Segunda Temporada UP!.
A leer!
Capítulo XVII: Naufrago a la deriva.
La cama estaba vacía a su lado. Hace una semana que se mantenía así, y la soledad y la desesperación estaban descontrolándola. Extrañaba esos ojos cafés contemplándola por la mañana; añoraba aquellas caricias rudas, pero tiernas, repletas de un cariño sobrecogedor que inspiraban amor en cada roce. Lloraba con el recuerdo de su voz ronca, de su sonrisa carismática, de sus palabras rebosantes en un amor sin condiciones, sin peros…
No sabía qué había sucedido. Qué habían querido decir los funcionarios del ministerio cuando le hablaron de su extraña desaparición.
Una comitiva encabezada por Harry había ido a avisarle del atípico acontecimiento que protagonizaba Oliver en Rumania. No se tenían muchos datos al respecto, pero el departamento de aurores estaba trabajando en ello.
A través de sus gafas, Harry había intentado ser lo más precavido en avisarle la desgracia, sujetándola de la cintura cuando su cuerpo esquelético se dobló en dos por la incredulidad y la pena. Su amiga castaña se sujetó de su camisa con rabia y lo miró con los ojos inundados en lágrimas.
- Dime que es mentira, por favor dime que es una maldita broma- le rogó.
Pero no era una broma. Nada de lo horrible que sucedía en su vida lo era.
Las noches se hacían demasiado frías sin el caluroso cuerpo de su esposo reposando a su lado. Las paredes del departamento se le hacían enormes y llanas sin la risa de Oliver llenando el espacio desierto que dejó su ida, su desaparición. Incluso la biblioteca de la sala se le hacía desagradable sin las revistas deportivas de Oliver repartidas de forma desordenada por los estantes.
No tenía sentido respirar si la persona que más amaba en este mundo no estaba. No había necesidad de levantarse si no serían aquellos ojos brillosos lo que vería cuando un rayo desabrido de sol se colara por la ventana. No había razón de existir en un mundo en que Oliver no estuviera a su lado.
Ella no era nadie si no tenía al hombre de su vida consigo.
¿Por qué?, se preguntaba con la cabeza enterrada en la almohada, ¿Por qué no estás conmigo?, le cuestionaba al aire, al viento, a los mismos dioses. No había una respuesta a sus dudas, no había nadie que pudiera darle alguna respuesta satisfactoria.
Durante las tardes sus amigos tocaban a su puerta. Harry venía y la abrazaba, acariciando sus mechones castaños desordenados y murmurándole palabras de esperanza, de fe. Pero ella no tenía ganas ni motivos para escuchar aquel discurso insulso, apocado… después de todo lo vivido, Hermione ya no creía en nada real.
Ron la estrechaba entre sus brazos y se limitaba a escuchar lo que ella tenía que decir, aunque muchas veces no había nada que quisiera expresar. Permitía que en sus arranques de rabia lo golpeara, explotara en él… incluso dejaba que le gritara y lo hechizara, todo con tal de que su amiga se volviera a levantar… volviera a sonreír con aquella boquita rosada.
Y Hermione respondía a aquellas caricias con gimoteos y lágrimas. Dejándose ser sin responder, sin demostrar en su interior un incentivo a seguir viva.
- Herms, soy yo- llamó una voz femenina a la puerta-.Ábreme, ¿bueno?-.
La mujer castaña levantó su rostro pálido hacia la puerta, y con pesadez se puso de pie… arrastrando la bata blanca por el suelo.
- ¡Herms!, ¿cómo estás?- preguntó una entusiasmada Luna, rodeando el cuello de su amiga mientras sujetaba una caja de chocolates en su mano-. Mira te traje bombones-.
Hermione asintió y se corrió a un lado para dejarla pasar. Se estaba acostumbrando a esas constantes visitas que recibía… aunque a veces lo único que quería era estar completamente sola. Intentó sonreír al ver la caja de chocolates que Luna sujetaba, y volvió a tomar asiento en la sala, en el sillón que Oliver solía usar... deseando que fuera él quien ocupara ese espacio vacío.
- ¿Quieres uno?... el de menta nunca falla- le comentó abriendo la caja y tomando un bombón con forma de hoja-. Me los envió mi jefe por el incremento en la calidad del periódico desde que soy editora, ¿dime si no es mono?-.
La castaña volvió a asentir, pero no tomó el chocolate que su amiga le ofrecía. Luna arrugó el ceño un momento y la miró con severidad, aunque luego recordó que ella no era la que desempeñaba el papel reprochador en el grupo de amigos.
- Vamos, Herms… ¡ánimo!- exclamó, desesperándose un poco-. Tú sabes cómo son esos países de Europa oriental, con tanto vampiro y hombre lobo suelto es seguro que cosas así pueden pasar, pero Oliver es un hombre fuerte, sabrá enfrentarlos-.
Sus palabras hicieron que Hermione se mordiera el labio en un gesto de preocupación, y Luna comprendió que su excesiva sinceridad había sido una mala idea. Rápidamente pensó en otra cosa, y recordó qué era lo que había ido a hacer donde su amiga.
