Capítulo 2
Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta.
‡ 1977, septiembre ‡
Era uno de septiembre, llovía, hacía esa clase de calor que se te pega al cuerpo y te hace capaz de vender tu alma por una ducha. No era un buen día para andar por el metro de Londres con un baúl que pesaba como un demonio, una jaula con una lechuza que no paraba de llorar como si estuviese siendo sometida a alguna clase de tortura y lo peor, unos tebeos muggles que James le había pedido que comprase porque "a mí me da mucha vergüenza, tío, entrar en esas tiendas muggles. Siempre me hago un lío con las monedas esas tan raras..."
Cuando Remus Lupin llegó a la estación King Cross estaba francamente agotado. Uno espera que cuando sus amigos le vean, le echen un cable con todo el equipaje, después de todo él no era ni James, ni Sirius. Remus era más bien enclenque.
- Pero no. Ya lo creo que no.
- ¡Lunático! - Dijo una voz horriblemente familiar- Ya era hora de que llegases, ¿dónde están? Te acordaste, ¿no?
- No sé que le ves a ese tío con mallas, Cornamenta, cualquiera diría que eres medio marica.- Sirius siempre encontraba alguna excusa para llamar a James marica.
- Es el valor y el coraje, amigo mío, Superman tendría que haber sido Gryffindor.
- Los traigo- dijo Remus- Sobaco izquierdo, entre las páginas del Profeta. Números del 36 al 48.
- Eres mi héroe- dijo James cogiendo el Profeta de debajo del brazo de Remus para luego sacar los tebeos y tirar el periódico a una esquina (sin ocurrírsele que tal vez, sólo tal vez, Remus quisiese leerlo más tarde)
Sirius no era de mucha más ayuda. Puede que el memo del tebeo llevase mallas y los calzones por fuera, pero el caso es que volaba sin escoba, así que desde luego era más interesante que los evidentes problemas de movilidad que tenía Remus en esos momentos debido a su exceso de equipaje ("Remus, cielo, ¿no crees que llevas demasiados libros en el baúl?" "Nunca son demasiados, mamá")
- ¿Te hecho una mano?- Dijo entonces una voz un poco menos llena de entusiasmo, evidentemente más tímida y cruelmente más anónima.
- Sí. Gracias, Peter.
El viaje a Hogwarts se pasó rápido. Como dictaba su tradición, fueron en el último compartimento del tren [Remus no lo sabía entonces, pero aproximadamente 16 años después volvería a coger ese tren de camino a la escuela. Se sentaría en el mismo sitio, al lado de la ventana].
Sirius habló mucho de su moto nueva. Quería encantarla para que pudiese volar.
- Sabes que si encantas esa moto estarás rompiendo un millar de leyes mágicas, ¿no?
- No seas aguafiestas, Lunático.
Remus estaba seguro de que había sido el único en atender durante el discurso de bienvenida de Albus Dumbledore, porque lo que era James y Sirius parecían demasiado ocupados con otros asuntos de importancia prioritaria.
- Joder, Cornamenta- decía Sirius a la vez que le tiraba "disimuladamente" una patata frita a la cara de Remus para que dejase de atender al director- Que es nuestro último banquete de bienvenida en Hogwarts. ¿Te das cuenta de lo que significa?
Remus entornó los ojos, era la novena vez que Sirius decía eso desde que habían cogido el tren.
- Si, colega, que este castillo perderá el 90% de todo lo que lo hace interesante.
- Miles y miles de años de historia pero lo que hace interesante de este castillo sois vosotros. Entiendo...
- Nosotros, Lunático, nosotros cuatro.
- Lo que es increíble es que se acabe- dijo Peter suspirando.
- Eso estábamos comentando, lumbreras- dijo James.
- No me refiero a eso, sino que se acabe lo nuestro.
- Que maricón eres, Pete- dijo Sirius riendo.
- Quiero decir: las bromas, los pasadizos secretos, la casa de los gritos... Ya sabéis: Lo nuestro.
Los cuatro merodeadores se miraron. James y Sirius con una mirada que olía a futuras gamberradas, Remus con resignación como si se anticipara al desastre y Peter intentando entender qué era lo que acababa de saltar en las rebuscadas mentes de sus amigos.
- Jimmy, ¿estás pensando lo mismo que yo?
- Por supuesto que lo está pensando, Sirius, hace tiempo que tengo la impresión de que compartís neuronas.
- Pero, es que amigo mío, tú estás pensando exactamente lo mismo, Lunático.
- Las grandes mentes piensan igual- dijo James revolviéndose el pelo.
- ¿Pero de qué estáis hablando?- preguntó Peter confundido. A veces pensaba que sus amigos hablaban un idioma distinto.
James sonrió maliciosamente mientras miraba fijamente al algo que seguramente no estaba en el Gran Comedor, sino más bien en algún rincón de su retorcida imaginación.
- No podemos marcharnos por las buenas de este lugar, amigos míos- dijo James como quien empieza un gran discurso.
- No podría estar más de acuerdo, Jimmy- dijo Sirius aprovechando esa especie de comunicación telepática que mantenía con James Potter- Los Merodeadores han nacido para ser recordados.
Remus suspiró como quien se ve venir el asunto.
- Odio interrumpir este momento tan profundo- dijo sin poder disimular por completo su interés en el tema- pero creo que ya hemos agotado el listín de bromas legendarias. Si después de siete años de guerra contra la monotonía no nos recuerdan, no veo qué más podemos hacer para no caer en el olvido...
Pero era obvio que Sirius Orion Black y James Potter sí que lo veían, y bien clarito.
- Tenemos que hacer continuar nuestro legado- dijo James.
