¡Hola, querido lector! en primer lugar, gracias por haber yegado hasta aquí. Que tú nos leas es la razón por la que nosotras escribimos y esta historia es algo que nos moríamos por contar. Ojalá la estés disfrutando tanto como nosotras.

En segundo lugar, lo siento. LittleGranger es mucho más responsable que yo y es la que ha estado contestando a vuestros reviews últimamente. No creais que a mi no me importan vuestros comentarios, todo lo contrario, ¡me dan un subidón! Pero este último mes he descuidado mucho el Juego, a mi pesar. Sólo deciros que tenemos los mejores lectores de todo el fandom, ¡sois súper constantes! Gracias.

Si queréis ver fan art de esta historia, decidnóslo via email:

Ahora, disfrutad!

Capítulo 4

La Casa de los Gritos

1977, la noche de los espíritus ‡

Los cuatro merodeadores se sentaron rodeando el mapa. En esos momentos ni siquiera se podría decir que eso fuese un mapa, sólo era un trozo de pergamino viejo que le había sobrado a Peter después de hacer su redacción sobre la Guerra de las Sirenas para Historia de la Magia.

Era la noche del 31 de Octubre, Halloween, y en el Gran Comedor todos los alumnos de Hogwarts aún disfrutaban del banquete. Ellos ni siquiera habían asistido, Sirius y James se encargaron de coger suficiente comida en las cocinas y nada más acabar las clases ese viernes, todos habían empaquetado para pasar la noche en la Casa de los Gritos.

Hacía frío y todos estaban tapados con una o hasta dos mantas, pero la emoción era latente. Como unos críos de ocho años que se escapan al bosque para correr grandes aventuras, ellos sentían que su reunión era algo sagrado, secreto, mágico, algo sólo suyo al fin de al cabo

- Se me van a congelar las pelotas aquí, os lo juro- Si Sirius no hubiese roto el silencio, se habría muerto- ¿Lo vamos a probar o vamos a quedarnos mirando el papel como idiotizados hasta que Peter ponga un huevo?

James respiró hondo y miró a Sirius con una expresión de falsa calma.

- Shhhh… paciencia, amigo mío, paciencia….

- ¿Quién lo hace?- preguntó Remus evidentemente tenso.

- ¿Y si lo hacemos todos a la vez?- propuso Peter encogiéndose de hombros, cualquiera diría que se estaba aburriendo.

Los cuatro se miraron y después miraron al pergamino en el centro.

- De acuerdo- Sentenció James- Todos juntos a la de tres…

Uno.

Dos.

Tres.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"

Sus voces resonaron entre las paredes de esa rota habitación, impregnándola del espíritu de esos cuatro jóvenes. Esa casa era suya ahora, nunca se libraría de la esencia de los cuatro merodeadores. Ni aunque pasasen 42 años.

El pergamino empezó a brillar.

Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta presentan El mapa del Merodeador.

Líneas vivas de tinta empezaron a dibujar las aulas, pasillos y pasadizos de Hogwarts con gran exactitud. En el Gran Comedor se veía una gran aglomeración de nombres de todos los estudiantes y profesores que en esos momentos disfrutaban del banquete. Había sin embargo otras personas dispersas por el castillo, en concreto destacaba en la mazmorra de Slytherin el nombre de Severus Snape dando vueltas en círculos en su sala común.

Los cuatro chicos sonreían orgullosos de su obra. James sacó de su bolsa cuatro botellas de cerveza de mantequilla y las repartió a sus amigos.

- Por nosotros- dijo descorchando su botella y alzándola en alto.

- Por El Juego- dijo Peter imitando a James.

- Por el futuro- dijo Remus

- Por los merodeadores del fututo- dijo Sirius mirando a Remus como si quisiera completar lo que él había dicho- Para que vivan Hogwarts como lo hemos hecho nosotros. Sin límites.

- Bien dicho- aprobó James.

Y todos bebieron.


Peter no sabía contar historias de miedo. Era un hecho. Por eso, cuando eran las dos y media de la mañana y estaban haciendo lo posible para alargar la noche, nunca deberían haberle dejado a Peter contar ese ridículo cuento de la abuela de dos cabezas.

-… Y entonces las dos cabezas empezaron a echar fuego por la boca y los dos hermanos… bueno, la hermana y el primo… o el primo de la hermana y la hermana del otro chico…. Bueno, esos… se quemaron y…. Bueno, al final fueron al medimago y se curaron, pero nunca encontraron el cuerpo de la abuela… y dicen que vaga por el valle de noche echando fuego por las dos cabezas… y que sigue ahí.

Peter terminó de hablar. James le miraba incrédulo. Remus tenía cara de aburrido y Sirius se estaba quedando dormido ente las piernas de Remus.

- Eso…- dijo James cuando salió de su shock- ha sido penoso. Peter, en serio, ¿dónde oyes tú esas historias tan raras?

- Es una leyenda del pueblo de mi tía- se defendió él.- Todos saben que pasó en realidad

Remus levantó las cejas y esbozó una sonrisa.

- No me digas que crees que en el pueblo de tu tía hay una anciana de dos cabezas que se pasea por la noche escupiendo fuego…

- Bueno, existen cosas más raras…

Entonces James se puso una manta por encima de su cabeza y se acercó a Peter extendiendo los brazos.

- Uhhhh Soy la bruja de dos cabezas y quiero comerteeeee

Remus y Sirius, que ahora estaba medio despierto, se rieron y Peter se alejó de James enfadado.

- No sé qué os pasa, ¿no queríais una historia de miedo?

- Lo único que da miedo es lo mala que es, Peter- dijo Sirius bostezando y levantándose del regazo de Remus- ¿Qué pasaba al final con la vieja?

