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Parte 3: Murmullos
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Shion había sentido el susurro del océano colarse en sus oídos en el momento justo antes de abrir los ojos, ese lugar donde se encuentra el sueño con la vigilia. No recordaba haber tenido ningún sueño especial esa noche, pero había escuchado con claridad el rumor de las corrientes.
Lo siguiente que notó fue que el castillo parecía estar aún durmiendo, pero Dohko no estaba a su lado. Shion extrañó no tenerlo allí para acurrucarse contra él cuando el frío comenzó a acecharlo. Todavía no entendía lo que había pasado el día anterior. No terminaba de creer que hubiera sido posible haber cometido un error de cálculo tan grande. Lo que lo había hecho perder el control al teletransportarse parecía haber sido una energía poderosa. Por un segundo había sentido que no era dueño de sí mismo ni de su voluntad.
Bluegrad es la tierra donde es custodiado el poder de Poseidón.
Dégel se había encargado de recordárselo. Pero ese poder no estaba activo, y no creía que fuera posible que hubiera podido interferir de manera alguna. ¿Podría ser que hubiera algún otro tipo de energía presente?
El espacio en la cama junto a él estaba frío. Dohko debía haberse levantado hacía bastante tiempo ¿Por qué se había ido sin él? Conociendo a Dohko probablemente había querido dejarlo descansar, pero Shion se sintió un poco avergonzado de haber sido dejado atrás. Tenían cosas por hacer aunque no se tratara de una misión de vida o muerte, y habiendo cometido un error tan grande el día anterior, no le gustaba la idea de ser relegado. Quería ponerse en acción inmediatamente.
Un poco molesto, se levantó y se colocó su armadura. Intentó ubicar telepáticamente a Dohko, para su sorpresa no le fue posible. Luego de intentarlo varias veces, se dio cuenta de que no era capaz de conectarse con las redes invisibles que unían todos los elementos. ¿Qué estaba pasando consigo? De repente se sintió desprotegido y aislado, y al mismo tiempo culpable de ser invadido por esos sentimientos. Era un santo dorado, y depender de una habilidad fuera de lo común como si ésta fuera un bastón sobre el que apoyarse no le hacía honor a su puesto. ¿Acaso no era nada sin eso?
Al salir del cuarto Shion volvió a intentar inútilmente hallar el rastro de Dohko. Siguiendo una débil pista se dirigió hacia un subsuelo, pero no tardó en darse cuenta de que estaba buscando en el lugar equivocado. El lugar estaba desierto. Shion podría haber jurado que no había nadie en los alrededores, pero al darse la vuelta para volver se encontró con Unity que lo observaba a cierta distancia. Ni siquiera había notado que no estaba solo. Una vez más, sus habilidades parecían estarle fallando.
−Buenos días… −saludó Unity.
−Buenos días...
−Disculpa que te lo pregunte pero ¿no fue de tu agrado la habitación que te ofrecimos? En ese caso espero que nos permitas reparar ese error de inmediato.
Al escuchar esas palabras, Shion se dio cuenta de lo rudo que debía haber parecido no haber dormido en el cuarto que había sido preparado para él. No lo había pensado el día anterior siquiera, había seguido un impulso y no había contado con que se encontraría en esa situación la mañana siguiente.
−¡No! Se lo agradezco mucho. Simplemente tenía unos asuntos que discutir con mi compañero −atinó a responder.
−Entiendo...
−Dohko… debería ir con él, ¿sabe dónde puedo encontrarlo?
−En la biblioteca principal. Supongo que podrás hallarlo sin problemas, a pesar de que es un lugar enorme. Es una ventaja de la gente de tu pueblo, ¿verdad? Pero espero que permitas que se te ofrezca un desayuno primero.
Shion creyó que sería inconveniente rechazar la muestra de hospitalidad que se le estaba ofreciendo, sin importar que las palabras sonaran más frías que el hielo que rodeaba el lugar. Se dejó guiar hasta una sala austera pero elegante. Unity se retiró poco tiempo después, luego de disculparse diciendo que tenía asuntos que atender. A Shion no se le ocurrió pensar cómo era posible que Unity supiera que no había dormido en la habitación que le correspondía.
