareada con la cocina, y se sentó en el mullido sillón de cuero que ella había comprado especialmente para él.

No pudo evitar sentir cierta culpa.

Lavender era una buena mujer, algo habladora y superficial, pero una mujer ideal para formar una familia. Cocinaba, era atenta con él, a sus padres le agradaba y era muy buena en su trabajo. Demasiado ideal para establecer un porvenir con ella.

Ya habían hablado un par de veces acerca de su futuro, incluso ella había mandado la indirecta de poder comprar un lugar juntos y vivir ahí. Mas él se había negado absolutamente, diciendo que no convenía con la inflación que estaban sufriendo los bienes inmobiliarios… ¿Qué podía saber él de inflación?.

Por suerte Lavender había evitado insistir, y hace un par de semanas que no sacaba el tema a colación… ¡Gracias a Merlín!.

- ¿Won-won?- lo llamó, dejando la ensalada en la mesa redonda que había junto al living-. ¿Crees que a Hermione le guste la betarraga?-.

Ron asintió distraído y luego se puso de pie, recordando que su amiga se había ido el día anterior a Paris.

- No, Lav, no te preocupes… Hermione está de viaje, se me olvidó avisarte- se disculpó.

Lavender negó y sacó un puesto de la mesa.

- Andas distraído últimamente- le comentó, volviendo a la cocina para guardar el plato y el servicio.

Sí, demasiado distraído, pensó el pelirrojo… todo por pensar en una mujer que lo traía absolutamente loco.

No se alcanzó a sentar nuevamente cuando alguien golpeó la puerta. Miró a Lavender deshaciéndose de su delantal y guardándolo en un cajón, cuando decidió ser él quien iba a abrir.

- Hola- saludó Oliver, estrechando la mano de Ron y pasando. En su mano llevaba una gran caja de bombones, de aquellos suizos que siempre compraba en sus múltiples viajes al extranjero.

- Hola, Oliver, ¿qué tal el equipo?- preguntó Ron, dejándolo pasar e invitándolo a tomar asiento en uno de los sillones de la sala.

- Bien, entrenando duro para el mundial que ya casi comienza- respondió, sentándose y negando el vaso de whisky que Ron le ofrecía. No podía tomar cuando debería entrenar al día siguiente por la mañana.

- Oliver, que gusto que hayas venido- lo recibió Lavender, acercándose a él y aceptando los chocolates que el siempre le llevaba-. Muchas gracias, no tenías para que molestarte-.

- No fue ninguna molestia- respondió él-. Lamento la ausencia de Hermione, pero se me olvidó avisarles que ella…-.

- Se fue de viaje- lo interrumpió Ron, bebiendo un sorbo de alcohol para evitar la tentación de decirle a su novia que detuviera aquella caricia que le estaba haciendo en el cabello. Por alguna extraña razón no le agradaba la sensación de pesadez que sentía mientras ella lo acariciaba.

Oliver alzó una ceja extrañado, pero luego sonrió.

- ¿Te avisó?- le preguntó a Ron intrigado-. No me dijo que sabía de la cena, pensé que sólo a mí me había llegado la invitación-.

Ron asintió y se volvió serio, recordando qué era aquello que quería preguntar.

- No me avisó, me enteré por casualidad- explicó, mientras Lavender seguía acariciándolo-. Me la encontré con Malfoy en el pasillo minutos antes de que partieran…-.

El rostro de Oliver pareció congelarse en ese momento y Ron pudo percibir que había dicho algo inapropiado. Lavender también se dio cuenta, y lanzó una leve risa nerviosa.

- ¿Con Malfoy?- preguntó Oliver secamente-. ¿Estás diciendo que partió con Malfoy a Paris?- volvió a cuestionar, levantándose de golpe.

Ron asintió, sin poder creer que Oliver no estuviera al tanto de aquello. Y él que iba a preguntarle cómo la había dejado partir con ese mortífago, reprochándole de paso la falta de precaución al mandar a Hermione junto a ese individuo.

Por su parte Lavender se puso de pie y se acercó a la mesa, sirviendo un vaso de zumo para ofrecérselo a Oliver… quien se veía claramente alterado.

- Responde, Ron…- pidió Oliver, con aquella mirada apremiante que obligaba a sus jugadores a seguir sus órdenes en los entrenamientos-. Es verdad que Hermione se fue a Paris con Malfoy-.