Lily Evans no era esa clase de chica. No le gustaba la atención, prefería y siempre había preferido pasar desapercibida. Le daba igual que le considerasen la rarita del curso. Sus amigos la conocían bien y los demás, no le importaban. Por eso cuando llegó de la reunión de los Premios Anuales del primer día de curso, acompañada del agradable Remus Lupin (misterios de la magia cómo ese chico tenía semejante puñado de idiotas como amigos), no le gustó ni alcanzó a entender por qué en la sala común de Gryffindor sonaba música de ABBA a todo volumen, las luces estaban completamente apagadas excepto una bola de discoteca que giraba pendiente del techo, y los alumnos, los recién llegados de primero inclusive, bailaban en el lugar donde se suponía que tenía que estar el mobiliario.
Lily y Remus se quedaron petrificados nada más cruzar a través del retrato de la Señora Gorda.
Gimme gimme gimme a man after midnight…
- Esto no puede estar pasando- susurró Lily para sí misma.
Pero sin embargo Lupin no parecía tan sorprendido. Es más, parecía como si le estuviese haciendo gracia que el mismísimo primer día del curso hubiese una fiesta montada en la sala común de la casa de la que AMBOS eran responsables.
- Han sido los retrasados de tus amigos, ¿verdad?- adivinó la pelirroja.
Remus se giró para mirarla y en ese momento Lily se olvidó de todas las cosas que a Lupin le hacían diferente al resto de sus colegas. En ese momento lo que vio Lily en los ojos color miel de su compañero no fue reproche, ni estupefacción, sino que más le vio orgulloso de decir que
- ¿quién si no, Lily?
Lupin, el gran cómplice. Lily lo pensaba una y otra vez. Qué mejor banda de gamberros que aquella que tiene un infiltrado entre las autoridades.
Pronto divisó a los autores entre el gentío.
James Potter, Sirius Black y Peter Pettigrew sentados en una especie de tronos que se encontraban encima de una tarima, que si mal no recuerda Lily antes no estaba allí. Sirius Black llevaba puesta una peluca a lo afro, "muy oportuna para la ocasión" pensó Lily.
Con James Potter en el centro, faltaba un trono vacío al lado de Black.
Cuando miró, Lupin ya se estaba dirigiendo a la tarima para ocupar su lugar.
Desgraciado. Cómo era posible que fuese por un lado una persona tan inteligente, tan amable, tan bueno, trabajador, un chico que es abierto con todo el mundo y siempre dispuesto a ayudar; pero que por otro lado se aproveche de su buena fama entre el profesorado para encubrir las bromas de sus amigos, librarles de sus castigos, facilitar información y aún así no perder en ningún instante la confianza de los profesores.
Pettigrew era distinto. No se le culpaba de cualquier desastre, como ocurría con Potter y Black, aunque Lily sabía perfectamente que probablemente estaba siempre en el ajo del asunto. Él era el que de los cuatro podía pasar desapercibido, porque la gente no parecía verle cuando no estaba con sus amigos. Pero Lily le veía cuando se colaba en el despacho de McGonagall en el intercambio de clase para coger sabe Merlín qué, Lily se fijaba cuando para que no pillasen a sus amigos con la poción robada de la despensa, ésta salía de la mochila del ladrón y levitaba hasta las manos de Pettigrew. Después de todo, ¿quién iba a sospechar de él? Ese era Pettigrew.
Black. Para Black no había palabras. Su caso sí que no era normal. Era el más sinvergüenza de los sinvergüenzas. Lo abarcaba todo: casanova, gamberro, gánster, abusón, héroe del quidditch, maleante a más no poder y mecagüendiez, un pelota redomado con los profesores (con algunas sobretodo) y lo peor es que le perdonan todo porque a) le consideran gracioso y b) viene de una buena familia y cómo iban a expulsar o incluso castigar severamente a un Black.
Pero Potter. Ése sí que la sacaba de sus casillas. Era digno de ver sentado en un trono y todos los de la sala común admirándole por sus múltiples cualidades de PESADO DE PESADILLA. Le consideraban gracioso y todo un camarada. Un tío legal, dirían los chicos. Todo un caballero, dirían las chicas. Pero Lily sabía que lo que le gustaba a Potter era precisamente lo que ella detestaba, la atención. Era el líder de su grupo y él adoraba serlo.
Pretencioso de las narices…
La cuestión es que era el primer día de curso, nada más acabar el banquete de bienvenida y durante el transcurso de la reunión de Premios Anuales, se había montado una fiesta por todo lo alto en su sala común.
Y la gente se lo estaba pasando bien. Muy bien.
La rabia se apoderaba de Lily. Per-fec-to: si McGonagall entrase en esos momentos, Lily quedaría mal delante de la jefa de Gyffindor, así que le tocaba a ella ser la vieja carca que acabase con el despliegue discotequero.
Con furia Lily agarró su varita y la levantó en el aire.
La fiesta de bienvenida había sido un éxito. Ahora los de primero de Gryffindor estarían más orgullosos que nadie de haber sido seleccionados a la casa de los leones. Además también había venido bien para recordar al resto del mundo quiénes eran los merodeadores y de qué eran capaces.
- Menuda aguafiestas nuestra querida ambición pelirroja- comentaba Sirius mientras se quitaba su enorme peluca a lo afro de la cabeza.
- Creo que le molestó que tú no la sacases a bailar, James- bromeó Remus
- Ella sólo estaba haciendo TU trabajo- le recordó James mientras se tiraba en su cama boca arriba.
- Podía haberse enrollado un poco- comentó Peter mientras se quitaba su camisa fucsia de lentejuelas mojada- Echarnos toda esa agua encima fue pasarse…
Pero James no parecía muy interesado en seguir con el tema de criticar a Evans, después de todo era el amor de su vida, y si alguien la entendía, era él. Era inútil explicar a los demás el funcionamiento de la mente de Lily, que él entendía tan bien.
- Respecto a lo que comentábamos en el banquete- Recordó James mirando para el techo- Se me ha ocurrido algo que podríamos hacer.
- Lo has pensado muy poco, Potter- dijo Sirius mientras se lanzaba de plancha al lado de James- Esto es muy serio, tío. Hablamos de nuestro testamento. Como lo estés planeando tan bien como planeas tu boda con Evans vamos de culo, amigo.
