Primero disculparme por el horrible atraso, pero estoy en exámenes finales :s. Me quedan dos por dar y después: VACACIONES! =)

Un agradecimiento especial a:

lorenamalfoy12, beautifly92, karyta34, drajer4, jos Black, salesia, Fiona garay, , Mad Aristocrat, andely Malfoy Cullen, Santalia, Zareth Malfoy, Cullengirl405.

Muchas gracias!!!

Disclamer: Todo los personajes y lugares conocidos pertenecen a WB y a JK Rowling. Y la canción (letra) que aparece fue hecha por Mad Aristocrat en especial para este capítulo (Muchas gracias Feru querida!!!!!!! ), por eso pongo el lyric xD!.

Espero sus comentarios…

Ember.

Capítulo XXI: Aniversario de Hogwarts.

Levantó la mirada y se sorprendió por la opulenta decoración que ahora inundaba los espacios del Gran Comedor. Escarchas de plata repartidas en el suelo. Las mesas con manteles largos, blancos y con pétalos de rosa en su centro. La orquesta en el fondo, sobre una tarima que daba las veces de escenario; y en el centro un gran espacio vacío… donde eventualmente las personas se pondrían a bailar.

Rápidamente sintió pasos que se acercaron a ellos, y sonrió. Debía sonreír.

- Joven Potter, señorita Weasley- saludó McGonagall haciendo una inspección del rostro famélico de Ginny- y señora Granger, me alego de verlos aquí-.

Harry asintió y tomó con fuerza la mano de Ginny.

- No nos podíamos perder el aniversario de Hogwarts, ¿no es así?-.

- No, era imperdible- afirmó Ginny, quien más había insistido en que deseaba ir a la gran fiesta que se celebraría ese día.

Pero Hermione no pensaba lo mismo. Ella había decidido no ir, eligiendo quedarse en su casa y leer uno de los tantos libros que había sacado de la Biblioteca junto a una taza de té. Mas Harry le había enviado una lechuza rogándole que fuera… necesitaba a alguien con él en la primera aparición pública de la pelirroja.

Y ella no se pudo negar a la petición de su amigo.

Era así como ahora se encontraba ahí, en una fiesta que prometía ser la más recordada del año, donde todo personaje importante de la Comunidad mágica debía asistir. No ir podía significar, en muchos casos, la perdición. La perdición a nivel social, claro.

- Adelante, la fiesta recién comienza- señaló la directora, esbozando una cálida sonrisa a Ginny que no pasó desapercibida para Hermione; y los dejó pasar, yendo a saludar a una nueva pareja de ex alumnos que llegaba.

Después de estrechar unas cuantas manos, saludar con sonrisas falsas, responder preguntas banas y preguntar cosas poco interesantes, por fin Hermione llegó junto a la mesa del ponche. Tomó un vaso y lo llenó de aquel licor dulce que le podía suavizar la noche bebiéndolo todo de un sorbo. Pensó en que Oliver sonreiría gracioso si la viera haciendo eso.

Siempre cuando salían ella pedía jugo natural, nunca alcohol. Su cabeza no era resistente y con la primera copa ya sentía que las cosas se movían de lugar. Oliver siempre se reía de ella cuando la veía tomar algún trago que contuviera alcohol… decía que era graciosa verla tambalearse, aparte que solía besarlo con menos pudor cuando tomaba.

Se sonrojó sólo de pensarlo…

Dejó el vaso en la mesa y se volteó, apartando la cola del vestido que usaba hacia atrás.

Fue entonces cuando sintió unos ojos que la estaban desnudando desde la lejanía.

Él había llegado, lo presentía.

Draco Malfoy entraba en todo su esplendor al Gran Comedor. Vestido con una túnica negra, hecha a la medida, observaba serio su alrededor, fijando su mirada gris en ella y en lo sexy que se veía con ese vestido color piel, que se amoldaba perfectamente a su cuerpo delgado.

