Las puertas del cielo se abren y un coro de ángeles canta mientras Ember desciende con un enorme cartel en sus manos que dice: ¡Discúlpenme!.
Ok, he estado muy desaparecida. Fatales consecuencias no lo actualizo hace meses y este fic también. Pero aquí llegué con un nuevo capítulo. Les recuerdo que el final se acerca y que en cualquier minuto sabrán qué se oculta tras todo el misterio.
Espero que les guste el capítulo.
Les recuerdo que hay votaciones de Fic en el Blog de peter pan complex. En mi perfil pueden encontrar el link para votar por su fic favorito.
Un beso desde Nunca Jamás.
Ember.
Capítulo XXVII: El final feliz no existe.
La sonrisa permanecía en sus labios mientras abría la habitación. Oliver la sostenía de la cintura y podía sentir el roce de su aliento en su oreja cada vez que él le decía te amo, de esa manera tan dulce que la hacía sonrojar.
- Te amo…-
Le repitió una vez más cuando cerró la puerta tras de sí. Sus brazos la estrecharon hasta levantarla del suelo, depositando en su boca decenas de besos pequeños.
- Aún… aún no puedo creer que estés aquí- le confesó enredando sus brazos en su cuello y atrayéndolo a ella-. ¡No lo puedo creer!-.
Él sonrió y se dejó besar, respirando su suave aroma y extasiándose con el cuerpo de la mujer que amaba. Tocando aquella que le había dado, desde la distancia, la fuerza para fugarse y salir de donde estaba. Sólo por Hermione, por su recuerdo, él había sido capaz de viajar y encontrarla.
- Te extrañé tanto…- le murmuró dejándola en el suelo-. No te imaginas cuánto te extrañé- le confesó admirando lo pálida que se le ponía la piel bajo la luz de la luna.
Hermione caminó hasta la ventana y se quedó quieta observando a Oliver, sin poder dejar de maravillarse.
- Yo también, a cada hora del día-.
Y es que en ese minuto, mientras sus ojos se detenían en la camisa arrugada de su esposo, en sus ojos grandes y brillantes, en su sonrisa carismática y su cabello despeinado por sus manos, Hermione no recordaba al hombre de palabras siseantes que había dormido con ella en esa misma cama. Su mente estaba tan agitada por la felicidad que la culpa se había transportado a otra galaxia.
- Supongo que quieres saber dónde estuve y cómo salí de ahí- dijo Oliver sentándose sobre el cubrecama y emitiendo un suspiro.
Hermione se dirigió hacia él y tomó su mano. Sus dedos se entrelazaron.
- Sólo si tú estás listo para contarme… quizás quieras descansar antes o darte algún baño-.
- ¿Tan mal huelo?- le preguntó enarcando una ceja.
Ella rió.
- Hueles a hombre-.
- Buena respuesta- comentó y rozó esos labios rosas-. Pero quiero darte una explicación antes. Sé que mientras no te responda todas tus dudas tu cabeza no dejará de preguntárselas. Te conozco, Hermione-.
Recostó su cabeza sobre el hombro de Oliver.
- Habla entonces…-.
Un suspiro escapó de los pulmones de Oliver.
- Está bien…-.
Decir que estaba oscuro queda aún pequeño para la realidad que enfrentaba. El golpe en su cabeza aún palpitaba y la sangre seca bañaba sus dedos luchadores que intentaron desgarrar lo que fuera que lo tenía apresado.
Había hecho el viaje sólo por instrucciones del Ministerio. Supuestamente el transportador lo llevaría a la Capital de Bulgaria y de ahí a unos pasos del hotel. Pero al parecer algo había salido mal y había aparecido en medio de un claro. La luz de la luna se colaba entre las ramas frondosas y un aullido agudo fue la Bienvenida obtenida antes de que algo lo golpeara… dejándolo inconsciente.
Al despertar sentía como dos brazos lo sujetaban y lo arrastraban por la tierra. Intentó deshacerse del agarre a base de patadas y contorsiones, pero fue imposible. Ellos eran muy fuertes.
Fue encerrado en un lugar oscuro dejado en la espera. Durante los días la luz del sol se entrometía entre las rendijas de la construcción vieja, demostrando que tras las paredes de piedra estaba la libertad.