- Lo va a planear Lunático, no te preocupes por eso.
- Oh, muchas gracias, cárgame a mí con el trabajo duro, no me importa.- Remus ironizaba, pero James sabía que no sólo haría encantado el trabajo y daría las mejores ideas, si no que se estaba muriendo por saber en qué había pensado él.
- Pero nos lo vas a contar ya ¿o qué?- protestó Peter.
- Lo que pasa es que quiere que se lo pidamos con cariño, ¿verdad cielo?- dijo Sirius metiendo la mano por debajo de la camiseta de James y haciendo que él se revolviera de las cosquillas.
- Quítame las manos de encima, pervertido
Sirius retiró la mano del vientre de James pero al hacerlo le mandó un beso por el aire. Remus y Peter se rieron pero James puso una fingida cara de asco. La verdad es que ya estaba curado de espantos respecto a Sirius y esa clase de espectáculos. Y luego le llamaba a él maricón. Hay que joderse.
- Cuéntanos lo que has pensado James- insistió Remus terminando de ponerse el pijama de cuadros escoceses (el chico siempre dormía con pijamas, debía de ser cosa de su madre)
- Pues había estado pensando en dejar instrucciones para la siguiente generación de maleantes con todo lo que necesitan saber para ser amos y señores de este castillo.
- Pero si nosotros les damos todo el trabajo hecho, no se merecen ser amos y señores del castillo- protestó Sirius- No podemos regalar a cualquiera todo nuestro saber. Para ser merodeadores tienen que arriesgarse, descubrir secretos, desafiar a las autoridades, se lo tienen que ganar a pulso.
- Pues que se lo ganen- dijo Remus entendiendo algo que los demás se pasaban por alto- Que nos demuestren que se merecen que nosotros les contemos nuestros secretos.
- Pero para eso tendríamos que conocerles en persona- dedujo Peter.
Remus se llevó la mano izquierda al mentón en una postura pensativa.
- No necesariamente.
- Creo que sé lo que estas pensando- dijo James feliz de haberlo entendido, como si le pareciese una idea estupenda.- Pero es magia muy avanzada…
- Ni que eso nos hubiese importado alguna vez- dijo Sirius- Pero vais a tener que explicármelo porque no entiendo nada.
Remus se sentó como un indio y miró a Sirius.
- Consiste en darle tu personalidad a ciertos objetos, de manera que piensen, actúen y hablen como harías tú.
- Me suena a magia negra, Lunático- dijo Sirius no muy contento- Y no quiero relacionarme más con esa mierda, ya me llega con el apellido.
- No, no, no- aclaró Remus como si le diese mucha vergüenza el malentendido- No, no es magia negra. Es un encantamiento muy poco poderoso, aunque complicado de hacer. Estos objetos nunca dejan de ser nada más que simples objetos. La persona que los crea no deja parte de sí en ellos, simplemente les da unas instrucciones que seguirán para comportarse.
- Yo sigo sin entender para qué tenemos que utilizar esa clase de magia- protestó Peter
- Para las instrucciones- explicó James- Dejaremos nuestro legado camuflado, para descubrirlo tendrán que mostrarnos de qué madera están hechos.
- Nuestro legado abarca muchas cosas, amigo- le recordó Sirius- ¿Cómo piensas recompilarlo todo y ponerle instrucciones mágicas o esas mariconadas en las que estás pensando?
- Poco a poco…- James suspiró y después hizo un gesto para que sus amigos se acercasen- Empezaremos haciendo un mapa.
019, finales de agosto ‡
Hoy los primos y los tíos han venido a comer, ahora con Teddy en casa a Lily le parecen por fin auténticas comidas familiares. Por la mañana fueron todos los primos a comprar el material escolar al callejón Diagon, Lily y Hugo compraron sus primeras varitas en Ollivander's, sus túnicas en Madame Malkin y sus libros en Flourish y Blotts. Todos los años va la familia completa a hacer esas compras y todos los años comen todos juntos. Hay tres mesas colocadas en línea en el jardín, la mesa está puesta y la tía Fleur ha colocado unos jarrones con flores que son preciosos. A Lily siempre le ha fascinado su tía Fleur, no sabe por qué sus hermanos y sus primos a veces se ríen de ella.
Además también está el tío Bill y la prima Victoire. Lily no entiende qué puede haber pasado para que Teddy no esté riendo con Victoire como siempre que se ven.
- Vicky- le dice Lily a su prima hablando en voz bajita- no te habrás enfadado con Teddy, ¿no? Porque si yo fuese tú, me quedaría con él para siempre…
Victoire se sorprendió con la pregunta, pero no se enfadó.
- No te preocupes por eso- le dijo sonriendo un pelín forzosamente- Incluso los príncipes azules no son tan perfectos como pensamos, ¿sabes?
- ¿Eso es que estás enfadada con él o que no?- Por las barbas de Merlín, tenía once años, podían dejar de hablarle con ambigüedades todo el rato. Un príncipe azul era un príncipe azul. Y punto.
- No, no estoy enfadada con él.
Ya, claro, y yo me chupo el dedo. La tía Hermione llama a Victoire y esta se va sin dar más explicaciones.
Lily va andando camino del columpio del árbol cuando le sorprenden unos brazos que la agarran por la cintura y la levantan del suelo haciendo que de varias vueltas.
- ¡Tío George!- se ríe Lily, no es una protesta, aunque ella lo pretendiese.
- ¿Qué te pasa, princesita? ¿No te gusta volar?
La deja en el suelo pero sólo porque así puede revolverle el pelo.
- Sólo en escoba.
- Menuda decepción- suspira George dramáticamente- Y yo que pensaba que sólo volabas en unicornio alado.
- ¡Eh!- Lily le da un golpe suave en el brazo, pero sonríe involuntariamente.
- ¡Lils!
Hugo se acerca hasta ellos sonriendo.
- Hola tío George.
- Caray, Hugo, ¿soy yo o has doblado tu estatura en dos semanas?
