¡Hola de nuevo! Ha pasado un largo tiempo desde la última actualización de esta historia. Si están leyendo esto, las autoras queremos agradecerles especialmente su fidelidad e interés.
Este capítulo, así como el anterior, fue escrito por mi amiga Len. Se trata de un capítulo lleno de sorpresas, interrogantes y, por fin, respuestas, aunque no todo está dicho. Para entender mejor se recomienda tener bien presente la saga de Bluegrad de Saint Seiya The Lost Canvas porque se hacen varias menciones a personajes y elementos del manga.
Por si no están muy familiarizados con esa saga, comienza en el capítulo 100 y termina en el 114.
Capítulo 100 online aquí: /Saint_Seiya_The_Lost_Canvas/100/7616
Capítulos del 101 al 114 aquí: /Saint_Seiya_The_Lost_Canvas/completa#110
Quien quiera leer y entender todo puede allí enterarse de todo lo que se necesita saber XD
¡Que lo disfruten!
─Las autoras, Len y Nat
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Parte 4: Los secretos de Atlantis
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─¡Mira, Dégel! ─dijo Unity señalando hacia el firmamento, por donde cruzaba una estrella fugaz.
Unity había traído un grueso trozo de piel, y ahora estaban acostados sobre él boca arriba, observando las estrellas como tantas otras veces. Dégel extendió el brazo hasta tomar la mano de Unity en la suya.
─La vi.
─¿Pediste algún deseo? ─preguntó Unity, bajando el brazo y poniéndose de lado sin soltar a Dégel.
─Un deseo… ¿Qué te parece? ─Dégel sonreía, sin dejar de mirar hacia el cielo.
─¿Puedo intentar adivinar?
─Mejor no. Algunos dicen que si lo dices en voz alta, no se cumple.
─¡Pero quiero saber! ─protestó Unity. Dégel dejó escapar una risita y se volvió hacia él con una mirada pícara, como si le divirtiera la situación.
─Imagínalo.
Dégel se soltó de la mano de Unity y colocó la suya en la nuca de su amigo atrayéndolo hasta que éste terminó apoyando la cabeza sobre su pecho. Unity comenzó a sentir un cosquilleo familiar de anticipación. Ese era un lugar donde le gustaba estar, donde se sentía seguro. Prestó atención y se quedó callado para escuchar el corazón de Dégel latir. Parecía que sus latidos eran lentos y débiles, tanto que Unity debía hacer un esfuerzo por detectarlos.
Habían pasado años desde que Dégel había llegado. Habían crecido juntos. Y el momento que más temía, el de la despedida, se estaba acercando.
─¿De verdad tendrás que irte pronto? ─susurró Unity. Le resultaba difícil imaginar la vida sin Dégel a su lado. Imaginar sobrevivir al frío de Siberia sin sus abrazos.
─Sí, pero no olvidaré nuestra promesa.
Unity sonrió y se dejó guiar por Dégel hasta terminar el camino en sus labios. En instantes como ese estaba seguro de que no había nada por lo que preocuparse.
Creía en él.
Recordando ese momento en el inmenso y vacío templo submarino de Atlantis, el recuerdo que había sido tan preciado para él lo hacía ahora sentirse burlado. Pero todo aquello no importaba. Ahora que se había convertido en un general de Poseidón tendría a un dios de su lado. ¿Qué importaba un simple juego de niños? Llevaría Bluegrad a la cima con la ayuda divina y no necesitaría de Dégel ni de la estúpida promesa de proteger Bluegrad juntos.
Sin embargo, cada día que pasaba Dégel estaba en su mente a la hora de ir a dormir y a la hora de despertar, como un imán que atraía inevitablemente todos sus pensamientos. Había confiado en él. Había creído que volvería, había creído quería volver, había estado seguro de que le importaba. Pero en la soledad de cada día, cada vez la verdad se volvía más evidente.
─Quizás no era lo que yo imaginaba. ¿Qué crees, hermana? ─preguntó Unity, observando a Serafina, que parecía dormir plácidamente.
Serafina no contestaría. Estaba tan muerta como los recuerdos de su infancia. Hacía tiempo que su alma la había abandonado y quedaba de ella solamente un cadáver al que conservaba cuidadosamente para que fuera usado por Poseidón cuando llegara el momento.
