Capítulo dedicado a Mad Aristocrat: ¡Felicitaciones!, siempre confié en ti =)
Capítulo XXV: Confesiones.
El sol veraniego pegaba con más fuerza en la capital de la península Ibérica, provocando escozor en la pálida piel de Hermione la cual, probablemente, tomaría un saludable tono bronceado.
La reunión matutina con el señor Urrutia había salido bastante bien. Draco había demostrado su innato instinto para la diplomacia y ella se había encargado de estructurar a base de puntos todo lo que había que tratar. Ahora sólo le quedaba asistir a la cena de gala de la noche siguiente y se podría ir a casa con todo listo.
Eso era un alivio… ¿no?.
Con los rayos adornando su cabello, y su cuerpo lánguido recostado sobre una reposera, Hermione se dejaba acariciar por el sol. Su piel emanaba ese suave olor a coco propio del protector solar y en sus manos jugueteaba con sus gafas de sol, mientras mantenía la mente en blanco para no pensar en ninguno de los problemas que la aquejaban.
- Me encanta tu acento- escuchó que decía una muchacha a unos metros de ella, soltando luego una estruendosa y cínica risa-. Encuentro muy sexy a los Ingleses-.
- Y yo encuentro más que atractivas a las Norteamericanas-.
Ese siseo sugestivo y grave hizo que todos los vellos del cuerpo de Hermione se erizaran. Era tan absurda esa reacción que tensó los músculos de su mandíbula… ¡¿Por qué reaccionaba así?!. No había nada peor que saberse vencida antes de entrar en el juego.
Lentamente abrió los ojos y vio a Malfoy de pie frente a la piscina, hablando relajadamente con una hermosa muchacha flaca y pálida. Su cabello rubio estaba mojado por el baño, y las gotas que caían de el se iban a estrellar a su cuerpo de músculos delineados.
Hermione sintió sus mejillas sonrojarse de inmediato.
- En tal caso, inglés, ¿qué harás hoy en la noche?- preguntó la muchacha, dejándose caer con un movimiento gatuno sobre una reposera.
Draco sonrió de medio lado y desvió su vista sólo un mísero segundo hacia la castaña, quien lo seguía mirando fijamente. Luego se agachó junto a la reposera de la norteamericana y acarició un cabello rubio que caía sobre su hombro para pasar a rozarle la piel.
- La pregunta más correcta de hacer sería: ¿qué haremos hoy en la noche?-.
Ante tales palabras, Hermione sintió que su entrecejo se fruncía. ¿Qué creía que estaba haciendo, Malfoy?. ¿Acaso quería sacarle celos o alguna estupidez así?. Como si ella se pudiera poner celosa porque él se acostara con quien le diera la gana. Lo mejor que le podía suceder era que Malfoy se encaprichara con alguien más y la dejara a ella tranquila.
Sin quitar los ojos de sobre el rubio, vio como este comenzó a bajar su mano por el cuerpo de esa muchacha que ni se imaginaba con quién se estaba inmiscuyendo. Sus dedos pálidos bajaban por esa piel lechosa salpicada de pecas cafés, y sonreía mientras veía los gestos que esa mujer hacía frente a su contacto.
Sintiéndose asqueada por una escena que consideraba de muy mal gusto- después de todo estaban en un lugar público donde todos podían sentir la excitación de esos dos-, Hermione decidió ponerse de pie e ir a cambiarse para dar una vuelta. No iba quedarse toda la tarde mirando un espectáculo tan patético como ese. Fue así que tomó sus cosas y se cubrió su cuerpo con la bata del hotel, para ir a los camarines y cambiarse su bikini que aún estaba algo húmedo.
"¿Este imbécil se dará cuenta que aquí hace el papel de representar a Inglaterra?. Si sigue así dejará la fama de que en Inglaterra la gente sólo se dedica a ligar y a darse la buena vida sin trabajar en nada. Aunque no hay mucho que pueda reprocharle, él de hecho sí se dedica sólo a esas dos cosas"
Con un bufido acorde a su análisis mental, Hermione llegó a los camarines que estaban vacíos. Abrió un compartimiento donde podía cambiarse y dejó su bolso sobre una silla, buscando en su interior su sostén, la camiseta y falda con la que había bajado esta mañana a la piscina. Encontró lo que buscaba y lo dejó a un lado, para luego buscar el broche del bikini en su espalda y sacarse la parte de arriba para ponerse el sostén que estaba seco. Nada peor que andar con ropa interior húmeda.