- No, lo que pasa es que está más gordo.- se burla Lily, pero no maliciosamente
- Tú cállate, Lily Flower Power- contesta Hugo mientras se levanta la camiseta y se da palmadas en su vientre plano- es todo músculo.
- Ya veo, Ya veo- se ríe George- en eso te pareces más a mí que a tu padre. Por cierto voy a decirle a mi hermano que deje un poco de cerveza de mantequilla para los demás, que luego se queja de que tiene tripa de cuarentón.
George se va y Hugo y Lily se quedan solos en la parte de atrás del jardín. Lily se sienta en el columpio para balancearse mientras que Hugo se sienta como un indio cerca de ella.
- Han venido Fred y Roxanne- le dice Hugo- Pero estaban hablando con Teddy hace unos momentos, creo que piensan que son demasiado mayores para jugar con nosotros.
- James también empieza a pensarlo- le dice Lily- Pero Teddy no.
- A ti te gusta Teddy, ¿no es cierto?- se ríe Hugo
- ¡No es verdad!- protesta Lily pero se ha puesto roja- Teddy es como un hermano, además, tiene a Victoire.
- Parece que ya no- le recuerda Hugo- Y no puedes negarlo, desde hace años que te gusta.
- No sé de dónde sacas ese disparate, Hugo.
Lily no piensa en Teddy de esa manera. A Lily le encantan Victoire y Teddy juntos, desde que empezaron a salir Lily quiso que se casasen para que así Teddy fuese verdaderamente de la familia. Aunque no se le ocurre cómo puede ser más de la familia de lo que ya lo es. Pero sin embargo ahora que sabe que no está con Victoire, algo en su interior se remueve. Pero no. Es que NO. Simplemente ESO no puede ser, y Teddy se reiría de ella. Además, él tiene 21 años y ella 11, menuda tontería.
- ¡Lily Luna!- Sólo su padre le llama así, y se está acercando hasta dónde están.- ¿me haces un favor, princesa?
- Claro, papá.
- ¿Puedes ir a mi despacho para buscar un álbum de fotos que guardo en el segundo cajón de mi escritorio que pone "Academia de aurores"? Lo cogería yo pero tu madre quiere que le ayude con no se qué historia en la cocina y tu tío Percy no se cree que el ministro de magia saliese de copas con los aurores en el 2004.
- Segundo cajón del escritorio, entendido- repite ella- ¿me acompañas, Hugo?
Hugo se encoje de hombros y sigue a Lily a través del jardín. Entran en la casa de piedra y les invade un placentero olor a comida cocinándose. Las reuniones familiares huelen así. Recorren en salón de la casa y suben las escaleras que llevan al piso de arriba donde están las habitaciones y el despacho del padre de Lily.
El despacho da justo al sur y está muy bien iluminado. La decoración es sencilla: dos estanterías, una en cada pared, con muchos libros de magia y fotos familiares, una alfombra y el escritorio.
Cuando Lily se coloca detrás del escritorio se encuentra con un dilema. ¿El segundo cajón de la derecha o el segundo de la izquierda? ¿el segundo contando desde arriba o desde abajo?
- Jolines…- suspira ella- Hugo, mira en el otro lado, yo miraré aquí.
Hugo se agacha en la parte izquierda y como Lily empieza a abrir cajones. Lily acaba encontrando el álbum de fotos en uno de los cajones, en los otros tres sólo había papeles con sellos y cachivaches raros.
- Ya está- le dice Lily a Hugo, que sigue mirando en los cajones del lazo izquierdo del escritorio. Pero Hugo no le hace caso, está mirando algo atentamente.
- Lils, ¿por qué guarda tu padre un trozo de pergamino viejo en un cajón vacío?
- No sé, se tratará de algo importante…
- Está en blanco.- le asegura él mientras desdobla el pergamino. Lily tiene la sensación de que no deberían estar hurgando en las cosas de su padre. Pero es que eso es bien raro, ¿quién guardaría un trozo de pergamino en blanco? Y es un pergamino muy antiguo, el color arena natural de las páginas de pergamino se ha convertido en color café en este trozo y está rasgado por las esquinas, como si lo hubiesen usado mucho.
- ¿Por qué lo guardará mi padre?- pregunta Lily aunque sabe que Hugo no tiene la respuesta para eso
- Podríamos averiguar qué es- le reta Hugo- Puede que tenga tinta invisible… Llevémoslo.
- ¿Y si lo necesita mi padre para algo del Ministerio?
- Si fuese algo de mucha importancia no lo guardaría en su casa, se quedaría clasificado en la oficina de aurores.- deduce Hugo, aunque Lily puede ver que su lógica no es muy sólida.
Lily vacila unos instantes. No sabe por qué ese trozo de pergamino le despierta tanto interés. Probablemente no sea nada más que eso: un simple trozo de pergamino, pero ¿y si fuese algo más?
Lily coge el trozo de pergamino y con cuidado pasa la palma de la mano por él. Entonces pasa algo. Lily no podría explicarlo, pero se puede decir que una chispa de electricidad recorre su brazo mientras está tocando el pergamino. Es como una especie de presentimiento, una señal. Por algún motivo que en estos momentos no entiende, pero que algún día entenderá, siente que si se queda con este trozo de pergamino, no lo estará robando, sino cogiendo algo que es suyo por derecho.
- Está bien- accede Lily- Nos lo llevamos, pero si no encontramos nada en él, lo devolveremos.
- Vale- dice Hugo contento mientras dobla de nuevo el pergamino y se lo guarda en el bolsillo.- Lo miraremos después de la comida. ¿Les decimos algo a Rose y a los demás?
- No- contesta Lily- Ellos están muy ocupados con sus asuntos últimamente, no nos tienen en cuenta, así que no tenemos por qué decirles nada esta vez.
Dejan el despacho contentos de ser por una vez los protagonistas de las travesuras, de llevar la delantera en lugar de seguir siempre a James. Descubrirían este secreto ellos solitos.
