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"Molinatto"
Louis Molinatto era reconocido por toda Europa y en otros continentes debido a las hermosas películas que creaba siendo director de cine. Tenía una esposa llamada Mia que también era reconocida pero no por ser directora de cine o algo parecido, ella era diseñadora de vestidos de bodas. Tenía unas tiendas alrededor de Reino Unido y ganaba millones tan sólo diseñándolos para famosas que deseaban casarse.
Al igual que Denisse y Paul, tenían hijos. Todos con diferentes cualidades y anhelos. El mayor de los hermanos se llamaba Vittorio y tenía 25 años, no vivía con ellos ya que iba en la universidad de Heidelberg en Alemania, pero aquel año se lo había tomado libre para pasar más tiempo con su familia y tener espacio para organizar la empresa que había heredado de su abuelo. Luego de Vittorio seguía Danielle con 18 años, era la más desordenada, sociable y extrovertida de la familia, mayor parte del tiempo estaba en las nubes fantaseando con sus cuentos de hadas y su mundo rosa. Aquel año Danielle acababa de entrar a la universidad a estudiar teatro, era lo que le apasionaba y sabía que sería una de las mejores actrices del mundo. Aline con recién cumplidos los 16 años, era la más tranquila de la casa. Tendía a pasársela fuera disfrutando de la inspiración que le causaba la naturaleza –escribía poemas o canciones-. A veces a los demás les molestaba que fuera analizadora y perfeccionista, pero nada en exceso. Generalmente era callada y tímida, pero cuando estaba entre sus amigos los aconsejaba y les brindaba un ambiente de paz y armonía. La penúltima de los Molinatto era Ianira. Esta muchacha de sólo 14 años era de esas que nunca le gustaba estar sin nada que hacer. Para pasar el tiempo se iba a academias de baile y allí se quedaba todo el tiempo bailando. A veces discutía con sus hermanas y ellas la consideraban algo entrometida y pesada, pero Ianira tenía un gran y dulce corazón. Por último el pequeño Philip de 11 años de edad. Él sólo se la pasaba en casa detestando estudiar y amando a los videos juegos y molestar a sus hermanos.
···
Los tres hermanos Jonas sólo distinguieron entre los arbustos un camión de mudanza, a dos hombres, un niño pequeño y a una mujer hablando por teléfono. No parecían ser de esas personas que querían averiguar de su vida, pero de todas formas no confiarían en ellos.
-Sólo son cuatro -contó Joseph a las personas, Kevin lo miró con cara de "estúpido tanto te tardaste en contar" y él añadió:-¡Vamos a pedirles la bola enseguida!, ya quiero dormir.
-¡Sí!, ya vamos de una vez -aprobó Nicholas.
-¡Silencio!-pidió Kevin levantando la mano. –Escuchen lo que dicen, si acaban de llegar tal vez nos nombren.
Joseph y Nicholas asintieron.
Louis notó que su esposa al fin dejaba el móvil en su cartera. Se acerco a ella y le rodeó la cintura con sus brazos. Mía rió coqueta y Louis le dijo al oído:
-Es una hermosa casa, ¿no crees?
-¡Papá!, es asqueroso verte a ti y a mamá de aquella forma-protesto Philip, el pequeño. Ambos padres rieron al unísono.
-Sí, es una hermosa casa amor -le respondió Mia saliendo de sus brazos. - ¿Dónde están nuestras hijas?
-A penas llegamos se fueron a recorrer la casa, ahí vienen -respondió Vittorio mientras observaba a sus tres hermanas menores.
Kevin, Nicholas y Joseph miraron a las tres chicas. Eran bonitas y rubias, pero todas con diferentes estilos y ninguna era parecida a la otra. Había una con cabello ondulado y cayendo en cascada por la cintura, esta vestía un vestido blanco y floreado. Otra tenía el cabello sólo unos centímetros más de los hombros y no era ni muy liso ni muy ondulado. Ella vestía unos pantalones ajustados y con unas converses. Y la que venía detrás de las dos primeras tenía el cabello liso hasta los codos y vestía unos jeans con una simple y linda polera roja. Los tres hermanos pensaron que eran lindas, pero sólo uno de ellos lo dijo en voz alta:
-Wow-exclamó Joseph-, ¡que lindas son!
Nicholas le dio un puñete en el estomago para que callara. Los vecinos continuaron hablando.
-¡Hasta tiene piscina y sala de cine! -dijo Ianira emocionada. Caminaba hacia su padre, este al llegar a su lado le abrazó.
-Me alegro de que les gustase a todos su nuevo hogar -se sintió enorgullecido Louis.
Aline notó que unas de sus converse tenía la cinta sin hacer. Al acuclillarse vio una pelota de béisbol.
-¡Hey!-tomó la bola entre sus dedos e inclino la cabeza hacia su hermano menor-. ¿Es tuya Phil?
-No me gusta el béisbol, no es mía -contestó.
-Tal ves sea de algún muchacho de la casa vecina -consideró Danielle.