- Ya, Herms, ya sé qué haré para sacarte de ese estado- le señaló, parándose junto a ella y jalándola con fuerza-. Me vas acompañar a ver a Harry al departamento… quizás tenemos suerte y Ginny despierta, ¿qué te parece?-.
La mujer no parecía tener la menor intención de ponerse de pie, y Luna se estaba cansando del esfuerzo que le significaba jalar la manga de su bata. Con una sonrisa pícara sacó la varita de su bolsillo, y mirándola decidida le dijo:
- No me das más alternativas. Hermione, o te levantas y me acompañas… o te hechizo- amenazó seria-. Y sabes que soy capaz-.
Un silencio embargó la sala oscurecida.
- Estás bromeando… ¿cierto?- preguntó la castaña de pronto reaccionando. Y es que cuando Luna amenazaba, había que preocuparse.
- No- señaló aún más seria la rubia-. Así que vamos… entre más te apresures, mejor-.
OoOoOoOoO
Sus dedos pálidos tamborileaban sobre el escritorio de ébano de su oficina. Una sonrisa arrogante adornaba sus facciones varoniles y un cigarrillo fino descansaba en el cenicero de plaqué.
Pero aquella sonrisa no significaba nada: ni alegría ni jolgorio. No, aquella sonrisa no quería decir nada en la careta cínica que solía llevar. Sonreír era para él como pestañear, subía y bajaba en el ascensor del Ministerio sonriendo, aún cuando no hubiera nadie alrededor que lo viera haciendo tal gesto.
No sabía porqué se la pasaba sonriendo hace una semana, mas sabía que debía hacerlo para no levantar sospechas, para que nadie dudara de que había cambiado… al igual que su padre. No debía mostrarse sumamente feliz, pero sí dichoso por lo logrado en Paris…
Paris. Pensar en los días vividos en esa ciudad lo invadía de contradicciones. Porque cuando recordaba la ciudad de la torre Eiffel no evocaba su belleza natural ni el perfume de las parisinas. En su mente una cabeza castaña y unos ojos miel aparecían. Una risa suave, una marca en la entrepierna, una lujuria incontrolable…
Paris.
Hace una semana que la había hecho suya. La había dominado y la había doblegado bajo su poder, su hombría. Con sus manos había rozado cada palmo prohibido de una mujer hecha y derecha, de una sangre sucia que a cada segundo se le hacía más apetecible.
El sólo pensar en ese encuentro en el baño lo hacía sudar. Su corazón se agitaba al escuchar en su imaginación aquellos gemidos infernales, incontrolables. Y esas manos pequeñas y dóciles acariciando su cabello platinado… mientras él se introducía aún más en ella, colmando sus ansias con ese cuerpo cálido y delgado.
La había mordido llegando a sacarle sangre en los lugares más inauditos. La había lamido, chupado, besado y acariciado. Había dibujado el contorno de sus caderas, desenredado sus mechones de pelo, enterrado sus uñas en sus brazos famélicos… hasta perderse en el mar de sensaciones que significa hundirse en el mal más deseado, en el último fin de su enloquecimiento.
Y Draco no podía dejar de pensar en ella en ningún segundo del día.
Por informes que Potter le había hecho llegar a su padre, Draco sabía que no había ni rastro del paradero de Wood. Habían mandado a grupos especializados a buscarlo por cada metro cuadrado de Europa del este, pero todavía no había ninguna noticia del capitán de Quidditch.
Y Granger estaba tan desaparecida como su esposo.
No la había visto por el ministerio ni siquiera una vez. No había rastro del informe que debía presentar, y la única muestra de vida que había dado era una carta impersonal que le había mandado a Lucius, excusándose por una semana.
Debía estar mal, muy mal para faltar a aquel puesto de trabajo que tanto amaba. Debía estar sufriendo más de lo pensado para dejar sus tareas a medias y hundirse en la tristeza y la desesperanza…. Una parte de Granger debía estar desencajada para permitir que sus problemas personales interfirieran con su obligación. Eso, o el verdadero sentimiento que tenía hacia Wood no le permitía llevar a cabo su rutina.
Draco frunció el entrecejo con ese pensamiento.
Era inolvidable la mirada brillosa de la sangre sucia cuando Oliver la acompaño en el desayuno en Paris. Sus ojos mieles viajaban hacia el perfil de su esposo y lo contemplaba, lo ovacionaba como nunca lo habían mirado a él. En sus gestos no se denotaba lujuria, tampoco pasión… sino un sentimiento que era mucho más puro, e incluso más potente: Amor.
Granger amaba a Wood tanto como Wood la amaba a ella, y eso era tan palpable en el ambiente que llegaba a producir asco. Ambos parecían una burbuja de tonos rosas cuando estaban juntos, como dos cariñositos felices o dos seguidores de Eros. Eran una pareja enamorada que se rendía a los suplicios del amor y del saberse amado… y Draco no pudo soportar aquello. Él no podía ver a su sangre sucia enamorada de otro.