- Aquí tienes el álbum, papá
- Gracias, cielo- dice Harry limpiándose las manos en el delantal de flores que lleva puesto y cogiéndolo- Percival, ¡ven a ver esto! Scrimgeour está con los recién graduados y lleva su cuarto vaso de whiskey de fuego, te lo juro…
James, Al y Rose están tumbados en el césped del jardín. Han pasado dos semanas desde el funeral de la abuela Andrómeda. Rose sigue sin saber quién es R.J.L, James sigue sin haber encontrado nada en el cuaderno y Al aunque se ha leído muchas de las cartas, sólo ha conseguido cuatro nombres: Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta.
- He mirado en todo el árbol genealógico de los Black- asegura Rose- No ha habido nadie con esas iniciales en la familia. Si era familiar de la yaya Andrómeda, no era por parte de la noble casa de los Black.
Las cartas son algunas del verano de 1977, otras de 1978 y unas pocas de 1980, pero me cuesta entender la letra a veces.- dice Al- Hay algunas cartas que no se pueden abrir, parecen hechizadas o algo así.
- El jodido cuaderno está en blanco.- Y esa es la única noticia que James tiene que dar.
- ¿Has probado a ver si tiene tinta invisible?- preguntó Rose y James entornó los ojos.
- No, primita, sólo tú tienes cerebro en la familia… Pues claro que he probado.
No hablan durante un rato, Al sabe que James no se va dar por vencido en esto, cuando menos se lo esperen, resolverá el misterio del cuaderno, de las cartas, y de R.J.L, pero le enfada tardar en dar con la clave del asunto.
La hora de la comida es, como todas, un caos, uno de esos momentos que uno recuerda cuando piensa en su familia.
El tío George se mete con el tío Ron, la tía Hermione practica su francés con Fleur mientras Ginny imita los gestos de la veela haciendo que Harry se ría, la tía Angelina habla del campeonato de quidditch con el abuelo, Fred charla con Teddy y Roxanne con Victoire. James, Rose, Al, Hugo y Lily han empezado una guerra clandestina de comida por debajo del mantel, Lily ya tiene manchada su camiseta nueva cuando la tía Hermione les descubre y les manda el alto el fuego. Obedecen, pero cuando la tía no mira, un trozo de chuleta de cerdo lleno de kétchup sale volando del plato de James y se estampa en el pelo de Hermione sin que ella se dé cuenta.
‡ 1977, octubre ‡
Sirius pensaba que lo del legado y el mapa iba a ser divertido, si hubiese sabido que Remus le iba a obligar a pasar horas enteras en la biblioteca leyendo sobre historia de Hogwarts y cartografía mágica, JAMÁS hubiese aceptado a hacerlo.
Era sábado por la tarde, no tenía deberes ni tampoco entrenamiento, pero en lugar de estar metiendo la mano debajo de alguna falda o hacer que la nariz de Snape creciese hasta el infinito y más allá o preparar alguna broma o LO QUE SEA, estaba camino de la biblioteca porque el señorito Lupin así se lo había pedido.
Debería decirle que no de vez en cuando.
Remus ya estaba en una mesa de la biblioteca con media docena de pilas de montones de libros. Muchos, muchos libros.
- Joder, Lunático- le saludó Sirius desplomándose en una silla- Esto tiene que ser una broma…
- Dijiste me ayudarías- le recordó Remus- además te he separado los libros más divertidos.
- Gracias por el detalle, ¿Cuáles son los divertidos?
- Salazar Slytherin, historia de un fundador, Mapas mágicos del primer milenio y Los pilares de Hogwarts.
- Eso sí que suena emocionante… yupi…
Remus se encogió de hombros y siguió leyendo el libro que tenía entre manos, que por cierto, parecía un códice medieval. No parecía dispuesto a mantener ninguna conversación fuera de su trabajo, así que Sirius desistió rápidamente en la idea de distraerle y se puso el también manos a la obra. Qué estará haciendo el cabrón de James para saltarse esto…
Después de pintar dientes negros y bigotes a todas las fotos de Salazar Slytherin, historia de un fundador, Sirius decidió que nada de lo que ponía en ese libro era de la más mínima utilidad.
- Esto no sirve para nada- protestó Sirius cerrando el pesado libro de golpe- ¿por qué no podemos empezar ya el dibujo del mapa?
- Porque queremos que salga bien y no lo vamos a hacer adivinando dónde están las puertas y las escaleras.- le contestó Remus con un tono calmado que contrasta con la evidente impaciencia de Sirius.
- Pues no sé como el hijoputa de Slytherin y su serpiente gigante nos pueden ayudar en eso.
Remus asintió con la cabeza y cogió el libro de las manos de Sirius.
- Puede que tengas razón- le dijo- había pensado que el mapa estaría incompleto sin la Cámara de los Secretos, pero se ha buscado durante siglos y nunca se ha encontrado, supongo que tendremos que prescindir de ese lugar, si es que existe…
- ¿La Cámara de los Secretos? Tú pierdes aceite. Si eso existe, me han dicho que es conveniente que esté cerradita, así que mejor si no ponemos cómo llegar a ella para que cualquier pirado pueda jugar a abrirla.
- No había pensado en eso- admitió Remus- Vale, era una tontería.
- ¿Descansamos?- Sirius tenía que probar, a veces incluso los más fuertes caen.
- Mmm…- Remus le miró indeciso y después volvió a mirar a los libros, y luego otra vez a él. Sirius procuró poner ojos de cachorrito y puede que no le diesen un aspecto tan ridículo porque Remus accedió.- Está bien, diez minutos.
Por supuesto que quien dice diez minutos, dice media hora tumbados entre las hojas caídas de los árboles de los terrenos. El verano ya se había ido hacía semanas, pero a veces también se puede disfrutar del aire otoñal, sin más.
A Sirius le gustaban los momentos como esos en los que no hacían prácticamente nada, sólo estar. Y estar con Remus no era nada desagradable, sobre todo cuando no había libros por el medio.
