Queridos lectores. ¿Qué tal?.

Noticias de último minuto: Este chap es un final de temporada de este fic. Prometo que lo terminaré, pero me daré un descanso mientras avanzo mis otros fics y también unos capítulos de este.

Mucho sabrán que subí la segunda parte de "Fatales Consecuencias". Entren a mi profile y léanla, prometo que no se arrepentirán.

Un besote desde Nunca Jamás.

Ember.


Disclamer: Personajes, tecnicismos, lugares y una que otra situación pasada perteneces a JK Rowling y a Warner Bross. Pero la obra original que publicaré será toda mía… muajajajaja.


Capítulo XVI: Sucumbir.

Se sentía tan bien, tan grande.

Draco Malfoy avanzaba por los pasillos del hotel como su fuera una estrella de la farándula paseando por la alfombra roja. Sonreía de forma petulante y emanaba elegancia y arrogancia en cada uno de sus fríos y estudiados movimientos.

Anoche había ganado una batalla, aquella batalla que lo llevaría pronto a la victoria. Había podido sentir la cara de frustración y dolor que Granger había puesto cuando se había levantado de su cama, y el hacer sufrir a una amiguita de Potter siempre sentaba bien… aún más bien cuando se trataba de una sangre sucia.

Esperó el ascensor con el orgullo brotando por cada uno de sus poros. Tal como Blaise le había dicho… ella debía sentirse humillada, una escoria, un desecho. Él debía lograr que ella se sintiera tan sucia y estúpida que sólo pudiera acudir a él, como la única luz en un oscuro túnel.

Se podía imaginar a Granger llorando entre sus brazos, rogándole un poco de afecto, de pasión. El mercurio de sus ojos brillaba al pensar en una escena patética de Granger suplicándole misericordia… y eso se sentía tan fenomenal que no pudo evitar lanzar una leve carcajada al aire.

El ascensor se detuvo en el primer piso, en donde el primer ministro francés iba a esperarlos. Ayer habían quedado que la respuesta acerca de la "libre aparición" iba a ser dada durante el desayuno por el Señor Dumont, aprovechando la buena comida que solía brindar el hotel. Draco había estado muy de acuerdo con aquello, no tenía intenciones de volver a conversar con todos los sosos franceses que conformaban el comité de transporte.

Con su impecable terno oscuro y su cabello engominado perfectamente hacia atrás, caminó a través del vestíbulo hacia el salón de comidas…. Manteniendo aquella sonrisa con la que se había quedado profundamente dormido. Pero le bastó abrir las puertas del lugar para que sus ojos se quedaran pegados en una imagen perturbadora….

¿Qué mierda hace el imbécil de Wood acá?...

Oliver sostenía entre sus manos la pequeña mano de Hermione. Sonreía al primer ministro Francés aceptando con humildad cada uno de sus halagos.

La noche anterior había llegado al hotel con su corazón oprimido por el temor de hallar a su esposa en mal estado. Con la ayuda de Ron y de Lavender se había conseguido un traslador que lo llevó al hall del hotel "Magie Blanche", y de ahí sólo le bastó hacer uso de su fama- cosa que no era de su agrado- para saber cuál era la habitación que tenía reservada su esposa….

Su respiración era acelerada mientras el ascensor subía hasta detenerse en el piso número doce. Tomó su varita con tenacidad y avanzó por el largo pasillo hasta detenerse en la habitación 1222. Sin esperar golpeó la puerta con su puño, y sus nudillos se hicieron daño por la fuerza utilizada.

La puerta tembló con su golpe y el aire se escapó de su nariz. Su sien palpitaba provocándole un imparable dolor de cabeza, y el miedo a lo que pudiera haber sucedido dentro de esa habitación le hacía morderse la lengua para no dar un grito propio de la frustración y el temor que sentía…

¿Qué sería de su vida si había llegado demasiado tarde?...

La puerta se abrió justo cuando se disponía romperla a golpes si era necesario, y frente a él apareció su Hermione, con la punta de sus rizos empapada y una toalla blanca cubriendo su cuerpo delgado.