- Que desaparecía- le aclaró Remus

- Pues yo creo que eso sí que pasó en realidad- Dijo entonces Sirius con una mano colocada debajo del mentón- Yo diría que esa vieja se parece en muchas cosas a mi madre, puede que las brujas que echan fuego por la boca tengan hermanas o primos…

- Oye, pues tal vez sí- dice James riéndose.- por fin tenemos una explicación para el anormal comportamiento de tu dulce madre.

- Pensé que nunca daría con la explicación- dijo Sirius fingiendo una excesiva felicidad- ¡Cáspita! Gracias, Peter.

Los cuatro, también Peter, se rieron con vagancia. El sueño empezaba a pesar poco a poco sobre ellos y ya no les quedaba mucho más por decir esa noche. Mañana era sábado y dormirían hasta tarde. Después repetirían aventura ya que justo ese sábado uno de noviembre, día de difuntos, había luna llena.

Se repartieron las mantas y algunos, como Sirius, durmieron con la túnica puesta, porque lo cierto es que la casa estaba congelada. Pero eran jóvenes, podían aguantarlo.


2019, una noche de principios de septiembre. ‡

La habitación de los chicos de tercero de Slytherin es, por naturaleza, un lugar sombrío ya que está en un rincón de las mazmorras del castillo. Por eso, aunque aún es septiembre y en los jardines aún se puede respirar el olor del verano, entre los muros de su habitación, Al siente frío.

Scorpius está dormido en la cama de al lado. Al mirarle, Al se acuerda de lo que le dijo esa tarde sobre su hermana y Hugo, cuchicheando en la sección prohibida de la biblioteca en su segundo día de clase. No es propio de Lily ir buscando problemas nada más llegar a un sitio nuevo, eso es más propio de James. ¿Qué se les habrá perdido a Lily y a Hugo en la sección prohibida?

La puerta de su habitación se abre y deja entrar un poco de luz. Al se gira y comprueba que la cama de Damien McLean estaba vacía.

- ¿Tú tampoco puedes dormir?- pregunta cerrando la puerta tras de sí.

- Tenía frío.- responde Al. No es toda la verdad, pero no cree que Damien quiera escuchar sus problemas y preocupaciones.- ¿Qué hacías tú fuera a estas horas?

- Enrollarme con una tía- contesta secamente. Miente, es obvio.- Nah, que va, sólo daba un paseo…

Eso también es mentira, pero Al tras convertirse en un Slytherin acabó aprendiendo a distinguir clases de mentiras. Hay mentiras que sirven para engañar a la gente, mentiras para engañarse a sí mismo y mentiras con las que no se pretende engañar a nadie, pero que quedan mejor que la verdad. Damien solía contar esa clase de mentiras, y Al no tenía ningún problema con ello.

- ¡Eh!, Al- le llama Damien desde su cama

- ¿Qué quieres?

- ¿Mañana puedes ayudarme con mis deberes de Adivinación? Es que soy incapaz de completar mi carta astral y vi que tú ya la habías hecho.

- De acuerdo, búscame después del entrenamiento de quidditch.

- Vale, gracias.

- De nada- contesta Al medio dormido- Buenas noches.


1977, la madrugada del día de difuntos ‡

Un ruido despertó a Sirius en mitad de la noche.

- Qué cojones…

Una vez despierto pudo sentir un cosquilleo frío en los pies y maldijo el momento en el que a James se le había ocurrido que sería divertido dormir en La Casa de los Gritos.

Miró a su alrededor. Peter y James estaban dormidos a su derecha, pero Remus que se había acostado cerca de él no estaba.

Se levantó con cuidado tapándose bien con sus mantas. Puñetero casa helada…

Remus no estaba en esa habitación, así que decidió seguir a sus instintos que le decían que tampoco estaría en el piso de abajo, que puede que lo que quisiese ese hombre lobo fuese mirar a la amenazante luna en fase ya muy creciente y hacer las paces con ella.

No se equivocaba, al llegar a la entrada principal de la casa vio que la puerta a fuera estaba abierta y pudo distinguir la silueta de Remus en el porche.

El muy desgraciado estaba con el pantalón del pijama y una camiseta de manga corta y no parecía que la gélida temperatura de esa madrugada del primer día de noviembre le molestase lo más mínimo.

- Sé que estás ahí- le dijo Remus sin darse la vuelta para mirarte. Al hablar se formaba vaho en el aire- Te podría oler a quilómetros. La luna llena no es hasta mañana pero ya empiezo a tener los sentidos más sensibles.

Sirius se acercó hasta él y se quitó su segunda manta para tirársela a Remus encima. Y mejor no me discutas, lobito, me da frío verte. Remus se la puso alrededor sin rechistar y Sirius se sentó a su lado.

- ¿Sabes qué hora es?- le preguntó Sirius medio enfadado- Son las cinco y media, deberías estar soñando con lobitas sexys, no cazando una hipotermia aquí.

- ¿Lobitas sexys?- se rió Remus- Estás enfermo, Canuto. Además, sabes que la noche antes me cuesta dormir.

- Sí, ya lo sé- Sirius odiaba sentirse tan inútil, sabía que ya habían hecho mucho por ayudar a Remus, pero no podían evitar que la Luna hiciese su trabajo cada mes.- En serio, deberíamos buscarte una buena loba esta noche. Puedo hablarlo con Jimmy.

- Jo, qué bonito- dijo Remus sonriendo- No sólo soy un licántropo, ahora también zoofílico.

- Yo no se lo diría a nadie, lo juro.

Sirius vio venir el golpe cuando Remus le empujó con el brazo. No se lo devolvió.