- ¿Se te ha ocurrido algo más para el asunto de nuestro testamento?- le preguntó Remus tumbado a su lado sin mirarle directamente.
- Pues sí- le contestó Sirius- He pensado que podríamos preparar algo con un sentido concreto, que lleve a nuevas generaciones de alborotadores a alguna parte en concreto, ¿me entiendes? Una finalidad.
- Ya, tiene sentido- admitió Remus- Una meta.
- ¡Eso es!- exclamó Sirius irguiéndose- Lunático, lo tienes.
- ¿Qué es lo que tengo?
- Tenemos que hacer un juego. El Juego. ¿No es eso lo que somos, al final? Somos un puñado de críos grandes. No pongas esa cara, tú eres un mocoso como el que más y eso es lo que perderemos cuando nos vayamos de este lugar…por eso digo que la mejor manera de irse sería dejando detrás un gran juego, ¿me entiendes?
Remus le miró unos instantes y después un amago de sonrisa se formó en sus labios.
- Veo lo que quieres decir- admitió- Y que sea capaz de entenderte dice muy poco de mi cordura mental.
- Anda, cállate, que tú eres el peor de todos- dijo Sirius echándole un puñado de hojas secas a Remus- Pones esa cara de bueno y nadie se creería el grandísimo hijoputa que eres en realidad.
- ¿Cara de bueno?- preguntó medio muerto de risa el desgraciado- Habló el señorito de los ojos de cachorrito abandonado.
- Es una muy efectiva técnica de seducción- explicó Sirius- Apúntala, nunca falla.
- Es tu técnica para seducir a McGonagall. Desiste, eso nunca pasará.
- ¿Y tú que sabes? Ella me quiere- dijo Sirius dramatizando- Venga, vamos a buscar al maricón de James y a la barbie fea de Colagusano.
‡ 2019, finales de agosto ‡
Hugo cierra la puerta de la habitación de Lily y se arrodilla en el suelo en frente de ella, dejando espacio para el pergamino desdoblado entre los dos.
- ¿has traído tu varita?- le pregunta ella sacando la suya de su caja de madera.
- Sí- contesta Hugo- Mi madre dejó todo lo que compramos por la mañana es el coche muggle.
- Bien…
Lily apunta al pergamino con la varita pero se queda callada y mira a Hugo nerviosa.
- ¿Qué digo?
Hugo saca entonces su propia varita y mira a Lily más decidido.
- ¡Muéstrate!- ordena apuntando al pergamino.
- ¡Dinos tu secreto!- dice Lily
Lo que pasa entonces les sorprende a ambos por igual. Despacio, como si una mano invisible estuviese escribiendo en el papel, se forman unas palabras en tinta dorada.
Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta exigen que aquellos que intentan tan pobremente averiguar nuestro secreto se identifiquen.
Lily y Hugo se miran y ambos piensan lo mismo, ¿será sensato decir sus nombres a… un pergamino parlanchín? Pero Hugo asiste con la cabeza, transmitiéndole confianza a Lily.
Hugo escribe con la punta de su varita en el pergamino.
Yo soy Hugo Weasley, tengo once años.
Lily le imitó.
Yo me llamo Lily Luna Potter, también tengo once.
Las palabras que escriben brillan unos instantes en el papel antes de desvanecerse. Entonces aparecen nuevas palabras.
El señor Lunático se muestra encantado de conoceros aunque no puede evitar preguntarse por qué metéis las narices en nuestros asuntos.
Si bien Lily se sintió intimidada, Hugo no tarda en contestar.
Ya que nosotros hemos encontrado este pergamino, ahora son nuestros asuntos también.
Pero no queremos molestarles, señores. Aclara Lily.
El señor Colagusano se pregunta cómo ha llegado el pergamino a las manos de dos mocosos de once años
El señor Canuto felicita a los dos mocosos por el hallazgo de este pergamino, que sin duda cambiará el curso de vuestra aburrida vida… si sabéis aprovechar la oportunidad.
El señor Cornamenta aclara que no es ninguna molestia y menos si te llamas Lily Potter.
Lily traga saliva e intercambia una mirada inquieta con Hugo. Decide no preguntar a qué se refiere con y menos si te llamas Lily Potter, pero prepara su varita para escribir.
¿Cuál es el secreto de este pergamino, entonces?
El pergamino absorbe sus palabras pero tarda en contestar. Cuando lo hace no habla ninguno de esos extraños señores en concreto, si no que es un mensaje general, una pista si prefieres verlo de ese modo.
No sería un secreto si os lo contásemos. Os proponemos que reflexionéis, deduzcáis y averigüéis para qué necesitarían dos chicos como vosotros un trozo de pergamino y qué os gustaría ver en él. La clave para averiguarlo es convencernos de que tenéis las intenciones correctas.
Lily y Hugo leyeron el mensaje dos o tres veces antes de que desapareciera, y cuando lo hizo, ninguno de los dos sabía a qué se refería.
- ¿Se supone que aparecerá cualquier cosa que nos gustaría ver?- dijo Hugo por si no lo había entendido bien.
- No creo, supongo que será algo en concreto.
El treinta y uno de agosto la cena de la casa de los Potter es un campo de batalla. James y Al intentan derrotar los argumentos del otro a gritos sobre qué casa es mejor, si Gryffindor o Slytherin. Mañana será el primer día de Lily en Hogwarts y James no ha perdido aún la esperanza de que su hermanita acabe con él en la casa de los valientes, pero Al no se siente menos orgulloso de su casa así que no tiene pensado enterrar el hacha de guerra.
- Gryffindor ganó la copa de las casas el año pasado- le dice James haciendo como que los espaguetis de su tenedor son mucho más importantes que mirar a Al a la cara cuando se dirige a él.- Además toda la familia es Gryffinfor, Lily Luna no va a ser otra desertora.
- Slytherin tiene el mejor equipo de Quidditch- responde Al- Y no toda la familia es Gryffindor. Te recuerdo que Rose está en Ravenclaw.