Al contrario que Dohko, que siempre parecía más cómodo cuando no estaba usando la armadura, Shion se sentía terriblemente vulnerable sin ella. Se había acostumbrado a sentir el tacto del frío contra su piel, y el peso le daba una sensación de seguridad.
Dohko había insistido en que no la usaran en esa ocasión, diciendo que haría que los anfitriones se sintieran amenazados y que no había nada que temer, de todas maneras… pero aquello no ayudaba a que Shion dejara de sentirse poco confortable.
Recordó las palabras de alguien a quien le incomodaba recordar, una persona que le había dicho que si alguien no es fuerte sin la armadura tampoco lo será con ella. Sabía que tenía razón, pero no quería pensar en eso ahora, cuando además estaba teniendo problemas para controlar sus habilidades.
Parecía que además de sentirse desprotegido, recuerdos que había intentado mantener atrás insistían en volver todos a la vez.
─¿Shion? ─preguntó Dohko. Shion se volvió hacia él. Ni siquiera había notado que estaban ya a la mesa. Ni siquiera había notado que sostenía en la mano un cubierto y que su plato estaba casi vacío. No recordaba haber llegado allí.
─Espero que todo haya sido de su agrado ─dijo Unity levantándose de la mesa.
─Claro que sí ─dijo Dohko, aún mirando a Shion por el rabillo del ojo.
─Además, si desean conversar ahora acerca de las relaciones entre nuestras tierras, estoy disponible.
─Entonces quizás sería un buen momento. Y Shion, ¿tienes la lista de libros que te dio el patriarca?
─Creí que la tenías tú ─dijo Shion con desgano.
─Te la di hoy más temprano, ¿no lo recuerdas?
No lo recordaba. Pero considerando que estaba teniendo problemas para recordar cómo había llegado a la mesa, decidió no discutirlo y ponerse de pie, dispuesto a ir a por ella, sin querer admitir que no tenía idea de nada.
─Iré a buscarla ─dijo el ariano.
─Te espero aquí ─escuchó decir a Dohko al alejarse.
Poco después de dejar atrás el comedor se dio cuenta de algo que debería haberle sido evidente: si no sabía cómo había llegado desde su habitación hasta el comedor, tampoco sabría cómo volver a ella. Se dio la vuelta, intentando retornar, pero ya era demasiado tarde. Se había perdido en los pasillos, que de repente parecían haberle cerrado el camino. Intentó volver a hacer funcionar sus habilidades telepáticas, pero estaban totalmente bloqueadas.
Una vez más se sintió avergonzado de su falta de capacidad. Definitivamente aquello no era digno de un santo dorado. Deseó poder volver el tiempo atrás y pensó por primera vez que quizás hubiera sido mejor no haber aceptado esa misión.
─Shion ─escuchó decir. Había alguien parado al fondo del pasillo. Shion no necesitó acercarse para reconocer a Manigoldo.
Se sintió contrariado. Había llegado a la conclusión de que la visita de Manigoldo había sido una alucinación, pero la situación se estaba repitiendo, aunque de manera diferente. Esta vez era Manigoldo quien lo observaba intrigado, como si él fuera el sorprendido por su presencia.
─¿Estoy soñando…? ─preguntó Shion.
─¿Soñando? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Sueñas conmigo a menudo? ─dijo Manigoldo acercándose con una sonrisa burlona. Shion retrocedió.
─¿Qué está ocurriendo…?
─¿Qué está ocurriendo contigo? ¿Buscas a alguien?
─¿Por qué estás aquí…?
─¿Por qué no puedo estar aquí…? Vine a ver a mi maestro… no me digas que ahora voy a tener que darte explicaciones.
─¿Qué? ─murmuró Shion, aún sin entender. Notó que alguien se acercaba por detrás de Manigoldo y abrió bien los ojos, creyendo que estaba viendo mal. Se trataba de Sísifo, que se lo quedó mirando con curiosidad.
─¿Estás bien, Shion? ─preguntó Sísifo.
─¿Por qué están todos aquí? ─insistió Shion.