Hermione desvió su mirada con una mueca de impotencia, y se percató que Malfoy no estaba solo… tomada de la mano de él iba Pansy Parkinson, vestida como una famosa estrella internacional, acaparando flashes de fotos y sonrisas en el pequeño grupo que rápidamente se había acercado para darle la bienvenida.

- Señor Malfoy y señorita Parkinson, me alegro que hayan aceptado la invitación- saludó la Profesora McGonagall, más como gesto de educación que de verdadero placer.

- Muchas gracias a usted por invitarnos- respondió galantemente Draco, sonriendo de esa manera tan cínica que Hermione sabía reconocer.

Los ojos grises volvieron a fijarse en ella desde la entrada… y la "M" ardió, tal como si una llama extinguida se hubiera prendido en su entrepierna.

- Joven Weasley y señorita Brown, ya me parecía extraño que no llegaran- dijo la profesora alejándose de los ex Slytherin-, un gusto tenerlos por acá-.

Lavander sonrió y dejó que Ron tomara la palabra.

- Tuvimos unos inconvenientes, disculpe en retraso- dijo el pelirrojo poniéndose del color de su cabello. La postura perfecta de la túnica azul oscura que llevaba daba a entender que seguramente Lavender estuvo un buen rato arreglándolo antes de salir hacia el evento.

Azul… pensó Pansy en cuanto lo vio, intentando no ser notoria en su gesto, que casualidad, se dijo, al ver que sus vestimentas eran del mismo tono.

Conforme pasaban los minutos más ex alumnos, profesores, personalidades importantes y celebridades hacían aparición. Graciosamente la gente se repartía de una manera demasiado típica, dejando a todos los Gryffindor en una mesa, así como a los Slytherin, Ravenclaws y Hufflepuff en otras.

- ¿Te gustó mi vestido, Herms?- preguntó Lavender haciendo gala de la hermosa tela satinada de su vestido plateado-. Me lo mandé a hacer donde Madame Malkins-.

- Hermoso, Lavender- respondió Hermione atenta, aunque no podía concentrarse con una mirada tan intensa que parecía atravesar su nuca.

- Se ven hermosas las dos- interrumpió Ginny-, no como yo que parezco una duende dentro de este vestido que me queda tan grande-.

Hermione tomó la mano de su amiga y le sonrió. Estoy sólo por ti aquí, Ginny, pensó, así que no te quejes….

- No digas tonteras, te ves hermosa, ¿no es así, Harry?-.

Harry, quien en ese momento se reía de algo estúpido dicho por Ron, se volteó y miró a la pelirroja que estaba a su lado. Su mirada verde brilló al encontrarse con sus ojos chocolates, tal como siempre brillaban cuando despertaba y la veía durmiendo junto a él.

- Te ves preciosa… si no fuera porque te puedo tocar, juraría que eres un ángel- le respondió, besando su nariz.

- ¡Ay, Harry!, ¿desde cuándo tan cursi?- le reprochó Ginny divertida.

- Desde que volviste a mí, amor...- susurró, y besó la mejilla de su novia.

Lavender suspiró notoriamente tras ese intercambio cariñoso y miró a su novio. Se inclinó hacia él y tomó su mano.

- ¿Y yo cómo me veo, Won?-.

Ron desvió su mirada de la mesa donde un gran grupo de Slytherin conversaban y miró a su novia. Se veía bonita, no podía negarlo, pero en ese momento sólo tenía ojos para una mujer… una mujer que tomaba la mano de otro hombre que no era él.

- ¿Won?- insistió Lavender, acercando su rostro al rostro de Ron.

- Linda, muy linda- le respondió él por inercia, y recibió un beso en la boca de parte de una Lavender que sonreía agradecida por su comentario.

Pero en el momento en que la chica se alejaba para volver a tomar asiento, pudo percibir una mirada intensa que disimuladamente lo observaba tras los destellos dorados de una copa de champagne….

- ¿Así que tienes una sorpresa para esta noche, Pansy?- preguntó Lucius Malfoy a su nuera.