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En la biblioteca el aire olía diferente. Unity había aprendido a amar ese aroma, y en los días en que sentía que la angustia lo invadía, encontraba allí un refugio de paz. Recordaba haber pasado horas en aquel lugar con Dégel. A estas alturas esos recuerdos no deberían ser dulces, pero no podía desprenderse de ellos.
No podía evitar pensar en la sonrisa de Dégel y en la voz tranquila y envolvente que salía de esos labios. Recordaba que en el pasado solía perder el rastro de lo que su amigo decía por prestarle atención a la manera en la que pronunciaba las palabras y las unía, con ese suave acento europeo. Unity había querido practicar francés con él, pero nunca había conseguido imitar la cálida sensualidad con la que Dégel se expresaba. Cada vez que pensaba en él, y cada vez que había imaginado el momento en que volverían a encontrarse, era aquel el idioma con el que tomaban forma sus pensamientos.
Pourquoi n'est tu pas venu...?
Sosteniendo el libro que Dohko había tomado de la biblioteca el día anterior, se preguntó si Dégel aún recordaría su promesa. Unity la tenía presente a cada segundo, aún cuando había intentando convencerse de olvidarla. Tras cada paso que daba, las palabras de Dégel resonaban una y otra vez en su mente. Había dicho que volvería cuando se convirtiera en un santo para que juntos pudieran proteger Bluegrad. Pero los años habían pasado, y Dégel nunca había vuelto.
Cuando supo que alguien llegaría desde el santuario una llama de esperanza se había encendido en su corazón. ¿Sería posible que fuera Dégel? Aunque no había querido dejarse llevar, no había podido evitar sentirse lleno de expectación. En lugar de Dégel aparecieron dos santos que parecían saber muy poco acerca de Bluegrad, lo cual no suponía ninguna sorpresa. ¿Por qué deberían saberlo, y por qué debería Dégel recordar una tonta promesa de niños?
Para cuando se dio cuenta, las lágrimas corrían por sus mejillas. Lo notó cuando cayeron silenciosamente sobre las páginas del libro que tenía en sus manos. ¿Por qué no podía olvidarlo? ¿Por qué Dégel seguía siendo todavía el eje de sus pensamientos?
Un suave sonido lo distrajo, y cuando levantó la vista vio al santo de Libra, que parecía tan sorprendido como él por haberse encontrado en el medio de esa situación. Se mantuvo a distancia y con una actitud respetuosa. Pero Unity sabía que lo había visto, y de repente se sintió terriblemente vulnerable.
−Ya me retiraba –dijo Dohko, haciendo una pequeña reverencia.
−No... espera –susurró Unity con voz temblorosa, aunque su propia actitud lo tomó por sorpresa. Decidió que era el momento correcto para preguntar aquello a lo que no se había atrevido antes− ¿Conoces a Dégel?
–¿El santo de Acuario? Sí, lo conozco... él era quien iba a venir aquí en primera instancia.
–Pero... ¿por qué no vino? –preguntó Unity sintiendo que su garganta se cerraba como si alguien estuviera cerrando una mano sobre su cuello. Dohko se acercó con cuidado.
–No lo tengo claro, pero tengo entendido que había algo más urgente de lo que debía ocuparse.
–¿Envió... algún mensaje?
–¿Un mensaje? No, hasta donde sé simplemente nos dio las instrucciones sobre el lugar...
Unity intentaba mantener un porte calmo, pero sentía que algo dentro de sí había sido desgarrado por las palabras de Dohko. Asintió con la cabeza y desvió la mirada en un intento por esconder las lágrimas que volvían a asomarse.
Dohko no sabía cómo comportarse. A riesgo de ser irrespetuoso, se acercó a Unity y colocó una mano sobre su hombro.
–Si deseas estar solo... –murmuró Dohko, sin terminar de entender lo que estaba pasando.
Unity sonrió con amargura. Justamente era aquello lo que no quería. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien lo había tratado con tanta gentileza? Esa gentileza que solamente Dégel y su hermana habían sabido darle...
Sin saber cómo, se encontró apoyando su cabeza en el pecho de Dohko. Era un lugar inesperadamente acogedor, que lo hizo recordar a las veces en que se recostaba contra Dégel para ver las estrellas. Aunque él supiera las historias tras las constelaciones, era diferente escucharlas de la boca de Dégel. Aquellos eran momentos que hubiera deseado que duraran por siempre. Haciendo un esfuerzo por arrancarse de su propio ensueño, se apartó de Dohko.