Durante unos segundos se le quedó mirando. Había descubierto una cicatriz que empezaba detrás de la oreja de Remus, bajaba por el cuello, doblaba en el hombro y se escondía después por debajo de su camiseta cuando empezaba a bajar por la espalda.

Remus se dio cuenta de qué era lo que estaba mirando, porque rápidamente se tapó mejor con su manta.

- ¿Te llama tanto la atención?- preguntó bruscamente.

- Sí- contestó Sirius un poco molesto por la reacción de Remus.- Es terriblemente provocativa. Si no te llegas a tapar, te habría violado.

- Es sólo un arañazo- dijo Remus sin relajarse- No me gusta que me mires con esa cara de lástima. Casi prefiero que te parezca provocativo.

- "¡oh qué chico tan fueeeerte! ¡Y qué sensuales son sus cicatrices!"- dijo Sirius con voz de chica.- "Si puedo tocarle me derretiría en las bragas. ¡Oh!, dame un besito"

Remus se rió entonces y se apartó de Sirius fingiendo repelús.

- Aléjate de mí.- dijo extendiendo los brazos para mantener a Sirius a cierta distancia- ¡Socorro, un viejo feo me quiere violar! ¡Dice que tiene chucherías en su casa pero lo único que quiere es jugar con mi inocente cuerpo!

- Inocente, ¡una mierda! Tú lo que quieres es seducir. Te aconsejo que pruebes con James, puede que él sí que satisfaga tus deseos.

- Cállate, perturbado.

Se quedaron un rato en silencio mirando el cielo oscuro hasta que el horizonte empezó a clarear y Sirius decidió que no aguantaba ni un minuto más a fuera y sí Remus no entraba por las buenas, lo metería él por las malas.

- Y duerme un poco, por el amor de Dios.


2019, septiembre ‡

Como siempre, Scorpius no le ha esperado para bajar a desayunar, no vaya a pensar la gente que son novios o algo así. Porque claro, despertar a tu amigo para que no llegue tarde a clase o acompañarle para que no desayune sólo son, por lo visto, demasiadas gentilezas.

Y mientras Al llega corriendo al Gran Comedor, ajustándose la túnica por el camino, Scorpius lee tranquilamente El Profeta mientras disfruta del olor a bollitos recién hechos que hay sobre la mesa de Slytherin.

- ¿Es mucho pedir que me despiertes por las mañanas?- pregunta Al de mal humor sentándose a su lado.

- Sí- contesta Scorpius sin despegar la vista del periódico- Es mucho pedir.

- Ya, claro- protesta Al sirviéndose huevos con bacon en su plato.

- Mira- dice Scorpius tirándole a Al El Profeta encima de su plato justo cuando Al iba a hincarle el tenedor. Al envía a Scorpius una mirada de odio antes de ver la noticia de El Profeta.

Al lee el artículo peor no le sorprende lo suficiente como para olvidar lo cabreado que está con Scorpius.

- ¿Qué pasa?- pregunta devolviéndole el periódico, que ahora está manchado de grasa en las hojas de atrás- ¿Tienes miedo?

- Idiota- rosma Scorpius robándole un trozo de bacon del plato-¿No te parece extraño que hayan querido entrar aquí dentro? ¿Para qué?

- Probablemente no sea más que un pirado…

- Ya, probablemente- repite Scorpius, pero no parece muy convencido.

Se levantan para ir a clase, dejando en el banco de la mesa, doblado por la mitad, el periódico donde está la foto de Harvey Jugdson, que esos momentos saca el pitillo de la boca y sopla aros de humo mirando a la cámara

Por la tarde, Al encuentra a Lily y Hugo en la biblioteca. Lo cierto es que llevaba buscándoles con la mirada todo el día, pero Scorpius Y Damien no se separaban de él y Al no se sentía con ganas para inventar una excusa que explicase la urgencia con la que debía encontrar a su hermana.

Ahora por fin está sólo y Hugo y Lily están en su mundo mirando un trozo de pergamino en una de las mesas de la biblioteca. No se han dado cuenta de la cercana presencia de Al.

Y los dos miran el pergamino como si fuese una de las pirámides de Egipto. Fascinados. Al se fija en cómo se turnan para escribir sobre el pergamino con la varita y luego esperan pacientemente sin despegar la vista de ese trozo de papel.

Qué rayos están haciendo estos dos…

Pasado un rato doblan el pergamino y Hugo lo guarda en su mochila. Al se esconde mejor detrás de una de las estanterías para que no le vean cuando se marchen de ahí.

- El señor Lunático hablaba de un cuaderno que nos puede ayudar- dice Lily mientras camina.

- Pero si existe ese cuaderno puede estar en cualquier parte- dice Hugo- A lo mejor también lo tiene tu padre…

Al apoya la espalda contra la estantería. Lo sabía. Es que lo sabía. Al parecer los Potter tenemos que hacerlo todo en familia.

Ahora Al tendría que hablar con James y con Rose y luego organizar una reunión familiar con los canijos. Conociendo a James, será pronto.

Al sale de la biblioteca ensimismado en sus pensamientos, pero justo cuando se ha ido un libro enorme se cae de una estantería cercana a donde estaba él y le da a Scorpius Malfoy en el pie.

- ¡JODER! Puto libro…- se queja Scorpius dando brincos a la pata coja.

- ¡Shhhhh!- le dice la bibliotecaria que se ha acercado para darle una colleja- ¡Esto es una biblioteca, por Merlín!

Scorpius pide perdón a regañadientes y coloca el pesado libro de vuelta en su sitio. Se va por donde había salido Al unos minutos antes y no siente el más mínimo remordimiento por haber estado espiando a su amigo.