Sísifo y Manigoldo intercambiaron una mirada de extrañeza. Shion miró a su alrededor y empezó a notar que aquel lugar se le hacía familiar. Era como si la estructura del edificio hubiera cambiado.
─Bueno, no importa ─dijo Sísifo─. Pero ya que estás aquí quería pedirte como favor especial si pudieras reparar pronto una armadura que fue dañada en una misión reciente... arreglé para que fuera llevada a tu templo, ¿te parece?
─¿Dónde estoy? ─preguntó de repente Shion.
─¿Estás bromeando? ¿Te sientes bien? En la casa del patriarca… ─respondió Manigoldo con una mueca.
─¡No es posible! ¿Cómo llegué aquí?
─¿Atravesando los templos…? ─preguntó Manigoldo, cuya expresión se volvía cada vez más cómica.
─Pero, y Bluegrad…
─Ah, la misión a Bluegrad… ─dijo Sísifo─ Sí, tengo entendido que fue suspendida a último momento. Tú eras quien iba a acompañar a Dégel al final, ¿verdad? ¿Es por eso que viniste? Deberías hablarlo con él, aunque quizás no sea el mejor momento...
Shion respiró hondo y dio algunos pasos atrás, dudando entre si hacer más preguntas o no. Aún no estaba seguro de lo que estaba pasando pero no quería quedar como un demente, en especial frente a Manigoldo, que estaba seguro que no dejaría pasar la ocasión de usar eso en su contra más adelante para hacerle la vida imposible.
─Entiendo. Entonces me retiro. ─dijo Shion, dándoles rápidamente la espalda.
Al salir del templo el sol naciente le dio en los ojos cegándolo por un momento. En ese momento notó que llevaba puesta su armadura. Después de tantas dudas, todo se sintió de repente en el lugar correcto. Cerró los ojos un momento y se concentró en Dohko.
¿Estás ahí, Dohko?
La respuesta llegó abriéndose paso entre suaves ondas de murmullos sin demasiada dificultad.
Sí, ¿aún estás en el santuario? Estoy entrenando.
Shion suspiró aliviado. Todo parecía estar en orden y eso era todo lo que necesitaba saber por el momento, independientemente de lo extraña que le resultara la situación. Comenzó a caminar escaleras abajo atravesando el templo de Piscis y apresurándose para llegar al templo de Acuario, pero éste estaba vacío.
Le molestaba no saber cómo había llegado hasta la casa del patriarca y no recordar nada al respecto, pero en ese momento tenía más sentido el presente que un conjunto de recuerdos de una tierra lejana que se volvían cada vez más difusos. Al llegar al templo de Capricornio se detuvo ante su guardián, como si hubiera olvidado lo que debía decir.
─¿Encontraste a Acuario? ─preguntó El Cid, de una manera que le hizo sentir a Shion que se había perdido la primera parte de la conversación.
─No… ─improvisó Shion, inseguro─ Pero necesito hablar con él.
El Cid pareció meditar durante unos momentos antes de contestar.
─El templo de Escorpio ─dijo finalmente el capricorniano antes de abrirle paso. Shion le agradeció y siguió adelante. En realidad tenía más interés en ver a Dohko, pero no estaría de más hablar con Dégel antes para tener una explicación sobre el tema del viaje.
Nadie lo recibió cuando llegó a Escorpio, pero apenas entró al templo se sintió atravesado por un frío penetrante. No se trataba del frescor que en general desprendía el cosmos de Dégel, sino de algo a mayor escala. Shion avanzó un poco, y al acercarse a una de las columnas notó que estaba cubierta por una fina capa de hielo. No había rastro de Kardia en ninguna parte.
─Shion... ─dijo una voz. Dégel estaba parado a poca distancia, apoyado contra uno de los pilares. Se veía como si no hubiera dormido en días.
─Dégel, te estaba buscando… ─dijo Shion. Dégel levantó la vista con desgano, mirándolo como si esperara una mejor explicación acerca de su visita─ Se suponía que íbamos a ir a Bluegrad hoy, pero Sísifo dijo…
─Sísifo no sabe nada ─interrumpió Dégel levantando la voz.
─¿Qué…? ─preguntó Shion. Dégel pareció dudar.
─Espera. ¿Qué te dijo?
─Que todo se había suspendido ─murmuró Shion.