–Disculpa. Y gracias... –dijo Unity con suavidad. Dohko sonrió. Su mirada estaba llena de amabilidad, no había rastro alguno de lástima. Era diferente a Dégel, pero a su manera igual de cálido.
–Gracias a ti por prestarnos tu ayuda –respondió el librano. Se apartó como para retirarse respetuosamente, pero Unity lo detuvo. Se había acercado a él de improviso, y antes de darle tiempo a reaccionar besó sus labios con suavidad, para retroceder poco después como si estuviera avergonzado de lo que había hecho.
–Perdóname...
Dohko tuvo la sensación de que Unity estaba tan sorprendido como él por lo que acababa de pasar. No tuvo tiempo de pensar en una respuesta, porque Unity se retiró con rapidez antes de que tuviera tiempo para pensar en qué decir.
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Shion dio con Dohko luego de vagar por el castillo durante un tiempo que pareció eterno. Dohko, que intentaba convencerse de que lo que había ocurrido unas horas antes no había tenido lugar, se alegró de verlo llegar, pero la expresión de Shion distaba de ser de regocijo.
−Hay algo mal conmigo –fue lo primero que dijo Shion, en voz baja.
−¿A qué te refieres? −preguntó Dohko, a quien el ambiente de Bluegrad empezaba a inquietarlo a su manera.
−No consigo escuchar las voces… las voces silenciosas… −susurró, casi avergonzado. Mirando a los ojos de Dohko intentó hacerle llegar un mensaje sin palabras, pero se encontró con el silencio. Bajó la cabeza y apoyó su frente contra la de Dohko−. No comprendo. Algo está bloqueando… bloqueándome.
−¿"Algo"…? ¿Te refieres a algo desde afuera, que no tiene que ver contigo mismo?
−¿Qué más podría ser? No creo que sea posible que lo que tengo simplemente… desaparezca. Es una parte de mí... Me preocupa.
Observando la expresión de angustia de Shion, Dohko se sintió preocupado. Sentía que le sería complicado encontrar las palabras adecuadas para calmarlo.
−Debe de haber alguna explicación… No creo que debas preocuparte tanto.
−¿Y si sí soy yo? −preguntó de pronto Shion− ¿Qué ocurriría si… si mis habilidades desaparecieran? Quizás sí sea posible…
Antes de que pudiera continuar, Dohko lo calló con un beso. En unos segundos, Shion sintió que toda su inquietud se desvanecía, aunque fuera momentáneamente. Y también por ese instante creyó escuchar la voz de Dohko sonando en su cabeza.
Tranquilo.
Dohko pudo percibir que la tensión de Shion cedía, pero algo le hizo abrir los ojos. Vio a Unity parado en el umbral de la habitación, observándolos en silencio. Llevaba una vela en la mano. La llama le daba a sus ojos claros una tonalidad rojiza. Dohko apartó a Shion, que quedó paralizado en cuanto vio que tenían compañía. No necesitaron comunicarse telepáticamente para entender lo que estaban pensando. Aquel no era el comportamiento que se esperaba de ellos en una misión oficial.
−Disculpen la interrupción −dijo Unity con voz helada, como si nada hubiera pasado−. Quería hacerles saber que los esperamos en un par de horas para una cena en el comedor principal. Quizás allí podamos discutir algunos asuntos relacionados con la colaboración con el santuario, como ustedes lo habían solicitado.
Shion sintió un escalofrío. Algo le decía que habían cometido un grave error al haberse dejado sorprender.
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Cuando llegó el atardecer, Shion se dirigió a la habitación que le correspondía. Habían acordado con Dohko presentarse a la reunión sin vestir sus armaduras. Shion no estaba de acuerdo, pero su compañero había insistido en que en una situación pacífica esto podría ser tomado como un signo de falta de confianza.
Shion se quitó la armadura a regañadientes, y luego de vestirse con ropa más adecuada se sentó a los pies de la cama. Por alguna razón se sentía aún más cansado que el día anterior. Se dejó caer de espaldas cerrando los ojos. Podía haber jurado que escuchaba una vez más el arrullo del océano, pero creyó que se estaba sugestionando. Pero poco después pudo sentir con total claridad que había un peso sobre la cama. Extrañado, creyó que había sido producto de su imaginación, hasta que se obligó a abrir los ojos y quedó paralizado ante lo que vio. Sus ojos debían estar engañándolo. Manigoldo.