- No basta con saber los mejores hechizos de ataque. Ni siquiera basta con ser el más rápido, ni tener los mejores escudos defensivos. Eso todo está muy bien, pero sencillamente, ante alguien que controle bien la magia negra, no basta. Estáis muertos antes de que lo podáis ver venir.

Harry pasea de un lado al otro de la fila de alumnos. Están al aire libre, en un monte de Escocia. Hace algo de frío y hay una niebla que dificulta la visibilidad, pero aún es septiembre y cuántas más clases prácticas en el exterior puedan hacer, mejor. Tiene 17 alumnos de tercero. En primero eran 106. Ahora sólo quedan los mejores, y se siente orgulloso de ver a su ahijado Teddy en la fila.

- Lo que de verdad os va a salvar el cuello es adivinar qué es lo que piensa vuestro oponente.- Se para y les mira uno a uno a la cara. Quiere intimidarles y lo consigue- Tenéis que leer la mente del criminal, pensar como él. Plantearos "qué es lo que haría yo si fuese él", y tenéis que pensarlo muy rápido y acertar con la respuesta. Entonces habréis conseguido salvar la vida y si tenéis más suerte aún, derrotarle.

Ninguno de los futuros aurores dice nada. Se limitan a mirar al frente, respirar con profundidad y escuchar atentamente a su profesor, Harry Potter, nada más ni nada menos.

- Todos sabéis la historia, supongo- dice Harry encogiéndose de hombros.- Creo que aparece ya en la última versión de Historia de la Magia, o eso me dijo mi sobrina. Como el Elegido, el Niños que Vivió, se enfrentó a Voldemort cara a cara cuatro veces y le derrotó la última. Gran hazaña. Ese tal Elegido debía de ser un gran mago.

Teddy le mira por primera vez, dudando, rompiendo esa faceta de imperturbable que sus compañeros aún tienen.

- Os diré la verdad- prosigue Harry- No era un gran mago, era un crío y no tenía poderes especiales. Voldemort era exponencialmente más poderoso que yo. Pero yo sabía qué era lo que Voldemort quería de mí y cómo quería matarme. Yo no quería matarle, o al menos no pensaba en ello, yo sólo quería salir vivo para ver un día más. Nunca usé otro hechizo que no fuese el de desarme.

Otra pausa. Un búho ulula a lo lejos rompiendo el silencio. El paisaje es totalmente verde y huele a campo salvaje, es un sitio tan hermoso como misterioso.

- Bien chicos y chicas. Quiero que os miréis unos a los otros. Habéis sido compañeros durante estos años, algunos os conocéis desde Hogwarts. Pese a la dureza del entrenamiento y la rivalidad por llegar a dónde habéis llegado, se puede decir que confiáis unos en los otros. Y eso es necesario porque el día de mañana el de al lado os cubrirá la espalda. Pero hoy no. Hoy es la guerra. Y todos sois enemigos. Todos sois aurores y todos sois mortífagos. La prueba de hoy consiste en cruzar esta montaña llena de obstáculos, evitar que nadie se os adelante y que sólo quede uno al final. Ese uno puede que sea el mejor de todos, pero lo más probable es que hoy haya tenido suerte. La prueba durará lo que tenga que durar y nos iremos de aquí todos juntos. Saldréis desde sitios diferentes, yo os acompañaré y después daré la salida con una señal en el aire que espero que todos veáis. ¿Tenéis dudas?

La prueba dura desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde y no podría haber estado más reñida. El primer chico en ser derrotado sobrevivió durante tres horas y media, pero luego empezaron a caer más rápido uno a uno. Teddy no ganó, quedó de cuarto.

La chica que por la tarde cruza la montaña y llega hasta el puente que está construido encima del río, lugar de encuentro con Harry y el resto de sus compañeros derrotados, se llama Corine Riley, es bajita, está un poco por encima de su peso y tiene cara tranquila, casi se diría que inofensiva. Pero es la ganadora de esa prueba y sus compañeros la aplauden cuando llega sonriente a la meta. Ella sonríe orgullosa y mira a Harry en busca de aprobación. Él se acerca y apoya una mano en su hombro. Saca un pequeño paquete de su bolsillo y se lo entrega.

- Tu premio, campeona.

Ella lo abre y cuando ve que dentro sólo hay una tableta de chocolate, le hace gracia.

- Gracias, profesor Potter.

- Te lo has ganado- le contesta él haciendo un gesto para quitarle importancia- Lo cierto es que os lo habéis ganado todos. Lo habéis hecho estupendamente bien. Os invito a todos a unas cervezas, venga. A ver si cabemos en algún sitio.


A las diez de la noche sólo quedan Corine, Teddy y Harry en esa cervecería muggle de Escocia. Corine se despide colocándose su cazadora y diciendo que si no se aparece pronto en casa, tendrá más de un problema con sus padres, que son muy estrictos.

Teddy y Harry le dedican un hasta mañana antes de quedarse solos. Las cuatro mesas que juntaron para que cupiesen todos ahora están vacías con los vasos de cristal usados y las sillas descolocadas. A fuera está lloviznando y a penas se puede ver a través de la ventana que hay al lado de donde está sentado Teddy.

- Hoy estuviste genial- le dice entonces Harry. No se lo dice sólo porque quiera ir preparando el terreno con algún gesto amable. Verdaderamente, lo hizo muy bien.

- Gracias, Harry, pero no fui el mejor- contesta Teddy. Hay un silencio de unos segundos y después sigue hablando- Hubo un momento en que pensé que me iba a rendir. Estaba teniendo alucinaciones, había un zorro que me miraba fijamente y me seguía en paralelo, intenté deshacerme de él, pero aparecía una y otra vez. La última vez que le disparé para aturdirle se convirtió en una persona y estaba tumbada en el suelo boca abajo. Sabía que no podía ser, pero era muy real y como soy imbécil me acerqué a verle de cerca, al fin de al cabo si era alguien yo le acababa de hacer mucho daño. Cuando le di la vuelta, me vi a mi mismo. Fue una sensación horrible.

