Una larga espera, ¿no?.

Pero aquí estoy de vuelta con un chap de Dulce Traición.

Le quiero agradecer a todos los que dejaron su review!!!, en serio, por ustedes sigo escribiendo!.

Bueno, sólo decirles que en el BLOG PPC estamos llevando a cabo la primera premiación de fics en español, así que vayan y dejen su opinión: ¿qué fics merecen un premio?

Recuerden: peter – pan – complex . blogspot . com.

Un besote desde Nunca Jamás (vestido de gala, cual Óscar)

Ember

Capítulo XXII: Aniversario de Hogwarts, vol 2.

- Pensé que te ibas a demorar más- dijo saliendo de las sombras y rodeando aquella cintura que lo hechizaba. Besó su cuello y se acercó su rostro, buscando con ahínco aquellos labios sensuales y pasionales que tan bien sabían responder.

Pansy esbozó una sonrisa y tomó la mano de Ron, obligándolo a entrar en el baño de los prefectos que había sido abierto especialmente para ella.

- No me quería demorar más… sabía que me ibas a estar esperando- le susurró, empujando con ambas manos el pecho del pelirrojo, guiándolo a la fría muralla de cerámica-…. Y no tenemos mucho tiempo-.

El susurro sensual se esfumó mientras besaba los labios de su amante de una forma arrebatadora. Desde que se había subido a ese escenario moría por ganas de rozar esos labios con su boca, de aquella manera tan sentimental y carnal a la vez. Ron ni se imaginaba lo bien que besaba.

El pelirrojo subió sus manos hasta el cuello de Pansy, profundizando el beso hasta sentir que tocaba su alma, y que la misma se expandía haciéndolos a los dos uno solo. Mientras tanto dejaba que la mujer desabotonara su camisa con las manos, arañándolo como si aquel momento fuera el último que tenían.

- ¿Aquí… estás segura?- le preguntó él, percatándose que sus mejillas, usualmente pálidas, estaban sonrosadas por la excitación.

Pansy sonrió y con su mano bajó el cierre del pantalón de Ron. No tenían tiempo para rodeos.

- Segura-.

Una sonrisa pícara esbozó Ron y rápidamente presionó contra sí el trasero de Pansy, atrayéndola a él de una forma rápida y sexy.

- Tú mandas- le susurró al oído, y sin más preámbulo coló su mano por el vestido azul de Pansy y bajó sus bragas, besando luego su cuello esbelto.

Las respiraciones de ambos se aceleraron. Sus alientos se mezclaban entre pequeños quejidos de placer… y es que el amor trae consigo una encantadora sinfonía, que brota de las gargantas de los amantes como la canción más enloquecedora de todas.

Ron con una mano aprisionó el seno de Pansy, notando que la tela del vestido le molestaba para disfrutar con libertad. Llevó su mano hacia el cierre que estaba en la espalda del vestido y lo bajó, devorando de paso cada trozo de piel que era descubierta mientras el vestido caía hacia el piso.

Un camino de besos subió por el pecho de Ron hasta su mentón. Pansy podía sentir como la virilidad del pelirrojo presionaba en su cadera, y sabía que no podía aguantar más para que él estuviera dentro de ella, tornándola maniática de sus caricias mientras el resto de los invitados bailaban algún vals en el Gran Comedor.

- ¿Estás lista?- le preguntó él en un jadeo, rozando la humedad de aquel cuerpo que le aseguraba que ella debía estar preparada para recibirlo.

- Ahm…- fue lo único que respondió Pansy, percibiendo como el dedo de Ron hurgueteaba en ese lugar que le provocaba un estremecimiento con el más leve tacto.

Ron sonrió y en un movimiento rápido se volteó, haciendo que Pansy quedara pegada a la pared y él sobre ella, encerrándola con ambos brazos en su cintura. Tomó a Pansy de sus caderas y la elevó, interponiéndose entre sus piernas y sintiendo la calidez que provenía de su centro. Se veía tan bonita, con sus párpados cerrados, sus mejillas coloreadas y su cabello negro y liso desordenado que no podía creer que él estuviera ahí, pronto a hacerla suya una vez más. Y besándola en la boca preso de la emoción que significaba tenerla ahí, entre sus brazos, entró en ella, sacándole con ello un grito que se expresó con el suave mordisco en los labios que ella le propinó.

Las estocadas llevaban un ritmo lento, semejante a una tortura, como un vals exquisito, melodioso. Y junto a él los gemidos hacían juego, en mesosoprano de Pansy y el tenor de Ron, haciendo de ese acto una verdadera obra de arte.