- Granger…-.
Escuchó un susurro cuando dejaba el sostén del bikini colgando en un gancho. Sus mejillas se sonrojaron y rápidamente se cubrió sus pechos con sus manos.
La puerta a su compartimiento se abrió y la imponente figura de Draco Malfoy apareció, mirando a Hermione Granger como un verdugo miraría a su víctima. Sus ojos plateados se concentraron en sus pechos desnudos sólo cubiertos por esas pequeñas manos, y sintió de inmediato como sólo esa leve visión hacía encender una llama en su interior. Como deseaba arrancar a besos la suave piel que escondían esos brazos.
- ¡Malfoy, ándate!- exclamó ella, caminando hacia atrás hasta chocar contra la pared. ¿Dónde demonios había dejado su varita?
- Oh no, con este recibimiento no me puedes pedir que me vaya- murmuró, caminado en dos pasos el espacio que lo separaba de ella y apresando su cintura hasta apegar completamente su cuerpo al de ella.
Con el calor que ese cuerpo emanaba, Hermione se sabía perdida.
Los dedos del rubio acariciaron esa cintura delgada hundiéndose en su piel. Desde donde estaba sentía el olor a coco que emanaban sus brazos, sus hombros, su cuello y ese cabello revuelto, lo que le producía unas enormes ganas de enterrar sus dientes en ella y comérsela.
Se aferró a sus caderas y acercó sus labios delgados a su mandíbula. El aire que emanó como un suspiro chocó contra la piel de Hermione y la sintió estremeciéndose entre sus brazos.
- Siempre acabamos igual, Granger…-.
Su voz tenía ese tono mordaz que la hacía derretir, y de inmediato sintió como se humedecía aún sin mayor contacto físico que esos dedos conocedores apresando su carne.
- …es el destino-.
Y tras esas palabras, Draco eliminó la distancia que lo separaba de esos labios rosados y entreabiertos, dejando que su lengua se colara en ese calor suave. Ese beso que anhelaba más que el mismo cielo hizo que cerrara los ojos y se dejara llevar. Sí, Draco Malfoy se estaba dejando caer en ese torbellino que lo volvía loco.
Hermione se tensó, pero no podía negar que las cosquillas de su vientre eran desesperantes cuando él la besaba así, como si respirar no fuera importante. Sus manos rodeándola, su lengua jugando con la suya, el olor elegante de su piel. Ese calor que emanaba uno hacia el otro podría derretir el mismo ártico y ambos eran conscientes de eso. Ambos eran débiles a esa atracción enferma que los llevaba a buscarse aunque no lo quisieran.
Las manos de Draco viajaron hacia los muslos de la castaña haciendo chocar sus caderas con las de ella. La excitación de ambos era más que palpable mientras las respiraciones entrecortadas se escuchaban con más fuerza dentro del camerino, como si entre beso y beso una asfixia fuera inminente. Rápidamente el rubio subió sus caricias hacia los brazos de Hermione que cubrían sus pechos desnudos, y en un movimiento dominante se los bajó, dejando que su pecho mojado de gotas de agua erizara hasta el último vello de la piel de la castaña.
- Eres tan mía, Granger…- soltó con un gemido cuando los pezones de ella acariciaron sus músculos.
Y volvió al ataque de su boca, de su cuello, de la última porción de su rostro que aún no había besado. No sabía por dónde seguir para lograr que ella bajara todas sus defensas, porque aunque sabía que ella aceptaba sus besos y se los devolvía con pasión, su mente aún parecía desconectada, en esa eterna batalla entre el deber y el dejarse llevar. Y Draco no estaba muy equivocado.
En la mente de Hermione se tejían ideas complejas sobre lo que sentía cuando su piel y la de Draco se unían, como si fusionarse fuera un llamado de la misma naturaleza. No podía sentirse más viva que cuando él la seducía con su voz grave y sus toques pervertidos; pero su corazón seguía latiendo por alguien más, de una manera mucho más espiritual que física… pero suficientemente perturbadora para mantenerla en tierra.
Debía negarse a esos besos. Debía detener lo que fuera a que llevaban esos roces. Debía hacerlo porque no sólo ella se podía caer en el infierno… sino porque Malfoy estaba a punto de sucumbir con ella.
- ¡Para!- gritó empujándolo-. ¡Malfoy, ándate, por la mierda!-.