Harry se rascó la cabeza dudando.

- Puede que me pasase con los encantamientos rebuscados…

Teddy negó con la cabeza.

- Fue duro, pero interesante a la vez. Me alegro por Corine, había superado por los pelos el tercer curso debido a la última prueba y estaba algo baja de autoestima. Creía que no se merecía tanto como el resto haber llegado a cuarto.

- Es una chica con mucho potencial. Ya lo saben todos los profesores. No decidimos los que se quedan sólo con una prueba, lo decidimos viendo qué es lo que hacen desde el primer día.

Se quedan un rato en silencio hasta que Harry decide que ya es hora de volver a casa.

- Ginny me va a matar por llegar tarde- dice con cara de agobio- Desde que se han ido los niños se pasa el día de los nervios, dando vueltas a la casa y cambiando las cosas de sitio. Deberías hacer tú alguna excursión con ella, le encanta cuando vais los dos a la compra. No para de repetirme que tú eres el único de la familia que sabe distinguir entre las cosas necesarias de verdad y los Super Crunchie Splash rellenos de chocolate.

Teddy se rió y asintió con la cabeza.

- Ya hemos hecho planes para ir el sábado al MegaMerk- contesta levantando las cejas- Después quiere que vayamos los tres a una función de teatro o algo así.

Cuando abren la puerta de la casa de los Potter, ven todas las luces apagadas menos la del salón. Harry se quita el abrigo despacio y se descalza sin hacer mucho ruido, con cuidado de no hacer movimientos bruscos. Teddy le imita.

Se acercan al salón de puntillas y pueden ver a Ginny sentada en una butaca de brazos y piernas cruzadas, vestida con una sudadera de Harry y un chándal viejo, con un moño mal hecho y las gafas de leer colgando del cuello.

Les mira y después mira el reloj de la chimenea.

- Las once menos veinte.- dice con voz seca y con una mirada gélida- ¿os parece que son horas?

- Cariño, verás…

- ¡Chitón! – Le corta ella levantando la mano.- Me da igual. No tienes excusa. Y tu tampoco Teddy, cielo.

- ¡Ah, ya veo!- dice Harry llevándose las manos a la cadera- Así que yo me trago la bronca pero él es "Teddy, cielo".

- Lo vas pillando- dice ella con una sonrisa forzada- Él no está casado conmigo. Y son las once menos veinte de un día laboral. Harry, ¡estaba preocupada! Sé que habéis ido al norte hoy, podía haberos pasado algo… Pero como no se te ocurrió avisar, la tonta de tu mujer ha estado preocupándose TODA LA TARDE.

- Lo siento, de veras…

- Me da lo mismo. Te has quedado sin Super Crunchie Splash hasta nuevo aviso.

- Pero cielo, eso no es justo…

Ginny le taladra con la mirada y no abre la boca, pero Teddy podría jurar que gruñe.

- Harry, creo que es mejor no discutir ahora…- le aconseja poniendo una mano sobre su hombro.

- Chico listo- dice Ginny sonriendo de una forma muy escalofriante.

Harry y Teddy dejan a Ginny en el salón con cuidado de no hacer mucho ruido mientras se mueven.

- ¿Quieres un té con leche, Teddy?

- Me vendría bien.


James escucha a Al mientras habla pero no quiere creerle. Vamos, que él lleva siglos intentando saber qué oculta ese cuaderno pero al parecer Lily y Hugo van un paso por delante suya. Maravilloso.

- Esta noche, después de cenar, en el aula de transformaciones- le da instrucciones James a Al- Tenéis que venir todos. Y nada de invitados.

Conociendo a Al, era capaz de traerse con él a alguna de las serpientes de Slytherin, y si Rose aparecía con ese estúpido de Lucas Thomas empezaría la tercera guerra mundial.

James deja a Al en un pasillo y empieza a caminar sin ningún rumbo, lo que probablemente acabe en ir al campo de Quidditch y volar un rato por ahí. En eso está pensando cuando alguien se cruza con él en el camino. Lo típico, que uno va hacia su derecha y el otro hacia su izquierda, luego el uno va hacia la izquierda y el otro hacia la derecha y no solucionan nada.

Y el memo con el que se ha cruzado no es ningún otro que Lucas Thomas. Y no es una casualidad que se crucen, por la cara que tiene Thomas, le está bloqueando a propósito.

- ¿Qué te crees que haces?- pregunta James molesto. El puñetero Thomas es al menos una cabeza más alto que él y eso que James le lleva un año.

- Quería hablar contigo- le contesta él. Por su forma de hablar tiene una confianza en sí mismo que no es ni medio normal para un niño de trece años.

- Si quieres ligarte a mi prima, tienes mi permiso- le dice James impaciente- Pero no te puedo dar ninguna clase de consejo, si eso lo que quieres pedirme.

- No tiene nada que ver con Rose- contesta él- Además, ella no me interesa… en ese sentido.

- ¿Entonces qué quieres?- James intenta recordar si alguna vez había hablado antes con Lucke Thomas, pero no lo consigue.

- Entrar en el equipo de Quidditch- le contesta él secamente. James levanta las cejas y le mira con incredulidad.

- Chico, eres de Ravenclaw, y si no te has dado cuenta, yo soy de Gryffindor. ¿No deberías hablar con alguien de tu casa?

- Por alguna razón no le caigo muy bien al capitán de Ravenclaw- dice él encogiéndose de hombros- Las pruebas para entrar en el equipo son dentro de tres semanas y los del equipo no me van a ayudar a entrenar porque no querrán problemas con el capitán. Pero si paso las pruebas estaré en el equipo aunque el capitán no me quiera dentro.