Con un ademán de llevar su brillante cabello negro hacia atrás, Pansy volteó su mirada hacia su suegro y le dedicó una sonrisa. A su lado sentía la mano de Draco sobre su pierna, y ese contacto la mantenía algo incómoda, aún más cuando Ron estaba cerca y observándola.

- Sí, de hecho es algo muy especial que espero que les guste- comentó, mirando a todos los hombres mayores que estaban en la mesa que ella y Draco ocupaban.

Draco sonrió y tomó la mano de su novia, acariciando el anillo de compromiso que centellaba en su dedo anular.

- Todo lo que tú haces es especial, preciosa-.

Y Lucius sonrió por la galantería de su hijo.

- Señorita Parkinson- llamó desde su espalda la Profesora Sprout, quien se veía inquieta y nerviosa-, ya está todo listo-.

Pansy se despojó de la mano de Draco y miró a su antigua profesora de Herbología, que ahora se dedicaba exclusivamente a preparar a los alumnos de sexto y séptimo para sus Éxtasis.

- Voy de inmediato- señaló, y miró luego a los presentes en la mesa-, si me disculpan…-.

Draco estrechó la mano de su prometida cuando se ponía de pie y la impulsó hacia él, tomando con su mano su cuello y acercándola a su rostro, para besarla posesivamente en los labios. Pansy ni siquiera intentó correrse, sabía que ahí, frente a todos los grandes miembros del Ministerio debía actuar bien. No quería que Draco sospechara que entre los presentes podía estar el hombre con quien lo engañaba.

- Ron, ¿Ron?, ¡Ron!- exclamó Harry al ver como su amigo miraba hacia abajo y apretaba sus puños con fuerza, murmurando algo despacio una y otra vez.-. ¿Pasa algo?-.

El pelirrojo negó, sintiendo como la sangre le hervía de ver a Pansy, su Pansy, siendo besada por otro hombre. Le sulfuraba el imaginar cuantas veces antes el rubio había besado, recorrido, tocado y rozado aquel hermoso cuerpo que él recién estaba comenzando a conocer… y lo envidiaba, como nunca antes, Ron sentía una potente envidia hacia el rubio petulante de Draco Malfoy.

- Señora Granger, el Primer Ministro desea hablar con usted- dijo una mujer curvilínea que Hermione reconoció como la secretaria de Lucius. La castaña se giró y pudo ver como Malfoy padre la llamaba con el gesto de una mano.

Y cuando el jefe llama…

- Permiso- se excusó Hermione de Lavender y Ginny-, vuelvo de inmediato-.

Se levantó y se tensó sólo un momento. Podía percibir perfectamente como la observaban desde la mesa de la cual había sido llamada... y sólo había una persona que podía paralizarla con solo mirarla.

Maldito Malfoy, pensó.

- Señora Granger, por favor siéntese- invitó Lucius estrechándole la mano con educación-. Aquí, junto a Draco-.

El aludido sonrió y se puso de pie para correrle la silla hacia atrás. Un Malfoy siempre sabía cómo y cuándo actuar.

- Disculpe por mi atrevimiento- pronunció Draco con una chispa de lujuria en sus ojos-, pero déjeme decirle que se ve estupenda hoy, Señora Granger-.

Hermione no respondió, pero sintió como la marca ardía con dominación en su entrepierna. Aquel cumplido era mucho más determinante de lo que parecía aparentar. Si Malfoy usaba esas palabras era porque contaba los minutos para llevársela a su cama.

- Me encantaría, Señora Granger, que le contara a estos distinguidos miembros del Ministerio cómo lograron convencer al ministro de Francia que aceptara la libre aparición en su tierra- señaló Lucius, logrando que un pequeño grupo de hombres calvos y canos la mirara con atención.

