Capítulo XXVI: Caminos que envuelven.

Harry miraba a los presentes con expresión seria. Sabía que la noticia que tenía que dar no sería bien recibida, incluso para él tenía un sabor amargo; pero como líder de la Orden su deber era darla a conocer, a pesar de que ello pudiera provocar el pánico.

- ¿Qué pasa, Harry?- preguntó Gorge mirando al niño- que- vivió con atención-. ¿A qué se debe esta reunión extraordinaria?-.

Luna levantó su rostro de sus apuntes y entornó su mirada hacia George.

- De seguro es para algo malo, George. Mira a Harry, está pálido-.

Neville asintió levemente ante las palabras de Luna y dirigió su mirada hacia Ron, quien estaba impaciente por saber qué era lo que escondía su amigo.

- Bueno, señor Potter, lo mejor sería que nos diga qué sucede- interrumpió Mc Gonagall tomando la palabra-. Es de madrugada y mañana es día laboral-.

Cho era la única que parecía tranquila ante la expectación. Su mente divagaba imaginando las distintas reacciones de los presentes cuando Harry diera la noticia, de seguro no se esperaban lo que estaba por venir. Sentada derecha en su silla sacó de su cartera púrpura unas carpetas. Estaba lista para dar las instrucciones a seguir en el momento preciso.

- Bueno, primero que todo quiero agradecerles por llegar tan rápido. Disculpen por avisar a última hora, pero necesitaba que estuvieran todos…- dijo, mirando el lugar vacío de Oliver y de Hermione-… o casi todos.

La noticia que les tengo que dar es una presunción, no segura, pero sí probable. Es un descubrimiento hecho por el departamento de Misterios del Ministerio, y como tal es absolutamente secreto- aclaró, lanzando una mirada elocuente a Cho, quien le devolvió una sonrisa alentadora-.

- Harry… apresúrate- le demandó Ron ya inquieto. Nunca había sido muy paciente, y con los años eso no había cambiado.

- Sí, ya me apresuro- regañó Harry poniéndose de pie. Dirigió su mirada a cada uno y soltó un suspiro cansado-. Lo que les tengo que decir es realmente importante y explicaría gran parte de los movimientos mortíos que nos han parecido tan extraños. Ahora todo lo que hemos investigado tendría una cierta razón de ser y nos demostraría que, sobretodo desde ahora, nuestra tarea es realmente importante, más de lo que nos imaginamos- Harry calló durante un segundo y todos contuvieron la respiración. George y Ron miraban a Harry, Luna mantenía su mirada perdida entre sus apuntes, pero escuchando, y Neville se movía inquieto en su silla-. Hace un par de semanas la sala de profecías fue asaltada y se robaron una de ellas. Por investigaciones posteriores se pudo deducir qué decía esa profecía que sólo había sido escuchada una vez con anterioridad... y lo que se escondía tras ella es algo que jamás nos imaginamos: las fuerzas Oscuras tienen un plan de recomposición desde hace un tiempo. No sabemos quién los dirige ni cómo planea llevarlo a cabo. Pero hay algo de lo que sí estamos seguros, y es que su plan consiste en traer a la vida a un nuevo Señor Oscuro. El nuevo Lord Voldemort de este siglo haría aparición-.

Lord Voldemort….

Lord Voldemort revivirá…

Lord Voldemort tornará a la vida…

Esas palabras hicieron eco en la mente de Cho, llevándola a recordar un episodio con el que soñaba cada cierto tiempo. Y aún en medio de la reunión sintió su corazón estrujarse con fuerza.

Cientos de personas llenaban las graderías del último encuentro. La prueba que determinaría al ganador del Torneo de los III magos llegaría a su fin, y elevaría como vencedor a aquel que demostrara ser más astuto, hábil y diestro que los otros.

-¡Cedric!, ¡Cedric!

Escuchaba como los alumnos de Hogwarts alentaban a su favorito, ondeando banderas amarillas en el aire y saltando a la espera del grito de la victoria.

Cho sujetaba entre sus manos un relicario que contenía la foto de su novio en su interior. Jugaba con él abriéndolo y cerrándolo, admirando la foto mágica que le guiñaba un ojo y le sonreía, logrando sacarle una alegre risa.

Ella tenía todas sus esperanzas puestas en la victoria de Cedric, porque estaba segura que no había nadie más que él que se mereciera ganar ese torneo. Harry era una buena competencia. Un chico que había vivido apartado del mundo mágico y que había demostrado tener la valentía suficiente para enfrentarse a duros desafíos. Pero Harry no tenía en sus venas esa nobleza con la que Cedric contaba. Harry era un campeón porque el destino así lo había dispuesto. Cedric sería un campeón porque él había escogido serlo.