- ¿Y se puede saber por qué me pides ayuda a mí?

- Porque eres golpeador. Es el puesto que me interesa.

James se rasca la cabeza y mira a Lucke dos veces para asegurarse de que eso no es alguna clase de broma.

- ¿Me estás diciendo que quieres que yo te ayude a entrenar?- preguntó James y Lucke asintió- ¿Y por qué haría eso? Ni si quiera me caes bien.

Lucke abre mucho los ojos, sorprendido, y pone cara de un niño al que le acaban de robar los caramelos.

- ¿Y por qué no te caigo bien? ¡Si no me conoces!

- Porque quieres ligarte a mi prima. Por eso- Le reprocha James mirándole amenazadoramente.

Pero Lucke se ríe y eso si que no se lo esperaba James. ¿Se está riendo de él?

- Potter, te aseguro que no veo a Rose de esa manera- dice con una sonrisa un tanto escalofriante en los labios y levantando las manos en el aire, rindiéndose.

- No me lo creo- insiste James.- Me he fijado. Te pasas todo el día con ella, ¿me vas a decir que sois sólo amigos?

- Es la verdad- dice Lucke encogiéndose de hombros.

- Está bien- dice James rascándose el mentón.- Te ayudaré a entrenar y te aseguro que pasarás las pruebas. Pero… a cambio tienes que prometerme que jamás le pondrás un dedo encima a mi prima.

- Trato hecho- contesta Lucke sin pensárselo dos veces.- Lo prometo.

James estrecha la mano de Lucke mientras se promete a si mismo vigilarle de cerca a partir de ahora.


James, Al, Lily y Hugo están dentro de la oscura aula de transformaciones cuando entra Rose. Acaba de terminar de cenar y le ha dicho a Lucke que tenía que ir a hacer cosas de chicas como pintarse las uñas y ponerse rulos y que no podía jugar al ajedrez con él hoy. Por supuesto, Lucke no se lo cree, pero tampoco hace más preguntas.

Está anocheciendo y lo único que ilumina ese aula son los últimos rayos de sol rojos que atraviesan los cristales. Lily y Hugo están sentados en dos pupitres de la primera fila, al está apoyado en el alceicer de la ventana y James en la mesa de la profesora McGonagall. Ninguno habla.

- Ya estoy aquí- dice Rose rompiendo el silencio.- ¿De qué se trata?

James se baja de la mesa y camina hacia el pupitre de Hugo para apoyar una mano en su hombro, hubiese sido un gesto cariñoso en cualquier otro contexto.

- Nuestra Lily y nuestro Hugo han averiguado antes que nosotros para qué sirve el cuaderno de R.J.L.

Rose miró a Lily y a Hugo con interés, ¿cómo diablos sabían ellos de qué se trataba aquello?

- Rose, yo quería decírtelo- empieza Lily- Pero no quería que James y Al estuvieran en el medio como siempre.

- ¡Muchas gracias!- se quejan los dos hermanos de Lily a la vez.

- Es comprensible- dice Rose- ¿Qué es lo que sabéis?

Hugo se levanta de su pupitre y abre la mochila que tiene a sus pies. De ella saca un trozo de pergamino.

- Creemos… bueno… nos han dejado caer… que bueno… que este trozo de per-pergamino es una especie de… de mapa.- dice Hugo nervioso. Rose se pregunta por qué sólo puede estar relajado cuando está sólo con Lily. Delante de sus demás primos siempre se pone nervioso, y de los desconocidos es mejor ya ni hablar.

- ¿Y qué tiene que ver eso con el cuaderno?- pregunta Rose

- El cuaderno tiene unas instrucciones para abrir el mapa- contesta Lily- Y pensamos que hay algo más, que el cuaderno y el mapa juntos sirven para otra cosa.

- El trozo de pergamino les habla como habla el cuaderno- explica James- Y parece ser que son los cuatro mismos capullos.

- Lo que pasa es que te han calado desde el principio, Jimmy- se burla Rose.

James le saca la lengua Rose y mira el pergamino que tiene Hugo en las manos.

- ¿Y aún no sabéis cómo abrir el mapa?- pregunta aunque ya sabe la respuesta- ¿Os han dado alguna pista?

- Mmm…- Lily intenta recordar y da con algo.- Nos dijeron que teníamos que tener las intenciones adecuadas o algo así.

Rose parece perdida pero entonces a James se le ocurre algo. Coge el cuaderno y lee en voz alta.

- ¡Sólo apto para merodeadores y maleantes!- Tiene una sonrisa de oreja a oreja. Abre el cuaderno y saca la varita. Rose y los demás se acercan para ver qué es lo que quiere escribir.

Tenemos el mapa. ¿Cómo lo podemos leer?

Como siempre, el papel se traga las palabras para reemplazarlas por otras.

Los señores Colagusano, Lunático, Canuto y Cornamenta os felicitan, pero no os vamos a ayudar a leer el mapa. Sólo tienen permiso para leerlo aquellos que, solemnemente, nos convenzan de sus intenciones

James sonríe y rose por más que lo intenta no es capaz de averiguar qué diantres está pasando dentro de la cabeza de su primo.

Gracias. Escribe James. Creo que ya lo tengo.

Un mensaje aparece como contestación.

Si eso es así, puede empezar el juego.

A diferencia de los demás mensajes, ése no desaparece.

James vuelve a coger el pergamino y apoya la varita sobre él. Sus hermanos y sus primos le miran expectativamente.