Su emoción al verla fue tan palpable en el ambiente que no pudo evitar rodearla con sus brazos y apegarla a él, mientras sentía como las lágrimas de ellas mojaban su camisa. Extrañado la alejó de sí, y se adelantó un paso para cerrar la puerta que daba al pasillo.

Hermione lo miraba con una mezcla de alivio y culpabilidad. Al abrir la puerta jamás se imaginó que sería Oliver a quien encontraría parado al otro lado, pero una vez se vio reflejada en aquellos ojos castaños, no pudo contener más sus lágrimas y aferrarse a él.

- Amor, ¿qué sucede?- le preguntó él, volviendo a abrazarla con cariño- ¿por qué lloras?, ¿por qué estás así?-.

Sus palabras estaban impregnadas de una suave dulzura y preocupación, dejando en el olvido la rabia que había podido sentir. El tener a su chica ahí, a salvo entre sus brazos era lo más importante para él en esos momentos.

Con delicadeza la guió hacia el armazón de la cama, y luego la llevó a que se sentará en la colcha. El cabello de Hermione tapaba sus ojos enrojecidos, y pronto él pudo percibir que ella comenzaba a tiritar por el frío.

Con cuidado se levantó y buscó el pijama de ella bajo la almohada. Tomó la camisola blanca y se la entregó en sus manos, esperando que ella reaccionara y se cubriera… no sería bueno que agarrara un resfriado.

- Gracias- musitó queda, y tomó la prenda entre sus manos y se la pasó por la cabeza, deshaciéndose de la toalla una vez ya estaba cubierta por la camisola-. Gracias por estar aquí-.

Oliver sonrió, pero en ese momento recordó el porqué de su llegada a Paris. Tomó con una mano la mano de su esposa, y la miró con absoluta devoción.

- Cariño, ¿por qué llorabas?- le cuestionó limpiándole la barbilla de una gota traviesa que se había escapado de su lagrimal- ¿por qué...me mentiste?-.

Pudo percibir como los músculos de Hermione se tensaban en ese momento. Al parecer su pregunta le había tomado desprevenida, y su rostro mutó a un leve sobresalto. No se esperaba que él le preguntara ello, menos con lo que había vivido hacia una hora atrás.

- Yo… yo- tartamudeó con sus lágrimas amenazando una vez más. Lo amaba, no podía decirle la verdad-. Lo siento, amor. Perdóname por favor-.

Sin entender, Oliver la volvió a abrazar y depositó un beso en su sien. ¿Cómo iba a presionarla a responder cuando se veía tan débil entre sus brazos?. Ella se acurrucó contra su cuerpo e inspiró el varonil aroma de su esposo.

- Me preocupé, Hermione- su tono era suave, pero impregnado de verdad-. No te imaginas cómo me sentí cuando supe que Malfoy te había acompañado en el viaje-.

Malfoy… Hermione apretó los labios al escuchar ese nombre, y pronto rodeó el cuello de Oliver con sus brazos, elevando sus ojos hacia los de su esposo.

- No quería que te preocuparas por mí, por eso no te dije nada- acarició el cabello castaño de Oliver con una de sus manos tras su nuca-. Pronto comenzará el Mundial de Quidditch, y eso te mantendrá muy ocupado. No quiero ser un estorbo para tu carrera-.

El rostro de Oliver se embargó de un gesto melancólico. ¿Cómo ella iba a ser alguna vez un estorbo para él?. Era por ella que él se levantaba todas las mañanas. Era ella la que lo llevaba a sonreír cuando sentía que sus llaves abrían la cerradura de su departamento. Era sólo por ella que él se sentía completo consigo mismo… ella y nadie más.

Con una mano despejó un mechón castaño que ocultaba un ojo de su esposa, y besó con ternura la punta de su nariz.

- No digas tonteras, Hermione, tú jamás serás un estorbo para mí. Eres la persona más importante en mi vida, y es por lo que hemos construido juntos que me siento un absoluto ganador. No importa cuantos males hayan en el mundo, mientras nos tengamos el uno al otro nada puede ser menos que perfecto-.

Aquella sonrisa de farándula la eclipsó, y no pudo detener el impulso de besar esos labios con todo el amor del mundo. Las manos de Oliver se enrollaron en su enjuta cintura y la impulsaron a que se tendiera sobre la cama, con el cuerpo de Oliver a su lado.