Semanas fueron las que pasó sin nada más que un pote de agua, una comida insípida y la visita diaria de un hombre que cubría su rostro con una máscara de madera. Él sólo dejaba la comida en el suelo y se iba. Oliver le habló una vez y no obtuvo respuesta.
No podía rendirse. No podía pudrirse ahí.
Sin varita, sin ayuda, sin algún cómplice que le enseñara la libertad, Oliver comenzó a hurgar en la rendija que dejaba entrar el sol. ¿Qué tan gruesa sería?. ¿Qué pasaría si rompía el punto preciso?.
Sonrió.
Con la imagen de Hermione, su Hermione, comenzó una tarea que requería de mucha paciencia: virtud que él nunca había tenido. Todos los días se dedicaba a entrometer su dedo entre la rendija, intentando a base de roces pulir aquello que unía a las piedras. A los tres días de estar en ello se encontró en la esquina de su celda un pedazo de vidrio que de seguro perteneció a un vaso roto y olvidado. Con ello y con sus ansias prosiguió rompiendo el hormigón… viendo como su tarea parecía producir efecto.
Pero a veces la suerte otorga, y fue cuando ya pensaba que a pesar de lo grande que era el hoyo que había hecho jamás saldría, algo sucedió: un golpe de suerte.
Una tormenta se levantó en medio de la tarde. Las nubes negras no permitían entrar la luz del sol y el agua se inmiscuía por el agujero mojando la espalda de Oliver… quien no dejaba su trabajo. Truenos retumbaban en el exterior y los relámpagos parecían guiños de luz que iluminaban el cielo oscurecido. El viento zumbaba como un lamento entre los árboles y las gruesas ramas del bosque que lindaba con la construcción se doblaban en una danza atemorizante y furiosa, ondeándose como volutas de humo hacia los lados.
De pronto un golpe sordo y de la nada Oliver tuvo que saltar hacia un lado cuando medio tronco se entrometió derrumbando la pared. Las gotas de lluvia golpearon su rostro sucio y las ramas se desparramaron por la celda.
Sin esperar otro momento salió mientras veía como la torre medieval en la que había estado encerrado se tambaleaba con la fuerza del viento. A su alrededor sólo veía un bosque mojado que se extendía como un mar inacabable… y aunque no sabía dónde mierda estaba, cualquier lugar era mejor que el encierro al que había estado sujeto.
Y así fue como logró escapar, caminando siempre hacia el frente sin dirección fija. Durante días pensó que se volvería loco si no podía salir de ese enorme bosque dónde estaba y muchas veces se preguntó en qué lugar del mundo podía estar. Ese bosque se asemejaba mucho a un laberinto.
En las noches los aullidos sonaban a su alrededor, como lobos – u hombres lobos- que clamaban a la luna. El mal tiempo cedió hacia un suave frío sin tanta lluvia. Y recordó sus entrenamientos en el campo de Quidditch cuando aún bajo una tormenta el entrenador no lo dejaba descansar. Agradeció aquello.
No sabe cómo fue, pero una noche vio una luz amarilla a lo lejos. Sabía que no era la luna porque ésta se había tornado menguante y, además, las nubes grises no le permitían verla. Caminó y caminó hasta que tras unas ramas vio una cabaña iluminada. Sin pensarlo dos veces se dirigió hacia la puerta, pensando que si eran enemigos siempre podría usar la fuerza bruta.
Desde ahí todo se aclara.
La pareja que lo recibió hablaba inglés y le explicó que estaban en los lindes de un bosque del cual el hombre era el cuidador general. Estaban en una reserva del Reino Unido y, además, era un lugar turístico en época alta… la cual ya se acercaba.
No eran brujos- cosa que Oliver comprobó-, pero a los dos días el hombre- un sujeto delgado y pálido llamado Bud- debía ir hacia el pueblo cercano a buscar las compras de la semana. Fue entonces que Oliver siguió con él hacia la civilización…
Y es ahí cuando todo comienza a tornar a la normalidad.
Del pueblo logró que lo llevaran a Londres en un automóvil muggle. Eran dos extranjeros que venían de México y que no entendían muy bien cómo era eso de manejar al revés. Oliver no había manejado un auto muggle más que dos veces en su vida- y bajo la supervisión de su esposa-, así que sólo cerró los ojos el par de veces que estuvo a punto de morir en el camino. Por suerte no pasó nada grave.