- ¿No crees que se están demorando mucho?- le preguntó Marrieta, mirando su reloj de pulsera.

Cho observó el extenso laberinto de arbustos que se desplegaba frente a ella y suspiró.

- Puede ser, pero nadie más que Dumbledore sabe qué se esconde al interior de ese lugar, y algo me dice que lo que deben enfrentar no es nada fácil-.

Los gritos se elevaban en el lugar, acompañados de los cantos de las alumnas de Beauxbatons y las exclamaciones de batalla de los alumnos de Durmstrang. Todo parecía un carnaval de colores, de idiomas y de culturas distintas entremezcladas, casi como la Torre de Babel.

Una luz azulina se iluminó de pronto en la entrada del laberinto. La señal de que el vencedor había llegado era esa y todos se pusieron de pie para ver al ganador.

- ¡Es Potter, ganó Potter!-.

Escuchó Cho un grito a unos metros de ella, y sus ojos se dirigieron al Gryffindor, que se veía confundido, alarmado y apresando con su mano un cuerpo que estaba recostado en el césped.

- ¡Volvió!. ¡Voldemort volvió!- gritaba desesperado con sus ojos repletos de lágrimas, ante la confusión de gritos que propagaban su victoria y el término de la prueba.

Cho perdió el aliento por un segundo y se hizo paso entre los alumnos preguntándose donde estaba Cedric. Si es que se había perdido dentro del laberinto alguien debía ir a buscarle, no podían permitir que se quedara solo en ese lugar.

Dumbledore se puso frente a Harry y le hizo una señal dura a Mc Gonagall y a Snape. Pero Cho no se percató de eso, y siguió bajando los escalones en busca de su novio, estudiando cada rostro de los presentes para ver si lo descubría entre toda la multitud.

- ¡Mi hijo!- gritó como lamento de pronto una voz que Cho pudo reconocer. El Sr. Diggory bajaba las escaleras al igual que ella, empujando a los alumnos para hacerse paso y alcanzando el lugar donde Harry seguía hincado, llorando y murmurando cosas ante la mirada de Dumbledore.

¡¿Cedric?!, preguntó alarmada haciéndose paso hacia el lugar-. ¡¿Dónde está Cedric?!- interrogó en voz alta, empujando a un alumno de tercero y llegando al lugar de los hechos.

Fue entonces cuando sintió que su corazón se detenía sin razón. Que sus pulmones no daban con el aire. Que sus nervios se apagaban y que su alma se estremecía como si una descarga eléctrica hubiera impactado en ella hasta congelarla. Se escapó de sus manos el relicario que llevaba, cayendo en el suelo junto a un cuerpo inerte que aún estaba tibio. Y se dejó caer a su lado, sintiendo como se quedaba sin espíritu, sin sangre, sin vida frente a la figura de Cedric Diggory, su Cedric Diggory, muerto a su lado.

Buscó su mano y la apresó con desesperación, tornándose ciega y sorda ante los movimientos que la rodeaban. No quería sentir nada, no podía sentir nada más que ese grito desesperado que emitía su interior como un animal herido en lo más profundo de su cuerpo. No quería pensar. No quería abrir los ojos. No quería perder el contacto que de apoco se hacía frío de esa mano apresada por la suya.

Porque sin Cedric su vida se hacía humo ante sus ojos, su esperanza se hacía trizas y vivir ya no era más que un detalle. Sin Cedric se sentía partida en dos entre el mundo de las almas desoladas y de los vivos sin espíritu.

Sin Cedric, Cho Chang no podría ser la misma… porque su alma gemela se había ido, y sin ella sólo quedaba la soledad.

Sin Cedric ya nada tenía sentido… nada.

- ¿Cho?... ¡Cho!- gritó la voz de Harry trayéndola de vuelta a la realidad.

Los ojos rasgados de la mujer observaron a su interlocutor y reconoció en él esa mirada asustada que había visto hace tantos años atrás. No le pudo sonreír aún con el recuerdo de Cedric en su mente, y arrastró las carpetas hacia el centro, para que cada uno de los presentes sacara una.

- Aquí está todo lo averiguado, ordenado y archivado. Los pasos a seguir, los posibles culpables y las precauciones que se deben tomar- dijo con su voz segura de mujer fría, aunque en sus ojos aún se denotaba un rasgo de tristeza que Harry pudo ver en sus pupilas oscuras-. Espero que eso sea de ayuda-.