−Hola, Shion. ¿Por qué esa cara de sorpresa? −preguntó el otro con picardía. El primer impulso de Shion fue hacerse a un lado, pero Manigoldo lo detuvo sin esfuerzo, tomándolo por las muñecas y apoyando una rodilla sobre su abdomen.
−¡¿Quién eres?!
−¿Pero qué te pasa? ¿Qué clase de manera de hablarme es esa? Deberías saber reconocerme.
−Estoy soñando.
−No me digas que ahora no sabes distinguir un sueño de la realidad… ¿Tan patético te has vuelto?
Despierta, se dijo Shion. Pero aquello se sentía real en cada detalle. Conocía bien a Manigoldo, su manera de hablar, cómo se veía, cómo se sentía. Habían compartido muchas cosas juntos. Y aquello no se sentía como un sueño.
−¿Por qué estarías aquí…?
−¿Por qué me querrías aquí? Asumiendo que es un sueño como dices. −Manigoldo se había acercado hasta él de manera que Shion podía sentir la brisa de su aliento.
−No te quiero aquí…
−¿Y qué harás? No puedes llamar a tu maestro… Qué inconveniente, ¿no? Y ahora no puedes usar esa habilidad especial tuya… Parece que realmente no eres nadie sin ella, como lo sospechaba.
−Tú no puedes ser Manigoldo −susurró Shion. Con sus habilidades mermadas, estaba a merced de sus cinco sentidos, y aunque estos le dijeran que Manigoldo estaba allí, la lógica le decía que tenía que estar equivocado.
−Qué rudo eres. ¿No te trae recuerdos, esto? Si no lo quieres, ¿por qué no haces algo al respecto? ¿No puedes, Shion de Aries? Como siempre lo supe, eres débil. Qué vergüenza para tu maestro. No estás a la altura.
Manigoldo era mucho más poderoso que él, lo tenía claro. Pero verse enfrentado con esa realidad de manera tan directa lo hacía sentir tan diminuto como cuando habían compartido entrenamientos siendo más jóvenes.
−¿Realmente eres tú? ¿Cómo llegaste…?
−Traigo un mensaje del patriarca −dijo Manigoldo con seriedad. Al escuchar el nombre del patriarca, por primera vez Shion bajó la guardia y dejó de preguntarse cómo era posible que eso estuviera pasando. Si Sage estaba tras aquello debía haber una razón importante. Manigoldo sonrió con satisfacción, y en lugar de aflojar la presión, aprovechó la ocasión para aumentarla. Dejó escapar una risa sutil−. Tan inocente como la primera vez...
Aún sin comprender la situación por completo, Shion entendió que había cometido un error. Intentó hablar, pero parecía que su cuerpo entero se hubiera paralizado. Estaba completamente a merced del otro.
En ese momento la puerta sonó con fuerza, y en el espacio de un parpadeo Shion se encontró solo en la habitación. Temblando de confusión, Shion se incorporó. Abrió la puerta y no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio al encontrarse con Dohko.
−¿Estás listo, Shion? Nos esperan −dijo el librano con una sonrisa que se desvaneció al observar mejor al ariano−. ¿Estás bien?
Shion no supo responder. Su mente obviamente le estaba jugando una mala pasada desde que habían llegado a Bluegrad. Pero ¿qué beneficio podría tener insistirle con esto a Dohko? Aquel no era más que su propio problema.
−Así es, Dohko… −murmuró Shion bajando la vista, y al hacerlo notó que sus muñecas tenían un tono carmesí. Se apresuró a esconder las manos tras la espalda.
¿Marcas? ¿Qué estaba ocurriendo? Cerró la puerta tras de sí, dando un último vistazo: la habitación estaba vacía.
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Continuará en el próximo capítulo... que aún no ha sido escrito. Ardientes palabras de aliento serían útiles para encontrar la inspiración T^T ¿Qué les parece la historia? ¿Saltaron cuando apareció Mani? ¿Se durmieron del aburrimiento? ¡¡Quiero saber!! XDD
Hasta la próxima~