De Londres a su departamento. Al no encontrar nada ahí… fue en busca de Hermione al Ministerio, pero antes de llegar se encontró con George Weasley quien venía saliendo. Él le dijo que Hermione había ido a España. Y lo acompañó hasta que en el departamento de Transportes le pasaron un transportador para aparecer donde estaba la castaña.
- … no te imaginas el alivio que sentí cuando te vi ahí, en ese salón, tan hermosa como siempre-.
La mano de Oliver acariciaba el cabello de Hermione, hundiéndose entre sus hebras sedosas.
- Descubriré quién fue el culpable, amor, te lo prometo- dijo ella poniéndose de pie. Su ceño se había fruncido tras el relato, sintiendo dentro de sí la ira que significaba saber que alguien había intentado dañar a Oliver.
Él sonrió y la sentó sobre sus piernas, abrazándola con fuerza.
- No dudo que harás todo para averiguarlo. Pero por el momento sólo quiero descansar contigo entre mis brazos. Después de todo sólo quiero sentirte cerca, nada más-.
Hermione besó la punta de su nariz. Sus ojos grandes y expresivos brillaban…pudiendo reconocer en ellos la calma y el amor, dos sentimientos que había extrañado demasiado.
- Te calentaré el agua de la bañera para que te relajes, ¿te parece?-.
Oliver asintió y Hermione se puso de pie.
Alguien era el culpable de todas las penurias que había sufrido su esposo. Alguien que tenía contactos en el Ministerio. Alguien que solía usar colonia cara y vestir con la mejor marca.
Todo lo sucedido olía a Draco Malfoy. De eso estaba segura.
¡Maldito!
OoOoOoO
Junto a la chimenea se amontonaban un par de elegantes maletas rojas. Sobre una había una carísima cartera de diseñador, y a su lado un conjunto de papeles que falseaban una identidad.
Ron Weasley observaba a Pansy quien, por tercera vez, se percataba de que nada esencial se le quedara en su escape por la libertad. La luz de la luna se infiltraba por la ventana de su cuarto bañando su cabello oscuro y haciéndolo ver algo azulado. Aún con todas las preocupaciones y el nervio encima se veía hermosa.
- ¿Todo listo?- le preguntó acercándose a ella.
Pansy sondeó por última vez su velador y se dio vuelta.
- Estamos listos-.
Ambos se sonrieron en la oscuridad y se dieron un pequeño beso como sello del paso que estaban a punto de dar.
Caminaron de la mano hacia la sala donde las cosas de Pansy estaban listas para ser trasladadas. Ron ya había dejado sus cosas en la cabaña adonde se iba a alojar esa noche. Él había hecho todos los arreglos para que nada pudiera ir mal.
- Espero que te guste el aire marino- le dijo el pelirrojo apretando un poco su mano-, con el verano acercándose la costa se vuelve aún más agradable-.
- Me encanta el mar- respondió Pansy besando su mejilla con dulzura, emocionada por el viaje que ahora iniciaría. Le sonrió y se soltó para tomar su cartera-… y me encantas tú-.
Ron sonrió, sin saber que esas palabras serían lo último que escucharía antes de recibir un golpe.
Una intensa luz verde iluminó la chimenea frente a la cual ambos se encontraban. En un par de segundo una figura se materializó ahí, y sin que tuvieran tiempo ni de sacar sus varitas que estaban en sus bolsillos, un puño voló hacia el rostro de Ron, dejándolo estampado contra la pared donde colgaba un cuadro.
- ¡¿Qué hace la comadreja acá?!- preguntó un Draco Malfoy furioso como nunca antes había estado.
- ¡Draco, no!- gritó Pansy, corriendo hacia el pelirrojo y poniéndose frente a él.
Con varita en mano, Draco le dirigió una iracunda mirada a su novia. Sus fosas nasales estaban dilatadas y su respiración era cortante y acelerada. Estaba furioso, más que furioso, se sentía derrotado, impotente y con ganas de matar todo lo que tuviera enfrente. Había ido a la casa de Pansy con la intención de tomar unos vasos de whisky y acostarse con ella hasta que el cansancio físico lo agotara. Deseaba yacer con ella hasta que su propio sudor lo hiciera olvidar la escena recién vivida en el hotel español, donde Granger recibía a su esposo perdido. Pero en vez de encontrarse con su novia siempre dispuesta a cumplir sus placeres… su primera imagen había sido la del pelirrojo con una maleta frente a él.