El pelirrojo asintió, descubriendo que se había metido en un gran embrollo- Hermione lo iba a matar-, pero cuando ya pretendía deshacerse en alguna estúpida explicación para calmar la futura furia de Oliver, éste se volvió a sentar y hundió su rostro en sus grandes manos…

- Como no me dijo nada- se preguntó en un murmullo-. ¿Por qué no me dijo nada?-.

El cabello castaño le caía frente a sus ojos y su voz se había vuelto más áspera, profunda y mitigada por sus manos contra sus labios. Lavender le acercó el vaso de zumo y se agachó frente a él, buscando una aceptación del jugo de naranja.

- Toma- le dijo y Oliver pareció obedecer, bebiéndose todo el contenido del vaso de un sorbo.

- No entiendo por qué me ocultó eso…- comentó, con su mirada perdida en la pared que estaba tras el sillón donde Ron estaba sentado-. Quizás la amenazó, la obligó a no decirme nada…-.

Los ojos cafesosos de Oliver se abrieron aún más alarmados que antes, y se volvió a poner de pie. Su corazón tronaba con fuerza en su pecho y su piel se había vuelto pálida, dominada por la incertidumbre.

- ¿Tú crees?- reaccionó Ron, también confundido por aquella mentira de su amiga… Hermione era de aquellas que defendía con dientes y garras la confianza en la pareja-. ¿Quieres que te acompañe a buscarla?-.

Ambos se miraron durante un segundo y parecieron asentir a la vez, sabiendo que no podían perder tiempo.

- Ayúdame- pidió Oliver, mirando luego a Lavender-. Entre los tres podremos conseguir un traslador a Paris… temo que mi Hermione esté en peligro-.

OoOoOoO

Un movimiento de varilla y ya estaba de vuelta en la habitación del hotel.

La reunión había sido un éxito profundo: El primer ministro se vio bastante interesado en esa libre aparición entre Inglaterra y Francia y, aún más entusiasmado, habló acerca de las proyecciones económicas favorables que podían ser efecto de este libre paso.

Ella se dedicó a explicar la parte técnica del asunto a nivel legal, mientras Malfoy hizo uso de su extremada diplomacia para sacar unas carcajadas al conjunto de viejos sosos que componían la reunión, siendo calurosamente despedido por el altomando francés y asegurando que al día siguiente tendrían una respuesta definitiva.

De vuelta al hotel no habían intercambiado palabra alguna, manteniendo una incomoda distancia en el ascensor y provocando un sonoro suspiro una vez se abrió la puerta del mismo.

Hermione caminó a paso rápido hasta su puerta y espero ver como Malfoy entraba en la suya antes de pronunciar la clave secreta, para finalmente cerrar la misma tras ella. Estaba fuera de peligro.

Se sacó los tacones y los dejó ordenados junto a la cama. Se revolvió el cabello con las manos y se detuvo frente al jarrón de rosas… sonriendo al sentir su aroma dulzón colarse por los orificios de su respingada nariz. Al día siguiente ya estaría junto a Oliver y eso la calmaba.

Luego se sentó sobre su cama y se recostó aún vestida en ella. Cerró los ojos y dejó que el claro de luna fuera la única luz de su habitación, sintiendo paz al saber que sí podía contener ese deseo… que sí podía ser la dueña de sus propios pensamientos….

¿Verdad?

Un toc-toc en su puerta la sobresaltó y se puso de pie… inquieta. Quizás Oliver le había enviado otro ramo de rosas, o tal vez ya hubiera alguna noticia acerca del proyecto de libre aparición. Pero ninguno de esos pensamientos logró calmarla.

Estaba segura que era Malfoy quien llamaba a su puerta.

Caminó en puntillas hasta asomar su ojo por la cerradura, maldiciendo porque aquella puerta no tenía visor. Y por más que intentó no vio nada, absolutamente nada que le diera alguna señal de quién estaba al otro lado.

Se mordió el labio y pestañeó con rapidez… ¿Será él?, se preguntaba, ¿será él?. Su corazón latía al igual que su sien, y no podía negar que estaba ansiosa y temerosa por su próximo paso a seguir.

Con su mano tiritona tomó la varilla que había dejado sobre el velador y pronunció la clave con parsimonia, deleitándose con cada sonido antes de abrir. Dio un paso atrás y dejó que aquel individuo que esperaba entrara a su pieza… sosteniendo con su otra mano su propia varita. Debía acabar con todo ello.