… y así como el arte, tan cambiante, tan sensible, muta de una forma a otra sin mayor explicación; el amor de la artista la llevaría a grandes cambios en su vida. Porque hay amores que no deben ser, pasiones que deben ser apagadas, y Pansy Parkinson jamás podría ser feliz con un hombre mientras en su dedo anular brillara el anillo que otro le había dado.

Otro que podía ser el mismo demonio si así lo pretendía.

OoOoOoO

Estaba aún de pie en el centro de la pista. Su piel todavía quemaba en aquellos lugares donde los besos de Draco se habían perdido, como una huella invisible de un pecado insospechado, de una muerte segura, letargo y dulce fallecimiento que la llevaría a perderse una vez más entremedio de esas pálidas manos.

Su mente estaba abstraída de todo pensamiento, olvidando la lógica y trastornando la razón en pasión. Era en esos momentos en que no sabía porqué había decidido ir a ese baile, cuando sabía que él iba a estar ahí… para corromperla, analizarla, tentarla y hacerla sucumbir en lo que él deseaba hacer de ella: una muñeca manipulable.

Se mordió los labios y empuñó sus manos con fuerza. Oliver debía estar ahí. Él debería aparecer y salvarla de ese error, de esa traición que se le hacía inmanejable. Oliver era el culpable de su desdicha… ahora él la abandonaba como un náufrago a la deriva, sin socorrerla en ese ahogamiento que invadía sus entrañas y sus venas, como una corriente de sangre espesa que la hundía en las profundidades de ese mar gris.

- Hermione…. ¿has visto a Ron?- preguntó Lavender llamando su atención.

La castaña negó sin fijar su mirada impotente.

y la M ardía como una llama viviente….

- No, Lavender, lo siento-.

Y se giró, buscando alguna señal que le ayudara a decidir qué hacer.

Caminó por el salón, presa de la desesperación y de la excitación. No le gustaba sentir esas ganas de correr hacia el blondo y caer con él en la corriente de la pasión, saborear sus besos, perderse en sus caricias, hundirse como un plomo en su piel, presionándola, friccionado con sus caderas las de ese ser humano que le parecía un sátiro encantador. Porque ella no debía sentir esas cosas hacia otro que no fuera su esposo, el amor de su vida, y el saber que no había manera para que ella pudiera controlar eso la sulfuraba. Deseaba con toda su alma volver a tener libertad.

Fue entonces que las palabras de Malfoy resonaron en su cabeza, como un eco satánico y placentero…

"Búscame, Granger… sólo buscándome podrás liberarte de esta condena que te aflige… condena, por lo demás, deliciosa"

¿Qué tanta verdad había tras esa declaración?. ¿Acaso era posible que volviendo a caer en su encanto se pudiera liberar de él?. Pero ya se había dejado seducir una vez, y a pesar de eso el deseo no había menguado, sino que había crecido como una hoguera inflamable que arrasaba consigo toda una villa, así como quemaba cada nueva parte de su cuerpo que él se atrevía a tocar.

Estaba cansada de sentir eso, y aún más harta de que la maldita M que tenía tatuada la obligara a coger el camino que su razón se negaba a tomar….

Su razón. Quizás ella tenía la respuesta.

Tal vez, si se dejaba hacer una vez más por el rubio, pero sin nublarse por la pasión, y diagnosticando todo lo sucedido por medio de la razón, podría hallar la respuestas. En una de esas su cuerpo respondería de una forma específica que le ayudaría a comprender en qué se traducía ese tatuaje y esa pócima dorada que él le había estado suministrando. Llegando finalmente a la respuesta que buscaba.

Sólo una vez sería suficiente para su análisis, y si necesitaba más, se arriesgaría a más. Todo con tal de volver a sentir la libertad.

Decidida a mantener la pasión a raya, volteó hacia la puerta y comenzó a caminar por el salón… hasta que una dulce tonada interrumpió el hilo de sus pensamientos, trayéndole un recuerdo que la hizo sonreír, una escena de su vida que recordaba como una de las más románticas que le había tocado vivir…

Oliver…

El salón de fiestas del ministerio estaba alumbrado por una tenue luz amarilla, que alumbraba los candelabros de plata y hacía refulgir los brillantes vestidos de las invitadas, que se paseaban elegantes de un lado a otro, acompañadas de sus parejas.