- ¡Eres una perra, Pansy!- le escupió al rostro apuntándola a su vez con la varita-. ¡Ambos no son más que una escoria!-.
- ¡No te atrevas a tratarla así, imbécil!- respondió Ron por detrás, moviendo a Pansy hacia un lado con un brazo y sujetando su varita en la mano. Su nariz sangraba a causa del golpe recibido, y las manchas rojas recorrían su chaqueta y caían a la costosa alfombra persa que adornaba el lugar.
- Yo la trato como me da la puta gana…- respetó en un peligroso susurro Draco-… ella me pertenece, y lo sabe-.
Pansy abrió los ojos noqueada por ese comentario. Después de haberse borrado el tatuaje del cuello ella ya no le pertenecía. Luego de haber eliminado la marca que él había hecho en ella, Pansy había dejado de ser parte de él.
- Te equivocas, Draco- su mano sujetó el brazo de Ron, mientras miraba a Malfoy directo a los ojos-. Ya no te pertenezco… borré la huella que te unía a mí-.
Una sonrisa maquiavélica se dibujó en los delgados labios de Draco y su varita se posó más firme en su mano. Sin decir nada caminó un paso hacia Ron y ambos sostuvieron sus varitas pecho contra pecho, bajo el ruido atronador de sus respiraciones enojadas.
¿Qué ella ya no le pertenecía?. ¿Acaso algo así era posible?. Esa marca sólo era una manifestación visible de lo vinculado que ambos estaban, nada más. Ella era de él, tanto así que Pansy todavía no se había dado cuenta de ello.
- Mientras yo sepa tu más oscuro secreto… serás mía- le dijo sin dejar de sonreír-. Y aprovechando que la comadreja está aquí, podríamos darle una pista acerca de qué hablo, ¿no crees?
El rostro de Pansy se desarmó, presa del temor y del desacierto. En toda su felicidad había olvidado ese pequeño detalle, pensando que a base de besos, mimos y el cambio que estaba teniendo se iba a borrar el mal hecho a la familia Weasley durante la última batalla. Su mirada dejó la de Draco y se posó en la de Ron, quien seguía concentrado en mantener su varita presionando el pecho del rubio.
- Quizás a Weasley le interese saber que se está yendo de fiesta con… una asesina-.
¿Asesina?
- ¿De qué mierda estás hablando, Malfoy?- refunfuñó Ron sin entender. Los ojos de Pansy lo miraban asustado, y el agarre de su brazo se intensificó al escuchar esas palabras.
Draco rió con una carcajada agria. Se sentía tan bien hacerle daño a las personas que lo traicionaban, tanto así que hasta podía decir que la escena que estaba viviendo era aún más cautivadora que la noche de sexo que pretendía tener en un principio.
- ¿Acaso tu caliente amante no te ha dicho nada?. Mal, mal, mal… yo que siempre te enseñé que hay que ser sinceros con quien se duerme, Pansy- la voz del rubio sonaba divertida, olvidada de la ira que había aplastado su garganta-. Recuerda que sólo cuando se está dormido uno es absolutamente indefenso…-.
- ¡Cállate, Draco, sólo cállate!- intervino Pansy con lágrimas en sus ojos. Su mano pálida seguía afirmándose del brazo de Ron y su corazón latía acelerado del miedo que le daba enfrentar lo que se vendría.
- ¿Qué me calle?. Oh, no, Pansy… justo hoy me siento lo suficientemente bondadoso para compartir un secreto con uno de mis enemigos de infancia- Draco miró a Ron y pudo notar la confusión en las pupilas del pelirrojo-. ¿Qué harías, Weasley, si te dijera que Pansy es la asesina de tu hermano Fred…?
- ¿Qué?...- soltó como un murmullo Ron. El color se le había ido del rostro y ahora él sentía miedo y dolor de las palabras de Draco-. ¡Eres un bastardo mentiroso, Malfoy!-.
Le gritó recobrando el aliento y empujándolo con todas sus fuerzas, soltándose del agarre de Pansy y haciendo volar a Malfoy a un sillón de la sala.
El rubio rápidamente se puso de pie y su varita indicó el pecho de su enemigo. La sonrisa divertida con la que había estado hablando se borró de su boca. Ahora se había vuelto a enojar.