Kevin, Nicholas y Joseph retrocedieron al notar que la chica de vestido blanco observaba con atención los arbustos. Louis tomo la bola de las manos de Aline y se la entregó a Danielle que seguía mirando los arbustos.
-Creí ver algo- sospechó.
-¿Porqué no van a dejar la bola a los vecinos?, quizás Danielle tenga razón y se les han caído para acá-. Les propuso a sus hijas Louis.
-Sí, ¡vamos así podremos conocer a nuestros vecinos! -se animó Ianira tomando el brazo de Aline y jalándola hasta Danielle.
-No quiero ir –la detuvo Aline. – Iré a ordenar mi habitación- se fue hasta la casa.
Danielle y Ianira se dirigieron a la salida de la mansión para ir a devolver la pelota. Los tres hermanos dejaron de espiar a la familia y se miraron los unos a los otros, Joseph fue el primero en hablar como de costumbre.
-¡Vienen para nuestra casa! –se entusiasmo.
-Es obvio que vienen para acá –informó Nicholas. –Somos los únicos vecinos que tienen.
-¡Deja de ser tan correcto! –lo reprochó Joseph.
Nicholas quería comenzar a decir todos los defectos de su hermano mayor, pero Kevin lo detuvo advirtiendo que las muchachas ya estaban por llegar y tocar el timbre de la casa.
-¿Vamos todos? –preguntó el mayor a sus hermanos.
-Yo no quiero ir –anunció Nicholas levantándose del césped y sacudiéndose sus jeans.
-¿Por qué? –sintió curiosidad Joseph poniéndose de pie junto a Kevin.
-Por dos cosas. La primera es que debo alimentar a Elvis y la segunda pensarán que es una bobería de mi parte, pero siento que saben algo… quiero decir, nuestros nuevos vecinos tal vez saben que somos una familia famosa y que quieren aprovecharse de nosotros.
-No seas bobo –lo reprochó Joseph. –Tranquilízate, no son como todos.
-¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? –le miró desafiante, pero luego decidió ignorarlo e irse a su habitación.
Ambos hermanos se quedaron sin saber que decir.
Danielle acompañada por Ianira caminaron por el césped hasta la casa de al lado. Pensaron en que tal ves no debieron pisar el cuidado jardín repleto de flores, pero ya lo habían hecho. Les parecía gracioso además el no saber que puerta tocar, ya que había una entrada por el costado derecho y una al frente, optaron por esa. La casa era de color crema y lúcuma –Ianira le dijo a Danielle bromeando que le parecía muy apetitosa- y las ventanas tenían marcos rojos. Danielle tomo el brazo de su hermana menor y la condujo por un pequeño camino de cal hasta la puerta de madera con terminaciones de vidrio azulado. Tocaron el timbre.
"Ding Don"
Detrás de la puerta apareció un muchacho de cabello ondulado y ojos pardos que rápidamente fue empujado por otro de cabello liso y ojos marrones. El de cabello liso se apoyó sobre la puerta mientras se tocaba la barbilla. Ianira y Danielle no comprendían nada, pero quizás era obvio que ambos chicos querían impresionarlas por las enormes y relucientes sonrisas que tenían plasmadas en los rostros. Danielle miró a su hermana menor y no pudieron evitar reír, ¿los conocían de algún sitio?
-Hola –saludó Danielle mirándolos de pies a cabeza. -¿Los conocemos?
Joseph rió y Kevin simplemente guardó silencio.
-Tal vez –Joseph quería coquetearles a las chicas nuevas. Además tenían un físico espectacular.
-Ah, esta bien –Danielle no quería seguir aquel juego. Le desagradaban los muchachos así, mientras que Ianira tenía una sonrisa tierna y pestañaba con frecuencia. –Creíamos que esta bola era de ustedes, ¿es así?
-Sí –asintió Kevin. Danielle le entregó lo que le pertenecía. –Bienvenidas al vecindario.
-Gracias- le sonrió Ianira. Ella sabía quienes eran… ¡los Jonas Brothers!, ¿cómo no reconocerlos si eran tan guapos y caballeros?
-¿Cómo se llaman? –curioseó Joseph. Kevin le dio un codazo para que no fuese metiche, pero ya había sido demasiado tarde. Debía aprovechar siempre las oportunidades que tenía, no siempre había alguna chica bonita frente a su puerta de entrada.
-Yo soy Danielle y ella es mi hermana Ianira –contestó la mayor. Quería irse a su nueva casa y descansar, pero el par de chicos no se lo permitían.
-Yo soy Joe y el es mi hermano Kevin –se presentó. –Si nos han visto cara de conocidos es porque somos los "Jonas Brothers"… cantantes, ya saben –y guiñó un ojo a Danielle.
Danielle retrocedió un paso y dijo:
-Nosotras nos debemos ir –les comunico al par de raros. Tomó el brazo de su hermana y comenzó a llevársela por el sendero. -¡Nos vemos!
Joseph les sonrío mientras Kevin lo tomaba por el cuello y lo entraba a la casa. Ambos no dijeron nada hasta llegar a la habitación de Nicholas para comentarle todo lo sucedido. Al llegar, notaron que Nicholas estaba recostado en su cama con un Ipod sobre manos escuchando música. Él los miro preguntándose que hacen acá y espero hasta que ellos mismos lo dijesen.