Harry le sonrió y pasó a rozar su mano cuando cogió su carpeta.

- Muchas gracias, Cho, será de más ayuda de lo que tú imaginas, estoy seguro-.

OoOoOoO

Había dormido mal, más que mal, casi no había dormido en toda la noche. El sabor a whisky se le devolvió una y otra vez a su garganta mientras veía como las horas pasaban lentamente ante sus ojos, burlándose de su paciencia y de su autocontrol. Pero ya todo estaba determinado, había sido un trabajo difícil, aún más difícil para una persona como él. Mas ya lo había decidido.

Duchado, con una camisa blanca impecable y una túnica negra que se asemejaba a la usada en los funerales mágicos, caminó con maleta en mano hacia la habitación de la castaña. Lo que iba a hacer no iba a matarlo, pero se asemejaba a la muerte.

Se detuvo unos segundos, respirando con lentitud. Sabía que la imagen de ella frente a él haría que sus venas ardieran como el mismísimo infierno, queriendo traicionar su decisión. Pero Draco Malfoy no se podía dejar llevar por unas hormonas, un hechizo ideado por él y una boca besable. Él no se podía dejar dominar por nimiedades.

Toc, toc…

Unos pasos se escucharon desde el otro lado de la puerta y una oscuridad ensombreció la luz que iluminaba el umbral hacia los pies.

- ¿Sí?-.

Preguntó la voz de Hermione. Draco sintió un nudo molesto en su garganta.

- Me voy- anunció sin más, dejándose de rodeos.

La puerta se abrió rápidamente y la luz del amanecer cegó a Draco durante unos instantes. Cuando pudo enfocar bien vio a una Hermione algo despeinada. Sobre su cuerpo frágil estaba su camisola veraniega tapada por una delgada bata blanca. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus ojos marcaban un gesto absoluto de duda y desacierto.

Ambos sintieron que sus respiraciones se agitaban.

- ¿Cómo que te vas?. Hoy es la cena de gala organizada en el honor de Inglaterra… ¡No te puedes ir!- exclamó Hermione pensando desde ya qué excusa podría dar al Ministro Español para disculpar la repentina ida de Malfoy.

Pero Draco no respondía al grito de la castaña. Estaba perdido en la curva de su cadera, en sus piernas torneadas, en lo que deseaba tocar con todas sus malditas ansias. Apretó los puños para intentar contenerse, subiendo su vista hacia ese busto que los esperaba ahí, listo, sin sujetador alguno que molestara. ¡Por Merlín, al menos ella podría estar completamente vestida al abrir la puerta!.

Sus ojos platas se detuvieron en su rostro, sabiendo que ella esperaba respuesta. Con esa mirada tan fría atravesando sus ojos, Hermione sintió como un fuego se apoderaba de su cuerpo… sellando con una llama la "M" que adornaba su entrepierna…

- ¿Malfoy, me estás escuchando?- le preguntó en un hilo de voz.

Mas algo en su cabeza le dijo que ya era demasiado tarde… él ya no estaba escuchando.

-¡Por la mierda!- gritó Draco y rápidamente entró en la habitación, dejando caer la maleta en la entrada y cerrando la puerta con una mano. Ya no aguantaba.

Caminó hacia la castaña y la estrechó en un abrazo brusco, casi un agarre. Parecía que el aire de la habitación se había encendido de pronto y ninguno de los dos tenía control sobre sus cuerpos, casi endemoniados. Las manos de Draco recorrieron el camino de su espalda hasta retroceder con ella chocando con una muralla. El ruido seco de los cuerpos fue acallado de inmediato al mirarse mutuamente a los ojos. El incendio estaba vivo en las pupilas de ambos.

- Tienes razón, Granger… y ahora, no reprimiré mi deseo-.

Le dijo amenazante, sin pensar en su orgullo al concederle el crédito de haber descubierto la debilidad que sentía por su cuerpo. Ahora eso ya no importaba, ya nada importaba, porque él saciaría su deseo como fuera, incluso aunque debiera hacerlo contra su voluntad.

Sus labios delgados arremetieron contra esos labios sonrosados y aterciopelados, saboreando el sabor de su saliva, disfrutando el sonido de sus jadeos y vanagloriándose de poder ser causante de ellos con nada más que su lengua. Bajó sus manos impacientes de su cintura hacia sus caderas, sintiendo como ellas se acercaban a él antes de que él las apresara.