Hermione estaba de pie, conversando con Neville y mirando hacia la puerta. Su pareja, Ernie Mcmillan, estaba conversando con Ron y Harry acerca de un trabajo que le habían encargado en el ministerio, y ella escuchaba a la vez los comentarios de Lavender y Ginny acerca de los invitados a esa gala.

- ¿Tú crees que a los niños les agrade experimentar el crecimiento acelerado de una secoya?. Puede que se les escape de las manos y en una semana tengan un árbol más grande que ellos-.

Hermione sonrió tras ese pensamiento y se imaginó al mismo Neville en su infancia, siempre echando a perder las tareas que le asignaban.

- Mientras haya alguien cuidando, todo debería salir bien- le dijo, mirando de reojo como Ernie se acercaba a ella.

- ¿Vamos a bailar, Hermione?- le preguntó, estrechando su mano.

Ella asintió y se dejó guiar a la pista de baile, arrastrando a su paso la cola de su vestido tornasol que brillaba tal como una copa de cristal a la luz, emitiendo los colores del arcoíris con cada giro de su falda. Ernie posó su mano en su cintura y con la otra tomó su mano, a la vez que Hermione dejaba caer su mano sobre el hombro de su pareja, dejándose guiar…

que lástima que Ernie bailara tan mal.

El vals trajo consigo unos cuantos bailes más que mantenían a Hermione en la pista, y cuando las parejas ya repletaban el salón con sus pasos y sus risas, la melodía cambió a una suave tonada que se asemejaba a un blue.

Fue entonces cuando una mano tibia se posó en su hombro.

- Ernie, ¿te importaría que bailara con Hermione esta canción?- preguntó Oliver, con esa sonrisa de estrella que no permitía un no por respuesta.

Ernie no pudo más que asentir y se alejó, dejando a su pareja en manos del famoso jugador de Quidditch.

Hermione volteó su rostro y se topó con ese personaje varonil y atractivo, de sonrisa carismática y ojos risueños. De pronto sintió que su corazón latía más rápido, tal como le sucedía cuando lo veía en las ocasionales fiestas que organizaba Harry; y no pudiendo evitar que sus mejillas se tornaran rojas cual cereza, como le podía suceder a cualquier adolescente que tenía la bendición de bailar con un chico como aquel, pretendió aparentar seguridad.

- ¿No me deberías preguntarme a mí si deseo bailar contigo?- le cuestionó coqueta, intentando mostrarse seria, mas sin lograrlo.

Él dudó, y la sonrisa se expandió en su rostro.

- Te ves muy linda- le dijo por toda respuesta, dándole una vuelta y dejando que la cola de su vestido, que caía como agua por su cuerpo, brillara como una estrella.

Ella rió.

- Bueno, bailaré contigo- murmuró, haciéndose la interesante. Le sonrió e intentó parecer serena, cosa bastante difícil de lograr con un hombre como aquel, de contextura atlética y sonrisa de ensueño, infundido en un elegante traje, frente a ella.

Con esa tierna torpeza, que luego Hermione reconocería en cada uno de sus movimientos- excepto en Quidditch, claro está-, Oliver estrechó su cintura con ambos brazos. Ella, sin saber muy bien qué hacer, enredó los brazos en su cuello, alzando la vista y hundiéndose en esos ojos que sonreían mientras la miraban.

- Sabes, Herms…- el varonil aroma de Oliver le llegaba como una sutil y embriagante brisa hacia su nariz-… te tenía una propuesta-.

La aludida enarcó una ceja y lo miró seria.

- ¿Indecente?-.

Oliver la observó sorprendido, hasta que notó la sonrisa que se dibujaba en el rostro de Hermione, y rió con una carcajada rasposa que lo hacía ver aún más atractivo de lo que ya era.

- No… pero sí interesante-.

Hermione se dejaba guiar por la música, sintiendo como sus pies se movían solos mientras su cuerpo permanecía entre los brazos de Oliver. Él sí sabía bailar, y podría asegurar que nunca se había sentido tan cohesionada con una pareja de baile. Ron no era mucho de ir a bailar siquiera.

- ¿Qué tipo de propuesta, entonces?-.

Una suave caricia en su espalda hizo que la castaña sintiera como se erizaba cada uno de sus pelos. Oliver sonrió tras su sonrojo y la miró directamente a los ojos, sin perderse movimiento de esos orbes color miel que parecían una moneda de oro que brillaba con la luz de la luna.

- Una cita, mañana… el lugar lo escojo yo, y es sorpresa, ¿te parece?-.

El corazón de Hermione latió en su pecho… y una agradable intuición se vino a su cabeza. Algo le decía que esta podía ser la primera cita de muchas…

y no estaba equivocada.