La vena de su sien tembló mientras pensaba en la descorazonada Granger llorando sobre la cama. En su cabello revuelto sobre la almohada, empapando con sus lágrimas las sábanas baratas. Ella estaría llorando por Wood, por su ausencia, por su soledad…
Granger estaría desconsolada sin Wood a su lado. Estaría transformada en un estropajo, en una muñeca de trapo utilizable y desechable. Su razón estaría aún más débil que lo usual, y su voluntad menguaría hasta dejar de existir… siendo un recuerdo de lo que alguna vez fue.
En ese instante Draco Malfoy sonrió por lo genial que eran sus pensamientos.
El momento de utilizar a Granger para hacerla confiar en él era ese. Ahora llegaba su turno.
OoOoOoO
Angelina abrió la puerta sonriendo con calidez a la recién llegada. En un movimiento cordial, pero cariñoso, abrazó a la castaña por los hombros, y luego le dio paso para que se dirigiera a la sala.
Ahí se encontraban Ron y George, ambos enfrascados en un partido de ajedrez mágico que, por lo visto, Ron iba ganando. George tenía su ceño fruncido, mientras buscaba cómo vencer… pero no había mucho que pudiera hacer, ya estaba derrotado.
- Jaque mate- informó su hermano menor, mientras el caballo degollaba al rey-. ¡Herms!- exclamó al verla cruzar el umbral, y se abalanzó hacia ella abrazándola por los hombros.
La castaña dejó que el pelirrojo depositara dos besos en cada una de sus mejillas. Y le sonrió con esa mezcla de nostalgia y resignación. Desde que Oliver había desaparecido no tenía ganas de ocultar su dolor.
- Que bueno que viniste a visitarnos- dijo George, sacudiendo la cabellera castaña de Hermione, para luego tomar la mano de Angelina-. Ron estaba planeando en llevarte a una biblioteca para verte feliz, así de desesperado anda-.
Ron asintió y volvió a abrazar a su amiga, acunándola entre sus brazos.
- Tenemos a nuestros mejores hombres buscándolo- le recordó, acariciando su cabello-. De hecho Harry sólo se separa de Ginny para ir a ordenar la búsqueda de Oliver-.
Hermione volvió a sonreír y se separó de Ron, buscando con su mirada a Harry.
- Hermione- la llamó su amigo desde el pasillo que llevaba al dormitorio. Había escuchado la exclamación de Ron y tenía que asegurarse que realmente Hermione había llegado a su departamento-. Me alegro que estés aquí- le murmuró, y la abrazó con fuerza, besando su frente tal como siempre lo hacía cuando quería protegerla.
Como un naufrago a un navío, Hermione se aferró al torso de su amigo. Estar así con Harry se sentía tan bien que durante unos míseros segundos se olvidaba de su trágica realidad.
Harry le acarició el cabello mientras la abrazaba y miró a Ron con una sonrisa, quien le asentía también algo aliviado de ver a Hermione algo más viva que el día anterior.
- ¿Quieres ir a ver a Ginny?- le preguntó con esperanza.
La castaña se separó de él y susurró un leve sí, encaminándose frente al resto hacia el dormitorio que le era tan conocido.
Ginny parecía dormir con algo de intranquilidad. Su cabello opaco se repartía sobre las sábanas blancas, y la camiseta de dormir se enredaba entre sus piernas rígidas y la sonda que salía de su estómago hacia una bolsa plástica que colgaba de la cama.
Aún se veía demacrada. A base de suero no había engordado ni un milígramo, y sus labios pálidos, y los huesos sobresalientes de sus clavículas la hacían parecer un esqueleto, un débil esqueleto que respiraba.
Se hincó junto al armazón de la cabecera, mientras el resto de los presentes rodeaban la escena. Luna se puso de pie frente a la ventana, y Harry acarició el cabello de la pelirroja frente a Hermione.
El sol de la tarde iluminaba la habitación con sus matices rojos y anaranjados. Sólo un rayo débil y pobre iluminaba el rostro de Ginny haciendo aún más notoria su nueva palidez. Sin embargo sus pecas hacían contraste con ese blanco, dándole un aspecto vivo que mantenía a Harry feliz, seguro de que ella se pondría bien.
Y en aquel silencio absoluto. Con un George y una Angelina tomados de la mano. Un Ron atento al leve brillo en la mirada de Hermione. Una Luna sonriendo por lograr que su amiga saliera de su encierro. Y un Harry y una Hermione atentos a la respiración desigual de Ginny en su cama…
Unos ojos chocolates se hicieron notar bajo unos párpados cansados, y una mueca de incomprensión se expandió en unos labios blancos que se creían tiesos.
- ¿Harry?- llamó Ginny al notar aquellas orbes verde esmeralda que la miraban con impresión y emoción-. ¿Qué me sucedió?-.
&
Cortito capítulo introductorio de la segunda temporada de la saga…
¿Qué opinan?.
Espero que la espera valga la pena... sé que el próximo capítulo los dejará :o!.
Así que espero sus hermosos comentarios… Y claro, los invito como siempre al Blog de PPC que está en mi perfil, al igual que a mi Blog personal!.
Un beso desde Nunca Jamás.
Ember