- ¿Qué quieres?- le preguntó exigente, dura. Sus ojos miel se clavaron en ese perfil pálido y varonil.

Draco le sonrió de medio lado y cerró la puerta tras él, sin desviar su vista metálica de aquel guiño miedoso y orgulloso que podía divisar oculto en las pupilas de la castaña. Se veía espléndida con su cabello rebelde cubriéndole los hombros desnudos, sin ocultar aquel coqueto lunar.

Caminó un paso hacia ella y aspiró su aroma a niña mujer tan embriagante, tan sutil.

- A ti- respondió claro y demandante, encerrando con su brazo la cintura de la mujer, aproximándola a él.

Hundió su nariz entre su pelo, acercó sus delgados labios a su hombro y besó aquel lunar una y diez veces, agotándose en el. Con sus manos comenzó a deshacerse de la chaqueta que Hermione aún llevaba puesta, presionando con delicadeza su cadera contra la suya propia.

Ella cerró los ojos un momento, dejándose llevar por esa gama de distintas sensaciones que las manos de él le solían producir. Saltó cuando sus labios la besaron y subieron por su cuello hasta su mandíbula, olvidando la varita que sujetaba con su mano tras aquella fuerte espalda.

Pero al abrir los ojos un segundo vio el ramo de rosas de Oliver posando sobre la mesita de noche… y una punzada de dolor la golpeó.

- No… no puedo- murmuró, apartándose del rubio con la respiración aún alterada-. No puedo hacerle eso…-.

Una sonrisa curvó los delgados labios de él, y nuevamente se acercó a su victima. La "M" en la pierna de Hermione ardió, y no pudo evitar dejar escapar un gruñido de dolor y deseo…

- Sí puedes- le respondió él, tomando con una mano el mentón de ella y mirándola directamente a los ojos-. Debes hacerlo, lo sabes-.

El claro de luna iluminó los ojos grises exigentes, tras los cuales se podía ver una mezcla de pasión y mala intención. Un escalofrío se adueñó de la espina dorsal de Hermione… terminando con una castaña escondida entre unos brazos que acariciaban lentamente su espalda.

- Se siente bien, ¿verdad?- le susurraba Draco al oído, con su tono de voz cautivante-. Se siente perfecto….-.

Asintió y unos bucles castaños cubrieron su frente. Él sonrió.

- Ven- la invitó-. Sabes que sólo yo puede comprenderte, que nadie más que yo puede entender lo que sientes en estos momentos-.

Y como una dócil gatita ella se dejó llevar, caminando mientras era despojada de su blusa hasta la cama.

Tendida en las sábanas blancas parecía una diosa de la fertilidad, que llamaba a que el deseo se materializara en el mundo. Su cabello se extendía sobre la almohada y sus labios abiertos asemejaban a un botón de rosa que se comenzaba a deshojar.

Draco se acomodó sobre ella y besó su nariz, como un amante delicado. Con sus manos acaricio sus hombros y bajó los tirantes de su sujetador, sin desviar su vista de cada reacción que producía en ella.

¿Qué hago?, se preguntaba Hermione mientras los labios de él bajaban hacia sus senos desnudos- ¿Por qué no puedo hacer que se detenga?, ¿por qué no quiero que se detenga?.

Y las preguntas se esfumaban de su cabeza entre esa agradable mezcolanza de histeria y pasión. Sus manos se enredaron en el cabello platinado de la nuca del hombre que comenzaba a descender, y sus ojos no podían dejar de mirar como la lengua de él trazaba círculos alrededor de su ombligo.

Danzas tortuosas y magníficas significaban sus dedos bajando su falda negra hasta olvidarla en el suelo; sus ojos grises mirando como ella contraía los músculos de su rostro, y aquellos labios fríos y expertos acercándose peligrosamente a sus piernas torneadas.

Una lengua roja lamió su muslo, subiendo hasta aquella M elegantemente dibujada. Mordió aquella firma que gritaba su nombre en cada suave línea escrita y ella misma ahogó un gemido de placer al sentir los dientes blancos atravesar la suave carne de esa delicada parte de su anatomía. Sus puños se aferraron a los mechones rubios que aún sujetaba, y con aquella señal él eliminó la última prenda que ocultaba el cuerpo de su esclava… dejándola a su merced.