- De acuerdo… mañana soy toda tuya-.

"Mañana y siempre…."

Y aún presa en los brazos de Oliver, bailó con él durante toda la noche…

Las notas de la canción desaparecieron como un murmullo en un campo solitario, perdiéndose entre los rincones, invadiendo las risas, colándose en los rizos de pelo y cayendo en el oído de Hermione, quien después de recordar esa escena sentía que el tatuaje quemaba menos que antes.

Con los ojos acuosos se detuvo sin dar un paso más. Ahora sentía que esa posibilidad que había vislumbrado- de acostarse con Malfoy para obtener la libertad- sonaba realmente absurda. Ella no podía estar realmente dispuesta a engañar a Oliver otra vez más, aunque él no estuviera, porque Oliver jamás le habría hecho eso a ella. Y el pensar en esa primera petición, en esa primera invitación que había significado el inicio de una vida en común… le hacía olvidar por el momento la enferma atracción que sentía por el rubio.

Sin volver a ver la puerta se giró, negando con su cabeza. Por lo menos por hoy no se dejaría caer en las garras de Draco Malfoy, aunque no podía asegurar qué sucedía a la mañana siguiente.

OoOoOoO

Las horas pasaban y las estrellas seguían iluminando el cielo hechizado, meneándose con las ondas de las lámparas y con el vaivén de los vestidos. La música se había tornado algo más rápida, obligando a los hombres a mover más rápido los pies, y a las mujeres a detenerse para ir al tocador: nada peor que el sudor para echar a perder el maquillaje.

- Que extraño que Ginny no haya vuelto aún- dijo Harry a Cho, quien aún seguía entre sus brazos después de muchas piezas de baile.

Con su ceño fruncido, Cho asintió. Aunque no le molestaba para nada que Ginny se hubiera ido durante tanto tiempo… no podía negar que le parecía bastante extraño. Se despegó de Harry y miró a su alrededor, buscando entre la gente a la pequeña Weasley con su vista de águila.

- No la veo, pero si quieres te ayudo a buscarla- le ofreció, sin sonar emocionada en lo absoluto. Harry asintió y la miró-. Está bien, yo iré al tocador, tú dedícate a buscarla en el Gran Comedor-.

Y sin más que decir Cho se perdió entre la gente. Harry la vio irse y sonrío para sus adentros… hace mucho tiempo que no se reía tanto mientras bailaba.

- ¿Hermione, has visto a Ginny?- le preguntó a su amiga, quien estaba con una copa en sus labios y la mirada perdida hacia la entrada del Gran Comedor.

Ella negó y le indicó una mesa cercana a la puerta, frente a la cual estaba Luna de pie, junto a un hombre que a Harry se le hacía conocido, pero que no podía reconocer.

- ¿Quién es ese?- le preguntó en un susurro impactado. Aquel rostro deformado era algo aterrador, algo así como el fantasma de la ópera sin su máscara encima.

Hermione escudriño a la pareja y se le vino a la cabeza la primera vez que vio el nuevo rostro amorfo de Theodore Nott.

- Es Nott. Como sabes, él es el jefe de Luna-.

"… y al parecer algo más"

Harry asintió y miró nuevamente a Hermione.

- ¿Cuándo se supone que quedó así?-.

- No lo sé, pero es algo que me gustaría averiguar…- señaló, mordiéndose el labio-… quizás Ginny sabe algo…-.

- No he hablado con ella al respecto- confesó Harry en un susurro-. Aún no me atrevo a mencionarle el tema. Quizás le traiga a la cabeza recuerdos… que le hagan daño-.

Hermione caviló y miró a su amigo. Claro que los recuerdos de Ginny serían dañosos, ella pasó por algo parecido y sabía qué tantas atrocidades ellos pudieron ser capaz de cometer contra la pelirroja. Pero necesitaban información, entender un porqué, y para eso necesitarían hablar…

Incluso ella debería hablar en algún momento.

- ¿Y Ginny?- le preguntó, percatándose recién ahí de lo anormal que era que ella no estuviera con Harry.

- Hace mucho que no sé dónde está, de hecho te vine a preguntar si la habías visto, pero ya me respondiste- esbozó una leve sonrisa-. ¿Me ayudas a buscarla?-.

Con un asentimiento de cabeza por parte de Hermione, ambos cruzaron el salón en busca de Ginny. También les parecía extraño no ver a Ron por ahí; y Hermione estaba atenta a la aparición de alguna cabeza rubia por el lugar… no quería enfrentarse a un interrogatorio de Lucius acerca del paradero de su hijo.