Siempre tan obediente, Granger… pensó, sin dejar de besarla.

Hermione sentía que Malfoy la besaba como nunca antes lo había hecho, queriendo comer su piel a besos. Sus pezones erguidos estaban excitados bajo su camisola y sabía que ya estaba húmeda, lista para recibirlo en cualquier momento. Los dedos de él, siempre tan provocativos, tan demandantes, de apoco fueron cediendo espacio hacia sus piernas, acariciando sus rodillas y subiendo hacia los lindes de su camisola… inmiscuyéndose bajo ella.

- ¿Quieres más?-.

Le preguntó él, dejando caer sus dedos sobre la marca y provocando que todos los vellos de ella se erizaran.

- ¿Cuánto más quieres?-.

Le repitió sin besarla, alejando su rostro del de la castaña y sólo manteniendo como contacto sus dedos acariciando esa zona donde él la había tatuado, dibujando la inicial de su apellido. Aquella maldita "M" que los estaba atormentando a ambos.

Un jadeo suplicante se escapó de la garganta de Hermione, como un lamento que se parecía demasiado a un ruego. Sólo el tener aquellos dedos ahí, masajeándola, torturándola le hacía olvidar cómo pensar, llevando su cerebro a alguna parte de la estratosfera que se le hacía demasiado lejana, como si años luz la separaran ahora de su cerebro. Pero aún frente al deseo irrefrenable que sentía había una parte de su corazón que pugnaba contra su irracionalidad. Un sentimiento que aún latía, respiraba, se alimentaba de recuerdos y de palabras que jamás morirían para ella, porque la persona que se las había dicho no podía morir para ella. Hermione dibujó en su mente la imagen de un hombre corpulento y castaño, de sonrisa carismática y ojos brillantes… y quiso negarse a la exquisita sensación de Malfoy, a sus roces, sus pulsaciones, su sabor enigmático. Deseó con todas sus fuerzas llevar a sus músculos a moverse y a negar aquella sensación de placer que inundaba sus fibras hasta lograr que su cuerpo fuera eclipsado por tanta pasión.

Pero por más que intentó, Hermione no pudo negarse, dejando escapar un nuevo grito y lanzándose al cuello de Draco para buscar sus labios, sus manos, su miembro caliente bajo su pantalón. Sus ropas fueron tironeadas con rapidez, olvidando cuánto pudo haber costado la túnica elegante que él llevaba puesta; y la verdad era que a él tampoco le importaba el valor de su ropa en ese momento. Al parecer por fin era ella la que sucumbía a su deseo… ella se volvía objeto de su predicación.

Entre pasos torpes hicieron con la cama. Draco besaba sus pechos, envolviendo con sus labios su pezón y deleitado con el tironeo que ella ejercía sobre los cabellos de su nuca. La luz matutina les permitía poder observarse sin reserva alguna, denotando las líneas de los músculos marcados del rubio, la fuerza de sus brazos, el sudor perlado que adornaba su espalda y la palidez de su piel que no había mutado ni aún con los rayos de sol recibidos la tarde anterior. Hermione lo observaba sin perderse detalle de los movimientos de su lengua, encorvando su espalda cuando él la mordía y suspirando sonoramente cuando el cambiaba de un pecho a otro, sin dejar de tentarla.

Una mano de él volvió a bajar hacia sus piernas, pero esta vez sin ropa alguna que molestara se entrometió de inmediato en el espacio que dejaba su desnudez. Su carne tibia, estrecha, pero no virginal, era suficiente para volverlo loco. Muchas veces creía que el hogar de Hades debía ser así: caliente, llamativo y húmedo, tan húmedo que él podría pasar de largo hasta el fondo sin mayor obstáculo que la presión de los músculos de ella contra su hombría.

Sonrió ante la promisoria visión de su pezón rojo por sus lamidas y se acomodó entre sus piernas, sacando su mano de aquel lugar y sintiendo como el olor de ella llegaba desde ahí como el mismo perfume de la muerte.

- Malfoy…- murmuró ella, sintiendo como su entrada era presionada por la cabeza del miembro del rubio.

Él respondió con un gruñido, haciendo omiso caso de su llamado. Y sin más la penetró, llegando hasta el fondo de golpe, sin delicadeza ni miramientos. Agradeciendo que ella estuviera tan lubricada que aquel arrebato no le haría daño alguno, y así lo comprobó con el grito que exaltó de la boca de ella.