-Son simpáticas –Kevin se sentó a su lado.
-Y lindas –Joseph salió con su comentario desubicado.
En ese preciso instante escucharon unos pasos aproximándose, no sabían de quien se trataba hasta que vieron aparecer por la puerta una cabellera oscura y ondulada. Denisse acababa de llegar.
-Compramos cosas ricas para comer –sonrió.
-Gracias –le dijeron los tres, pero Kevin continuó hablando:- Llegaron los nuevos vecinos.
-Sí, lo notamos con tu padre. Vimos el camión de mudanza –suspiró Denisse.
-¿Qué ocurre, mamá? –se preocupó Joseph. Fue hasta donde ella y la rodeó con sus brazos firmes y musculosos.
-Nada, es sólo que pensaba que ya debíamos acomodarnos a la situación. Tenemos que al menos tratar bien a los vecinos como lo haría cualquiera, ¿no creen?
Kevin asintió y Nicholas bajo la mirada hacia sus manos sin poder contestar, Joseph sólo pensó en las chicas lindas y que con gusto las trataría de maravilla.
···
Por la noche Kevin no lograba dormir, era algo típico de él ya que le costaba más que a cualquier otro conciliar el sueño, pero le resultaba más fácil cuando leía o mantenía la mente ocupada en algo hasta que se cansase. Se levantó de la cama y comenzó a buscar entre la obscuridad el libro que había estado leyendo esa mañana en el jardín; no lo encontraba por ningún sitio, pero entonces recordó que lo había olvidado en el mismo lugar en el cual leía.
Claro estaba que lo había olvidado por espiar a los vecinos entre los arbustos. No tuvo otra opción y salió a su encentró. Comenzó a caminar por los pasillos solitarios de la casa sin producir ningún ruido para no despertar a nadie, pero de pronto escuchó cuatro patas moviéndose de un lugar a otro, era Elvis que se encontraba frente a la habitación de Nicholas rasgando la puerta. Lo más probable era que quisiese dormir con su dueño supuso Kevin, entonces amablemente le abrió la puerta y le tomo en brazos para dejarlo sobre la cama en la que Nicholas dormía como un querubín pequeño. Luego salió de la habitación para continuar la misión de buscar el libro.
Bajó las escaleras y salió por el ventanal. La luna estaba hermosa y las estrellas la acompañaban brillantes a su lado, hubiera mirado más el cielo pero debía encontrar el libro perdido; para su mala suerte no estaba donde creía que estaba, no lo encontraba. Caminó más allá, pero le detuvo una voz que venía de la otra mansión.
-Yo también te extraño –escuchó.
De curioso quiso investigar y se escabulló por los arbustos. Allí vio a la chica que había visto esa misma tarde. Hablaba por móvil y estaba vestida con un camisón rosado que a pesar de ser grande la hacia lucir sexy. No había notado lo realmente hermosa que era hasta ese minuto. Sus ojos eran pequeños y a la luz de la luna se veían de un azul realmente bello y puro. Parecía la luna misma.
Continuó oyendo lo que hablaba.
-Espero que me llames mañana –dijo Danielle sintiendo que alguien la observaba, fue cuando notó a Kevin su nuevo vecino. Pensó que era un entrometido, pero le salvaba lo lindo que era. Se despidió de quien hablaba y se acercó a él. –Ya te vi.
-Lo-lo-lo siento, quise no, es decir, no quise –Kevin comenzó a retroceder mientras escuchaba como de su boca salían estúpidas palabras y tartamudeaba de la vergüenza que tenía, ahora su nueva vecina podría pensar cualquier cosa acerca de él.
-No te preocupes, es lo más normal del mundo que tus vecinos te espíen hoy en día –bromeó Danielle. Pero Kevin recordó a todos los vecinos que había conocido y guardo silencio. -¿Te ocurre algo?
-No, bueno sí… lo que ocurre es que no puedo dormir y por eso vine a buscar el libro que estaba leyendo esta mañana… ¿y que te ocurre a ti?
-Estaba hablando por teléfono móvil con… mi novio –le contestó Danielle, pero él al escuchar decir que tenía novio percibió que no estaba muy feliz y orgullosa.
-¿Las cosas no están bien con él?
Ella negó con la cabeza.
-Me siento presionada y… -comenzó a reír- no sé porque te cuento todo esto, es gracioso ya que es el primer día que te veo.
-Tal vez me ves como una persona de confianza –Kevin esbozó una leve sonrisa en la comisura de los labios, Danielle sonrío igualmente. Era agradable conversar con él.
-Sí, tal vez. Ahora me iré a dormir, buenas noches
-Buenas noches.
Al verla ir a dentro de su casa se le había olvidado por completo que necesitaba encontrar el libro que tanto deseaba tener. Regreso a la cama y pensó bastante en la rubia de ojos azules; comenzó a reír.
"se llama Danielle, igual que mi novia".