─Ah. Sí, así es ─dijo Dégel, desviando la vista.
─¿Qué le ocurrió a este templo…? ¿Dónde está Kardia?
─Kardia… ─repitió Dégel, llevándose los dedos a los labios. Shion intentó leer su actitud, pero el conjunto le resultaba demasiado desconcertante.
─¿Estás bien?
─No deberías estar preocupándote por eso. Tengo entendido que hay algo de lo que tienes que hacerte cargo en tu templo ─dijo Dégel dándole la espalda y desapareciendo entre las sombras sin dar ningún tipo de explicaciones.
Shion se alejó de la octava casa, todavía sintiendo la piel de gallina. Había pensado en preguntarle acerca de la razón por la que el viaje había sido suspendido, pero parecía evidente que no era el momento adecuado para hacerlo.
Eran muchas las veces en que sentía que Dégel vivía en un mundo apartado del del resto de los habitantes del santuario, protegiendo con ferocidad su privacidad. Creía recordar que solía ser una persona más accesible hacía mucho tiempo, pero eso había quedado atrás.
El siguiente templo era el de Libra, pero Dohko no estaba allí. Tal como había dicho, debía estar entrenando. Así que avanzó a través de él en dirección a Virgo, un lugar donde nunca se había sentido demasiado cómodo. Asmita meditaba en la sala central. Shion pidió permiso cortésmente y avanzó sin querer detenerse, pero la voz de Asmita lo interrumpió.
─¿Por qué la prisa, Aries?
─Tengo cosas que hacer ─dijo Shion.
─¿Aquí? ¿Estás seguro? ─preguntó Asmita.
─No en este templo… en mi casa.
─No. Mira bien a tu alrededor. ¿Es este el lugar donde tienes que estar?
Shion no se sentía de ánimos para escuchar los mensajes de Asmita, que siempre lo hacían sentir incómodo. Mientras se alejaba Shion creyó escuchar que decía algo más, pero no quiso hacer el esfuerzo de intentar descifrar de qué se trataba.
Atravesó Leo, Géminis y Cáncer lo más rápido que pudo, hasta llegar ante el templo de Aldebarán, que lo recibió con una sonrisa.
─¡Qué cara! ─exclamó Aldebarán─ No me digas que estás decepcionado por lo del viaje… probablemente sea mejor así. Además hoy cuando te vi caminar escaleras arriba parecías sonámbulo, hasta me asustaste.
─¿Eh? ¿En serio? ─preguntó Shion, que seguía sin tener memoria de lo que había ocurrido esa mañana.
─Sí, pero supuse que era porque no te entusiasmaba ir con Acuario… entiendo que te pueda parecer una persona extraña. Desde que lo conocí siempre pareció estar más interesado en los libros que en otras cosas… nada sano, diría yo. Si tengo que serte sincero, a veces me preocupa. Cada día se ve más distante, es difícil saber lo que piensa…
Dejando atrás a Aldebarán, Shion siguió el camino hacia su templo. A las puertas de él descansaba una armadura ensamblada en su correspondiente forma de tótem. Supuso que se trataría de la armadura que Sísifo había mencionado, pero no fue capaz de reconocer la silueta. Resplandecía con un brillo dorado, pero definitivamente no se trataba de una de las doce.
Al acercarse se dio cuenta que ese objeto no era de ninguna manera del mismo tipo que estaba acostumbrado a tratar, ni se trataba de una armadura de bronce, plata u oro. Tenía una forma que le recordaba a un reptil erguido de cuello largo. ¿Acaso era esto a lo que se refería Sísifo? ¿Qué tipo de armadura era esta?
─¡Te alcancé! ─exclamó alguien a sus espaldas. Shion sintió que el corazón le daba un vuelco. No había escuchado llegar a nadie, pero no necesitaba darse la vuelta para reconocer a Manigoldo.
─¡Me asustaste! ─gritó Shion.
─¿Ah, sí? Tu cara me asusta más todavía, cada vez que la veo. Y aún así no me quejo.
─¡Manigoldo! ¿Qué haces aquí, de todas maneras? Estoy ocupado…
─Sí, ocupado mirando esa cosa ─rió Manigoldo.