- Muriéndose del asco, ¿quién quiere estar en Ravenclaw? Aunque claro, cualquier cosa mejor que Slytherin.- dicho lo cual, James saca la lengua y se pone a sisear como una serpiente en la oreja de Al.
Teddy ha oído la misma discusión una y otra vez desde que Al empezó el colegio y fue seleccionado para Hogwarts. Siempre resulta bastante divertido ver a esos dos pelear, aunque Harry no debe estar pensando lo mismo, porque les mira enfadado y dice:
- Ninguna casa es mejor que otra, lo que importa es la gente que está dentro. Sois hermanos, deberíais saber eso. Lo último que quiero es que la rivalidad entre casas llegue a esta familia a la hora de cenar. ¿No podéis aprender a respetaros de una vez?
James mira a su padre serio unos instantes y después se gira hacia Al.
- Es cierto, Al. Deberíamos abrazarnos.
Todos se ríen, menos Harry, que mira a James negando con la cabeza. Éste se encoje de hombros con una sonrisa ladeada en el rostro y Harry decide rendirse cuando empieza a recoger los platos de la mesa.
- Da gusto tener un hermano tan comprensivo como James, ¿verdad, chicos?- Dice Ginny con una sonrisa aparente en sus labios- Siendo tan tolerante, apoyando vuestras decisiones incondicionalmente, tan abierto de mente… cualquiera querría estar en su casa, ¿no creéis?
- Yo creo que lo que pasa es que no quiere quedarse solito en la torre de Gryffindor- dice Teddy mirando a James- Sin hermanos a los que impresionar y que digan "¡oh, James, enséñame a ser como tuuuu"
James le saca la lengua a Teddy antes de salir de la habitación y correr escaleras arriba.
Iban a ser sólo un par de días, pero los dos días se convirtieron rápidamente en dos semanas y de momento Teddy aún no tiene planes para irse de casa de los Potter. No es que quiera quedarse mucho más, pero no sabe cómo, desde que llegó le han tenido todo el rato ocupado y no ha tenido tiempo para buscar un apartamento en Londres. Para ser sinceros, se está acostumbrando a la vida con ellos. Los chavales siempre quieren hacer cosas con él, Ginny siempre le pide que le acompañe a hacer la compra porque en esta casa es imposible hacer una compra económica, cada cual quiere sus cereales especiales y sus chucherías especiales y acabamos llenando tres carros. No es que haya pasado mucho tiempo sólo con Harry y francamente, lo agradece, puede sentir una charla profunda acercándose y francamente, le da pereza.
Teddy se está poniendo la camiseta del pijama cuando alguien llama a su buhardilla. Se sube rápidamente su pantalón a rayas y dice:
- ¡Adelante!
La puerta de la buhardilla se abre tan sólo un poco y Teddy puede ver los ojos de Lily Luna por asomar por el hueco.
- Hola Teddy- saluda son su voz dulce. A Teddy siempre le ha encantado esta niña, es como una muñeca a la que se le puede mimar, sacar sonrisas, contar cuentos y hacerla reír- ¿estás muy ocupado?
- Para ti nunca, princesita.
Lily sonríe y termina de subir al cuarto de Teddy. Lleva un camisón blanco que le hizo su abuela Molly y eso hace que se parezca todavía más a una princesa de cuento.
Teddy golpea dos veces el edredón que cubre su cama para indicarle a Lily que se siente en frente de él y ella va feliz.
- ¿Y qué te trae por aquí?- le pregunta mientras le revuelve el pelo,
- Mañana me voy a Hogwarts…- suspira Lily, un poco triste.
- Eso ya lo sé y no sabes la envidia que me das.
Lily suspira y hace una sonrisa torcida como si no acabase de creérselo del todo.
En serio, Hogwarts es un lugar estupendo, probablemente los mejores siete años de tu vida.
- Ya… me lo dicen todos, y yo lo sé, pero es que Teddy… hay un problema…
Teddy se ríe durante dos rápidos segundos, había visto venir eso.
- Es porque no sabes a qué casa te gustaría ir, ¿verdad?
Lily baja la mirada y asiente con la cabeza.
- Muchos de esta familia han ido a Gryffindor- dice ella- pero Al no y Rose tampoco…
- Yo estuve en Hufflepuff- le recuerda Teddy- Y es una casa con gente de lo más agradable. Puede que Gryffindor sea para los valientes, Slytherin para los astutos, Ravenclaw para los inteligentes, pero Hufflepuff es para la gente noble y buena de corazón.
- Ya bueno… pero aún así, siempre quise ir a Gryffindor- explica ella- mamá y papá estuvieron en esa casa y creo que mis abuelos también, y los tíos… Siempre pensé que seríamos todos leones hasta que llegaron Al y Rose.
- No estés nerviosa- le aconseja Teddy recogiéndole un mechón de pelo y colocándoselo detrás de la oreja- Diga lo que diga el sobrero, no se equivocará, elegirá lo mejor para ti.
Ella sonríe un poco y parece más tranquila, pero no se mueve y sigue mirando para el suelo.
- ¿Es eso todo?- pregunta Teddy. No es que quiera que Lily se vaya, pero no parece que haya acabado y entre otras cosas, debería dormir bien esta noche, mañana será un día muy largo para ella.
- Bueno…- dice ella bajito levantando la mirada- Me da pena irme ahora que por fin vives con nosotros… han sido dos semanas muy divertidas.
Eso sí que no se lo esperaba. Teddy sabe que Lily le tiene mucho cariño, puede que casi tanto como él a ella, pero ante la emocionante aventura que es Hogwarts, no se imaginaba que dejarle a él en tierra fuese ningún problema.
- Ven aquí, princesa- le dice abriendo los brazos para que Lily se acurruque, y ella lo hace.- Yo soy el único que va a echarte de menos, créeme, tú vas a estar tan fascinada con el castillo, con las clases, los profesores, tus nuevos compañeros, los partidos de quidditch y con todo lo que te puedas imaginar y más, que no tardarás ni tres segundos en olvidarte de tus padres y de mí.