- ¿Cómo crees que Bellatrix supo dónde estaba escondido tu hermano, Weasley?. Porque un soplón de nuestro bando le dijo… ¡Porque Pansy fue a decirle que uno de los Weasley estaba escondido tras el árbol!
"Fred… no, Fred…"
- Ella es la culpable de que tu familia esté coja… ¡ella fue la culpable de que Fred muriera!-.
Las palabras de Draco quedaron resonando en la cabeza de un Ron confundido. Su rostro se giró completamente para ver las lágrimas que caían por las mejillas de Pansy, muda y pálida en una esquina. Su cuerpo completo parecía temblar, y sus manos estaban apretadas en un puño. Se veía culpable, tan culpable que a Ron le chocó la visión de una Pansy escolar cínica y arrogante. Recordó cuando ella parecía odiarlo, cuanto él parecía odiarla… y de un segundo a otro todos los buenos momentos vividos parecían mínimos contra el corazón herido que palpitaba en su pecho.
¿Cómo había sido capaz de hacer algo así?. ¿Cómo podía ser tan cruel para vivir con la muerte de alguien como Fred sobre su alma?. No cabía en su cabeza que Pansy, su Pansy, fuera capaz de pasar todos esos maravillosos momentos con él y, a la vez, ocultara tras su hermoso rostro un secreto tan oscuro.
- ¿Es… es verdad?- preguntó en un hilo de voz… teniendo la esperanza de que Malfoy estuviese mintiendo. Que todo fuera una vil mentira de su cabeza enferma.
Pero cuando se percató que los labios de Pansy estaban apretados, pronto a lanzar un gemido de tristeza que acompañara sus lágrimas, Ron comprendió que Malfoy no mentía. Le bastó ver que ella no era capaz de decir nada para negar la grave acusación hecha, para saber que sólo verdad había tras las palabras del hurón.
Con el corazón destrozado, iracundo y deshecho, Ron bajó su varita y miró al suelo. Durante un segundo que a Pansy le pareció una eternidad, Ron no dijo nada, sólo se limitó a observar sus zapatos y a respirar con dificultad.
Lentamente levantó su cabeza y posó su mirada en Malfoy, quien seguía con su varita en alto en espera del primer ataque…
- Los dos se pueden ir a la mierda…- dijo Ron atravesando la sala hacia la chimenea, con sus ojos inyectados en lágrimas que pronto comenzaron a correr por sus pecosas mejillas.
Recién entonces Pansy se movió, corriendo hacia él para explicarle qué había sucedido hace tantos años atrás. Necesitaba pedirle perdón, rogarle porque no la dejara sola…
- Ya es tarde- le advirtió Draco cuando una luz verde anunció que Ron se había ido.
El rubio bajó su varita y se posó tras Pansy, quien de pie lloraba frente a la chimenea.
- … finalmente, Pansy, seguirás siendo de mi propiedad… aunque no lo quieras-.
Y con una fuerza brutal la apresó por la cintura, buscando rápidamente su entrepierna bajo su vestido…
Daba igual cuánto ella se negara al encuentro, cuanto llorara, golpeara, o mordiera. Él la forzaría a aceptarlo, pues, al fin y al cabo, ahora sólo quedaba él en su vida.
OoOoOoO
La luz pálida de una luna llena colmaba la pequeña habitación de los Potter. Ginny esperaba a Harry nerviosa, sabiendo que había llegado el minuto adecuado para soltar todo. Ya no había tiempo que perder.
La puerta de la entrada crujió y se oyeron pasos que avanzaban hacia la alcoba. En el marco del umbral se detuvo la figura de Harry Potter, quien sonrió ante la visión de su esposa sentada sobre la cama. Caminó unos pasos y se sentó junto a ella, buscando sus ojos entre la penumbra.
- ¿Estás bien, Ginny?- le preguntó cuando la escuchó sollozar.
La pelirroja negó con la cabeza y tomó la mano de Harry con fuerza, apretándola como si la vida se le fuera en dicho gesto.
- Amor, ¿qué pasa?- le interrogó preocupado. Su brazo rodeó su cuerpo delgado y la estrechó contra él, nervioso de no saber qué le sucedía a su esposa.
Ella aspiró con fuerza y lo soltó:
- Me voy a morir-.
Todo se volvió negro en la cabeza de Harry. La luna dejó de brillar y su corazón pareció latir con más fuerza de lo normal en su pecho. El cuerpo de Ginny, frágil y esquelético entre sus brazos, temblaba como si hiciera muchísimo frío. Y sólo ese contacto con su fría piel lo hizo pensar en un cadáver de Ginny sin vida…
Se sintió estremecer.