─¡Cállate! Se supone que tengo que repararlo, es lo que dijo Sísifo. Pero nunca había visto algo así…
─Me recuerda a algo ─dijo Manigoldo, que parecía haberse puesto serio─. Mi maestro dijo una vez que existían cuatro armaduras de material diferente al resto… ¿crees que podría tener que ver con esto?
Al escuchar esto Shion volvió a centrar su atención en el objeto, y deslizó suavemente la mano sobre él, preguntándole por su origen. No obtuvo por respuesta más que un silencio abrumador. Se sintió un poco decepcionado, pero se esforzó por dejar de lado el sentimiento. Debía cumplir con su deber, aunque el silencio hacía que no supiera por dónde empezar. La conexión que creaba con las armaduras que reparaba hacía que sintiera instintivamente lo que ellas necesitaban, pero ésta estaba muda.
─Háblame… ─murmuró Shion. Cerró los ojos mientras intentaba establecer una conexión, pero algo lo distrajo. Estaba siendo rodeado por un par de brazos. La sensación no le era extraña, pero lo impresionó por lo inesperado.
─Dijiste que soñaste conmigo. Me dejaste con curiosidad ─susurró Manigoldo en su oído.
─Yo no dije eso. Qué haces… ─dijo Shion, poniendo sus manos sobre las de Manigoldo, que se apoyaban en su pecho y su cintura.
─Cuéntame ─insistió Manigoldo, llevando una de sus manos hasta los labios de Shion y haciendo que éste se volviera suavemente hacia él.
─Te estás burlando de mí ─dijo Shion, poniéndose tenso pero sin poder soltarse del abrazo.
─¿Eso crees? ─preguntó Manigoldo.
─Es lo que siempre haces… lo que siempre has hecho.
─Me sorprende lo poco que sabes de mí considerando cuánto hace que nos conocemos.
Shion miró a Manigoldo a los ojos y se estremeció. A pesar del tiempo que había transcurrido desde la última vez que habían estado tan cerca, su cuerpo parecía reconocer y aceptar la cercanía. Como si fuera algo que había aprendido para no olvidar nunca más. Manigoldo, con quien había aprendido cosas que a veces le avergonzaba recordar. Podía sentir su respiración contra su piel, y a diferencia de cómo había sido en el sueño, esta vez no sintió miedo.
─No hagas esto ─dijo Shion echándose hacia atrás. Manigoldo le impidió alejarse, empujándolo de vuelta hacia él. El beso de Manigoldo lo atrapó sin remedio, palpitante y húmedo.
─Es lo que quieres.
─No…
Manigoldo se apartó un poco y sonrió con una expresión pícara que el ariano conocía bien. Rió mientras observaba a Shion pasar por diversas tonalidades de rojo.
─Ven conmigo, tengo algo que mostrarte.
─Manigoldo, no…
─No tiene nada que ver con esto, no seas cobarde.
Shion apretó los puños y lo miró con rabia. Manigoldo comenzó a caminar hacia uno de los pasillos del propio templo de Aries, y Shion se decidió a seguirlo, sin estar seguro de por qué. Pronto se encontró tomando un camino subterráneo.
Sabía que los templos tenían pasadizos secretos pero no conocía éste, lo que lo hizo sentirse un poco avergonzado porque se trataba de su propio templo. Manigoldo se detuvo ante una puerta de madera simple y luego de una pequeña pausa la abrió.
Lo que Shion vio a continuación fue algo que jamás hubiera imaginado. Se encontraban de repente en un lugar imponente cuyo cielo estaba cubierto por agua. Un santuario submarino.
─¿Qué es esto…?
─Un lugar secreto ─respondió Manigoldo volviéndose hacia él. Shion notó que llevaba ahora en las manos un jarrón donde podía verse uno de los sellos de Atenea.
─Imposible… ¿cómo llegamos aquí?
─No hay tiempo para explicar. Necesito tu ayuda, Shion ─dijo Manigoldo, mirándolo directamente a los ojos─. Para retirar este sello.
─¿Por qué? ¿Qué es esa cosa?
─Es algo que necesitamos para esta guerra.
─¿Pero de qué estás hablando? No nos corresponde a nosotros tomar ese tipo de decisiones sin consultar… ─replicó Shion, comenzando a sentir un increíble peso encima.