Y Hermione nuevamente sintió como su marca ardía… mientras su pierna era rozada por unos dedos pálidos y fríos, que como nadie la sabían tocar. Aquellos dedos acariciaron la tela delgada de su vestido, y se colaron por el tajo de la falda hacia su rodilla…

- Bueno, la verdad fue cosa de argu-… y la mano sabía como tocarla, como lograr con sólo una caricia que todos los vellos de su cuerpo se encresparan-… mentar. El primer ministro es un hombre extremadamente amable. Aunque debo reconocer que el Señor Draco Malfoy fue de mucha utilidad para la misión, ¿no es así?- cuestionó con el fin de que al ser la atención dirigida hacia él, su mano dejara de atormentarla con sus roces.

Pero Hermione podía llegar a ser muy ingenua de repente, y éste era precisamente uno de aquellos casos.

Mientras Draco Malfoy hacía gala de su labia tan codiciada por los grandes políticos, la mano que mantenía en la pierna de la castaña no dejaba de subir. Trazaba círculos en sus partes sensibles, arañazos sobre su piel tersa y suave… y no había nada más agradable que sentir una mano como esa colarse por los lugares desconocidos que provocaban en Hermione un verdadero azoramiento.

La temperatura de la castaña se elevaba más y más. Sus mejillas estaban sonrosadas y no sabía cómo lograr zafarse de esa mano sin que los presentes notaran un golpeteo brusco bajo la mesa. Fue justo entonces cuando la luz de todo el salón descendió, iluminándose el escenario donde antes estaba la orquesta.

Las llamas azules dieron paso a una suave melodía que se coló en el Gran Comedor. Dicha melodía fue acompañada por la voz melosa, sexy y de mesosoprano de una mujer que aún no se dejaba ver… siendo esperada ansiosamente por todos los presentes.

Bajo la sombra de su apellido.

Detrás de su oscura alma…

Tronó la voz tras unas gruesas cortinas de terciopelo….

Siempre permanecí, quieta, esperando.

Las cortinas se movieron disimuladamente… y una pierna apareció, dando pronto paso a la estrella mágica internacional "Blue Queen", también conocida como Pansy Parkinson.

Ron tembló en su silla al ver a Pansy desplegar su brillante cabellera negra hacia un lado, al compás de sus caderas que se movían lentamente, seduciéndolo a él. Sabía que aquella canción iba dedicada a su persona… la mirada de Pansy, la emoción en su voz la delataba.

¡Diablos!, no lograba comprender como la conocía tanto en tan poco tiempo.

Tratando de robar un pedazo de esa piedra.

Que tenía por corazón.

Muy tarde me percaté.

Que mi lucha, estaba perdida antes de comenzar.

Que estaba corriendo en círculos.

Deseando tocar una estrella con los dedos

De tomar el fuego con las manos.

Pansy elevó sus manos hacia el cielo, a la vez que chispas de colores se esparcían en la nada. De apoco distintas parejas se pusieron de pie, y comenzaron a bailar la dulce melodía en el centro de la pista.

Lucius sonrió y miró a su hijo, quien, extrañamente, no parecía atento al desplante escénico de su novia.

- Draco, me extraña que aún no saques a bailar a la señora Granger- le comentó, hablando lo suficientemente fuerte para que Hermione fuera capaz de escuchar-. Vamos, vayan… aprovechen-.

Hermione abrió ambos ojos intentando negar. Pero de antemano sabía que no habría excusa válida para que Lucius desistiera de lo que pedía. El jefe aparenta que pide un favor, cuando en verdad exige.

- ¿Qué dice, Señora Granger, me concede esta pieza?- preguntó gentilmente Draco, parándose y estirando su mano mientras esperaba respuesta.

Sus ojos grises se veían aún más hipnotizantes bajo aquella luz tenue, como si pudieran reflejar mil tormentos y dichas a la vez. Y Hermione no fue lo suficientemente fuerte para negarse a aquellos orbes de plata bruñida.

- Claro…- murmuró, sintiendo la mano de Draco apresando la suya.

Lucius sonrió al verlos caminar juntos a la pista de baile…

- Nadie podrá decir que los Malfoys no han cambiado- susurró para sí mismo.

Bañada en lágrimas me encontraste.

Perfecta por fuera, destrozada por dentro.