- ¿Decías…. Granger?- le preguntó mirando sus ojos mientras la volvía a penetrar con una sonrisa sardónica dibujada en sus labios.

Ella se aferró de su espalda haciendo sangrar su inmaculada piel con sus uñas.

- Te odio…-.

Draco río.

- Igualmente-.

Aunque en el fondo… él sabía que mentía.

OoOoOoO

Llevaba un par de minutos sentada ahí, observando ese rostro maltratado por razones injustas y arbitrarias. Al verlo podía recordar las hermosas facciones de su adolescencia, sus ojos almendrados, su sonrisa misteriosa, su mandíbula cuadrada y sugerente. Era un promisorio joven con un magnífico futuro. Claro que entonces ninguno de los dos sabría cómo iba a terminar todo el asunto.

- ¿Estás segura?- rompió él el silencio en que ambos estaban sumidos.

Pansy asintió y no dejó de mirarlo, acostumbrándose una vez más a ese rostro que parecía una máscara ajena a su personalidad.

- Quiero ser libre, Theo. Merezco ser libre-.

Él le sonrió y se puso de pie, caminando hacia un armario que estaba pegado a la pared. Del bolsillo de su pantalón sacó una pequeña llave dorada y arremetió contra la cerradura, abriendo la puerta y sacando de ahí una botella pequeña con un líquido negro en su interior.

- ¿Esa es?- le preguntó Pansy dándose cuenta que aquel líquido viscoso se parecía al petróleo.

Theo asintió y quedó de pie tras ella, corriendo su cabello hacia un lado y dejando al descubierto su delgado cuello blanco.

- Quizás te duela un poco, pero la poción usada por Draco es muy fuerte. De hecho es la misma que usaba el Señor Tenebroso para marcar a sus prisioneros. Es impresionante que él le haya enseñado algo así a Draco, jamás pensé que le tuviera tanta fe-.

Pansy escuchó como Theo destapaba la botella. Un aroma parecido al acero llegó a su nariz y sintió de inmediato que su corazón se aceleraba. La yema de un dedo de Theodore se cubrió de ese líquido espeso, y lo untó sobre la marca, observando impresionado como el líquido negro era absorbido por el tatuaje.

- Ah…- musitó Pansy, sintiendo que un calor quemaba el trozo de piel de su cuello. Era una sensación extraña, entre placentera y torturadora. De cierto modo se parecía a las caricias que Draco le solía hacer.

De apoco la marca absorbió todo rastro del líquido negro, dejando en su sitio una mancha más deforme de la misma M que antes estaba tan elegantemente trazada. Theo metió la mano en su bolsillo y sacó un pañuelo blanco. Acarició con él la superficie de la piel de Pansy y notó como este se teñía de inmediato de un líquido rojo…

Sangre.

- Mierda…- masculló Pansy esta vez, aferrando sus manos a la tela de su túnica. Ahora sentía que su piel era quemada a carne viva, sin ningún tapujo. Como un corte profundo que estaba siento saturado por una llama de fuego.

Pero lentamente el dolor comenzó a pasar, siendo camuflado por las caricias que Theo profería sobre su piel, finalmente dejando olvidada esa sensación de herida abierta.

- Listo… eres libre- le comunicó, dirigiéndole una sonrisa torcida.

Pansy se puso de pie y lo miró. No sabía cómo agradecer el peso que le había sacado a su alma. Cómo agradecer aquella traición que él le hacía a Draco con tal de ayudarla. Caminó hacia Theo y estiró sus brazos, para finalmente abrazarlo. En un gesto espontáneo, libre, pero nacido desde ese nuevo amor que estaba sintiendo por el mundo que la rodeaba. Ellos no eran de abrazarse ni de mostrarse el cariño con aquellos gestos afectuosos. Pero el amor puede hacer que las personas cambien, y en estas dos serpientes el amor se había colado hondo…

Con la chimenea como testigo de ese favor dado, Theo abrazó a su amiga y ella lo abrazó a él, sabiendo que probablemente esa fuera la última vez que se vieran. La fecha para la ida estaba próxima…

De todas formas ambos sabían que se extrañarían.

OoOoOoO

El ministerio estaba por cerrar. El sol ya se estaba poniendo por el horizonte y la gran mayoría de trabajadores se había ido a sus casas.

Pero Harry no podía irse, no aún. Todo lo que estaba aconteciendo en este momento lo tenía vuelto loco, intentando encontrar la respuesta antes de que el mal mayor se llevara a cabo. ¿Qué iba a hacer si los mortíos lograban llevar a cabo su plan?. ¿Podría él acabar con un segundo Señor Oscuro?.