Con cada caricia de él podía sentir como las huellas de la pasión enferma que había vivido con Malfoy se borraban. Porque si había una cosa en el mundo que podía enfrentar a la lujuria, debía ser el amor.

Su corazón latía mientras Oliver acariciaba sus hombros desnudos. Pero no era aquel latido ahogante y desesperado que la invadía cuando los ojos grises del mortífago se concentraban en ella, sino que era un acompasado latido que rimaba con las palabras de amor que él le susurraba y el calor suave que la invadía desde su bajo vientre.

Aquella noche Hermione sí pudo dormir, a pesar de que creía que jamás volvería a conciliar el sueño. Y su cabeza descansó sobre el pecho desnudo de su esposo, sintiéndose protegida mientras el amor de su vida dormía a su lado…

El Señor Dumont calló de pronto, y se volteó para ver la entrada del comedor. Hizo una seña graciosa e invitó a Draco a que se sentara junto a él, justo frente a Hermione.

- Señog Malfoy- llamó, poniéndose de pie y estrechando la mano del rubio- Migue la sogpesa que nos tiene Madame Gangueg. El capitán de los Puddlemere United en pegsona- señaló, absolutamente emocionado.

Draco lanzó una leve mirada de desdén a Oliver, pero pronto la cambió a su típica sonrisa cínica. Sus ojos viajaron del mantel blanco hacia las manos enlazadas de ambos esposo, y luego subieron hacia el rostro de Hermione, quien lo miraba atenta, incluso algo temerosa.

- Señor Wood, muchos años sin verlo- saludó a Oliver y estrechó su mano, tras lo cual el castaño lo saludó a regañadientes-. Un gusto tener a tan importante figura acá, en una singular reunión de negocios-.

Los ojos de Oliver miraban con desconfianza al rubio que tomó asiento frente a su esposa, y en un acto reflejo acarició los dedos de Hermione para infundirle seguridad… ella ahora no estaba sola.

- Así es el amor- respondió, con un claro tono amenazante-. Uno hace cualquier cosa por la persona que ama. Jamás la deja sola y la protege de todo mal que la pueda afectar-.

El señor Dumont sonrió tras las palabras de Oliver y asintió, reconociendo la verdad que había en ellas.

- Toda la vegdad, Mesier Wood- acotó mientras tomaba una tostada francesa de su plato-. Yo siempre he crgeido que el amoooog es el mejog sentimiento del mundo-.

Draco escuchó los comentarios sin mayor atención, y nuevamente llevó sus ojos a las manos enlazadas de la pareja. Por alguna extraña razón una rabia se había acoplado en su pecho. El aire se le atoraba en la garganta y su sien le palpitaba con ira, como si en cualquier momento fuera a explorar.

No estaba entre sus planes que Oliver fuera y salvara a Granger de la humillación. Él deseaba verla a la cara y sonreírle para dejarla desconcertada y derretida a sus pies… pero con la presencia eterna de Oliver aquello no sería posible. Debía deshacerse de él.

- ¿Qué opina, Mesier Malfoy?- le preguntó el Señor Dumont.

El rubio lo miró y le sonrió con su perfecta careta de caballero.

- Creo que ambos tienen toda la razón- señaló, mirando a Hermione directamente en aquel momento-. Uno hace todo por la persona que ama…. Absolutamente todo-.

Y por alguna extraña razón… Hermione sintió que algo se revolvía en su estómago tras aquellas palabras.

OoOoOoOoO

Los murmullos de la sala parecían zumbidos molestos para él, quien intentaba con todas sus fuerzas tomar una decisión con aquella carta arrugada entre sus manos.

La curiosidad lo atormentaba lo suficiente para atreverse a ir y averiguar qué significaba todo ello. Por qué alguien incógnito intentaba ayudarlo. Y a qué se debía tanto misterio, tanto suspenso por parte de la persona que lo contactaba.

Se pasó una mano por su cabello azabache y miró el tranquilo rostro de Ginny durmiendo sobre la cama.