- ¡Mis intenciones no son buenas!- dice con voz profunda. Esperan un rato, pero no pasa nada, el pergamino sigue mudo. James frunce el ceño.- ¡Juro SOLEMNEMENTE que mis intenciones no son buenas!

Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta tienen el placer de presentar

El mapa del merodeador.

Rose y los demás se quedan perplejos cuando empiezan a dibujarse líneas sobre la superficie del pergamino. Rápidamente se reflejan a pequeña escala todos los pasillos y rincones del castillo, así como los nombres en movimiento de cada una de las personas que caminan por esos pasillos.

James tiene una sonrisa casi diabólica en el rostro.

- Esto promete.


1977, una noche de noviembre de luna llena‡

Pese a las nubes, esa noche el cielo estaba especialmente iluminado gracias a la enorme Luna Llena que brillaba con todas sus fuerzas. El bosque estaba lleno de vida. Puede que la luna no sólo afectase a los lobos, sino también a toda la fauna salvaje que esa noche había desplegado todo su poder. Los búhos volaban de un tronco a otro, los murciélagos se movían en bandada haciendo círculos por el cielo, los centauros trasnochaban haciendo un mapa del cielo y las ninfas bailaban alrededor de un estanque en las profundidades del bosque. La magia se olía en el aire y la rata, el ciervo, el perro y el lobo la aspiraban con todas sus fuerzas mientras hacían carreras entre los árboles.

La emoción era tal que hasta los animagos estaban descontrolados. Estaban seguros de que ninguno de sus compañeros de clase experimentaría una libertad semejante en toda su vida. Esto estaba únicamente reservado para ellos en la Historia de la humanidad y de la magia. Pero no era posible evitar formularse esta pregunta, y es que… ¿Tendrían alguna vez que pagar un precio a la altura de semejante felicidad?

Pero mientras corrían y se golpeaban unos a otros no pensaban en eso. Sólo pensaban en seguir adelante. Hasta que algo les detuvo.

A los pies de un árbol de tronco grueso estaba una niña vestida con su pijama, sollozando.

El ciervo y el gigantesco perro intercambiaron miradas de pánico, y como si se leyesen la mente, empezaron a actuar. El ciervo corrió a proteger a la niña mientras el perro encaraba al lobo que ya se había colocado en posición de ataque. El ciervo se arrodilló delante de la niña, y ésta, aterrorizada, no tardó nada en comprender que ese animal trataba de ayudarla y que quería que ella se subiese a su lomo. Lo hizo rápidamente y después de asegurarse de que la niña estaba bien sujeta, el ciervo emprendió el galope, guiado por la rata que les conducía por el camino más rápido al pueblo de Hosmeade.

El perro se quedó completamente solo para detener al lobo, que gruñía y enseñaba los dientes, completamente desenfrenado. En el momento en el que el furioso animal hizo el amago de salir detrás del ciervo, el perro le detuvo con un placaje, que únicamente hizo que el lobo quisiese descargar toda su furia sobre el perro, clavándole ambas garras en la espalda. El perro emitió un gemido de dolor, que resonó en el bosque

Pese al daño, el perro no dejó que el lobo avanzase, continúo peleando con él, hasta que se empezaron a ver los primeros rayos de sol.

Remus se despertó ya entrada la tarde del dos de octubre, entre las sábanas de una de las camillas de la enfermería.

Le dolía muchísimo el cuerpo, pero eso no era nada nuevo. Al girar la cabeza vio que James y Peter estaban sentados en unas sillas de metal, al lado de su cama. Le estaban mirando y él les sonrió.

- Hola…- dijo con voz ronca.

- ¿Cómo te encuentras?- preguntó James levantándose para sentarse a los pies de la cama de Remus.

- Fatal.

- Ayer fue una noche complicada- dijo Peter.

Remus no entendió a qué se podía estar refiriendo, pero ya se había dado cuenta de que Sirius faltaba.

- ¿Qué es lo que hice?


2015, la víspera del primer día de colegio de James. ‡

Harry se arrodilla en frente a su hijo mayor. Después de consultarlo mucho con la almohada, ha decidido que ya no tiene derecho a posponer ese momento. Si Dumbledore no lo hizo con él, no lo puede hacer ahora Harry con James.

- Hijo- dice mientras abre el baúl- Te voy a dar algo que ha pasado de padres a hijos en esta familia durante muchas generaciones.

Cuando James ve la capa invisible se le abren mucho los ojos.

- ¡Cómo mola, papá!, ¿es de verdad?

- La más auténtica de todo el mundo.- dijo Harry posando la capa en los brazos de James.- Confío en que la uses bien.

- Ya lo creo que sí…

Cuando Harry percibió el brillo en los ojos de su hijo se preguntó si de verdad habría sido una buena decisión.

2019, finales de septiembre. ‡

James no ha dormido nada. Ha estado fingiendo que estaba dormido para no tener que charlar con los chicos de su habitación y ha esperado hasta asegurarse de que todos están profundamente dormidos. Sólo entonces saca la capa de su padre de debajo de su baúl.

Con el pretexto de que tenía que estudiar el mapa, se lo había pedido prestado a Hugo y a Lily esa noche, y esos dos nunca le negarían nada. James sabe que él es para ellos como una especie de héroe y no viene mal aprovecharse de eso de vez en cuando.

Puede que fuese una intuición, o que esta clase de cosas corran por sus venas, pero se dio cuenta en el mismo momento en el que abrió el mapa por primera vez delante de sus primos y hermanos. Pero no dijo nada, quería verlo con sus propios ojos primero. El caso es que entre todos los túneles y pasadizos dibujados en el mapa, hay uno en especial que ha captado su atención, y es que empieza justo dónde está plantado el sauce boxeador.