El rostro del rubio se descompuso, viendo el cuerpo casi desnudo de Hermione a sólo un paso de él. Sus mejillas estaban sonrosadas y su respiración agitada, pero su ceño fruncido era lo que más le atraía en ese momento. Ella siempre parecía ser un dulce desafío.
- No quieres que me vaya, Granger, no te engañes… quieres que te posea aquí mismo… lo sabes-.
Ella negó, mirando de soslayo la mochila donde guardaba su varita.
- No, Malfoy… el que quiere quedarse aquí eres tú. Porque, después de todo, tú también estás cayendo en el juego que iniciaste- le reprochó con un tomo más suave que lo usual-. Malfoy, estás perdiendo, y eso sí lo sabes...-.
- ¿De qué mierda estás hablando, Granger?-.
- De…-.
Unas risas interrumpieron la respuesta de Hermione, haciendo que ambos se miraran cómplices. Si había alguien ahí Hermione podría gritar y eso podría traerle muchos problemas. Nuevamente Malfoy no se equivocaba.
- Ándate o grito- lo amenazó ella en un susurro-.
Sus ojos plata se detuvieron en su semblante, gravando en su retina ese cuerpo que con sólo mirarlo hacía que se excitara hasta querer explotar. Quería lanzarse sobre ella, callarla y poseerla. Deseaba abrirle las piernas y disfrutar de cada gemido de ella en ese mismo instante. Pero sabía que la amenaza de Granger no era en vano, ni ahora ni nunca, ella jamás amenazaba en vano.
- Me iré, Granger… no me temas- dijo mordaz.
Y abrió la puerta con toda la dignidad posible ante la mirada escandalosa de las mujeres que se miraban en el espejo del camerino. Les sonrió y se alejó, apretando sus puños y manteniendo sus pensamientos en una idea que le había hecho temer, aunque no estuviera listo para reconocerlo aún.
Quizás sí estaba cayendo en el juego. Tal vez él estaba a un tramo de perder…
OoOoOoO
La puerta del departamento se abrió, y aún estando en su hogar ella podía sentir sus labios palpitando por los fogosos besos del moreno.
Ninguna pizca de arrepentimiento. Ningún indicio de su culpabilidad se podía desprender de sus pasos lentos, de sus mejillas encendidas, de sus ojos brillosos por la lujuria de dejar atrás al objeto de sus pasionales y oscuros deseos. Ginny Weasley no sentía reproche por su conducta ni por lo que pronto estaría obligada a hacer. Ella había nacido para ser una mujer de decisiones difíciles, pero una vez que las tomaba, estaba resuelta a no dejarse engañar por otras ideas.
Harry la esperaba sentado en una silla del comedor. Frente a él una taza emanaba un suave vapor con aroma a café, y unos archivos de estudios estaban desparramados entre hojas de diario y fotografías mágicas.
- Buenas tardes, amor- la saludó él alzando su vista-. ¿No viste nada que te gustara en Diagon Alley?-.
Ella apretó sus puños y lo miró. Ahora llegaba la hora de la actuación.
- Harry….-.
Su voz era suave, ronca. Tras aquel tono él se puso de inmediato de pie y caminó hacia ella con un gesto de absoluta preocupación e interés.
- ¿Sucedió algo, Ginny?. ¿Recordaste algo que te conmovió?. Dime, qué sucede-.
Los brazos de Harry estrecharon la delgadez de Ginny contra su pecho. Ella se aferró a su espalda y comenzó a sollozar, dejando que las gotas traicioneras empaparan la camisa de Harry, como un río viciado que contamina un sembrado.
- Harry… ¿no me vas a dejar nunca?. ¿Siempre me vas a amar?- le preguntó ahogando un gemido.
- Siempre, Ginny. Tú sabes que jamás podría fijarme en otra persona que no fueras tú- sus manos acariciaron su espalda y depositó un beso sobre su nuca-. Que tú eres todo para mí, absolutamente todo-.
- ¿Y si yo contrajera una enfermedad terrible, Harry?. ¿Si yo estuviera maldita y no tuviera forma de sanarme… igual me amarías?-.
- ¡Claro que sí, amor!- exclamó él cada vez más inquieto con las palabras de la pelirroja. No sabía de qué estaba hablando, y eso lo tenía en un estado de atención alarmante-. ¿Pero de qué estás hablando, Ginny?, ¿hay algo más que quieres decirme?-.