Ella frunce el ceño y mira a Teddy seria.
- Eso no es verdad- asegura.- Sí que te voy a echar de menos. Os escribiré… mucho, os escribiré muchísimo.
- Entonces yo también- promete Teddy
- Bien- y por fin Lily parece satisfecha
- Bien.- Dice Teddy de acuerdo- Y ahora, Lily Luna, es hora de que vayas a descansar o mañana te dormirás en el Expreso de Howarts y no querrás perderte el momento en el que pase el carrito de las chuches.
- Pero no compraré ranas de chocolate- dice ella mientras se levanta y camina hacia la buhardilla- En los cromos siempre me toca a papá.
Teddy se ríe y asiente con la cabeza. Es cierto, siempre toca Harry Potter.
- Duerme bien- se despide Teddy, un poco conmovido
- Tú también- le responde ella con una sonrisa antes de desaparecer por las escaleras que bajan al piso donde están el resto de las habitaciones.
Teddy se queda un rato tumbado en su cama mirando al techo y reflexionando. Los niños se van mañana a Hogwarts y él empezará la semana que viene su tercer curso en la Academia de Aurores. Lo mejorcito de todo es que este año Harry será su profesor.
- Maravilloso…- suspira Teddy- No sólo vivo en su casa, ahora también estará en mis clases…
La casa de los Potter está extrañamente silenciosa, o puede simplemente que sea James, que no puede dormir y empieza a sentirse solo en el planeta Tierra cuando el reloj marca las cuatro de la madrugada. Se pregunta si no sería guay despertar a Al para que grite un rato y así comparta las horas de insomnio con él, pero luego se le ocurre algo mejor.
- ¿Dónde puñetas puse yo el jodido cuaderno?
Rebusca entre pilas de ropa usada, en el armario y debajo de la cama, pero entonces recuerda lo que su madre dice siempre, que la solución correcta suele ser siempre jodidamente más simple. Efectivamente, mamá nunca se equivoca, el cuaderno estaba encima del escritorio.
- De esta vez no pasa, amigo- James se pregunta en qué momento ha empezado a hablar con objetos inanimados y si no le estará afectando la falta de sueño. - Bueno... mientras no me conteste...
¿O si..? ¿Y si...? Mira el cuaderno con el ceño fruncido, luego abre uno de los cajones del escritorio y coge una de sus plumas, la moja en tinta y abre el cuaderno por la mitad.
Sujeta la pluma con fuerza y escribe en mayúsculas.
"¿QUIÉN COJONES ERES, R.J.L?"
La tinta brilla unos instantes antes de desaparecer en las páginas del cuaderno. Espera a que algo pase, pero no va a quedarse toda la noche delante del maldito cuaderno, así que desiste. Está cerrando el cuaderno cuando ve que las páginas donde ha escrito empiezan a brillar. Lo vuelve a abrir.
"¿Y quién cojones te crees que eres tú para hablarnos así?"
Ni de coña voy a dejar YO que un puñetero cuaderno me hable así.
"Joder, soy James Sirius Potter y te hablo como me da la gana. ¿Y cuántas personas son R.J.L?"
"¿QUÉ ERES QUIÉN?"
" ¿Lo deletreo o lo escribo más despacito? Lo importante es quiénes sois vosotros, no soy yo el cuaderno cantarín"
Otra vez desaparece el mensaje, y aún encima vuelven a tardar en contestar. Estos me están vacilando...
Con lentitud empiezan a escribirse nuevas palabras en el papel. Se toman su tiempo.
"Somos los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta. Amos y señores de Hogwarts. Así que si no nos vas a contar nada que nos pueda interesar, puedes ir a darle por culo al calamar gigante, princesa."
Rápidamente, antes de que desaparezcan las últimas palabras, James moja la pluma en la tinta y escribe.
"Por mi podéis ser la Reina, el papa de Roma, Ghandi o Santa Clauss, pero no me interesan vuestras experiencias con animales. ¿Qué cojones queréis que os cuente?"
"¿Sería su majestad tan amable de decirnos cuántos años tiene? Meramente para saber si te vas a sonar los mocos con las páginas de este cuaderno o podemos confiar en tí. Canuto."
"14, pero si me tocas las narices puede que me suene los mocos igual."
"Tienes catorce años, enano, habla bien. Lunático."
"Deja al crío que hable como le dé la gana. Cornamenta."
A James eso le parece mejor.
"Así me gusta, Cornamenta, ¿pero qué es eso de crío? Que ya me afeito."
"Ya te gustaría, princesa. Canuto"
Mecagüen... Acabáramos, James por ahí sí que no va a pasar.
"¿Soy yo o estás intentando ligar conmigo?"
"En serio, Canuto, ¿también ahora tienes que jugar a ESO? Le acabas de conocer y no es tu tipo. Colagusano."
James no puede evitarlo cuando se forma un amago de sonrisa en sus labios.
"¿Celoso?" Escribe James, casi ha olvidado que está hablando con un cuaderno.
"Joder, este tío empieza a caerme bien. Cornamenta."
"Eso no es ningún misterio, Cornamenta, pero lo de Canuto ha sido amor a primera vista. Lunático"
James lee el último mensaje y se le forma en el rostro una mueca rara, entre una sonrisa y un bostezo involuntario.
"Me voy a la cama" escribe "Me aburrís."
Cierra el cuaderno, lo deja como estaba antes encima del escritorio y se vuelve a acostar sin recoger nada del desorden que había causado al levantarse. Total, mañana se va a Hogwarts, ya lo ordenará su padre después.
Nota mental: decirles a Rose y Al que el cuaderno no sólo habla, sino que además es un cabrito de narices.
Hasta aquí de capítulo dos.
Queríamos dar las gracias a todos los que nos habéis comentado y esperamos que no os haya decepcionado el segundo capítulo.
por favor, dadnos vuestra opinión. Nos sirve de mucho.
Un abrazo enorme para ti, lector.
LittleGranger & Lenalup