Resignada, sola, a vivir sin emoción.

Pero me abriste los ojos

Y tu cálido corazón… y sin proponértelo.

Renací por ti.

Los ojos azul agua de Pansy chocaron con los ojos azul cielo de Ron. Aquellas palabras habían sido escritas hace sólo unas horas… y reflejaban todo lo que un alma rota como la de ella podían sentir.

Sin pensar, Ron se puso de pie, dejando a una Lavender aburrida sentada en su silla. Las palabras de Pansy lo llamaban, lo embrujaban, lo arrojaban a aquella mujer envuelta en ese elegante vestido azul oscuro que iluminaba con su sola presencia toda la sala.

Atravesó el salón y se quedó junto al escenario, observándola sin ningún tipo de tapujos, perdiéndose entre la gente que bailaba. Deseaba subirse junto a ella, abrazarla, besarla y proclamar frente a todos que su corazón le pertenecía… aunque no su cáscara.

Nunca creí poder sentir de esta forma.

Amar y ser amada.

Querer y ser querida.

Respetar y ser respetada.

Sin temores ni reservas, porque…

- ¿Deseas bailar con mis dos pies izquierdos?- preguntó Harry a su pelirroja, poniéndose de pie e inclinándose para besar su mano. Desde que Ginny había vuelto estaba dispuesto, incluso, a bailar por hacerla feliz.

Ginny le dedicó una sonrisa que a él le pareció angelical. Su rostro pecoso se iluminó por una llama azulina, mas negó la invitación.

- La verdad, Harry, deseo ir al tocador…-.

- Pero yo sí bailaría- interrumpió una voz por detrás, y ambos observaron a quien había hablado.

Cho Chang iba ataviada en un discreto vestido rosa. Tan simple que se veía aún más hermosa que lo usual. Su cabello suelto caía sobre sus hombros contrastando con su piel pálida, y en su rostro, por lo general serio, se dibuja una sincera sonrisa.

- Ehm... la verdad, Cho…- titubeó Harry buscando una forma pacífica de zafarse del problema que se avecinaba.

- Harry estará encantado de bailar contigo, Cho- completó Ginny frente a la mirada de asombro que Harry le dirigía-, permiso, yo necesito ir con urgencia al tocador- se excusó, poniéndose de pie y dirigiéndole una sonrisa a Harry antes de confundirse con el tumulto que bailaba.

En un ademán coqueto, Cho tomó la mano de Harry y lo llevó a la pista, sin esperar que él se recuperara del todo de la extraña reacción de la pelirroja. A ella misma le parecía bastante particular, pero tenía una leve sospecha….

Sospecha que pretendía compartir con Harry cuando él se atreviera a abrir bien los ojos.

Bañada en lágrimas me encontraste.

Perfecta por fuera, destrozada por dentro.

Resignada, sola, a vivir sin emoción.

Pero me abriste los ojos.

Y tu cálido corazón… y sin proponértelo.

Renací por ti.

Draco tomó la cintura de la castaña y la acercó a él, obligando que el roce de sus cuerpos fuera necesario al moverse al ritmo de la tonada. Con su pulgar acarició la espalda de la mujer que estaba entre sus brazos, y llevó sus labios a su oído…

- Aún me duele el golpe que me diste, Granger- pronunció amenazante-. Pero te podría perdonar…- sus labios atraparon su oído y besaron su lóbulo bajo la capa de rizos que cubrían su cuello.

Hermione sintió su corazón bombardear en su pecho. Odiaba sentirse así, tan vulnerable, tan esclava de aquellas manos, de aquellos susurros, de aquellos besos. Su inconsciente no podía seguir dominándola de esa forma… haciéndola un objeto más que Draco Malfoy podía utilizar a su maldito antojo.

- ¿Y qué te hace creer que me interesa tu perdón?- le interrogó sacando de sí todo el odio que podía sentir hacia ese hombre… aunque al estar tan pegada a él el odio sólo era capaz de reflejarse en palabras, no en actos.