- ¿Qué dices?. ¿Por qué estás diciendo algo así?-.
Lágrimas rebeldes escaparon de los ojos de Ginny y fueron a parar al edredón. Su mano apresó con aún más fuerza la mano de Harry, y su mentón tembló víctima del desconsuelo.
- ¿Sabes por qué fui li- liberada?. Porque estoy maldita, Harry, estoy enferma y sucia. Estaba tan débil que ya no les era de utilidad…. No al menos que lograra lo que ellos se proponían- su voz pausada era interrumpida por las lágrimas que seguían bañando sus mejillas. Harry no podía dejar de mirar su piel pálida iluminada por las pequeñas gotas, escuchando con atención esa explicación que, recién ahora, cobraba un sentido en su cabeza-… ¡ellos me envenenaron, Harry!. ¡Por culpa de ellos perdí mi salud… y a nuestro… a nuestro hijo!-.
Ginny se estrechó a los brazos de Harry y convulsionó en el llanto. Sus gemidos se mezclaban con los temblores de su cuerpo, mientras los brazos de su esposo la rodeaban aún atónitos a la noticia, sintiendo dentro de sí el dolor de perder a alguien amado, a pesar de no haberlo alcanzado a conocer.
Su hijo, su pequeño hijo, ese ser del que sólo supo su existencia. A su cabeza vino el recuerdo del beso que le dio al vientre de Ginny antes de que ella se fuera a realizar su peligrosa misión. "Espero que sea igual a ti" le había dicho ella antes de partir, alejándose con una mano sobre su estómago tras Hermione.
En esa entonces todo era esperanza y felicidad. Una eterna alegría coronada por la llegada de un nuevo miembro a su pequeña familia.
¡Malditos mortífagos!. ¡Maldito Voldemort!. ¡Malditos todos aquellos que seguían matando a sus seres queridos!. ¿Por qué él? ¿Por qué siempre era él la víctima de los ataques?.
Apresó con fuerza a Ginny y acarició su mejilla, intentando tranquilizarse. Estaba tan enojado que ganas no le faltaron de tomar su varita y matar al primer mortífago que pasara frente a él. Pero ahora no se trataba de él, sino de Ginny. Ella era lo único importante en ese momento.
- Amor, amor, cálmate, yo estoy contigo ahora- le dijo en un susurro, incorporándola para ver sus ojos aclarados por el llanto-. No estás sola, nunca lo has estado… déjame ayudarte, por favor-.
La respiración de Ginny era entrecortada, conteniendo los gemidos. Sus manos volvieron a buscar las de Harry, sin perder de vista sus ojos. Era impresionante lo bien que podía mentir.
- Ellos te quieren a ti, Harry. Sólo si tú haces lo que ellos ordenen… me curarán-.
- ¿Cómo?-.
El labio inferior de Ginny tembló.
- Sólo si tú te transformas en lo que ellos te ordenen… yo seguiré viviendo-.
"… y estaremos juntos por siempre…"
OoOoOoO
El amanecer evocaba al llamado de la naturaleza. Los pájaros trinaban desde el exterior y la cálida luz del sol alumbraba la sala de reuniones del viejo castillo.
Tres hombres estaban liderando una mesa redonda donde sus miembros estaban enmascarados. Se podía sentir el miedo que se ocultaba tras las máscaras, mezclado con el enojo y la venganza: dos sentimientos que podían más que el temor.
- Recibí un informe y al parecer lo último que esperábamos ya está listo- dijo uno de los tres líderes.
- Entonces ahora somos nosotros los que tenemos que preparar el ritual- dijo un hombre a la derecha.
El que estaba a la cabecera se puso de pie. Su cuerpo delgado se mantuvo firme frente a todos. Se podía percibir su autoridad.
- ¡Exacto!. Desde hoy no hay descanso hasta que el momento llegue-.
Sus palabras se elevaron por el salón y tocaron los oídos de todos los presentes.
- ¡Pronto recibiremos al nuevo Señor Oscuro!
&
¡Chan chan!.
Que capítulo más rudo :'(...
Espero que les haya gustado.
Recuerden las votaciones en Peter Pan Complex (H).
Un besote!
Ember.