Después de dar unas vueltas por el salón decidieron salir. Harry todavía no veía a Cho salir del tocador, pero seguramente Ginni no estaba ahí, o sino ya habría aparecido. Cogidos del brazo salieron rumbo al pasillo, y una vez en la oscuridad del corredor, con los ruidos de la música encerrados dentro del Gran comedor… chocaron con una apresurada figura.

- ¡Hey!, mira por donde vas….- se quejó Harry, sentado en el suelo.

Hermione, de pie junto a él, rió y lo ayudó a incorporarse.

- No le pidas tanto a Ron- le dijo, mirando al pelirrojo que tenía las mejillas encendidas y el cabello desordenado. Para Hermione ese detalle no pasó por desapercibido. Ron era un libro abierto para ella… igual que Harry, esos dos no le podían ocultar las cosas tan fácilmente.

- ¿Qué quieres decir con eso?- preguntó Ron parándose y mirando a la pareja con nerviosismo.

Hermione sonrió y se acercó a él para arreglarle la corbata. Su amigo podía ser un desastre la mayoría de las veces, y en ese momento ese pequeño detalle en su ropa podía ser el detonante para que una bomba explotara. No se quería ni imaginar qué tipo de escena le podía armar Lavender. Aunque posteriormente Ron tendría mucho que explicar.

- Que a veces puedes ser muy torpe, Weasley….- susurró una voz, y Hermione dejó de lado el nudo de la corbata de Ron para mirar hacia atrás.

… aunque había reconocido esa voz ya en la primera sílaba…

- No te metas en lo que no te incumbe, Malfoy- terció Harry, poniéndose de inmediato a la defensiva.

El rubio no le respondió y la miró a ella, con sus pupilas encendidas y sus músculos contraídos. Hermione podía leer la rabia en sus gestos y la lujuria en sus ojos. El no ir a la cita había significado algo, y su corazón se aceleraba de sólo pensar qué fatales consecuencias podría traer a futuro su testarudez.

Harry tomó el brazo de Hermione y la incitó a que lo siguiera.

- Vamos, Herms, ya se hace tarde- le recordó, mirando su reloj.

La castaña asintió y miró a Malfoy por última vez. Él le devolvió la mirada y sus ojos brillaron como dos estrellas fugaces en su pálido rostro…

Granger… acabas de cavar tu propia tumba. Una donde ambos nos incendiaremos… juntos…

Y mientras Hermione se alejaba junto a Harry rumbo a los pasillos, pudo sentir un calor asfixiante que se elevaba desde su intimidad hacia su pecho.

Esta vez el infierno que la marca significaba la quemaría durante toda la noche.

OoOoOoO

La observaba mientras se vestía, notando como la oscuridad ocultaba sus preciosas pecas y opacaba sus sonrosadas mejillas. Su cuerpo famélico le parecía más encantador de lo que se pudiera creer, y aunque sabía que ella debía irse, no podía quitar de su cabeza las ganas de hacerla suya de nuevo.

- Toma- le dijo, pasándole uno de sus zapatos que había caído tras el escritorio-. Si llegas sin esto te miraran extraño-.

Ginny sonrió y rozó la cálida piel de Blaise al tomar su sandalia.

- No te preocupes, Harry confía plenamente en mí… te lo aseguro-.

El hombre asintió y observó su trasero mientras la pelirroja se agachaba para abrochar su zapato. Con sus dedos lo pellizcó y una sonrisa pícara de apoderó de sus labios.

- Lo sé, por eso tú eres la encargada de llevar a cabo la mayor parte del plan…- le murmuró, paseando su lengua por sus labios, saboreando en ellos restos del sabor de la pelirroja. O sí, él era un libidinoso enfermo, y ella una perra lujuriosa cuando estaba en sus brazos.

- ¿Y quién llevará a cabo el resto?- preguntó Ginny alzando una ceja, aguantándose para no tirarse encima de él otra vez.

El moreno sonrío, iluminando con sus dientes blancos la oscuridad de la sala.

- Granger… ella no lo sabe, pero dentro de sí esconde lo que necesitamos para que se dé perfecto el plan maestro-.

&

Uf!.

Que parto fue escribir esto, no se imaginan.

Ya, de ahora todo se comenzará a aclarar. El plan de los "malos" parece marchar a la perfección y ya veremos de qué trata.

Un beso y espero sus comentarios!.

Ember.