Una sonrisa maquiavélica se dibujó en aquellos labios delgados. Hermione no pudo evitar temblar ante esa visión que asemejaba a un ángel caído en plena batalla celestial.

- Tus sonrojos al verme, tus temblores, tus suspiros, el inquieto latir de tu corazón- ahora la miraba, sin perderse reacción de ella al decirle todas esas verdades-. Me deseas, Granger, tanto me deseas que en este preciso instante estás húmeda sólo por percibir el olor de mi piel-.

La mano de Draco osó bajar hasta su trasero, tocándolo suavemente. Se acercó otra vez a su oído y bajó hasta su cuello, mordiéndolo antes de ir en busca de su lunar, ese coqueto lunar que lo hechizaba desde ese hombro femenino y delgado.

- Y es por ese deseo que sentimos el uno por el otro que yo podría llegar a perdonarte- le comentó, entremedio de besos que repartía por sus hombros hacia su mejilla, cuidándose de que ningún extraño se percatara de ellos en una esquina del salón.

Subió su mano y la posó en su rostro, buscando aquella mirada entre café y dorada que podía ser tan irascible y tan débil a la vez. En los ojos de ella se reflejaba la turbación y el suplicio… porque Hermione Granger estaba cayendo una vez más en las peligrosas redes de su secuestrador. Y no había nada que ella pudiera temer más que perder la libertad por aquellos besos bífidos.

- Te espero en las mazmorras… en la sala junto al aula de pociones- le murmuró, acariciando su rostro con delicadeza-. Búscame, Granger… sólo buscándome podrás liberarte de esta condena que te aflige… condena, por lo demás, deliciosa-.

Un beso en su hombro fue la señal de despedida que él le dio antes de alejarse, con su andar elegante y su estampa varonil.

Y aún a la distancia Hermione podía sentir como el aroma de él se colaba en sus fosas nasales… haciéndola desear. Ella deseaba a ese hombre con toda la fuerza que un deseo puede tomar.

La maldita "M" seguía abrasando aquella parte donde nacía su intimidad…

Pero jamás te daré las gracias.

Ni sabrás cuanto significas para mí.

Pues los malos hábitos nunca mueren.

Reconoció aquella tonada en seguida, sin necesidad de ver que era Pansy quien estaba cantando esa hermosa canción. Caminó sin estar seguro si lo que hacía era lo correcto, pero un apretón de su mano lo hizo seguir, sonriendo de medio lado con su rostro deformado.

- Yo estoy aquí, apoyándote- le dijo con esa voz dulce que lo había cautivado aún antes de ver lo maravillosa que ella podía llegar a ser.

Luna abrazó a Theo y depositó un beso en su mejilla, como signo de fuerza, de agradecimiento, de un cariño brotado que sería insensato para muchos, pero real… demasiado real.

- Todos se van a asustar de mí…- murmuró él, sintiendo el miedo al rechazo sobre sus hombros.

Se había detenido en el umbral de la puerta, negándose a entrar a aquel salón repleto de gente que él había conocido, y con la cual nunca más se había vuelto a ver.

Nuevamente Luna tomó su mano y la acarició. Entrecruzó los dedos con los suyos y se deshizo de la capucha que cubría sus rubios cabellos, dejando sus mechas libres, tal como su alma, tal como la alegría que ella no podía evitar transmitir.

- Nadie se podría asustar de ti, Theo…- le aseguró, sonriéndole con los ojos-, eres demasiado maravilloso para que alguien se asuste de ti-.

Él negó, desviando su mirada al suelo y atendiendo la letra de la canción que Pansy interpretaba. Era sorprendente el espíritu que su amiga podía impregnar a aquellas letras, como si tuvieran vida propia una vez que se escapaban de su garganta hacia el mundo exterior.

- Confía en mí, Theo- le pidió Luna, avanzando un paso hacia la celebración-. Mientras yo esté contigo tú nunca más volverás a estar solo…-.