Tenía su mirada perdida entre torres y torres de papeles. Cho había estado con él gran parte del día, ayudándole a buscar respuestas. Habían analizado los pasos de cada uno de los antiguos seguidores de Voldemort, incluyendo a Lucius Malfoy. Rastreando en qué andaban ahora y qué tal se les daba la vida. Revisaron periódicos, revistas, archivos de registros, nacimientos, muertes, encarcelamientos. Se hicieron con todas las fichas de Azkaban y comenzaron a leerla una por una hasta dejar clasificado un grupo de sospechosos.

Y cuando los ojos de Cho ya se cerraban solos, muestra del cansancio mental y físico que significaba pasar más de diez horas seguidas trabajando, Harry le dijo que se fuera, observándola desaparecer por la chimenea con su cartera púrpura que guardaba muchos secretos.

- Harry, ¿no te vas?- le preguntó Ron entrando a la oficina.

- Sí, pronto…- murmuró como respuesta.

El pelirrojo tomó asiento frente a él y se quedó mirando los papeles. Él se había conseguido las fichas de Azkaban después de una visita secreta al lugar. Se sentía culpable de no poder hacer mucho más, sobretodo ahora que se iba a ir con Pansy.

- Harry- lo llamó dubitativo-… hay algo que tengo que decirte-.

El aludido elevó la vista y la fijó en él, algo impaciente y exasperado.

- Es que… bueno- ¿Cómo decirle a Harry que se iba?. ¿Cómo decirle que abandonaba todo ahora… cuando ya habían llegado tan lejos?-. Tú sabes que eres como mi hermano, Harry, ¿cierto?-.

Harry asintió intrigado. Ron no era de andar con discursos afectuosos, y menos a él. Que cosa más extraña.

- Eso es importante que lo sepas, muy importante. Porque nunca me ha gustado quedar como traidor o cobarde, si hay algo que no he sido, exceptuando a las arañas, claro, es ser cobarde. Sabes que todos estos años he estado junto a ti, que durante la guerra estuve ahí, con algunos mal entendidos, pero ahí estuve. Sabes que confío en ti tanto que hasta soporté que fueras el novio y, posteriormente, el marido de Ginny…-.

A cada palabra del discurso de Ron, Harry estaba más extrañado. Por un segundo había dejado de pensar en estrategias, mortífagos, hechizos, las sospechas de Cho y la extraña actitud de Ginny desde que volvió. Ron seguía hablando casi como atropellado con sus propias palabras, y Ron sólo se había comportado así a los quince años y frente a chicas.

- … porque si yo no confiara en ti eso no habría sido posible. Mi hermana es una mujer muy delicada, aunque se muestre ruda. Puede que juegue Quidditch como hombre, pero eso no significa que sienta como uno. Tú debes ser capaz de cuidarla, Harry. Pase lo que pase tú debes cuidarla, porque si algo le llagara a pasar mi madre se moriría con una apoplejía y mi padre la seguiría con un ataque al corazón. Además es importante que cuides a Hermione si Oliver no regresa. Ya sabes que ella siempre se oculta tras su caparazón de mujer independiente, aunque de independiente cada vez tiene menos. Nunca la había visto tan feliz como en estos años con Wood, es impresionante como él soporta sus rabietas, malos humores, esquemas de vida y todo eso: ¡Ni yo fui capaz de soportarlo!..-.

- ¡Ron, basta!- le gritó Harry algo exasperado. Él tenía trabajo que hacer… y esa charla estaba robándole tiempo preciado de investigación-. ¿Qué pasa?-.

Un suspiro cansado se perdió en la habitación cuando los ojos de Ron buscan los de Harry. Se sentía incómodo, traicionero, casi como un Colagusano más. No sabía porqué se sentía tan atado a la misión que significa salvar el mundo. Pero así era, siempre había sido así, y no era por Harry, ni por Hermione, ni por el honor que ello significaba. Era por él, por su alivio de saber que en el futuro sus hijos podrán vivir tranquilos en un mundo que él había ayudado a edificar. Mas si deseaba que esos niños nacieran no podía dejar a la mujer que amaba en manos de un enfermo psicópata como Malfoy. No podía permitir que Malfoy le hiciera daño a su mujer.

- Me... me marcho, Harry. No sé por cuánto, pero por el tiempo que sea necesario. Debo preocuparme de unos asuntos personales-.

El rostro de Harry mutó a uno chocado, impactado, transfigurado por no entender.