Esto no es correcto. Despierta.
─¿No nos corresponde? ─preguntó Manigoldo─ ¿Entonces a quién le corresponde? Nuestra misión es hacer lo que sea necesario para proteger el mundo como caballeros dorados.
─Pero debemos seguir las órdenes de Atenea…
Manigoldo bajó la cabeza y pareció reír para sus adentros. El peso que Shion sentía se convirtió en una fuerza paralizadora. De repente cayó en la cuenta de que había perdido dominio de sus propios músculos.
─Veo que te estás resistiendo más de lo que esperaba ─dijo Manigoldo. Shion observó entonces con incredulidad cómo la armadura de Cáncer comenzaba lentamente a transformarse. La nueva forma le resultó familiar, y no tardó en darse cuenta que se correspondía con el tótem que había encontrado en su templo.
─¿Quién eres tú…?
─¿No me reconoces aún? ─preguntó la persona frente a él. Todo rastro de Manigoldo se había perdido, y las facciones se correspondían ahora con las de su anfitrión en Bluegrad, Unity.
─Tú…
─Tengo que admitir que eres más fuerte de lo que esperaba ─dijo Unity sonriendo─. Pero eso no será suficiente.
Shion bajó la vista y notó que lo que le impedía moverse era lo que parecía ser una red de coral que se extendía por todo su cuerpo.
─¿Cómo llegué aquí? ¿Quién eres tú?
─Esos corales controlan tus movimientos. Yo te traje... tú viniste... llámalo como quieras... También son capaces de afectar tu mente y tus sensaciones entrando en contacto con tus nervios… ¿no los sientes dentro de ti? Tuviste sueños interesantes, al parecer… Me da curiosidad ─dijo Unity acercándose.
Aunque se concentró para elevar su cosmos, Shion no pudo contrarrestar la fuerza que lo detenía. Comprendió que todo lo que había estado ocurriendo, probablemente desde la visita de Manigoldo a su habitación en el castillo, había sido producto de la manipulación de su mente por parte de ese truco sucio. Nada de aquello había ocurrido, aunque todo pareciera tener base en sus propios recuerdos. Se sintió a merced de un poder que nunca había enfrentado.
─¿Qué quieres?
─Ya te lo dije, necesito tus servicios como santo de Atenea que eres. No deberías resistirte al poder de un dios, Aries. Sería una ofensa. Incluso si no quieres, no tienes opción.
Shion sintió que sus brazos se movían por sí solos y comenzó a desesperarse. Con una explosión de cosmos consiguió apartar los corales por un momento, que volvieron a extenderse rápidamente agarrotando sus músculos.
─Stardust revolution! ─exclamó, dirigiendo su ataque hacia Unity. Era consciente de que no había logrado enfocarlo con fuerza suficiente, pero esperaba haber podido acertar en su objetivo.
─¿Es este el poder de un santo de Atenea? ¡Qué triste! Poseidón sentiría vergüenza de tener sirvientes como ustedes ─dijo Unity, que había evitado el ataque sin dificultad.
Unity estaba ahora junto a él, y Shion volvió a sentir la fuerza que lo obligaba a moverse contra su voluntad. Su mano se acercó al jarrón sellado por Atenea, y en el momento en que lo rozó sintió que se desataba un intenso poder descomunal que iba más allá de cualquier cosa que hubiera conocido jamás.
En ese instante perdió conciencia de sí mismo y todo cuanto lo rodeaba, siendo arrastrado por una corriente de energía hacia un lugar que parecía estar fuera del mismo universo.
Continuará...
Notas:
Bueno, creo que fue un capítulo medio WTF, pero fue divertido de hacer. Y perdón por la falta de Dohko... PERDÓN!!
Sobre la técnica de Unity, en el manga es usada para controlar los movimientos de un oponente. Además, como al entrar en contacto con ellos la persona atacada puede ver recuerdos de Unity (como si estuviera dentro de su cabeza), en este caso decidí que ampliaría el efecto haciendo que al penetrar los corales en su sistema, la persona pudiera ver visiones realistas. Solamente tomé la base de la técnica y la hice abarcar más de lo que se muestra en el manga, pero tomando la base de la misma XD
─Len
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