Ella negó con suavidad. Alejó su rostro del pecho de su esposo y buscó esa mirada verde esperanza que siempre le había provocado tantos sentimientos. Con sus manos suaves acarició su barbilla, sintiendo una incipiente barba hace poco afeitada; empinó sus pies y besó sus labios, cerrando los ojos y saboreando la sal en ese beso roto.
- Sólo bésame, Harry… dame tiempo y bésame-.
Le pidió, enredando sus dedos en su cabellera azabache y acercando su cuerpo delgado al torso de él. A pesar de que Blaise le hacía sentir una llama que bullía por cada poro de su piel cuando la tocaba, junto a Harry sentía una tranquilidad y una pasión infantil que era gratificante. Se podía decir que Blaise sacaba de ella toda la escondida pasión de una mujer que llevaba en su alma. Mientras Harry la hacía sentir como la quinceañera que se había enamorado del héroe de todos, de la estrella, del mejor amigo de su hermano mayor… el primer amor intenso de una niña hacia un niño.
Haciendo caso a ese pedido, Harry la besó, ansioso por esos labios que lo recibían como tierra firme de un barco a la deriva. Pero esta vez, mientras saboreaba su lengua, acariciaba sus pechos, se introducía en ella por primera vez desde su regreso… sintió que algo no andaba bien, que algo no cuadraba en ella y que algo no enganchaba en él.
Harry sentía que con cada beso que le daba más lejos estaba de ella, más aparte, más distanciado. Y sintió miedo de volverla a perder como ya le había pasado, prometiéndose que haría lo que fuera por mantener a Ginny siempre a su lado.
Lo que fuera.
OoOoOoO
- Buenas noches, Mary Sue, ¿está Theodore?-.
- Sí, señorita, él se encuentra en su oficina- fue la respuesta de la sirvienta.
Luna siguió a Mary Sue por los pasillos de la Mansión Nott, hasta detenerse frente a la oficina de su novio, quien, como siempre, estaba inmerso en sus papeles y en sus negocios, con la chimenea encendida crepitando frente a él y decenas de archivos abiertos en su escritorio.
- ¡Luna!- exclamó él preocupado. Rápidamente se volteó y evitó posar en ella sus ojos.
Sin hacer caso a su extraña actuación, Luna caminó hacia el escritorio y se quedó de pie frente a él, esperando que la mirara para mostrarle que llevaba puesto el colgante que él le había regalado hace dos días atrás.
- ¿Te gusta cómo se me ve?- le preguntó con una sonrisa.
- No deberías estar acá, lo sabes. No te dije que vinieras-.
- ¿Y desde cuándo espero a que me digas que venga?. Yo vengo porque quiero verte, y como no sales mucho de la mansión, lo mejor es que te acompañe a cenar después del trabajo, ¿no crees?-.
Él negó a tal pregunta aún con su rostro volteado hacia la ventana. En el reflejo que ésta le devolvía podía ver su fisionomía y eso le producía tanto asco que decidió cerrar sus ojos para no verse más.
- Ándate, Luna. No debemos seguir en esto, no es lo mejor para mí y menos es bueno para ti- le comunicó intentando sonar lo más frío e indiferente posible-. Tú debes estar con alguien que pueda salir contigo a pasear, que te pueda sacar a cenar. Alguien que puedas presentar a tu padre sin miedo a que se vaya a espantar. Te mereces algo mucho mejor que yo-.
Luna mantuvo su sonrisa y rodeó el mueble, situándose frente al rostro de Theo, quien mantenía sus ojos cerrados. De pronto se fijó en lo que él intentaba ocultar sin dirigirle una mirada, y llevó sus manos hacia su rostro deforme el cual, al parecer, había tenido una transformación incluso más radical de un día para el otro.
Su ojo caído se había acentuado, la cicatriz de su barbilla había tomado un tono rojizo, y al parecer una extraña erupción de granos había abarcado gran parte de su mejilla derecha y de su frente.
- No digas nada- le dijo él levantando sus párpados y posando su mirada en ella-. Cada día que pasa parezco más bestia que hombre. Cada día me hago menos digno de ti…-.
Sus ojos estaban repletos de lágrimas, mientras miraba la piel blanca de Luna, sus labios delgados, su cabello rubio desordenado enmarcando su cara, y sus ojos azules y soñadores que nunca parecían espantados al verle, sino que reflejaban dulzura y amor… el más profundo amor.