Y en esa mirada azul Theo pudo descubrir que ella no mentía, porque Luna era incapaz de mentir. Su sinceridad era una de sus más grandes virtudes, y su lealtad era aún más grande que aquella tendencia a la verdad.

- ¿Lo juras?- le preguntó, sabiendo de antemano la respuesta.

Ella asintió.

- Nunca más estarás solo, lo prometo…-.

Se sonrieron por última vez, y juntos entraron al salón.

Y ya no aprendí.

A demostrar lo que siento, menos lo que siento por ti, porque…

Recorrió los pasillos de Hogwarts con su respiración acelerada. Sabía que él debía estar ahí, en algún lugar, en algún rincón oscuro… esperándola.

Sus tacones tronaban contra la piedra. Su cabello era movido por la brisa tibia que auguraba el buen tiempo. Sus mejillas se encendían de sólo rememorar su imagen, sus manos recorriéndola, sus labios besándola, sus dedos haciendo trazos de sal de mar en su piel desnuda…

Dobló hacia la torre este, tal como él le había ordenado en la escueta nota que había recibido en la mañana. No podía pasar ningún maldito minuto más sin saber de él… lo necesitaba, sí, aquello ya se había vuelto necesidad.

Se detuvo frente a la puerta de madera y giró el pomo, sin tomar siquiera la precaución de buscar a Peeves con la mirada antes de internarse en aquella sala oscura. Su respiración se detuvo, y pudo volver a sonreír.

- Te estaba esperando, pequeña…- le dijo, tomando su mano y besándola con galantería-. Ven a mí, déjame hacerte mía.

Ginny sonrió y dejó que el moreno la abrazara con todo el deseo contenido.

- Te extrañé, Blaise…- le murmuró, antes de sentir como aquellos labios devoraban los suyos…

Nada mejor que besarse en una sala oscura.

Bañada en lágrimas me encontraste

Perfecta por fuera, destrozada por dentro.

Resignada, sola, a vivir sin emoción.

Pero me abriste los ojos

Y tu cálido corazón… y sin proponértelo.

Renací por ti.

Y sin proponérmelo… Renací por ti.

Las notas fueron disminuyendo mientras la Pansy dejaba de cantar. Su mirada se había vuelto una y otra vez a la esquina, sabiendo que ahí estaba él, quien había comprendido el mensaje. Se emocionó.

Los aplausos se elevaron sobre el silencio que se había hecho parte al terminar del todo las notas musicales. Proveniente de todos los grupos, sin distinguir casa ni procedencia, los gritos, las felicitaciones y las chispas de colores brotadas de varitas que así demostraban su agradecimiento a la cantante, iluminaban el salón adornado que ahora era el Gran Comedor.

Pansy elevó las manos e hizo un gesto de silencio a todos los presentes.

- Se los agradezco, me alegro que les haya gustado mi nueva canción- caminó por el escenario hasta llegar a los límites del mismo, frente a las parejas que la miraban-. Y sólo les quiero decir… que nunca es tarde para renacer-.

Y sin otra palabra se dio media vuelta acompañada de la música de la orquesta que volvía a inundar el Gran Comedor. Ella sabía que él la iba a estar esperando junto al baño de los prefectos….

Sonrió.

Lo único que quería era besar los labios de su pelirrojo… aquel que la había hecho volver a vivir.

&

Ha sido un parto completo… pero aquí está el capítulo!!. No se imaginan lo complicado que fue escribir las escenas simultáneas en el mismo lugar. Tantos personajes y sentimientos entrecruzados me tenían superada xD!

Espero que lo hayan disfrutado!!!

Preguntas:

¿Irá Hermione a su cita con Draco?, ¿Cómo reaccionará la gente a ver el rostro deformado de Theo?, ¿Harry se dará cuenta de la desaparición de Ginny?, ¿Qué le querrá decir Cho a Harry?, ¿Lavender se habrá dado cuenta de algo?...

¿Estará por ahí Rita Skeeter para descubrir todo el enredo y publicarlo xDDD?.

Un besote!

Ember.