No puede ser una coincidencia. Es obvio que alguien no quería que la gente entrase por ese túnel. Una de dos, o esconde algo valioso, o algo peligroso. A James le gusta cualquiera de las dos opciones.

Recorre el castillo despreocupado, está convencido que bajo la capa no le puede pasar nada malo.

Cuando sale a los terrenos, le recorre una oleada de aire fresco nocturno, pero va a lo que va y un poquito de viento no le va a detener ahora.

La luna brilla iluminando el castillo, es casi terrorífica. James se acuerda entonces de una vez, hace mucho, mucho tiempo, cuando Teddy le había dicho que la luna no le gustaba nada, que le daba miedo. James nunca entendió bien qué podía dar miedo en la luna, pero esta noche, como mínimo, le impone respeto.

El sauce boxeador está tranquilo, como si estuviese durmiendo igual que el resto del castillo. Pero cuando James se acerca demasiado, como si notase su presencia, el sauce empieza a agitar las ramas, peleándose con el aire.

James lo mira desde la distancia y por más que lo intenta no consigue ver la entrada a ningún túnel. Y aunque pudiese verla con total claridad, sería imposible llegar hasta ella vivo. El sauce se vuelve más violento con cada paso que James da hacia el frente, y en ocasiones hasta llega a levantar las raíces del suelo para luego golpear la tierra con violencia.

James es valiente, pero no estúpido. Acercarse más es morir.

Se sienta en el césped húmedo y enfadado consigo mismo por no poder resolver el misterio del pasadizo, empieza a jugar con una roca del suelo.

Sé que escondéis algo aquí, merodeadores. Lo puedo sentir. Y si vosotros podéis, por Merlín que yo también.

Con rabia, lanza la piedra al tronco del sauce y espera que el árbol se retuerza aún más. Pero en cuanto la piedra rebota en uno de los nudos que hay en la parte baja del tronco, el árbol se queda completamente inmóvil.

James abre mucho los ojos, impresionado y se acerca con cautela. Debajo del nudo donde rebotó la piedra, empieza un túnel.


1977, principios de noviembre. ‡

James sabía que había cosas que sólo podría hacer por un buen amigo, y por nadie más. Y cuando le quitó la camiseta a Sirius, que estaba tumbado en su cama en un estado de semi-conciencia provocado por las pociones analgésicas, y vi las marcas de arañazos que había en su espalda, se juró a si mismo que no iba a vomitar.

Nunca haría una cosa así por nadie más. Nunca se pondría a quitar los trozos de piel muerta de ninguna espalda sangrante que no fuese la de un amigo. La de un buen amigo. Sirius era más que eso, Sirius era su hermano.

- Joder, no tendría que haberte dejado sólo- dijo James para sí mismo mientras intentaba curar la espalda de Sirius con ungüentos robados en la enfermería.

- Ni que fueras mi niñera, Potter- protestó Sirius, murmurando con la cabeza hundida en su almohada.

- Te dejo sólo unos minutos y acabas así. No soy tu niñera, soy tu salvavidas.

- Deja de llevarte todo el protagonismo. ¿Cómo está él?

James también sabía que Sirius haría esta clase de cosas por sus amigos una y mil veces: curar heridas repugnantes, saltarse normas, arriesgar la vida, dejarse destrozar la espalda (aunque sea tu amigo quien lo haga)…

- Está bien. Lleva un rato despierto. Ha preguntado por ti.

- No le digáis nada- advirtió Sirius poniéndose serio.- El muy memo es capaz de autocastigarse por remordimientos o alguna estupidez del estilo.

- No le hemos contado nada. Invéntate tú la excusa que quieras.

No alcanza a comprender qué clase de amigo es Remus para Sirius. James tiene su papel muy claro, él es su hermano: hablan de guarradas, se pegan de vez en cuando, se ridiculizan si pueden y en ocasiones pueden saber qué es lo que el otro está pensando sin articular ni una sola palabra. Pero, ¿qué clase de amigo es Remus?


Por alguna razón, James tenía que hacerlo todo con una ceremoniosidad que haría pensar a cualquier persona que en lugar de una reunión de amigos, eso era una especie de secta secreta y que en cualquier momento empezarían a bailar alrededor de la hoguera al son de una canción satánica. Pero a Remus normalmente no le importaba demasiado, hasta que un día se ve a si mismo guardando silencio ante un círculo de velas y se pregunta cómo demonios le han convencido para hacer esta gilipollez.

James, en serio, por muy imporotante que sea lo que nos quieres decir, esto roza lo rídiculo.

Calla, Remus, ofendes al espíritu del merodeador.- le contestó Sirius levantando la mano exageradamente, como si sintiese gravemente ofendido.

Silencio solemne. James parecía concentrado. Se oían los ruidos de la noche en el exterior.

Peter tosió.

Camaradas- comienza James sujetando una vela para que se le ilumine la cara- Hoy es un día histórico. Muchas generaciones después de nosotros, se seguirá hablando de esto que vamos a empezar hoy. Se escribirán historias, se contaran leyendas, los padres se lo contarán a sus hijos y se imaginarán como habría sido ESTE mismo momento.

Sí, y construirán un monumento en tu honor, James- añadió Remus como si hablase completamente en serio.

¡¡Shhhhh!!- protestó Sirius golpeando el brazo de Remus- No jodas El Momento, Lunático.

El Momento- repitió Remus entornando los ojos- Sí, claro, perdónenme ustedes.

James mira molesto a Remus.

Como decía- continúa- Hoy haremos historia. Vamos a construir El Juego. Como Lunático ha propuesto, tenemos que construir un tablero, unas reglas del juego, unas no-reglas del juego, y transmitir todo el espíritu del Merodeador en el proceso. Hoy empieza el futuro, merodeadores.