- ¿Ahora te marchas?... ¡ahora cuando todo puede terminar perdido con un solo movimiento en falso!-.

- ¡Harry, entiéndeme!. Todos estos años he estado luchando por la causa, pero ahora debo hacer algo, debo ayudar a alguien que me importa mucho y que no puedo dejar sola- la voz de Ron sonaba culpable, como si estuviera confesando un crimen-. Debo hacerlo y quiero hacerlo… ¡lo quiero hacer!-.

La determinación en la frase final del pelirrojo dejaron a Harry en una pieza. Sabía de qué hablaba, a qué se refería. Él también sería capaz de lo que fuera por Ginny, por su bienestar y su felicidad; lo sería porque si ella no era feliz, él tampoco podría serlo. Así era el amor… un sentimiento que te encadenaba irremediablemente a una persona.

Ron lo seguía mirando esperando alguna reacción, sin saber si decir algo más o no. Entonces Harry habló, y eso significó un alivio para su mente.

- Te apoyo, Ron. Si es por eso, te apoyo… -una mirada astuta brilló en sus ojos verdes y le sonrió a su amigo-... aunque aún no entiendo cómo te dejaste hechizar por una serpiente-.

El pelirrojo sonrió.

- Como dicen por ahí: "el que le escupe al cielo… en el rostro le cae"-.

OoOoOoO

Se sentía relajada, tan relajada que los pasos hacia el ascensor se le hacían un esfuerzo magnánimo para ser llevado a cabo. No sabía cómo después de tener una tarde como aquella estaba de pie y caminando con tacones. Definitivamente el deber la hacía hacer cosas que de otra forma habría creído imposible.

Draco le sonrió sardónicamente cuando ambos se detuvieron frente al ascensor, y pulsó con sus dedos el botón.

- ¿Cómo puedes cerrar las piernas, Granger?. Después de todo lo que te hice no pensé que insistirías en bajar a la cena… cuando quedarnos arriba era tanto más prometedor-.

El ceño de Hermione se arrugó levemente, sonrojándose por las palabras del rubio. Sólo recordar aquella tarde pasada hacía que sintiera que el calor volvía a su cuerpo como una corriente infernal.

- Es mi trabajo, Malfoy, y también es el tuyo. Me da lo mismo lo prometedor de la noche, ahora tenemos un trabajo y entre más rápido terminamos, más temprano estaré en Londrés-.

El rubio la miró algo molesto, tomando su cintura con fuerza y entrando junto a ella al vacío ascensor. Con su cuerpo pegado al de Hermione, comenzó a besar por detrás el lóbulo de su oreja, tentándola por decir tal feas palabras… ¿cómo se le ocurría que él la dejaría irse a Londrés así como así?

- Granger, Granger… tú no te vas de este hotel hasta que esté satisfecho de ti. Y así como vamos eso podría demorar un poco-.

Hermione gimió como toda respuesta, sintiendo que las manos del rubio bajaban indiscretamente hacia su entrepierna, marcando terreno, apoderándose de su sexo, entrometiéndose como ladronas a su recinto sagrado. El ascensor marcó la llegada y rápidamente ella se soltó de su agarre, con las mejillas encendidas y el corazón acelerado.

- No vuelvas a hacer eso, Malfoy- le advirtió molesta mientras se acomodaba la falda-. Ahora compórtate, no quiero que el Ministro… que… ¡tú sólo compórtate!-.

Malfoy asintió y camino tranquilamente junto a ella, aunque el bulto en sus pantalones le pulsaba como endemoniado.

Cruzaron el vestíbulo hacia el salón, de forma callada, sin decirse nada. Hermione se sentía caminando sin fuerza hacia su destino y su cabeza, nuevamente fría, se comenzaba a asustar de todo lo hecho en esa habitación. De todas la veces que explotó con Draco sobre o bajo ella. De lo que dijo, de las mordidas y de los besos, de las lamidas y de sus manos, de los pensamientos que distaban de algo bueno y de sus sentimientos, que había sido guardados en su inconsciente mientras Malfoy la poseía.

Llegaron a una gran puerta blanca, un hombre de negro la abrió y entraron a un Salón repleto de gente, todos hablantes de Español que se acercaron a ellos para saludarlos.

José Manuel Urrutia, el Primer Ministro, se hizo paso entre la gente y estrechó la mano de Draco y besó la mejilla de Hermione. Rápidamente los hizo pasar hacia la mesa donde él estaba sentado y les sonrió para presentarle a su familia- la cual Hermione ya conocía-.