Parecía un ángel. A pesar de que estuviera tremendamente flaca y su cabello pareciera un manto rojo sin vida. Aún así Harry la encontraba hermosa, tan maravillosa como una hada de los bosques encantados. Para él ella era la perfección misma… y no podía despertar de la verdad: que por fin su perfección había vuelto a su lado.

Se levantó y besó aquella pecosa mejilla fría. El aire de su tranquila respiración golpeó su rostro, y al sentir el aroma de ella a través de ese suspiro inconsciente… sonrió. Acarició su rostro con la yema de sus dedos. Y luego se alejó hacia la sala, dejándola descansar.

- Angelina, George- llamó a la pareja que conversaba de lo más calladita en una esquina, junto a la ventana.

La medimaga le sonrió y soltó la mano que George le sostenía, sonrojándose a su paso. Caminó hacia Harry y le colocó una mano sobre su hombro, como una clara muestra de apoyo.

- Di, Harry, ¿necesitas algo?- su voz sonó preocupada.

- ¿Le pasó algo a Ginny?- interrumpió George, caminando tras Angelina y alzando una ceja tras el perceptible rostro abatido del niño-que- vivió.

Harry negó y sonrió levemente, aunque aquel gesto no llegó a sus ojos con sinceridad.

- Debo salir, y quería saber si se podían quedar con ella…. Por si despierta- pidió, emitiendo un suspiro al final de la frase.

Angelina asintió de inmediato, al igual que George, y ambos dejaron que Harry se alejara de ellos rumbo a la salida.

- Volveré en un par de horas- avisó tomando el abrigo que colgaba junto a la puerta.

Y mientras Harry salía en busca que aquel desconocido que le había escrito por segunda vez….

Angelina y George enlazaban sus manos en la sala, sin percatarse de cómo Ginny murmuraba "Harry" entre sueños.

OoOoOoOoO

Papeles, papeles y más papeles….

Luna estaba sentada en su gran escritorio rodeada por los muchos reportajes interesantes que le habían llegado para este mes. No sólo estaba lo del trato de "libre aparición" con Francia, que aún 

no se resolvía; sino que también habían unas cuantas entrevistas a ex-mortífagos y otro tanto sobre las extrañas muertes de los ex seguidores de Voldemort.

Suspiró cansada y se llevó su rubia cabellera desordenada hacia atrás. Soltó la pluma y dejó la tinta a un lado, ya debía comenzar con la sección "crónica de auror".

Un golpeteo de su ventana le llamó la atención. No esperaba ninguna carta de alguien en especial, y cualquier cosa profesional siempre llegaba a mano de su secretaria antes.

Con un saltito se puso de pie. Alisó los pliegues de su túnica naranja chillón, y caminó hacia la ventana para dejar entrar a una lechuza cafesosa que cada vez se le hacía más familiar.

Por alguna razón extraña su corazón pareció latir con más fuerza cuando el ave le estiró su garra para que desenrollara la nota que llevaba en ella. Y la sangre golpeó sus mejillas al leer la elegante caligrafía de su autor.

"Querida Señorita Lovegood:

¡De Estimada a Querida!, ¿Significará algo?.

Me complacería de sobremanera que aceptara reunirse conmigo hoy en la noche. Fue tan agradable nuestra reunión anterior que me honraría al poder agradecérselo como se debe: con una cena especial para usted.

Esperando su respuesta con ansias.

Theodore Nott.

PD: Si no quiere aceptar, no se preocupe… lo entendería. Y no, no la voy a echar del periódico por eso, así que no tema algo así…

Luna sonrió de sobremanera al leer la invitación, aunque no pudo negar que la PD le pareció algo melancólica. ¿Por qué ella se negaría a una cena con un hombre tan amable y agradable como Theo?. ¿Quién podría ser tan ciega para no fijarse en el ser humano tan sensible y temeroso que se escondía tras aquel hombre misterioso?.

Con la sonrisa aún plasmada en su cara tomó una pluma y un papel. Y con su corazón desbocado en su pecho… aceptó la cena que le tenían preparada.

OoOoOoOoO

Todo había sido demasiado rápido para su gusto. Sí, así de la nada, él se había tenido que ir… como si el mismo diablo lo hubiera estado persiguiendo desde esa carta que recibió.