- Siento ser así, siento no poder ser como fui antes. Si las cosas hubieran sido distintas, si nos hubiéramos conocido en Hogwarts como nos conocemos ahora todo podría ser muy diferente. Quizás yo no habría cometido muchas estupideces, no me habría dejado influenciar por las locuras de mi padre y no habría terminado así… ¡como un ogro!. Luna, daría todo de mí para que las cosas fueran distintas, para que esta maldita maldición jamás hubiera sido hecha…-.
Las manos de Luna tomaron las suyas, apretándolas suavemente.
- Si quieres hablarme de eso, Theo, háblame. Pero sólo recuerda que no hay nada, absolutamente nada que me haga dejar de amarte-.
Como un bálsamo esas palabras regocijaron el endeble corazón de Theodore Nott. Con una valentía poco conocida en él decidió decir toda la verdad de una vez para siempre, y abrazó a Luna por la cintura, atrayéndola a él.
- Esta es mi historia, Luna- le dijo aspirando el aroma de su cabello-. Una historia bastante complicada, te debo advertir.
Desde pequeño siempre fui un niño sensible. Siempre me fijaba en las pequeñas cosas, amaba la música, el arte, los jardines. A la edad de seis años ya tocaba el piano de mi madre que hay en el salón principal y a los ocho pintaba en óleo distintos motivos que me hacía feliz. Mi padre aceptaba mi conducta porque a mi madre le enorgullecía verme trabajando así, ella también era una artista; pero cuando murió de una extraña enfermedad, mi padre prohibió todo lo que le recordaba a ella, sumiéndose en un odio contra el mundo y contra él mismo que hizo que me apartara de él.
Según mi padre yo era igual a ella. Mis ojos eran de su mismo color y mi forma de ser era mucho más parecida a la de ella que a él mismo. Por ello fue un gran alivio para el ambiente de la casa cuando me fui a Hogwarts. Ya no había nada en la Mansión que recordara de la existencia de Emma Nott.
Quedé en Slytherin, como todos mis antepasados. Con los años me hice muy amigo de Pansy y de Draco. Sí, aunque no lo creas hasta el día de hoy los considero a ambos muy amigos míos. Pero no sólo ellos comprendieron mi círculo de amistades, incluyendo en él a Hufflepuff, Ravenclaw y alguno que otro Gryffindor. Definitivamente esos años fueron muy felices para mí… hasta la vuelta del Señor Tenebroso.
Mi padre me llamó a servir y me amenazó. Yo hice casos a sus órdenes exteriormente, pero a escondidas intenté ayudar como pude a mis amigos para que no fueran encontrados desprevenidos por los movimientos de los mortífagos. Cuando la guerra ya terminaba y Potter estaba pronto a dar el golpe de victoria final, mi padre fue herido gravemente durante una batalla y su final era algo irreversible. Fue en ese estado, cuando su locura ya se había hecho dueña de su sentido y su odio era más fuerte de lo que nunca antes había sido, que me maldijo con la última energía de magia que residía en su interior. Y me dijo que si mis actuaciones bondadosas superaban el verdadero camino a seguir por mí, el cual era los designios de la superioridad mágica sobre la muggle y de la magia negra sobre la blanca, entonces todo lo bello en mí se iría muriendo, hasta hacerme parecer más bestia que humano. En esa entonces jamás comprendí qué era lo que estaba queriendo decir, hasta que mi rostro comenzó mutar en esto.
Luna- la nombró, buscando con su mano su rostro, y alzándolo para ver sus ojos-, es por eso que mi cara se ha deformado. Cada vez que hago algo bueno, me vuelvo más bestia… cada vez que intento ser mejor, me transformo en algo más horroroso. Y no sé la forma para detener una maldición como esta. No conozco remedio alguno para evitar que esto me siga sucediendo-.
Aún en silencio, Luna llevó sus manos hacia su cuello y enredó sus brazos a su alrededor. Sentía la tristeza y la impotencia en el relato de Theo. Lo que significaba para él, un amante de la belleza, ver mutada la suya propia. Y sabía que él mismo se estaba marginando a la terrible soledad, sólo para morir alejado y seguir sintiéndose culpable del castigo impuesto por la locura de su padre.
Se acercó a su mejilla y la besó, con suavidad y ternura. Él cerró sus ojos tras la calidez de ese gesto y la abrazó con más fuerza contra él, pidiéndole con ello que no se alejara.
Pero no tenía de qué preocuparse, ella nunca se alejaría.