- Un agrado conocerles- dijo Draco con su buenos modales siempre listos-. Su país es realmente hermoso, una cultura y unos paisajes envidiables-.

La mujer del Primer ministro sonrió y tomó la mano de su marido.

- Siempre hemos creído que España tiene mucho potencial, y entre el plan de gobierno está sacar a relucir esa magia que tiene dentro- dijo riéndose encantadoramente.

Luego de una grata conversación comenzó la cena propiamente tal. El menú consistía en platos típicos del país, con mucho vino español y una suave música de fondo. Todos le sonreían a los ingleses, mostrándose atentos y maravillados. Realmente era una cultura muy cariñosa, nada que ver con la frialdad de los países anglosajones.

Los ojos grises de Draco se posaban cada cierto intervalo en la castaña, mirando descaradamente sus piernas y acariciando bajo la mesa sus rodillas con sus dedos. Hermione se limitaba a empujarlo y seguía sonriendo al Primer Ministro evitando mostrar muestras de contrariedad. No podía parecer sospechosa.

Cuando ya habían llegado al postre- una crema catalina servida en pocillos individuales-, unos gritos de los guardias alertaron a todos los presentes. El Sr. Urrutia se puso de inmediato de pie y Hermione volteó su rostro para ver qué pasaba en la entrada.

Fue entonces que su cuerpo quedó paralizado y sus ojos se brillaron como dos estrellas a punto de estallar. Quedó muda, sorda, atenta solamente al hombre de mirada castaña y cuerpo corpulento que entraba al salón. Aquel hombre que siempre la maravillaba con una sonrisa, la alentaba con una palabra y la acariciaba con sus besos dulces, casi como la miel.

Su corazón se aceleró de emoción, con lágrimas que barrían sus mejillas de alegría y con su cuerpo tiritón por la impresión. Se impulsó de la silla y se puso de pie, corriendo como si el Diablo la persiguiera hacia su hombre que se veía confundido y alarmado, volteando la cabeza hacia todos lados para verla a ella, buscándola a ella entre la multitud.

Y sus ojos chocaron entre la gente, cuando sus brazos se abrieron y la recibieron con fuerza. Se aferró de su cuerpo, de su espalda ancha, de sus brazos que la envolvían como sólo el amor puro puede envolver. Sintió su aroma masculino, esparcido en su nuca por los besos desesperados que él le repartía como un enajenado. Y no le importaba que el mundo los estuviera viendo, que sus mejillas estuvieran regadas de lágrimas y que nadie entendiera qué sucedía ahí. Porque su corazón gozaba de la felicidad de ver al hombre que amaba vivo cuando lo creía perdido. Porque su alma se sentía más fuerte ahora que Oliver estaba ahí…

Pero había alguien en el salón que no compartía ni la alegría ni el desconcierto, ni las lágrimas ni los besos. Alguien que observaba la escena con sus ojos fríos oscurecidos por la rabia, con la respiración acelerada por la ira y con el corazón de piedra transformado en una bomba que buscaba venganza.

Draco Malfoy se paró de la mesa y se alejo sutilmente del revoltijo de gente, como una sombra, un alma, un espíritu solitario lleno de rencor. Ahora debía pensar… intentar idear algo mientras veía a su esclava en brazos de otro. Del otro al cual ella amaba.

Debía vengarse por la traición.

&

¡Chan chan! ¡Qué capítulo más largo! Son 13 páginas... ¡13! xD

Y Apareció!!!! Después de tantos capítulos ausente- snif snif- mi amado Oliver Wood vuelve en busca de su mujer.

¿Qué pasará ahora?.

Bueno, y ya vemos que Pansy está lista para viajar. Ron se ha despedido de Harry y la investigación del nuevo Lord o Lady está siendo esquematizada por el niño que vivió y Cho, aquella mujer fuerte que perdió a Cedric u.u

El desenlace de esta historia ya se acerca, muchas dudas tendrán respuesta y vamos camino a la recta final. Pero aún queda lo más emocionante… ¿no creen?.

Un beso desde Nunca Jamás.

Ember.

PD: el 23 de Abril PPC- Blog: peter – pan – comeplex . blogspot . com cumple un año de existencia, y queremos celebrarlo a lo grande. Nos gustarían que los que quisieran dejar un saludo a las PPC =) nos mandaran un mail a sociedad . peter . pan . complex . gmail . com y ahí las integramos en lo que tenemos planeado.

¡Los esperamos en la segunda estrella a la derecha!