Cuando Hermione arribó en su departamento después de dos días de ausencia, se sintió absolutamente relajada. No sólo el Ministerio Francés había aceptado su propuesta y estaban dispuesto a hacer una comisión que estudiara los tecnicismos del asunto; sino que por fin estaba lejos de Draco Malfoy… demostrando con ello que había escogido el amor de su esposo una vez más.

Oliver la besó cuando cruzaron el umbral de la puerta y de inmediato se fue a la cocina para prepararle un rico vaso de leche de chocolate- el aparato muggle que habían comprado para licuar y batir aún le parecía extraordinario-. Y ella se había quedado en la sala, descansando.

En eso una lechuza llamó por la ventana. Y al abrirla, se dirigió directamente a la cocina, dejando un sobre azulino frente a las manos de Oliver, quien estaba con su camiseta chorreada por un líquido dulce y cafesoso.

- ¿Qué dice?- le preguntó ella acercándose tras su espalda.

Él arrugó el ceño y leyó la carta una vez más, emitiendo un bufido indignado.

- Debo irme- le señaló, ofuscado-. Todos los organizadores del Mundial han partido hoy en la tarde a Bulgaria para arreglar unos asuntos de suma importancia. Lee dice que intentó contactarme, pero que le fue imposible. Así que todos me esperan en una hora más en el hotel contratado. Dejaron un traslador a mi disposición en el ministerio-.

Hermione aún no alcanzaba a asimilar la noticia cuando Oliver la abrazó con fuerza. Al parecer no sólo a ella le sonaba de lo más curioso aquella abrupta reunión. Él besó su cuello y su mejilla, para luego hundirse en su boca con ternura.

- ¿Estarás bien?- le preguntó. Sus ojos oscuros se clavaban en aquellos ojos miel-. Si quieres me quedo y…-.

- No- le cortó de inmediato. Se negaba a ser una molestia en la carrera de su esposo-. Debes ir, parece ser importante-.

Oliver asintió y la volvió a besar, apretando a Hermione con sus brazos.

- Te amo- le susurró mientras se alejaba de ella rumbo a la habitación, donde debía buscar sus cosas-.Cuídate-.

Ella sonrió y lo siguió, tomándole la mano mientras avanzaban

- Siempre, amor…-.

Después de aquello Oliver había guardado sus cosas. Se había cambiado de ropa- algo más formal, pero sin caer en las corbatas- y había partido rumbo al Ministerio… dejando a Hermione algo melancólica sobre la cama solitaria.

Al rato de divagar en la extraña situación durante unos largos minutos, decidió deshacer la maleta con las cosas que había llevado a París. Tomó aquellas ropas que estaban sucias y las dejó dentro del canasto que luego llevaría a la lavandería. Y seguido a esto agarró sus utensilios personales y los llevó al baño, para guardarlos de forma ordenada dentro del cajón.

A pesar de que el clima no acompañaba a entibiar el ambiente, Hermione había dejado las ventanas abiertas para ventilar su pieza. Le parecía fastidioso ese olor a encerrado que tomaba su antiguo departamento cuando ella no se dedicaba a asearlo con esmero. Y era por ello que la brisa fresca que golpeó su espalda no le llamó la atención…

…aunque la sombra que se reflejó en el piso sí lo hizo.

- ¡Malfoy!- gritó asustada, llevándose una mano en el corazón y poniéndose de pie.

- Granger…- susurró él seductor, apoyado en el marco que separaba el baño de la pieza principal-. ¿Asombrada de verme?-.

La "M" comenzó a arder mientras Hermione hundía su mirada en aquellos ojos plateados, fríos y centellantes. De forma involuntaria se llevó una mano al tatuaje, a la vez que pensaba aceleradamente en un plan… debía evitar que él la hiciera caer nuevamente en su juego lujurioso.

- La verdad no, Malfoy- le respondió desafiante, intentando sonar segura-. Nunca es fácil deshacerse de la escoria…-.