Se hundió en la parte más íntima de la castaña, bebiendo cada gota de sudor y humedad que provenía de ella…. Y el éxtasis era espléndido al sentir como el vientre de ella se contraía frente a él, como podía lograr que ella gritara sólo con el roce de su lengua.

- Eres mía- le murmuró, con una sonrisa malvada-. Tan mía que eso te produce un miedo aterrador-.

Hermione no respondió, pero reconoció la verdad en aquellas palabras. Se había prometido no engañar al hombre que más amaba en este mundo, el único que la amaba sobre todas las cosas… y le estaba fallando. Mientras ella sudaba y gritaba el nombre de otro hombre en la habitación de un hotel, Oliver estaba extrañándola sentado en su usual sillón, bebiendo algún vaso de leche caliente.

Una contracción de su bajo vientre la distrajo de su culpabilidad, y un claro grito que significaba la tentada cercanía de su orgasmo la llevó a mirar hacia abajo… y ver como Draco se ponía de pie, con una seductora sonrisa en su cara.

Frunció su ceño sin entender qué sucedía. Y se dispuso a sentarse cuando notó que él arreglaba las arrugas de su camisa negra.

- ¿Adónde vas?- le preguntó como un mínimo suspiro que se escapó de su boca sonrosada.

Él se limitó a sonreír con maldad, y se encaminó hacia la puerta.

- ¿Qué haces?- volvió a llamar Hermione, subiendo su tono de voz-. ¿Por qué…?

- Porque no es el momento- la cortó él, mirando el fantástico cuerpo desnudo de ella antes de abrir la puerta-. Aún no- aseveró, cruzando el umbral.

Los ojos miel dieron una vuelta por la oscura habitación, y de pronto Hermione se sintió sucia, inmunda y asqueada de sí misma. Se miró y vio la desnudez de su cuerpo delgado, casi enfermo… y eso le produjo arcadas.

No es el momento, repitió en su mente con los ojos llorosos, jamás será el momento… no puede y no debe ser el momento.

La rabia se apelotonaba en su pecho, produciéndole hipidos que hacían temblar todo su cuerpo. Sus ojos se ahogaron en lágrimas de culpabilidad y asco que pronto bajaron por sus mejillas, esparciendo su rimel. Y cerró los ojos con fuerza, intentando olvidar.

Él se había burlado de ella de una forma cruel y maldita. La había hecho tocar el infierno y la había dejado estancada en él, para luego salir volando por un pequeño orificio y dejarla a oscuras en el imperio de Hades.

La impotencia, la ira y su orgullo profundamente herido ahora hacían eco en su mente como una olvidada llamada de emergencia. Sus sentidos agudizados podían percibir la humedad y la putrefacción de su propia piel… queriendo arrancar cada capa de ella, deseando eliminar cada centímetro de piel que había sido tocado por esa lengua bífida y malvada.

Aún temblando se puso de pie y se dirigió al baño… a oscuras. Abrió el grifo la bañera y se sentó en su interior, esparciendo jabón sobre sus manos con tal fuerza como si quisiera rasgarlas para dejar de sentir. Se restregó con decisión, matando toda célula que encontraba en su camino; incluso produciendo yagas y enrojecimiento en sus partes más delicadas, disfrutando del dolor que significaba sacarse cualquier rastro de ese hombre.

Pero por más que intentó borrar esa M que tan magistral estaba dibujada, no había jabón alguno que la pudiera hacer desaparecer: Aquella marca ya se había hecho parte de su ser al igual que sus órganos vitales, y sabía que sin ella no podría sobrevivir.

Hermione Granger era una triste mujer confundida que intentaba ahogar sus penas en el agua, y por más que lloró con su cabeza enterrada entre sus piernas…

Estaba marcada, y aquello era innegable.

&

Y aquí llega el final de este capítulo.

Muchas preguntas quedan volando: ¿Por qué Malfoy se comportó así?, ¿qué pretende con aquel gesto?, ¿qué hará Oliver?, ¿llegará a Paris?, ¿descubrirá qué está sucediendo?.

Pansy y Draco siguen juntos… ¿qué consecuencias traerá esto?, ¿Ron le dirá a Lavender la verdad?, ¿Draco se enterará de que también está siendo engañado?.

¿Qué es de Ginny?, ¿qué sucederá entre Luna y Theo?...

Muchas preguntas que se irán respondiendo en los próximos capítulos.

Gracias por su presencia, espero sus comentarios.

Ember.