- Theo… a mí no me importa como seas por fuera- le confesó ella con su voz suave-, porque por dentro eres la persona más bella que he conocido. Has sido capaz de sacrificarte por hacer las cosas como deben ser, y eso te hace ser más digno de mi amor que nadie en el mundo-.
Una sonrisa se dibujó en los labios de él, mientras sentía que su alma se estremecía de felicidad al escuchar sus palabras.
- Te amo, Luna. Te amo tanto que tengo miedo que ese sentimiento también pueda deformarse…-.
Ella besó nuevamente su mejilla y apoyó su rostro en su pecho, mirando el fuego de la chimenea.
- Nunca, Theo- le digo con seguridad-. Buscaremos la forma de anular la maldición, te lo prometo-.
OoOoOoO
Le comenzaba a doler la cabeza un poco, pero de todas maneras quería beberse un trago más, no podía subir sin meditar por unos minutos más qué habían sido esas palabras de ella.
Draco estaba sentado en la barra del hotel, recordando la escena del camerino de la mañana y sintiendo como el calor de su cuerpo lo abrasaba mientras dibujaba en su memoria el cuerpo de Hermione prácticamente desnudo frente a él, listo para recibirlo.
Pero por más que estaba preparado para irrumpir en su alcoba y obligarla a base de besos torturantes y caricias engatusadoras, las palabras de ellas lo habían dejado más choqueado de lo que le gustaba admitir, y temía la verdad que se anunciaba oculta en ellas.
¿Realmente estaba cayendo en el juego que él había iniciado?. ¿Se estaba convirtiendo en una víctima más de esa extraña trampa ideada por él?. ¿En qué momento el control de toda la situación se le había salido de las manos?.
Sabía que ella lo deseaba, lo percibía en cada uno de sus gestos, de sus palabras, de sus miradas color miel que lo quemaban aún a la distancia. Y también sabía que a él le gustaba sentirse deseado por ella, que necesitaba sentirse deseado por esa mujer desafiante y testaruda.
La pregunta entonces veía a ser: ¿qué le gustaba más, verla humillada por su deseo o verse orgulloso de ser deseado por ella?. Antes habría respondido que lo que más le satisfacía era su humillación, su vergüenza. Pero desde hace un tiempo debía reconocer que ya no pensaba en cómo hacerla sufrir, sino que todo su esfuerzo mental se centraba en cómo satisfacer cada parte de su deseo por él.
Draco Malfoy sólo buscaba cómo lograr que Granger explotara una y mil veces bajo él.
Por su garganta pasó el ardiente whisky, como un camino de lava hacia su estómago. Mas ni el alcohol, ni las risas de la joven a su lado que intentaba llamar su atención- una morena que en cualquier otro momento él no habría dudado en cortejar-, ni las ganas que tenía de satisfacer su deseo le permitieron dejar de pensar en lo que le traía sumamente preocupado.
Por primera vez Draco Malfoy se sentía en una calle sin salida, donde su voluntad estaba reducida a cero y su frialdad avivada por las llamas de la tentación.
Y pidiéndose otro whisky cuando el suyo se acabó, siguió bebiendo en silencio, discutiendo consigo mismo esa extraña sensación nacida en él. Sin saber qué había producido eso, sabía que debía tomar una decisión…
…una decisión que sería definitiva.
&
Wow!.
Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento!!!!!. En verdad mi inspiración estaba tan muerta que no podía escribir, pero este fin de semana santa me vine al campo y por fin pude escribir lo que me quedaba del capítulo (es decir, todas las escenas menos la primera).
Me salió más largo de lo usual. Y muchas cosas se explicaron.
Ahora… ¿qué sucederá?. ¿qué decisión habrá tomado Draco?, ¿cómo ésta afectará a Hermione?.
¿Cómo hará Luna para encontrar la manera de anular la maldición de Theo?. ¿Seguirá él deformándose por el amor que le profese a la rubia?.
¿Qué pretende Ginny?. ¿Harry caerá en el juego?. ¿Qué hará el niño- que- vivió?.
Bueno, y aunque no aparecieron en este chap… ¿qué pasará con Pansy?, ¿le funcionará su huída con Ron?. ¿Y Cho habrá descubierto algún nuevo dato de la Profecía?.
En fin!.
Espero sus comentarios y… (espero que sea pronto) nos leemos en el siguiente Chap.
Un beso!
Ember.