Él se limitó a sonreír y caminó un paso, cerrando la puerta tras de sí. Aún en la oscuridad del baño podía reconocer la tensión que se apoderaba de los músculos de la castaña. Le agradaba poder producir ese tipo de reacciones en ella. Podía percibir la rabia y el miedo que se aprisionaba en el escuálido cuerpo de la mujer… y eso sólo llevaba a que su libido aumentara.

Hermione retrocedió por inercia hasta quedar pegada al lavabo. La respiración de Draco golpeó su rostro sonrojado cuando él posó ambas manos en su cadera. Y la "M" ardió… como si toda Troya se quemara entre sus piernas.

- ¡No!- gritó, posando ambas manos en el pecho del rubio- aléjate… por favor, aléjate- susurró, sintiendo aquella bífida lengua humedecer su cuello con elegancia.

Pero él no tenía ni la menor intención de hacer caso a su ruego, disfrutando con el tormento que ella estaba pasando… sin poder evitar ser un maniquí a su merced.

Sus pálidas manos se colaron por su blusa hacia su sujetador, y sin mayor juego previo lo desabrochó, sintiendo como la respiración de ella se aceleraba de inmediato. Hermione se tensaba entre sus brazos luchando contra su cuerpo, contra sus instintos, contra aquel horrible deseo destructor. No quería ser esclava de ese hombre inhumano, de ese ser despiadado y cruel. Ella no deseaba ser su…

- Perra. Eso eres, Granger- le susurró él mientras masajeaba cada porción de piel que sus manos alcanzaban-. Eres una sucia perra con la que jugaré hoy. Sabes que mueres porque termine lo que interrumpí anoche-.

Un gemido se escapó de su boca entreabierta cuando él le mordió el hombro, y no pudo controlar el respingo de su cuerpo cuando aquella mano experta bajó a acariciar aquel trazado elegante que la había transformado en tal objeto sexual.

La sonrisa ladeada de Draco permitió que su aire caliente se colara entre los labios delgados. Y sin más preámbulo besó aquella cereza rosa, aquella flor deshojada que llamaba a ser lamida y mordida por él. Su pecho se hinchó al sentirla responder con bravura, como si la pasión se escapara y los envolviera cuando la cavidad tibia de sus bocas se unía.

Y fue entonces que Draco sintió que el deseo por aquella piel tersa, por aquel cuerpo delgado, por aquella enjuta cintura también lo superaba. Pudiendo notar cómo su corazón se aceleraba al igual que su aliento…. y no podía negar que ser consciente de ello le desagradó, porque de esa forma…

….Él no estaba arrastrándola a su pecado, sino que él mismo caía con ella al fondo de aquel abismo ensangrentado.

A su cabeza vino el recuerdo de aquella misma mañana. Volvió a sentir la rabia al evocar la imagen de la mano de Wood entrelazada con la pequeña mano de Granger… y el golpe de ira lo llevó a besar con más ahínco aquella boca prohibida.

No entendía porqué le atormentaba el saber que Granger estaba con él. Porqué le carcomía los pensamientos ese sentimiento innombrable de confusión cuando pensaba que, a pesar que él jugara con ella, Hermione dormía todas y cada una de las noches con el unineuronal capitán de Quidditch. Y no sólo eso le molestaba a Draco Malfoy…

Sino que ella amaba a su esposo con toda su alma. Y sin importar cuántas veces la follara… aquel corazón despierto en el pecho de la leona, sería de Wood… por siempre.

Sin mayor reparo se deshizo de la prenda interior que separaba sus cuerpos calientes. Su pantalón olvidado en el piso se unió con aquella tanga rota por sus manos….

Y a la vez que la hacía suya en aquel baño oscuro, con sus gemidos incesantes y sus cuerpos ensamblados en la danza de la pasión; no pudo dejar de pensar en qué cara pondría Hermione a la mañana siguiente… cuando se enterara de la desaparición de su marido.

Una sonrisa terrorífica cursó por el rostro del abochornado Mortífago.

&

Wow!. Y el fin de la temporada ha llegado. ¿Qué les pareció?

Bueno, roguemos porque mi Inspiración se apiade de mí y me permita seguir pronto con esta historia. Prometo que la segunda temporada estará llena de sorpresas.

Espero sus comentarios y sus reacciones.

Un besote gigante.

Ember.